Mi adorable novia Virginia (XV) – En el taller mecánico

El sábado 9 de julio por la mañana, mi adorable novia Virginia se levantó pronto de la cama porque debía acudir al taller mecánico. Su coche, aunque recién comprado, emitía un ruidito leve pero constante, y la verdad es que le preocupaba. Me pidió ayuda el jueves y le dije que ya sabía que yo era un negado para la mecánica y que mejor que lo llevara a que lo vieran en un taller.

Virginia había pasado la noche completamente desnuda pues en la cama se moría de calor.

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Mi adorable novia Virginia (XIII) – En la panadería

Yo sabía que esa faldita tan corta nos traería problemas. Virginia es el nombre de mi novia, como quizás ya sabes. Ella es algo más joven que yo y todo el mundo dice que hacemos muy buena pareja. Virginia es muy atractiva: su cara es muy hermosa, con unos profundos y cariñosos ojos marrón oscuro y unos labios muy tiernos, lleva una larga melena de cabello castaño, tiene un cuello elegante, unas espaldas sensuales, un pecho bonito, algo más grande que la media pero no demasiado, una cintura que daría envidia a las avispas, un culo redondo, bien contorneado, unas piernas largas y hermosas…

  • ¿En qué estás pensando, Juan?
  • ¿Eh, cómo? No, en nada, bueno sí… ¡en lo guapa que eres, Virginia!
  • Oh, gracias, amor. ¡Eres muy amable!
  • Es la verdad, Virginia.

Yo soy un hombre normal. Bastante alto, una cara agradable, más bien delgado, no especialmente musculoso.

  • Juan, ¿no me estarás mirando el pecho?
  • ¿Eh, cómo? No, no, de verdad que no. Aunque la verdad, me gustaría verlo.
  • ¡Ay, que picarón que eres! Cuando nos casemos, Juan, será todo para ti, amor. Todo entero tuyo.

La verdad es que sí que me había quedado hipnotizado observando el escote de su camiseta, viendo sus pechos balanceándose al andar. Y yo no era el único, porque muchos hombres con los que nos cruzábamos miraban descaradamente las tetas de mi novia. Ella es muy inocente y no se daba cuenta.

  • Bueno, nos vemos luego. ¿Me vendrás a buscar, verdad, cariño?
  • Claro que sí, Virginia, a las ocho y media, como siempre. ¡Un besito!
  • ¡Un besito, amor! – y se besan en la mejilla.

En la oficina las horas pasaron despacio para mí. En cambio, Virginia disfrutaba mucho de su trabajo en la tienda de moda. Los clientes están muy contentos y satisfechos de que les atienda alguien tan amable y simpático como mi novia.

Al salir de tienda, como siempre, Virginia fue a comprar el pan.

  • Hola, Virginia, ¿qué tal hoy en la tienda?
  • Bien, bien, gracias, José. Quiero una barra de pan, de la que les gusta a mi padre, ya sabes.
  • Sí, claro. Pero ahora mismo no tengo en la tienda, están en el horno, a punto dentro de diez minutos. Si quieres esperarte…
  • Bueno, sí, vale. La verdad es que no tengo ninguna prisa, porque Juan, mi novio, no viene a buscarme hasta las ocho y media.
  • Ah, pues perfecto, hija. Mira, si quieres sentarte allí, puedes hacerlo. Y leer unas revistas.
  • Sí, gracias.

Cuando mi novia se dirigía a las sillas del pequeño espacio acondicionado a modo de café, el panadero quedó encantado con el contorneo de la chica, su caminar sensual, elegante con sus zapatos de talón alto, su faldita a cuadros rosas i negros, tan corta que casi mostraba parte de sus nalgas. Al sentarse en la silla, la cosa mejoró todavía más pues desde detrás del mostrador, José tenía una vista privilegiada del generoso escote de Virginia y podía ver casi todas sus tetas. Además, la minifalda apenas cubría las braguitas de mi novia, que enseñaba completamente los muslos. Ella levantó la vista un momento y, aunque el panadero disimuló, se dio cuenta que la estaba devorando con los ojos. De manera intuitiva, Virginia estiró el borde de la faldita, pero era tarea imposible al ser tan cortita. También tiró para arriba del escote de su camiseta para tapar su pecho, aunque lo único que consiguió es mostrar su perfecta barriguita y su ombligo. Se ruborizó al darse cuenta que enseñaba más que escondía su bonito cuerpo.

  • Oye, Virginia, estás muy guapa, ¿sabes?
  • Bueno, gracias, José. Eso… ehem… ¿Crees que ya estará a punto el pan?
  • ¿Eh, cómo? No, sí, ya, voy a ver, voy a ver…

José es un hombre mucho mayor que yo y, claro, que mi novia. Cuando Virginia se quedó sola en la tienda pensó:

– ¡Vaya, quizá me he pasado con esta faldita tan corta! ¡Y con el escote tan grande! ¡Pero es que hace tanto calor! El bueno de José no podía dejar de mirarme. La verdad es que me halaga que los hombres me miren y me admiren. – se sube un poco más la faldita hasta que aparece muy brevemente la braguita blanca; entonces se da cuenta de que está algo húmeda. En esas que aparece el panadero y dice:

  • Está muy caliente.
  • ¿Eh, cómo, qué dices? – se baja la falda de golpe, tan bruscamente que, al estirarla muestra la parte de arriba de las braguitas.
  • ¡Oh! No, que digo que está muy caliente… el pan… que está muy caliente, en el horno, pero que no está todavía a punto.
  • ¡Ah, el pan!
  • ¡Virginia, estás muy sonrojada! ¿Es que tienes demasiado calor?
  • ¿Eh? ¡Vaya, algo de calor sí tengo!
  • Pues la verdad es que no estás muy abrigada – contesta el panadero mirando descaradamente los muslos de mi novia.
  • ¡Es verano, José, uff! – nota que sus mejillas están que arden. – ¡Por favor, ve a sacar ya el pan del horno!
  • Hija, has dicho que no tenías prisa.
  • No, bueno, es que… ve a ver si está ya cocido.
  • Yo diría que no, todavía, no.

José se va al obrador y le viene una idea a la cabeza: subir la temperatura del termostato de la tienda. Piensa, con una sonrisa pícara: – ¡A ver si la chica nota que todavía va demasiado abrigada! – y fija la temperatura a ¡30 grados! Es lo máximo que le permite el termostato.

Virginia nota que está muy caliente. Al saberse sola en la tienda, se sube un poco la falda y ve que sus braguitas están mojadas, empapadas. También que está mojando la silla. Enseguida se levanta y no se le ocurre más que quitarse las braguitas. Entra el panadero y ve cómo mi novia se inclina para bajarse las bragas y no puede evitar mirarle todo el culo. Se queda tras el mostrador, oculto, y ve como ella huele sus braguitas y, con cara de satisfacción por el buen olor, las esconde en el bolso. Ella mira hacia la puerta de la tienda y hacia el mostrador y, viendo que no hay nadie, acerca sus manos debajo de su falda. José adivina que Virginia se está masajeando el clítoris e introduciendo sus dedos en la vagina. Entonces ella sube la falda hasta su cintura y, al estar de espaldas, descubre todo su culo hacía el secreto espectador privilegiado. El panadero nota como sufre una buena erección. Virginia gime, ronronea y suspira, apenas puede evitar emitir unos grititos cuando experimenta un orgasmo muy húmedo. Al terminar se da cuenta que ha mojado completamente el suelo. Coge las braguitas del bolso y, asegurándose que no hay nadie en la tienda, se inclina para limpiar el suelo con ellas. Entonces enseña completamente su culo y su sexo a José, que no puede evitar descubrirse y agarrar las nalgas de la chica con sus dos manos y acercarse a oler y lamer su vulva.

  • ¿Eh? ¿José, pero que haces?
  • ¡Oh, perdona, Virginia, es que estás tan buena!
  • ¡Don José! – se gira ella y, con las braguitas en la mano, se baja enseguida la faldita, que cubre apenas su vulva.
  • ¡Te vi, así de espaldas, enseñándome el culo!
  • ¡No debías mirar, eso no lo haría nunca un caballero!
  • Bueno, quizás tienes razón, pero… ¡Una señorita educada no iría sin bragas y con una falda tan corta! Además, fíjate, estás mojándome todo el suelo de la tienda. ¡Estás rezumando!
  • ¡Oh, vaya, es cierto! Perdona, José, es que me puse muy caliente y… ¡es que hace tanto calor!
  • Bueno, no te preocupes. Toma, toma este trapo y seca el suelo, no pasa nada.
  • Gracias, José. Pero no mires, ¿eh?
  • No miro, no miro, hija.

Virginia se inclina de nuevo para secar el suelo y el panadero no puede faltar a su palabra y vuelve a admirar el culo y la vulva de mi novia. Se da cuenta de que por más que limpia el suelo, ella sigue mojándolo con sus jugos.

  • ¡Hija, sigues muy mojada, chorreando bajo la falda!
  • Sí, es cierto, José. ¡Estoy empapada!
  • Mira, tengo una idea. ¿Ves esta barrita de pan de cuarto? ¿Ya verás, mira, ves?
  • ¡Ay! Pero qué? ¡Don José! ¿Qué hace por dios?

El panadero enchufa el extremo de la barrita en la vagina de la chica.

  • Ves, así, como un tapón, ya está ¡ya no mojarás el suelo con tus jugos!
  • ¡Ah, pero es que está muy caliente, quema!
  • Uy, pero si sigues mojando el suelo, a ver, déjame, déjame que la introduzca un poco más.
  • ¡No, José, que me hará daño, ay!
  • Mira, así, muy suavemente, ves. ¿Te duele, hija?
  • No, no me duele ¡ay, uf!
  • Aún veo que sale algo de flujo por los lados. Te la meto un poco más, así ¿de acuerdo?
  • No, por favor, que… ¡ay, ay, que me voy, don José, que me viene, ay!
  • No pasa nada, hija, es muy natural.
  • Un poco más adentro por favor, don José, ¡métemela más adentro!
  • ¿Todavía más, hija? Pero si tienes casi media barrita dentro.
  • ¡Ay, ay, por favor, estoy muy caliente!
  • Espera, espera, mira, aquí tengo tu barra de medio… espera, que te quito la de cuarto… – el panadero se extasía al ver la vulva de mi novia tan abierta y mojada.
  • ¡Don José, méteme la barra, que no puedo esperar!
  • ¡Toma, Virginia, toma! ¡Pero si te entra muy bien la de medio!
  • ¡Más adentro, por favor! – ella misma la coge con sus manos y se la introduce hasta más de la mitad. Estalla entonces en un estruendoso orgasmo, lleno de gritos y suspiros – ¡Ah, qué bueno está su pan, José, pero qué bueno!
  • Sí, hija, tengo buena reputación, la verdad. ¡Gracias!
  • Tengo también mucho calor en el culo, José, y lo tengo muy húmedo. ¿No sabrías cómo solucionarlo?
  • Bueno, tengo la barrita de cuarto, ya muy lubricada con tus jugos. Quizá…
  • ¡Sí, don José, por favor, méteme la barrita por el culo, que me arde!

El panadero coge la barrita de cuarto, pone a la chica a cuatro patas, le sube la faldita hasta la cintura. Ve que el agujerito de mi novia es muy pequeño. El buen hombre se arrodilla tras ella y le lame el ano, con cara de satisfacción por su buen sabor. Le introduce un dedo y, al ver que entra tan bien, un segundo dedo y un tercero. Mientras ella, sigue un mete-y-saca frenético con la barra en su vagina. José va abriendo pacientemente el culo de mi novia y prueba de introducirle la barrita. Enseguida la penetra hasta casi la mitad. Ella se lo mira con agradecimiento y le ayuda a meter la barra más adentro hasta que disfruta de un orgasmo increíble: – ¡Gracias, José, oh, hum, ay, qué bueno es usted, todo un caballero, más al fondo, más al fondo, las dos, ay, sí, así, así!

  • ¡Buenas tardes! ¿Es que no hay nadie en la tienda?
  • Oh, la vecina del cuarto. ¡Por favor, José, no le diga nada, es muy amiga de mis padres!
  • ¡Claro que no hija, claro que no! Pero me deberás un favor. Corre, ponte tras el mostrador.
  • Ah, está usted aquí, don José. Ah, y veo que tiene una ayudante hoy. ¡Hola, Virginia!
  • Hola, doña Genara – dice ruborizada Virginia, todavía con las dos barras de pan penetrándola.
  • Querría un pan redondo de kilo. A ver, que me lo sirva la niña, que así va practicando.
  • Eh, yo, pero…
  • Sí, Virginia, va, sirve tú a la señora.
  • Bueno, a ver – disimulando como puede arranca la barrita de su culo y, con sentimiento de tristeza, la barra de su vagina. Sale de tras el mostrador y busca el pan redondo.
  • Vas muy fresquita, Virginia. Y con esa falda tan corta… yo tendría miedo de enseñar las bragas la verdad.
  • ¡No, doña Genara, por eso no se preocupe! – contesta Virginia.
  • Yo le digo que la verdad es que hace bien de ir con poca ropa, que hace mucho calor.
  • No sé, no sé yo – dice la señora al ver todas las nalgas de Virginia cuando coge el pan de una estantería algo elevada.
  • Niña, dame también una pasta de estas de crema de aquí abajo.
  • ¿De estas? Sí, señora – debe agacharse y doña Genara se escandaliza al ver casi todo el pecho de la chica, mientras que José disfruta tras ella de una visión completa de su culo, todavía muy abierto. Nota una fuerte erección bajo el pantalón. Cuando la señora se va, mi novia dice:
  • Gracias por no descubrirme, don José.
  • Claro que no. ¡Me he dado cuenta que todavía tienes el culo muy dilatado, hija!
  • Sí, la verdad es que me siento muy abierta. ¡Uy, y sigo rezumando jugos, mire! ¡Vaya!
  • ¡Mira cómo estoy yo, hija! – le muestra un gran bulto bajo el pantalón.
  • Oh, don José. ¡Por favor, no sea guarro!
  • A ver, Virginia, tú eres la guarrita, y no te lo tomes a mal.
  • Un poco de razón sí que tiene, don José. ¡Pero es que hace tanto calor! – contesta mi novia bajándose algo el escote, descubriendo un bonito sostén minúsculo de color rosa apenas cubriendo el pecho lleno de sudor.
  • Uy, no me enseñes las tetas, que no puedo más. Mira, me debes un favor, hazme una buena mamada y no diré nada a tus padres ni a tu novio.
  • No, pero ¿qué se ha creído? ¡Yo nunca he hecho eso a ningún hombre! ¡Y no pienso hacerlo hasta que me case con Juan!
  • ¿Juan? ¡No creo que se quiera casar contigo cuando sepa que eres una fresca!
  • ¡Por favor, no se lo digas, me iba a dejar seguro!
  • Pues pórtate bien conmigo, anda.
  • No, no sabría cómo hacerlo. – miente ella- Ni siquiera nunca he visto el miembro masculino.
  • ¿Cómo? ¿Pero qué dices, hija? ¿No miras el pene de tu novio cuando hacéis el amor?
  • Don José, nunca hemos hecho el amor. Soy virgen. ¡Hasta el matrimonio!
  • ¡Me dejas de piedra, niña!
  • Mira, da igual, ¿ves? – José se baja el pantalón y muestra sus calzoncillos húmedos a la chica. Ella se da cuenta de un gran bulto que pugna por reventarlos. Abre los ojos sorprendida. El panadero se saca su miembro erecto y ella ve que es muy grueso, aunque no muy largo. En la puntita brilla una gota. El panadero tira un poco del escote de la chica para descubrir completamente su sostén. Ella enseguida vuelve a taparse como puede.
  • ¡José, no, por favor!
  • Tranquila, hija, verás, mira, a ver… – el panadero acerca a la chica, coge la barrita de cuarto y se la enseña – ¿Lo quieres, Virginia?
  • La verdad es que el culo me arde de deseo, don José.
  • Pues ven – abrazándola con una mano, le sube la faldita por detrás y, aprovechando su culo tan dilatado, la ensarta en un momento.
  • ¡Oh, hum, gracias!
  • ¿Quieres también la otra barra?
  • Me gustaría, José. Es que, con mi flujo, estoy manchando la faldita y el suelo otra vez, necesito un buen tapón, la verdad.
  • Pues mira, yo me portaré muy bien contigo.
  • Sí, te portas muy bien, es cierto.

El panadero, aun penetrando el culo de mi novia con la barrita, coge una barra de quilo. Ella se asombra al ver una barra tan grande y ancha, nota como sus jugos más íntimos se multiplican, resbalan por sus muslos hasta los pies, los zapatos y el suelo.

  • ¿La quieres, Virginia, la quieres?
  • Sí, por favor, que estoy dejándolo todo perdido con mis jugos.
  • ¿Te portarás bien conmigo, hija?
  • Claro que sí, don José, soy una buena chica.
  • ¡Pues toma! – y le ensarta de golpe la barra de kilo, que ella acoge con gusto, placer y agradecimiento.
  • ¡Ah, esto es demasiado, José, oh, ah!
  • ¡Disfruta, hija, disfruta! – y aprovecha para besarle en la boca y para abrir más su escote húmedo y admirar sus pechos. Coge la barra de medio y en una maniobra rápida, saca la de cuarto del culo de mi novia y lo perfora con la de medio.
  • ¡Por favor, ah, increíble, métemela más adentro, más adentro, ah, uy! – grita de placer mi chica, llena de sudor.

El panadero acerca la punta de su pene a la boca de mi novia, pero ella hace un gesto de apartarse. Él deja de mover las barras en ella. Enseguida suplica: – ¡Por favor, no me las saques, no, José!

  • ¡Pues chúpame la polla!
  • ¡No puedo, me da asco!
  • ¡Pues fuera las barras!
  • ¡José, no seas malo, necesito esas barras, estoy muy abierta, me escuece mi… mi coñito y mi culo! ¡Mira! – ella se gira, se sube la falda y descubre una vagina y una vulva muy húmedas y dilatadas. Él no puede evitar la tentación y corre a taponar sus agujeros con las barras; se equivoca y le introduce en el culo la de kilo.
  • ¡Oh, gracias!
  • ¡Te entra perfectamente! ¿Te pongo la de medio en el chocho?
  • ¡Sí, que ya tardas!
  • ¡A ver, así, toma! ¡Te entra casi hasta el fondo!
  • ¡Ah, pero qué gusto, qué gusto, por favor!
  • ¡Uy, no es suficientemente gruesa y sigues derramando tu flujo!
  • ¡Es que estoy muy abierta! Mira, a ver si también con la de cuarto… ¡por favor!
  • ¡Sí, oh, te entran las dos en el coño! ¡Qué pasada, niña!
  • Métemelas más adentro, más. – mi novia suplica y coge las dos barras para introducírselas más. – Oh, genial, gracias, don José, ay, uh, no puedo más, ah!

El panadero aprovecha que mi novia disfruta del orgasmo con los ojos cerrados para meterle el pene en la boca. Ella lo mira enfadada. Él deja de mover las barras de pan. Ella chupa un poco la verga. Él vuelve a hacerla gozar con las barras. Ella chupa más y él se lo agradece con el mete-y-saca. Cuando mi novia vuelve a tener un orgasmo, él no puede más y le llena la boca con su semen. Ella se sorprende ante la cantidad y alta temperatura del líquido, pero lo saborea y se relame.

  • Vaya, José ¿Pero esto qué es? – exclaman unos caballeros al entrar en la panadería.
  • ¡Oh, don Pedro y don García! No es lo que parece, no.
  • ¡Pero si la chica… Virginia… está enseñándolo todo y… con tres barras de pan metidas en… en…! ¡Y una es de quilo! ¡En el culo!
  • ¡Y chupándole la polla! ¡Pero si podría ser su nieta, don José!
  • Bueno es que… hace mucho calor – se defiende ruborizada mi novia, todavía con el pene del panadero en la boca y las tres barras penetrándola.
  • ¡Tú lo que eres es una puta! ¡Verás cuando lo sepan tus padres!
  • ¡Y tu novio! ¡Que es un pedazo de pan!
  • Sí que es muy bueno. ¡No se lo digan, por favor! – suplica quitándose el pene del panadero todavía erecto.
  • ¡Claro que se lo diremos! ¡No podemos permitir que el pobre se case cornudo con una puta!
  • No soy una puta. Soy una buena chica. Sólo que el calor de la panadería… – dice sacándose las barras de pan e intentando cubrirse en vano con la falda.
  • ¡Pero si sólo hay que ver cómo vas vestida!
  • ¡Sí, se te ve todo, niña! – dice don García admirando el pecho que muestra mi novia casi en su totalidad.
  • ¡Y con esta faldita tan corta! ¡Si es que vas mostrando las bragas a todos! – dice don Pedro mientras levanta la faldita de mi novia – ¡Oh, pero si no usas bragas! ¡Vaya guarra! ¡Y qué buena que estás!

Virginia empieza a sollozar, aunque se nota caliente, por el calor y porque hay tres hombres mirándola, admirando su pecho, sus piernas, sus partes más íntimas. Se da cuenta que sigue rezumando sus jugos.

  • ¡Si lo saben mis padres se morirán del disgusto!
  • A ver, señores, a ver – dice el panadero. – Seguro que hay una forma de arreglarlo. Miren, la niña es muy guapa y sexy, ¿verdad?
  • ¡No, si buena si está! ¡Buenísima!
  • Es muy guapa, la verdad.
  • Y… miren. Ven, Virginia, acércate, por favor. A ver, danos la espalda. Inclínate un poquito. ¿Ven? ¿Qué les parece? Miren que agujeros más abiertos y húmedos.
  • ¡Es por el calor, ay! – apenas puede sollozar mi novia, excitada al saber su culo y su vagina contemplada por los tres hombres.
  • ¡Miren, vengan! Usted, don Pedro, coja la barrita de cuarto. Tú, niña, ponte a cuatro patas, a ver, sube un poco más el culo, así, baja las espaldas y la cabeza. Usted, súbale bien la faldita. ¿Qué, qué les parece? Miren, si quieren, le llenan los agujeros con las barras y luego tú, niña, les haces una buena mamada. A cambio de no decir nada.
  • ¡No, unas mamadas, no! – se queja mi novia.
  • Pero hija, ellos te dan gusto a ti y luego tu les das gusto a ellos. Además, no me dirás que no te gustó el sabor de semen.
  • ¡No, no quiero!
  • Pero si te lo tragaste todo, no dejaste escapar ni una gota.
  • ¡Es que estaba tan rico!
  • ¿Ves, mujer? ¡Va, venga, al ataque!
  • Sí, dense prisa que pronto va a venir mi novio y no puede pillarme así.
  • ¡Señores, hagan disfrutar a la chica!

Don Pedro coge la barrita y la introduce en la vagina de mi novia. Se sorprende al ver que entra tan bien. Mientras don García coge la barra de quilo y duda un poco. Ella se da cuenta y le hace que sí con la cabeza, coge la barra tan gruesa y la acerca a su vulva, ya ocupada. Don García aprovecha la humedad de la chica para meterle la barra de quilo junto a la de cuarto. La chica empieza a gemir y a empapar las dos barras con su orgasmo muy húmedo: – ¡Oh, gracias, señores, ah, sí, por favor, más, más!

José coge dos barras de medio y, primero una luego la otra, las mete sin mucha dificultad en el culo de la chica. Los tres hombres mueven las cuatro barras al vaivén y mi novia no cesa en sus orgasmos. Al cabo de un buen rato:

  • Bueno, ahora nos toca a nosotros. Ven, guapa, ponte aquí, en cuclillas. No, te preocupes, sigue con las barras, no te las quitamos, no. Bájate un poco el escote. ¡Oh, que sostén más bonito! ¡A ver, déjame… oh, que tetas, qué tetas! – grita don Pedro como loco, admirado de los bonitos pechos de mi novia. Don Pedro y don García se sacan sus penes y ella se admira de la longitud del miembro del primero y del grosor del del segundo.
  • ¡Niña, chupa, chupa, las dos juntas, venga! – y mi novia coge las dos puntas y se las mete en la boca.

El panadero no puede estar sólo mirando y se saca también su pene, que ya muy erecto, apunta hacia los bonitos pechos de mi novia. Ella le riñe con la mirada. Los tres hombres, al cabo de unos momentos, eyaculan en cantidad, en la boca de Virginia los dos clientes, y en las tetas el panadero. Ella se lo traga todo. Con la mano recoge toda la leche de sus pechos y no deja perder ni una gota. En esas que entra el chico del bar de al lado que viene a buscar unas pastas. Al ver a mi novia casi desnuda con tres hombres, se sorprende. Ella enseguida dice:

  • ¡No digas nada a nadie, por favor! ¡Ven, coge una barra de pan! ¿Mira, qué, te gusta lo que ves? – le muestra el culo y el sexo, todo rezumando de sus ambrosías- escoge el agujero, métemela hasta dentro, va, que luego te la chupo. ¡Pero no lo cuentes a nadie, por favor!
  • Bueno, es que… ahora vienen mis dos amigos y…
  • Da, igual, tú empieza, no te preocupes, que donde comen dos, comen tres, hay pan para todos. ¡Escoge una barra bien gruesa, por favor, que estoy ardiendo y empapada! Sí, sí, muy bien. Así, así, por el culo, ¡ay, ay, oh, hum, ah, que me viene, me viene, ay, sí! ¡Oh, hola, ya están aquí tus amigos! ¡Oh, pero si son cuatro! ¡Y que guapos! Venid, venid, mirad, ¿veis? Coged las barras, coged, mirad, a ver si me caben todas… va, que luego os haré una buena mamada!

  • ¡Juan, hola, cariño!
  • Hola, Virginia!
  • ¿Has ido a por el pan?
  • Sí, claro, Juan.
  • Te ves muy acalorada.
  • Es que hace mucho calor, amor.
  • Bueno, tampoco tanto, a esta hora. ¡Y eso que vas muy fresquita!
  • Sí, es cierto. ¿Pero me queda bien, no, amor?
  • ¡Vaya si te queda bien! ¡Un cielo! ¡Lo único que me da miedo que alguien te pueda ver las bragas, con esta faldita tan corta!
  • Por eso sí que no debes preocuparte, amor. ¡Imposible! – ella sabe que se las quedó el panadero y que va sin braguitas bajo la minifalda. – Toma, come un poco de pan, a ver qué te parece.
  • Hum, gracias, hum, la verdad es que huele muy bien y está muy rico.
  • A que sí!
  • ¡Seguro que a tus padres les va a encantar!
  • ¡Seguro, amor!
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Mi adorable novia Virginia (XII). En la comisaría

Esta aventura de mi novia Virginia es más que increíble. Pero te aseguro que es completamente cierta. Ja sabes por otros relatos que mi novia y yo nos casaremos pronto y que hasta entonces hemos decidido no tener ningún tipo de relación sexual: a ella le hace ilusión llegar virgen al matrimonio y yo se lo respeto, aunque a menudo me muera de ganas de hacerle el amor. La cuestión es que este viernes 19 de febrero tuvo que acudir a la comisaría a denunciar el robo de su billetero, con toda la documentación. Quedamos con ella que yo la acompañaría, pero los viernes es cuando voy más cargado de trabajo y ella se adelantó y más tarde iría yo.

Virginia iba vestida muy guapa, con una blusa azul claro, una falda negra muy corta, medias oscuras, botines y un abrigo azul marino encima. Al verla entrar, el policía fue muy educado con ella y le hizo pasar a una sala de espera:

  • Enseguida le atenderán, señorita. Mientras, puede esperar en esta sala.
  • Gracias, es usted muy amable, señor policía. Pronto vendrá mi novio Juan para acompañarme.
  • Muy bien. Cuando llegue ya le haré pasar.

La sala estaba vacía. Debían tener la calefacción muy alta puesto que hacía mucho calor. Al cabo de unos minutos, mi novia se quitó el abrigo y se sentó en uno de los  asientos, bastante confortables. Tomó una revista y se dispuso a leer para pasar el rato.

Después de unos minutos, el calor le dio sed y se fijó que había un dispensador de agua fresca. Sin pensárselo dos veces, mi novia se levantó y presionó el botón. En ese momento, se abrió la puerta y entró un hombre alto y fornido y vio a Virginia inclinada bebiendo agua.

  • Hum, que rica está! – oyó que decía la chica.

Hum, que buena está – pensó el hombre al ver casi todo el culo de mi novia. La faldita no cubría casi nada y él podía ver incluso un sexy y minúsculo tanguita blanco, poco más que un hilo dental.

  • Oh, hola! – dijo mi novia, girando la cabeza hacía el recién llegado.
  • Hola, señorita! Buenos días!

Virginia se dio entonces cuenta de que el desconocido miraba su culo y enseguida irguió su espalda y se estiró la falda para abajo. El hombre se sorprendió al ver que era tan corta que apenas tapaba las braguitas  de la chica y mostraba una parte de sus muslos, la que las medías no cubrían, por encima de las ligas. Cuando ella se sentó, el hombre quedó boquiabierto porque mi novia le mostró completamente el tanga.

Ella se apercibió que él la devoraba con sus ojos y cruzó sus piernas, aunque no pudo impedir seguir mostrando sus muslos. Entonces, ella cubrió sus piernas con el abrigo. Pero el calor seguía siendo insoportable. Se desabrochó un botón de la blusa y, sin darse cuenta, enseñó un poco el sostén, pequeño y de un blanco inmaculado. El hombre le miraba descaradamente el pecho y a ella la cosa le empezaba a dar morbo. Así que, sólo para jugar un poco, se desabrocho otro botón y dijo:

  • Hace mucho calor, verdad, caballero?
  • Sí, parece mentira que estemos en invierno y que pasemos tanto calor. Si no se cubre con el abrigo, usted no tendrá tanto calor, señorita.
  • Sí, bueno… yo…
  • Apártelo, ve? Así, a que está más fresquita?
  • Sí, es verdad, claro. Gracias!
  • Además, claro, con estas medias! Aunque veo que no son pantis y que llegan sólo hasta poco más de por encima de la rodilla.
  • Sí, se fija usted mucho, caballero.
  • Cómo no me voy a fijar, hija? –

Virginia estaba muy caliente al saber los ojos del hombre mirándole fijamente los muslos y el pecho.

  • Tengo sed! – y se levantó, dio la espalda al señor, se inclinó para beber y descubrió completamente las nalgas y el tanga al hombre. Él no pudo reprimir levantarse y cogerle el culo con las dos manos.
  • Eh, pero que hace? Qué se ha creído?
  • Hum, es que estás muy buena! No te preocupes, te voy a pagar bien!
  • Pero… por quién me toma?
  • Tranquila, soy abogado, te sacaré de aquí!
  • No, si yo no…
  • De verdad que eres la puta más guapa que conozco! Y mira que he conocido muchas! – y el abogado abraza a mi novia y quiere besarla. Ella aparta su cara. Él acerca su mano a las braguitas de Virginia bajo la falda y exclama: – Hum, zorrita, estás muy caliente! – Entonces introduce su dedo medio en tanga y le acaricia la vulva: – Oh, pero si estás muy húmeda! Vaya zorrita más caliente!
  • No, no, es el calor!
  • El calor? A ver! – lame el dedo y dice: – El sabor no es a sudor, sino a tus jugos más íntimos! Qué sabrosos! Dame un poco más! – y vuelve a introducir el dedo en mi novia.
  • Oh, no, por favor, hum!
  • Te gusta, eh, zorrita?
  • No, no! Tengo novio y le quiero mucho!
  • Bueno, pero ya se sabe, si eres novio de una puta…
  • No soy una puta!
  • Ya, eso dicen todas! – y le introduce los cinco dedos en la vulva. Mi novia no puede evitar producir mucho flujo ante tanta excitación. – Oh, pero si me has empapado la mano! Eres una guarrita!
  • No, no soy guarrita! Ah! Uy!
  • Pero si estás que rezumas, chica! – se sorprende el abogado ante tanto flujo. Lame sus dedos y los vuelve a introducir.
  • Te gusta, eh, zorrita?
  • No, no, por favor, voy a llamar a la policía!
  • No, no, ya te dejo, ya te dejo.
  • Sí… No, no, tampoco es eso. Un dedo, sí, ay!
  • Sólo si me das un beso!

Ella le mira entre enfada y divertida y le besa levemente en la mejilla.

