Una noche en San Nicolás (II)

Continúo mi relato de la noche en San Nicolás.

Me desperté, y ahí estaba Martín arrodillado en la cama, con otro muchacho, robusto, de pelo negro, con poco pelo en el cuerpo (las cosas que uno se fija…), y estaban los dos tocándose la verga, en bolas, y yo acostado boca abajo.
Me sobresalté mucho, y me quise tapar, pero no había sábana a mano, así que me di vuelta rápido y me tapé un poco con las manos, sin poder disimular que yo también tenía una erección. ¿Cómo explicarles que no era porque los veía a los dos en bolas listos para cogerme, sino que había tenido un sueño erótico o que…no sé, no sabía que pensar??
-Noo…que pasa? ¿Qué hace este chico acá?-atiné a balbucear. Me sentí traicionado, y me dio mucha vergüenza que otro mas me viera desnudo. Una cosa es tener un desliz (o dos) con un desconocido, y otra es que ese desconocido traiga a alguien mas para aprovecharse, no?
-Nada, loco, relajáte.-me dice Martín, largando su verga y yendo hacia mi pierna con su mano. Por instinto me quise alejar de su mano, pero no pude evitar un toque de calentura cuando me rozó el muslo.-Carlitos es un amigo, y sé que la vamos a pasar bien. No te gustó lo de antes? Si te gusta una, dos te van a gustar más.-me dijo, con una sonrisa entre pícara y malévola.

-Hola!-me tira Carlitos, con una voz sorprendentemente fina, sin dejar de tocarse la pija.-No querés que seamos amigos? Yo quiero ser tu amigo, vos no?-me dijo después, y me sonó medio amenazador, aunque no sabía si era un poco tonto o si se hacía.

-Noo…nooo…no quiero…lo que pasó fue un error…yo no…-tartamudeaba, nervioso, sin saber dónde meterme, sin saber que pensar o cómo reaccionar.

-Ahh, si?-me dice Martín, y manda la mano a mi pito.-Y esto? No era que no querías? Está mas duro que un palo de amasar, papi. A mi me parece que te gusta. O te gusta que te obliguemos?-No sabía que pensar de las palabras de Martín. ¿Me estaba queriendo convencer, o me decía que me lo iban a hacer por la fuerza? Tuve miedo en ese momento, mas que antes incluso cuando habló Carlitos, que parecía medio bobo, pero era grandote y parecía mucho pero mucho mas fuerte que yo…

Martín empezó a hacerme una paja lenta, subiendo y bajando su mano. Despacio, muy despacio, fue bajando su boca hasta mi pija, mientras con la otra mano me acariciaba suavemente la pierna. Yo temblaba, con una mezcla de miedo y calentura, no sabía cúal de las dos sensaciones iba ganando en cada momento, y no podía apartar la vista de Carlitos, que seguía tocandose despacio su verga, que en esos momentos me pareció tan o más grande que la de Martín, mas oscura la piel, casi negra, y sonreía mientras se tocaba.

Estaba inmerso en ese momento, observando sin poder apartar los ojos de la pija del morocho, cuando la boca de Martín se cerró sobre mi poronga parada. Era como terciopelo húmedo, caliente, con la lengua que jugaba despacio sobre la cabeza y despacio recorría el prepucio. Una mano me acariciaba la base de la pija, me masajeaba ese punto intermedio entre el ano y la verga muy suavemente.

A pesar del miedo que sentía, la calentura pudo mas. Me empecé a relajar, y a pensar que, en realidad, no tenía mucha opción, no? Ya estaba ahi, el error había sido ir a lo de un desconocido, y ahora ya estaba todo fuera de mi control. Entonces, nada de lo que pasara era mi culpa. Asumí un papel pasivo en la situación: no iba a hacer nada, pero no podia evitar que los otros dos hagan. Forzado por mis propios pensamientos, abrí un poco mas las piernas y separé mis manos de mi entrepierna, ya no intentando evitar que me vieran. Cerré los ojos, un poco para sentir más fuertemente lo que pasaba, otro poco para no pensar en exactamente que pasaba: yo, un autocalificado hetero, estaba teniendo la pija dentro de la boca de otro hombre, y había uno mas en la habitación, mirando. Me dejé llevar, sin pensar.

Sentí que la mano de Martín iba a mi culo, una vez mas (la tercera de la noche?) y me acariciaba despacio el agujero, que se había cerrado un poco de nuevo. Sentí otra vez la frialdad del lubricante pasar por mi culo, y los dedos de Martín entrando despacio. Un rato nomás, porque enseguida sus dedos fueron reemplazados por otros que sentí mas gruesos, no tan suaves, pero que al menos no me causaban dolor gracias al previo masaje de Martín. La cama se movió mientras él se bajaba de la cama y Carlitos se acercaba mas a mí.

Abrí los ojos por la novedad, y lo ví a Carlitos metiéndome los dedos en el culo, y a Martín al lado de la cama, con su verga gorda y venosa a escasos centímetros de mi boca. Fiel a mi sentimiendo de abandono y pasividad, no hice nada, y Martín se impacientó y me agarró los pelos y llevó mi cabeza, bruscamente, hacia su pija. Tomó con la mano esa verga grandota desde la base, y comenzó a pegarme con ella en los labios cerrados, que, a mi pesar, se empezaron a entreabrir.

-Putito, en que quedamos? No quedamos en que te gusta la pija? Yo te chupé un rato la tuya, vos chupáme la mía-me dijo, y se escupió la punta de la verga y tiró hacia atrás la piel. -Dale, putita, chupá, a ver si aprendiste algo hoy!-me dijo casi gritando. Me dio miedo, y abrí la boca para meterme una vez mas esa cabeza grandota adentro. Empecé a lamer despacio su pija, casi golosamente, sin darme cuenta, pero cuando empecé a sentir el tercer dedo de Carlitos en el orto, la empecé a chupar, con fuerza.

-Mierda. una aspiradora tenés ahí, putito!-gimió Martin, y me agarró la cabeza con las dos manos. Claro, pensé, no tengo mas opción ahora, me tengo que entregar, no puedo hacer nada. Otra vez los pensamientos mas racionales fueron huyendo rápidamente de mi cabeza mientras tenía la cabeza de la verga de Martín acariciándome los cachetes por dentro.
Ahi fue cuando Carlitos se metió dentro mío. No voy a mentir, me dolió, casi me sacó de mi estado mental pasivo (a medias), pero las manos del gordo me retuvieron con fuerza de las caderas, mientras Martín apretaba su presa contra mi nuca. Gemí de dolor, por el tamaño del pijón que me estaba entrando por el orto despacio pero sin pausa.

Carlitos malinterpretó mi sonido involuntario:-Te gusta mi pitito?- me dice, con esa voz de falsete…-Esperá que falta un poquito…no es muy grande, pero la se usar, creo…-agrega con esa voz que no sabía todavía si era de idiota o si se hacía. Sentía su verga abrirse paso dentro mío y se sentía hasta mas grande que la de Martín, que estaba entrando y saliendo despacio de mi boca.

-Pará, Carlitos,-le dice Martín, mas sensible a mis necesidades…-recién estrené hoy a esta putita. Dale despacio.-agrega, pero sin soltar mi cabeza, sólo aflojando un poco para dejarme respirar mejor.

-Ufa, me gusta rapidito.-Dice el gran bobo, pero sigue despacio, por suerte. Se queda quieto unos minutos, y Martín también. Yo todavía tenía su pija en la boca, y largaba saliva para ayudar a lubricar.
Después de unos momentos, Martín saca su verga de mi boca, se acerca a mi oído, me da unos besos suaves en la oreja, después en la mejilla, y nuevamente en la oreja, con un pequeño mordisco, y me dice:-Agarráte ahora, que vamos a cabalgar, si?-y sin esperar respuesta, me manda la poronga de vuelta a la boca, esta vez con fuerza y casi hasta el fondo. No tuve tiempo de atragantarme: Carlitos mandó hasta el fondo su pija, y empezó a moverse más rápido y más fuerte. Fue una suerte que mi culo ya se hubiera acostumbrado al intruso, porque sino me partía. Aunque igual sentía que me partía al medio.

Martín empezó a cogerme la boca. No hay otra frase que lo describa. Metía y sacaba su pija de mi boca a toda velocidad, dándome sólo unos momentos de respiro cada tanto. En un momento la sacó del todo, y yo me encontré desesperado buscándola con mi boca, mientras el dolor de mi culo se había ido reemplazado por un placer extremo que venía desde dentro mío, mientras sentía la enorme verga de Carlitos entrar y salir rápidamente de mí. Me acomodé como pude, frenético, para soportar los embates del gordo y manotear la verga de Martín.

