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Mi madre es una diosa en la cama

24 de enero de 2009

Casi rogándome me dice que la penetre, ella misma me lo agarra, y se lo mete brutalmente, era una princesa mi madre en la cama, estoy totalmente hechizado por la pasión de mi madre, me abraza y llegó a un hermoso orgasmo, se siente el golpe de nuestra piel y nuestros jugos. Me abraza otra vez con mucha fuerza, y yo siento que estoy por estallar y derramo todo mi néctar dentro de ella

Todo comenzó aquel día que después de cinco años de no ver a mi madre. Yo me había ido de mi país, en busca de un futuro mejor. Por suerte mis proyectos se cumplieron mejor de lo había pensando. Casi los cinco años en el extranjero, fue suficiente para conseguir un muy buen trabajo y una excelente vida, con bastantes lujos.

Siempre que hablábamos por teléfono con mi madre ella lloraba, diciéndome lo mucho que me extrañaba, y lo que me necesitaba, a mí eso me partía el alma. En este tiempo mi madre se había separado de mi padre, cosa que no me extrañó mucho, porque hacia mucho tiempo que las cosas no andaban bien con ellos. Sabiendo que mi madre no estaba muy bien, no dudé en invitarla. Sin pensarlo, al ofrecerle mi invitación ella dijo que sí. Pero no quería viajar sola, así que lo hizo con una de mis tías.

Mi madre, tiene 42 años, mi tía tenía en 35 años, eran y son, unas mujeres muy hermosas. Mi madre siempre fue muy linda. Aunque nunca la había mirado como una mujer sexy. Sabía que lo era, por la forma de ser ella, atrevida y provocativa. Mis amigos siempre me lo decían, cosa que siempre me molestaba. Pero muy dentro de mí sabía lo atractiva y apasionada que ella era. Llegó el día. Las fui esperar al aeropuerto. Fue reencuentro muy emotivo. Las dos estaban hermosas, muy sexy, mi tía con pantalón de cuero, ajustado, marcando todas sus curvas, y una remera muy ajustada, delineando muy bien sus pechos, lo cual no paso nada desapercibida entre toda la muchedumbre.

Mi madre, siempre fue más clásica, pero aún así, mucho más sexy. Una pollera muy corta, hasta las rodillas, unos tacos muy altos, una camisa, transparente, que dejaba ver sus hermosos pechos, debajo de su corpiño de encaje.

Después de un mes de estar en casa, la estábamos pasando muy bien. Yo me sentía muy a gusto con ellas y al parecer ellas también. Cada uno tenía su habitación. Yo siempre llegaba tarde de mi trabajo y ellas me esperaban, junto a mi novia, para cenar.

Tendría que hacer un capitulo aparte, sólo para hablar de ella. Mujer físicamente perfecta. Es y será hermosa, medidas espléndidas. Y lo que más me gustó de ella es su devoción al sexo.

Esa noche, salimos con mi novia, los dos solos. Una noche normal de una pareja. Y al regreso, sexo y más sexo en mi habitación. Ese día los dos estábamos muy excitados, lo pasamos realmente bien. Ella gemía como nunca, que seguramente esos gemidos los había escuchado mi madre o mi tía. Estábamos los dos agotados, mi novia se durmió profundamente. Y fui a buscar desnudo algo de tomar.

Voy hasta la cocina y al regreso, siento unos ruidos. Me paralizo. Y no sabía qué era. O por lo menos no quería imaginar que era. Efectivamente eran susurros de excitación, provenían de la habitación de mi madre. No lo podía creer. Era mi madre, masturbándose me pregunté. Seguía sin querer creerlo. Sigilosamente abrí la puerta de la habitación y vi, a través del espejo, a mi madre masturbándose delicadamente. Mi erección fue instantánea. Se masturbaba entre las sábanas, mi morbo quería ver más.

