Una noche inolvidable

A mis 42 años, separado, con un hijo de 14 que veía tarde mal y nunca, debido a la distancia que nos separaba. Con mi ex, como se dice el amor se acabó, optamos por lo sano y separarnos antes de que las cosas se complicaran, esto ya hace 7 años.

Con una buena situación económica, dueño de mi propia empresa, un día amanecí cansado y decidí viajar a mi ciudad natal a visitar a mi familia y por supuesto a mi hijo. Dejé todo encargado y el martes, sin avisarle a nadie de mi viaje, tomé mi auto y me dirigí rumbo a mi ciudad. En vehículo, es como un día de manejo, pero como no llevaba apuro, me demoré dos en llegar a la casa de mi hermana.

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Un sueño con mi tío

En un caluroso domingo de enero en nuestra casa de campo, estábamos festejando el cumpleaños número 18 de Paula, sobrina de mi esposa Adriana, y por lo tanto mi sobrina política. Ella es una chica muy linda, alta, muy delgada, con hermosas tetas, piernas largas, y una cola paradita que es una exquisitez. El cumpleaños transcurría normalmente, yo estuve trabajando con el asado, hasta que luego del almuerzo tomé un pequeño descanso tirándome a la pileta. En ella había muchos chicos, que poco a poco fueron saliendo hasta que en un momento quedo solo viendo que Paula venía hacia mí. Con sus manos rodea mi cuello, con sus piernas rodea mi cintura, y me dice: Tío, ¡falta que me des tu regalo!

Este contacto físico era habitual ya que siempre jugábamos en la pileta. ¿No te dio Adriana, nuestro regalo?, contesté. En ese momento, bajó sus piernas, volvió a rodearme a la altura de mis caderas, me apretó hacia su cuerpo, apoyando su conchita sobre mi bulto, y me dijo: No, tío, yo quiero tuuuu regalo…

Me quedé helado, no podía ser cierto que me estuviera apoyando, era una adolescente, hasta hace pocos años jugaba con muñecas. Quise pensar que su movimiento de piernas y su reclamo eran casuales, pero de todas formas, mi pene había comenzado a crecer, y mientas esto sucedía, ella me presionaba cada vez más. En ese momento la madre la llama para cortar la torta, ella me suelta y me dice: Tío vamos, acompáñame a cortar la torta. Yo con la imposibilidad de disimular mi erección le contesté: Si, ya salgo en un minuto. Se dio vuelta para mirarme, y ya casi saliendo de la pileta, me dice: No importa, entiendo que tardes un poco en salir.

Nuevamente me quedé mudo. ¿Era posible que se haya dado cuenta que estaba al palo? Yo trataba de negar lo que sucedía, pero sus actitudes eran obvias. Finalmente pude salir de la pileta y mi pensamiento pasaba por alejarme de esa belleza, era imposible imaginar en llevar adelante una cuestión así. Tengo que estar físicamente bien alejado, no debo cruzar miradas con ella. Tengo que desaparecer hasta que a ella se le pase esto.

Así transcurrió toda la tarde, trataba de no estar solo, y cuando lo estaba y veía que ella se acercaba, rápidamente buscaba a alguien para charlar o servirle algo. A eso de las 6 de la tarde mi esposa se fue a llevar a los chicos a otro cumpleaños. Mi sobrina le había pedido quedarse a dormir con nosotros en el campo y esta accedió. Esto no me preocupó porque para cuando todos se fueran de la fiesta, Adriana estaría de regreso, calculaba yo a eso de las 8,30 o 9.00.

Sucedió que 9.00 en punto se fueron todos, y yo me quedé con mi sobrina solo. Tengo que trabajar ordenando el quincho hasta que llegue mi esposa, me dije. Y comencé a hacerlo mientras le pedí a Paula que ordenara la casa, así quedamos uno en cada punta del lugar. En ese momento se larga una lluvia torrencial, caían piedras, era un temporal tremendo. Nos metemos urgente en la casa, cerrando todas las puertas. Mi esposa llama diciéndome que va a esperar que pase el temporal, que le dijeron que era probable que continuará hasta el día siguiente. Por lo tanto se iba a ir a nuestra casa en la ciudad, y que yo me quedara con Paula en el campo.