-Viste que lindo trolito que nos agenciamos, Charly?- dice Martín en ese momento, a lo cual Carlitos contesta: -Ajá!-sin parar de darme bomba.
Cambiemos un poco.-dice Martín, mientras sale de mi boca. Gemí en ese momento porque las dos pijas salieron de dentro mío, pero por suerte entre los dos se cambiaron de lugar rápido: Carlitos se puso en la cabecera de la cama, mientras Martín se iba atrás, y me dieron vuelta. Me pusieron en cuatro, y Charly llevó su pija negra a mi boca, que la recibió contenta esta vez, mientras Martín se abría paso en mi culo lubricado.
Entre los dos me dieron masa duro y parejo. Creo que estuvieron como quince minutos bombeando, uno por delante y otro por atrás, hasta que sentí el lechazo primero de Charly en la boca, que empezó a desbordar por la cantidad, y el de Martín que lo sentí bien adentro de mis intestinos, no tanto esta vez (ya había acabado dos veces esa noche). Yo quedé caliente, me dolía la panza ya de la calentura y de no haber acabado (y de la verga que estuvo en mi orto).
Los dos salieron despacio de adentro mío, y yo caí agotado sobre la cama. Apoyé mi pija en la cama y la empecé a frotar un poco como para acabar, porque estaba loco de la calentura ya.

Mientras Martín encara para ir al baño, Carlitos se pone encima de mi espalda, despacio, y me dice al oído. -No terminamos todavía, no? Ahora si querés ser mi amiguito?-y mientras decía eso, sentí que la pija, todavía dura, se empezaba a hacer lugar entre mis nalgas de nuevo.
-Seeee!!!!-grité, caliente a mas no poder, con el culo abierto por las cogida anteriores.-Hacéme el culo, negrito, dale!.
Se movía lentamente ahora, como queriendo ganar velocidad de a poco, pero fuerte y duro lo sentía, todo el peso de su cuerpo haciendo fuerza sobre mí. Su pija entraba del todo para salir casi completa, despacio, bañada en lubricante.
Ahí sale del baño Martín, que se ve que se dio una ducha rápida.
-Ahh, bueno! ya empezaste de nuevo?.-se reía a carcajadas, mirando mi cara de placer mientras era ensartado por el gordo que sonreía sin parar. Ahí no lo pude ver más por un rato, porque Charly me puso en cuatro de nuevo y me agarró fuerte de la cabeza, y con sus manos grandes me tapaba los ojos. Me daba con todo, yo gritaba a mas no poder de placer y dolor, y al rato sentí el golpe potente de su leche contra las paredes internas mías. Abrí los ojos cuando las manos de Carlitos se soltaron, y ví a Martín con una cámara de video.
-Naaahhh..-atiné a decir, pero el gordo me dió vuelta, levantó mis piernas, apuntó mi pija hacia mí, y me metió dos dedos en el culo. Eso fue suficiente para que empezara a largar lechazo tras lechazo, que fueron a impactar por todo el cuello, pelo y cara, entrando un par de chorros en mi boca. Inconcientemente saborée mi propia leche, mientras Martín filmaba todo.
-Cómo te gustó, loquita!-se rió malévolamente, mientras Carlitos me largaba y yo quedaba ya casi desmayado por el cansancio y el alivio de haber acabado tanto.
No pude evitarlo y me dormí al ratito, a pesar de los dos que estaban en la pieza.

Recién a la mañana siguiente me desperté, y no había nadie en la casa. Busqué por todos lados, pero no encontré la cámara ni una computadora. Mi ropa estaba doblada en una silla de la cocina. Me bañe, con premura, por miedo a que viniera alguien, y me cambié rápido. Me quería ir, huir de ese lugar en el cual había caído en esos actos tan ajenos a mi persona. Agarré mis cosas, probé la puerta (abierta) y me fui a la Terminal, comprando el pasaje a Rosario pero por la ruta vieja, que tardaba más. Estaba hecho mierda aún de la noche anterior, y no caminaba bien del todo, asi que pensé en dormir un rato en el viaje, y pensar si todo lo que me había pasado me gustaba (más allá del placer físico que indudablemente había sentido), o si me quería olvidar de todo.

Me dormí en el camino, y me desperté por el sonido de mi celular recibiendo un mensaje de Wasap. Miré: número desconocido. Leí el mensaje, para ver de quién era.
“Hola, loco!”-decía el texto.-“La pasamos lindo anoche, no? Te quería decir, que lo de la cámara no es para chantajearte o algo así. Lo guardo exclusivamente para uso personal. No te asustes por eso. A veces soy un poco intenso en ese sentido, pero no pasa nada. Si querés, alguna vez repetimos. Tengo varios amigos.”
Venía una imagen adjunta, que abrí: era yo, mientras era salvajemente penetrado en cuatro por Charly. La borré enseguida. Y pense un rato. No quería que esto me gustase, no estaba seguro del todo.

Pero…me di cuenta que todo ese tiempo, tenía la pija al palo, desde que vi el mensaje de martín. Me sonreí solo, me mordí el labio, y me recosté en el asiento. Debería buscar una excusa para ir mas seguido a San Nicolás.

Me gusta / No me gusta

Otra noche en San Nicolás (II)

(Continuación)

No podía creer lo que veía! Cuatro desconocidos en la habitación de Martín, cagándose de la risa viéndome desnudo y obviamente habiendo sido objeto sexual del dueño de casa! Creo que nunca me sentí más humillado en mi vida! No sabía que hacer o cómo reaccionar. Sólo atiné a decir el nombre del cruel autor de esta situación:

-Martín!! Pero..qué??.-me salió a duras penas de la boca, mientras intentaba taparme sin mucho éxito.

-Que te pensabas?-me dice, con un tono entre divertido y enojado,-Yo estaba con amigos, vos venías después de casi un año de no aparecer buscando pija, y encima te hacés el exquisito cuando te digo de que vengas? No, putito, eso no se hace. Hoy las pagás.-me dice firme y ya sin reírse.

Yo estaba helado, paralizado, sin poder decir nada. No podía creer la situación en que estaba, que iba mas allá de cualquier fantasía que hubiera tenido antes. Sólo podía escuchar lo que me decía Martín, que siguió hablando, ahora más despacio.

-Podemos hacer esto de dos maneras: si te portás bien, y hacés caso, y nos gusta lo que hacés, vamos tranquilos, no mas de uno por vez. De esa no zafás: hoy te cogemos todos. Pero depende de vos y de cuánto te apliques si vamos de a uno como vos querías o si te garchamos a la vez. Que te parece?-finaliza su discurso, con voz tranquila, pero sin dudar ni un momento.

Yo estaba con miedo, pero, por otro lado, me di cuenta que no tenía opción: era hacerles caso y rogar que no se zarpen.
-Yo…bueno…despacito, despacio, por favor…si…como vos digas. De a uno.-dije, nervioso.
-Bueno,-me dice Martín a todo esto,-primero nos chupás la pija a todos, y después vamos viendo, si? Mejor te presento a mis amigos, no? Es de mala educación chupar pijas sin saber el nombre.-agregó, y todos se reían.
-Hagamos así: vos primero me decías lo que querés hacer, y después van pasando, los vas desvistiendo, y los vas conociendo uno a uno, ok?-agrega después de un momento, como si una nueva idea se le hubiera ocurrido.
-Ehh…cómo decirte lo que quiero hacer?-digo, confundido.

Se acerca a mi cara Martín, y me dice:-Decinos qué querés hacer ahora, no entendés?
-Si…ehh…quiero…hacer lo que quieran.-digo yo.
-No!!!-dice fuerte Martín, mientras me agarra del pelo y me sacude un poco. Casi lloro del miedo.-Decínos bien qué nos querés hacer.-agrega, sin soltarme.
-Quiero chuparselas…-me sale la voz finita y muy baja, casi un susurro.
-Mas fuerte.-me dice Martín, sin soltarme aún.-Quiero chuparselás.-digo, un poco más firme.
-Más fuerte, Putita!-me grita ahora.-Quiero chuparles las pijas a todos y tragarme su leche!!!-grito yo en respuesta, sin poder controlarme.
No se si fué el miedo o los nervios, pero me salió así la frase, que no estaba seguro de haber querido decir eso.

Martín se rió y me soltó: -Viste que era fácil? Dale, bajáte de la cama y anda empezando de a poco.-
Le hice caso sin dudar. Me fui hacia el de más a la derecha, y le bajé los pantalones. Tenía un pantalón tipo jogging y una musculosa blanca, no tan alto como Martín, con un boxer abajo del pantalón, que aprisionaba una verga en reposo bastante considerable. Me la metí en la boca mientras Martín decía: -Este es Matías. Saludalo.

