Mi adorable novia Virginia (XV) – En el taller mecánico

El sábado 9 de julio por la mañana, mi adorable novia Virginia se levantó pronto de la cama porque debía acudir al taller mecánico. Su coche, aunque recién comprado, emitía un ruidito leve pero constante, y la verdad es que le preocupaba. Me pidió ayuda el jueves y le dije que ya sabía que yo era un negado para la mecánica y que mejor que lo llevara a que lo vieran en un taller.

Virginia había pasado la noche completamente desnuda pues en la cama se moría de calor.

Después del obligado pipí de rigor, se duchó con agua fría, para aliviar su calentura. Los gritos desesperados por el contraste de temperatura debieron despertar a todo el vecindario: quizá pensaron que mi novia lo estaba pasando en grande en la cama, aunque sus vecinos ya saben que ella es casta y que quiere llegar virgen al matrimonio.

– Hija, pero qué son esos gritos?

– Uy, ah, nada, nada, mamá! El agua… que está muy… ay— muy fría! Ah!

– Virginia, no seas tan escandalosa, mujer!

– No, no, ah! Ya está, mamá, ya termino… ay… uh!

Mi futura suegra pensó:

– Ay, esta hija! A ver si la caso de una vez y se le terminan tantas tonterías! Mira que no usar el agua caliente!

Al salir de la ducha, mi novia se secó y se cubrió con la toalla. Fue a la cocina y ahí vio a su padre:

– Buenos días, papá!

– Hola, hija! – y le da un besito en la mejilla.

– Papá, no mires!

– Si no miro, no seas boba!

– Sí, vi que me mirabas las piernas!

– Es que, a quien se le ocurre ir desnuda por la casa!?

– Desnuda no voy! Me tapa la toalla! Es que tengo un hambre…!

Después de tomarse un zumo de piña, Virginia vuelve a su habitación para vestirse. Antes se mira al espejo y admira su cuerpo. Se gira de espaldas y se alegra de verse tan guapa también por detrás. Escoge la ropa que se va a poner. Primero el sostén, gris perla, muy fino. Que bien le queda! Después, las braguitas a juego, muy pequeñas, que hace mucho calor. Se pone un vestidito verde muy ligero, con la falda extremadamente corta. El vestido tiene un buen escote y además deja al descubierto toda la espalda.

– Oh, qué guapa estoy! Y con este calor… uf! No podía escoger mejor ropa!

– Hija, pero dónde vas así vestida? Si casi se puede decir que vas desnuda!

– Papá, no seas anticuado! Es la ropa más adecuada para el calor!

– Si tú lo dices…!

– Deja a la niña, Pepe! Qué bonito que te queda este vestido, Virginita!

– Gracias, mamá! Bueno, voy a llevar el coche al taller mecánico, a ver si me lo pueden arreglar.

– Quieres que te acompañe, hija?

– No, papá, no hace falta. Prefiero ir enseguida, así seré la primera en llegar y me atenderán sin tenerme que esperar.

– Bueno, pero si quieres, me apresuro y vengo contigo.

– No, de verdad que no me molesta ir sola.

– Virginita, es Juan, tu novio, quien debería acompañarte!

– Mamá, deja a Juan en paz! Esta mañana debía ir a la oficina por no sé qué trabajo. Aunque cuando termine se pasará por el taller mecánico e iremos a tomar algo.

– Vale, hija! Adiós!

– Adiós, mamá! – la besa – Adiós, papá –también le da un beso.

– Qué hija tan buena y cariñosa tenemos, Pepe!

– Sí, Mercedes, es un sol!

– Bueno, señorita, no sé preocupe. Se lo arreglamos ahora mismo. Si quiere ir a dar una vuelta… O esperarse, como quiera.

– Ya me espero.

– Pues mire, allí tiene usted ese sofá y las máquinas de refrescos y de cafés. Y esas revistas para matar el tiempo.

– Es usted muy amable.

– En nuestro taller, el cliente es lo primero, y la educación y la amabilidad nuestra razón de ser.

Julián, el encargado del taller, se sorprendió al ver llegar a una mujer tan guapa. La verdad es que mi novia Virginia es el mejor de los bombones: una cara de ángel, no exenta de picardía, un cuerpo diez en qué destaca su pecho firme y harmonioso, su cintura que envidiarían las mismas avispas, un culo redondo y apetitoso, unas piernas largas y bien contorneadas… El vestidito verde mostraba más que ocultaba y, junto a los zapatitos de tacón muy alto, realzaba la belleza de mi novia.