  • Con este beso no tengo bastante. En los labios!
  • No, ya te dije que tengo novio!
  • Pues entonces… nada. Vamos a dejarlo.
  • Pero no ves cómo estoy? – mi novia se sube la falda y muestra sus braguitas completamente trasparentes por la humedad y sus muslos chorreando.
  • Sí, estás a cien! Pero debes darme un beso en los labios.
  • Vale, un piquito! – dice ella y le da un rápido beso en los labios. Entonces el abogado accede con mucho gusto a acariciar la vulva de mi novia con un dedo; la penetra suavemente con él, lo saca, lo lame y la vuelve a penetrar, y así repetidamente.
  • Hum, qué bueno! Méteme más dedos, por favor!
  • Sólo si me das un beso en la boca!
  • No, eso no, estoy a punto de casarme!
  • Pues entonces, nada!
  • Pues, nada! Oh! Bueno! Venga, un beso rápido! Y me metes los cinco dedos! – la chica abre su boca y la ofrece al abogado, que enseguida la besa apasionadamente, mientras le baja el tanga, completamente empapado, hasta los tobillos, y le introduce casi toda la mano en su vagina. Ella no puede más y estalla en un orgasmo lleno de suspiros y jadeos. Él lame su mano empapada mientras le introduce la otra, intercambiándolas, ahora mojando una y lamiendo la otra, ahora mojando la otra y lamiendo la una. Ella sigue con su multiorgasmo.
  • Vaya, vaya! Además de muy guapa eres muy caliente, zorrita! Debes ganarte muy bien la vida!
  • Pues sí, me la gano muy bien! Pero no en lo que usted cree!
  • Ya, ya! Bueno, mira cómo estoy, zorrita! – y le muestra un gran bulto bajo el pantalón. – Ahora me toca disfrutar a mí!
  • Cómo? No! Pero que se ha creído!
  • Ya te dije que te voy a pagar bien!
  • De ninguna manera! Usted es un fresco!
  • Vaya, mira quién fue a hablar!
  • Usted se aprovechó de mí! Yo no quería nada con usted!
  • Pero si me has suplicado que te metiera mi mano en tu coño!
  • No, no es verdad! – se abrocha los botones de la blusa y estira la falda para abajo. Entonces se da cuenta que tiene las braguitas en los tobillos: – Oh! Están muy mojadas!
  • Claro, pero si pareces una fuente! De ambrosía, néctar muy sabroso por cierto!
  • Gracias, es usted muy amable! Mejor que me quite el tanga, porque así tan empapado…
  • Claro que sí, yo te lo guardo!
  • No!
  • Como recuerdo! Va, y no contaré nada a nadie!
  • Bueno, si es así…

El hombre se guarda las braguitas de mi novia, después de olerlas y lamerlas:

  • Oh, que sabrosas! Gracias!
  • Es usted muy amable, caballero.

Virginia se sienta a esperar que la atiendan. Al no llevar bragas, enseña toda la vulva al abogado, que se relame descaradamente. Ella se da cuenta e intenta cubrirse con la faldita, pero es imposible. Eso la calienta y se moja de nuevo. Él se da cuenta y la mira fijamente:

  • Oye, zorrita, si no hacemos algo, vas a empapar el asiento. Y eso no gustará nada a la policía!
  • Pues no me mire, por favor!
  • No, tengo una mejor idea!
  • Usted y sus ideas!
  • Mira, si me enseñas las tetas, te soluciono el problema de tanto jugo!
  • No, pero cómo voy a enseñarle el pecho!
  • Eso no es nada para una zorrita como tú!
  • No soy una zorra! Para nada! Como máximo, te enseño los sostenes!
  • Bueno, vale, de acuerdo!

Mi novia se desabrocha tres botones de la blusa y la aparta para mostrar el sostén al abogado. Él se asombra al ver que es muy sexy y tan pequeño que muestra más el pecho de mi novia que no lo cubre.

  • Tienes unas tetas muy bonitas, hija!
  • Gracias, es muy amable! – dice ella ruborizándose y emitiendo una gran bocanada de flujo.
  • Con estas tetas, debes ganarte muy bien la vida!
  • No soy una puta! Ay! – empapa toda la falda y el asiento. El abogado se da cuenta y se acerca a la chica. Se agacha, le aparta completamente la falda hasta convertirla en poco más que un cinturón, le abre las piernas y ella reacciona con un chorro de flujo que le empapa su cara.
  • Oh, que buen recibimiento! Gracias, putita! – acerca sus labios y empieza a sorber todo el líquido. Le introduce la lengua y la lame con avidez, pero ella no cesa de emitir flujo y más flujo. Le mantiene las piernas abiertas mientras con una mano abre completamente los labios de la chica
  • Tienes un coño muy bonito, sonrosadito y caliente!
  • Gracias, caballero! – y empieza a gritar ante el nuevo orgasmo que disfruta – Oh, ah, ah!
  • Cuidado, que nos van a oír!

En esas que se abre la puerta y entra un joven rubio. Da un paso y se sorprende al ver a mi novia con las piernas abiertas, la falda en la cintura, mostrando completamente el sostén y casi el pecho, con un hombre amorrado en su vulva, sorbiéndola, bebiéndola, casi comiéndola.

  • Pero… qué?
  • Hola, joven! No, no pasa nada, es que la chica es muy putita, sabes? Y le estoy haciendo un favor!
  • Cómo? No entiendo!
  • No soy una puta! De ninguna manera!
  • Yo aviso a la policía, esto es muy raro!
  • No – grita ella asustada- por favor, no! – aparta la cabeza del abogado, cierra las piernas, se cubre con la faldita tanto como puede, que es poco. Empieza a sollozar.
  • A ver, joven, tranquilo, mire, soy abogado.
  • Sí, es cierto. Ya veo.
  • Ella es una prostituta, cliente mía, y… bueno, que estábamos matando el tiempo mientras nos atienden.
  • Bueno, sí, es cierto, suelen hacer esperar mucho. Pero yo aviso a la policía, que aquí no es sitio para…
  • Por favor, no digas nada, tengo novio, estoy a punto de casarme…
  • Esto a mí no me importa – dice el joven sin conseguir apartar la vista de los muslos de mi novia y del sostén que todavía muestra completamente.
  • Mira, espera un momento, ella es una puta muy buena, además está muy buena como puedes ver.
  • Sí, guapa sí es!
  • Vaya si lo es!
  • Gracias, caballeros! – dice ella sonrojándose.
  • Ella puede hacerte un buen descuento si no dices nada a la policía.
  • No, pero yo no… – objeta mi novia.
  • No estarías dispuesta? O eso o te denuncia a la policía?
  • Qué me harías, chica? Cuánto me costaría?
  • Lo que quieras, te hará lo que quieras! Y a mitad de precio! Verdad, niña?
  • No, yo no soy una puta!
  • Bueno, eso no es lo que yo vi al entrar, con perdón.
  • Qué te gustaría? Venga, pide! – dice el abogado.
  • Bueno, me gustaría verle… las tetas… i el culo.
  • Sólo eso? Venga, niña, eso sí se lo puedes hacer, verdad? Y gratis!
  • Sólo para que no diga nada a la policía, que no quisiera que mi novio se enterara.
  • Sí, claro que se iba a enterar.

El abogado la levanta del asiento, la acerca al joven y le aparta el sostén para mostrar unos pechos rotundos, perfectos. Él abre los ojos como platos. Después de unos segundos, el señor acompaña a mi novia, le da la vuelta para que le dé la espalda al joven, le empuja un poquito para inclinarla y la faldita sube automáticamente hasta mostrar todo el culo.

  • Oh, qué bonito – exclaman conjuntamente el señor y el joven.
  • Gracias! Son ustedes unos caballeros! Y agacha un poco más su espalda hasta enseñarle su ano, muy húmedo, y su vulva, muy abierta y empapada.
  • La verdad es que vale la pena. No voy a decir nada, no te preocupes, chica. Aunque, ya puestos, tengo otro deseo…
  • Pide, hombre, pide – dice el abogado.
  • Me haría ilusión darla por el culo! Nunca lo he hecho todavía con nadie! Y ella lo tiene tan apetitoso!
  • Sí, la verdad es que dan ganas de encularla, está irresistible.

Ella, al oír esas palabras, no puede evitar calentarse mucho y, enseñándolo todo, chorrear, humedeciendo más su vulva, sus muslos y las medias.

  • Mira, ella es una puta muy cara. Pero tratándose de ti… te lo haría a mitad de precio.
  • No, yo no cobraría nunca por eso!
  • Oh, sí que eres puta, de tantas ganas que tienes, te dejarías dar por el culo sólo por vicio! – dice el joven sorprendido!
  • No!
  • Bueno, ella es mi cliente y los tratos los haces conmigo. Mira, por ser tú, puedes encularla por… pongamos… cien euros!
  • Sólo? Por darla por el culo pagaría miles!
  • No, yo no soy una puta!
  • Pero hija, si estás rezumando sólo de oír que te quiere encular!
  • Bueno, es que el joven es muy guapo. Y estoy muy caliente! – se defiende ella, sonrojándose avergonzada y lanzando más y más flujo, pero sin dejar de mostrar el culo y su vulva muy abierta a los dos hombres.
  • Oh, pobrecilla, está llenando incluso sus medias de flujo! Y sus botines! Y el suelo! Claro, como no usa bragas! – exclama el joven.
  • Ya ves, no lleva braguitas porque es una zorra muy caliente y siempre quiere estar a punto!
  • No, no diga eso, no es verdad!
  • Quieres que te seque tanto jugo? Vas a dejarlo todo empapado!
  • Sí, séqueme como antes, ay – solloza aún sin levantarse, apuntando sus pechos en dirección al suelo y enseñando incluso una vulva más abierta.
  • Mira, te secaré si dejas que el chico te dé por el culo.
  • Pero qué se ha creído? Que tengo novio, y le quiero mucho!
  • Ya, por eso nos estás enseñando tu coño y tu culo todo el rato! No dirás que no te gusta hacerlo, puta, tus chorros de flujo te delatan! – dice el abogado.
  • Ay, es que… ay…
  • Venga, chico, sácate la polla!

El joven no se hace de rogar y libera su pene. Ella, aun mostrándole el culo y su sexo muy abierto, se admira al verlo tan grande, grueso y empinado y lanza otro chorro de flujo.

  • Pero no puede ser! Este pollón no me cabría nunca en mi culo!
  • Sí, tienes el ano muy pequeño, muy prieto.
  • Es que… bueno… digamos que… soy virgen.
  • Una puta virgen? venga, vamos, eso no te lo crees ni tú, zorrita! – le contesta el abogado, que se agacha bajo la chica, empieza a lamerle los muslos, luego la vulva, le penetra la vagina con la lengua, se relame, le abre todavía más el coño con la mano, le masajea el clítoris… Ella está que arde y explota en un nuevo multiorgasmo. El joven aprovecha y le abre algo el ano con la mano. Le acerca el glande al agujerito y la lubrica. También recoge el flujo de la chica y se lo introduce en el ano. Ella nota el masaje anal y abre su culo tanto como puede. En esas que el joven la penetra suavemente con su gran pene hasta la mitad. Ella gime de placer y ducha al abogado con un gran chorro de ambrosía i él se relame. El joven saca su pene y la vuelve a penetrar ahora con fuerza, ella responde abriendo más su culo, él lo saca de nuevo y la penetra hasta el fondo. El joven no puede resistir tanto placer y eyacula en las entrañas de mi novia, experimentando ambos un intenso orgasmo. Mi novia no puede evitar expresar su gran gusto con suspiros, gemidos y gritos.
  • Pero, qué pasa aquí? – exclama un policía que entra al oír los gritos de Virginia, a la que ve sin bragas, con el sostén debajo del pecho, siendo enculada por un joven y con el abogado lamiéndola y chupándole el clítoris i la vagina – Qué están haciendo? Ah, pero es ella la prostituta que hemos detenido? Pero cómo es que está aquí?
  • No, no soy una prostituta!

El policía dice:

  • No, ya! Como si no lo viera con mis ojos! Apártese, don Onofre, la chica debe estar en el calabozo, no aquí en la sala de espera… trabajando.
  • No, usted se confunde, señor policía, no soy una prostituta – se defiende mi novia con el pene del joven todavía en su culo.
  • Por favor, joven, saque su pene del ano dela chica.
  • Sí, sí, perdone usted. Es que se está tan bien ahí dentro! – al sacar su pene, los tres hombres se admiran del ano tan abierto de la chica, rezumando semen del joven.
  • Señor policía, no me dirá usted que la joven no es atractiva!
  • Yo no digo nada, sólo que ella está detenida. Me la llevo al calabozo.
  • No, por favor! No soy una prostituta- solloza mi novia, chorreando semen y flujo por el culo hasta sus muslos y medias.
  • Oh, pobre chica! Pero si todavía no le he pagado por darla por el culo. Los cien euros!
  • Sólo cien euros! Me sabe mal, chica, mira que ser puta por tan poco dinero, con lo joven y guapa que eres! – dice el policía, antes de esposarla y llevársela de la sala de espera hacia el calabozo, todavía mostrando el pecho con el sostén bajo las tetas y con la breve faldita cubriendo apenas una pequeña parte de su culo.

Al cruzar la comisaría, los otros policías quedan boquiabiertos ante mi novia tan guapa, esposada y medio desnuda. Su sorpresa aumenta al verla de espaldas y admirarse de casi todo su culo, sus muslos y sus medias empapadas.

  • No, por favor, no me dejes aquí en el calabozo. Va a venir enseguida mi novio y tendrá un disgusto de muerte. Por favor!
  • Tranquila, chica. Podías haber pensado en eso antes de ponerte a practicar la prostitución.
  • No, pero ya le dije que no soy prostituta, se trata de un malentendido, de verdad.
  • Lo vi con mis ojos, no puedes negarlo – dice el policía sujetando las esposas en una cadena de la pared, sin dejar de admirar sus pechos i sus muslos. Ella se sienta en el taburete y solloza apenada.

Al cabo de unos minutos, llega don Onofre, el abogado:

  • Hola, cómo estás? Siento lo que ha pasado!
  • No, si la culpa es mía! Aunque no soy ninguna prostituta, lo cierto es que estaba muy caliente y usted en realidad me ayudó.
  • Bueno, depende de cómo lo mires. Lo cierto es que disfrutabas con mis masajes, mis lametones… Y también me he fijado que te ha gustado mucho que el joven te diera por el culo. Me has duchado completamente con tu orgasmo. Eres una chica muy caliente, zorrita.

Al oír eso mi novia se ruborizó pero no pudo evitar sentir que eso la halagaba y empezó a calentarse de nuevo.

  • Uy, pero, si se te han erizado los pezones! No me dirás que…? A ver… – el abogado acerca su mano a la vulva de mi novia y comprueba que vuelve a mojarse. La mira con sorpresa y cara de pícaro.
  • No, no me toque, me da vergüenza.
  • Tranquila, niña, mira, estamos de suerte, he hablado con uno de los policías, que tiene algo de poder aquí dentro, y está dispuesto a dejarte en libertad, sin cargos por prostitución ni nada.
  • Oh, de verdad! Es que en realidad soy inocente! Y no le dirán nada a mi novio?
  • Si quieres que yo te represente, lo puedo arreglar, sin ningún problema. Soy un abogado muy bueno, sabes? Con mucho prestigio!
  • Oh, gracias, gracias! No sé si podré pagarle sus tarifas.
  • Bueno, eso lo hablamos luego, no te preocupes.
  • Sí, sí. Que vengan a desatarme y a quitarme las esposas. Y a dejarme vestir por favor.
  • Bueno, bueno, sí, pero… más tarde. Precisamente eso es un aparte del trato. Que no te vistas ni te desaten todavía.
  • Cómo? Pero mi novio está al llegar! No puede verme así!
  • No, no te preocupes por eso.
  • Sí, eso es lo que más me preocupa!
  • Qué, la chica quiere colaborar? – dice un policía algo mayor que entra en el calabozo.
  • Sí, sí, claro, por supuesto! – contesta el abogado.
  • Oh, pero es muy hermosa! Y muy joven!
  • Gracias, señor! – dice Virginia halagada y nota que se sonroja y se calienta algo por el halago.
  • Llámame, comisario, putita!
  • No, señor, no soy puta!
  • Ya, bueno, eso… así, vas a colaborar, bonita?
  • Sí, pero, sobre todo no le digan nada a mi novio, que está al llegar.
  • Por eso no te preocupes. Firmará los papeles, don Onofre?
  • Sí, claro, por supuesto, comisario.
  • Por favor, me puedo vestir ya? Quíteme las esposas!
  • Bueno, bueno, eso vendrá después, verdad don Onofre?
  • Sí, zorrita. Mira, firma aquí.
  • Pero qué es? qué firmo?
  • Algo que… verás… como sales ganando, confía en mí!
  • No sé, pero estoy en sus manos.
  • Muy bien, muy bien, así. Es toda suya comisario, ya ha firmado.
  • Lo de las fotos también?
  • Sí, todo, todo lo que ustedes deseen, tienen su consentimiento, y también le pueden hacer todas la fotos que quieran.
  • Pero… qué? Yo no sabía! No, no, por favor!
  • Tranquila, verás que te trataran muy bien, verdad, comisario?
  • Sí, por eso no te preocupes, putita! Te trataremos más que bien. Me encanta tenerte aquí, así atada, con tus tetas al aire… hum!
  • Esto es ilegal, le voy a denunciar!
  • No, eso sí que no! Acabas de firmar tu consentimiento y que nunca me denunciarás, putita.
  • Me ha engañado, Onofre!
  • No, un trato es un trato. Mira, tranquilízate! – el abogado acaricia el pelo de la chica, se lo aparta de la cara, le acaricia la mejilla. Ella solloza, triste. Llega otro policía y sube la cadena donde están sujetas las esposas de manera que le quedan los brazos para arriba. Su pecho se muestra magnífico. La falda se le sube un poco y muestra completamente su sexo ante los tres hombres. Llega uno con una cámara y le echa una foto. Y luego otra, y otra. Ella lo ve y se queja:
  • Para qué son estas fotos?
  • No te preocupes, son sólo para consumo interno.
  • Sí, por favor, que no las vea mi novio.
  • Por eso no te preocupes! Nunca se las mostraremos. Pero debes portarte bien.
  • Pero, pobre de mí! Qué quieren que haga, así atada?
  • Pues – dice el comisario- que sonrías un poco, que nos pidas que te hagamos cosas.
  • Cosas, qué cosas?
  • Cosas de puta, de zorra caliente!
  • No sé, no sabría…
  • Mira, hija, yo te ayudo – dice el abogado y se acerca a mi novia, le masajea los pechos y ella reacciona irguiendo sus pezones.
  • Muy bien, muy bien, Foto, foto! – dice el comisario.
  • Y ahora… mira, ves? te acaricio un poco el coñito, así, te gusta?
  • No! Por favor! Aunque… sí, es usted muy delicado, don Onofre!
  • Espere, Onofre. A ver, me quito el cinturón? Y te castigo por puta! – dice el comisario, que golpea suavemente a mi novia con el cinturón, en los muslos y en el pecho.
  • Ay, ay!
  • Te hago daño, putita?
  • No, daño, no!
  • A ver, inspector Lope, baje las cadenas hasta el suelo!
  • Oh, pero… ay! – mi novia debe ahora bajar sus brazos hasta el suelo y enseña todo el culo a los cuatro hombres, que se relamen ante tanta belleza. El comisario le golpea las nalgas con suavidad, aunque lógicamente enrojecen algo.
  • Así, así! Un castigo por ser putita! Fotos, fotos! Muy bien! A ver, avisa a los demás hombres que vengan!
  • Cómo, qué demás hombres?
  • A los otros policías, hija! Es el trato que firmaste!
  • No, por favor! Quiero irme a casa! – solloza mi novia, con las tetas al aire apuntando hacia el suelo y mostrando el ano y su jugoso sexo a todos los policías que van entrando.
  • Oh, pero que bellezón!
  • Hala, es la chica más guapa que vi!
  • Hum, y de verdad que podemos hacerle lo que nos apetezca? Sí que es guarra la chica!
  • Bueno, es una chica muy caliente y muy zorrita y ha firmado su consentimiento. Yo soy su abogado, tranquilos.
  • A ver, los que tengan el pene erecto, vayan sacándolo que vamos a castigar a la chica con cientos de golpes!
  • No, por favor, no me hagan daño!
  • Tranquila, putita! Daño, ninguno! Mira, mira! – y ella ve sorprendida como la comisaría entera le muestra sus penes en la mano. De todas las formas, tamaños y colores. Enseguida le empiezan a golpear todo el cuerpo, las piernas y la cara con los penes, cada vez más tiesos.
  • Haz muchas fotos, eh? Que la chica está de muerte!
  • Vale, vale. Ahora qué te hacemos, putita?
  • Ya está, ya está, me liberáis y me voy a mi casa!
  • No, hija, uy, no! Todavía no! además, veo que estás muy sonrojadita y calentita, verdad!
  • No, de verdad que no!
  • A ver, a ver – dice don Onofre, introduciendo un dedo en la vagina de mi novia – Sí, está muy caliente y húmeda. Se ve que te gustan estos hombres, verdad, zorrita?

La verdad es que estar completamente expuesta ante tantos hombres con el pene erecto la calentaba y no podía evitar mojarse, aunque la avergonzara.

  • Quieres que te hagamos algo más, si o no?
  • No, no!
  • De verdad que quieres que guardemos todos esos penes en los pantalones?
  • Sí, sí.
  • Pero hija, si estás volviendo a chorrear! Mira! – don Onofre le introduce unos dedos en la vagina y luego se la enseña completamente empapada.
  • Es que no puedo evitarlo, hum!
  • Claro, y no pasa nada. Es muy natural! Mira, yo te ayudo, ves? – y empieza a masajearle el clítoris. Al cabo de un minuto, deja de hacerlo.
  • Oh, por favor, no pare ahora, siga don Onofre!
  • No, yo, no! Si acaso, pídeselo al comisario.
  • Señor comisario, me puede acariciar mi coño, por favor, que está que arde?
  • Claro, hija, pero si dejas que te chupe una teta!
  • Oh, será descarado?
  • Pues nada.
  • No, no, por favor, mame mi teta y acaricíeme el coño, señor comisario!
  • Bueno, está bien, si lo pides así de amablemente…
  • Sí, sí!
  • Hija, pero estás muy mojada! Quieres que mis hombres te sequen? Vas a dejar las medias perdidas!
  • Alguno me puede ayudar, de verdad?
  • Claro, putita! Se mueren de ganas! A ver, un par de hombres para lamer el coño a la chica!

Acuden raudos dos policías, se ponen en cuclillas y sorben tanto jugo como pueden.

  • Foto, foto!

Al oír lo de la foto, mi Virginia sonríe a la cámara.

  • Tienes el culo muy caliente y abierto, para ser tan niña!
  • Bueno, es que antes… el joven… ya sabe…
  • Y qué, te gustó?
  • La verdad es que sí, comisario!
  • Pues venga, una polla bien tiesa para el culo de la putita, que está ardiendo! Foto antes de darla por el culo, así, tan abierto y acogedor, y ahora, para adentro!
  • Oh, ay, me muero! Por favor, ay!
  • Señor comisario, aquí no damos abasto! La chica parece una fuente!
  • Pero si estáis dos hombres lamiendo y sorbiendo!
  • Quizá si… – dice mi novia, pícaramente, señalando el pene de un policía enclenque pero muy bien dotado.
  • Lo quieres en tu coño? Serás zorrita! Pero si ya tienes uno en el culo!
  • Es que… estoy muy, muy caliente!
  • Bueno, ven Gálvez. Qué le quieres decir, putita?
  • Señor Gálvez, me puede follar por favor con su pene tan largo y grueso!
  • Niña, claro, si me lo pides tan bien. A ver…! – la penetra de un golpe y ella y él estallan al unísono en un orgasmo sin igual. El que está en el culo no puede resistir la tentación, saca su pene y rocía las nalgas y la espalda de mi novia con abundante semen.
  • Fotos, fotos!

Y mi novia mira a la cámara, mostrando algo de semen que recoge de su espalda. Luego lame su mano, se lo traga y sonríe satisfecha. Las fotos no paran.

  • Esta chica es muy caliente, muy puta, y merece mucho más castigo!
  • Sí, es cierto, merezco más castigo, soy una chica muy malita!
  • A ver, dos más que vengan a mamarle bien las tetas. Y yo, abre la boca, putita!
  • Oh, pero que va a hacer?
  • Abre la boca te digo!
  • Que malito que es usted! – dice Virginia separando sus labios y acogiendo el erguido miembro del comisario.
  • Señor comisario, uno que dice que es el novio de la chica, Virginia Ibars, viene a encontrarse con ella, dice que vino aquí por algo de una denuncia.
  • Le decimos que pase, guarrita?
  • No, no, por favor! – dice mi novia con la polla del comisario en la boca.
  • Seguro, te vas a portar bien?
  • Si, señor, muy bien! Verá usted!
  • Qué te vas a dejar hacer, putita?
  • Todo lo que quiera, de verdad! Pero no se lo diga a mi novio!
  • De acuerdo, de acuerdo, chupa, chupa! Se buena, putita!
  • Sí, tengo el culo muy abierto, por favor, quiero dos pollas en mi culo, mire si soy buena!
  • Es verdad, lo tienes muy dilatado! Venga, dos pollas para la putita, no le hagan esperar!
  • Y el coño, lo tengo que arde y rezuma semen y mis jugos, no hay nadie para follármelo, por dios!
  • Va, venga, venid dos más, con la polla grande, que lo tiene tan abierto que con una no basta!
  • Sí, dos pollas, por favor! Así, ay, ua! Me voy, me voy! Y las tetas, quién quiere una cubana! Venga! Bien, oh, que larga! Te gusta, te gusta? Mira, así, entre las tetas… y chupándote la punta junto a la polla de tu jefe! Ah! Te gusta! Te gusta!
  • Sí, sí, ah, ah, guarra, puta! – y expulsa su semen dentro de la boca de mi novia. Entonces el comisario también eyacula y los labios de Virginia chorrean. Al sentir tanto gusto en su boca, Virginia entra en un gran multiorgasmo; sus espasmos y suspiros son irresistibles y los dos penes en su culo lo llenan de semen caliente, al igual que los dos en su vagina.
  • Oh, oh, no puedo, ua! Que buena está vuestra leche caliente!
  • Que rica estás, putita! Venga, darle unos cuantos golpes con el cinturón, sin pasaros, eh? Quieres más, guarra? Estás toda coloradita!
  • Señor comisario, dice el novio de la chica si puede entrar?
  • Quieres que entre y te vea así de guapa, zorrita? Seguro que le iba a encantar!
  • No, por favor! Que no entre! Denle cualquier excusa, por favor!
  • Pues qué vas a dejarte hacer?
  • Todo, todo!
  • Pues hala, así me gusta, a ver, traed cadenas para los tobillos. Así, tirad de las cadenas, abridle bien las piernas, muy bien, subidle las cadenas de las esposas, así, suspendedla en el aire!
  • Oh, pero… por favor!
  • Arrancadle la faldita, rasgadle las medias!
  • No, me da morbo, ay!
  • Mirad, mirad, vuelve a chorrear!
  • Vamos, venga, que está dejando perdido el suelo, pero vaya putita estás hecha! Venga, una cola delante de ella y otra detrás. En orden! Va, los de delante, la vais follando y los de detrás, la vais enculando! Ya! Venga, vais cambiando!
  • Oh, no puedo resistir, sois la leche, ay! – grita mi novia al entrar en un nuevo orgasmo muy húmedo!
  • Venga, ahora fila de dos, la vais follando de dos en dos en el coño y dándole por el culo con dos penes a la vez. Ya! Qué, te gusta el castigo?
  • Sí, sí, mucho! Ay! No se nota? Ay!
  • Venga, ahora, a llenarla de semen, el coño y el culo, venga, de dos en dos en cada agujero de la putita! Fotos, fotos!
  • Ah, ah, esto es demasiado, oh, gracias, gracias!
  • Venga, traed las porras, una por delante y otra por detrás!

 

Al cabo de un buen rato de juegos y castigos, los policías estaban exhaustos. Mi novia dijo:

  • Habéis sido muy malos y al mismo tiempo, muy amables. Gracias!
  • Bueno, has recibido tu castigo por ser tan puta, pero un trato es un trato, no te vamos a denunciar. Puedes ir con tu novio. Te libraremos de las cadenas.
  • Gracias, comisario. Pero no puedo ir así con mi novio. Estoy toda llena de semen!
  • Bueno, eso tiene una solución. Venga, señores, rodeemos a la señorita. Vamos a mearla bien!
  • Oh, pero… Ah – tiene que callar ante el primer chorro de orina que llega a su boca. Todos los policías la mean abundantemente, suspendida todavía en el aire con las cadenas.

 

  • Bueno, espero no oler demasiado a orina, no sé si Juan lo notará. Uy, me quito las medias, todas rotas. A ver, el sostén también rasgado. Pues sin sostén! Me pongo la blusa… y la faldita. Oh, sin bragas se me va a ver todo! Señor abogado, por favor, devuélvame mis bragas!
  • Bueno, bueno… no sé… Todavía no mes has pagado mis emolumentos.
  • Uy, sí, es verdad. Pero el caso es que ahora mismo no llevo dinero. Me robaron, sabe?
  • Ya, pero este no es mi problema. Si te parece, podemos llegar a un acuerdo.
  • Sí, claro, usted cumplió su parte.
  • Mira, me he enamorado de tu culo. Si me dejar encularte, te perdonaré parte de la minuta.
  • Oh, pero, es que, Juan…
  • Tu novio puede esperar. A ver… déjame ver… – le acerca la mano bajo la faldita – Está muy abierto, para mí.
  • No, si ganas ya tengo, ya, la verdad!
  • Pues lo se hable más! El abogado empuja la cabeza de mi novia hacia el suelo, le arrodilla, le baja la espalda, le sube la falda y el culo y… – Te la endiño de golpe, zorrita, como a ti te gusta!
  • Ay, sí, más adentro, don Onofre, más adentro!
  • Zorrita, zorrita caliente!
  • Sí, sí, para usted, soy su zorrita caliente!

 

  • Hija, ha estado bien. Esto supone un 10% de lo que me debes.
  • Sólo un 10%? Pero, don Onofre, ya le dije que no llevo dinero encima. Que me robaron.
  • Bueno, tranquila, no hace falta que me lo pagues ahora. Mira, me vienes a ver cada viernes a mi despacho, te doy por el culo y así iré cobrando tu deuda.
  • Oh, pero eso no puede ser. Usted sabe que tengo novio!
  • Hija, una deuda es una deuda! Mira, si lo prefieres hablo con tu novio.
  • No, eso no por favor!
  • O tu culo, cada viernes, o hablo con él!
  • No, no, le daré mi culo, todo para usted! Pero no le diga nada!
  • Muy bien, buena chica!
  • Así, serán nueve viernes, un 10% cada vez, verdad?
  • Bueno, pero, claro, al no ser todo el pago a la vez, tendrás que darme intereses y venir mucho más que nueve viernes.
  • Oh, pero usted es un tramposo!
  • Soy abogado, hija! Mira, si algún viernes te encuentras que están conmigo mis tres sobrinos, también abogados, y dejas que te demos por el culo los cuatro, eso a lo mejor te contará como un 20%.
  • Pero que se ha creído?
  • Pues lo que es. Que eres una zorrita muy, muy calientes. I que seguro que te va a gustar, mucho, hija!
  • Venga, tramposo, devuélvame el tanga!
  • No, eso no. Lo guardaré hasta que vengas el primer viernes. Mientras tanto, lo oleré y lo lameré. Ese día te lo devolveré y me quedaré con las braguitas que lleves. Y así cada viernes. Ah, y sobre todo, ven siempre muy sexy, como la zorrita que eres, como ibas vestida hoy, totalmente de puta.
  • Es asqueroso, don Onofre!
  • Venga, que ya sé que sólo de pensarlo ya vuelves a estar caliente!
  • Calle, calle. Cómo voy a ir así con mi novio? Sin bragas! Ay, suerte del abrigo? Pero dónde está mi abrigo?

 

  • Virginia, pero qué ha pasado? Dónde estabas? Has hecho la denuncia?
  • Sí, amor, no te preocupes! La verdad es que han sido muy amables!
  • Pero dónde vas a sí, sólo con la blusita! Y la falda tan corta! Y sin medias ni abrigo ni nada!
  • No, mira, la verdad es que tenía algo de calor!
  • Calor! Pero si estamos en febrero! Pero sonrojadita si estás!
  • De verdad que te han tratado bien los policías?
  • Sí, amor, muy bien, de verdad, no te lo puedes imaginar. Han sido de verdad unos caballeros muy amables y cariñosos!
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Mi adorable novia Virginia (XI)

Por fin mi adorable novia Virginia accedió a venir a jugar a tenis conmigo. Ella no es muy amante del deporte, pero yo soy un entusiasta de cualquier forma de ejercicio. Yo sabía que a Virginia le gustaría probar el tenis y que juntos lo pasaríamos muy bien. Cuando la vi cambiada en la puerta del vestuario femenino pareció que salía el sol. Y eso que  este domingo 29 de junio era un día nublado! Estaba más guapa que nunca! Estrenaba un vestidito blanco, muy cortito y escotado que le sentaba de fábula!