-Hola.-Obedecí mientras sacaba su poronga ya crecida de la boca para verla. Una linda pija era, con la piel para atrás, rosadita, bastante grande (no tanto como la de Martín, pero admirable). Me la volví a meter en la boca, para saborearla, temeroso que me retaran de nuevo. Agarré la base con la mano derecha, mientras me apoyaba con la izquierda en el piso para no caerme. Le pasaba la lengua a la cabeza, acariciaba el tronco despacio recorriéndolo con la lengua mientras subía y bajaba con la mano. Me la saqué de la boca para lamerle las bolas, y después volví a comermela. Con la mano le acariciaba a Matías los huevos mientras con la lengua intentaba recorrer el tronco sin sacarme la pija de la boca. Corría abundante saliva por la poronga del pibe, facilitando mi labor de putito chupa pijas de complacer a quien Martín me dijera.
No me la saqué de la boca cuando empecé a sentir latir más fuertemente esa verga linda que tenía en la boca, y menos aún cuando sentí el trallazo de semen que me inundaba la boca, ese gusto salado y algo amargo que me empezó a gustar diez meses atrás. me la tragué toda, sin rechistar, y pasé al siguiente.

-Omar se llama él.-me dijo Martín. Un flaco alto, con una remera negra del Che, una gorrita roja y pantalones shorts, que ocultaban una pija gordita y más corta que la de Matías y Martín. Se la chupé más rápido que a Matías, queriendo conocer a todos los amigos de Martín ya. Antes de acabar, me sacó de su boca y me tiró la leche en la cara y en el cuello, chorros calientes que pegaron en mí y comenzaron a descender formando líneas pegajosas desde mis labios hasta mi cuello.

Pepe era más gordito, y tenía la pija más fina que la de los otros, pero más larga, blanca y sin piel. Al menos de 22 cms la sentí en la boca, tan larga como la de Martín o más quizás. No me la podía poner entera adentro, me costaba, así que opté por saborearla medio de costado, recorriendo rápidamente el tronco con la lengua y los labios, deteniendome en la cabeza para chuparla con fuerza, para salir y volver a pasear por ella. No le chupé las bolas porque estaban peludas, y no me gustaba tanto. Además, no me lo pidió. Si me lo pedía tenía que obedecerlo, pero no. De él sí me dejó tragarme la lechita caliente, que salió en rápidos latigazos de su pija mientras la tenía adentro de mi boca.

Pasé entonces al último de los amigos, y cuando le bajé los pantalones vaqueros, me dí cuenta porqué estaba último: debajo del slip blanco, la forma de la pija se veía, clara, recorriendo todo el frente de su pelvis, y bajando hacia su pierna.

-La puta madre!-grité de sorpresa. Se entraron todos a cagar de la risa, mientras Martín me decía: -Bueno, ahora lo vas a conocer a Manu. Es mi hermanito.-
Manu era Bajo, de piel pálida, de pelo bien negro y ojos claros. Debajo de la camiseta no tenía buen físico. Pero su verga era enorme y muy linda: se me hizo agua la boca al ver esos veinticinco centímetros de poronga que iban a entrarme en la boca (y en el culo???). La acaricié, la intenté agarrar con la mano entera pero no llegaba. Tuve que usar mis dos manos, y aún así quedaba afuera la cabeza y un pedazo más. Empecé despacio por ahí, y después de intentar infructuosamente comérmela entera, la empecé a recorrer con la lengua y pegarle mordidas suaves mientras lo miraba al Manu. Esta verga me tenía fascinado. Creo que estuve como diez minutos saboreandola, y adorándola, hasta que al fin sentí que se venía. Me agarró con fuerza la nuca, y empezó a largar chorros lentos de leche caliente y espesa dentro de mi boca, que procedí a tragarlos como podía. Una buena parte chorreó por la comisura de mis labios, y cuando Manu me soltó, intenté lamerlos para que no se escapen. Igual siguió saliendo leche de su pijón, nunca había visto acabar tanto a alguien, y me fue cayendo en el pelo, en la cara, en los labios entreabiertos. No me di cuenta que había entrado alguien más: una chica con un teléfono que estaba tapándose la boca y filmando toda mi cara de trolo entregado. Quizás debería haberme sentido más humillado, pero ya a esa altura, lo único que quería era que me cogieran.