– Bueno, chicos, a trabajar duro! La dueña de este coche es una monada y quiero quedar bien con ella! A ver si, con un poco de suerte…

– A ver, a ver… Oh, que guapa! Julián, usted sueña! Ese bombón nunca se fijaría en usted! – se burla Fernández, el aprendiz de mecánico.

– Calla y trabaja, capullo! Qué vas tú a saber!

– Julián, esa chica antes iría conmigo que con usted. Seguro que le gustan más jóvenes y guapos! Precisamente como yo! – se ríe Guzmán.

– Venga, menos cháchara y más trabajo! Que para eso os pago!

– Uy, mire, mire… será fresca! Pero si enseña todas las bragas!

Mi Virginita, inocente, sentada en el sofá hojeando una revista, no se da cuenta que se le subió el vestidito y es cierto que muestra sus braguitas a todos.

– Caray, es verdad! A ver si esta lo que es… es una… vaya, que busca plan!

– Dejaros de tonterías! Ya se ve que es una señora, un chica fina y educada!

– Bueno – ríe Fernández- Que sea una señora no quiere decir que no le pique la…

– Calla, va! A trabajar!

Mi novia, ajena a todos los comentarios, abre algo sus piernas y enseña todavía más sus braguitas a todos.

– Hola, jefe! Hola, esclavos! – saluda Bernardo al entrar en el taller – Oye, quien es esta chica tan atractiva del sofá? Y que hace ahí casi desnuda? Pero si enseña todas las tetas!

– Va, Bernardo! No vengas con tonterías!

– De verdad, jefe! Pasé por su lado y casi le pude ver los pezones por encima del vestido!

– Va, va, ya será menos! Venga, que quiero quedar bien con ella y entregarle el coche enseguida y bien arreglado.

– Uy, sí! ja, ja, ja! El jefe cree que tiene algo que hacer con ella! Imposible! – se ríe Guzmán.

– Oye, que tan feo no soy!

– No digo que sea feo, Julián! Pero una chica así tiene todos los hombres que desee! Los más ricos y guapos!

– Oh, mira, uy, está estirando los brazos! Oh! Pero si la falda le ha subido hasta el ombligo! – exclama Guzmán con los ojos abiertos como platos, al ver a mi novia desperezarse y bostezar, sin saber que es observada.

– Esta nos está pidiendo que la… que la…

– Venga, Fernández, déjate de tonterías y ponte a trabajar de una vez! Me parece que te voy a echar!

– Espere, espere, jefe! Verá, tengo una idea! – exclama Bernardo.

– Uy, Bernardo, tú y tus ideas! Pero… adónde vas?

-Señorita, por favor, quiere acompañarme?

– Eh? Sí, claro, dónde?

– No, ahí, al taller… es por una cosa que mi jefe quiere comentarle del coche.

– Oh, está muy mal? Espero que no! Es un coche nuevo!

– Tranquila, tranquila… no es nada. – contesta Bernardo sin apartar su mirada del generoso escote de mi novia. Ella, al darse cuenta, estira el vestido para arriba y, claro, enseña las braguitas a todos. Se ruboriza. Se levanta y acompaña al mecánico hacia el interior del taller.

– Ve, señorita? Mire, vea, ahí, en la parte de abajo, inclínese, inclínese un poco, así – Julián empuja suavemente la espalda de mi novia para que pueda ver lo que le señala. Ella muestra su culo a todos ya que el tanga es poco más que un fino hilo dental por detrás. Todos admiran a mi novia en pompa. Además, la inclinación provoca que enseñe completamente el sostén y casi su pecho por encima del vestido.

– Pero qué? No veo nada! A qué se refieren?

– Mire, yo le acompaño – dice Julián, poniéndose tras mi novia, pegándose a ella e inclinando más su espalda.

– Señorita, perdone, pero… es que nos está enseñando el culo a todos!

– Eh, cómo?

– Sí! Y las tetas!

– Pero…

– No, no se apure! No pasa nada… tiene un culo muy bonito!

– Sí, y unas tetas espléndidas!

– Oh, yo… gracias! – dice avergonzada mi novia, irguiendo la espalda, subiéndose el escote y provocando que la falda se acorte hasta casi el ombligo – Oh, vaya!

– Señorita, me sabe mal, le he manchado algo la espalda y el sujetador… con la grasa… – se excusa Julián.

– Oh! – exclama mi novia, irguiendo más la espalda.

– Mire… yo la limpio, no se preocupe!

– No, no, da igual!