Le dije, no, porque no le decís a tu hermana que la venga a buscar. Dijo que la policía recomendaba a la gente que no salga con los autos para prevenir accidentes, me contestó. Realmente estaba preocupado, temía que esta chiquita volviera a la carga al estar solos, y si bien esto me excitaba, por el lazo familiar debía evitarlo fuera como fuera. En ese momento me llama la madre y me dice que no se puede cruzar uno de los puentes que conduce al campo porque desbordó un arroyo y está intransitable, por lo tanto me pidió que me quede con ella hasta el día siguiente.

Paula tenía dibujada una media sonrisa mientras escuchaba mis conversaciones, Estábamos sentados en los sillones del living, ya eran aproximadamente las 10 de la noche, cuando le digo que me voy a dormir a mi cuarto.

Tío, ¿puedo dormir en el cuarto con vos?, tengo miedo de los truenos. No, creo que lo mejor es que duermas en el otro cuarto, en todo caso dejemos una luz prendida. Por favor, tío. Dejame dormir con vos, y así podes darme mi regalo, dijo con una voz pícara Suspendamos ese tema, te dije que Adriana ya te dio tu regalo. Por favor tío, dale, dame mi regalo. Paula, creo que te estás equivocando con este planteo, yo no tengo deseos de concretar nada que este fuera de nuestra relación familiar, dije seriamente. No me pareció que eso sucediera en la pileta, dijo levantándose y acercándose a mí. Paula, sos muy chica para estar pensando en estas cosas, dije mientras notaba nuevamente mi erección. Me miró a los ojos, se arrodilló entre mis piernas, y mientras me bajaba el short me dijo: Soy lo suficientemente grande para saber lo que quiero, ya tengo edad suficiente como para hacerlo.

Tomó mi pene con sus dos manos, y se lo metió en su boca. Yo estaba al repalo, me tiré hacia atrás y me dejé hacer, sus manos tomaban mi pene como si sostuvieran un helado y la acción de su boca de succionar me pusieron a mil. Luego de unos minutos, sacó mi pene de su boca, y sin decir nada me tomó de una mano y me llevó a mi cama. Se sacó la malla entera que aun llevaba, se acostó de espaldas sobre la cama, levantó sus rodillas, abrió sus piernitas y dirigió mi cabeza hacia su conchita. Comencé a chuparla, tenía una conchita casi sin pelos, estaba mojadita, y cuanto más pasaba mi lengua más se mojaba. Cuando estuvo bien lubricada, apartó mi cabeza de su agujerito y me dijo: Por favor tío, dame mi regalo.

En ese momento, no lo dudé, me acosté encima de ella, apoyé mi pene en su agujerito, y comencé lentamente a introducirlo. Por cierto que no era la primera vez que Paula recibía visitas en su conchita. En medio de ese camino vi en su cara un gesto de dolor, cerró sus ojos, abrió su boca y con sus manos se agarró de los barrotes de la cama. Este último gesto me puso mucho más caliente, completé la penetración y permanecí quieto unos segundos. Esa mueca de dolor se fue transformando en una de placer, hasta que abrió los ojos y como haciendo una súplica me dijo: Dame, tiito, dame porfaaaaaaaaaaaa…

Ahí empecé a moverme, el placer de tener a esta nenita debajo de mi, era indescriptible. Seguí moviéndome atento a las expresiones de Paula. Dame, tío, dame, ahhhh, si, dame Ahhhh, siiiiii, tío, siiiii. Noté que estaba teniendo su orgasmo, pasé mis manos por debajo de ella, apreté sus nalgas, y comencé a experimentar el mío. Terminamos casi juntos. Me separé un poco de ella, y vi su cara de gratitud y felicidad. Gracias tío, y me dio un beso en la boca. Nos quedamos acostados un rato, acariciándonos suavemente. Era un momento maravilloso, y al mismo tiempo me daba cierta culpa. Creo que ella lo percibió y me dijo que me quedara tranquilo que nadie iba a saber jamás de esto. Yo le aclaré que luego de esta noche no íbamos a estar otra vez juntos, ella hizo un gesto afirmativo con la cabeza. Esto me tranquilizó.

En ese momento se puso boca abajo. Pude ver su pequeña cola paradita, comencé a acariciarla. Lanzó un suspiro. Yo estaba al palo otra vez. Le abrí un poco los cachetes y comencé a pasarle la lengua por el agujerito. Ella gemía más y más. Una vez que la saliva inundó su ano, me levanté, fui a la heladera y volví con un pan de manteca. Tío, no, ¿que vas a hacer?, me dijo entre preocupada y asustada. Te voy a dar la otra parte de mi regalo, contesté. Pero tío, por favor, no, escuché a mami decir que eso duele mucho.