Martín me dice, cuando termina de enlecharme Manu: -Te presento a Brenda, mi novia. Le encanta ver a putitos como vos ser culeados. Te molesta? -me pregunta con una sonrisa. Brenda se reía abiertamente ahora. Era una piba re linda, rubia teñida, con unas tetas paraditas que se insinuaban bajo una remera rolinga. Un short apretadito ceñía su cintura y marcaba su entrepierna. Pero nada de eso me importaba en ese momento, ya que tenía otra cosa en mente (y en la mano).
-Noo…nooo! Cójanme, por favor!!!-dije, sin soltar la pija de Manu. Un momento de lucidez me hizo agregar: -Él al final, sino me parte!!!.-dicho que desató otra lluvia de carcajadas.
-Dale, bañate y decime quién pasa primero.-me dijo Martín. Entre al baño entre las carcajadas de todos y me pegué una ducha rápida, aprovechando para meterme un par de dedos en el culo para ir facilitando la labor de ensancharlo para la cogida fenomenal que me iban a pegar. Salí lo más rápido posible, y dije: -Primero Omar y Pepe.-
Martín se cagó de la risa: -Ahh, más de una a la vez te bancás! Bueno, dénle para que tenga, chicos. Yo me voy a tomar unos mates con Manu y Mati. Acá se queda Brendi, que le gusta ver.-finaliza, mientras los dos que nombré se terminan de desvestir.
Pepe me agarra del brzo y me empuja a la cama, y yo caigo de espaldas.
-Vamos a coger, trolin!-dice, mientras Omar acomoda sus piernas alrededor de mi cuello, poniendomé la verga en la boca. No podía ver otra cosa que el cuerpo musculoso de Omar, mientras trataba de no ahogarme con su pija que él empujaba hacia dentro de mi boca. Sentí a la vez un pequeño dolor frío en el culo, fruto de la chota de Pepe que, lubricada, se abría paso hacia mi interior.
Pepe me daba despacio al principio, y aceleró después de unos minutos, y aunque no podía ver nada por cómo estaba, escuchaba sus gemidos rítmicos. Mi verga se paró en ese momento, porque creo que tocó mi próstata.
Omar salió de mi boca, y viendo mi pija parada, se dio vuelta y aprovechó para chupármela un rato, mientras yo seguía con la de él. Acabé al poco tiempo, sin poder evitarlo, y Omar dejó caer mi acabada sobre mi panza. Al ver eso, pepe sacó la pija de adentro de mi culo, le pidió lugar a Omar (que fue a tomar la antigua posición de Pepe), y me puso su pija en la boca. Me acabó en la garganta por lo larga y porque me la mandó hasta el fondo, pero no me pude quejar porque ahí Omar se metió dentro mío y me dio bomba rápido, haciéndome doler un poco.
-Ahhh…ahhh.-gemía Omar al ponérmela y Pepe le hacía eco al acabar. Mis propios gemidos quedaban ocultos porque aún tenía la pija de Pepe dentro, gemidos de placer y dolor a la vez.
Cuando Pepe salió, pude ver a Brenda, la novia de Martín, que tenía la mano metida dentro de sus shorts y con cara de trola hambrienta se masturbaba con una mano mientras con la otra intentaba sostener el teléfono para seguir filmando (cosa que no me importó porque estaba entregadísimo), y la ví retorcerse en un orgasmo que coincidió con los gritos de Omar mientras descargaba su leche dentro mío.
Pepe dice: -Gracias, putito. Muy buen polvo.-y se empieza a vestir. Omar sale de dentro mío, acerca su pija ya morcillona a mi boca, y me ordena: -Limpiámela.- Yo le hago caso, como es mi deber, lamiendo los restos de acabada. Por suerte yo estaba bien limpio, asi que el sabor fue el de semen ácido.
Me quedé tirado en la cama un rato, cansado, y Brenda se fue a llamar a los otros.
Entró primero Manu, y cuando encaró hacia mis piernas, me asusté y grité con miedo: -Noo. Nooo!!! Vos al final.-
No sé si me iba a hacer caso, pero entraron Matías y Brenda también en ese momento. Matías le dice a Manu al ver la situación:-Dale, yo primero me lo cojo. Que te la chupe un rato.- Sii!!-Agrega Brenda,-quiero volver a ver cómo te la chupa!!!.-
Así que Manu, refunfuñando, se sienta en la cama y me hace bajar a mí. -Ya que me la vas a chupar, hacélo como una buena puta!!-me dice, y me empuja. Yo me voy a arrodillar, pero Matías me dice: -No te olvides de mí, trolo de mierda!-y me agarra las caderas. No tengo otra forma de hacer lo que los dos piden que de inclinarme para darle el culo a Matías, y poder así encargarme de la verga enorme de Manu. Brenda a todo esto va llevando el teléfono desde la pija de Manu hasta la de Matías, y va alternando entre mi boca comiéndose la enorme chota del primero a la poronga que se abre lentamente paso por mi orto del segundo.
-Mirá cómo le abrís el culo!-grita la pendeja, re excitada, mientras hace primer plano de mi agujero siendo penetrado.-Marto, traé la laptop!-agrega, y mientras yo lucho para recibir tanto la pija de Matías por atrás como intentar comerme la de Manu, veo que entra Martín riéndose con una laptop prendida, y la pone en la cama al lado de Manu. Ahí puedo ver en detalle la filmación de la pendeja de la verga de Mati haciendose lugar en mi culo.
-Que perversita que sos!-le dice Martín a la novia, mientras le acaricia el culo. Ella sólo se ríe y sigue filmando.
Despacio primero, y más rápido después, me va bombeando Matías mientras el monstruo de Manu entra y sale de mi boca. Siendo la pija nada desdeñable de uno hundirse en mi culo por completo sólo para salir casi del todo y volver a entrar. Otra vez me siento sacudido por los golpes de la pelvis de un hombre contra mis nalgas, y hasta siento los huevos de él golpear contra mi cuerpo rítmicamente, acompasando el mete y saca fuerte que me está haciendo ver las estrellas.
La pija de Manu se me escapa de la boca, y el me da una cachetada y me grita:-Más cuidado, puto!-así que me apresuro a volver a metérmela adentro. Él me agarra la nuca y me hace atragantar de pija, y yo comienzo a babear abundantemente, intentado lubricar ese monstruo que me llega hasta la garganta. Por suerte esto no dura mucho, porque Matías acaba dentro mío con chorros poderosos, y sale cuando se le achica un poco la pija. -Uff. Que lindo. Te quiero volver a usar, putito!-dice, y me palmea fuerte la cola. Yo pego un respingo ante el dolor, pero no puedo decir nada porque tengo un pijón bombeándome la boca.
-Ayy!! No doy más!-escucho a la perrita de Brenda gritar al ver la cogida de boca que me pega Manu.
-Martín! Hijo de puta! Vení acá ya o me coge Manu!-dice la loca mientras se entra a desvestir. Matías duda de salir, pero Martín entra y lo saca al vuelo. -Cerrá la puerta cuando salgas, gato.- le dice, y lo empuja fuera de la habitación, cerrándo la puerta.
Manu sale de mi boca, me empuja a la cama, se sube detrás de mí, se escupe la mano, y me ensaliva un poco el orto. Eso es todo el preludio que hizo antes de mandarme la cabeza grandota de la verga a través de mi hoya ya usado. Por suerte estaba bien embardunada de mi propia saliva, y ya me habían cogido un buen rato, sino me partía el orto. Pero igual me dolió bastante, y me quise salir. Al ver esto, Brenda de un salto se trepó a la cama mientras Martín se descambiaba , se abre de gambas, me agarra la cabeza con las dos manos y me empuja hacia su concha abierta, mojada y con sólo algunos pelos suaves, al grito de: -Chupáme la argolla puto de mierda!!!
Yo estaba ahogado por su concha por un lado y empalado a fondo por otro, asi que no me podía mover. Empecé como podía a lamerle la conchita jugosa, y digo como podía porque la sacada me movía la cabeza de arriba abajo refregándomela con fuerza, empapándome la cara de sus flujos, ricos y saladitos, y a eso se sumaba el empujón que me daba de atrás Manu al enterrarme a fondo su chota enorme. Cuando me la mandó al final, acabé de golpe, tanto por su pija como por el exquisito aroma y sabor de la conchita de la pendeja que aún me refregaba mientras acababa como loca, gimiendo y gritando.
-Hija de puta!-le dice Martín,-no me esperaste!-agrega, mientras le muestra la verga parada.
-Estaba recaliente, Martu. Vení que te la chupo.-le dice con una sonrisa. Al querer salirme de su abrazo, pensando que eso era lo que quería, me agarra de los pelos de nuevo y me cachetea, con fuerza la yegua:-Que hacés, putito!-me grita. -Seguí lamiendo hasta que te diga, que mierda te pensás que sos?.-me vuelve a abofetear bien fuerte. Yo vuelvo entonces a lamerle los labios de la vulva y le paso la lengua al ano, mientras atrás mío Manu acelera el bombeo.
Manu me da masa y masa por un buen rato, y mientras tanto Brenda le chupa la pija a Martín, el cual pone los ojos en blanco y le acaricia los pechos. Yo no puedo creer la situación, y se me empieza a parar de nuevo al verga, algo dolorido ya por las veces que acabé, y cansado porque no doy más de las piernas del esfuerzo de bancarme las embestidas salvajes ya de Manu.
Ahí Brenda sale de debajo de mi boca, y le ordena a Martín: -Acostate y que te la chupe el puto. Quiero que vos me chupes la argolla ahora.-dice, mostrando quién es la que manda más ahí.

Manu para un poco, se tira más para atrás agarrándome de la cintura para que no me escape, sin sacar su pijón de dentro mío, para hacerle lugar al hermano, que se acuesta y se abre de gambas para dejarme a mano su poronga dura y ensalibada por su novia. Brenda se sube y se le monta sobre la cara de Martín, y se empieza a refregar justo cuando yo me meto la pija de su novio en la boca y Manu empieza a bombear de nuevo. Yo no doy más del dolor de ojete, porque Manu es una bestia cogiendo, tiene un aguante infernal y siento mi culo al rojo vivo ya de la fricción, porque bombea y bombea más de quince minutos seguidos mientras yo le chupo la pija al hermano.
Siento su pija enorme palpitar momentos antes de escuchar sus gruñidos y sentir sus lechazos dentro mío, llenándome una vez mas de semen caliente el culo. Me tira tanta leche dentro que empieza a chorrear una vez que esa monstruosa verga sale de dentro mío, y yo siento un vacío total después de haberme bancado esa barra de carne. Igual sigo chupando pija hasta que Martín me cachetea y me dice:-Salí!-
Obedezco rápidamente y me bajo de la cama. Manu saca un colchón viejo de debajo de la cama y se acuesta ahí, y sin decir palabra señala su pija morcillona. Me ocupo de ponérsela dura de nuevo mientras de reojo veo como Brenda se sube arriba de la poronga de Martín y lo comienza a cabalgar despacio, mirándo cada tanto hacia donde estoy yo chupando y acariciándose las tetas.
-Te gustan, putito? Son de Martu!- me dice, juguetona, y lo mira al novio mientras lo cabalga, viendo su cara retorcida de placer.-Qué trola que sos, hermosa, como te quiero!-le grita Martín a la novia, gimiendo de placer.

-Vos también montáme.-me dice Manu, y se señala la verga. Con cuidado intento subirme a él y clavarme su palo enorme en el culo. Voy bajando con cuidado para que se acostumbre de nuevo a esa pija grande y dura, y cuando me acomodo, empiezo a imitar a la novia de Martín, subiendo y bajando. Tanto la situación como la escena me calientan un montón, y con el culo ya abierto empiezo a cabalgarlo con ganas a Manu, mientras veo que Brenda sale de encima de Martín, se pone en cuatro y le dice al novio:-Metémela, Marto, así lo miro al puto mientras se lo garcha tu hermano.
Martín no se hace desear: se levanta al toque le y manda su pija dentro de la argolla con fuerza. Siento un poco de envidia, porque él se mueve mejor que el hermano debajo mío. Bombea sin parar a Brenda mientras yo lo cabalgo al hermano. Ella acaba gritando de manera brutal, al cabo de un rato, y Martín saca la pija de adentro de ella, y comienza a pajeárse, cuando ella le grita: -Acabále al puto en la cara!
Martín entonces me agarra la cabeza, enfila su poronga hacia mi cara tan cerca que puedo percibir el olor de la concha de Brenda mezclado con el de su pija, y con dos o tres movimientos de la mano, me larga tres chorros de leche en la boca. Después se acuesta al lado de Brenda, mientras ella toma el teléfono nuevamente para reanudar la filmación, suspendida por su ingreso a la cama.
Al cabo de un buen rato, Manu me agarra del pelo y me saca de encima de él, me tira boca debajo de un golpe, se sube detrás de mí y me empieza a bombear con mucha fuerza y brutalidad. Mi pija maltrecha por las continuadas acabadas se roza contra la cama, y la calentura anula el dolor de ser empalado por un pijón de 25 cms.
Me coge sin parar durante quince minutos, y Brenda grita:-Acabálo, animal, que se me termina la memoria!-