– Mujer, no irá así con la espalda sucia por la calle!

– No, claro, pero…

– Mire… le desabrocho el sostén…

– No! Pero qué hace? – se queja mi novia aguantando el sostén para que no se le caiga.

– Es para limpiarle mejor la espalda. Así, ve, señorita?

– Oh, pero Julián! Si con ese trapo tan sucio no la estás limpiando bien… al contrario, la estás ensuciando todavía más!

– Vaya, es cierto! Incluso el vestido! A ver… espere… le bajo las tiras…

– No, no, déjelo, déjelo.

– Si es un momento… uy, que así con el sostén desabrochado…

Oh! – sin querer, mi novia enseña todo el pecho a los mecánicos. Enseguida se tapa como puede con el vestido. No puede evitar darse cuenta que los cuatro hombres tienen un gran bulto bajo los monos de trabajo.

– Ay, hija! Te has fijado, eh? La verdad es que nos has calentado de verdad!

– Eh? Cómo? No… yo…

– Sí, sí, mira, mira! Ya ves cómo estamos!

– A ver… a ver… oh, pero si también te ensuciamos las braguitas! – dice Julián subiéndole el vestido y mirando el tanga de mi novia – Oh, y las tienes completamente mojadas! Ya decía yo que te ves una chica muy caliente!

– No, no, pero qué se ha creído? Es por el calor!

– Ya! Por el calor… no creo yo que… a ver… – dice Guzmán, intentando bajar las braguitas de mi novia.

– No, no! Déjame! – se resiste Virginia.

– Oh, ahora sí que están sucias de grasa! – exclama el jovencito Fernández.

–  Es verdad! Vaya! – dice Virginia.

– No pasa nada… mire… se las quito y… oh!

– Qué? – se avergüenza mi novia tapándose como puede con la faldita del vestido.

– Ve? Están llenas de flujo!

– No! Es sudor!

– A ver, a ver… deje que las huela… no, no… espere que las lame… no es sudor, no! Qué rico! Eso es que estás muy caliente! Claro, por eso te exhibías en el sofá, como una gatita en celo!

– No, pero que dice? De verdad que yo… no…

– Pero si no pasa nada… niña… es muy natural… eres joven y guapa!

– A ver, deja que mire si… pero si estás rezumando! – grita Guzmán cuando acaricia la vulva de mi novia con su mano.

– Es el calor! Déjeme!

– Ya, eso es de lo caliente que estás!

– No me toque, por favor!

– Ya te imaginas nuestras pollas en tu coño!

– No, eso nunca! – pero no puede evitar lanzar un chorro de flujo al pensar en los cuatro hombres desnudos!

– Oh! Te gusta que te hable así, como a una perrita caliente! Mirad, otro chorro!

– Vaya, sí que es calentorra la chica! – sonríe el joven Fernández, acariciando descaradamente su bulto bajo el mono.

– Eh, tú, Fernández, un respeto para la clienta! Discúlpate con ella!

– Oh, perdone señorita, quería decir que usted… bueno… que…

– No, no pasa nada… es cierto que estoy algo caliente… así… casi desnuda ante vosotros… y con este calor…

– Es muy normal, hija! No debes avergonzarte… Mira, tengo una solución ante tu calentura… ven, ven conmigo… al sofá… – Julián toma de la mano a mi novia y la tumba en el sofá – Verás, tranquila… hmmm… que bien hueles… a ver, espera, mira qué tengo para ti!

– Oh, por favor, tápese, pero qué hace?

– Esta polla puede ser para ti!

– No, no, pero qué se ha creído? Déjeme, déjeme!

– No la quieres dentro? No? De verdad?

– Pues claro que no! Déjeme, déjeme y vaya a arreglar el coche! – grita mi novia levantándose del sofá.

– Pero si te mueres de ganas de…

– Que le digo que se vaya, o le voy a denunciar! – amenaza Virginia.

– Vaya, está bien, está bien! Perdona!

– Váyase al taller, por favor!

– Sí, sí, ya te dejo en paz – responde Julián, devolviendo su pene al interior del pantalón del mono.

– Sí, por favor! – ruega Virginia recomponiéndose como puede el vestidito.

– Oiga, señorita, perdone, pero esto es suyo – se acerca Guzmán con las braguitas de mi novia.

– Sí, devuélvamelas, gracias. Oh, pero si están negras, llenas de grasa!

– Sí, vaya, es lo que tiene un taller mecánico.

– En fin!

– Bueno, voy a arreglar el coche.