– Virginia, estás muy guapa de tenista!

– Muchas gracias, Juan! Qué amable eres!

– Seguro que eres la más bonita de todas las pistas!

– Ya será menos, anda, vamos a jugar, a ver cómo me va.

– Te irá muy bien, Virginita. Seguro que te va a gustar mucho!

– No sé, no sé.

Empezamos a pelotear un poco y, claro, la verdad es que mi novia no daba una. Quedé muy sorprendido cuando al agacharse para recoger del suelo la pelota, mi novia me mostró todo el culo! Ella se dio cuenta y me riñó:

– Juan, qué estás mirando?

– Eh? No, nada, es que… no, nada!

– Me estabas mirando el trasero! Ay, que pillín que eres!

– No, no, de verdad que no! Venga, lanza la pelota, Virginia!

– Me parece que no debía haberme puesto este tanga rosa tan bonito!

– Bueno, no sé. El vestido es muy corto y… claro… Normalmente las chicas suelen ponerse unas bragas grandes bajo el vestido de tenis.

– Pero, es que no te gusto así?

– Cómo quieres que no me gustes, Virginita? Va, lanza la pelota de una vez!

– Ay, que antipático. Toma la pelota! – y le dio un golpe que fue a parar a la pista de al lado – Uy, vaya! No te preocupes, ya voy yo a buscarla!

Mi novia salió de nuestra pista y fue a por la pelota a la de al lado, donde estaban jugando un partido de dobles.

– Perdonen, señores, es que sin querer mi pelota cayó en su pista!

– Mujer, no pasa nada, es muy normal! – contestó un hombre maduro muy elegante.

Los cuatro jugadores quedaron encantados cuando vieron agacharse a mi novia y les enseñó las nalgas y el pequeño tanga rosa.

– Guapa, tranquila, suele suceder que una pelota vaya de una pista a la otra! – dijo muy simpático un chico joven con bigote.

– Sí, eso nos ha pasado a todos! – añadió un joven alto.

– Seguro! Y no te preocupes si te volviera a suceder! – la tranquilizó un joven con el pelo largo.

– Muchas gracias, caballeros!

Al volver conmigo, Virginia dijo: – Estos señores son muy amables y simpáticos, Juan. No se enfadaron en absoluto.

– Claro que no, Virginia. Hala, lanza la pelota, a ver si jugamos un poco!

– Sí, ahí voy! Uy! Vaya! Otra vez! – gritó Virginia cuando le dio tan fuerte y tan mal que directamente mandó la bola a la pista de al lado. – Voy en un momento a buscarla!

– Deja, deja, Virginia. Ya voy yo. O, mejor, ya nos la lanzarán!

– No, no, Juan, no les molestemos!

Cuando mi novia fue a la otra pista y se agachó para recoger la pelota, los cuatro jugadores se asombraron al verle casi todo el pecho por encima del vestidito blanco.

– Hija, no te preocupes, que al principio cuesta un poco, pero luego el tenis es muy divertido! – dijo el hombre maduro.

– Gracias, señor! No volveré a molestarles más!

– Si no molestas, de verdad, para nada! Tranquila, juega y aprende!

Cuando volvió a nuestra pista, Virginia dijo: – Dicen que no les molesta que nuestra pelota caiga en su pista. Son muy amables!

– Claro que no, mujer. Hala, va, deja, ya te tiro yo la pelota. A ver si la pillas!

– Ay, uf… no tan fuerte, Juan!

– No, si te la pasé flojita! A ver, toma esta!

Virginia no acertaba ni una bola!

– Virginia, échale un poco más de ganas, mujer!

– Juan, hago todo lo que puedo! Pásamelas mejor!

– Toma esta!

– Ay! No… sí… hm – con un gritito le dio a la pelota por fin, pero… la mandó a la pista de al lado.

– Ya voy, Juan, no te enfades!

– No, no me enfado, pero así no se puede jugar, es muy aburrido!

– Ya te decía yo que el tenis no es la mío!

– Ya, pero… qué es lo tuyo? Qué deporte?

– Oh, Juan, no eres nada amable conmigo! – y se fue a buscar la pelota. Sin querer esta vez asombró al señor maduro y al joven alto al mostrarles el culo y alegró la vista al chico con bigote y al del pelo largo al enseñarles sus bonitos pechos.

– Niña, no te ruborices, no nos molesta que vuestra pelota caiga aquí de vez en cuando. – la tranquilizó el señor maduro.

– Me sabe mal, lo siento!

– No te pongas triste, bonita! – la consuela el joven del pelo largo.

– Es que mi novio… no tiene paciencia conmigo… se enfada porque no sé jugar al tenis.

– Vaya, qué poca paciencia tienen algunos!

– No, es verdad que no juego nada bien!

– Nadie nace enseñado, mujer!

– Ya, pero él…

– Virginia, vienes o qué? Que es para hoy!

– Ven ustedes? Lo que les digo!

– Bueno, paciencia mujer!

– Sí, la verdad es que hace falta mucha paciencia!

Cuando volvió a nuestra pista, Virginia estaba muy seria. Yo le dije: – Va, a ver, te paso la pelota muy suavemente, de acuerdo?

– No sé, como quieras. Me gustaría que fueras amable como esos caballeros!

– Venga, Virginia, ya está bien! Esos lo que deben de hacer es comerte con los ojos! Así vestida!

– Que desagradable que eres a veces, Juan!

– No, va, no te enfades, mujer. Mira, va, una pelotita muy flojita…

Pude ver como los hombres de al lado prácticamente no jugaban, sólo miraban como espectadores privilegiados los movimientos de mi novia. Virginia corrió con todas sus fuerzas y sus pechos se balanceaban bajo el vestido y casi por entero por encima del escote. Al darle a la pelota, gritó con tanta sensualidad que se oyó un “oh” de la otra pista. Pero la cuestión es que le dio bien y se la puede devolver suavemente. Quedó un poco baja pero ella corrió y de nuevo todos pudimos ver el balanceo de sus pechos. Cuando flexionó bien sus piernas para darle a la bola, mostró casi todas sus tetas. Gritó muy voluptuosamente y la pelota… a la otra pista! Los cuatro jugadores aplaudieron a mi novia!

– Muy bien, ves? Has jugado muy bien! – la animó el joven alto.

– Oh, gracias, que amables que son conmigo!

– Oye, Virginia! Una pregunta… que sostén usas? – le dije escamado.

– A qué viene ahora esa pregunta?

– No, bueno, es que…

– Pues mira, para que te enteres: no llevo sostén, vale? Este vestido es muy escotado y se me iba a ver el sostén. Y pensé que no te iba a gustar que todo el mundo lo viera.

– Ya, bueno, pero es que así…

– Qué pasa, Juan? Tampoco te gusta cómo me queda el pecho con este vestido?

– No es eso, mujer!

– Pues debes saber que el sostén no me hace falta para nada! Mis pechos son muy firmes. Y, si no te gusta, pues te aguantas!

– Me gusta, me gusta.

– Voy a buscar la pelota!

– Vaya!

– De verdad, Juan! Estás inaguantable! – y se fue corriendo hasta la otra pista.

Los cuatro hombres la recibieron muy acogedoramente, admirando el balanceo de su pecho. Cuando recogió la pelota, al ver la panorámica de su espléndido trasero, todos aplaudieron de nuevo.

– Hija, de verdad que estás jugando bien.

– Pues mi novio no opina lo mismo!

– Ya. Oímos eso de que no llevas sostén.

– Bueno – ella se ruboriza -, es que este vestido…

– Nosotros pensamos que es muy buena idea. Estos vestiditos de tenis no tapan mucho y no queda elegante ir enseñando el sujetador o las braguitas. – opina el joven del bigote.

– Verdad? Es lo que yo pensé.

– Pues estuviste muy acertada! Además, tu pecho parece muy firme y no necesita sujetador!

– Oh, son ustedes muy amables.

– Y, por lo que vimos, tampoco usas braguitas!

– No, oh! – más ruborizada todavía – Sí, claro que llevo bragas! Sólo que… bueno… quizá no lo parezca porque… bueno… es un tanguita muy pequeño!

– Ah, claro! Así se entiende! Pues tuviste muy buena idea, porque no queda muy elegante ir mostrando las bragas a todo el mundo. Y si el tanga es tan pequeño, claro, no se ve!

– Oye, Virginia, vienes o qué? Qué es tanta cháchara?

– Juan, por favor, no me hagas quedar en ridículo con estos caballeros!

– Oye, ya me estás hartando!

– Sólo estamos hablando un momento. Son muy amables!

– Mira, ya está, yo me voy! Estoy harto! – muy enfadado tira la raqueta al suelo y se va para el vestuario masculino.

– Juan, pero… ya está bien!

– No te preocupes, hija, ya le pasará!

– Oh, me sabe mal! Es que le quiero mucho! Y nos vamos a casar!

– Claro, claro. Bueno, en todas la parejas sucede alguna vez alguna riña.

– Oye, guapa. Eso que decías del tanga, a ver, de verdad que lo llevas? Lo podemos ver? – le pregunta el del pelo largo.

– Eh, no! No, de ninguna manera!

– Claro, claro! Oye, mira, quieres que te enseñemos a jugar a tenis?

– No, es que soy muy patosa!  Y, además, debo irme con mi novio. Le sabría mal si me quedara, saben?

– Claro, claro. Solo unas pelotas. Ven, mira! – el señor maduro se pone tras ella, le coge la mano derecha y le acompaña el brazo con un movimiento suave – Ves? Así!

– Que bien que me explica usted, caballero!

– Y luego, si viene por la izquierda, así, de revés – sigue explicando el señor maduro, con el cuerpo cada vez más pegado al de mi novia.

– Bueno, gracias, yo me debo ir! – avisa Virginia cuando nota crecer el pene del señor en sus nalgas, bajo el pantalón, y se va corriendo, mostrando su culito y de nuevo el baile de su pecho.

– Vale, como quieras!

– Adiós, han sido muy amables!

– Tú lo vales, guapa!

Ya en el vestuario femenino, mi novia se siente acalorada y confusa. Se mira al espejo y se descubre muy guapa, con las mejillas coloradas, un pecho espléndido, unas piernas perfectas. Se da la vuelta y ve lo bien que le queda el vestido. Se agacha un poquito y comprueba que al hacerlo muestra todas las nalgas.

– Claro, ahora entiendo por qué esos señores tan amables pensaron que quizá no llevaba braguitas.

Se quita el vestido y ve que tiene algo húmedo el tanga. Se lo quita y, al lamerlo, comprueba que no es sudor. Acerca un dedo a su vulva.

– Me he puesto algo caliente con esos señores tan amables! Me voy a duchar enseguida. Aunque… hum… tango ganas de…

En ese momento oye voces en el vestuario masculino:

– Pues mira que está buena la chica! Yo le daría clases particulares de tenis, gratis!

– Vaya, y yo! Y no sólo de tenis, de lo que quisiera!

– Yo incluso pagaría por darle clases!

– Pero habéis visto que culo que tiene?

– Sí, y debe ser algo fresca, porque nos lo iba enseñando todo el rato y también el pecho!

– Vaya, y esos grititos? Seguro que lo hacía para calentarnos!

– Y eso que tiene novio!

– Debe ser un cornudo!

– Bueno, es que con una tía así, tan buenorra, cómo no va a ser cornudo?

– Sí, pero, mira, nos ha dejado con las ganas! Tan fresca no será!

– Oh, vaya, esos señores tan amables han pensado que no soy fiel a mi novio! Me sabe mal! Pero estos comentarios, me han calentado más todavía. La ducha puede esperar un momento!

Se tumba en el banquillo, boca arriba, y se empieza a manosear el pecho. Enseguida comienza a jugar con su vulva y su clítoris. No puede evitar unos suspiros y gemidos.

– Eh, un momento! Habéis oído eso?

– Qué? Yo no oí nada!

– Ah, vaya! Me lo habré imaginado!

– Oh, debo vigilar de no hacer ningún ruido. Ay! – se introduce cada vez más dedos en su vagina. Los saca, los huele y los lame – la verdad es que estoy muy rica! Hum!

Entonces ve la raqueta y le pasa una idea por la cabeza. Sonríe pícaramente. La toma por el mango y la lame. Luego la chupa: – Que bonita, así, toda rosa! A ver… – e intenta introducir la punta del mango en su vagina, pero no puede al ser demasiado grueso. Acaricia su ano con la raqueta, luego la vulva y el clítoris. Ahí se detiene y se lo masajea delicadamente, luego con fruición. Está muy caliente, nota como su flujo vaginal aumenta y humedece la vulva, el culo y el banquillo. Vuelve a intentar penetrar su vagina con el mango de la raqueta rosa y ve con mucha satisfacción que ahora sí le cabe la punta.

– Oh, ah! – no puede reprimir suspirar y gritar al llegar al orgasmo.

– Eh, oye, estás ahí, guapa? – Dice el señor maduro.

– Oh, ah! Pero qué hace usted aquí, en el vestuario de señoras?

– Venía a traerte la raqueta de tu novio, perdona. Pero… y tú. Qué haces…? Uy, no, no hace falta que me lo digas! – dice el señor maduro al entrar y ver a mi novia tumbada de espaldas, totalmente desnuda y ensartada con la raqueta. Ella intenta taparse los pechos con una mano y la vulva con la otra.

– Por favor, no mire, caballero!

– Oh, sí, perdona, pero eso es imposible! Pero si tienes la raqueta en… oh! Ya entiendo! Estabas tan caliente que… Eso se avisa, mujer!

– Oh, váyase, fuera!

– Quieres que te ayude? Pero si has mojado completamente el banquillo!

– Se lo ruego, fuera! – y en ese momento consigue apartar la raqueta de su vagina, mostrándola completamente abierta y húmeda al caballero.

– Hija, pero si estás que rezumas! Espera, no te preocupes, yo…

– Que se vaya!

El señor se va temiendo que mi novia gritase demasiado y pudiera aparecer yo. Pero antes le dice, sin apartar los ojos del sexo de mi Virginia: – Mira, te dejo aquí la raqueta de tu novio. A lo mejor también la puedes necesitar!

– Oh, ya está bien, pero que se ha creído? Fuera!

– Qué pasa, papá? Qué son esos gritos? – aparece por una ventanita el joven alto – Oh, vaya, perdona, chica! Pensaba que mi padre estaba aquí!

– No, no está aquí, y no mires! – replica al joven cubriendo sus pechos y su sexo con ambas manos.

– No, no, ya está, adiós!

Virginia se pone el vestido instintivamente. Busca su pequeño tanga pero no lo encuentra.

Piensa:

– Ya se han ido. Qué descarado que ha sido ese señor maduro! Y eso que parecía educado. Mira que decirme que a lo mejor también necesitaría la otra raqueta! Aunque… – se toca la vulva y ve que está muy caliente y húmeda.

Mira con deseo las dos raquetas. Escucha por si oye algún ruido en el otro vestuario y se asegura que ya no hay nadie.

Se pone a cuatro patas encima del banquillo, chupa el mango su bonita raqueta rosa y de golpe se lo introduce de nuevo en su vagina. Esta vez le entra hasta la mitad. Coge la de su novio y se entristece al ver que el mango es mucho mayor y grueso y que no le iba a caber. Así y todo, empieza a lamerlo con gusto. Se lo acerca al clítoris y lo acaricia con delicadeza. Lo vuelve a lamer y a mordisquear. Se detiene por un momento al parecerle oír un ruido. Ve que es una falsa alarma y sigue jugando con las dos raquetas. Se quita la rosa, la lame y disfruta de su rico sabor. Vuelve a mirar mi raqueta y la acerca a su vulva. Ve sus labios abiertos y mojados y se da cuenta de que puede lograrlo. Primero introduce un poco la punta pero ve que el grueso mango cabe y no duda en metérselo hasta el fondo. No puede reprimir jadear y suspirar. Se sube un poco la faldita y masajea su culito con la raqueta rosa. Al estar tan húmeda, entra suavemente en el agujerito. Empieza a gritar sin control al tener un orgasmo increíble. No cesa de mover las dos raquetas en sus agujeros y lame los cordajes de la mía.

– Oye, guapa, quieres otra raqueta? Nosotros te dejamos las nuestras!

Mi novia no entiende de dónde viene esa voz pero no puede parar de masturbarse con las dos raquetas y consigue un multiorgasmo incesante. Desde la ventanita, los cuatro tenistas disfrutan de la visión de Virginia suspirando y gritando, a cuatro patas, con una raqueta en su culo, otra en su vagina y lamiéndola con fruición.

– Sigue, sigue, pero te venimos a ayudar!

– Eh, no, ay, hm, no por favor! – Virginia se saca las dos raquetas, se pone de pie, se baja el vestidito pero ve que casi muestra todo su pecho. No encuentra sus braguitas.

– Hola, niña!

– No, márchese, caballero, voy a gritar!

– Más todavía? Tranquila, tu novio no te va a oír. Hace mucho que salió hacia el coche.

– Por favor, no sea maleducado, señor!

– No, no, al contrario, mujer. Soy tan educado que te voy a ayudar. Verás cómo te gusta!

– Ya le dije que me voy a casar. Y nunca sería infiel a mi novio! Nunca!

– Mira, no tienes por qué ser infiel. Simplemente, yo te ayudo con las raquetas y ya está. Y mi hijo y mis sobrinos, lo mismo- aparecen los tres jóvenes tras el señor mayor.

– Fuera, este es el vestuario de chicas, no pueden estar aquí! Juan! Juan!

– Ya te digo, no grites, que no te puede oír. Además, imagínate que viene y te encuentra aquí con nosotros cuatro. Y además así, sin braguitas y caliente como una mona!

– Uy, sí! Juan iba a pensar mal. Es muy celoso!

– Mira, ven, tiéndete así, de espaldas, en el banquillo.

– No, no!

– Tranquila, no te vamos a hacer nada que no quieras, de verdad.  – El señor maduro acompaña a mi novia y la tumba en el banquillo. El joven alto le sube el vestido y admira su pubis completamente rasurado, los labios hinchados, colorados y húmedos de su vulva.

– Pero que haces? No me subas la falda!

– Eres muy bonita! No te avergüences de mostrarnos tu coñito! – y el joven del pelo largo separa las piernas de la chica y le abre un poquito los labios. Ella responde sin querer con una bocanada de flujo.

– Oh! Ah! – no puede evitar unos suspiros.

– Mira tu bonita raqueta rosa! Todavía está húmeda! Huele muy bien! Me la dejas probar un poco? – pregunta el joven con bigote.

– Oh, no, es que la tuve en… mi vagina… y en mi culo. – confiesa Virginia ruborizada.

– Deja, deja, a ver! – Y la saborea con placer – Está muy rica! Quieres la raqueta, guapa?

– No, no, pero qué dices? No! Bueno, quizá un poquito! – se muere de ganas pero intenta disimularlo sin conseguirlo.

El joven con bigote acaricia la vulva y el clítoris de mi novia. No cesa de emitir flujo. Ella no puede evitar pedir: – Un poquito más, por favor.

– Seguro, guapa, seguro? Sólo lo que tú quieras? Seguro?

– Sí, sí, por favor!

Y el joven con bigote penetra fácilmente a mi novia con el mango de su raqueta rosa. Ella empieza a jadear. El joven del pelo largo mantiene sus piernas abiertas. Un nuevo multiorgasmo sacude a la chica. El mango, completamente mojado, no para de entrar y salir con facilidad de su vagina.

El joven alto coge mi raqueta y pregunta:

– Puedo lamerla un poco?

– Sí, todo lo que quieras!

– Hm, que buena está? La quieres?

– Sí! Pero no puede ser! Es muy gruesa! Tu primo me está penetrando con la mía! Y la de mi novio, tan grande, nunca me cabria en el culo!

– Bueno, es no se sabe, por probar que no quede.

– Sí, inténtalo, inténtalo! – suplica mi novia.

El joven del pelo largo sube más las piernas de Virginia para que su ano se muestre fácilmente a todos. El joven alto se da cuenta que el agujerito es muy pequeño. Entonces tiene una idea:

– Chica, tienes un culo muy bonito, rosadito como tu raqueta. Puedo tocártelo un poco a ver si puedo abrirlo?

– Sí, sí, por favor! Quiero la raqueta de mi novio dentro!

– Eso será difícil.  A ver… – el joven alto masajea el ano Virginia, intenta abrirlo, pero apenas lo consigue unos centímetros. – Oye, chica, puedo lamértelo un poco, a ver si así…

– Lámelo, sí, cómeme todo el culo, sí!

– Hum, que bueno está! Puedo meterte el dedo dentro?

– Claro, méteme un dedo y todos los dedos! Ábrelo, por favor!

El joven consigue introducir un dedo e incluso dos en el culo de mi novia, que está humedecido por su saliva. Así y todo, comprueba que la raqueta no puede caberle.

– Tengo una idea. Mira! – el joven alto baja su pantaloncito y muestra el peno erecto a Virginia. Ella se sorprende. Ve como la punta de la verga está muy húmeda.

– Te importa que te ponga un poco de mi líquido lubricante en el ano y así será más fácil que la raqueta pueda entrar?

– Sí, de acurdo, hazlo por favor!

El joven alto acerca su pene al culito de Virginia y le va depositando el líquido en el ano. Con la puntita lo va repartiendo por los alrededores del agujerito e incluso lo introduce dentro. Entonces se excita tanto que no puede evitar correrse. – Ay, no, ay, hum, lo siento, me corro, me corro!

– Por favor, mira que el líquido vaya a mi ano! – dice excitada Virginia.

– Sí, sí, así, todo en tu culo! Ah! Uy!

– Oh, gracias! Que caliente!

El joven del pelo largo, sin soltar las piernas de mi novia, no puede resistir más y se saca el pene en dirección al culo y la riega abundantemente con su semen. Ella lo agradece sinceramente. El joven del bigote no quiere ser menos y aún sin dejar de penetrar a la chica con la raqueta, ducha su culo con una gran eyaculación.

– Que buenos y amables son conmigo! Y todos me regaron el culo! Gracias! Y usted, caballero? No sería tan amable de darme su semen?

– Uy, niña, pues, sí, me gustaría.

– A ver, déjeme ver su pene, caballero!

– Mira, hija!

– Oh, es muy gruesa, señor! Pero no está erecta. Sólo un poco morcillona.

– Sí, hija, sí, Y así no puedo eyacular en tu ano.

– Necesito mucho semen si no la raqueta de mi novio tan gruesa no podrá entrar!

– Ya, pero, así, si no tengo una erección…

– A ver, señor… antes vi que usted miraba mi pecho. Querría verlo?

– Niña, pues claro! Es muy bonito!

– Pues mire usted! – ella baja un poco el escote y es suficiente para mostrar casi todos sus pechos. – quiere un poco más?

– Sí, sí, por favor!

– Pues mire atentamente, caballero! – y baja algo más el escote y aparece algo de aureola ante la vista de los cuatro.

– Un poco más, un poco más, niña!

– Bueno, ya está, así – y muestra completamente sus bonitos pechos a todos.

– Oh, puedo tocarte las tetas?

– Sí, y, por ser usted, las puede lamer y besar!

Al oír estas palabras, el señor maduro empieza a notar algo de erección. Lame, besa y mama los pechos de mi novia con delicadeza. Ella los coge con ambas manos y se los ofrece en su totalidad.

– A ver, uy, usted ya empieza a tener su pene erecto! Pero que grande que es! Por favor, señor, quiere metérmelo entre mis tetas? Pero no se corra en ellas, eh, que quiero su leche en mi culo!

– Oh, eres un ángel, gracias!

Con el vestido blanco sólo de cinturón, mi novia disfruta de una cubana del señor maduro hasta que este avisa: – Ay, que me viene, que me viene! – y corre hasta disparar su semen en el culo de la chica.

Enseguida, el joven alto, que vuelve a estar empinado como también sus primos, acerca mi raqueta a Virginia y humedece el mango en la lefa de los cuatro tenistas. Mientras el joven del bigote sigue el mete-y-saca  de la raqueta rosa en la vagina de mi novia, el joven alto consigue meter la punta de mi raqueta en su ano. Ella grita de satisfacción: – Sí, así, pero más, más! – y el joven alto le penetra más y más el culo con mi raqueta. Ella estalla en un sonoro y húmedo orgasmo. El joven del pelo largo se acerca con su raqueta roja y la introduce delicadamente en la boca de mi novia. Ella se relame con gusto, todavía en su multiorgasmo. Al verlo, el señor mayor coge su raqueta negra y la introduce entre los rotundos pechos de la chica. Los cuatro hombres mueven con esmero las raquetas y mi chica no puede cesar de gritar y sollozar de placer. El joven del bigote saca la raqueta rosa de la vagina de mi novia y la penetra con contundencia  con su raqueta marrón. Enseguida vuelve a acercar el mango de la rosa y, sin apenas dificultad, la penetra también con esta. Ella grita de gusto. El joven alto tiene su raqueta blanca y le pasa una idea por la cabeza, pero la ve imposible. Aún así, al ver que tanto él como su hermano y su primo vuelven a tener una erección, quiere intentarlo. Con un gesto, les indica que dejen de mover las raquetas y que acerquen la punta de sus miembros al culo de Virginia. Los tres se masturban hasta que riegan el ano de la chica y lo empapan con su semen. Ella agradece de nuevo su eyaculación. Mira al señor maduro y dice:

– Y usted, caballero? No tiene más lechecita para mí?

– Uy, pues ya ves, chica, no estoy empinado.

– Esto se arregla. Venga, venga, folle mi boca, junto a la raqueta del joven del pelo largo. Así, así! Ve cómo crece? Hm! Casi no me cabe! Que rica! Uy, empieza a sacar algo de jugo! Por favor, vaya a mi culo, a mi culo! Corra! – El señor maduro dispara con gusto todo su abundante semen en el culo de mi novia. Enseguida, el joven alto toma su raqueta blanca, que es la que tiene el mango más grueso, y la baña en el semen de los cuatro hombres que está en el culo de Virginia. Y consigue introducir algo la raqueta junto a la mía. Al notar con placer tan lleno su culo, mi Virginita vuelve a volar en un nuevo y estruendoso orgasmo. Así su culo se abre algo más, y la raqueta blanca acompaña hasta el fondo a mi raqueta. El joven del bigote, que mueve las dos raquetas con precisión en la vagina de Virginia, coge su teléfono móvil y fotografía a Virginia con las dos raquetas en el culo, las dos en su vagina, una en las tetas y otra en la boca. Ella mira a la cámara con satisfacción y placer. Guiña un ojo con picardía.

– Oye, no tenéis más raquetas para mí?

– Cómo, aún quieres más raquetas, hija? Pues no, no hay más por aquí!

– Es que veo que el tenis me gusta mucho! – y sonríe pícaramente. – Pues si no hay más raquetas, dadme vuestras pelotas! Venga, acercaros, por favor!

Los cuatro hombres cogen sus testículos y se los regalan a mi novia, que los acaricia con placer, los acerca a su boca, los lame, aún con el mango de la raqueta roja en su boca. Los jóvenes no tardan en volver a excitarse y cuando ella lo ve, dice: – Bueno, si no hay más mangos de raqueta, quizá estos manguitos también servirán! – y les guiña un ojo. El joven del bigote es el primero en reaccionar y se acerca a la vulva de Virginia. Mueve las raquetas con precisión y consigue espacio para penetrar a la chica. El joven del pelo largo hace que Virginia se trague todo su pene y su escroto junto a la raqueta roja. Y el alto va hacía el culo de la chica. Con los dos mangos ensancha el ano de Virginia hasta que consigue encularla también con su erguido pene. Los tres jóvenes penetran a la chica con ganas y ella no puede más que llorar de placer para luego reír de gusto. El señor maduro se masturba pero no consigue tener una erección. Ella se da cuenta y le acerca el pene a sus tetas y le hace una cubana junto a la raqueta negra.

– Por favor, dadme toda vuestra leche por todas partes, venga, por favor!

Los hombres  no se hacen de rogar y eyaculan en la vagina de mi novia, en sus pechos, en su boca y en su culo. Ella explota en otro orgasmo de felicidad.

– Uy, se ha hecho muy tarde, Juan vendrá en cualquier momento a buscarme. Por favor, sacadme las raquetas y vuestros penes, aunque los querría siempre dentro. Gracias, amigos, sois muy amables y educados.

– Tú te lo mereces, chica. Que bien que te guste el tenis! Mira, te dejo estas dos pelotas de recuerdo. Espera, verás, mira ven, a ver, súbete el vestido!

Ella muy obediente vuelve a mostrar todo su culo y su vulva los cuatro tenistas. El señor maduro acerca la pelota de tenis a los labios de la chica y la introduce en un momento en su vagina.

– Oh, pero, ua, qué gusto!

Espera, espera, esto no es todo.  A ver, déjame abrirlo un poco, hum, que bonito!

Y le introduce la otra pelota en el ano: – Así, con las pelotas dentro, no te vas a olvidar de nosotros.

– Oh, pero qué placer, gracias! Me gusta el tenis, sí! Adiós, adiós, marchad, por favor! No tengo tiempo ni de ducharme, es muy tarde! Juan se va a enfadar. Qué amables han sido estos señores! Ya me ducharé en casa. No encuentro el tanga. Se lo habrán llevado ellos de recuerdo. Bueno, se lo merecen, la verdad! Me pongo las otras braguitas limpias y ya está. Pero… vaya! La bolsa abierta! Pero… serán…!? También se llevaron las braguitas limpias! Y el sostén! No se lo reprocho, la verdad es que las braguitas son muy bonitas y el sostén también. Se ganaron estos obsequios. Y yo también tengo los míos! Hum! Ay!

– Juan, perdona que tardara tanto!

– Demasiado, ya me iba a marchar!

– No te enfades, es que… He practicado un poco con esos señores tan amables, con las raquetas, con las pelotas!

– Te habrán comido con los ojos!

– Han sido muy amables y educados, de verdad! Unos caballeros!

– No sé, no sé! Y no te has duchado todavía. Pero hueles muy bien! Y así tan coloradita estás muy bonita!

– Gracias, Juan! Tú estás muy guapo, también. Aunque te veo enfadado!

– No me parece bien que vayamos por la ciudad así, con este vestido tan escotado y tan corto. Te deberías haber vestido bien! A ver si se te van a ver las braguitas y todo!

– No, por eso no te preocupes, amor. Eso es imposible! Tranquilo! Ay! – siente con placer las bolas de tenis en su vagina y en su culo – Hm, te quiero, Juan!

– Yo también te quiero, Virginia!

– Venga, dame un besito! Hum! Ay! Qué rico!

– Gracias!

– Sí, ay, hum!