Manu le hace caso: acelera un poco, y me vuelve a llenar el culo de leche. Martín ahí busca la laptop, la pone delante de mí, y voy viendo como esa descomunal pija va saliendo de dentro mío. No puedo creer como me dejó el culo, abierto como una flor! Igual estoy tan cansado y lleno de leche que no puedo protestar. Escucho como a lo lejos que avisa Manu que se va, y ahí me duermo sobre el colchón viejo de Martín.
Me despierto unas horas más tarde, y veo a Brenda y Martín garchando en la cama en posición de. Estoy con la pija a full, y me empiezo a masturbar viéndolos coger. Brenda se da cuenta, se ríe, le pone las manos a Martín en el pecho, y le dice: -No querías hacerme la cola? Hacésela al trolo, que está mirando!-
Se ríe Martín, y me hace subir a la cama. Me empuja la cara contra las piernas abierta de Brenda mientras me pone en cuatro, me escupe el culo, y me manda verga sin decir agua va. Me culea duro por diez minutos mientras le chupo la concha a la novia, y me acaba fuertemente dentro, gritando de placer. Brenda acaba también con mis lamidas.
Sale de dentro mío Martín, y yo me acuesto en el medio de ellos dos. Brenda ve entonces que estoy con al pija al mango, y le pregunta al novio con una sonrisa picarona:-Me dejás bajársela, pobre putito?.- y sin esperar respuesta de Martín, se escupe la mano, me agarra la pija y me empieza a pajear, mientras con la otra mano me mete dos dedos en el culo. Es casi dolorosa mi acabada, por lo fuerte y por las veces que llegué esa noche. Ella agarra mi leche y me la tira en la boca, y yo, obediente, la trago.

Cansado a pesar del descanso, me baño después de que ellos se bañen, me cambio, y me siento (un poco de costado, no puedo sentarme bien), en una de las sillas de la cocina, mientras Brenda le sirve un mate a Martín.
-Y? Disfrutaste?-pregunta Brenda. Yo no sé que decir, y Martín se ríe.
-Vamos a hacer una cosa:-me dice Martín,-si llamás antes de un mes, te castigo!.
Yo me levanto, le beso la mano a Brenda, y me voy sin decir nada. A ella la escucho decir:-Es el mejor putito que has traído, Martu.

Volví a Rosario intentando no apoyar demasiado el culo en el asiento. Me dormí, y pensé que mi señora iba a estar cinco días más afuera.

Me gusta / No me gusta

Otra noche en San Nicolás (I)

Pasaron más de diez meses, entre una cosa y otra, hasta que finalmente pude volver a San Nicolás, y no fue por pensar en una noche de sexo el tema que volví. Tomé nuevos clientes para mi consultoría en sistemas, y mi empresa naciente se expandió bastante. Tuve que tomar varios empleados más, capacitarlos y, en fin, dedicarme a full a los nuevos clientes, dejando los establecidos a un empleado a mi cargo.
También mi señora tuvo algunos problemas de salud, entre ellos una infección urinaria que me dejó sin ponerla seis meses. A veces me hacía una paja pensando en la noche que había pasado en San Nicolás, pero muy cada tanto: estaba tan cansado que apenas
llegaba a casa me dormía.

Ese tiempo me sirvió para comprobar que Martín no mentía cuando decía que no iba a utilizar lo de la cámara para chantajearme ni nada: ni un mensaje ni una foto ni un video fuera de lugar me llegó en ese tiempo. Asi que por ese lado me tranquilicé de que no
tendría problemas por ese lado. Yo en lo esencial, me di cuenta, no había cambiado: me seguía gustando hacer el amor con mi señora, me encantaba el olor a concha, y no me atraían los hombres de la calle. Sólo había sido, terminé pensando, una cosa del
momento, un dejarse llevar por la pasión de la situación, por todo el morbo involucrado.
Igual las pajas que me hacía en recuerdo de esto, me hacían largar lechazos interminables que me llegaban a la cara, y que, a veces, llevaba a mis labios para sentir el gusto, intentando recordar cómo era.

Pasó el tiempo, y a los cuatro meses de la noche nicoleña, la empresa que era cliente mío en San Nicolás quebró por problemas financieros (para mí, la fundió el hijo del dueño con Lucrecia, que era una trola de cuidado y gastaba fortunas). Asi que ir de nuevo hasta allá era como mínimo más difícil, ya que los clientes principales quedaban al norte y este de Rosario mas que al sur.
Pero sucedió que unos siete meses después de los sucesos que contara antes, un nuevo cliente apareció en la empresa, y era de San Nicolás. Era una empresa grande exportadora de bio diesel que necesitaba un nuevo software. Asi que tuve que programar varias idas y venidas, muchas pernoctadas y días completos allá, yendo con dos empleados a trabajar mucho en ese sistema, porque tenían un
corto tiempo para hacerlo operativo.

En resumen, no tenía ni media hora libre para ver de llamar a Martín y ver que onda, porque no tenía ni tiempo ni oportunidad.
Pero, después de dos meses de trabajo, pude terminar el sistema, y un mes mas tarde fui a pegarle una revisada, pero sólo, sin empleados. Mi señora esa semana justo tenía vacaciones, y aprovechó para irse con los chicos y sus padres a Iguazú, que no conocía.

Yo no pude por trabajo, claro. No era una falsa excusa, pero bueno…
Terminé de hacer las cosas en la empresa, algo apurado (aunque me llevó mas tiempo del planeado o del querido), y salí tipo cinco de la tarde. Me fui a una plaza, me senté en un banco y saqué, con todo el nerviosismo del mundo, el teléfono. Estaba muy nervioso
y muy caliente, casi que me temblaban las manos al llamar.
Pero fue anticlimático: nadie contestaba por mas que escuchaba el tono de llamada sonar y sonar. Colgué, con un poco de bronca y algo de tristeza y decepción. Me fui caminando, despacio, hasta la Terminal, sin saber si irme directamente, si volver a llamar, o que hacer. Al final, en la terminal, llamé de nuevo antes de comprar pasaje: nada. Tuve que hacer fila para comprar el pasaje, porque era viernes, y estaba lleno el lugar de gente queriendo volver del trabajo hacia Rosario, o irse a Rosario de compras después de una semana de trabajo.

Llegué ante la chica del mostrador, compré pasaje, y me dispuse a esperar, ya que faltaba una hora para sali. Caminaba impaciente por el lugar de espera, mirando el andén, queriendo huir un poco del lugar. Al cabo de una hora, llega el colectivo. Abren las puertas para subir, y justo me suena el teléfono. Miro el número: Martín. Me aparté de la fila, e intentando alejarme del gentío atendí:-Hola! Hola!-dije.

-Hola loco!-siento la voz de Martín por el teléfono. Si tenía alguna duda, mi erección instantánea me las sacó, al menos respecto de ir a verlo.
-Mucho tiempo, che! Podrías haber llamado antes, no?-me reprocha con una risa pícara.
-Sii…pasa que anduve muy ocupado…ehhh…una pregunta..no se si…estoy cerca…-balbuceé, nervioso como quinceañera.
-Dale, veníte y tomamos algo. Estoy con amigos.-me dijo, y medio me paralicé. No estaba seguro de querer volver a estar con desconocidos. Si con Martín, pero no con alguien mas.
-Ehh…no, entonces, mejor, paso otro día…vemos. Mejor me voy ahora.-le digo, nervioso.
Escuché una pausa del otro lado del teléfono, y después la voz de Martín, firme, casi autoritaria, que me dice:-No. Quedáte. Anda viniendo que yo me ocupo de los chicos. Vos vení y charlamos.-

Y fui. No tenía opción después de escucharlo. Fui caminando, a veces despacio porque tenía miedo, y a veces acelerando el paso porque preveía lo que iba a pasar.
Toqué timbre al llegar, y me abrió él la puerta. Sin remera, el pantalón flojo en la cintura, su sonrisa media ladeada, con barba ahora, una barba corta media rubiona. Una cadenita con un símbolo que no reconocí, japonés creo, colgando del cuello, golpeando los
abdominales marcados que aún tenía. La piel bronceada del pecho iba dando paso a una parte sin broncear por encima de los calzoncillos, que cubrían (por ahora), el latido de su erección creciente.
-Pasa. Los eché a la mierda.-me dijo, mientras se hacía a un lado. Al pasar pegado a él por la puerta estrecha, de espaldas, sentí el calor que largaba su cuerpo, y me apoyó la verga contra mi culo. Me acordé de todo de golpe, todo lo que me quería olvidar, y gemí.
-Cómo estás!-me dijo, cerrando la puerta de golpe y llevando una mano hacia mi cuello y otra hacia mi culo, metiendo mano debajo del pantalón, acariciandome las nalgas y deslizando un dedo por la raya, mientras me mantenía inmóvil contra la pared con la otra.
-Uff..está cerradito de nuevo,-me djo, mientras metía un dedo en mi culo,-vamos a tener que laburar un ratito.-agregó. Me soltó de golpe el cuello y me empujó hacia un costado. Se cruzó de brazos mientras yo, algo confuso, lo miraba.