– Sí, vaya, vaya, que me quiero marchar enseguida! – exclama Virginia, deseando llegar a casa y echarse una buena ducha. Decide no ponerse el tanga ya que le da asco con lo grasiento que está y lo guarda en el bolso. Pero se siente incómoda con el vestido tan corto y sin bragas. Junta bien las piernas cuando se da cuenta que todos la están mirando.

Mi novia decide ir al lavabo a ver si puede limpiar de alguna manera el vestido. Se lo quita, quedando sólo con el sostén:

– Vaya, pero que guarros que son. Me han dejado toda  llena de grasa. Y además, estoy ardiendo, de calor y de calentura! Buf! Y si… en un momento… sí, sí! – cierra el pestillo de la puerta del lavabo, se sienta encima de la tapa del wáter y se abre completamente de piernas y empieza a acariciarse la vulva. Enseguida se introduce un par de dedos en la vagina y suspira. Se baja un poco el sostén bajo el pecho y se lo masajea y besa sus pezones para enseguida chuparlos. Emite unos grititos de satisfacción y pierde el mundo de vista al disfrutar de un gran orgasmo, muy húmedo.

– Eh, oh, perdona, perdona! – se excusa Bernardo al abrir la puerta y descubrir a mi novia masturbándose, mostrándole casi todo su cuerpo y sin poder dejar de mirar que tiene prácticamente la mano entera en su vagina.

– Oh! Pero si cerré la puerta con el pestillo! – exclama Virginia, ruborizada y avergonzada, cerrando las piernas de golpe y subiéndose el sostén!

– Ah, el pestillo! No, no funciona, ya lleva un tiempo así!

– Pues vaya! – se queja mi novia tapándose el sexo con una mano.

– No, no pasa nada. Te dejo, te dejo que sigas… que sigas… bueno… lo que estabas haciendo!

– No, si yo, sólo… es que tenía pipí y…

– Ya, con la tapa bajada! Y con todos los dedos en…

– Bueno, da igual, a ti no te importa lo que estaba haciendo!

– Sí que me importa, sí! Mira si me importa, mira cómo me he puesto!

– Vaya, sí que…

– Te ayudo y tú me ayudas! Qué te parece?

– Cómo? Ayudar en qué?

– Yo te ayudo a… a lo que hacías… y tú… luego… -señala al bulto en el pantalón.

– No, de ninguna manera!- contesta mi novia sin poder apartar la vista de lo que parece un pene largo y grueso bajo el mono de Bernardo – Tengo novio, sabes? Y nunca me perdonaría que… bueno… que yo…

– Chica, pero no tiene por qué saberlo!

– Se enteraría!

– No, de verdad que nunca le diré nada!

– Pues si no tú, tus compañeros lo contarían a todo el mundo!

– Pues no se lo decimos a ellos y ya está!

– No, no, cierra la puerta y vete!

– Mira, da igual, te ayudo yo a ti y ya está!

– De ninguna manera! – pero las fuertes manos de Bernardo abren de golpe las piernas de mi novia y ella no puede evitar lanzar un chorro de flujo a la cara del mecánico!

– Oh, tu coño me recibe con un sabroso regalo! – se relame Bernardo – Dame más, venga, que es ambrosía!

– No, por favor! Ay, hmm! Al menos cierra la puerta, ay, oh! – y dispara otro chorro, esta vez hacia el bulto en su pantalón.

– Claro que sí, guapa! – cierra la puerta Bernardo y acerca su cara a la vulva de mi novia y vuelve a recibir otro chorro de bienvenida. Con las dos manos, levanta el culo de Virginia y empieza a lamer su sexo y su ano. Ella, muy excitada, le aprieta la cabeza contra su vulva. Él le introduce sus gruesos dedos, los cinco de una mano en la vagina y dos de la otra en el culo. Empieza a moverlos con desenfreno mientras con la lengua lame el clítoris de mi novia, que no resiste tanto placer y riega abundantemente la cara del joven mientras grita en un fantástico orgasmo.

– Ay, por favor, no, dios, ah!

– Oh, qué bueno, chica! Me has dejado la cara empapada! Que sabrosa! Gracias!

– No, gracias a ti. La verdad

– Bueno, debo irme al taller, que si no…

– Espera, espera… te has portado muy bien – explica pícaramente mi novia abriéndose más de piernas, enseñando su vulva empapada, y subiendo el ano, mostrando su agujerito muy húmedo y abierto – Mira, he prometido llegar virgen al matrimonio, pero… bueno… si quieres… el culo no  cuenta en eso, verdad?