No, mi amor, vas a ver que no duele, no haría nada que te haga daño.

Estas palabras la tranquilizaron, hundió la cabeza en la almohada y se dejó hacer. Lubriqué durante largos minutos su ano con la manteca, de tanto en tanto ella daba muestras de placer. Tres dedos entraban fácilmente en su culito. Le dije que se ponga de costado, pensé que si la posición era en 4 patas, acabaría antes de ponérsela. Me lubriqué bien el pene con la poca manteca que quedaba, Levanté su pierna derecha y comencé la penetración. Muy despacio, muy suave. Ella no decía nada, seguí penetrando hasta que estuve por completo dentro de su culito. En eso ella lleva su mano a su cola, me toca la base del pene y me dice: Tío, está completamente adentro. Sí, mi amor, viste que no te dolió. No tío, no me dolió, me gusta mucho esto.

Comencé a moverme de costado, le tocaba los pequeños pechos, le acariciaba las caderas, las nalgas, le daba besos en el cuello. Si, tío sí, que lindo, dame, dame por favor, dame Si, mi amor, como me gusta, como me gusta tu culito. Ayyyy, tío ya estoy otra vez. Si, Paula, yo también ya estoy otra vez

Puse mi mano derecha sobre su conchita, y los dos tuvimos un orgasmo fenomenal.

Luego de unos segundos le pregunté si le había gustado y no me contestó. Me incorporé un poco sobre su hombro y vi que estaba dormida. Mirando su culito lleno de manteca y semen también me quedé dormido.

 

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Penetrando a mama

Soy Alejandro, tengo 18 años y acabo de ingresar en Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. La literatura, desde muy temprana edad, se presentó como mi vocación inequívoca, y traté de poner en mis escritos más belleza que contenido.

Era aún muy pequeño cuando garabateaba todo papel que llegaba a mis manos. “Ema me ama…Mamá me mima…mamá me mima”. Desde allí, y como elemento recurrente, la calidez de mi madre se posó en mi vida como nudo central y, paulatinamente, fue tiñendo con su color particular todos mis actos.

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La primera vez que vio a su padre como un hombre y su primera experiencia juntos.

Mis padres, Carlos y Martha, se llevan bien y jamás hubiera pensado que uno pudiera engañar a otro.

Un día, en septiembre del año pasado, mi mamá tuvo que salir de viaje. Normalmente, el que sale de viaje es mi papá por su trabajo. Pero esa vez le tocó a ella. Se fue por una semana y quedamos solos en la casa mi papá y yo.

Mi padre tiene 43 años. Es algo calvo pero muy velludo y se mantiene bastante bien. No es fisicoculturista ni deportista profesional pero aún está firme y hace algo de ejercicio. Leer más

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Durmiendo junto a mi prima

Todo empezo cuando mi prima se acosto a dormir junto a mi….

Esta historia empezó con una travesura, pues siempre he sido curioso , y la verdad tengo una prima que esta como para cualquier cosa, en la casa de mi abuela, para la época de vacaciones todos mis primos nos reunimos ahí para jugar y para pasar todas nuestras vacaciones ahí, pues todo sucedió una noche de lluvia cuando todos íbamos a dormir a mi me toco dormir al lado de mi prima Claudia (CAMBIARE LOS NOMBRES), una prima que siempre me ha gustado , pues ella tenia puesta una faldita bien floja y una tanguita de color rosado, una blusita suelta para dormir, pues ya en la madrugada cuando todos dormían , me acurruque al lado de ella y le comencé a tocar sus nalgas suavemente con mis manos , para no despertarla , y comenzaba a lamer sus nalgas , ya que su tanguita me daba una hermosa vista, cuando de repente sentí que ella se movía y me tenia que hacer el dormido, ella siempre ha tenido un sueño muy pesado o al menos eso parecía, comenzaba a puntearla poco a poco para que ella vaya sintiendo toda mi verga rozar por sus nalgas y las pequeñas gotas de semen que tenia en mi verga se la regaba por el culo y algunas llegaban hasta la tanga, esto paso por una semana eran unos pajasos extraordinarios que me hacia viendo tremendo culazo, para este tiempo mis primos y mi abuela se iban de viaje a la playa , Leer más

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