-Desvestite ahora.-me ordenó.-Acá? En el patio?-le solté, sin entender.
-Sí, putito, ahora!-con voz autoritaria.
Empecé a sacarme la camisa, el pantalón, los zapatos y las media. Me quedé ahí en el medio del patio, súbitamente tímido, cortado por la reacción que tuvo, intentando taparme.
-Que hacés?-me gritó.-En bolas, puto!-agregó con la mano levantada como si fuera a pegarme.-Y entrá al baño y limpiate bien. Tenés que hacer méritos hoy, o pensabas que venías nomás y yo te garchaba??

Me saqué rápido los calzoncillos, y me metí al baño, sin cerrar la puerta y mirando a ver que hacía Martín. Estaba ahí parado, con los brazos cruzados, esperando. Impaciente, pude ver.
Me bañé rápido, sin olvidarme de limpiarme bien el sudor del día del cuerpo. Me intimidaba mucho esto, estar desnudo ante alguien que me miraba sin decir o hacer nada, así que me apuré. Apenas salí del agua, Martín, sin decir una palabra, me señaló su
entrepierna.
Me arrodillé, despacio, adelante de él, y con mis manos fui a su cinto, para desprenderlo, para dejar que caiga el pantalón al piso.

Bajo su slip se podía ver claramente la forma de su pija parada, dura, palpitante. Lentamente acerqué mi cara hacia ella, y bajé suavemente sus calzoncillos, para liberar de su presa esa verga, que estaba tan linda como la primera vez que la vi. Casi saltó, liberada de su encierro, y al caer me golpeó la cara. Abrí la boca, saqué la lengua, y como saboreando un helado, la pasé por toda la extensión del tronco, sólo para detenerme unos momentos en la cabeza y con la punta recorrerla entera. Luego seguí, sólo con la
lengua, volviendo a recorrer el camino inverso, una y otra vez. A la cuarta vez, Martín se impacientó y me agarró de los pelos, y me llevó la boca hacia la cabeza de la poronga. Me la tragué entera la cabeza, y empecé a chupar y a saborearla ya dentro de mi boca.
Intenté comerme la pija entera, pero no podía, no me entraba. Igual hice mi mejor esfuerzo, dejándola toda babosa y ensalivada.

Abrí los ojos y lo miré, con media pija dentro de mi boca.
-Que pensás, que con esto sólo basta?-me dice, y agrega, con la mano detrás de mi nuca:-Te portaste mal, Juli, y vas a tener que pagar de alguna manera.-y diciendo esto, empujó mi cabeza hasta su cuerpo, y me hizo atragantar de pija. Intenté respirar, pero no
podía, sólo podía tratar de contener la respiración y no ahogarme mientras me cogía la boca, con un mete y saca poderoso y profundo.

-Dejála bien mojadita, porque de acá, va a tu culito, entendiste?-me dice mientras me sigue metiendo y sacando la verga de la boca.
Seguimos así un rato, mi boca y su pija chorreando saliva, cuando me agarra de los pelos de nuevo y me lleva hasta la cama. Se acuesta, boca arriba, y me tira a mí a los pies.
-Bueno, te salió bien.-me dijo, con una mueca en la cara. -Seguí, pero despacio ahora.
Por diez largos minutos me dediqué a su pija despacio, chupando suavemente ahora, agarrándola con la mano y pajeandola despacito. Cuando empezó a gemir, me la puse en la boca y la solté, sólo con los labios y la lengua tocándola. Sentí sus movimientos
predecir la lluvia de leche que me entró en la boca, y me fui tragando la leche de a poco.
-Bien.-me dice, despues de un ratito, en el cual yo no había soltado de la boca su pija, a pesar de que algo se había aflojado. -Ahora traé tu culito acá, que lo voy a preparar.-
Sin soltar su verga, cambié de posición para dejar mi culo a su alcance. Mientras seguía chupandoselá, él empezó a meterme un dedo, y despues otro y otro mas, dentro de mí. Despacio, con lubricante, me fue abriendo y acostumbrando.
Sacó su pija de mi boca, ya parada de nuevo, cuando vió que estaba listo. Me quise mover, porque había quedado boca abajo y mirando hacia el pie de la cama, pero me agarró firme de las piernas y él se subió sobre mí.
-No te muevas, me gusta así.-me dijo, y sin más palabras, mandó las piernas entre las mías, hizo fuerza y me las separó, para apuntar su verga y mandarla dentro de mi orto, sin demasiada contemplación, rudo, casi salvaje. Gemí de dolor, pero no dije nada
mientras la cabeza de la poronga y después medio tronco entraban dentro mío. Sólo esperó unos instantes para mandarmela entera, y la dejó enterrada dentro mío un minuto, nada mas, antes de empezar el bombeo. Se movia encima mío despacio, pero duro y profundo, como un pistón de motor, con una cadencia lenta pero que no dejaba pausa entre estocada y estocada.
Sentír esa verga de nuevo dentro mío hizo que acabara ahí nomás, manchando las sábanas, pero no se me bajó la calentura, sino que seguí sintiendo el placer de esa cogida.
Al rato, empezó a acelerar el ritmo, todavía sin decir nada. Escuchaba el chirriar de los resortes de la cama mientras nuestros cuerpos subían y bajaban, escuchaba el plas plas plas de su pelvis golpear contra mi cola mientras entraba y salía esa verga. Levanté un poco las piernas pero él me clavó las rodillas y no podía salirme de su presa. Eso se ve que lo hizo calentar aún mas, y aceleró sus embestidas hasta hacerme gemir de placer nuevamente, a pesar del dolor de piernas que sentía. Me aplastó la cabeza contra la cama mientras me daba bomba con mucha fuerza, tanto que me agarró un poco de miedo.
Pero no duró demasiado: a los pocos minutos sentí los lechazos salir de su pija y golpearme por dentro. Sentía que rebalsaba de tanto que me había acabado dentro.
-Uff…mortal.-me dijo, tirado encima mío. Al cabo de un par de minutos, sale, me da vuelta, y al ver que aún estaba caliente, me agarró mi pija y empezó a pajearme, mientras me metía un dedo en el culo. Al ver que salía con leche, recogio lo que chorreaba y
alternaba mandandome dos dedos en el culo, luego sacándolos y llevándolos a mi boca. Yo chupaba con fruición esa leche que era de él, mientras gozaba de la paja. En no mucho tiempo, sentí que iba a acabar y así se lo dije. Sin decir nada, se rió, agarró mi cabeza y la levantó un poco, mientras apuntaba mi pija hacia mi boca. Abrí la boca y recibí un poco del chorro de semen de mi propia acabada en la boca, mientras él se reía.
Al terminar, fuimos los dos al baño para limpiarnos los restos de semen y el sudor, y me dejé enjabonar porque estaba muy cansado.

Casi no me podía mantener de pie, pero tuve que juntar fuerzas cuando su pija (parada una vez mas!) empezó a hacerse lugar detrás mío.
Me cogió suave y lento en el baño, con el agua tibia ya cayendo sobre nosotros. Yo no llegué esta vez, estaba muy cansado, pero igual me gustó, gocé esa cogida lenta y larga que me dió de parado.
Nos acostamos en la cama, y yo me dormí casi al toque (como siempre).
Una vez más soñe con los eventos de esa noche, mezclados un poco con la vergüenza de hacer algo prohibido, y en el sueño sentía la humillación de ser descubierto, sentía que se reían de mi. Me desperté, y había cuatro pibes de la edad de Martín, vestidos y riéndose mientras Martín hacía gestos de que me cogía.