– Oh, pero… no sé… es que yo… debo… me van a…

– Mira, es todo para ti! – con los dedos abre todavía más su culo, que se muestra caliente y acogedor, deseando ser perforado por el gran pene que se intuye bajo el mono de Bernardo.

– Es que… no creo que quepa… tengo el miembro muy grande!

– A ver, a ver… – mi novia saca el pene del mecánico y no puede evitar un grito de sorpresa y admiración al verlo tan inhiesto, largo y grueso!

– Ves? Ya te dije que… bueno, yo…

– No, tranquilo, me va a caber, me va a caber! Lámame el culo un poco antes, aunque ya lo tengo muy mojado!

– Sí, lo tienes precioso, muy húmedo y abierto.

– Para ti, mecánico, todo para tu polla!

Bernardo acerca su lengua ávida al culo de mi chica y lo lame con fruición. Después, se aparta, lo admira tan abierto y jugoso, le echa un par de escupitajos, con precisa puntería, y ve que Virginia acerca sus dedos y lo abre todavía más para él.

– Todo tuyo, venga, taládrame el culo, que me muero de deseo de tener tu enorme polla en él!

– Bernardo, dónde te has metido?

– Oh, me están llamando, no puedo…

– No te vayas ahora, no, por favor! Métemela, métemela toda! – se esfuerza en abrir todavía más su ano, rosadito y apetecible.

– Ay, sí, no puedo más, toma, toma, toma! – la ensarta de golpe hasta el fondo, la vuelve a sacar y la vuelve a penetrar con fuerza.

– Uau, ah, me muero, me muero! – mi novia aprieta las nalgas del muchacho para que entre aún más adentro de su culo mientras le lanza chorros de su jugo en su multiorgasmo.

Él no puede resistir el sabroso ano de mi chica y enseguida lo riega con su eyaculación abundante y caliente:

– Oh, pero que bueno, que bueno, qué culo, ay! Que caliente! Increíble!

– Gracias, cielo! Tu pene es una pasada! Me llena completamente!

– Ja, ja, sí, eso dicen! Pero nunca lo había podido meter entero en el culo de ninguna chica!

– Pues, ya ves que, en el mío ha cabido!

-Es que es tan rico! Oh!

– Bernardo, qué haces tanto rato en el wáter? Que esto es un trabajo… Oh! – se sorprende el encargado Julián al abrir la puerta y descubrir a Bernardo dando por el culo a mi novia.

– Ay, qué vergüenza! Cierre la puerta, por favor! Por favor!

– Pero… qué? Bernardo!

– No, jefe, perdona, ya me voy a trabajar!

– Un momento, no, por favor, no te vayas todavía! Espera!

– Yo…debo…

– Tranquilo, Bernardo! Me parece que la chica… Oye, guapa, qué? Quieres que el mecánico te siga dando por el culo, verdad?

– Sí, sí… por favor! Cierre la puerta! Bernardo, quédate!

Al oír eso, Bernardo besó a mi novia, desnuda sólo con el sostén manchado de grasa, y empezó a mover su pene dentro de su culo. El encargado cerró la puerta del lavabo, pero en lugar de irse, se quedó dentro y se sacó su miembro viril y empezó a masturbarse mirando la escena. Cuando Virginia se dio cuenta, le hizo un gesto con la mano y una mirada pícara para que se acercara y abrió la boca para él. Julián, sin hacerse de rogar, le metió el pene en la boca, cosa que mi novia agradeció chupándolo desesperadamente. Tanto ella como el encargado disfrutaron tanto de la mamada que enseguida explotaron en un orgasmo al unísono:

– Ay, por favor, huy! – gritaba la chica.

– Oh, que bestial, uau! – celebraba el encargado.

– Eh, yo ya no puedo más, ah! – exclamó Bernardo antes de volver a llenar el culo de mi novia con su semen.

– Oh, que caliente, Bernardo! Ay, no me cabe todo, ah! – sollozaba Virginia en un nuevo orgasmo, eyaculando su jugo hacia los dos mecánicos.

– Qué pasa aquí? Oh! – se sorprende Guzmán al ver a mi chica siendo enculada por Bernardo y chupando el pene del encargado.

– Cierra la puerta Guzmán! Pero qué haces? – se enfada el encargado al ver que el mecánico se saca el pene del pantalón – Vete, vete al trabajo!

– Qué? No, jefe!