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Mi adorable novia Virginia (X) – En casa de mis padres

Mi novia Virginia iba a venir a casa de mis padres y a conocer a la mayor parte de mi familia. Aunque ya la había presentado a mis padres, ella nunca había estado en su casa. Hoy venían mis tíos y mis primos a comer y sería un buen día para anunciar nuestra boda. La verdad es que yo estaba muy nervioso por qué les iba a parecer mi novia. Cuando la pasé a recoger y la vi aparecer, mis nervios desaparecieron por completo. Estaba radiante, espléndida! Llevaba un vestidito verde claro, muy sencillo, que le hacía todavía más guapa y esbelta. Cómo no iba a gustar a mi familia?
– Virginia, estás guapísima! – exclamé cuando subió al coche sin poder dejar de mirar sus muslos, que mostró completamente a causa del vestido extremadamente corto.
– Oh, gracias amorcito! Te gusta este vestido?
– Me gustas tú, Virginia! Eres un cielo! Y el vestido es muy bonito, sí!
– Bueno, es que quiero gustar a tu familia y he pensado que este vestido es lindo.
– Es muy, muy bonito, sí. Aunque quizá un poco corto, no? – mirándole los muslos y, por un momento, las braguitas, blancas, que aparecieron por debajo del vestido.
– Estamos en verano, Juan! Y con este calor! – contestó bajándose la falda. Vaya, se había dado cuenta que le miraba las braguitas! Ahora tomaría precauciones y no se la podría mirar más! Pero el estirar el vestido para abajó, provocó que el escote se hiciera mayor.
– Oye, Virginia, no crees que este vestido es demasiado escotado?
– Pero, es que… no decías que el vestido es bonito? Juan!
– No, sí me gusta mucho, pero, no sé, mi familia…
– Va, Juan, seguro que les va a gustar, no te preocupes! Venga, dame un besito! Y deja de mirarme el pecho, por favor, pillín! – dijo pícaramente acercándome su mejilla izquierda.
Al llegar a casa de mis padres, mi madre nos vino a recibir, muy amable y afectuosa: – Virginia, Juan! Por fin llegasteis, mira que sois los últimos. Ya tenemos a toda la familia en casa. Hija, estás guapísima! Que vestido más elegante! Ven, dame dos besos! Mira, te presento: este es José, bueno, Pepito, mi hermano. Ella es Susana, mi cuñada, como una hermana para mí. Y estos son Valentín y Diego, mis sobrinos. Y aquí tienes a Marisa, mi hermana, y a Jorge, su esposo. Ah, y David y Graci, su hijo y su mujer, mis sobrinos. Y este es mi padre, Javier, que no oye muy bien, pobre. Bueno, y a mi marido ya lo conoces, eh?
Mi novia fue saludando y besando amablemente a todos los miembros de mi familia. Nos dispusimos a tomar un aperitivo que mis padres habían dispuesto en una mesa en el jardín. Todos querían estar cerca de mi Virginia, por la novedad, claro, y por su simpatía. Pillé desprevenido a mi primo Diego, mirándole el escote: – Oye, Diego, a ver si te vas a quedar ciego!
– Oh, ah, no, no, Juanito, miraba el vestido de tu novia, que es muy bonito!
– Ya, ya. Va, come patatitas y cortezas, pero no a Virginia con los ojos!
– No, no, de verdad que no le miraba nada! – contestó Diego, sonrojado. Él es muy joven y no es raro que quedara prendado de la belleza de mi novia.
– Oye, Virginia, tus zapatos son muy bonitos. Aunque tan altos! Yo no sabría llevar un tacón así!
– Gracias, Graci! Todo es acostumbrarse. Ya ves que no soy demasiado alta y así, con estos zapatos, quedo como más esbelta.
– Sí, quedas muy bien, prima, se te ve muy bien! – dijo David, admirando el culo de mi novia, muy realzado a causa de los zapatos altos.
– Pero unos talones tan altos, deben saberse llevar. Tú, Virginia, andas muy elegante con ellos. – explica la tía Marisa.
– Gracias, Marisa, ya digo, es la costumbre!
Después del pica-pica, entramos en el comedor a tomar el almuerzo. No sé cómo, pero en un momento vi que, como buitres, mis primos Valentín y Diego se sentaban al lado de mi novia. Vaya! A mí me tocó al lado del abuelo y de mi padre! Vi como Virginia charlaba animadamente toda la comida. Por lo menos veía que la chica se lo pasaba bien con mi familia. No paraba de sonreír a derecha y a izquierda y todos la trataban muy afectuosamente. Que descanso ver que les gustaba!
A David, que se sentaba delante de Virginia, se le cayó el tenedor y al recogerlo, no pudo más que ver las braguitas de mi novia bajo la mesa. Con eso que, al levantarse, se dio un buen golpe. Todo el mundo se rió de él! – Ay, pues me he hecho daño, eh? No os riais, ya está bien! – pero pensaba que había valido la pena! La cuestión es que durante la comida se le cayó otra vez el tenedor y la cucharita para el helado: – Vaya despiste llevo encima, jejejeje, soy patoso! – dijo pensando que quizá se notaría demasiado si volvía a dejar caer algo distraídamente; juraría que al recoger la cuchara vio que mi novia había abierto la piernas para mostrarle mejor sus braguitas: se habría dado cuenta que él la miraba por debajo de la mesa? No, sería una casualidad, claro.
– A ver, David, para ya de tirar los cubiertos, anda! – le dijo simpáticamente su mujer y todos nos reímos de él.
Virginia se sorprendió cuando Valentín le puso la mano en el muslo, por debajo de la mesa. Miró fijamente a mi primo y dejó de sonreír, pero él no apartó la mano. Ella pensó que era un descarado pero que mejor no decir nada para no armar un follón. Decidió disimular y apartarle la mano, pero él no cedía. Bueno, pensó que ya aclararía luego las cosa con él, que era un maleducado. Enseguida se sorprendió al notar una segunda mano, esta vez sobre el otro muslo. Era el jovencito Diego. Al ver lo que hacía su hermano, se atrevió también él. Ella le miró enfadada, pero él no dejó su muslo. Ella se sentía violenta, aunque no sabía qué hacer. Yo, mientras, hablaba de fútbol con mi abuelo y con mi padre. Diego se animó al ver que mi novia no decía nada y subió un poquito la mano bajo el vestido. Al ser tan corto, enseguida se encontró con las braguitas de Virginia. Tan atrevido es que puso un par de dedos bajo ellas, pero entonces sí que mi novia apartó de un manotazo la mano de mi primo. Pero Valentín tomó ejemplo de su hermano menor e hizo lo mismo: levantó decidido el vestido de Virginia y bajó unos centímetros sus braguitas. Aprovechando que la chica se giró enfadada hacia su hermano mayor, Diego volvió a levantarle un poco el vestido y bajar también la parte derecha de las braguitas. A David le cayó la cucharita para el café bajo la mesa y, claro, lo que vio le dejó de piedra: sus primos tocaban descaradamente a mi novia por debajo de la mesa y ella no decía nada, se dejaba hacer! Pero no decían todos que es tan puritana y que todavía es virgen! Pues quién lo iba a decir! Vaya con su futura primita!
– Oye, David, te vas a quedar ahí debajo toda la tarde? Jajajaja! – reía su mujer Graci.
– Es que… es que… no encontraba la cucharilla, mujer! – dijo él mirando a Valentín y al jovencito Diego, que le guiñaron un ojo.
Virginia se levantó de golpe y preguntó dónde estaba el baño. Valentín se ofreció a acompañarla, ante el sonrojo de ella, pero Graci dijo que ya iba con ella, que también debía ir al lavabo. Todos admiraron la silueta de mi novia al alejarse elegantemente de la mesa, acompañada de mi prima.
– Vaya, con esos dos gamberros descarados! Si se lo digo a Juan, le voy a dar un buen disgusto! Mejor guardar el secreto, pero esos a mí no me van a ver más! Huy, pero si tengo las braguitas algo húmedas! Serán cabrones!?
– Ven al jardín, Virginia! Mira, vamos un ratito ahí fuera, que se está muy bien. Y si alguien se anima, puede tomar un baño en la piscina.
– Yo sí me bañaré, tía, que tengo un calor! – dijo contento Diego, con picardía, mirando a Virginia fijamente!
– Yo también estoy sofocado, tía! – gritó Valentín, también mirando con descaro los muslos de mi novia.
– Pues yo no tardaré nada en bañarme, que no aguanto tanto calor – dijo David guiñando un ojo a mi novia y observándole el pecho.
– Y tú, Virginia, no tienes calor? Se te ven las mejillas muy coloraditas! – dijo mi madre amablemente.
– Bueno, sí, algo de calor tengo, sí. Pero… no traje bañador.
– Por eso no te preocupes, primita. Aquí te puedes bañar desnuda, que todos somos de la familia! – contestó Valentín riéndose.
– Valentín, no digas tonterías! – contesté yo, algo enfadado. – aquí nunca nadie nos bañamos desnudos!
– Virginia, si quieres, yo te puedo dejar un bañador – dijo afablemente mi prima Graci. – Como a menudo venimos aquí a la piscina, siempre dejo aquí biquinis y bañadores. Podrás escoger. Aunque no sé si serán de tu talla…
– Gracias, Graci, eres muy amable! – dijo mirando enfadada a Valentín – No sé, pues quizá sí que me bañe, que estoy muy acalorada!
– Claro que sí, hija, aprovecha que tenemos piscina!
Graci acompañó a Virginia a una habitación y le mostró cuatro bañadores y tres biquinis: – Prueba los que te gusten más, a ver si alguno te va bien, Virginia. Yo me voy al jardín, ya saldrás cuando estés, te dejo tranquila.
– Oh, son muy bonitos, Graci!
Mi novia fue observando cada prenda. La verdad era que todos eran muy majos. Pero temía que no fueran de su talla. Aunque ella y Graci eran más o menos igual de altas, mi novia tenía más pecho y difícilmente le cabría en la parte de arriba. – Bueno, probaré, a ver si hay suerte!
Cuando se disponía a quitarse el vestidito, vio que había una ventana en la habitación y se dio cuenta que daba al jardín. Los primos Diego y Valentín, así como David, miraban fijamente hacia la ventana. Ella corrió enseguida a bajar la persiana para estar más tranquila. Se dispuso a probarse un bañador azul claro, muy bonito. Se quitó el vestido, luego el sostén y finalmente las braguitas. Aunque el bañador le entró bien, casi mostraba todo el pecho. La verdad es que quedaba muy sexy, pero evidentemente no era lo más apropiado para la piscina de sus futuros suegros. Y sobre todo con los descarados de sus futuros primos. Se lo quitó y se dio cuenta que había mojado un poquito la parte de abajo: – Vaya, qué va a pensar Graci!? Bueno, en fin.
Se probó un biquini amarillo muy bonito. Las braguitas le quedaban estupendas. Pero se disgustó al ver que no había manera que el pecho le cupiera en la parte de arriba. Es más, mostraba algo de aureola y, casi, el pezón: – Vaya, y mira que es bonito! Si estuviera sólo con Juan y ya estuviéramos casados, este sería perfecto. Pero, imagínate con los primos aquí en la piscina! Cómo se iban a poner! Huy, vaya, estoy mojando estas braguitas también! Me las quito enseguida! No puedo devolverle así los bañadores a Graci! Quizá si lamo un poco las braguitas y luego dejo que se seque la saliva… a ver… hum… está rico, la verdad…
Oyó que uno de los primos decía: – Voy a cambiarme, que me voy a bañar, tíos!
– Muy bien, muy bien. Y vosotros, no?
– Bueno, quizá luego…
– Hola, prima! Oh, pero qué estás haciendo? Lames las braguitas de Graci? Es que te quedaste con hambre? – dijo sorprendido Valentín entrando de golpe en la habitación donde sabía que estaba mi novia.
– Eh? Fuera de aquí! Que me estoy cambiando!
– Oye, la parte de arriba del biquini te queda muy bien! No busques más! Y la de abajo… pues no sé porque no la llevas puesta!
– Te digo que te marches ya o voy a gritar! – amenazó mi novia, cubriéndose el sexo con la mano que tenía libre y el pecho con la que llevaba las braguitas.
– No, no, no te enfades! Oye que vamos a ser primos! Ya me voy! Pero déjame verte un momento, va!
– Fuera o grito ahora mismo!
– Adiós, te espero en la piscina!
– Adiós, vete, así! Vaya, que descarado es este Valentín! Y yo, caliente como una mona! He dejado la mano empapada! – y Virginia empezó a lamer los dedos húmedos con su flujo. – Está rico!
Se quitó el minúsculo biquini y se probó uno colorado. Aunque en este caso el pecho le quedaba bastante cubierto, la parte de abajo era tipo tanga. No podía salir así ante los tíos y los primos. No, si, al final tendría que abandonar la idea de bañarse. O hacerlo desnuda. No, eso sí que era imposible! Se dio cuenta que tenía que lamer también el tanga colorado porque estaba empapado. Por suerte, vio que su flujo le gustaba. Luego se probó un bañador negro, tipo nadadora, pero no había manera de caber dentro. Después de lamerlo bien, intentó ponerse un bañador estampado muy vivo y otro color blanco con unos volantes. Pero no había manera! Su pecho perfecto era demasiado grande para esos bañadores! Ya sólo quedaba un biquini para probar. Lo dejó para el final porque ya se había dado cuenta que el sostén era minúsculo, para un pecho casi de niña. La verdad era que el biquini era muy bonito. La braguita verde, tipo culotte, le quedaba de muerte! A ver, si con un poco de suerte… Se puso el sostén. Se miró en el espejo. Estaba radiante, perfecta! Pero, ay! Una buena parte del pezón sobresalía por arriba y los pechos aparecían por debajo y por los lados: – Como me vieran así los primos! – Sólo de pensarlo, se calentaba. Al darse cuenta se quitó enseguida la braguita y empezó a lamerla al verla tan empapada. Oyó alguien tras la puerta! Gritó: – Valentín! Qué te dije?
– Siento decepcionarte, prima! No soy Valentín! – dijo sonriendo astutamente David.
– David, qué haces aquí? Me estoy cambiando, sal por favor.
– Virginia, este sostén te queda de muerte! Mucho mejor que a mi mujer!
– David, pero… vete por favor!
– Espera, solo un momento! Veo que estás lamiendo las braguitas… Ven, te ayudo! Dame!
– No, no, vete ya! Que estoy desnuda!
– Bueno, eso no es malo cuando se tiene un cuerpo tan perfecto! – dijo David relamiéndose y mirando a mi novia, que apenas se cubría como podía.
– O te vas ahora mismo o voy a gritar! Verás cómo se pondrá tu mujer! Y mi novio!
– Deja a mi mujer en paz. Y tu novio está durmiendo en la tumbona, tranquila!
– Grito ahora mismo! Ya!
– Por mí, grita! Pero no soy tonto! Vi cómo te dejabas manosear bajo la mesa en la comida!
– Pero… cómo? No, no es cierto! Pero qué dices!?
– Sí, no te hagas la ingenua! Vi como mis dos primos te tocaban! Y cuando tú te diste cuenta de que yo miraba, abriste más las piernas, para que te viera mejor!
– Eso es mentira! Pero qué te has creído?! Fuera!
– Mira, o te callas ya o soy yo que despierto a Juan y les cuento a todos lo que hiciste en la comida! Y no lo podrás negar, porque Valentín y Dieguito dirán que es cierto!
– No, por favor, eso no, qué iban a pensar? Pobre Juan!
– Vale, tranquila, mira, pórtate bien conmigo y ya está. No grites, vale? Y, por favor, aparta la mano de tus pechos, que para eso llevas la parte de arriba del biquini. Muy bien, así. Te queda muy bien! Sabes? Tienes unas aureolas muy bonitas. Y unas tetas… uau!
– Gracias, David! Vale, ya está, y ahora vete!
– Vale, enseguida! Sólo una cosa y ya está. Dame las braguitas, déjame probar si saben bien. A ver… oh, hum… están riquísimas… este no es el flujo de mi mujer… oye, tienes muy buen sabor! A ver, aparta la mano de tu coño!
– Pero que dices? No, ya está, fuera!
– Va, solo quiero verte un momento y me voy, de verdad!
– Si es así…
– Hija, pero si estás completamente rasurada! Qué bonito!
– Gracias, eres amable. Ya está!
– A ver, acércame tu mano! Hum, está húmeda! Qué bien huele! Déjame probar… oh, que rico!
Al sentir la lengua de David en su mano, mi novia se calentó todavía más. Al notarse tan húmeda, se tapó la vulva con la otra mano. Al darse cuenta David, le tomó también esa mano y se la lamió y besó con fervor. Pero ella seguía calentándose y rezumando jugo.
– Prima, veo que eres una chica muy caliente! Así no vamos a solucionarlo. Huy, pero si estás dejando gotitas en el suelo!
– Claro, porque me tienes las dos manos cogidas y no me puedo cubrir! Va, déjame!
– Te dejo, prima, te dejo. Gracias!
– No, si… gracias a ti!
Al quedarse sola tuvo un sentimiento de tristeza y de abandono. Que amable que había estado David con ella. Bueno, tenía que salir ya! Se volvería a vestir y diría que al final no se iba a bañar, que no había ningún bañador que le sentara bien. Pero antes… estaba tan caliente! Olió sus manos y notó a David en ellas. Las lamió y saboreó su flujo mezclado con la saliva de su futuro primo. Estaban muy buenas! Se tocó suavemente el clítoris y se metió los cinco dedos en la vagina. Empezó a masturbarse. Se miró al espejo y vio que estaba a cien. Pero también que aparecía una figura tras ella!
– Mira, primita, que traigo refuerzos!
Era David! Y tras él, Valentín, que dijo: – Caray, Virginia, este biquini te queda todavía mejor que el amarillo! – y le miraba fijamente el pecho.
– Oh, pero, qué hacéis aquí? Fuera, fuera! O me pongo a gritar!
– Prima, prima, tranquila! No te conviene gritar! A ver, así, desnuda, con nosotros aquí contigo! Y tan húmeda como estás! Y además les contaríamos lo que hiciste durante la comida!
– Yo? Pero si no hice nada malo!
– Bueno, Virginia, la verdad es que dejaste que te tocáramos mi hermano y yo por debajo de la mesa! Y un buen rato!
– Sí, yo lo vi! Y además, te abriste de piernas cuando te diste cuenta de que yo te miraba por debajo de la mesa!
– Eso no es verdad! No!
– Mira, Virginia! Tranquila! Hemos venido a ayudarte! Yo solo no podía! Ahora, con Valentín, verá cómo te secamos y no debes preocuparte. Mira, Valentín, cógele las dos manos! Sécalas con la lengua! Verás que saben muy bien!
– Hum, sí, están muy ricas!
Y yo, Virginia, te ayudaré también. Mira, Valentín, como está chorreando!
– Prima, es verdad! Estás vertiendo gotitas en el suelo!
– Es que, es verdad, qué vergüenza! – exclamó sonrojada mi novia.
– Venga, no te preocupes! Yo te ayudo! Mira! Abre un poquito las piernas! Ves? – dijo David lamiendo la vulva a mi novia. – Estás muy buena! A ver, deja que te abra un poquito el chochito, hum, está muy húmedo y caliente! Deja que te meta la lengua y te lo seque! Hum, así, buena chica!
– Va, va, por favor, ya está! Dejadme tranquila! Va!
– Sus manos ya están más secas, David!
– Vale, muy bien, Valentín! Pues mira, ayúdame con su coño, que yo solo no doy abasto!
– No, no, pero… qué? Va… ay!
Ambos hombres en cuclillas lamían la vulva de mi novia, le introducían las dos lenguas… hasta que ella explotó en un sonoro orgasmo! David se levantó enseguida para taparle la boca y que no gritara de placer y no se enteraran en el jardín.
– Huy, ha sido extraordinario, David! – dijo Valentín todavía admirando la vulva de Virginia!
– Sí, Valentín! Tendremos una prima extraordinaria en la familia! Te gustó, Virginia?
– La verdad es que sí, mucho! Estaba muy caliente. Os lo agradezco. Y ahora, os vais y ya salgo enseguida.
– Si quieres, todavía te podemos ayudar más, prima! – dijo pícaramente David, señalando un bulto en su pantalón
– Sí, yo también te puedo ayudar, primita! – exclamó Valentín mostrando un paquete abultado en su bañador.
Ella contestó: – No, no, por favor, ya basta! Os vais ya!
– Bueno, ya nos dijo Juan que queréis casaros siendo ambos vírgenes!
– Ah, eso os dijo? Bueno, sí, esa es la verdad, es nuestra ilusión.
– Y la respetamos, primita! De acuerdo, pues nos vamos. Aunque mira como me dejas! – dijo David y se abrió la bragueta sacándose su pene totalmente erecto.
– Oh! – no pudo evitar exclamar mi novia al ver una verga enorme.
– Vale, como quieras, Virginia! Nos vamos!
– Esperad, esperad, David!
– No, no, eres virgen y quieres seguir siéndolo, Virginia. Le debemos un respeto a Juan.
– Sí, le quiero mucho. Pero, es que… – y no dejaba de mirar el pene de David – bueno, puedo seguir siendo virgen… pero… ven, ven, David, por favor, no te vayas!
Virginia agarra la verga de mi primo y empieza a masturbarla. Enseguida la coge también con la otra mano. Se sorprende al ver que todavía crece más y se hace también más gruesa.
– Pero, esto es increíble! Menudo pollón! Lo quiero, hum, que bueno! Te lo puedo comer?
– Por favor, sí, estaba deseando que me la chuparas! Tómala, tómala toda si puedes, prima!
Y Virginia se la tragó toda de un golpe hasta casi ahogarse. La besó, la mordisqueó, se la chupó!
Mientras, Valentín se había sacado su pene y se masturbaba ante la chica. Ella, al verlo, le dijo que se le acercara. Le tomó la verga con las dos manos y se la aproximó al pecho. Se la metió en el escote y le hizo una buena cubana, entre sus pechos perfectos. Valentín se sentía en el cielo. En esas que Virginia nota que algo le toca la vulva. Ve que es el joven Diego. Con el pene en la mano, está intentando penetrar a la chica. Su hermano Valentín, al verlo, le dice: – No, Diego! Qué haces aquí? Verás cómo se enteren los papas!
– Es que al ver que tardabais tanto, me dijeron que viniera a ver qué pasaba! Y, al veros así, mira como estoy! – y muestra a todos su pene inhiesto.
– Bueno, Virginia, qué te parece? Se puede quedar el chico?
Ella, admirando también el buen tamaño de la verga del joven, dice, con el enorme pene de David en la boca: – Sí, sí que se quede! Mira, ven, chaval!
Él se acerca a Virginia y esta le toma el pene con una mano y empieza a masturbarlo. Enseguida el joven eyacula en la cara de la chica. Al verlo su hermano, no puede más y también tiene un orgasmo en el pecho de mi novia. Ella, casi sin que se pueda entender, dice: – Oh, has manchado el biquini de Graci! A ver, Valentín, quítamelo, que lo voy a lamer para limpiarlo!
Cuando Valentín le quita el sostén, aparecen rotundos los pechos de Virginia. El joven Diego se empalma en un momento: – Oh, qué tetas tan bonitas y grandes!
Ella dice: – Diego, quieres comérmelas un poquito?
Él, con algo de reparo, dice: – Es que están llenas de leche, prima.
– Ah, sí, claro. Pero si está muy rica. Mira! – recoge algo de lefa con un dedo y lo saborea, sacando la lengua, aún con el pene de David, que no para de follarle la boca. – Mira, ven, Diego, pon tu polla aquí, entre las tetas, así, hum, ves? Así te gusta?
– Sí, Virginia, uau!
– Ven, Valentín, acércate, que veo que ya vuelves a estar empalmado – dice la chica agarrando el pene de mi primo y masturbándole con una mano.
– Ay, Virginia, ay, huy, yo ya acabo, ay! – grita David – Ua, ua, dios!
La explosión de semen en la boca de mi novia es tal que le rezuma por los labios y se calienta tanto que la lleva al éxtasis en otro orgasmo. El joven Diego vuelve a explotar, ahora en los bonitos pechos de la chica, y junta su semen al de su hermano. Este también eyacula en la mano de Virginia que, cuando se da cuenta, apunta el pene hacia su cara y, especialmente, sus labios. Enseguida se relame y se va limpiando del sabroso jugo. Toma el sostén verde y empieza a lamerle el semen: – Que bueno que está! Espero que quede limpito!
David se acerca a la ventana, y a través de la persiana, se asegura que todo el mundo está en el jardín y nadie sospecha nada. Ve como yo estoy completamente dormido. Mientras, mi novia limpia con la lengua el semen del biquini de Graci. Cuando ya no queda, va recogiendo más de sus tetas totalmente empapadas. David coge las braguitas de Virginia, las acerca a su vulva y las empapa con su flujo. Luego las huele y lame con fruición. Sus primos siguen su ejemplo y humedecen los biquinis de Graci en el sexo de mi novia y los limpian ávidos.
– Pero que buena estás!
– Vuestro semen también es muy rico! Gracias, primos! Pero no vayáis a decirle nada a nadie!
– Tranquila, primita, nunca nadie lo sabrá!
– Habéis sido muy buenos conmigo! Os lo agradezco!
– Para eso estamos la familia, Virginia!
– Lástima que no quieras dejar de ser virgen, que si no…
– No, eso, no, se lo debo a Juan!
– Ya, pero, mira como estoy!
Virginia ya se había dado cuenta que David volvía a tener su gran pene totalmente empinado: – Sí, ya veo, David. Pero… hum… la verdad es que… mira, espera…!
La chica da la espalda a sus futuros primos, se pone a cuatro patas y les muestra el culo contorneándose. Los hombres se dan cuenta que su vulva vuelve a rezumar. David tiene una gran tentación de penetrarla, pero no quiere traicionar a su primo. Así y todo se acerca. Le huele la vulva y se la lame. Los otros dos primos le cogen las tetas y, ya bien limpias, se las maman con placer. Ella suspira y emite pequeños gemidos. No para de llenar la boca de David con su flujo. Él no puede más y acerca su pene a la vulva de mi novia. Ella se da cuenta que no puede follar con mi primo porque la familia sabría que dejó de ser virgen. Entonces tiene una idea. Aparta el pene de David y introduce un par de dedos en su vagina. Luego se los introduce en el ano. Él lo mira sorprendido. Se da cuenta que, lástima!, el agujerito de mi novia es muy pequeño. Ella repite la operación con todos los dedos. Va metiendo y sacando ya media mano de su culo. La va humedeciendo en su vulva. Separa los dedos y engrandece el ano. David ve esperanzado que el agujerito se va ampliando para él. Ella gira la cabeza hacía mi primo y le dice, pícaramente, que sí. Él no se hace de rogar y apunta su pene hacia el ano de la chica. Primero introduce toda la punta, que entra milagrosamente, y de un golpe, la penetra totalmente. Cuando los primos se dan cuenta dicen, sorprendidos: – Pero si te está dando por el culo!
– Sí, uau, y me gusta! Que pasada! Si queréis, vosotros también me podéis dar por el culo luego!
– Oh, sí, oh! – Y acercan sus penes a la boca de Virginia. Ella se da cuenta de que están muy calientes y se los introduce en la boca. Los mama con gusto. Los dos chicos están en la gloria. David bombea enérgicamente el culo de la chica, que está en pompa para él. Ella se siente en el cielo. Los tres hombres eyaculan en la joven y ella tiene un orgasmo salvaje. No pueden evitar gritar extasiados!
– Pero, qué pasa aquí? – Exclaman mis tíos José y Jorge, sorprendidos en el umbral de la habitación.
– Papá! – dice David!
– Papá! – gritan Valentín y Diego.
– Oh, que vergüenza! – dice Virginia, todavía a cuatro patas y con la verga de David en el culo y las de los otros primos en la boca!
– Papá, no es lo que parece! Es que la chica está muy buena, iba muy caliente… – se excusa David.
– Papá, ya en la comida nos excitó, hizo que le tocáramos los muslos, por debajo de la mesa, las braguitas, el coñito…
– Oh, pero, seréis mentirosos – se defiende Virginia, aunque apenas se le entiende con los dos penes en la boca.
– Nos sabe mal por Juan, pobre, un cornudo! Un sobrino cornudo! Y decían que eras virgen y pura!
– Bueno, papá, en realidad, no la hemos follado! Técnicamente sigue siendo virgen!
– Sí, es cierto, sólo la he dado por el culo, papá, tío!
– Eso es cierto, señores, sigo virgen como antes de entrar por la puerta de esta casa. – aclara Virginia con las dos vergas aún llenándole la boca.
– Ya, bueno, si es así…
– No sé, la verdad.
– Mira, Virginia, por qué no demuestras a papá y a tío José lo buena que eres. Va, como lo has sido con nosotros!
– No, si vosotros tres lo habéis sido conmigo también.
– Mira, papa, yo saco mi pene de su culo, ves, mira que grande le queda el agujero!
– Señores, si se dan prisa, uno de ustedes puede encularme, que yo estoy muy caliente!
Mi tío José se saca su pene bien tieso y aprovechando que el culo de mi novia esté abierto y lleno de semen, se lo introduce en un momento. En esas que Jorge muestra su verga, que está morcillona aunque fláccida. Mi novia lo ve y dice: – Oh, tío! Que grande tiene usted el pene! Vaya, de tal palo tal astilla, eh, David? Venga usted, acérquela a mi boca. Así, así, ve? Hum! Hmpfsx! Pero si todavía crece más, es enorme! Que buena está! Mire, a ver, sáquela, quiere usted darme también por detrás?
– Eh, no, Virginia, que ahí estoy yo!
– Tranquilo, tío José! Lo tengo bien abierto para los dos, ya verá, apártese un poquito, así. Va, tío Jorge, meta la punta, así, hum, uau, un poco más… ahh! Ay! Uaau! No puedo, no puedo, me corro, ay!
– Pero qué son estos gritos? Qué pasa aquí? Pero… eh? Esto parece una casa de putas! José, hijo mío, pero qué haces dando por el culo a tu futura sobrina! Y tú, Jorge!? Como se entere mi hija, verás!
– Papá, no es lo que parece! No…
– Don Javier, es que la chica estaba muy caliente y… vaya que… le hemos hecho un favor!
– No entiendo lo que me decís, ya sabéis que no oigo muy bien… a ver… pero si la chica tiene el coño ardiendo, pobrecita! Y nadie es capaz de follarla bien?
– No, abuelo, es que quiere seguir virgen hasta el matrimonio?
– Sí, sí, el coño, a ver… dejadme a mí… – el abuelo se saca el pene algo erecto y lo enseña a la chica, da unos golpecitos con él en sus mejillas y se tumba bajo mi novia. Ella, siendo bombeado su culo por mis dos tíos, hace para acercarse a mi abuelo que la penetra en un momento.
– Uau, la puta! Pero qué coño más caliente que tiene la muy zorrita! Y que bien follas, marrana! Vamos, que sé que te gusta! Ay, uau, que puta! Vaya zorra tiene mi nieto por novia! Uau, así, así, puerca! Así! Esta tiene de virgen lo que yo! Será cerda? – grita desesperado el abuelo mientras también sorbe las tetas de mi novia.
– Papá, por favor, no grites, que vas a despertar a Juan! Claro, como es sordo, no se da cuenta de sus gritos!
– Guarrita, folla, folla conmigo! Ay, si mi pobre mujer pudiera verme, así, tan bien! Puta, ramera! Pero que niña más caliente! Ardes!
– Vamos, vamos, folladme bien el culo! Abuelo, hasta dentro, más fuerte, venga!
Mis tres primos volvían a estar empalmados y no podían aguantar más. Diego y Valentín introdujeron sus penes en la boca de mi novia que los recibió con gusto y agrado. David tenía su enorme pene en la mano y se lo masajeaba. Mi novia, al verlo, dijo:
– David, ven, no quiero desaprovechar la ocasión de volver a tener tu pollón. Métemelo por donde quieras, de verdad!
– Qué más quisiera, prima! Estás toda llena!
– A ver, tengo el culo muy dilatado, intenta metérmela por allí, va!
– Virginia! Pero si te están dando por el culo mi tío y mi padre! Y mi padre tiene una polla muy grande!
– Pues fóllame el chocho, va, que ardo, quiero tu pollón, ya!
– Pero si está el abuelo metiéndola entera!
– Ven, túmbate al lado de don Javier, yo me abro más para ti, así, entra, métela, a dentro, venga!
Aunque parecía un milagro, David consiguió juntar su pene al del abuelo y follar el caliente y húmedo coño de mi novia. Ella estaba en éxtasis! Los seis hombres eyacularon en la chica, que se sintió feliz. Ella se tragó todo el semen de la que sería su nueva familia. Su boca estaba llena con la leche de Diego y de Valentín. Su vagina rezumaba del semen del abuelo y de David. Su culo estaba inundado por la lefa de sus nuevos tíos. Hicieron un pacto entre todos de no decir nada a mis padres ni a las tías, ni a mí, claro. Eso sí, a cambio que, de vez en cuando, Virginia se mostrara cariñosa con los caballeros. El abuelo, que al final entendió el acuerdo dijo: – Vaya, que será como si fuera nuestra puta, pero gratis, jajajaja, eso está bien, zorrita!
– Juan, Juan, despierta, qué, te tomas un baño conmigo? Vamos? – Me llamaba Virginia desde la piscina y me salpicaba con agua demasiado fresca para mi gusto. – Venga, que llevas toda la tarde durmiendo! Oye, sabes que tu familia me gusta mucho? Todos son muy amables y cariñosos conmigo!
– Tu novia es la mejor! Nos ha gustado mucho, de verdad! – gritaba tío Jorge desde la piscina. Todos los hombres de mi familia se estaban bañando al lado de mi novia, felices y contentos. Ella llevaba un biquini amarillo de Graci. Casi se le veía todo el pecho! No me extrañó ver a todos los hombres mirándola como buitres! La devoraban con los ojos! Entonces me di cuenta que me estaba empalmando y me di la vuelta en la tumbona para disimular.
– Será zorra la cría! Pero si se le ven todas las tetas! – gritó el abuelo con ojos como platos.
– Abuelo! – gritamos todos a una sola voz!

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Mi adorable novia Virginia (IX) – En la escuela

Mi adorable novia Virginia acompañó a doña Pilar, la dueña de la tienda de moda, a dar una charla en la escuela de más prestigio de la ciudad. Se trata de un centro privado, sólo para ricos. Mi novia se vistió para la ocasión y la verdad es que realmente parecía una colegiala: blusa blanca con corbata roja, faldita plisada de cuadros, muy corta, medias blancas con unos lacitos hasta la rodilla  y zapatos de tacón alto. Dos coletas con dos lazos redondeaban el conjunto, así como las mejillas coloreadas. Cuando la vio doña Pilar le dijo, admirada y orgullosa de ella, que podría pasar por una alumna.