(Continuará…)

Me gusta / No me gusta

Una noche en San Nicolás (I)

Después de un tiempo, me decidí a contar una experiencia que tuve hace un par de años. Dado que soy lector asiduo de este sitio, me pareció un buen lugar para exponer mi vivencia, quizás un tanto particular para mi.

Permítanme presentarme: mi nombre es Julián, soy ingeniero de sistemas informáticos, tengo 35 años en la actualizad (33 cuando me sucedió esto que voy a narrar), estoy casado y con dos chicos. Soy de estatura mediana, pálido como muchos que trabajamos a la luz artificial todo el día, y, lamento decirlo, algo pasado de peso por la vida sedentaria. Sexualmente siempre me definí como hetero, pero…bueno, no me quiero adelantar al relato.

Esto me pasó cuando estaba iniciando una empresa propia, luego de trabajar por cuenta de otros unos años. Este nuevo emprendimiento me hacía viajar fuera de mi ciudad (Rosario, en Argentina) hacia pueblos y ciudades de la periferia, no muy alejados. A veces iba a Villa Constitución, Chabas, Casilda, San Nicolás, y algunas veces (mas escasas estas) a Buenos Aires. Por lo general iba y volvía en el día, aunque me ha pasado un par de veces de tener que quedarme a pasar la noche en otra ciudad, por problemas de paro de transporte o de un camino cortado.
Justamente la noche de mi relato fue una noche que había viajado a San Nicolás por trabajo. Ese día, como siempre, llevaba dinero de sobra para tomarme los colectivos de ida y vuelta, comer allá algo y además un extra por las dudas, si, como otra vez me había pasado, me tenía que quedar a dormir. No me gustaba utilizar tarjetas de crédito, así que no la llevaba en mis viajes. Quizás una grave imprudencia, pero todos tenemos alguna peculiaridad.

Pero pasó que a una chica de la empresa a la cual asistía (que le tenía unas ganas bárbaras, pero con pocas esperanzas dado tanto mi estado civil como mi estado físico), le robaron la cartera. Llorando a mares, Lucrecia (así se llamaba), apoyó contra mi persona sus 60 kgs y 1,60 de estatura (tan bien distribuidos esos kilos que aún hoy me acuerdo y se me pone la piel de gallina), y yo me apresuré a consolarla:

-No te preocupes, Lu, yo algo de dinero tengo-le dije, para ganarme su estima, ya imaginando un escenario digno de película porno o de relato erótico: Lu se tiraría agradecida contra mi, y pasaríamos la noche entera cogiendo como conejos en la cama de su casa sin parar…

-Hay!! Gracias, Gordi!!! Hoy salgo con mi novio y le quería comprar un regalo!! La próxima que vengas te lo devuelvo!!-gritó, contenta, sacudiéndose las lágrimas. Yo, con el shock de la decepción encima mío, saqué la billetera y le di unos billetes, ni los conté (de boludo nomás). Me dio un flojo besos en la mejilla y se fue casi corriendo a contarle a sus compañeras. Resultó ser (me enteré después) que el novio era el hijo del dueño de la compañía. La vi irse con envidia y algo de bronca por ser tan calentón y pelotudo, con una media erección por todavía sentir el perfume de ella contra mi piel, su calor y mi fantasía quemándome el cerebro.

Me quedé caliente toda la tarde, y cuando salí (tarde, entrada la noche), todavía estaba caliente, a pesar de la lluvia que caía y me empapaba. Ni paraguas tenía, y para colmo de males, la vi a Lucrecia pasar por enfrente del laburo subida a un Audi (del hijo del jefe), contenta con unas bolsas de compras (con mi guita!). Me saludó con la mano. Estaba divina la hija de puta.

Me fui puteando todo el camino hasta la estación de ómnibus de San Nicolás. No quedaba tan lejos y no quería llamar a un remise por pocas cuadras.
Apenas llegué a la terminal, me enteré por las conversaciones de la gente, pero no quise darme cuenta del todo y fui a la boletería:
-Un pasaje a Rosario, por Autopista.-le dije al muchacho de la boletería.
-Nada,-me dice el muchacho,-todo cerrado por la lluvia. Creció mucho el Pavón, sabe? Tanto que cerraron la ruta y la autopista.-me comentó, con una mirada perdida y quizás hastiado de repetir esa frase muchas veces a todos los que iban allí.
-Y cuando abrirán? -pregunté, desconsolado.-Y, antes de mañana seguro que no. Si para algo la lluvia.-me dice.

Me mande una puteada padre, y me fui a sentar a un banco. La llamé a mi señora, y le dije que no me esperara, que me tendría que quedar en un hotel. -Bueno, bichi, suerte.-me dijo, con los gritos de los nenes de fondo. Mis dos hijos tenían seis meses uno y el otro tres años, así que competían entre si para ver quien hacía mas quilombo. Todavía dormían los dos con nosotros, así que imaginen nuestra vida sexual…nula. Esa también era una fuerte razón para haber caído tan fácil en la boludez de darle mi dinero a una mina que ni bola me daba…

Saqué la billetera, para contar cuanto me quedaba, después de acordarme de Lucrecia y el episodio de la tarde…y tuve que largar otra puteada! Me quedaban 50 pesos nada mas…suficiente para un pasaje de colectivo y un sándwich en el bar de la terminal, pero para nada podría pagar un hotel esta noche.
Que mierda hacía? No la quería llamar a mi mujer y tener que explicarle que le había dejado 800 mangos (que era lo que me faltaba) a una mina de la empresa (para que se lo patinara con el novio que encima estaba lleno de guita). Era demasiado humillante.

Y bueno,-pensé,-me quedaré acá en el bar haciendo tiempo hasta que se abran las rutas…
Me fui al bar, me compré un café con leche y un sándwich (chau 25$), y me lo tomé con mucha calma, mientras leía algo de ciencia ficción. Siempre llevo un libro (Mundo Anillo era el elegido esta vez).

No serían las 10 de la noche, cuando se me acerca el mozo:-Señor, estamos cerrando.-me dice.
-A las 10???-digo, mirando la hora sorprendido.-Si, es que fíjese: no hay nadie casi, la mayoría se fue y están las rutas cerradas.-Me aclara, con una mueca de conmiseración en la cara.

No podía hacer mucho, así que me levante y me senté a leer en uno de los bancos de sillas múltiples en la Estación. Era cierto, no había casi nadie e incluso un par de los puestos de ventas de pasajes estaban cerrando.

Me puse a leer, intentando que la historia me atrapase lo suficiente para que ocho o doce horas se conviertan en una.

-Che, que buen libro.-escucho una voz al lado. Un muchacho joven y flaco, no tendría mas de veinticinco, se me sentó al lado. Alto lo vi, de pelo bien negro, ojos claros. Francos los ojos, me vino a la mente. Lindo, pensé con algo de culpa.
-Si, un groso Niven.-le dije.-A mi también me gusta la ciencia ficción, loco.-me dice el chico.-Martín es mi nombre.-me extiende la mano.
-Julián, que tal?-Le digo, estrechándosela con la mía. Un apretón fuerte. Era mas fuerte de lo que parecía, así medio fibroso.
-Yo vengo todos los días. Me encanta ver la gente que viene y va.-me dice.-Y vos?
-No, yo estoy esperando para irme a Rosario. Está cortada la ruta.-le contesto.
-See, un garrón.-me responde.

Nos quedamos charlando un rato largo, comparando vivencias. Sabía de ciencia ficción. Me contó que vivía no lejos de la terminal. Le conté un poco de mi vida. Que se yo, hablar al pedo. Me caía bien el chango.

-Uff..me parece que me voy a ir yendo,-me dice-me tengo que bañar todavía.-
-Si, claro, claro.-le digo, yo bastante caído con la perspectiva de pasar solo todo el rato que quedaba.
-Loco, porque no te venís a casa? Tomamos un café y se pasa mas rápido la noche.-me suelta, de sopetón.
-Noo, no puedo!-le dije, las convenciones sociales ganándole a mi aburrimiento.-Como podría? No te puedo dejar sin dormir toda la noche sólo para que me hagas compañía!-agrego después.
-No pasa nada! Cada tanto me quedo toda la noche despierto boludeando. Dale! Así seguimos la charla.-agrega.