– Deje quedar al chico, Julián! Donde caben dos, caben tres! – ruega mi novia con los ojos como platos al ver el miembro de Guzmán, imponentemente largo aunque no muy grueso.

– Serás…? Vaya con la chica! – sonríe el encargado al ver la cara de pícara de mi novia, todavía con el pene en su boca y el de Bernardo sin separarse de su culo.

– Mira, ven, Guzmán! – ordena Virginia al recién llegado, mientras baja el sostén gris perla y muestra sus pechos.

– Oh! – se admiran los tres mecánicos.

– Las quieres? Quieres mis tetas? Son para ti! Fóllamelas, son todas tuyas! – dice mientras agarra el pene de Guzmán i lo introduce entre sus pechos, chupando la punta junto a la de Julián.

– Oh, pero que chica tan caliente! – aplaude Guzmán y ella, al oír eso no puede evitar tener un nuevo orgasmo y eyacular abundantemente sobre los tres hombres que la penetran.

– Serás guarra! – se admira el encargado al verse empapado por los jugos de mi novia!

– Jefe, no diga eso, que la chica es muy cariñosa con nosotros! – se queja Bernardo enculando enérgicamente a Virginia.

– Ay, es que, hum, no puedo, huy, ay, oh, por favor! – solloza la mi novia eyaculando de nuevo sobre los tres mecánicos.

– Pero que bueno! Esta niña es la reina del squirting! – se admira, empapado Guzmán, sin poder ya detener su eyaculación en la boca de Virginia!

– Oh, que rico y calentito! Gracias, Guzmán! Oh, no me cabe dentro! – disfruta ella recogiendo con su lengua el semen que sobresale de su boca. Bernardo tiene un nuevo orgasmo y vuelve a llenar el ano de mi novia, así como el jefe, que junta su semen al de Guzmán en la boca. Ella traga todo lo que puede. Los tres hombres se separan de ella y admiran su belleza, con la cara llena de semen y el culo rezumando. En ese momento entra el aprendiz Fernández:

– Dónde estáis todos? Oh! – ve a mi novia espatarrada, con el culo abierto y lleno de semen.

– Y tú, chico, no quieres darme tu lechecita?

– Yo? Puedo, jefe?

– No, de ningún modo, a trabajar, venga, tú y todos! –ordena el encargado con su pene entre los pechos de mi novia y en su boca que rezuma semen.

– Por favor, jefe! – ruega Fernández – Déjeme estar con ella, que es muy guapa y voy a explotar!

– Sí, Julián, deje al chico. Venga, va, sácate la polla! – ordena mi novia al joven. Este enseguida saca su pene, totalmente erguido y la chica lo agarra con fuerza para acercarlo a su culo. Él está tan excitado que al momento dispara su semen hacia el pubis de Virginia.

– Oh, perdón! – ruega Fernández – Perdón, perdón, ay, ah!

– No pasa nada, ja, ja, ja! – contesta comprensiva la chica, recogiendo con la mano el semen de su barriga y probando su sabor– Está muy rico, gracias!

– Oh, no, ay, gracias a ti, no he podido resistirme, ay!

– Mira, ven, ven, mira cómo te la limpio! – dice mi novia con ganas de mamar el pene del aprendiz; lo acerca e introduce la punta en su boca, lo besa, lo lame. Enseguida vuelve a estar tieso. Ella se gira de espaldas, reposa sus brazos en la taza del wáter, levanta su culo ofreciendo una vista divina a todos. – Qué, quieres follarme el culo, niño?

– Señora, no soy ningún niño!

– Quieres follarme el culo o no?

– Sí, sí, por favor!- grita Fernández que se pone tras la chica. Al principio no acierta a penetrar el culo de mi novia pero esta se abre el ano, le agarra el pene y lo introduce contundentemente, hasta el fondo.

– Muévete, niño, muévete! Dentro y fuera, dentro y fuera! Sí, sí, muy bien, ah! Ay, ah, por favor! No puedo más! – aúlla mi Virginita ante las envestidas del joven, teniendo ambos un fuerte orgasmo.

– Oh, señora, oh, esto es demasiado, la puta, la puta!

Los otros tres mecánicos se masturban sobre la cara y el pelo de mi novia que les agradece con una sonrisa y besos al aire sus eyaculaciones.

– Oigan, pero ya está bien! Esto qué es! Que llevo aquí más de una hora y no me atiende nadie!

– Oh, vaya! Señor Lope, perdone usted! Es que estamos muy atareados… esto…

– Esto no puede ser! Uno de sus mejores clientes! Y me dan este mal trato! – grita enfadado el Señor Lope.