Al llegar al jardín ya en la escuela, los alumnos mayores que vieron a mi novia, no le quitaban los ojos de encima. Las alumnas, que vestían uniforme azul oscuro, con falda corta y calcetines blancos, también admiraban sorprendidas a Virginia:

– Qué bonita es la chica nueva!

– Oye, tú, cómo te llamas? Quieres ser nuestra amiga?

– A qué clase vas? Quisiera sentarme contigo, guapa!

Mi Virginita se divertía con la confusión de los chicos y chicas.

– Señora, su hija no viste el uniforme de la escuela! – dijo el conserje en la puerta de entrada al edificio.

– No, no, je, je, no es mi hija! Somos las señoras que venimos a dar la conferencia sobre el mundo de la moda actual – contestó doña Pilar.

– Ah, perdone, es que al ver tan joven a su compañera, pensé…

– No pasa nada, es normal, caballero. Ella es muy joven y bonita. Y muy preparada!

– Las acompaño para que hablen con el director.

– Muchas gracias, es usted muy amable.

– Pasen, pasen, por aquí.

Cuando Don Sánchez Lugón vio a doña Pilar y a mi Virginia, las saludó muy cordialmente.

– Son ustedes muy elegantes. Se nota que dominan todo el tema de la moda. Muchas gracias por su visita, es un placer! Gregorio, yo mismo acompañaré a estas damas a la clase dónde las esperan. Por favor, señoras, delante mío, por aquí – dijo amablemente el director, colocándose tras las dos mujeres para poder admirar su culo de manera disimulada.

– Señor García Vergatti, estas son las señoras de la tienda de moda para la conferencia.

– Hola, señoras, bienvenidas! Huy, yo habría pensado que tú eras una alumna, que joven! Entren, entren, por favor! Miren, esta clase es de los que están estudiando para ser grandes sastres, modistos, etc. Ya están en el último curso, son los mayores de la escuela. Piensen que nuestros alumnos son los que salen mejor preparados del país! Sólo hay varones, puesto que en nuestro centro no mezclamos chicos con chicas. Están en clases separadas para que no se distraigan.

El director presenta a las conferenciantes: – Bueno, queridos alumnos, aquí tenemos a la Señora Pilar Remuelgo y a la señorita Virginia Ibars que os van a dar la conferencia más importante de este curso y de vuestra carrera.

– Buenos días, señoras! – corean todos los alumnos al unísono.

– Buenos días, chicos! – contestan las dos mujeres. Mi novia estaba sorprendida de lo bien educados y guapos que eran los jóvenes estudiantes.

– Que majos que son todos! – dice en voz alta doña Pilar.

El profesor dice: – Señora, señorita, disponen ustedes de las modernísimas pizarras digitales para su conferencia. Asimismo tienen para ustedes estas sillas aquí delante para que se sientan muy cómodas. Alumnos, atención, debéis tomar apuntes y al final habrá un turno para que preguntéis todo lo que se os ocurra. Relacionado, claro está, con el tema de la conferencia. Cuando ustedes deseen, pueden comenzar.

– Bueno, espere, espere, señor García Vergatti, que quizá las damas quieran tomar algo antes – dice amablemente el director.

– Uy, pues la verdad, me vendría muy bien un café! – contesta doña Pilar- Y si pudiera ser con unas pastas, todavía mejor!

– Por supuesto, señoras, me acompañan a mi despacho y desayunan ustedes tranquilamente!

– Pero se nos haría muy tarde! Qué te parece, Virginia, si empiezas tú la charla, y luego vengo y continúo yo?

– Sí, mejor, doña Pilar, porque he quedado a comer con mi novio y no querría hacerle esperar.

– Pues ya está, muy bien. Usted, señora, me acompaña y la joven puede empezar la conferencia. Venga, venga, por aquí, delante mío, por favor.

– Virginia es una joven muy preparada y muy inteligente. No se preocupe, señor director, que hará una conferencia perfecta.

– No, si no me preocupo, no. Se la ve muy niña, casi como una de nuestras alumnas mayores, pero seguro que lo hará muy bien. Pase, pase – dice el director sin quitar los ojos de encima a doña Pilar, muy guapa y elegante.

En la clase, Virginia se sienta delante de los alumnos. Enseguida algunos empiezan a sonreír y abrir los ojos como platos porque, al sentarse, mi novia no puede evitar mostrar por un momento sus braguitas ante todos. – Vaya – piensa- me parece que me pasé con esta falda tan corta! Pensé que me sentaría tras una mesa!

El profesor, que también ve las bragas de Virginia y no puede evitar mirar los muslos de mi novia alza la voz ruborizado: – A ver, atención y silencio, chicos. No querría suspender a ninguno!

Enseguida, Virginia cruza las piernas y así evita enseñar más de la cuenta, aunque, claro, muestra completamente sus bonitos muslos. La verdad es que Virginia da una conferencia muy interesante. Habla muy bien, muy claro, cautiva a la audiencia. Hasta que se levanta para escribir en la pizarra. Entonces, al girarse y estirar el brazo, se le sube tanto la faldita que descubre sus nalgas casi completamente. Un “oh” de sorpresa rompe el silencio de los alumnos, así como alguna carcajada y comentarios como:

– Lleva un tanga diminuto!

– Vaya, que rico que tiene el culo la niña!

– Alumnas como estas tendría que haber en la escuela!

– Que buena que está!

– Y que bien que enseña la profesora!

El profesor alucina con la falda traviesa de mi novia y con su culo. Pero enseguida se recupera de su sorpresa y avisa a sus alumnos: – Silencio, otro comentario como este y se termina la conferencia. Y todos suspendidos! Educación, sobre todo educación! Perdone, señorita Ibars, es que están un una edad en que…

– No, no, no pasa nada! La culpa es mía. Me pareció de venir vestida de colegiala para no desentonar.

– E hizo muy bien, muy bien, yo se lo apruebo. De verdad que parece una alumna. Y escogió un uniforme muy bonito y adecuado.

Virginia, ruborizada, sonríe al profesor. Siente un calor tremendo y, sin darse cuenta, se desabrocha un par de botones de la blusita. Sólo desea que vuelva doña Pilar y continúe ella la conferencia. Tarda demasiado. Mira a los alumnos muy seria y hace un gesto de reprimenda. Se calma y continua la charla. Los alumnos están muy atentos, pero no tanto a sus palabras sino sobre todo, a las piernas de mi novia, a cualquier milímetro que pueda subir la falda, al escote que muestra un poco el sostén… Virginia siente todos los ojos pegados a ella y no puede evitar excitarse algo. La verdad es que son todos muy guapos, jóvenes, altos y fuertes. Muy apetecibles, vamos. Y ella está muy caliente!

Ya termina la charla y doña Pilar todavía no regresa. Empieza el turno de preguntas. Si las primeras son realmente adecuadas e interesantes, después empieza a haber algunas algo más curiosas:

– Señorita Ibars, hoy en día qué cree más adecuado, bragas o tanga? Sobre todo si llevas una falda muy corta!

– Señor López! Esta pregunta no es correcta! No ve usted que avergüenza a la chica? Además, si la mujer es guapa, como es en este caso, no hay nada malo en mostrar un poco su cuerpo!

– Gracias, señor García Vergatti! – dice algo avergonzada mi novia.

– Señorita Ibars, cómo es que siendo tan joven sabe tanto de moda? Cuando cumplirá usted los dieciocho años? Yo tengo 20 y esperaré a que usted sea mayor de edad para…

– A ver, Señor Sala, esta pregunta no es adecuada!

– No, no pasa nada, Señor García Vergatti. Es que vestida así me ven muy chica, pero ya pasé de los dieciocho hace bastante!

– A sí? Pues de verdad que usted aparenta dieciséis o diecisiete!

– Es usted muy amable, Señor García Vergatti!

– Señorita Virginia, ha estado alguna vez con un hombre? Si usted quiere, aquí hay uno que estaría encantado a…

– Señor Ansélmez! Pero esto qué es? Educación y respeto!

– No, ya contesto al joven. No, nunca he estado con nadie. Pronto me voy a casar y quiero hacerlo siendo virgen hasta la noche de bodas.

– Señorita, por qué no vuelve a escribir en la pizarra? Pero hágalo en la parte de abajo, es que no me quedó muy claro el concepto de…

– Esto es el colmo! Señor Migue! Pero, bueno quizá sí que debería usted recalcar más algunas palabras clave del tema. Es verdad, señorita, que la pizarra está ya muy llena y sólo queda algo de espacio en la parte de abajo. – dice el profesor, muriéndose de ganas que mi novia escriba.

– Bueno, estad muy atentos chicos! – contesta amablemente Virginita cuando escribe en la parte de abajo de la pizarra. Los alumnos y el profesor de veras están atentos cuando al doblar la espalda, ella enseña todo el culo, sólo cubierto por un minúsculo tanga.

– Señorita, – dice un alumno con mucho vello en la cara- no se gire ni se levante, que enseña mucho y muy bien, continúe escribiendo. Le parece apropiado ponerse unas braguitas todavía húmedas? O es que las ha mojado durante la conferencia?

Mi novia, avergonzada pero excitada, no puede evitar soltar más flujo que moja todavía más su tanga.

– Virginia, es cierto que las braguitas blancas se vuelven trasparentes si se humedecen? Huy, no hace falta que conteste, ya veo que sí! – dice un alumno fornido antes de soltar una carcajada.

– Señorita, cómo cree que una chica va más a la moda, con el coñito depilado o con pelo? No responda, no, que ya veo la respuesta: completamente rasurado! Que bonito!

– Bueno, por favor, basta ya! – grita mi novia humillada, girándose hacia la clase y estirando la parte de debajo de la falda.

– Señorita, perdone a mis alumnos, esto es intolerable!

– No, si supongo que es normal, me ven como a una alumna…

– Una pregunta, señorita, no tiene miedo que le explote el sostén? Está usted algo alterada, respira muy fuerte y… Bueno, es adecuado llevar unas tallas menos de sostén si una chica tiene el pecho así de grande?

– Señorita, perdone, pero en eso el alumno Rodrigo tiene algo de razón. Parece que el pecho la vaya a estallar!

– No, no… es que así, de alumna, pensé que esta talla pequeñita era la adecuada! – contesta mi novia avergonzada, intentando en vano abrocharse algún botón de la blusa.

– Profesor, ayude a la niña, que el sostén le aprieta demasiado!

– Sí, Señor García Vergatti, ayude a la señorita, que si no, va a mojar incluso la faldita.

– Basta, maleducados! Aunque… quiere usted que… a ver, espere, le subo un poco la falda, que es verdad que la podría mojar con las braguitas empapadas…

– Pero que hace? No, quite! Déjeme!

– Vamos, profesor, venga, ayúdela, que es como si fuera una alumna en apuros!

– Si no, la ayudo yo! – grita riendo un chico rubio y guapo.

– Señor Felipe, no se mueva del sitio! Mira, niña, ves? Arremango un poco la faldita y así ya no se puede mojar. Ves? No pasa nada. Es usted muy guapa!

La clase rompe a silbar y a gritar cuando el profesor sube un poco la falda de mi novia y muestra las braguitas totalmente mojadas y trasparentes.

– Profesor, a ver, mire usted por detrás, súbale también la falda, que no se moje demasiado!

– No, no creo que se pueda mojar, porque antes me fijé y el tanga es solo un hilillo por detrás. A ver, niña, gírate! –el profesor muestra las nalgas de mi novia a todos – No, veis, no está mojada la faldita, no.

– Bueno, ya vale! – dice ruborizada mi novia, girándose ante los alumnos – Gracias, ya está bien! – y se pone bien la falda.

– Niña, es que, todavía puedes enseñar más a mis alumnos!

– No, no, ya no sé qué más contar, ya está. Además, se está haciendo tarde!

Un alumno moreno, con la nariz larga, grita: – Señorita Ibars, a ver, es que eso del sostén más adecuado todavía no me quedó muy claro.

El profesor acerca a mi novia al final del estrado y dice: – Es cierto, eso del sostén diminuto no lo entendimos muy bien. Mirad, a ver, le desabrocho un par de botones más, aparto un poco la corbatita y…

– No, no, ya es demasiado, señor! Déjeme!

– Tranquila, no es nada malo! Todo sea por la ciencia. Mira, deja que te ayude, niña. – y el profesor empuja suavemente la espalda de mi Virginia hasta que se inclina mostrando casi todos los pechos a los alumnos. – Mirad bien, chicos. Aunque esta señorita es muy niña, tiene los pechos grandes, llenos y bien formados. Si os fijéis bien, podéis adivinar también los pezones erectos.

– Pero esto que es? Profesor! – se queja mi novia, con los pechos palpitando, a un tiempo avergonzada pero excitada al verse admirada por toda la clase.

– Yo no entiendo bien lo que es eso del pezón, profesor!

– A ver, mira, un momento, señorita – y García Vergatti aparta un poco el sostén y enseña los pezones que se muestran rosados y bonitos ante los jóvenes.

– Oh! – clama toda la clase.

– Que tetas tan perfectas!

– Yo nunca había  visto unas de verdad!

– Qué tacto tienen? Como son?

El profesor contesta: – A ver… déjeme un momento… Oh! Muy suaves, tersas. Perfectas. Verá, venga señor Juantoz, mire de cerca y toque.

– No, esto ya pasa de la raya!

– Tranquila, Señorita Ibars, no se mueva. Los chicos están aprendiendo. Inclínese un poco más. Que bonitas que tiene las tetas. Mire y toque, señor Juantoz.

– Y qué sabor tienen, profesor?

– Venga, acérquese al estrado, Lairez. Coja esta teta con la mano. Acércala a su boca. Saque la lengua…

– No, por favor, déjenme.

– Agárrela bien, Lairez, lama un poquito la teta, sorba el pezón, qué, sabe bien? Si quiere, mordisquéela un poquito. Usted, Juantoz, qué? Se da cuenta que firme y suave que es? Si lo desea, chupe un poco la otra teta a ver a qué sabe. A ver, déjenme un poco a mí! Hmmm, pero que rica está!

Los alumnos no pueden seguir en sus asientos y se van acercando al entarimado. Mi novia no sabe si llorar o reír. Qué situación tan absurda! El profesor y dos alumnos les sorben las tetas ante toda la clase. Y ella, en lugar de salir corriendo, se queda inclinada apuntando el pecho hacia el suelo, amamantando a los tres, y notando que en lugar de enfadarse, no deja de excitarse.

– Mirad, mire profesor, están cayendo gotitas al suelo, de debajo de la falda de la chica!

– A ver, qué pasa? Huy, sí, a ver, dejad de sorber, hijos.  Te subo un poco la faldita, que no se moje, así hasta la cintura y… Las braguitas ya no pueden recibir más flujo! Están totalmente empapadas! Eso es lo que pasa cuando una chica se excita, veis? Eso es que te gusta, no, hija?

– No, no, de verdad, yo me voy! Pero que se han creído? – dice mi novia mientras se pone bien el sostén y se arregla bien la corbatita tapando un poco el escote.

– Espera, tranquila, mira, no te preocupes. Te has vestido de alumna y yo debo ayudarte como si fuera tu profesor. Mira, verás, te saco tus braguitas, ves, así, poco a poco, y ya no se mojan más. Y ahora, siéntate en la silla. A ver, no, no te bajes la faldita, espera, ya te la subo yo, así, hasta la cintura, muy bien. Mirad, chicos, veis? Esto es la vulva! Fijaros que está completamente depilada, pero la naturaleza puso pelo en esa zona. Explique, señorita, qué pasó ahí?

– Eh, cómo? Nada, es que… la moda… creo que a los hombres les gusta más así… no sé!

– Qué os parece alumnos? Os gusta así o con pelo?

– Así nos gusta mucho, profesor! Se ve muy bonita!

– Gracias, sois todos muy amables. Fijaros que también tengo el pubis completamente depilado. A veces dejo ahí algo de pelo.

– Señorita, hizo usted muy bien. Así, de colegiala, queda muy bien que esté completamente peladita.

– Bueno, sí, en eso pensé. Los detalles son importantes en la moda.

– A ver, ábrase bien de piernas. Veréis, chicos, ahora viene lo bueno!

– No, no, eso ya no! – se baja la falda tapando como puede su coñito.

– Por favor, los chicos se lo agradecerán. Verdad, alumnos?

– Sí, hágalo por nosotros, señorita!

– No, no, a ver, dónde tengo el tanga? Quien se lo ha llevado? Por favor!

– A ver, López! Y Márquez! Y usted también, Empeño! Vengan aquí. Ayuden a la señorita!

– Gracias, profesor! Ya es suficiente, me marcho.

– López, suba la faldita hasta la cintura de la chica y no deje que la baje!

– Pero, ya está bien! Déjame, chico! Por favor!

– Bueno, veis la vulva de la alumna? Los labios y eso. Bien mojaditos. Pues ahora, Márquez y  Empeño: cogedle una pierna cada uno y ayuden a la chica a abrirse de piernas: ahora! Y no dejéis que las cierre! Subidlas bien!

-Oh! – dicen todos los alumnos al poder ver el coñito expuesto de mi novia – Que rosado! Y muy húmedo! Que bonito!

Ante estas palabras y viéndose tan admirada, Virginia no puede evitar fluir más y más flujo.

– A ver, hijos, la chica está mojando la silla. Alguien debe ayudarla. Así, veis? – y el profesor acerca su lengua a la vulva de mi novia y la lame para secarla – Hmm, qué sabrosa! Corred! Venid dos alumnos que como más lamo, más jugo saca la niña!

Todos quieren ayudar pero son dos los que consiguen llegar y sorber y lamer la vulva de mi novia: – Profesor, no damos abasto!

– Ay, ay, por favor, basta, no, que tenéis las lenguas muy juguetonas!

– Profesor, nosotros no vemos bien, con las cabezas nos tapan a la chica!

– A ver, qué podemos hacer, ah, sí, tengo una idea. Señor Venancio, tome usted la cámara conectada a la pizarra y enfoque bien a la niña. Sí, así, muy bien. Acérquese más, a su vulva, qué, la ven bien ahora?

– Sí, profesor, ahora se ve todo muy bien! Qué guapa es!

– Sí, es muy bonita! Y se nota que disfruta, porque está muy húmeda!

– Y muy colorada! Parece que sus mejillas vayan a encenderse!

– Esto es que está muy caliente!

– No, si, se ve que es una chica bastante guarra!

– Sí, se lo pasa bien enseñando su cuerpo a todos!

Mi novia se siente humillada ante esos comentarios, per a un tiempo, está halagada y excitada.

– Mirad, hijos, acercar la cámara. Veis esto de aquí, como un botón?

– Sí, que bonito!

– Márquez! Empeño! Abridle bien las piernas! Mire, López, acerque su mano al botón. Tóquelo suavemente, así, como yo hago!

– Ah! No, por favor, uy, ah! – mi novia solloza de gusto.

– Profesor, que vuelve a sacar mucho jugo!

– Eso es porque está contenta, hijos. Verdad que te gusta, niña?

– Ufff, sí, por favor, sí!

– A ver, dos voluntarios para lamer bien el coñito de la señorita!

– Yo! – gritan todos como locos.

– Venga, ustedes dos, Gabriélez y Ferran! Y usted también, Felipe, que con solo dos lenguas no sería suficiente! Así, así, muy bien. A ver, déjenme que pruebe… hmmm, que bueno! Usted, López, tóquele suavemente el botoncito! Se llama clítoris. Es el botón del placer.

– Uaaaa! Hmmmm!

– Veis, alumnos, lo que os digo? Vale, ya está, López, muy bien.

– No, por favor, profesor, deje que el chico toque un poco más! Y un poco más rápido! – suplica mi novia, completamente encendida.

– Ya lo hago yo, niña. A ver… así?

– Sí, sí, más, más, profesor! – grita y suspira mi novia, con las piernas completamente abiertas y la falda en la cintura – Hmmmm! Uaaa!

– Huy, miren que ruborizada está! Vengan, por favor, dos chicos a lamedle la vulva a la señorita, corred que tiene un orgasmo!

– Ahh! No paréis, no! Profesor, un poco más rápido! Ahhhh, sí, así!

– Muy bien, señorita, muy bien. Veis, hijos? Así es como se corre una chica. Se excita, emite mucho flujo, suspira, grita… Qué os parece?

– Oh, es muy bonito e interesante, profesor! Se ve todo muy bien en la pizarra digital!

– Así, señorita, para tener un orgasmo, hace falta tocar el clítoris, no?

Mi novia, extasiada y avergonzada, cruzando las piernas y tapándose con la faldita minúscula, dice – Bueno, sí, esa es una manera. Hmmm, gracias, ha estado muy bien! Vamos, deja ya la cámara, por favor!

– Pero hay otras maneras de llegar al orgasmo,  verdad, señorita? Cuénteles a los alumnos, cuénteles!

– No, no, ya basta. Me voy. Pero dónde se habrá metido doña Pilar?

– Más fuerte, oh, sí, director! Es usted una fiera! Que pedazo de macho! Oh, más más!

– Que caliente que es usted, doña Pilar!

– Llámeme Pilar, por favor! Vamos, más, más fuerte!

– Pilar, veo que es usted muy puta!

– No lo sabe usted bien, director! Métamela toda, toda, ah, así, así! Más adentro!

– Señorita Ibars, por favor, explique a los alumnos otras maneras que tenéis las mujeres de llegar al orgasmo!

– Cuéntaselo usted!

– Sea amable con nosotros. Es que usted enseña muy bien!

– Bueno, la manera quizá más usual es con el coito.

– Cómo se hace, señorita?

– Pues si el hombre tiene el pene bien erecto, lo introduce en la vagina de la mujer y así, uno y otro pueden llegar al orgasmo. Pero si eso ya lo sabéis!

– A ver, señorita… qué le parece? Yo tengo el pene erecto! Mire!

– Luján! Però qué hace? Métase el pene en el pantalón!

– No, espere, profesor, ya puestos a explicar – exclama Virginia al ver la grandeza del pene del alumno – Ven, muchacho. Mira, acerca la puntita, aquí… vés? Yo ahora me subo la falda, me abro de piernas, aquí, sentada en la silla, ves? Toda para ti… aprieta un poco… bien… mira, ya tienes toda la punta dentro… ahora… hmmm… ay… un poco más… ah! Sí… así… a ver si puedes… hasta el fondo… ua… muy bien! Ahora, muévela un poco, para dentro… un poco para fuera… así, más rápido, ah! Sí! Ah! Hmm!

– Veis, hijos, profesora y alumno han llegado al orgasmo! La verdad es que el hombre puede durar más follando pero al principio es normal correrse tan rápido. Veréis, a ver, aparta, Luján! Señorita, levántese y póngase así, de espaldas a los alumnos, inclínese hacia la silla, muy bien! Suba un poc más las nalgas, así! Mirad, hijos, veis? Se le sube la faldita de colegiala y con los tacones altos todos le podemos ver completamente el coño y ahora también el agujerito del culo. Qué os parece? Es una de las mejores visiones para el hombre! Ahora, mirad, estoy completamente empinado. Me follaré a la señorita por detrás, al estilo perrito, e intentaré durar más, para que los dos sintamos más placer. Mirad!

El profesor García Vergatti introduce de golpe su verga en el coño abierto y empapado de mi novia ante la admiración de sus alumnos. Empieza a bombear con fuerza. Gira la silla para que todo el mundo vea la escena de perfil. Ella se mueve adelante i atrás para que todo el pene entre completamente, vuelva a salir y vuelva a penetrarla. Cuando el maestro ve que ella está a punto de llegar al orgasmo, gira la silla de nuevo para mostrar a todos los chicos, la cara de felicidad de Virginia, de pasión, de lujuria.

– Ah, no puedo más, ah, por favor, deme fuerte, así, oh, hmmm, gracias! Ah! Uaaa! Dios mío! Ah!

– Veis? Esto es otro orgasmo de la chica. En cambio yo, no me corro todavía. Le voy dando fuerte y seguro que se vuelve a correr. Veo que esta niña es multiorgásmica.

– Sí, sí, por favor profesor, más, más! Venga, sí!

– Así por detrás va muy bien. Mirad, ahora la cojo por las coletas y la domo como si fuera un potrillo. A que es guapo!

– Es muy bonito, profesor García Vergatti! Y se ve que ella disfruta! Mirad que cara de placer!

– Miren, alumnos, ahora la agarro por las tetas, las acaricio, tiro del pezón, las pellizco…

– Uau, profesor, esto es una pasada! Dame más, vamos! Ua, ay, sí, sí, más! Me voy, me voy, uaaaa!

En este momento, el profesor ya no puede aguantar más tanto placer y explota en un orgasmo dentro de mi novia.

– Bueno, alumnos, yo generalmente duro más, pero la chica está tan buena y caliente que no pude resistirme a llenarla de semen!

– Uf, bueno, ahora sí que os dejo, que veo que Doña Pilar no viene y debo ir a comer con mi novio – dice mi novia arreglándose la faldita.

– Pero señorita, muchos alumnos no saben todavía muchas cosas que deben conocer. Espérese un momento, por favor. Mirad, chicos, yo ahora tengo el pene flácido y más pequeño. Una buena amante sabe cómo solucionar eso, verdad, Virginia?

– Bueno, sí, supongo. No sé, yo me debo ir.

– Mira, es solo un momento. Ven, Lujan, enséñanos tu pene. A ver, después de eyacular también lo tienes blando, claro. Mirad qué puede hacer la señorita para remediar eso.

– Venga, está bien, y me voy, eh? – Y mi novia se desabrocha algunos botones más de la blusa y muestra el escote al alumno. Enseguida se da la vuelta y subiéndose un poco la falda le enseña el culo en un baile erótico.

– Profesor, es verdad! Luján vuelve a empinarse!

– Sí, huy, su polla ya vuelve a estar erecta! En cambio la suya, profesor, sigue pequeña!

– Bueno, esto es porque yo soy mayor y me cuesta un poco más. Pero seguro que esta linda alumna tiene también una solución para mí! Ven, acerca tu boca, niña!

Virginia lame el pene del profesor García Vergatti y empieza a chuparlo con fruición. Al mismo tiempo, le coge los huevos con las sos manos y se los masajea con habilidad. Súbitamente la verga del maestro recupera su mejor grosor, longitud y dureza.

– Oh, parece un milagro!

– Bueno, es que en realidad es un milagro de la naturaleza, muchachos!

– Profesor, yo no puedo más! – grita Juantoz – y se saca su pene a punto de reventar y acerca la punta a la vulva de mi novia, que empieza a gemir al recibir una descarga de leche calentita. Enseguida un par de alumnos van hacia ella, le apartan la corbata, le arrancan la blusa, le quitan el sostén y le empiezan a mamar el pecho. Ella, agradecida, les coge los penes con una mano y les empieza a masturbar. Mientras hace una señal a otro alumno, el alto y rubio, y le muestra agachada la vulva empapada y el culito. El alumno no tarda en penetrarle el coño abierto para él, aún con la verga del profesor follándole la boca. Otros chicos no pueden resistir la tentación y van por detrás de la chica intentando penetrarla. Uno no puede esperar y le rocía sus nalgas de semen. Otro no resiste el placer y le empapa las falditas de leche. El alumno Sala tiene más paciencia y, con mucha destreza, consigue acercar el pene al ano de mi novia. Ella se da cuenta, chupa un dedo, luego otro, se los introduce en el culito, lo abre un poco y hace señas a Sala para que intente penetrarla, cosa que consigue y le da gran placer, eyaculando al momento. Cuando mi Virginita nota la leche en sus entrañas, explota en un gran orgasmo y grita sin disimulo: – Ah, ufff, hmmmm, que valiente y buena está, dios, ah!

– Veis, alumnos, ahora nuestra señorita se ha corrido por penetración anal. Alguien quiere intentar darle por el culo? Veréis que es un gran placer, que se le ve muy bonito, caliente y acogedor!

Muchos alumnos se acercan a Virginia y el primero que llega, trata de encularla, pero por los nervios y la excitación no lo consigue y descarga todo su semen en las nalgas de mi novia, que dice: – No pasa nada, machito! A ver, venga, otro voluntario!

Ansélmez corre hacia Virginia y le mete la punta en el culito. Ella se abre bien y se traga todo el pene de un porrazo. Virginia ve entonces a un alumno con su pene en la mano. Se trata de Migue. Ella queda impresionada por la magnitud del miembro y sólo desea tenerlo para ella. Pero tiene la boca llena con el pene del profesor, dos alumnos le están mamando las tetas, ella está masturbando a dos alumnos más, mientras es follada al unísono por el coño y por el culo. Así y todo, la chica no se rinde y hace gestos a Migue para que se tumbe bajo ella. La potencia del chico consigue penetrarla aún con otro pene dentro de su coñito. Cuando nota las dos pollas completamente dentro, explota de placer en una sinfonía de suspiros y gritos.

Es entonces cuando alumnos y alumnas de otras clases de se arremolinan en la puerta y se sorprenden al ver la escena tan erótica: una chica joven, desnuda y con sólo una corbatita colorada, una faldita como cinturón, unas medias blancas cortas y zapato de tacón alto, es penetrada por detrás por dos alumnos, uno analmente y otro vaginalmente, con otro debajo que también le folla el coño, mientras dos le maman las tetas y ella masturba a dos más mientras mama el pene del profesor. Por suerte en esa parte del edificio sólo hay los alumnos mayores, que son los que pueden apreciar mejor lo que ven. Algunas alumnas se ruborizan y no quieren mirar pero la tentación es demasiado grande. Los alumnos más descarados  se acercan a la escena, se sacan sus miembros ya erectos y se pajean encima de  mi novia, que sonríe agradecida y les manda besos cariñosos. Ella coge algo de lechecita con sus dedos y la saborea. Al ver su cara de placer, algunas alumnas se van animando y se inclinan al lado de mi novia y le lamen el cuerpo. Sorprendentemente ven que les gusta el sabor y la limpian deliciosamente. Algún alumno aprovecha que sus compañeras están inclinadas de espaldas y muestran sus braguitas para acercarse por detrás, acabarles de subir las falditas azules, apartarles las braguitas y lamerles la vulva o el culo, tocarles las nalgas o, directamente, penetrarles el coñito o darles por el culo. Todos los que pueden, pero, intentan llegar a Virginia porque es la más guapa y caliente del grupo. Ella tiene orgasmos continuos, jadeantes, explosivos… Un profesor algo mayor, con el pelo totalmente blanco, aprovecha un momento que el alumno Ansélmez ha terminado en el culo de la chica, para reemplazar al muchacho y encularla de un golpe seco. Ella lo nota y vuelve a gritar de placer! Un profesor calvo no puede resistir la escena, se saca un pene enorme y quiere apartar al profesor mayor del culo de la chica. Este no quiere dejarlo. Al ver esto mi novia, coge el pene del calvo, lo ensaliva bien, se lo acerca a su ano ya ocupado e pacientemente va consiguiendo que también la encule. Dos alumnos dejan de follar a dos chicas y se ponen debajo de mi novia, que en ese momento había recibido la leche de dos penes y tenía el coño empapado pero libre. Los dos alumnos colaboran entre ellos y consiguen penetrar juntos a mi Virginita. Esto es demasiado para ella y vuelve a gritar de placer, bañando a los dos muchachos con una espectacular eyaculación vaginal. Algún profesor, caliente como un mono, no puede llegar a mi novia y se conforma con pajearse o con intentar que alguna alumna se la chupe, sin mucho éxito.

– Que viene el director, que viene el director! – grita alguien desesperado. Algunos alumnos y profesores escapan hacia otras clases, pero los que están con Virginia no quieren dejarla. Se esfuerzan en terminar rápido y la llenan con la leche de dos penes en el coño, de otros dos  en el culo, le inundan los pechos con dos más, el profesor García Vergatti le llena la boca, las dos pollas en sus manos también eyaculan en ella…

– Vaya, vaya, pero que pasa ahí? Profesor García Vergatti, ya me explicará usted esto. Y ustedes profesores Majori  y Estanislau! Están dando por el culo a la conferenciante!

– Oh, señor director – dice el calvo- es que no sabíamos que era la conferenciante. Y tiene un culo tan rico!

La Señora Pilar no cree lo que ven sus ojos: – Pero Virginia, hija! Es que no te puedo dejar sola! La que has armado!

Mi novia, avergonzada, todavía con dos penes de alumno en la vagina, dos de profesor en el culo y otra de profesor en la boca, no puede emitir palabra.

– No riña a la señorita, Señora Pilar, que realmente hizo muy bien la conferencia y enseñó mucho a los chicos. – defiende el profesor García Vergatti.

– Eso es evidente, sí – contesta el director – A ver, dejen a la chica de una vez! Alumnos, fuera de la clase! Ya! Y ustedes profesores, por favor, cubran sus partes! Un poco de decencia por favor!