Casi como escuchándome se destapa del todo y veo su mano entre sus piernas, recorriendo dulcemente cada rincón de su vagina, penetrándose tiernamente. Con la otra mano entre su camisón de seda, se acariciaba sus pechos, se los pellizcaba, era grandioso. Era mi madre masturbándose. Mordió el camisón, para no gritar, porque obviamente estaba por llegar a un majestuoso orgasmo. Sentía el perfume de mujer ardiente en la habitación, me estaba volviendo loco. Y vi cómo llegaba a un orgasmo, sus gemidos entre cortados, su repicaron agitada… y con un final que me dejó total paralizado. Entre su cuerpo deseoso y el silencio de la noche, dijo… mi nombre. Paralizado por aquella situación, encendió en mi conciencia los pensamientos más morbosos, quería buscar junto a ella la suma nuestro placer, estaba listo para hacer amado por mi madre.

Lentamente me fui a mi habitación. Mi novia me preguntó qué me pasaba, al verme tan excitado. Me miró, sonrió y me dijo: -Mi amor, cómo estás hoy. Hice el amor con mi novia, como nunca, pero pensando únicamente en mi madre.

Pasé toda la noche recordando lo ocurrido. Aunque, traté de olvidar todo pero me fue imposible. Al otro día como todas las mañanas anteriores mi madre se levantó a prepararme el desayuno antes de irme a trabajar. Mi novia seguía durmiendo, había tenido una noche muy apasionada.

Al verla a mi madre, aquella vez, no fue como todas las mañanas. Tenía puesto un vestido largo, con un gran escote en sus pechos. Estaba preciosa. Observé sus pechos, no estaba utilizando nada más que un vestido, y seguramente y diminuta tanga. Sus pezones se marcaban en el vestido. Ella se dio cuenta que algo me pasaba. Y me lo preguntó.

-Qué te pasa mi amor. -Nada, tan sólo te aprecio. ¿Te dije alguna vez que sos hermosa?. Le contesté. -Sí muchas veces, me contestó y me volvió a preguntar: -¿Qué te pasa? La miré a los ojos y obviamente no le pude decir que quería gozar con ella. Después de unos segundos de silencio. Mientras hacía que miraba el diario. Ella se acercó y me dice: -Amor, no quiero entrometerme en tu vida, pero anoche, veo que la pasaron muy bien con tu novia.

No dije nada tan sólo la miraba. -No es por mí, mi amor, pero recordá que está también tu tía. -¿Se escuchó? Pregunté. -Sí y ¡cómo! Me contestó.

Sonrío, y le pido perdón, diciéndole que no fue nuestra intención. Ella me acarició muy tiernamente mi cara, diciendo: -Me encantó escucharlos hacer el amor.

Mi sonrisa se borró de mi cara. Y ella se paró y se fue a su habitación. No podía creer lo que estaba pasando. Me dirigí hacia la habitación donde estaba ella, golpeo y pregunto si podía entrar. A lo que contestó que sí. Entré, y sentí otra vez, ese aroma a mujer excitada, de la noche anterior.

-Me estaba por cambiar me comenta. -Por qué dijiste que te gustó, pregunté. -¿Qué cosa ? me responde.

La miré seriamente. -Mi amor, no pensé que te había molestado, tan sólo dije que me gusta sentir como los demás disfrutan del buen sexo, y especialmente mi hijo.

Para eso momento yo lleno de deseos hacia ella. Le pregunté: -¿Cómo podés decir eso mamá?, soy tu hijo. Se sentó a mi lado. Y no pude evitar mirarle el escote. Ella me dice: -Soy tu madre, y tú me miras los pechos, ¿qué diferencia hay?.

Cerré los ojos, me tomé la cara con mis manos. Diciendo: -¿Qué pasa mamá? Ella me sorprende con otra pregunta: -¿Te parezco atractiva?.

Sin pensarlo le digo que es hermosa, siempre me pareció hermosa. Y me sorprende otra vez. -Anoche te vi amor, cómo hacían el amor con tu novia, y me encantó. Mientras tanto me seguía acariciando pero ahora la pierna. Y le contesto: -Anoche te vi cómo te masturbabas.

Se detuvo. -¡Me viste! Sorprendida aclamó. Y después de unos segundos me preguntó:   -¿Qué te pareció? -No lo podía creer mamá, estaba muy excitado, me encantó.