– Bueno, sabe? Es que…

– Nada, nada, me dais el libro de reclamaciones y que os pongan una multa!

– No, mire, usted comprenderá… es que… bueno… verá! Virginia, venga usted un momento!

Mi novia, desnuda, sólo con el sostén bajo el pecho, se relamía recogiendo el semen de los mecánicos, saboreándolo y tragándolo. Cuando oye que la llaman, se pone el sostén y el vestido, sin las braguitas, y sale del wáter.

– Hola, buenos días, señor! – dice amable y educada mi novia.

– Eh, hola, señorita! – responde sorprendido el cliente con ojos abiertos como platos.

– Mire, Señor Lope, es que tenemos un nuevo servicio para los mejores clientes, sabe? Esta chica tan guapa se llama Virginia y está aquí para… para que… bueno, para entretener a los buenos clientes mientras les reparamos el coche. Verdad, Virginia?

– Eh, cómo? Yo… no… yo sólo…

– Ah, sí? Interesante! – dice lascivo el Señor Lope, admirando las piernas y el escote de mi novia. – Y, bueno, cómo… cómo entretendrá a los clientes esta belleza?

– Pues como ellos deseen, Señor Lope! Verdad, Virginia? Todo lo que deseen, eh?

– Todo? Yo… no… bueno, no sé.

– A ver, a ver… dame un beso, guapa!

– Cómo? Pero es que…

Julián se acerca al oído de Virginia y le dice:

– Venga, por favor, que nos has metido en un buen aprieto! Este es uno de nuestros mejores clientes y no queremos quedar mal con él. Va, tú me ayudas y nosotros no le decimos nada a tu novio.

– Oh, pero… vaya! Bueno, señor, un besito! – le besa en la mejilla.

– Oh, que dulce! A ver, déjame ver tus braguitas!

– No, esto sí que no será posible! – exclama Virginia.

– Déjale ver tus bragas, mujer! Sólo eso!

– No, no puede ser!

– Que sí! – dice Julián que se acerca rápidamente a mi novia y le levanta el vestido, ante la sorpresa del Señor Lope al ver que no usa braguitas.

– Cómo? Caray con la chica! Sin bragas y todo!

– Bueno, es un detalle que mejora el servicio!

– Sí, sí, eso sí! Y además, estás toda depiladita, como me gustan a mí las chicas! Que rica!

– Gracias, caballero, es usted muy amable! – contesta mi novia, ruborizada.

– Mira, Virginia, mejor que vayas al sofá con el señor, allí estaréis más cómodos mientras nosotros arreglamos su coche.

– Sí, sí, vayamos al sofá, vayamos al sofá!

– De acuerdo, venga, señor!

– Sí, sí, y tanto, señorita! A ver, a ver! Oh, que bonito! – se admira al dar la vuelta a mi novia, levantarle el vestido y ver su culo redondo y terso.

– Gracias, es usted muy amable!

– Si quiere, este culo es todo para usted, verdad, Virginia?

– Eh, no, yo, es que…

– Venga, venga, niña, que ya sabemos que te gusta que… a usted le gustaría dar por el culo a la chica, Señor Lope? –le pregunta el encargado empujando levemente la espada de mi Virginita para inclinarla y mostrar mejor su culo y su sexo al cliente.

– Bueno, yo… claro… pero sólo si ella…

– Tranquilo, señor, ella está para satisfacer sus deseos!

– Si es así… me muero de ganas! Pero, niña, veo que tienes el agujerito muy pequeño… no sé yo si…

– Por eso no se preocupe, Señor Lope! Verdad, niña?

Mi novia, al imaginarse de nuevo enculada, empieza a humedecerse, cosa que no pasa desapercibida por los dos hombres.

– Oh, pero si la joven se está mojando! Qué rica!

– Es que es una chica muy caliente. Verá, mire, señor, arrodíllate y ofrece todo el culo al caballero, Virginia! – ella obedece sumisamente pues desea fervorosamente que la penetren enseguida. Se sube el vestidito hasta la cintura.

– Oh, que obediente que es la chica! Y que caliente! Ya tiene todo el coño mojado!

– Mire, haga como yo, ve? Cogemos el flujo del coño de la chica y… ve? Así, así, sí, le lubricamos bien el culo, mire, mire, muy bien, ya se le empieza a abrir, para usted, Señor Lope! Ábralo con las dos manos, señor!

– Oh, pero… sí, sí, ya me cabe, ya me cabe!