Virginia, cubierta de semen, se tapa los pechos como puede, con la corbatita, intenta que la faldita, también empapada de leche, le cubra el pubis y la vulva. El director la ve tan atractiva que no puede más que decir: –  A ver, alumna, ven un momento! – Coge las coletas de mi novia, le da la vuelta, le sube la falda, se saca su grueso miembro y en un momento le da por el culo.

Los profesores, que vuelven a estar excitados al ver tan guapa a mi novia, se acercan a ella y le empiezan a manosear su bonito cuerpo, especialmente las tetas que ahora apuntan hacia abajo. El profesor García Vergatti tiene la ilusión de probar el culo de mi novia, pero no se atreve al tenerlo lleno el director. Así y todo la tentación puede más que sus reparos e intenta juntar su pene al de su jefe. Este está tan feliz que trata de hacerle sitio. La verdad es que los dos penes son muy gruesos pero al fin consiguen encularla hasta la mitad. Doña Pilar, que vuelve a estar excitada, se acerca a Virginia y le va lamiendo la leche que le cubre la cara, el cuello y los pechos. Un profesor aprovecha que la señora está de espaldas y le sube la falda. Cuál es su sorpresa al ver que no lleva bragas y que tiene un culo espectacular. Enseguida la penetra analmente ante la satisfacción de la señora, que mira pícaramente al director. Otros profesores se juntan a la escena y dan un buen repaso al clítoris de mi novia que está feliz orgasmo tras orgasmo.

El director grita: – Huy, ya está, no puedo más, es que tiene el culo muy caliente y rico!

– Déme toda su leche, señor director, hmmm, lléneme el culo ardiente, gracias!

Ante estas palabras, todos los profesores, como si fuera una orden, eyaculan su semen en mi novia que sonríe entre feliz y agradecida. La señora Pilar también toma una buena ración de leche en su ano, todavía húmedo por el que anteriormente le depositó el director. Al terminar, con la lengua, ávida, ayuda a mi novia a limpiarse bien.

– Como ha ido la conferencia, Virginia?

– Muy bien, amorcito. La verdad es que enseñé todo lo que pude a los alumnos. También los profesores parece que estaban muy satisfechos.

– Así vestida, te habrán tomado por una alumna!

– Pues sí, ja, ja, en eso llevas razón. Te gusta?

– Estás muy bonita. Pero esta falda tan corta…

– No te gusta? Todos me dijeron sinceramente que estaba muy bien!

– Gustarme, me gusta mucho… demasiado! Pero…

– Pues ya está, eso es lo importante, amor, te quiero! A comer, que tengo un hambre…!

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Mi adorable novia Virginia (VIII) – En el cine.

Mi adorable novia Virginia tuvo una agradable sorpresa este lunes veinte de agosto. Estaba tomando un zumo de piña en la barra del bar al que suele acudir cada mañana, en el breve descanso del trabajo, y cuando se levanta para marcharse, ve como se le acerca un señor muy elegante y le pregunta:

–   Buenos días, joven! Perdone que la moleste pero no pude evitar mirarla y admirarla en el mismo momento en que la vi. Sólo una una pregunta: es usted actriz o modelo o algo así?

–   No, jejeje, qué dice? Para nada!

–   Oh, es que es usted tan guapa que…

–   Gracias, es usted muy amable, pero no, no.

–   Mire, joven, yo soy Mr. Howarts, quizás me conoce, soy director de cine.

–   Ah, pues no, no me suena. Yo soy Virginia Ibars, y trabajo en una tienda de moda.

–   Señorita Ibars, estoy buscando una actriz para mi nueva película. No le interesaría a usted trabajar en el cine?

–   Llámeme Virginia, señor, por favor. Bueno, es que yo ya tengo trabajo y, la verdad, me gusta mucho lo que hago.

–   Claro, claro, lo comprendo. Quiero a las actrices más guapas en mi película y tú das la talla perfectamente. Piensa que el dinero no sería problema!

–   Nunca he trabajado de actriz. Bueno, una vez estuve en un escenario en el teatro, pero… dudo que pudiera aprenderme un papel, saber interpretar, la verdad!

–   Bueno, tampoco es tan difícil. Mira, te doy mi tarjeta y te apunto la dirección del plató de cine donde filmamos. Te acercas en cualquier momento y ves como trabajamos, a ver si te interesa. Te aseguro que, contigo, la película sería un éxito enorme, enorme.

Ese mediodía comimos juntos y Virginia me explicó el encuentro con el director. Se la veía contenta y halagada ante la propuesta de Mr. Howarts, pero, al mismo tiempo, se creía incapaz de ser una actriz ya que nunca había estudiado interpretación ni había pensado en ser estrella de cine. Así y todo, había pedido fiesta a la dueña de la tienda para ir esa tarde al estudio de cine y ver un poco como iba todo, sin compromiso. Quedamos que yo la iría a recoger en esa dirección cuando terminara de mi trabajo, al anochecer,  y nos despedimos con un fugaz beso en los labios. Últimamente Virginia estaba muy cariñosa conmigo y se veía que estaba muy enamorada de mí, aunque, por desgracia,  no accediera a pasar a mayores en el tema sexual y se reservara para nuestra noche de bodas, cada vez más cerca. Cuánto deseábamos que llegara esa fecha y estar por fin casados y poder hacer el amor! No me extrañó que el director hubiera quedado impresionado por la belleza de mi novia! Ese día llevaba un pantaloncito muy corto azul que destacaba sus largas y bien contorneadas piernas, con un top blanco que realzaba su perfecto busto. Su bonita trenza le daba un toque romántico. Y sus altos talones dotaban de gran sensualidad a su figura y su caminar.

–   Oh, has venido! Pasa, pasa, querida Virginia!  Atención todos, mirad quien vino! Ella es Virginia! La chica más guapa que he visto en mi vida!

–   Gracias, pero no hay para tanto! Sólo he venido a ver cómo es esto del cine por dentro.

–   Vaya, Virginia! No quieres ser actriz? Pero si lo harías muy bien! La cámara se iba a enamorar de ti!

–   Es muy amable, señor, pero no tengo ninguna experiencia ni creo que tenga capacidad para interpretar!

–   Bueno, bueno, si te parece, de momento, miras cómo rodamos y si te animas para más adelante, otro día…

–   Señor, es muy gentil! Espero no molestar! Me quedaré aquí detrás, de acuerdo?

–   Sí, muy bien, siéntate en este sofá y ponte cómoda! Quieres beber algo? Un café? Una copa?

–   Si tuviera un zumo…

–   Sí, por supuesto, traigan un zumo de…?

–   De piña, por favor!

–   Traigan un zumo de piña para la señorita Virginia!

Los actores y actrices de acercaron a Virginia y la saludaron efusivamente. Tanto unos como otros la besaron en los labios y ella se sintió, por un momento, el centro del mundo. Y qué guapos y guapas que eran!  Y qué simpáticos y amables!

Cuando Virginia se sentó un poco apartada, Mr. Howarts se acercó y le explicó:

–   Verás como te gusta. La película es de, digamos, género romántico, con muchos amores y todo eso, muy erótica, ya verás! Me gustaría mucho que te animaras a participar en ella! Con esta carita! Y con ese cuerpazo que tienes!

–   No, no, no tengo ni idea de actuar, nunca me pasó por la cabeza!

–   Bueno, bueno, no pasa nada! Vamos a empezar a filmar!

Aparecía en el plató una chica vestida muy elegante, con un traje colorado. Se acerca la criada, también muy elegante, con un vestidito negro muy corto, con la cofia blanca, por supuesto. Las dos, muy guapas!

–   Señora, ya están aquí los socios de su marido!

–   Dile que pasen,  Yummy!

–   Sí, señora!

En eso que aparecen en escena tres jóvenes musculosos, muy bien vestidos, con traje y corbata! Después de saludar a la dama, ella les explica que su marido no está en casa. Los tres hombres empiezan a discutir con ella.

–   No, por favor, no denunciéis a mi marido! No tiene el dinero, no puede daros lo que os debe! Quizás más adelante…

–   Lo sentimos, Constanza,  ya hemos tenido mucha paciencia con él! De aquí nos vamos directamente al juzgado y le va a caer el pelo en la cárcel.

–   Eso, si no lo pillamos antes y le damos su merecido!

–   No, por favor, tened confianza en él!

–   Ya nos engañó demasiadas veces. Lo único que queremos es darle una paliza!

–   Sí, y que vaya a la cárcel hasta que se pudra!

–   Tiene que haber una manera de arreglar las cosas – dice, compungida la señora.

Entonces, aparece escondido tras la puerta el que debe ser el marido, con cara de asustado. Nadie repara en él. Constanza se desabrocha los primeros botones de la blusa y muestra un bonito escote. Los tres hombres la miran con sorpresa. Ella pregunta:

–   No se os ocurre alguna manera de solucionar el problema? – mientras se quita la chaqueta y se sube un poco la falda, enseñando unos bonitos muslos por encima de las medias.

Los tres hombres se acercan a ella. El más alto le sube un poco más la falda y admira las braguitas blancas de encaje. Enseguida le acerca su mano derecha y se las acaricia. El más moreno desabrocha el resto de los botones de la blusa y se la quita. Empieza a besarle el sujetador. El del pelo largo muestra cara de enfadado y se saca la pistola. El marido, escondido, tiene cara de asustado. Con el dedo, ella indica al del pelo largo que se acerque y este la apunta con la pistola, amenazándola con disparar. Pero Constanza se aparta de los otros dos socios y se gira de espaldas con las manos en alto, rindiéndose. El de la pistola la acerca a la señora y con ella le sube la falda hasta mostrar sus nalgas, bien redondas y apetecibles. Con el cañón le aparta el hilillo del tanga y lo introduce con fuerza en el ano. Ella, en lugar de asustarse, empieza a gemir de placer. Aparece la criada:

–   Señora, señora, oí unos gritos! Oh, pero que le hacéis?

Rápidamente el más alto agarra las muñecas de la criada, le da la vuelta, le sube la falda. Ella muestra todo su culo en pompa, sin bragas. La cámara se acerca y enfoca el ano y la vulva de la chica. El moreno dice:

–   Vaya con Yummy! Una doncella tan modosita y elegante y no usa braguitas!

–   Yo no tengo la culpa! Es que al señor le gusta así!

El marido escondido se pone las manos en la cabeza! Qué va a pensar su mujer? Bueno, pensar, lo que se dice pensar, poca cosa porque está suspirando con el cañón de la pistola en el agujerito trasero y con el moreno succionándole las tetas. Las dos mujeres muestran el culo y el coño a la cámara, una siendo penetrada analmente con la pistola y la otra teniendo el chocho lamido por el más alto. Las dos gimen de placer hasta que se giran y empiezan a desvestirse ante los hombres. El marido escondido piensa: – Serán putas!

Cuando terminan el espectáculo, desabrochan los pantalones de los tres socios y les sacan sus enormes penes. Las dos chicas se sorprenden ante la longitud y grosor de esos miembros viriles.

–   Oh! – Mi novia Virginia suelta una exclamación ante la magnitud de esas trancas!

–   Corten! – grita el director. – Pero hija, no, por favor! Que pasó? Uy, ya veo, estás muy colorada!  Te afectó esta escena tan bien realizada, verdad?

–   Lo siento, se me escapó, sin querer!

–    Ya te dije, Virginia, que la película es erótica!

–   No me esperaba esto, la verdad!

–   Bueno, no pasa nada, luego en el montaje empalmamos la escena y ya está.

–   Perdón!

–   Nada, nada, tranquila! Vamos a seguir. Qué te parece, quieres salir en la película? Quedarías muy bien en ella, tienes aptitudes, te lo digo yo!

–   Uy, no, gracias, pero de ninguna manera! Yo tengo novio, sabe? Y nunca aceptaría que saliera en una película de este tipo!

–   Bueno, bueno, tú te lo pierdes! Con estas piernas, inacabables! Con este pecho! Y esta cintura! Y con tu cara de ángel, y esos ojazos oscuros! Serías una estrella!

–   No insista, es imposible! Yo miro y ya está. Y callo, de verdad!

–   Bueno, tú verás. A ver, retoquen un poco el maquillaje de las dos chicas. El marido, por favor, tiene que mostrar más enfado, más rabia. Y que empiece a acariciarse el paquete cuando ve a su mujer y a su amante tan guapas y cariñosas con sus socios. Venga, va, a punto… acción!

La señora, sólo con el liguero y las medias y ya sin sostén ni bragas, se agacha y empieza a masturbar al moreno y al alto. La criada coge el pene del del pelo largo y se lo lame. Virginia, en el sofá, se va calentando cuando ve crecer todavía más las vergas de los tres muchachos. Está a cien. Aprovechando que está un poco apartada, se desabrocha sus pantaloncitos y se acaricia el sexo. Se masajea el clítoris por debajo de las braguitas. Se introduce un par de dedos en la vagina. No puede apartar los ojos de los tres penes entrando en las bocas de las actrices. El director repara en ella y mi novia rápidamente se abrocha el pantalón y disimula. Él se acerca a su oído:

–   Virginia, no ves como estás? Pero si tienes hasta los pantaloncitos húmedos!

–   Eh, no! Uy, sí, es verdad! Es que…

–   Es muy natural, hija. Mira: yo mismo estoy empalmado, y eso que estoy acostumbrado a este tipo de escenas!

–   Pues es cierto,  bajo el pantalón, se nota! – dice Virginia tímida y con vergüenza.

–   Claro, pero no pasa nada. Son gajes del oficio!

–   Yo me voy a ir, que esto es demasiado para mí.

–   No, no, estate tranquila, quédate por lo menos hasta que termine la escena! Aquí en el sofá no molestas, para nada.

Yummy está siendo follada encima de la mesa del comedor por el del pelo largo. La señora, en cuclillas, está chupando la polla del moreno mientras que el alto le está comiendo el coño. El marido escondido ya se ha sacado el pene del pantalón y se está masturbando.

Virginia, sin poder apartar los ojos de la escena,  se acaricia el pecho y nota que tiene los pezones tiesos como puntas de lanza.  Ha introducido una mano por detrás de los pantalones y se está manoseando el culo. Vuelve a desabrocharse los shorts y, como le molestan, se los quita, aprovechando que nadie la está mirando. Tiene las braguitas empapadas! Penetra su vulva, primero con un dedo, luego con otro, hasta que, uno a uno, llega a meter los cinco. Entonces ve la pistola en el suelo, cerca de ella, y asegurándose que nadie la mira, recoge el arma y, aún con el olor del culo de la actriz que interpreta a la señora, aparta un poquito las braguitas y se introduce todo el cañón en su coño.

–   Ay, ay, hmmm! – no puede evitar gemir!

–   Pero hija! Estás a mil! – se gira el director hacia ella.

–   Me corro, me corro, no puedo más!

–   A ver, cámaras, pero que hacéis, venga, vamos, filmad a la chica nueva, pero que no veis lo bien que está? Para comérsela!  Se nota que no folla y está muy caliente!

–   No, no me filméis… ay, uf… no! Ah! Hmmm!

Los dos cámaras no se pierden ni un detalle del orgasmo de mi novia.

–   Por favor, hmmm, no.. ay, no me… fil… hmmm… aahh!!!

Al terminar, Virginia se saca la pistola de la vulva. Avergonzada, tapándose el sexo sentada en el sofá, solloza al director: – Pero por qué me han filmado? Yo no soy actriz! Estas imágenes nunca deben salir de aquí, qué pasaría si mi novio se enterara?

–   Hija, tu novio estaría orgulloso y contento al ver una escena como esta!

–   No, nunca! Usted no sabe, para nosotros es muy importante el casarnos… vírgenes. Él nunca iba a aceptar casarse con una actriz porno! – y enseguida se vuelve a poner los pantalones encima de las braguitas que chorrean.

–   Bueno, pus no pasa nada. Estas imágenes tuyas tan bonitas no se van a enseñar a nadie, tranquila. Aunque es una lástima, la verdad. En ellas se ve una verdadera princesa del amor. Piensa que en una película erótica, es muy importante que la actriz sea muy guapa, así como atrevida y caliente, claro. Un poco guarra, vamos! Venga, da igual, vamos a seguir. Cada uno en sus puestos. A ver, la criada debe mostrarse más fina, más coqueta y elegante cuando la follan encima de la mesa. Y en cambio la señora debe parecer más puta, de manera que el marido escondido se vaya enfadando cada vez más con ella. Preparados? Pero qué pasa? Si los hombres no estáis a punto! Si la tenéis completamente flácida! Esto no puede ser!

–   Mr. Howarts, es que con tanto corte… pues eso – dice el que hace de marido.

–    Cualquiera se entona con tanta detención, es verdad… – responde el director- Aunque tengo una idea. Y así matamos dos pájaros de un tiro. A ver, Virginia! Ven, acércate!

–   Yo? No quiero salir en la película, no, ya le digo!

–   Lo sé, lo sé. Pero mira cómo están los actores, pobrecitos! Qué te parece si tú les ayudas a recuperarse, a volver a entrar en el papel?

–   Yo? Pero cómo? No soy actriz, no sé…

–   Que no es para ser actriz, chica. Es solo un poquito de ayuda pera la película, hija. A ver, ven, por favor. Mira… de momento, sólo tienes que seguir las instrucciones que te iré dando.

Y Virginia, bajo las órdenes del director, primero se mueve sensualmente ante los cuatro actores. Después les da la espalda y, al ser tan extremadamente cortos los pantaloncitos, muestra una buena parte de sus nalgas a los cuatro hombres. Estos empiezan a exhibir un pene morcillón.  Mr. Howarts, con disimulo, se asegura que los cámaras no se pierdan ni un detalle de mi Virginia, que se sube el top hasta quitárselo. Aparecen unos sostenes diminutos cubriendo apenas unos pechos excepcionales. Hasta las dos chicas se admiran de tanta belleza! Vuelve a dar la espalda a los actores y se desabrocha delicadamente el sostén, mostrando la espalda desnuda. Se baja lentamente los pantalones y enseña completamente las nalgas. El director sigue dando instrucciones a la joven y esta, dócil y obediente, se gira intentándose tapar como puede el pecho con una mano mientras introduce la otra bajo las braguitas tan húmedas. Luego ve que los cuatro penes están totalmente erguidos y exclama:

–   Oh, pero si ya están… completamente… oh, vaya trancas!

–   Hija, pero claro! No ves que eres impresionante, irresistible? – le contesta el director.

–   Pero que gruesas y largas son!

–   Claro, son actores porno, es lo que tiene!

–   Són tan bonitas, así tiesas, hmmm! Uau, es que me ponen a cien, hmmm!

–   Filmad, filmad, que está a punto de nuevo!

–   No, ay, hmmm, no me filméis, no! – dice cuando nota que le flaquean las piernas, se tumba en el suelo boca arriba, se quita las braguitas y las tira. Levanta las piernas, se introduce los cinco dedos de la mano en el coño, que no cesa de disparar su flujo. Con la otra acaricia sus tetas que ya muestra descarada a los actores y a las cámaras.

–   Acercaros un poco más, venga, que se vean bien esos dedos en su coñito que rezuma – grita el director! – poned toda la luz, enfocad bien su ano, que es perfecto!

–   Ay, uau, es que… hmmmm… no, por favor, aaaaaahh! – grita la chica.

Los cuatro actores están extasiados ante tanta belleza y se acercan a mi Virginia y empiezan a disparar su semen sobre ella, que queda totalmente inundada de blanco. Mi novia explota en otro orgasmo extraordinario al verse tan admirada por los actores. El director no parece preocuparse ante el cambio de guión, porque lo que ve le maravilla:

– Filmad, filmad, que bonita escena! El mundo del cine no puede perderse a una mujer como esta chica!

Las dos actrices se acercan a mi adorable novia y le lamen todo el cuerpo con fruición. Las cámaras no dejan de filmar ni un detalle. A cuatro patas y bien iluminadas, las dos actrices muestran bien su culo y su vulva, mientras Virginia también pilla toda la lechecita que puede: – Hmmm, que rica está! La verdad es que me encanta su sabor!

Cuando está completamente limpia, el sentimiento de vergüenza y miedo vuelven a dominar a mi novia. Se intenta cubrir su cuerpo en vano, busca dónde están sus braguitas pero no las encuentra. Al verla el director tan preocupada, le dice: – Tranquila, Virginia, no pasa nada en que muestres tu bonito cuerpo. A ver, traedle algo de ropa a la chica, que no se sienta tan violenta!

Virginia toma algunas piezas que le acerca el encargado de vestuario: – Esto te va a quedar divino, chica! Con tu cuerpazo!

–   Pero si esta falda es muy corta, ni un palmo de tela! A ver cómo me queda… Y el top, a ver, qué os parece?

–   Muy bien, estás perfecta! Ponte estas medias cortas y verás lo sexy que quedas!

–   Son muy bonitas! Pero no puedo salir a la calle con esta ropa!

–   Bueno, es cierto que todos iban a enamorarse de ti!

–   También necesito unas braguitas.

–   No, eso no podemos permitirlo –dice el director pícaramente- Iba a perder el encanto la faldita!

–   Pero qué dice?

–   Mira, de momento, vamos a terminar la escena de la película. Si no estás cómoda con esta ropa, te vuelves a poner la tuya y ya está!

–   Es que se hace tarde y mi novio vendrá pronto a buscarme…

–   Tranquila pronto terminamos. Aunque veo que los actores vuelven a necesitar un poquito de ayuda…

–   Lo siento, no cuenten conmigo , que ya vieron como me puse!

–   Vale, de acuerdo, no pasa nada. Tú, mira y ya está!

–   Sí, y me marcho enseguida!

–   A ver, chicas, mamad un poco los penes a ver si vuelven a ponerse en erección.

Virginia se dispone a sentarse en el sofá , pero no sabe cómo hacerlo sin que lo enseñe todo. Se siente incómoda sin bragas, aunque también la excita. Cruza las piernas y la faldita le sube tanto que parece un cinturón. Uno de los cámaras se dirige a ella y la filma al darse cuenta de lo bonita que está. La otra cámara filma la mamada de las dos actrices a las cuatro pollas. Los actores no se ponen a tono, hasta que uno mira a mi Virginia y empieza a calentarse. Los otros también observan a la chica y van trempando. Cuando mi novia se da cuenta que es admirada por los cuatro actores, se va excitando. No puede apartar su mirada de los penes que empiezan a mostrarse rotundos.

–   Vale, muy bien, buen trabajo, chicas! Ya están a punto! Vamos a seguir con la escena! Cada uno en sus puestos. Lubricad bien el sexo y el culo de las actrices! A ver, las dos cámaras en su sitio. Ya está? Todo bien? Acción!

–   Qué, vais a perdonar a mi marido, os parece que os pago bien su deuda?

–   Estás muy buena, Constanza! Mira cómo estoy! Pero todavía te tenemos que follar mucho hasta que la deuda esté saldada! Además, veo que te gusta, vamos, que eres muy puta!

–   No digas esto, Frankie, aunque es verdad que follas muy bien! Dame, dame un poco más! – y el más musculoso le introduce todo el pene en su vagina! El marido en la puerta está muy enfadado pero al mismo tiempo muy excitado.

–   La criada también folla de lo lindo! Ven acá, putita!

–   No me diga eso, señor!

–   Vaya, nos ha salido fina la chica! Toma, a ver si te gusta esto! – le contesta el más musculoso mientras le enchufa el pene en la boca – Que bien que la chupas! Lo ves cómo eres una guarrita?

–   Hmmm, no… no es verdad! Pero sabe muy bien su pene, señor!

–   A ver qué te parece el mío, chica! Toma, comételo todo, a ver si te cabe!

Virginia está a cien. Ya no repara en ocultar su sexo en el sofá, que empieza a mojar con su flujo.  Al verla tan excitada, el encargado de vestuario se le acerca y le dice: – Niña, vuelves a estar ardiendo! Mira, te doy un regalo!

–   Qué es eso?

–   No sabes qué es? Son bolas chinas. Piensa un poco y sabrás darles utilidad!

Ella queda sorprendida ante lo que se le antoja un rosario, pero con las cuencas mayores. Enseguida le viene a la cabeza para qué podrían servir. Lo prueba y en un instante introduce la primera bola en su vagina.

–   Hmm, qué placer! Que bueno que ha sido el de vestuario conmigo!

Cuando el director se da cuenta de lo que pasa en el sofá ordena a un cámara que filme a mi novia: – Me parece que viene una escena muy linda!

Virginia prueba con la segunda bola y entra como si nada. Al introducirse la tercera, el placer va en aumento y empieza a gemir. Coge la bola del otro extremo y se presiona el agujerito del culo con ella, y, sin lubricante ni nada, entra con mucha facilidad. La cámara enfoca muy de cerca el sexo de la chica, con toda la luz, y filma como se mete otra bola en el culo, y otra en la vagina, y otra, y otra…

–   Uau, pero esto es demasiado! Una pasada! Uaaa, huy, hmmmmm, ahhhh!

Mi novia, con las piernas abiertas y la faldita de cinturón, con todas las bolas chinas en el coño y en el culo, deja empapado el sofá. Al cabo de un momento, se da cuenta que todos la miran y que la están filmando: – Pero, por favor, esto es el colmo! Me estáis filmando otra vez!

–   Virginia, hija, no pasa nada! Estás muy guapa y eres muy caliente! Eso no es nada malo!

–   Oiga, que me voy a casar y quiero ser fiel a mi novio! Ya lo sabe!

–   Bueno, pero no has sido infiel para nada! Fíjate que nadie te ha tocado! Solamente hemos mirado!

–   Y me habéis filmado!

–   Va, no te enfades! Mira, te regalo estas bolas chinas, que te han gustado mucho, a que sí!

–   Así se llaman? La verdad es que están muy bien! Gracias!

Entonces Virginia se las va quitando una a una, mientras la cámara no cesa de filmarla.

– Yo me voy, es verdad que esto es muy interesante pero se ha hecho tarde y… pero dónde está mi ropa?

–   No te preocupes, también te regalamos estas prendas que te quedan tan bien!

–   No puedo salir así a la calle. Si por lo menos encontrara mis bragas…

–   Deben estar por aquí, hija. No sé. Bueno, venga, vamos a terminar la escena! Vamos a seguir la parte final del guión. Adelante! Acción!

–   Que ricos están vuestros penes, caballeros! – dice la criada alternándose en mamar ahora uno, ahora otro.

–   Oye, Yummy – le ordena la señora que es follada por el más musculoso – soy yo la que debo pagar la deuda, no tú!

–   No me importa ayudarla, señora, de verdad!

–   Nada, nada, venid los dos aquí conmigo, que es mi marido quien os estafó! – y empieza a mamar los dos penes mientras todavía la folla Frankie.

La criada queda un poco triste y enfadada y dice, en voz baja: – Pues sí que es puta la señora, sí! – Entonces ve al señor escondido en la puerta y que tiene el pene en erección. Sin pensárselo dos veces, va hacia él y se introduce la verga en la boca.

En esas que mi Virginia está buscando sus braguitas y se agacha un poquito para mirar debajo de la mesa. El actor más alto se lo ve todo bajo la faldita y, sin pensárselo dos veces, deja a la actriz que interpreta a la señora, corre hasta mi novia y la penetra de golpe, por detrás.

–   Pero qué? Ay! Uau! Que me vas a matar! Qué haces? Ua! Que bueno! – no puede evitar acercar más su coño al actor, de nuevo con la faldita de cinturón.

El que hace de marido corre también y empieza a follar la boca de Virginia con su enorme tranca: – Es que estás tan buena, chica! Y que bien la comes!

Los otros dos actores no quieren ser menos. El más musculoso deja de follar a la actriz, agarra el diminuto top de Virginia y se lo arranca. Al no usar sostén, todo el mundo puede admirar sus impresionantes pechos. El actor no puede resistir el deseo de tocárselos y chuparlos, como un bebé hambriento: – Pero qué buenos que están, y tan llenitos, ua!

El actor más moreno también quiere a Virginia y empieza a besarle con pasión las mejillas, el cuello, el pelo. Muy excitado, se tumba bajo la chica e intenta penetrarla, aun siendo follada por el más alto. Ella intenta abrirse un poco más para acoger los dos penes, pero al ser tan grandes, es imposible. El de vestuario se da cuenta y enseguida tiene una idea. Coge un tubo de lubricante y empieza a rociar la vulva de Virginia. Enseguida el actor moreno consigue la doble penetración vaginal.

–   Gracias, señor de vestuario! Hmmm, así han conseguido entrar los dos en mi chocho, ay, hmmm, y mira que las tienen grandes! – dice la chica, agradecida, con el pene del que hace de marido en la boca.

El director está feliz ante esta escena tan inesperada! Está muy excitado y se saca el pene y empieza a masturbarse. Al darse cuenta, Virginia le dice: – Mr. Howarts, me sabe mal que esté tan solo. Venga, acérquese, hmmmm!  Usted también tiene el pene muy grande! Aún tengo el culo vacío, si quiere… pruebe, a ver… yo lo abro tanto como puedo para usted… meta la puntita por lo menos… así, sí, así… pruebe un poco más, así, con fuerza… ay! ua!! Pero que amables son todos conmigo! Apriete más, que la quiero toda, Mr. Howarts, toda a dentro…. Ua! así! Ya le siento los huevos!

Todos los focos iluminan perfectamente la escena y especialmente todo el cuerpo de mi novia. Los cámaras no se pierden detalle. El de vestuario coge el lubricante y lo derrama en el agujerito de mi novia. Coge también las bolas chinas y, muy travieso, intenta meterle una bola. El grueso pene de director lo impide al principio, pero consigue introducir las primeras cuatro bolas, casi de golpe. Ella se da cuenta y exclama: – Pero, uau, que bueno, estoy más que colmada, nunca había estado tan bien, oh! – ante lo que el de vestuario se anima a introducir otra bola, y otra, y otra… La chica entra en éxtasis y empieza un festival de gritos y una explosión de flujo y de eyaculación vaginal. Los dos actores en su boca no paran de bombear, así como tampoco el director. El de vestuario no puede más, saca las bolas y se propone dar también por el culo a mi novia. Su pene és muy largo pero no tan grueso. Cuando ella lo ve, le dice: – Pero que malo que es usted. Y que larga la tiene! Ya me gustaría que me follara, ya, pero estoy ocupada! Quizá si me pone más lubricante…

–   No te preocupes, mira cómo tengo de mojada la punta! Verás que este lubricante natural es el mejor! Me permite, señor director, a ver… – y, poco a poco, consigue meter toda su larga polla en el culo de mi amada. Los dos cámaras ya no pueden más y, aún sin dejar de filmar, se acercan a Virginia. Le tocan los pechos, le besan todo su cuerpo. Luego se acercan a las dos actrices, las colocan a cuatro patas y les dan fieramente por el culo. Virginia tiene un orgasmo tras otro. El de vestuario derrama toda su lefa en el ano de la chica y el director dice: – Hija, hmmm, ya no puedo resistir más… te voy a llenar el culo… au!

–   Señor, lléneme todo el culo, sí, uau, gracias! Que bueno!

El actor que hace de marido también desata toda su leche en la boca de la chica: -Está muy rica, hmmm… sabrosa!

El más musculoso dice: – Chica, me he bebido toda la leche de tus tetas, riquísimas… ahora, toma tú la mía! – y se hace una cubana con los pechos de mi novia. Ella, al recibir la eyaculación, se excita todavía más y tiene otro orgasmo, y otro cuando los dos actores en su vagina le dan también su caliente semen y la llenan hasta que rezuma. Los dos cámaras, ya muy excitados, sacan sus pollas del culo de las actrices y rocían la espalda y el pelo de Virginia. Ella los mira agradecida: – Está ardiendo, hmmm, que sensación más agradable! Gracias!