Ella sin pensarlo dirigió su mano a mi bulto. El cual era bastante visible. Al tocarme ella, mi madre, me recorrió tu terrible escalofrío. Pero yo no dudé en dirigir mi manos a sus pechos. Ella me masturbaba sobre el pantalón. Yo acariciaba sus pechos, sobre su vestido. Lentamente corrí los breteles de sus vestido y vi sus hermosos pechos, sus pezones erectos… era todo un sueño. Sin pensarlo dirigí mi boca a ellos. Antes de rozarlos con mi boca, ella ya estaba gimiendo. Al tocarlos con mis labios, me abrazó, y se dejó caer sobre la cama. Ahí comenzaría todo. Me acomodé sobre ella.

No dejaba de besar sus pechos, morderlos, pellizcarlos… ella ya había buscado mi pene por debajo de mi pantalón. Sus palabras eran: -No pares mi amor, seguí, soy toda tuya… como tu novia. Me volvía loco. Me paré. Y me desnudé quedando a la vista con mi pene erecto. De un solo empujón le saqué el vestido. Y sentí una oleada de perfume de mujer excitada. Fui directamente a su boca. Nos besamos como nunca lo había hecho con alguien. Mientras frotaba mi pene, sobre su vagina húmeda, ella movía sus caderas. La miré a los ojos, y dirigí mis manos a su centro de placer. Lentamente le saqué su tanguita. Y llegué a sentir su calor con mis dedos, la penetré con mi dedo.

-¿Así lo hacías anoche? ¿O mejor?

Ella no dejaba de gemir. La masturbé por unos minutos. Hasta que le saqué mis dedos y los coloqué en su boca. Me los limpió con una buena perra. Y lentamente fui con mi boca, a su centro de pasión. El aroma era penetrante. Pero sin pensarlo, comencé a lamer su vagina. Mi lengua la estaba violando. Y no dejaba de gemir, hasta que llegó a un orgasmo, sentí todos sus jugos en mi boca. Casi rogándome me dice que la penetre. Sin pensarlo, me pongo sobre ella, y tomo mi pene, y le rozo intencionalmente sobre su vagina, hasta que ella misma me lo agarra, y se lo mete brutalmente. Sentí que estaba en las nubes.

Ese calor era increíble. Comenzó un movimiento majestuoso, era una princesa mi madre en la cama. Yo la acompañaba. Me rodeó con sus piernas, y brazos. Yo seguía con mis movimientos, hechizado por la pasión de mi madre, me abraza muy fuerte y llegó a un hermoso orgasmo, el cual me provoca que acelere mis movimientos de penetración, ya son con locura… se siente el golpe de nuestra piel, y nuestros jugos. Me abraza otra vez con mucha fuerza, y yo noto que estoy a punto de estallar… y con fuertes movimientos derramo todo mi néctar dentro de ella, gozo… ¡Qué hermoso!

Caigo rendido sobre su cuerpo desnudo, me suelta y se relaja. Me mira a los ojos. Y me dice:

-Sos hermoso mi amor. Antes que yo diga algo, me tapa la boca con sus dedos tiernamente.

Me pide que no salga, que me quede, que me quiere sentir. Yo podía creer lo que había pasado. Pero realmente fue estupendo. Nos habíamos olvidado de todo, y de todos, en esos minutos. Hasta que yo comienzo levantarme y me siento al costado de la cama. Y ella se tapa con la sábana. Nos dijimos nada, tan sólo nos sonreímos con complicidad, y mis únicas palabras fueron:

-No me arrepiento, sos hermosa. Y me dirijo buscar un beso que nos lleve al infinito. Pero en ese momento sentimos un ruido. Obviamente nos habían visto. Era mi tía, o mi novia, o las dos.

Pero esa es una historia que otro día les contaré.

Autor: Alfred

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Mi madre es una diosa en la cama, 10.0 out of 10 based on 10 ratings
  
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1 comentario »

  1. lucio dice:

    que bien alfred

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