ADIESTRANDO A UN SUMISO (1)

CAPITULO 1: Iniciación

Os voy a contar la experiencia de un  sumiso desde el primer día que ve a su Ama, hasta el final, que lamentablemente ha sido hace poco, así que espero que escribir me ayude a recordar los momentos que pasé a sus Pies:

Era su primer encuentro con su Ama y estaba realmente nervioso. Aunque habían hablado bastante por correo, mensajes, era la primera vez que iba a verla. Habían quedado a las ocho en la habitación de un hotel céntrico y él ya llevaba allí un tiempo esperando que llegara de una vez la hora acordada pero el reloj no avanzaba, parecía que se había quedado parado, incluso a veces dudaba de que funcionara. Cuando por fin se acercaba la hora indicada decidió empezar a prepararse, tenía órdenes de esperarla completamente desnudo y perfectamente depilado así que se quitó toda la ropa y comprobó una vez más que todo estuviera a gusto de su Ama, como ella le había ordenado. Miró el reloj que había dejado sobre la mesilla una vez mas, faltaban aún cinco minutos, sus nervios aumentaban aún mas si cabe. Quería estar a la altura, no sabía lo que su Ama tenía en mente para él, pero no quería defraudarla nunca y menos  en su primer encuentro, todo lo que quería era que su Ama estuviera satisfecha con su adquisición, con su nueva mascota, quería complacerla y adorarla, eso era lo mas importante para él.

Las ocho en punto, y por fin llaman a la puerta…nerviosísimo va hacia ella, la abre, y allí estaba Ella, su Ama, perfecta, arrebatadora, tanto que se quedó extasiado mirándola, completamente inmóvil, no podía reaccionar, hasta que de pronto un sonoro bofetón le cruzó la cara. ZAS!!

  • ¿Qué haces ahí parado, gusano? ¿Cómo te atreves? Zas!!  otra sonora bofetada.
  • ¿Crees que esa es forma de recibir a tu Ama, estúpido? Zas!!! una nueva bofetada.

Le agarró del pelo y de un fuerte tirón, hizo que su esclavo cayera al suelo delante de ella. Todavía estaba la puerta de la habitación abierta y cualquiera que pasara podía verlo.

  • Ese es tu sitio, perro. Al suelo, a los pies de tu Ama. ¿está claro?
  • Si Ama, acertó a responder, todavía con la cara dolorida de los sonoros bofetones recibidos.

Pero lo que mas le dolía era haberla defraudado ya desde el principio. Ella esperaba que la recibiera como merece, arrodillado o postrado a sus pies y los besara con sumisión y él se había quedado parado como un idiota, atreviéndose incluso a mirarla,  y eso le estaba doliendo mas que cualquier merecido bofetón que su Ama le hubiera dado. Así que se postró en el suelo ante Ella y empezó a besar sus pies con devoción, quería que lo perdonara y empezar de nuevo pero Ella dio un paso atrás, y le dio una patada en la cara.

-¿Qué haces estúpido gusano? ¿Acaso te he ordenado yo que besaras mis pies? Esto iba de mal en peor.. ¿Acaso crees que eres digno de besar mis pies, que lo mereces?

  • No, Ama. No lo merezco. Por favor, perdóneme, por favor, se lo suplico.
  • Estúpido perro. No mereces ni besar el suelo que piso.

Y diciendo esto, entró en la habitación por encima de él. Su esclavo estaba tendido sobre el suelo y sin dudarlo pasó sobre él pisandolo desde la cabeza, la espalda, las nalgas, las piernas. Y con cada paso que daba sobre él, los finos tacones de sus botas se clavaban en la piel de su esclavo. Cuando todavía estaba sobre sus nalgas se paró

  • Este es tu sitio, esclavo. De alfombra de  tu Ama. Es para lo único que vales, estúpido. ¿lo tienes claro?
  • Si, Ama.
  • Todavía te tienes que ganar el derecho a poder besar mis pies
  • Si, Ama.

Siguió caminando sobre su esclavo, procurando clavar todo lo posible sus tacones sobre él que de vez en cuando dejaba escapar algún pequeño quejido, lo que la irritaba profundamente. Finalmente terminó de pasar sobre su nueva alfombra y se dirigió al fondo de la habitación. El no sabía que hacer, si quedarse así hasta que su Ama decidiera qué hacer con él o seguirla corriendo como el perrito que era. Decidió quedarse quieto, aun a riesgo de que alguien todavía pasara por el pasillo y lo viera ahí tumbado, completamente desnudo, esperando una orden de su Ama la cual tardó bastante tiempo en dirigirse a él, parecía que disfrutaba viendo a   su perro ahí tirado sufriendo por si alguien pasaba por el pasillo  y lo veía. Al final, se sentó en la cama y lo llamó:

  • Ven, perro.
  • Si, Ama. Fue a cuatro patas, lo mas deprisa que pudo al encuentro de su Ama, y cuando llegó.. Zas! recibió un nuevo bofetón, esta vez, aún mas fuerte.
  • Me estás enfadando mucho!, dijo cogiéndolo del pelo y dando un fuerte tirón. Desde cuándo los perros hablan, estúpido. Los perros como tú, ladran!! Parece que todavía no tienes muy claro lo que eres… Y yo te lo voy a enseñar. Pero veo que tu adiestramiento será duro, estúpido perro, no tienes claro lo que eres y me temo que me va a costar hacértelo entender. Bueno, peor para ti, perro, mas vas a sufrir.. Y ya te digo yo que vas a sufrir mucho…
  • …. Tragó saliva.. guau..  dijo bajito…. Todo su cuerpo temblaba ante las palabras de su Ama.
  • Así me gusta, perro.

 

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