Las dos actrices caminan a gatas, maúllan traviesas, miran a Virginia y le indican si pueden beber leche. Ella hace que sí con la cabeza y empiezan a lamer todo el cuerpo de mi novia, especialmente los pechos, el clítoris empapado, la vulva, alrededor del ano… Los dos actores en la vagina no sacan todavía sus penes, totalmente erectos, pero el director y el de vestuario se apartan, agotados, de la chica. En esas que el que hace de marido, que tampoco ha experimentado una reducción en el volumen de su pene, aprovecha y se dispone a encularla. Se la mete en un santiamén. El musculoso no quiere ser menos y estudia el ano de la chica, que dice: – Ya veo tu intención, pero mi culo no puede tomar dos penes tan grandes, es imposible! Ya me gustaría, ya! Es más, lo deseo con todas mis fuerzas! A ver, lo abro tanto como puedo… – el de vestuario vuelve con el lubricante y… milagro, el segundo pene introduce unos centímetros en el culo ya ocupado de la chica, y enseguida un poco más y, las dos, hasta el fondo! Los cuatro actores follan salvajemente a mi novia, le dan algunos cachetes en las nalgas, le agarran la trenza y la doman como a un potrillo salvaje. Son incontables los orgasmos de Virginia. Los dos cámaras vuelven a estar a punto y se acercan a follar la boca de mi novia. Ella les sonríe, les envía dos besos, les saca la lengua traviesa y les abre la boca. No se hacen de rogar y empieza una doble mamada impresionante. El director se asegura que las cámaras lo filman todo, que la luz enfoca bien la escena, especialmente los pechos, la cara, el culo, la vulva… Al sentirse tan feliz, el director vuelve a excitarse y, cuando Virginia le ve, dice: – Venga, director, acérquese… – y le agarra el pene con la mano, suavemente, ahora con fuerza… El de vestuario toma las bolas chinas y prueba si es posible que le quepa una en el culo. A fuerza de lubricante y con la voluntad de mi novia de abrirse para él, consigue meter cuatro bolas junto a los dos penes. Son incontables los orgasmos de mi novia, todos acompañados de suspiros, gemidos y hasta gritos. Cuando terminan los dos actores en el coño, los otros dos acaban en el culo y los dos cámaras inundan la boca de la chica. Entonces el director dispara todo su semen a la cara de mi novia, llenándole los labios, las mejillas, la nariz, los ojos… Las dos actrices colaboran de nuevo con Virginia para dejarla bien limpita. Los cuatro actores todavía siguen con sus penes erectos y deciden intercambiar sus puestos en la vagina y en el culo de mi amor. Mientras los otros hombres besan apasionadamente todo el cuerpo de la chica, especialmente la boca, el cuello, las axilas, los pechos, las nalgas, el pubis, el clítoris, los muslos, los pies, las manos… Los multiorgasmos de la chica no cesan. Y las cámaras no paran de filmar!

Se ha hecho muy tarde y Virginia se viste apresuradamente. Todavía no encontró las braguitas ni su ropa. Tendrá que arreglarse con el diminuto top, sin sostén, y con la microfalda, sin braguitas.

–   Bueno, Virginia, la película será genial! No te preocupes, no se proyectará aquí en nuestro país, es para el mercado exterior. De verdad que no habrá ningún problema. Pero no prives al mundo del cine de una princesa como tú!

–   Si de verdad me asegura que nunca va a verse aquí…

–   No, nuestra película se proyectará sólo en los cines de otros países, ningún problema.

–   Si es así…

–   Ahora debemos hablar de dinero. Cuánto te parece de cobrar? Tú pide, tranquila, lo que quieras.

–   No soy una profesional, Mr. Howarts. He hecho esta película porque las cosas han ido así, pero no quiero cobrar nada, de verdad. Ha sido una experiencia interesante… y muy placentera. Me conformo con sus palabras de agradecimiento y con vuestro reconocimiento. Bueno… y… si además… la verdad es que vuelvo a estar un poco calentita… ya que estamos aquí…

–   Uy, uy, que traviesa que eres! Si ya te digo, tan guapa, caliente y putita como tú, no la hay! A ver, todos, venid aquí, que Virginia quiere despedirse! Vaya zorrita hambrienta nos ha salido!

Los cuatro actores se empinan al momento al ver tan caliente a Virginia, que ya se está masturbando con las dos manos bajo la faldita: – Vamos, hombretones, venid aquí, que ya tardáis! Uy, que grandes que las volveis a tener! Quien es el primero que me quiere dar por el culo! Venga, que ardo! Rápido, que vendrá enseguida mi novio a buscarme! Uy, señor de vestuario, pero esto qué es? Esos dos consoladores no me van a caber!

–   Tranquila, hija, verás como te entran. Y luego te los regalo. Junto a las bolas chinas te van a hacer feliz en tu casa.  A falta de buena tranca…

–   Que generoso es usted! La verdad es que me irán bien estos aparatos hasta que me case!

–   Sí, y después, hija, después también.

–   Gracias, umppfx, que bien, la boca llena de nuevo! Venga, que todavía me cabe otra polla en el coño!

–   Hola, cariño, estás aquí?

–   Hola, Juan! Sí, ya salgo!

–   Pero qué guapa estás, Virginia!

–   Gracias!

–   Qué faldita más bonita!

–   Sí, cosas del cine!

–   Pero es muy corta, cielo! Temo que incluso te puedan ver las braguitas!

–   No, por eso no te preocupes, Juan! Es imposible, jajajaja!

–   Bueno, si tu lo dices… Y este top te queda muy bien!

–   De cine, jajajaja!

–   De verdad que sí!

–   Pero, llevas sostén, Virginia? Se te notan mucho los…

–   Este top se lleva así, sin sostén, amor! Y que te parecen estas medias?

–   Pues que te quedan muy bien! Estás guapísima! Te quiero!

–   Yo, más, amor!

Al salir, todos en la calle se miraban a mi novia, con deseo y admiración. La verdad es que estaba para comérsela, un bomboncito muy apetecible! Si hubiera sabido que además de ir sin sostén, tampoco llevaba bragas, vaya sorpresa me habría llevado! Pero para sorpresa, la que tuve al cabo de unas pocas semanas cuando, caliente como un mono, me dispuse a buscar un video porno en internet y… vaya con lo que me encontré!

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Mi adorable novia Virginia (VII) – En la selva

Más enamorado que nunca de mi adorable novia Virginia, no pude oponerme a su deseo de un viaje en estas últimas navidades. A mí me era imposible ausentarme ni siquiera un día pues es en estas épocas cuando más trabajo tenemos en mi empresa. Mi novia se lo merece todo y, como me dijo ella, posiblemente sería la última vez que viajaría sin mí. Por fin, esta próxima primavera nos vamos a casar! No puedo esperar a que llegue la noche de bodas! Estoy seguro que ella también arde en deseos de hacer el amor conmigo! Pero es una chica fuerte y de creencias sólidas y, de alguna manera, quiere mantener su virginidad hasta que estemos casados. Y yo la quiero con tanta locura, que no puedo más que respetar su decisión, nuestro acuerdo.

El día 3 de enero la despedí con un fuerte y sentido abrazo en el aeropuerto. Incluso dejó que le besara en la boca, además en público! Ella no pudo retener una lágrima al alejarse de mí para coger ya el avión: – Te quiero, Juan! Eres mi amor, mi único y verdadero amor y lo serás siempre. A partir de ahora, siempre estaremos juntos!

Su viaje de avión, de muchas horas, lo pasó ausente, ensoñada, melancólica… De nada sirvió que María, su compañera en la tienda de moda, y su marido Gustavo la quisieran distraer o que doña Pilar, la dueña, no parara de charlar y charlar ni que Roger, el nuevo dependiente, la intentara animar en vano. Mi Virginia, girada hacia la ventana, estaba triste, quizás se sentía mal por haberme dejado en la ciudad, sólo y con trabajo hasta las cejas.

Pero al llegar a la selva, todo cambió. Virginita me llamó poco antes y le hice saber que la quería como nunca y que comprendía que se merecía unas vacaciones. Aunque la echaba mucho en falta, la animé a que se lo pasara muy bien. La verdad es que la selva presentaba un paisaje impresionante, la incesante banda sonora de los animales era increíble, la luz, las sombras, el color, el misterio… Después de los días de frío del invierno en Europa, se agradecía el calor, poder dejar la ropa de abrigo por una semana. Mi novia lucía una blusa blanca y una faldita de color caqui, tan corta que a menudo descubría sus braguitas blancas según el terreno por el que se movían. Roger, como era de esperar, no dejaba ni un instante de acercarse a mi novia, que ya mostraba su mejor humor. La verdad es que el chico, aunque algo más joven que mi Virginia,  no estaba nada mal y además era muy simpático y amable, y no dejaba de echarle los tejos, pero ella estaba enamorada de mí y para nada me sería infiel. Doña Pilar estaba también de muy buen humor, a diferencia de lo que era habitual en la tienda, aunque se quejaba de tanto calor y humedad. A pesar de su edad, cercana a los cincuenta, año más, año menos, estaba de muy buen ver. Alta, rubia, ni gorda ni flaca, pero con buenas curvas. A María y Gustavo se les veía muy bien. Se notaba que agradecían haber podido dejar unos días la ciudad y, sobretodo, a sus tres hijos con los abuelos. Para ellos era como una segunda luna de miel.

Agradecieron los cinco turistas cuando los guías les informaron que se detenían para pasar la primera noche, ya que estaban cansados de tanto andar. Montaron las tiendas de campaña y se dispusieron a descansar, que lo tenían bien merecido. Roger, que durante todo el día se estuvo comiendo a mi novia con los ojos, intentó sutilmente que mi Virginia le dejara pasar la noche en su tienda, pero ella le dejó claro que de ninguna manera, que para ella sólo era un buen compañero y que únicamente podía aspirar a que fueran amigos. Roger, muy correcto,  no insistió y se despidió de mi novia con un beso en la mejilla y un “buenas noches”. Cuando Virginia vio entrar en la tienda a María y a Gustavo no pudo menos que envidiar la suerte que tenían de estar juntos y tan enamorados como el primer día. Fue entonces cuando volvió a sentir la necesidad de estar conmigo, pero yo estaba a miles de quilómetros de distancia. Ya sola en la tienda se quitó la blusa y se dio cuenta que estaba muy sudada, así como el bonito sostén. Se bajó la faldita y las braguitas estaban completamente empapadas por el calor y la humedad. Optó por quitárselas y, al olerlas, se dio cuenta que no estaban mojadas sólo por el calor.  El flirteo con Roger le había puesto a cien. Para ver si se refrescaba un poco, decidió dormir totalmente desnuda. No sabía que unos ojos le estaban estudiando todos los movimientos a través de la tela de la tienda y se la imaginaban tan atractiva como era en realidad! Cuando se tumbó, en la tienda se sentía muy sola. Por un momento casi se arrepintió de no haber dejado entrar a Roger con ella. Así no se habría sentido tan triste y abandonada. La verdad es que podían haber compartido la tienda, como amigos, sólo hablar y dormir, sin hacer nada malo. Pero claro, en ese caso no podía haberse desnudado completamente. Y quien sabe si Roger se habría conformado sólo con eso! Mi Virginia no quería de ninguna forma serme infiel. Se tendría que resignar a estar sola y pensando en mí, su amor. Se acariciaba los pechos, los pezones erectos, y enseguida acercó su mano al clítoris, duro y respingón. Pasaría la noche sola y no me engañaría con nadie, pero eso no quería decir que no pudiera tener un poco de placer. Tumbada boca arriba, abrió sus lindas piernas, introdujo un dedo en su vagina, pronto dos, y tres y luego, totalmente húmeda, cuatro, con el pulgar acariciando el clítoris. Empezó a gemir, suavemente, para no despertar a nadie. Pensaba en mí y se puso todavía más caliente. Con la otra mano comenzó a masajearse las nalgas, el pubis, la cintura, los pechos… Pronto metió un dedo en el culito y enseguida, le acompañaron los otros cuatro, en un incesante vaivén. Los suspiros presagiaban un cercano orgasmo cuando oyó unos pasos hacía su tienda. Rápidamente se levantó, cubrió sus pechos con un brazo y se tapó el pubis con la faldita. Este Roger! Ya se podía imaginar que no la dejaría en paz tan fácilmente! Por un momento dudó de si le permitiría entrar en la tienda e incluso, quedarse un rato con ella. La verdad es que en esos momentos le iría de perlas un hombre, y más si era tan guapo como Roger. Y yo estaba lejos, muy lejos! Cuál fue su sorpresa al ver aparecer en la entrada a Gustavo, el marido de María! – Virginia, huy, perdona, estás desnuda! Oí unos gemidos y pensé que no te sucediera nada malo! Yo que sé, algún animal salvaje que hubiera entrado en tu tienda… Bueno, la verdad es que, además, no puedo dormir, pensando en ti. No te preocupes, María duerme como un tronco desde hace un rato! Estás irresistible, me enamoré de ti sólo verte, y así, desnuda… hmmm!- y se acercó a abrazar a mi novia, que dijo:
– No, vete, Gustavo! Pero qué te has creído? Tengo novio, lo sabes bien! Y nunca le haría eso a mi compañera María, tu mujer!
– Sólo un besito, pues, uno sólo, de verdad, y me voy!
– No, no, no puede ser!
– A ver, quita la mano y déjame ver tus tetas, que bajo la blusa se veían muy bonitas!
– Vete, Gustavo, o voy a gritar!
– Ven, ven un momentito, cielo, a ver, aparta la faldita…
En esas que mi Virginia le propina una bofetada en la mejilla, teniendo sin remedio que descubrir su pecho, y cuando Gustavo, con ojos como platos, le coge las tetas para besarlas, ella le da otra bofetada, se aparta y se dispone a gritar.
– No, no, por favor, ya me voy, no armes un escándalo! Pero debo decirte que estás muy apetitosa! No te enfades, mujer! No es mi culpa que estés tan buena! Mira que eres tonta, pudiendo estar conmigo y querer pasar la noche sola! Ya sabía que eras una estrecha! Una calientabraguetas! Todo el día mostrando las piernas, los muslos, incluso las bragas, hinchando el pecho, con posturitas sexis y provocativas…
– Vete de una vez o te vuelvo a dar! Qué vergüenza! Un hombre casado! Y con una amiga mía! Eres de lo peor!
– No digas eso, es que estás irresistible! Bunas noches!
– Vete de una vez!

Sola otra vez en la tienda. Y con el coño caliente y empapado. Qué bien le habría ido un revolcón con Gustavo. Aunque era bastante mayor que ella, no estaba nada mal. Pero no podía hacerle eso a una amiga. Además, quería serme fiel por encima de todo! En fin! Se puso de rodillas y se introdujo los cinco dedos de su mano derecha en la vulva dispuesta a poner un poco de remedio a su calentura. Con la otra mano se acariciaba los pezones. Entonces vio su espejo de mano y tuvo una idea que le daría más placer. Se introdujo el mango en la boca y, una vez bien humedecido, levantó el culo como una gatita en celo y se lo acerco a su agujerito posterior. Sin casi esfuerzo, se abrió y pudo penetrarlo unos escasos centímetros para, enseguida, meterlo todo de un golpe y empezar un mete-y-saca que, acompañado de la mano casi entera en el chocho la puso a cien, a punto del orgasmo, intentando no gritar para no despertar a sus compañeros de viaje. Estaba a punto de perder el oremus cuando, de repente, oyó nuevos pasos fuera de su tienda. Como pudo, arrancó el mango de su ano y se tapó un poco con la blusa. Espió y lo que vio la sobrecogió: unos nativos salvajes estaban entrando en las tiendas y cogían a sus compañeros y a los guías. Mi Virginia se puso la falda y la blusa y se escapó corriendo de la tienda hacia la selva. Se escondió tras unos matorrales y enseguida vio como un par de salvajes iban hacia su tienda. Al momento, salían sorprendidos al ver que ella ya no estaba allí. Los demás apuntaban a los prisioneros con sus lanzas. Uno de los nativos, el que parecía mandar, agarró a María por el pelo y la arrastró unos metros. Ella gritaba y lloraba. Su marido y los demás no podían hacer nada, pues estaban desarmados y los nativos les superaban en número. Un par de los atacantes cogieron también a doña Pilar y la dejaron al lado de María.
– No nos hagáis nada, por favor! Os daremos lo que queráis, dinero, joyas!
No sé si la entendieron, pero como toda respuesta, el jefe cogió a María por la nuca, le arrancó el camisón y la puso boca abajo. Todos los atacantes empezaron a gritar y a reír. Cuando Gustavo hizo un gesto para defenderla, le acercaron más las puntas de las lanzas y se tuvo que contener. Roger estaba paralizado por el miedo. El jefe, alto, joven y musculoso, bajó las bragas de María y le levantó el culo, para que todos sus amigos le vieran bien. Ella lloraba todavía más: – Por favor, no me hagas daño, estoy casada, soy madre de tres hijos! – pero como respuesta, el jefe le cortó el sostén con la lanza y su bonito pecho quedó al descubierto. Todos admiraron el lindo cuerpo de la compañera de Virginia!

Mi novia veía aterrorizada toda la escena y no sabía qué podía hacer para ayudar a las dos mujeres. En esas, vio como quitaban el pantalón corto del pijama a doña Pilar y todos se relamían al darse cuenta que no llevaba bragas y verle el pelo rubio del pubis. Le quitaron también la parte de arriba del pijama y descubrieron que tampoco llevaba sostén. Los rotundos pechos de Pilar, con unas aureolas magníficas, encantaron a los nativos, que empezaron a sobarlos, lamerlos, mordisquearlos, chuparlos y besarlos. La dueña de la tienda lloraba y gritaba, pero los atacantes no le hacían ningún caso. La pusieron boca abajo al lado de María y mostraron también su culo a todos. Era difícil decidir cuál de las dos mujeres desnudas era más hermosa! El jefe se bajó una especie de falda y descubrió un gran pene, ya bastante morcillón. Lo mismo hicieron los dos que tenían sujeta a doña Pilar. Virginia no podía hacer nada, pero tampoco se podía quedar mirando y dejar que los nativos atacaran a sus compañeras. Sin pensarlo dos veces, agarró un a rama gruesa y una piedra puntiaguda y salió gritando hacia los atacantes. Estos se vieron sorprendidos ante la inesperada irrupción de mi novia armada.
– Dejad libres a mis amigas o os voy a atacar con mis armas!
Los nativos dejaron a Pilar y a María, que se abrazaron llorando aliviadas. Mi novia Virginia había ganado! O eso creía, pero se dio cuenta de que algo fallaba cuando el jefe se acercó hacia ella y, evitando fácilmente el golpe con la rama y la piedra, la desarmó en un segundo, la agarró por el pelo y la tumbo boca abajo. Le subió la falda y su pene se empinó al momento al ver que no llevaba braguitas y que tenía rasurado completamente el pelo del pubis y de la vulva, como si fueran de una niña. Los dos malhechores que habían dejado a Pilar, apuntaron con las lanzas a Virginia y le cortaron la blusa: sus pechos perfectos aparecieron ante todos. Gustavo, a pesar del miedo y la tensión, se dio cuenta que no podía evitar una erección, que era evidente bajo el pantalón del pijama. Lo mismo se podía adivinar en los calzoncillos de Roger viendo el culo al aire de mi novia, con la faldita en la cintura. El jefe apartó a sus compañeros y les indicó que Virginia era para él, que ellos podían tomar a las otras mujeres. El más grueso y bajito pareció enfadarse un poco, pero se giró hacia doña Pilar. Esta empezó a gritar aterrorizada. El más alto se fue hacia María, que se puso a llorar. Cuando Virginia vio sufrir tanto a sus compañeras, hizo un gesto pidiendo a los dos atacantes que se le acercaran. Tomo sus pechos y les indicó que eran para ellos, que no se hicieron de rogar y empezaron a mamarlos con fruición. Enseguida tremparon como locos! Cuando el jefe vio la escena y cómo empezaba a rezumar la vulva de Virginia, la penetró salvajemente, sin ninguna delicadeza, montándola como un hábil jinete, tirándole de la falda como si fueran unas riendas. Las otras dos mujeres miraban agradecidas a mi novia  y pensaban que, aún siendo virgen, se sacrificaba por ellas. Uno de los otros cinco nativos, con la cara pintada de blanco, dejó de apuntar a los hombres con la lanza, se bajo la ropa y se puso debajo de Virginia. El jefe le hizo unos aspavientos para que se fuera con otra de las mujeres, pero mi novia, para proteger a sus compañeras, le cogió el pene y le acercó la punta a su clítoris y, con fuerza, consiguió que entrara en su vagina, aunque también estaba ocupada por la enorme tranca del jefe. Mi novia no pudo evitar gemir y suspirar cuando perdió el mundo de vista con un fuerte orgasmo. Los indígenas que le mamaban el pecho, lo mordisquearon con más fruición, y el jefe y el de la cara de blanco se movían al unísono en su coño. Los otros cuatro atacantes, vestidos con piel de jaguar, estaban muy excitados y se querían sumar a la fiesta. Ataron rápidamente a los prisioneros masculinos, dejaron las lanzas en el suelo y se fueron hacía Pilar y María pero, al ver tan bonita a mi novia, dejaron a las dos chicas y se acercaron a mirar a Virginia. Ella, para evitar que fueran atacadas sus compañeras, les recibió con una sonrisa y se relamió el labio, con una lengua tan juguetona que los cuatro de jaguar parecieron entender que les brindaba la boca. Los cuatro se sacaron las pollas y pugnaron para ver quien conseguía que Virginia se la comiera. Sorprendentemente largas, todas besaron los labios de la chica y todas penetraron su boca. Virginia estaba tan bien que tuvo su segundo orgasmo: fue una explosión de gritos y de eyaculación vaginal! María y Pilar, antes de huir hacia la selva,  aprovecharon para desatar a Gustavo y a Roger, así como a los tres guías. Ellos enseguida cogieron las lanzas. Era el momento para sorprender a los nativos y hacerse con la situación ya que estaban desarmados! Pero, insospechadamente, Gustavo dejó la lanza, se bajó el pijama y se acerco a Virginia. Estudiando sus posibilidades pensó que ahora o nunca! Se puso encima de mi novia, sonrió al jefe que estaba en éxtasis follándola, e intentó hincarle su polla totalmente erecta por el culo. Pero no le era fácil pues ya tenía dos trancas en el coño. Escupió el ano de Virginia y lo ensanchó con un par de dedos hasta que consiguió que le entrara la puntita y, tras ella y en un momento, toda la verga. Eso era el cielo. Gustavo gritaba palabras soeces e insultaba a mi novia – Puta, ves como te gusta? Si ya decía yo que eres una calentorra! Te están violando y disfrutas, zorra! Vaya puta que estás hecha! Y que tía buena! Eres mejor de lo que me imaginaba, guarra! Tu culo es el mejor del mundo- y, el muy cabrón, pegaba las nalgas de mi novia, totalmente enrojecidas, y empezó a bombear con locura su ano, mientras era follada por dos pollas y hacía un francés a cuatro penes simultáneamente, aparte que dos hombres le comían salvajemente las tetas. Roger se dejó llevar por la situación y también se acercó a la increíble escena. Se bajó los calzoncillos y mostro una polla enorme. Cuando Virginia la descubrió, tan grande, erecto y apetitoso, explotó en un tercer orgasmo que se oyó en toda la selva! La chica agarró con fuerza el pene de Roger y lo empezó a masturbar con maestría: – Gracias, Virginia, gracias! Un sueño hecho realidad!
– Zorra, mira que bien se lo pasa la muy puta! – le gritaba muy excitado el marido de María follando el culo de Virginia.

Los tres guías no eran de piedra y estaban muy calientes. Miraron hacía donde habían huido Pilar i María, pero decidieron que era con Virginia con quien querían estar. Así que el más decidido y mayor se sacó el pene erecto, se puso con Gustavo tras Virginia y luchó para hacerse un hueco en el ano de la chica. Parecía tarea imposible siendo follada ya por dos penes en el coño y el del marido de María en el culo, hasta que ella, al darse cuenta de la intención del guía, chupó y lamió los dedos de la mano que tenía libre y con ellos se abrió un poco más todavía el ojete y se lo lubricó con la saliva: el guía mayor aprovechó y la ensartó en un santiamén. Ella profirió un grito de placer inmenso! Los otros dos guías no pudieron aguantar más y acercaron sus dos vergas inhiestas a la mano libre de Virginia. Ella las cogió y les hizo una paja conjunta! Los dos nativos de las tetas le metieron sus penes entre ellas para que les hiciera una cubana impresionante! El jefe hizo un grito de guerra y empezó a eyacular y eyacular en el coño, ante lo cual el de la cara de blanco tuvo también un increíble orgasmo, juntando su leche a la del jefe en la vagina de mi novia. Gustavo llenó de semen el culo de mi novia – Puta, ya me viene, te voy a inundar de mi leche, a que te gusta, zorra!- y, al momento, el guía más decidido también contribuyó a inundarle sus entrañas. Los cuatro nativos explotaron en la boca de la chica y ella ya no pudo más e irrumpió en su cuarto orgasmo, gritando como una posesa: – Pero que buena está vuestra leche, bandidos hijos de puta! Dadme más, más!
Roger y los guías a quien les hacía una paja conjunta explotaron en la cara de mi novia que, también con la cara completamente blanca, se relamía de placer! Los dos nativos de la cubana le llenaron el pecho de leche y ella lo recogía para sorberlo con gusto.
María y Pilar se acercaron y vieron a todos con cara de placer y  a Virginia inundada de blanco. Cuando María se dio cuenta que Gustavo, su esposo, estaba dando por el culo a su compañera, empezó a llorar, y enseguida decidió su venganza: se puso a cuatro patas, como una gatita, mostrando el culo y el coño a todos los hombres presentes y enseguida Roger se fue hacía ella y le empezó a restregar el pene en su agujerito trasero hasta que se le volvió a poner duro. Gustavo se fue hacia Roger para apartarle pero su esposa le dijo: – Como le toques o le digas algo, ten por seguro que me voy a divorciar de ti, cabrón!
– Pero María, yo soy tu esposo!
– También lo eras cuando estabas dando por el culo a mi compañera, pobre, que se sacrificó para salvarnos. Eres un cabrón, Gustavo! Venga, Roger, métemela hasta el fondo, escoge el agujero que prefieras, son para ti!
Roger no se hizo de rogar y penetró con alegría el coño de María. El guía más decidido acercó el pene, erecto de nuevo, en la boca de María y esta se lo limpió de los líquidos del culo de Virginia: – Qué rico está, hmmm, que bueno!

Doña Pilar estaba a cien y se abrazó a uno de los guías, le besó apasionadamente y le acercó una mano a su pecho. El otro compañero se fue hacia ellos y le empezó a lamer el cuello, la espalda, fue bajando hasta el culo de la mujer. Era muy suave y rico, pero muy prieto y pequeño. Endureció la lengua y le penetró el agujerito con paciencia y devoción: – Señora, tiene un culo muy bueno! Pero es muy chico!
– Es que nunca me han hecho el amor por ahí, hijo!
– Nunca le han dado por el culo? Pero con qué hombres ha estado usted? Un culo tan bueno y tan irresistible! Eso lo remedio yo! – y acercó la punta de la polla a la boca de Pilar y cuando la tuvo bien húmeda y dura, la empinó hacia su culo y pacientemente le fue entrando con firmeza y suavidad. El otro guía aprovecho para penetrarle el coño y los tres siguieron una follada frenética de pie. Dos nativos de jaguar se acercaron a Pilar y esta les cogió los penes y se los masturbó con firmeza y pasión. Un guía se sumó al conjunto y mamó con alegría los grandes y ricos pechos de la dueña.
Virginia lamió la polla del jefe nativo, le abrazó y se la volvió a chupar para dejarla bien limpia de sus jugos. Gustavo le pidió si también se la chupaba a él y ella le dijo que no, y que le había dado por el culo sin su consentimiento, que era un cabrón y que se apartara de ella. Así que este, se fue hacia Pilar y esta le cogió la polla y le hizo una buena paja junto a los penes de los salvajes. El nativo de la cara de blanco, impresionado por las artes amatorias de mi novia, le acercó el mango de la lanza y se lo intentó introducir por el coño. Ella, que estaba haciéndole un francés al jefe, al ver que el mango no entraba en su vulva, cogió la lanza y llenó la punta del mango con su saliva y los jugos lubricantes del pene del jefe y se la devolvió al indígena, que la penetró suavemente y con facilidad con ella. Uno de los vestidos de jaguar, al ver la escena, le acercó otra lanza a la boca de la chica y esta la tomó, junto al pene del jefe, y cuando estuvo bien lubricada, le penetró el culo con ella. Los dos nativos movían las lanzas con mucha destreza y Virginia dejó las lanzas completamente empapadas con un nuevo orgasmo. El jefe sacó su polla de la boca de la chica, apartó al indígena, y cogió con firmeza la lanza que tenía ensartada en el culo y se lo penetró también con su pene enorme. Ella estaba encantada al sentir la tranca del jefe en el culo junto a la lanza! El nativo de blanco, que movía la lanza en su coño y que antes ya había probado lo acogedor que era, tomó ejemplo del jefe y también la penetró junto a la lanza, por delante. Con los dos mangos y los dos penes moviéndose hábilmente en el culo y la vagina, mi novia no pudo resistir tener otro estruendoso orgasmo que resonó en la noche y fue respondido por el eco de mil sonidos de animales de la selva. Sus suspiros y gritos se sumaron a los de María, que estaba siendo follada por Roger por delante y por uno de los nativos de jaguar por detrás, mientras chupaba la polla al guía más decidido, que le llenó pronto la boca de leche. Cuando Gustavo vio tanto placer en su mujer, inundó de semen la cara de doña Pilar y esta, follada de pie por los dos guías más jóvenes, por delante y por detrás colmada de leche caliente, tuvo un orgasmo como nunca en su vida y gritó loca de placer.

Los tres guías, Gustavo, Roger y los nativos de jaguar dejaron a Pilar y María, satisfechas y felices, y se fueron hacia Virginia y admiraron como el jefe le estaba dando por el culo junto a la lanza, con la faldita en la cintura, mientras el nativo de la cara de blanco estaba bajo ella follándola con su pene y con otra lanza. Ella parecía la diosa del amor! Los nativos se acercaron a Virginia y esta les sonrió pícaramente. Estos le empezaron a oler las axilas y, con aprobación y placer, a lamérselas. Luego, a  cuatro patas igual que mi novia, como animales, le empezaron a oler los pies y, con cara de gusto y satisfacción, a acariciárselos. Los tres guías se empalmaron enseguida y acercaron sus tres penes a la boca de la chica. Ella, golosa como nunca, les besó las trancas apasionadamente y dejo que las tres entraran en su boca para chuparlas apasionadamente. Roger volvía a tener duro el pene al ver a mi chica y quería estar con ella. Pero cómo? Tenía la boca llena con los penes de los tres guías, una polla y una lanza follándola por el coño, otra polla y otra lanza le estaban dando por el culo. Además, los nativos de jaguar estaban abrazándola, tocándola, lamiéndola, oliéndola por todas partes. La chica vio el deseo de Roger y le cogió el pene con la mano, se lo introdujo junto a los de los tres guías y le hizo una mamada impresionante. Luego le sonrió y con cara de mucho deseo, ella misma se subió más la faldita, lo atrajo hasta su culo y lo introdujo centímetro a centímetro hasta tenerlo completamente dentro junto a la lanza y el pene del jefe. Roger movió rítmicamente la lanza con la ayuda del jefe y lo mismo hizo el salvaje de blanco hasta que Virginia gritó de placer al sumergirse en un orgasmo inolvidable. Las pollas explotaron al unísono, las de Roger y del jefe en el ano, del indígena de blanco en la vagina, de los otros nativos en todo el cuerpo, de los guías en la boca… Incluso Gustavo aprovecho para hacerse una paja y llenar el pecho, el cuello y la cara de la chica con su leche, que le miró entre enfadada y pícara, como resignada.

Empezó a desaparecer la noche y la selva despertaba. Los nativos totalmente satisfechos abrazaron a mi Virginia, la tendieron sobre la hojarasca y empezaron a mearle encima al tiempo de cantar una canción, como si fuera un rito de purificación y de limpieza. Los guías se sacaron sus penes e hicieron lo mismo. Y Roger y Gustavo también orinaron sobre ella. Virginia les miró agradecida, se sentía limpia y fresquita, lo mejor para resistir el calor del día que empezaba. Los atacantes desaparecieron como habían venido y los turistas empezaron a desmontar las tiendas. María i Pilar estaban muy agradecidas del sacrificio de mi novia y ella también de haberles podido ayudar. Roger estaba totalmente enamorado de mi Virginia. Gustavo sería el que pasaría peores vacaciones porque María le negó la palabra durante todo el viaje y no pudo consolarse ni con doña Pilar, que se vio satisfecha todas las noches por los guías, ni con Virginia, que se mantuvo fiel a mí, su novio, aunque nadie supo si Roger le acompañó alguna vez a su tienda o si los nativos volvieron a hacer alguna visita a mi novia en alguna otra ocasión o, quizás, todas las noches que duró el viaje, un viaje inolvidable.

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Mi adorable novia Virginia (VI) – En la playa

Mi adorable novia Virginia llevaba muchos días insistiendo en que fuéramos a pasar unos días a la costa. Yo, como ya debéis saber, prefiero la montaña, la verdad. Pero no es cuestión de llevarle la contraria a mi Virginita, y menos ahora que pronto nos vamos a casar. La verdad es que ambos esperamos el día de la boda con mucha ilusión! No está mal, en parte, eso de que hayamos acordado no tener relaciones sexuales hasta que seamos marido y mujer. Pero lo cierto es que cada día que pasa sin poderla ni siquiera tocar es un calvario para mí. Y también para ella, no creas! Virginia me quiere mucho, no sé si tanto como yo a ella, pero respeto su manera de pensar y ella siempre dice que de esta forma yo le demuestro mi amor mientras que, de la otra, siempre tendría la duda de si todo se reduciría a ser para mí sólo un objeto sexual. La cuestión es que Virginia es una mujer 10, está para comérsela, aparte de que es muy cariñosa y amable conmigo. Yo sé que mi novia también sufre por no poder satisfacer sus instintos y sus deseos conmigo y además ella es una chica muy caliente, pero esos sí, muy responsable y fiel. Bueno, ya sólo falta unos meses para que nos podamos acostar y hacer, por fin, nuestros sueños realidad!