Y acepté. Cierto, la casa no quedaba my lejos. Corrimos un poco bajo la lluvia, y llegamos. Una casa de pasillo, al fondo. Grande, algo vacía de muebles. Esas casas antiguas de techos altos, que las habitaciones dan todas a un patio central. Este estaba cubierto con un techo de fibra de vidrio, para no mojarse cuando iba al baño.
-Linda casa.-le dije.-Nahh, es una cosa de nada. Me la dejó mi vieja cuando se fue al otro lado.-me dijo, mientras me tiraba una toalla y se sacaba la remera para secarse. La puta madre, pensé, quien tuviera esos abdominales y esos músculos! No pude dejar de admirar el físico de Martín: parecía esculpido el pibe.
Algo debe haber notado, porque me miraba y se sonreía: -No te secás bien? Sacate la ropa y sécate!-No, me da cosa.-le dije, y me reí con vergüenza mientras me secaba por encima con la toalla.

Preparó un café y lo sirvió, y charlamos un buen rato. Yo había terminado mi café hacía rato, y el tenía el café frío en la taza, cuando se levanta y de un torpe movimiento con el brazo, me tira la taza de café encima.
-Uyy!! Disculpá, loco! Se me cayó!!!-me dijo, mientras agarraba un trapo para limpiarme un poco. Se me había caído café en el pantalón y en la camisa.
-No…todo bien, fue un accidente.-le digo.
-Sacate la ropa que la lavo ya! Así no se te ensucia.-me dice.-No, no, dejá.-No, fue culpa mía, dejame.
Y me empezó a sacar la camisa, yo con mucha vergüenza. No quería que viera mi cuerpo fofo, pero no tenía muchas opciones: ya estaba pegajoso por el café azucarado.

Me dice, cuando termino:-Pegate un baño así se te sale el café.-
Yo estaba entre medio excitado y con un miedo bárbaro. Toda la situación era a la vez atemorizante (nunca había ido a la casa de un desconocido) y excitante. Nunca antes había mirado a un tipo y había pensado que era lindo. Pero era lindo Martín. Casi afeminado en sus formas de hacer, pero bien masculino en su cuerpo. Era raro para mi pensar eso. Me sorprendí viendo mi erección en esos momentos. Y Martín también la vio.
-Dale, bañate así lavo esto y mañana ya lo tenés listo. No vas a tener vergüenza, no? Estamos entre hombres!-me dijo, riendo.
-Ok. Me baño. Gracias!-le dije, y me metí al baño. Un baño lindo, grande. No tenía calefón en la casa, sólo uno eléctrico en el baño.

Me empecé a enjabonar, y me estaba lavando la cabeza, cuando siento a alguien que entra. Me asusté, pero mi pija se endureció como nunca.

-Uyy! Perdón!-dije-Que pasó?-pregunté, asustado, tratando de limpiarme el jabón de los ojos y cubrirme un poco.
-No, nada,- me dice Martín.-pasa que tengo que aprovechar y bañarme porque se gasta el agua caliente. No hay drama, no?-me dice mientras me mira fijo, y se enjabona.
-Nnnooo, claroo, nooo.-le digo, tartamudeando.
Ahí siento que también el estaba empinado. Sentí su verga contra mi panza. Miré para abajo y la vi: grande, venosa. Nunca había pensado que me gustaría tanto una poronga.
-Tocala.-me dice, sonriendo.
-Nooo…-le decía, pero mi boca se empezó a hacer agua.
-Dale…un poquito nomás.-y me agarró la mano y la llevó a su pija. Lo dejé hacer. Era grande, sin exagerar. Creo que medía mas de veinte centímetros y alcanzaba a cerrar la mano a su alrededor pero justito.
-Pajeala despacito.-me ordenó, suave, y yo le hice caso. Comencé a mover mi mano arriba y abajo, gozando el tacto extraño de tener una pija en la mano que no sea la mía. Ni lo sentí cuando empezó a recorrerme despacio el cuerpo con sus manos, como enjuagándome el jabón.
-Dale, Juli,-me dice,-Probala.
No quería, pero me agarró la nuca suavemente pero con firmeza, y me llevó para abajo. Yo me dejé hacer. Estaba en otro mundo, no era yo, que se yo cuantas excusas pasaban por mi cabeza.
Abrí la boca despacio y le pegué una lengüetada. Sabía a frutillas, como el jabón de Martín. Me empujó mas abajo, y me tragué la cabeza entera. Ahí directamente mi mente se fue a la mierda. Varios meses sin ponerla, mas lo de esta tarde, y el morbo de hacer algo prohibido, hicieron que estalle. Comencé a chuparle la pija como si mi vida fuera en eso, sin mucha técnica pero con muchas ganas. Martín no hablaba, gemía solamente y acompañaba el vaivén de mi cabeza con su mano sobre mi nuca, pero innecesariamente. Ya ni siquiera ponía una resistencia figurada, sólo chupaba y chupaba. Subía y bajaba, saboreaba cada parte de la
pija que estaba delante mío. La sacaba de mi boca y la agarraba por la base, le chupaba un huevo y seguía de nuevo con la cabeza.
-Así, así.-me decía, y lo sentí agarrarme con todas sus fuerzas mientras un espasmo le recorría el cuerpo. Sentí el chorro de leche caliente en la boca, y me quise salir por instinto, pero me apretaba fuerte, y me lo tuve que tragar o me ahogaba.
-Seeeee…así…!!!-gritó. No paraba de acabar, no se cuanta leche me tragué en ese momento, pero era mucha. Y seguía yo recaliente.

Me levantó, me acarició todo, me puso de espaldas. Me pasó la mano por el culo, me acarició mi agujerito, me metió los dedos. De a poco, con agua, fueron entrando. Yo estaba a mil. Quería que me la ponga o ponerla o algo.

Me agarró de la nuca de nuevo, y me sacó de la ducha. -Vamos a la cama.-dijo, con voz ronca de la excitación. -Siii…-dije yo con voz que me pareció casi afeminada.

Me tiró en la cama boca abajo y con fuera me separó los cachetes del culo y me empezó a lamer. Uff…era el paraíso. Nunca me lo habían hecho…ni sentía los dedos entrar y salir, ni el lubricante que me mandaba. Mi pija parada rozaba la cama, y estaba caliente como nunca.

-Relajáte.-me dijo, y miré para atrás. Me tomó de la cintura, me levantó hacia él, y con la otra mano puso un par de almohadas bajo mi panza.
-No, no…-atiné a decir, pero era tarde: ya apoyaba la cabeza de su poronga en mi agujero, y se abría paso lentamente, ayudado por el lubricante.

-Me duele, me duele!!-dije.
-No seas puto, bancátela.-me dijo, y me mandó la pija al completo. Dejé de respirar directamente. El, sabiendo, se quedó quieto, y esperó a que se me pasara el dolor. Cuando me vio que respiraba de nuevo, y que me relajaba un poco, empezó despacio un mete y
saca. Sentía su verga enorme dentro mío entrar y salir. Mi pito se había achicado al tamaño de un maní con el dolor, pero de a poco, sentía como empezaba a crecer de nuevo, mientras el dolor daba paso al placer. Despacio, despacio, me la metía y la sacaba, tirando lubricante en su pija y en mi culo.
Al rato, ya estaba caliente por demás otra vez. Sentía el culo abierto pero taponado por esa barra dura de carne que me taladraba sin cesar. Empezó a acelerar el ritmo, y yo comencé a gemir de placer como una perra. Me sentía en el cielo, y no pensaba en nada mas que en esa pija que incesante se movía dentro mío.
-Uff, acabo, acabo…-me dice Martín, y lo sentí tirar otra vez chorros de leche dentro mío, pero esta vez dentro de mi culo. Yo quise tocarme para acabar, pero antes de que pudiera, sólo el sentir esos golpes de semen dentro mío, acabé sobre las almohadas que había puesto debajo de mí.

Uff. Que buen polvo.-Me dijo, tirado arriba mío. Yo me di cuenta que su pija se achicaba, y salía. -Tengo que ir al baño ya!-le dije, y salió de encima mío riéndose.

Fui al baño, pero nada. Me lave en el bidet, y me atreví a pasar la mano por mi ano. Abierto en flor parecía. Medio me asuste un poco, pero estaba tan agotado por la cogida que me pegó Martín que no dije nada. Volví a la cama y me tiré, cansado a mas no poder. Satisfecho también. Había largado leche por demás, y estaba contento y con esa modorra que nos agarra después de una buena garchada.

-Quedate a dormir. Mañana te pegás un baño y te vas.- me dice Martín. Yo, somnoliento, asiento y me duermo.

Empecé a soñar, y soñé con Martín. En mi sueño hablaba con otro, y hablaban de cogerme. Me desperté, con la pija a full contra la cama, y lo vi a Martín y a otro pibe, mas grandote, mas gordo, al lado. Los dos en bolas y tocándose la pija.

(Continuará…)

Me gusta / No me gusta

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies