De vez en cuando visito el club. Me gusta. He de reconocer que soy bujier y morbo. Mi esposa y yo tenemos ganas de un trÃo con alguna chica y, aunque en varias ocasiones le he sugerido la idea de hacer un intercambio o un trÃo con algún varón, ella lo descarta. Me dice que no le apetece. En cambio el fantasear en que otra mujer participe junto con ella para tener sexo conmigo la pone muy caliente. Eso me gusta. Hemos publicado algunos anuncios pero no hemos podido encontrar gente seria. En cambio estamos pensando en buscar mas en nuestro entorno inmediato. Aunque a mi mujer eso le parece muy arriesgado, por todas las connotaciones del caso pero, a mà eso me hace fluir mas el deseo.
Resulta que buscando a la candidata empecé a coquetear con una amiga divorciada. Ella tiene 41 y es morena, cabello rizado y negro. Siempre huele rico. Nos conocemos hace 8 ó 9 años y desde que la conozco solo le he sabido de un galán. Bueno para no hacer el cuento largo te he de decir que es de esas mujeres delgadas, con piernas largas y eso sÃ, unos senos grandes, con enormes aureolas oscuras y ricos pezones grandes y gruesos. Una delicia.
La primera vez que tuvimos sexo fue como de broma. En mi pasado cumpleaños ella me dijo, ¿qué quieres que te regale? por teléfono. Asà sin ninguna pena le dije, te quiero a ti en una noche de placer. Y solo me respondió con una risa entre nerviosa y juguetona. En serio que quieres; y le insistÃ; te quiero a ti para mi placer. Y me respondió muy seria como quieres la envoltura. Y ya no estaba para bromas. Le dije que sin envoltura que la querÃa asà al natural, quizá con un poco de perfume y ya¡!Y ¡qué me dice vente por mi ahorita! No lo pensé 2 veces. Le dije ahà voy y me contestó: Te espero afuera de la oficina. Colgué y me fui volado a recogerla, pensando aún que si a lo mejor era broma. Total que llegué y ahà estaba en la puerta del edificio. Me orillé y se subió. Nos saludamos como siempre un beso en la mejilla pero esta vez con la mirada inquisidora y expectante, muy escrutadores ambos. Como que no nos éramos indiferentes desde antes de esta puntada mÃa. A donde quieres ir, le pregunté. Y ella me dijo que a donde yo quisiera. Asà que me enfile al motel más discreto que conozco y todavÃa dudando si era en serio se lo pregunte y me confirmó.
Llegamos al motel y pague a la encargada. Nos asignaron un cuarto y nada mas entrar y cerrar la puerta empezó a besarme. Al principio un poco suave, pero mi amiga es el tipo de mujer de temperamento caliente, que de inmediato y al contacto de la piel se prendió. Los besos empezaron a subir de tono y en cuanto la sentà más caliente le metà la mano debajo de la falda; OH ¡sorpresa! TenÃa el pelo púbico abundante y empapado, los labios de su vagina muy abultados y viscosos. Naturalmente que mi pene estaba a punto de romper el pantalón. La seguà besando y como pude le abr&i buen tiempo y tenemos amigos comunes y no tiene fama de pirujota, pero la verdad ¡EA que me lo creas o no, le dije que sin condón no! Y ella insistió y me dijo que me querÃa sentir asÃ, natural. Hemos sido buenos amigos, sinceros. Ella sabe desde hace mucho que yo me practique la vasectomÃa y yo aunque caliente no me quise arriesgar. No me insistió. Se empezó a deslizar sobre mi cuerpo besando mi pecho, mi estomago, mis ingles; de manera experta evito el contacto de su boca con mi pene. Me calentó todo lo que quiso. Y en el momento menos pensado empezó a devorar mi falo y a recorrer de una manera fascinante mis testÃculos y mi verga. De repente cuando ya me tenÃa todo ensalivado y calentÃsimo, se detuvo y subió besando de regreso todo mi torso y axilas. Me besó en la boca y me dijo al oÃdo: Métemela ¡ya! De nueva cuenta tomé el condón de la mesita de noche, y ella me dijo de nuevo: !¡Asà no¡ y me empezó a besar con mas ardor, me mordÃa ligeramente los labios y me introducÃa su lengua en la boca. Estaba hecha una gata en celo. Me dijo de repente: Vente en mi boca, quiero tu semen en mi boca. La verdad me causó sorpresa. La deje bajar de nuevo por el mismo camino, hasta llegar a mi hombrÃa y sin detenerse a nada se la tragó completita y empezó con él sube y baja más feroz que yo haya sentido, engullendo cada centÃmetro de carne y lujuria. Me succionaba de una man
era que nunca habÃa sentido. De verdad que me encanta el sexo oral, dar y recibir. Lo practico con gusto y tan a menudo como mi mujer lo desea, pero mi amiga es otra cosa, hasta la garganta y hacer arcadas; nada de hacerle gestos ni ascos. Estaba en el cielo. Se la sacó de la boca y me exigió mientras me sacudÃa la verga en una chaqueta maravillosa: Dame tu semen, eyacula en mi boca; eso me termino de prender y no lo aguante. Los hombres sabemos adelantar o atrasar un orgasmo y somos lo suficientemente egoÃstas para soltarnos al goce, asà que sin ningún miramiento le solté varios chorros de semen. No sé le escapo nada de la boca. TenÃa la mirada perdida en el éxtasis de la lujuria. es curioso como la mirada nos cambia. Nunca la miré asà a los ojos antes y ella no dejaba de mirarme y con orgullo retador se tragaba todo mi semen con un enorme placer y glotonerÃa. Me encantó ese orgasmo. Me dejo la verga limpia y adormilada y empezó a subir dando besitos. Ya vez me dijo. No pasa nada. No hay problema, métemela sin condón. Y de nuevo a justificar el uso del condón. No lo podÃa creer a su tierna edad y queriendo coger sin protección, como adolescente caliente. En eso nos entretuvimos un rato en lo que me dio la amable tregua que nos brindan las mujeres entre cada palo; ella no se habÃa desahogado aún y la verdad es que yo estaba ansioso por cogermela, pero solo con condón. Asà que no le quedo mas remedio y hasta se acomidió a ponérmelo, pero la verdad es que eso prefiero hacerlo yo, en el exceso de precaución, ya que las mujeres con las uñas largas pueden rasgar el látex del condón. Asà que me lo puse y la empecé a acomodar para ensartarla en la clásica postura del misionero. Le dejé ir la pinta y disfrute de sus gemidos, asà la tuve un ratito hasta que me urgió a que la ensartara toda. Me jalaba y yo trataba de darle todo, hasta que de una estocada le empujé la verga hasta que mis testÃculos tocaron su trasero. Estaba ella en el éxtasis casi cuando la empecé a bombear con cierta intensidad, ella empezó a gemir con mas ganas y sentà que su orgasmo se aproximaba; mantuve el ritmo y me concentre en seguir a cada paso su orgasmo que no tardó. Toda la tensión del mu nos hemos visto, le hablo por teléfono y lo hemos conversado de nuevo pero no le cae el veinte y le da pena. Ni siquiera a querido que nos volvamos a ver a solas. Es bastante curiosa la situación porque ellas se conocen y aunque mi mujer aún tiene sus dudas está de acuerdo en probar, pero esta condenada no quiere decidirse. Yo le pienso insistir y luego les cuento.
Autor: EdÃtelo editelo ( arroba ) msn.com
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