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AMPARO, ELEGANTE Y DELICIOSA

5 de julio de 2007

La siguiente historia me ocurrió hace tres años cuando volvía a casa después de una cena de trabajo. Había sido una noche bastante sosa porque casi todos mis compañeros y compañeras de trabajo son muy aburridos. Mientras iba andando hacia mi casa pasé por delante de una de esas discotecas donde suelen ir los que ya pasan de los 40. Entonces pensé que me tomaría la última copa en ese local, tenía la curiosidad de ver que hay en estos sitios, así que entré y anduve mirando por ahí.

Pedí mi copa y me acerqué a la pista de baile donde había una mezcla de abuelos y abuelas bailando como locos. En las mesas que había alrededor de la pista había grupos de mujeres pasándoselo a lo grande, riéndose a gritos entre trago y trago. Me llamó la atención un grupo de mujeres maduras donde destacaba una cuarentona un poco entradita en carnes, pero con unos pechos realmente enormes y una cara muy guapa. Además se veía que era una mujer muy elegante por su forma de actuar. Estuve observándola durante largo tiempo y cada vez me sentía más atraído por ella. A mi me gustan bastante las mujeres maduras, todo hay que decirlo.

Pedí otra copa y me coloqué en una posición desde donde poder verla mejor. En esto se cruzaron nuestras miradas y yo le sonreí como mejor pude, levantando mi copa al mismo tiempo. Ella también sonrió, pero más bien por educación porque no noté nada morboso en su mirada.

Después de un rato vi como se levantaba y se dirigía a los baños, así que fui hacia allí para recibirla como tal pedazo de mujer se merecía. Cuando salió del baño me acerqué a ella:

-Hola, quería decirte que estas preciosa esta noche. Disculpa que te haya estado mirando tan descaradamente, pero es que tu manera de actuar me parece muy elegante.

-Muchas gracias y no te preocupes, no me había percatado de que mirases hacia donde yo estaba. ¿Pero no crees que soy un poco mayor para ti?.

-Oh, sí, bueno, no sé. Entre las chicas de mi edad ya no se lleva tanto ser tan femenina y tú me encantas. La manera de mover las manos y de escuchar la conversación. Además, con todos los respetos, creo que tienes un físico impresionante.

Ella rió a carcajada limpia cuando oyó lo que había dicho y tomándome del brazo me dijo:

-Sabes?, me gustas, aunque no pienses lo que dices y yo no me lo crea, me gustas. ¿Por qué no me invitas a bailar?.

Yo estaba empezando a ponerme muy caliente. Por supuesto que fuimos a bailar. Estaban poniendo música para bailar agarrados, así que la tomé bien cerca de mi y comencé a moverme lo mejor que podía. Ella al principio no respondía a mis achuchones, pero después de unos minutos empezó a pegarse más y más hasta que pudo sentir el calor y la dureza de mi verga en su entrepierna. Yo notaba que ella sudaba un poco en la nuca y que gemía cada vez que yo empujaba un poco más.

Entonces le pregunté si querría venir a mi casa, que estaba muy cerca y allí podríamos tomar algo y seguir bailando. Ella dudó, pero cuando empujé un poco más y bajé mi mano hasta el borde de su ropa interior se apretó mucho más y mirándome como una gata salvaje me dijo que nos fuéramos lo más rápido posible. Cogió su chaqueta y sin despedirse de sus amigas salimos a la calle.

Durante el camino a casa iba masajeándole el culo descaradamente. Ella estaba tan caliente como yo y accedía a todo. Ya en el ascensor de mi casa le subí la falda y le palpé el coño que estaba completamente húmedo. Ella gemía con los ojos cerrados mientras movía las caderas al ritmo de mi mano.

Entramos en casa y le quité la falda casi con violencia. Ella se dejaba hacer, no hacía más que soltar gemiditos y espasmos. Le dije que se sentara en la mesa del salón y entonces, arrodillándome, le comí el delicioso coño que tenía hasta qu

e se corrió soltando un grito sordo mientras me agarraba la cabeza y me la pegaba a su sexo chorreante. Entonces me tiró al suelo y haciendo un 69 fantástico me hizo una mamada impresionante.

Pero yo lo que quería era follarla como un animal, así que me levanté y la puse sobre la mesa cogiendo sus piernas por debajo de las rodillas. Su coño estaba tan mojado que a la primera embestida le metí toda mi polla. Ella estaba como loca, se agarraba al borde de la mesa para empujar más y yo le daba con todas mis fuerzas haciendo rebotar mis huevos contra ella, cosa que parecía que le ponía aún más cachonda. A veces sacaba mi polla y le daba unos golpecitos contra su clítoris y de nuevo le metía mi polla que estaba a punto de estallar.

Después fui a sentarme en el sofá y ella se puso encima de mi moviéndose como si estuviera fuera de sí. Recuerdo que su culo se movía de una forma increíble. Yo podía sentir que mi polla le llegaba hasta el fondo y ella seguía cabalgando sin control. Se sacó las tetas y me obligaba a chupar los pezones que estaban durísimos. Gritaba muchísimo y ella también se acariciaba los pechos, aquello era impresionante, pero no paraba de moverse encima de mi. Yo estaba al borde del orgasmo, le manoseaba las tetas fuertemente mientras le metía mi polla hasta dentro. Estaba a punto de correrme, así que la puse a cuatro patas y acabé lo más dentro que pude mientras le cogía del pelo echándole la cabeza hacia atrás.

Los últimos empujones que le daba eran exagerados, sonaban como palmetazos, pero ella seguía pidiendo más. Por fin me corrí dentro de ella llegando a marearme. Aquel polvo fue fantástico, sentía que eyaculaba un montón de leche dentro de ella. Fue maravilloso. La pena fue que no aceptó quedarse un poco más, pero bueno, nada es perfecto.

Un día, no hace mucho, la vi en un bar con un hombre de su edad, probablemente su marido. Nos limitamos a sonreír y seguimos a lo nuestro.

Autor: Mario

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