– Pues venga, caballero que ya tarda! – grita mi novia deseando que la penetre de una vez. El Señor Lope no se hace de rogar y la encula en un santiamén.

– Ah, pero que bueno, señor! Uau!

El encargado se excita ante el nuevo orgasmo de la chica y se saca el pene y le rocía la espalda con su eyaculación.

El Señor Lope no puede evitar correrse en el culo de mi novia que rezuma semen por los costados. En esas que llegan un par de clientes con Bernardo que dice:

– Caballeros, sírvanse de café, refrescos o de este nuevo servicio que ofrece el taller, para hacer más llevaderas las esperas. Ella es toda para ustedes! Está a su servicio y les dará todo lo que deseen!

– Oh, yo… pero… – no sabe negarse porque aunque se avergüenza, Virginia se muere de ganas de los recién llegados.

– Es una mujer muy guapa!

– Sí, es una puta muy elegante y hermosa!

– No, no, no soy una puta!

– No, la chica no es una prostituta, no. Al contrario, es muy casta y fina.

– Sólo que es una chica muy caliente.

– Sí, la verdad es que estoy ardiendo y… tengo ganas de… de más… – ella, aún con el pene del Señor Lope en su ano hace un gesto con el dedo para que se acerquen los dos nuevos clientes. Ellos no se lo piensan dos veces, apartan al Señor Lope, ya satisfecho, del culo de mi novia y la ensartan al unísono, aprovechando que está muy húmedo y abierto. Ella les agradece la doble penetración anal con un movimiento sinuoso de su culo así como contracciones muy placenteras de su ano. Enseguida empieza a suspirar y a gemir de placer. No tardan ni un minuto al llegar los tres a un estruendoso y húmedo orgasmo.

Apenas Virginia se arregla algo, llegan tres clientes más. Ella, al verles ya con el pene en la mano, se levanta el vestidito, les muestra su sexo húmedo y abierto, baja las tiras del vestido y muestra sus pechos por encima del sostén. Los tres hombres se abalanzan sobre las tetas de la chica y la maman con fruición. Después, uno se coloca en el suelo y sienta a mi novia sobre su pene, enculándola como si nada. El más gordo se arrodilla tras ella y junta su miembro al primero. El tercero, un joven casi imberbe, pugna por encular también a la chica. Ella le acerca el pene a su ano y, casi milagrosamente, consigue que también le dé por el culo. Los tres caballeros mueven sus trancas dentro del ano de mi novia hasta que los tres eyaculan con fuerza en él. Ella, al sentirse el culo tan lleno se emociona y llora de placer en un nuevo orgasmo muy húmedo que ducha completamente al que está tumbado en el suelo. Los tres hombres disfrutan al ver como mi novia recoge todo el semen de su culo y se lo bebe con ilusión.

Los cliente se van sucediendo y mi novia no cesa de tener orgasmos. Al cabo de muchas horas, ya completamente desnuda, llena de semen y satisfecha, ve como siete hombres, también completamente desnudos y después de haberle llenado el cuerpo de semen, la mean abundantemente. Ve que están los cuatro mecánicos entre ellos. Luego, la visten entre todos, con devoción. Primero le ponen el sostén, luego el vestidito. Más de uno aprovecha para besarla, lamerla o pellizcarla. Ella agradece tanto cariño.

– Oye, guapa, has dejado muy satisfechos a los clientes. Si quieres, puedes venir todos los días a ofrecer este servicio aquí en el taller. Como pago, pues, bueno…

– No, no querría cobrar nada de dinero, no… no soy una…

– Claro que no, hija! Como pago, pues eso, que te trataríamos con mucho cariño y tú podrías satisfacer tus deseos, que eres una chica muy caliente y que se nota a la legua que necesitas… bueno… que tú…

– Si, jefe, que necesitas pollas, vaya!

– Fernández, no te pases!

– No, sí, es que la verdad… es cierto que… bueno… no digo que no vuelva alguna vez, Julián.

– Sí, siempre que quieras, siempre que quieras! Eres una gozada!

– Vosotros también sois geniales!

– Eh! Hola! Virginia!

– Uy, es Juan, mi novio!

– Ah, el cornudo! – ríe Fernández.

– Fernández, que te he dicho que no te pases!

Cuando llego yo, me alegro de ver a mi novia tan guapa como siempre, sonrosada, contenta y con el coche arreglado. Y, según me cuenta, con un precio especial gracias a la amabilidad del encargado. Ya veo que es un taller donde iremos bastante a menudo porque parece que da muy buen servicio.

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