La cuestión es que ayer jueves 18 de agosto llegamos a una pequeña localidad de la costa y nos vamos a quedar unos días allí de vacaciones. No recuerdo haber visto tan contenta a mi Virginia como cuando empezó a ver el mar. Comenzó a gritar ilusionada:

– El mar, el mar! Ya veo el mar! Has visto, Juan? Qué inmensidad, que bonito!

– Sí, cielo, muy bonito! Aunque no tanto como tú, amor!

– Qué cosas más lindas dices, Juan! – me respondió al tiempo de darme un cálido beso en la mejilla!

Nada más llegar al hotel, Virginia dijo de ir a la playa enseguida. Yo estaba cansado de tanto conducir, pero bueno, dejamos las maletas en nuestras respectivas habitaciones y acordamos cambiarnos y encontrarnos al cabo de unos minutos.

Cuando vi aparecer a  mi novia en el salón del hotel, casi me viene un infarto! Llevaba puesto un minivestido de cuadros negros y rosas, muy ajustado en la cintura, con un escote de vértigo y una faldita con volantes. Aunque ella no es demasiado alta, se le veían unas piernas largas y bien contorneadas, un pecho rotundo, una cinturita de avispa y unas caderas voluptuosas.

– Virginia, este vestido te habrá salido baratito, porque con la poca ropa que han necesitado para hacerlo…

– Juan, es que no te gusta?

– Pero qué dices, sí me encanta! Estoy seguro que eres la más guapa del hotel… y de toda la localidad!

– Gracias, Juan, eres muy amable!

Y no era sólo a mí que me gustaba cómo iba vestida mi novia porque todo el mundo quedaba encandilado al verla caminar elegantemente sobre sus altos talones. Más de uno quedaba pasmado mirándole el bonito pecho o admirando sus muslos, o intentando descubrir un milímetro más de su culo. Yo, al lado de este monumento, me asaba de calor, y no sólo por las elevadas temperaturas!

Al llegar a la playa, propuse a mi Virginia de situarnos un poco apartados de la multitud, pero ella prefirió acercarse mucho al agua y, claro, ahí se concentraba la mayor parte de la gente. Creí oír unos “oh” de admiración cuando mi novia se subió el vestidito, muy sensualmente, y descubrió su impresionante bikini. Era completamente blanco y en la parte de arriba, la tela tan reducida casi no cubría ni sus pezones y la aureola. Sus pechos se desbordaban por encima y por debajo del minisostén. La braguita era un tanga muy pequeño y por la parte de atrás tenía un delicado encaje a modo de faldita con un volante. Lo fascinante era que, por debajo de la microfaldita, parecía que ella iba sin bragas ya que el tanga era más fino que un hilo dental. Se diría que toda la playa estaba pendiente de Virginia y, lo más curioso, yo pensaría que ella era consciente de eso porque se movía con una delicadeza y hacía unas posturas como si estuviera en un escenario o en un desfile de modelos. Irresistible!

– Estoy dudando de si me quito la parte de arriba, Juan. Veo que muchas mujeres hacen top-less en esta playa. A ti qué te parece que haga, cariño?

Yo, que me moría de ganas de verle las tetas, la verdad, va y digo:

– Como tú quieras, amor, pero temo que más de uno se desmaye al verte desnuda!

– Va, no sería para tanto, Juan! No sé si tomármelo como un piropo o como una indirecta para que no me quite el sujetador!

– Virginia, de verdad, como tú quieras! Yo sólo digo que eres tan guapa que vas a provocar más de un sofocón en la playa!

– Vamos a dejarlo, ya veo que no quieres que haga top-less!

En parte, eso me tranquilizó, pero me quedé con las ganas de admirar el ansiado pecho de mi novia. Yo ya tenía una erección importante y tuve que tumbarme boca abajo para que no se me adivinara. Me di cuenta que todos los hombres de alrededor estaban en la misma posición que yo. Qué casualidad, pensé.

– Me pones crema, cariño?

– Por supuesto que sí, amor!

Ya te puedes imaginar que mi erección fue creciendo al irle poniendo el protector solar, sobretodo en la espalda, en los muslos, en el pecho, en las nalgas…

– Oye, Juan, no te pases con la crema! Si con el biquini allí no me llegará el sol!

– Pero si apenas te cubre nada!

– Es que no te gusta mi nuevo biquini blanco, amor?

– Pero que dices, me encanta! No vi un biquini más bonito en mi vida. Aunque a ti, con este cuerpo que tienes, cualquier cosa te queda de muerte!

– Gracias, amor! – y en diciendo eso pareció humedecersele un poquito el tanguita, aunque quizá era el bronceador.

Yo volví a tumbarme ante el temor que mi miembro erecto reventara mi bañador!

Al ratito, Virginia exclamó, demasiado en voz alta para mi gusto:

– Amor, estoy muy caliente, nos bañamos enseguida!

– De acuerdo! Vamos! – dije yo al ver que todo el mundo se la quedó mirando. Cuando empezó a andar hacia el agua, los ojos de los hombres parecían platos, todos fijos en el cuerpazo de mi novia. Yo no podía más que estar orgulloso. Me metí rápidamente en el mar, a ver si así bajaba mi empinamiento. Pero en ese momento, Virginia se acercó a mí y me abrazó. Y me dio un beso en los labios!

– Estoy muy contenta, amor! Qué bien lo vamos a pasar en estas vacaciones! Qué buena está el agua!

– Sí que está buena, sí! – dijo un joven apuesto con acento inglés que teníamos allí mismo, mirando fijamente el pecho de Virginia, con los pezones duros y puntiagudos bajo la reducida tela, ahora ya casi transparente. Ella se ruborizó y le dio la espalda, aparentando no haberle oído. Pero él no se apartó fácilmente y escuchó, divertido, cuando mi novia gritó, riendo:

– Uy, cariño, con lo fría que está el agua, no puedo resistir hacerme un pipí!

– Ja, ja, tranquila, Virginita, es normal! No pasa nada! Ja, ja!

Cuando salimos del agua, la expectación de la gente cercana era mayor pues a nadie se le escapaba que el biquini, antes blanco, ahora parecía haber desaparecido por la humedad. Nos tumbamos en la toalla, yo boca abajo, claro, hasta que un chico rubio con barba se acercó y dijo:

– Oye tío, mira, que estamos jugando un partido de fútbol, ves, allí, en esas porterías en la playa, a lo lejos, y nos preguntábamos si tú querías jugar con nosotros!

– A fútbol? Me gusta mucho y, la verdad, no le doy mal. Pero no, no, gracias, que quiero tomar un poco el sol, aquí al lado de mi novia.

– Ah, vaya, es que nos falta uno para igualar el número de jugadores de cada equipo.

– Juan, ve, no seas tonto, tenemos todo el día para tomar el sol, bañarnos y estar juntos!

– Es que hace mucho calor y…

– Venga, amigo, no se hable más. Verás que te lo pasas bien!

Le di un besito a Virginia, que me dijo: – A ver si marcas muchos goles, cielo!

Al llegar a la parte de la playa donde las porterías, ciertamente se estaba jugando un buen partido de futbol sobre la arena. Curiosamente, eran más de veinte jugadores, la mayoría, jóvenes y atléticos, aunque también había alguno que no parecía mucho mejor deportista que yo. No me di cuenta que el que me vino a invitar, le dijo a los otros jugadores algo en secreto y desapareció al cabo de unos minutos. Yo me lo pasaba bien y, por cierto, era de los que mejor jugaba.

El joven rubio con barba fue hasta donde se encontraba Virginia y le oyó decir a un chico moreno y musculoso que iba con unos amigos:

– Pero bueno, tú qué te has creído! Ya has visto que estoy con mi novio, claro que no voy a ir contigo y tus amigos a tomar nada al chiringuito!

– Guapa, no te lo tomes mal. Se nota que tienes ganas de divertirte y tu novio ahora no está contigo! Si lo prefieres, podemos ir y bañarnos juntos! – le respondió el moreno y musculoso.

Entonces, el joven rubio y con barba intervino:

– Oye, ya has oído a la joven, No quiere ir contigo y basta, No hace falta hablar tanto!

– Y tu quien eres?

– Un amigo de la chica, cosa que, a ti no te importa.

– Mira, no quiero follones! Ni que fuera la única chica de la playa. Anda y que os den!

– Qué maleducado! Muchas gracias por sacarme esos moscardones de encima!

– De nada. Sabes qué pasa, que tú eres muy guapa y claro, los hombres no te pueden quitar ojo de encima.

– Eres muy amable! Pero oye, tú no estás jugando a fútbol con Juan?

– Sí, pero he pensado descansar un poco y he visto que te estaban molestando esos chulitos. No mes extraña, la verdad, porque te ves muy guapa y cariñosa! Qué te parece si nos tomamos un baño juntos. Ya veo que tú tienes mucho calor! – le dijo el joven rubio y con barba mirando el tanguita evidentemente húmedo.

– Sí, sí, bañémonos juntos, así no me molestarán más esos u otros pesados!

Y anduvieron hacía el agua ante la sorpresa de la gente de al lado al ver que Virginia iba ahora con otro acompañante a bañarse. Ya en el agua nadaron un poco, cerca uno del otro.

– Que bien que se está aquí en el agua. Es que ya me moría de calor! Y sin que nadie me moleste, gracias a ti! – exclamó Virginia y, en agradecimiento, dio un beso en la mejilla al joven rubio y con barba. Éste, aprovechando el acercamiento de mi novia, la coge por la espalda y la aprieta contra su pecho. Enseguida le da un beso en los labios.

– No, no, eso no, por favor. Has sido muy amable, pero yo tengo novio. Y pronto me voy a casar!

– Sí, ya sé que tienes novio. Pero tienes aspecto de que pasas hambre, y esto es un crimen en una chica tan guapa como tú!

– La verdad, veo que tienes mucha psicología, porque es verdad que… bueno… quiero decir…

De nuevo, el joven, atrevido, la acerca hacía él, esta vez agarrándola por las nalgas y le vuelve a dar un beso, ahora en la boca.

– Hmmm, que rico, tienes unos labios y una boca que son un primor! Y se nota que te mueres de ganas de otro beso.

– No, no, de verdad que no. Yo soy una mujer fiel. Y quiero llegar virgen al matrimonio!

– Virgen? De verdad que tu novio no ha hecho todavía el amor contigo? Ahora entiendo porque estás que ardes!

– No, es que… yo… él… queremos… – ante los titubeos de la chica, el joven rubio y con barba la abraza con fuerza, dentro del agua, y le mete la lengua hasta el paladar mientras el dedo índice de la mano derecha le aparta el hilillo del tanga i, rápidamente, le introduce tres dedo en el sexo de mi Virginia.

– Uau, pero no ves cómo estás, guapa! Si estás húmeda y totalmente abierta! Te mueres de ganas de sexo!

– Cómo puedes saber tanto de mí, si apenas me conoces? Eres muy inteligente… y tan amable conmigo! – y es ella que ahora introduce su lengua en la boca del joven. Él masturba a mi Virginia con gran habilidad y en un momento, de tan caliente que estaba, ella se corre con algunos tímidos gemidos y suspiros. Ahora ella, doblemente agradecida, acerca su mano al paquete del joven y abre unos ojos como platos al notar que está totalmente empinado.

– Qué te parece si ahora me corro yo… es que ya no aguanto más, ni aquí en el agua fría!

– No, yo no puedo hacer eso, ya sabes que estoy con mi novio!

– Y tanto que puedes… además lo deseas… mira, yo te acompaño tu mano, ves? Así… primero la sacas de su prisión y ahora le das unos masajes suaves, suaves, tira para adelante… un poco hacia atrás… así, muy bien, como un vaivén… hmm… lo haces muy bien.

Entretanto, el joven moreno y musculoso se acerca a Virginia por detrás, le aparta el tanguita hacia un lado con el pene, bien grueso y la ensarta sin mediar palabra. Ella tarda un momento en reaccionar y ve al rubio con barba asentir con la cabeza como dando permiso al musculoso y guiñándole un ojo.

– Pero, qué pasa aquí? – suspira la joven – Ay, hmmm, que bueno! Ah! Métemela toda, toda enterita, que está muy rica! Ah, que buena!

El joven rubio y con barba no puede resistirse más y lanza todo lo que tiene dentro del agua. Ella se siente muy bien cuando la abraza, la besa, mientras el moreno le lame la nuca y le introduce sus dos manos bajo el leve sostén: – Chica, pero si tus pezones parecen puntas de lanza! Nunca había visto una mujer tan caliente y que esté tan buena!

En esas que los amigos del joven musculoso y moreno se van acercando a la escena: – Si os parece, nos quedamos aquí alrededor, os cubrimos para que la gente de la playa no se dé cuenta de lo que estáis haciendo.

– Sí, gracias, pero no miréis, por favor, la verdad es que sois buena gente, os juzgué mal antes. Perdonad! Ay, hmmm, uaaá! – contestá Virginia antes de sucumbir a su segundo orgasmo puesto que la polla del moreno musculoso, detrás de ella, le trabaja la vagina con gran placer. Éste, al verla tan caliente y sexual, rápidamente se deja ir y le llena el coño con su leche. Al apartarse de ella el rubio y el moreno, los tres amigos se acercan a la chica y la abrazan apasionadamente. Uno con muchos tatuajes le arrancó el sostén de un bocado y le empezó a mamar las tetas con mucha pasión, mientras otro muy guapo con ojos verdes, le bajó la braguita y, bajo el agua, le empezó a lamer, chupar y besar el clítoris. Sólo saca la cabeza para respirar y rápidamente vuelve a sumergirse para comerla. Ella pierde el mundo de vista y sólo puede emitir un grito de placer al notar dos dedos del más bajito que se introducen en su ano.

– Pero que malos sois… o que buenos… hmmm… no sé!

– Somos buenos, buenos para ti, que necesitas saciar tu hambre y sed de hombre! – dice el más bajito que ya encula enérgicamente a mi novia. El de los tatuajes no puede resistirse ante la belleza de esta diosa del amor y, sin ningún problema, le endiña la polla en la vagina. Mi chica está en el agua emparedada por dos hombres, uno por delante y otro por detrás y no deja de emitir uyes y ayes de satisfacción mientras otro le acaricia tan diestramente el clítoris que le sobreviene brutalmente el tercer orgasmo, más placentero si cabe que los dos anteriores. Se siente muy amada. Y más cuando el rubio con barba y el moreno musculoso se acercan a la chica y buscan espacio para besarla. Empieza a haber gente acercándose al agua y mirando descaradamente lo que allí sucede. Ante el temor que haya un problema, incluso que algunos niños pudieran verlo, el musculoso toma a la chica en brazos y, andando por dentro del agua, la traslada, toda desnuda, a una calita cercana escondida tras unas rocas. Allí, ya en la intimidad, besa a la chica y la acompaña para que se ponga a cuatro patas, al estilo perrito, y al verla tan caliente y apetitosa, le introduce el pene por el culo en un momento. Ella, de rodillas en la arena, se gira y lo mira entre pícara y agradecida. Enseguida, sus tres amigos se acercan y penetran su boca con las tres pollas que ya les arden. Ante los mimos de la lengua y labios de mi Virginia, los tres chicos no pueden resistir ya más y lanzan toda su leche a la cara de ella que con los labios intenta que no se pierda ni una gota. En eso que el moreno musculoso con su tranca en el ano siente tanto placer que dispara todo su semen en las entrañas de mi novia y ella, al sentirse tan querida, tiene un orgasmo inolvidable. Entonces llega el rubio con barba junto a cuatro hombres y dice:

– El partido todavía sigue, no te preocupes que tu novio está pasándoselo en grande. Pero estos amigos que vienen conmigo también querrían descansar un poco y amarte. Es que estás tan buena!

– Estáis siendo muy buenos y cariñosos conmigo, ciertamente. Si tus amigos también lo son, dejo que se acerquen. Es que todavía estoy caliente y quiero más hombre, más polla!

Los cuatro recién llegados, sudados por el partido de fútbol, se bajan enseguida el bañador y acercan la polla inhiesta a la boca de la joven. Ésta, a cuatro patas, hace los imposibles para que le quepan todas en ella y se ayuda con la mano para que les resulte muy placentero. Al verle los pechos apuntando rotundos hacia la arena, el rubio con barba se tumba bajo la chica y se los mama con devoción: – Hmmm, que ricas tetas, dame toda tu leche, tía buena, maciza!

Al verle el irresistible culo, apuntando hacia arriba, bien abierto y jugoso, el joven de los tatuajes dice: – Yo todavía no probé tu culo y me muero de ganas, se ve una cuevita muy acogedora!

– Si de verdad te gusta, tuyo es, guapo, pero trátamelo bien!

El de los tatuajes no necesita que se lo repitan y la ensarta en un santiamén: – Oh, pero esto es increíble, que culo, uau! Increible!

– Hmmm, gracias, eres muy cariñoso! Qué bien que te guste mi culo!

El rubio con barba, muy excitado tumbado en la arena bajo ella, penetra a mi novia por la vagina, muy prieta puesto que la polla del de los tatuajes la está dando por el culo. Ante una vagina tan caliente, el rubio no resiste ni unos segundos y eyacula salvajemente dentro. Ella, al sentir su leche en su coño, también llega al clímax y no puede evitar gritar: – Oh, pero que bueno, qué bueno! Ah!

Claro, ante tanto placer, el de los tatuajes también explota en el culo de mi novia y lo llena de leche. Los cuatro pollas en la boca de Virginia, simultáneamente, también dejan ir todo su semen y, aunque ella intenta tragárselo todo, su boca lo rezuma. La lengua, muy atenta, consigue que no se pierda nada: – Es que vuestra leche, tan calentita, está tan buena! Nunca me cansaría de beberla!

El rubio dice a su amigo moreno y musculoso: – Ves como ha sido buena la idea que tuve? Una chica tan bonita debe tener todos los hombres que quiera! Y nosotros le estamos dando todo nuestro amor!

– Ah, pero, ya os conocíais, vosotros dos? –pregunta sorprendida mi Virginia.

– Sí, todos, los nueve somos amigos! Estábamos jugando a fútbol y cuando te vimos llegar y que estás tan buena, ideamos algo para poder estar contigo! Y mira, la cosa fue bien. Y es que tú, por estar tan apetitosa y caliente, y ser tan mimosa, te lo mereces todo.

– Bueno, me habéis engañado pero creo que os lo agradezco.

– Eres muy educada y fina, aparte de estar buena, eres muy buena!

Entre tanta charla, la chica y sus nueve amantes no se dieron cuenta que en las rocas se habían ido acercando muchos hombres ávidos de poseer a la chica. Uno de ellos, que ya se había enamorado de los pechos de mi Virginia antes en el agua, va y dice, con acento inglés: – Yo también quiero a esta tía tan buena y tan facilona. Si no, iré y se lo cuento todo al cornudo de su novio!

– No, eso nunca, por favor! Estamos a punto de casarnos! Le romperías el corazón!

– Pues ya sabes… tú misma!

– El rubio y con barba dice: – Por mí, no hay problema. Eres tú, niña, quien debe dar tu consentimiento para estar con el inglés o no.

– La verdad es que es muy guapo el guiri… – contesta ella, ruborizada pero muriéndose de ganas que vuelvan a hacerle el amor.

Los demás individuos que estaban apostados en las rocas empezaron a exclamar y a exigir también estar con mi novia y amenazando de diversas maneras si ella no consentía. Mi adorable novia Virginia estaba caliente como nunca al sentirse tan deseada y por tantos machos, pero era imposible estar con esos hombres. Ella sabía que yo podía volver pronto y encontraría muy raro que no estuviera en la toalla y la buscaría. Entonces el rubio con barba volvió a tener una idea:

– Amigos, calma, calma! No hay tiempo para que esta chica tan guapa pueda estar con cada uno de vosotros. Ella tiene novio, sabéis? Y, aunque está jugando a fútbol con mis amigos que le entretienen y le hacen sentir un nuevo Messi, para que no se aburra, claro, de un momento a otro volverá. Pero bueno, como de alguna manera se tiene que seleccionar, ésta chica tan caliente y cariñosa estará con quien pague algún dinero. A ver, quién pagaría veinte euros por estar a solas con la chica?

Todos los hombres levantaron la mano y gritaron que sí, que por supuesto.

– Vaya, no, no puede ser, sois demasiados! Bueno, pues… quién daría cincuenta euros por follar con ella? – preguntó el rubio con barba ante lo que todos dijeron que claro que valía cincuenta euros estar con la chica, que cada vez estaba más húmeda y no resistía tanto amor i admiración hacía ella.

Mira – dijo el rubio con barba- No hay tiempo, es imposible, quien pague cien euros puede estar con la joven pero no podrá estar a solas, tendrá que compartirla con los demás. Con cuántos crees que puedes estar a un tiempo, cielo?

– No sé, eso depende de lo gruesos que tengan sus penes y de si me tratan amorosamente para que yo me abra y lubrique para ellos! – contestó indecisa pero ilusionada mi Virginia, tocándose eróticamente los labios, cubriéndose pícaramente las tetas, ilusionada ante tantos deseosos admiradores.

– Claro, es cierto. A ver, quien ya disponga de los cien euros, ya se puede ir quitando el bañador y venir con ella!

– Sí, venga, venid, que me muero de ganas de estar con vosotros! – gritó ella, de rodillas en la playa, arrebozada de arena, mostrando sus rotundas tetas erectas, tapándose su sexo con una mano y con los cinco dedos de la otra, por detrás en su coño, ya sin poder detener un orgasmo ante tanto deseo y al ver tantos hombres sólo para ella – Ay, que no puedo esperar más, hmmm, me corro, venga por favor, llenadme con vuestras pollas, va, venga, ah, hmmmm!

El inglés, que se moría de ganas, fue el primero en dar el dinero y agarrar a mi Virginia y besarla apasionadamente. Le empezó a acariciar los pechos, a morderle suavemente los pezones, a lamerle las bonitas aureolas. El rubio con barba y sus amigos fueron organizando una larga cola y cobrando los cien euros a cada uno. Dijo: – Debéis follar juntos a la chica, no hay tiempo de hacerlo uno a uno, como más mejor. Y tú, guapa, sé muy cariñosa y caliente con ellos para que vayan rápido! A ver cuántos pueden follarte, cómo más, mejor para ellos, para ti y para nosotros! Así, así, que buena amante eres! La mejor y la más guapa!

El inglés ya daba por el culo a mi novia, que a cuatro patas, tenía dos pollas en cada mano y dos en la boca. Al mismo tiempo, un señor algo mayor follaba a la chica por la vagina. Uno que ya no podía esperar su turno se acercó al inglés y muy amablemente pidió sitio para también metérsela por el culo. Tan caliente estaba la chica que no le costó apenas ser enculada por dos pollas simultáneamente. Un caballero, que se veía enseguida que era muy rico, quiso ganar tiempo y le metió su pene entre las tetas, que cogió con fuerza y la folló en una magnífica cubana. Uno muy joven a quien estaba a punto de tocarle el turno, no pudo resistir la visión tan erótica y tuvo un orgasmo antes de hora; corrió hacia la chica y le lanzó todo el semen que pudo a su espalda ante gritos de placer: – Hmmm, doy por bien empleado el dinero aunque no haya podido follar a esta gran chica!

– Gracias, guapo, a ver, fóllame la boca, que te la dejaré bien limpita! Hazte sitio, verás cómo me cabe aunque ya esté mamando dos a la vez!

Cuando uno terminaba, rápidamente era reemplazado por otro. En un momento dado, y como el señor mayor tardaba mucho en eyacular, mi Virginia consiguió tener dos pollas en la vagina, dos más en el culo, tres en la boca, una en las tetas y cuatro en las manos. Eso aparte los que se acercaban y, pajeándose ellos mismos, la duchaban de semen en el pelo, la cara, la espalda, las piernas… Ella no podía parar de suspirar, de gritar, de agradecer tanto amor y mimo… y de tener orgasmos, cada vez más húmedos. Alguno le decía piropos, alguno decía que la quería, muchos le agradecían su amor y generosidad… Pero un hombre muy enrojecido por el sol, que la estaba dando por el culo junto a otro señor muy educado le gritó: – Vamos, puta, mueve el culo, eres la mejor puta que conocí! Que buena puta que eres, se nota que eres puta por vocación! Guarra, ramera! Que culo más rico tienes, puta, marrana! – y eyaculó sin parar de gritar.

Ella, entre suspiros y gemidos de placer,  dijo: – Sé que no soy puta y no quiero el dinero de ninguno de vosotros, pero alguna solución debía haber, no podía estar con todos… Y tu leche está muy buena en mi culo, gracias por dármela también por ahí, que siento mucho gusto porque lo tengo muy sensible!

Al cabo de un par de horas, y a una velocidad de unos diez cada cinco minutos, la cola no se terminaba, porque muchos volvían a ponerse en ella y querían repetir. Pero los organizadores dijeron que era imposible seguir, que debía terminar la orgía. Muchos se fueron con gran decepción, pero lo comprendieron.

Fue entonces cuando el rubio con barba le dijo a Virginia cuánto dinero había ganado. Ella le dijo que no quería nada, que si tomaba ni que fuera un euro entonces sí que se sentiría una puta y eso, nunca! El rubio con barba lo entendió y no insistió. Ella dijo: – Os lo repartís con tus amigos, que fue gracias a vosotros que tuve tanto amor de tantos hombres y me sentí tan bien!

– Bueno, si insistes… Demuestras que tú, de puta, nada. Eso es verdad! Lo único que, al estar tan buena, los hombres te deseamos como locos. Y al estar tu tan caliente y necesitada… no te puedes resistir. Pero, en agradecimiento por tanto dinero, si tu lo deseas, te hacemos nosotros el amor, que mira como volvemos a estar!

– Sí, estáis totalmente empinados! Me muero de ganas de estar con vosotros, mis nuevos amigos y amantes! Venid, venid… a ver, escoger por dónde me la queréis meter! Por todas partes me encanta y ya veis que estoy muy abierta y jugosa para vosotros!

– Yo me pido el culo, que está muy sabroso!

– Pues yo te follaré el coño, que no puede estar más jugoso!

– Yo me haré una rica cubana en tus tetas tan bonitas!

– Yo también podría darte por el culo? No me importa compartirlo!

– Por favor, yo querría un francés! Es que veo que la mamas de muerte!

– Tonto el último!

– Huy, que bien me hacéis sentir! Hmmm! Más, más… no pareis! Uah! Así, así! Quiero otra polla en el coño, por favor, que está que me arde! Gracias, así, así, bien llena con dos trancas largas y gruesas! Pegadme un poco más fuerte en el culo, sí, sí, pero con amor, eh? Ah, ah! Más, más! Bésame, cómeme la boca aunque la tenga colmada por dos pollas, rubio, hmmm, que beso! Quien puede meterme un dedo o dos por el ano? Venga, que me caben aunque me estéis dando dos por el culo! Uah, gracias, sois los mejores, se nota que me queréis! Ah, así, así, más, más!

Después de muchos orgasmos de mi Virginita y que todos la llenaran con su semen varias veces, la besaron con fruición, la cogieron delicadamente en brazos y la metieron en el agua. Allí los nueve hombres la lavaron bien con el agua de mar, sobretodo su sexo, su culo, sus tetas, las axilas, los muslos, entre besos y caricias… Al salir le pusieron el pequeñísimo bikini y la besaron, uno a uno, apasionadamente, como despedida.

– Nos gustaría volverte a ver, cariño!

– Y a mí, amigos! No sé si será posible. Aunque vamos a estar algunos días aquí, pero, ya sabéis, yo estoy con mi novio, con quien pronto me voy a casar! Gracias por todo, habéis sido más que amables!

– Gracias a ti, guapa! Eres la mejor! – le contestaron contentos por haber follado con la tía más buena de la playa además de haberse llenado bien los bolsillos con miles de euros.

Al cabo de un momento, yo llegué muy cansado donde descansaba mi Virginia y la encontré en la toalla, muy fresquita, y  me dijo que hacía un momento que se había acabado de bañar. Estaba muy guapa, más que cuando la dejé hacía unas horas para ir a jugar el partido. Se la veía feliz. Fue un acierto venir a la playa a pasar unos días. Le conté, ante su gran satisfacción, que fui el mejor jugador de todos y el que más resistió, ya que muchos se marchaban y algunos se iban y volvían al cabo del rato, pero que al final quedamos muy pocos. Y que yo fui el único que jugó todo el partido, sin irse a descansar en ningún momento!

– Es que mi novio es el mejor, en todo! Verás qué mujercita vas a tener, amor, y toda virgen para ti!- me dijo, guiñándome un ojo y dándome un besito en la mejilla. – Mira, Juan, si mañana ese chico rubio con barba vuelve a organizar un partido, estaré encantada que vayas a jugarlo, de verdad, que veo que así eres muy feliz y esos chicos te han aceptado muy bien!

– Virginia, temía que al estar sola tanto rato, alguien pudiera venir a molestarte!

– No, Juan, tranquilo. Quien iba a atreverse? Si todo el mundo vio que estoy contigo, un pedazo de hombre, cachas, que impone respeto! Ya te digo, puedes ir a jugar todos los días a fútbol, mientras yo estoy tumbada en la playa no me importa! Sólo quiero verte contento y feliz, amor mío!

De esta manera, ella pensó que nuestras vacaciones en la playa serían fantásticas! Yo jugaría en la playa mientras ella consolaría a los pobres hombres, tan apetitosos,  que se tuvieron que ir sin poder follarla, así como a los que quisieran repetir, que, sin dudar, serían muchos, más que ayer. La verdad es que ya volvía a morir de deseo y humedecía el minitanga sólo de pensarlo!

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Virginia, mi adorable novia (V) – En la montaña

Se iba acercando el día de la boda y yo no cabía en mí de la ilusión que tenía! Las últimas semanas habían sido las mejores en nuestra relación. Y eso no sería nada comparado con lo que sería nuestra vida de casados! Por fin nos podríamos amar totalmente, sin las restricciones impuestas por mi Virginia en lo que al sexo se refiere mientras sólo fuéramos novios. Cuando fuera mi esposa, sería toda, toda para mí, toda enterita! Yo ya había olvidado lo sucedido hacía meses en el teatro y volvía a ver a mi novia como una chica inocente y fiel a más no poder. Y ella se mostraba dulce, cariñosa y amable conmigo. Su único “no” era acerca de cualquier posibilidad de tener cualquier tipo de relaciones sexuales antes de la noche de bodas. Era su manera de pensar y yo la respetaba. No dejaba de ser una gran muestra de amor verdadero por ambas partes, verdad?

El 3 de enero de este mismo año, Virginia y yo fuimos a caminar a la montaña. La verdad es que yo no lo tenía muy claro puesto que el hombre del tiempo había pronosticado mucho frío y nieve para ese día. Pero accedí a ir de excursión con ella porque no puedo resistirme a nada que me pida con esos ojitos tan tiernos. Me quedé sorprendido al verla salir de su casa con una corta chaqueta roja con capucha y unas mallas rosa que destacaban sus bonitas piernas. Qué guapa estaba, parecía una bonita Papa Noel sexy! Me dio dos besitos, le abrí la puerta y subió al coche, contenta y entusiasmada:

– Juan, por fin llegó el lunes! Qué ganas tenía de poder subir a la montaña! Por fin! Tú no sabes la de trabajo que he tenido estas navidades en la tienda de moda, fines de semana incluidos! Necesitaba desconectar un par de días! Tenemos que aprovechar esta excursión al máximo, que el día 5 tengo que volver al trabajo y ya te puedes imaginar que será un no parar otra vez!

– Sí, amor, nos lo vamos a pasar muy bien! Dame un beso! – le contesté acercándole mis labios a su boca.

– Toma, cielo querido! –  me besó ella en la mejilla con un rápido movimiento.

El viaje hacía la montaña fue muy agradable. SI hubiera sido por mí, habríamos detenido el coche en cualquier lugar y me habría lanzado encima de Virginia, que estaba muy guapa, irresistible, pero sabía que era en vano puesto que ella no quería nada de sexo hasta que nos casáramos, algo muy respetable por otro lado.

Al cabo de un par de horas, dejamos el coche al lado de la carretera y empezamos a caminar por una senda que se adentraba hacía el bosque. La verdad es que hacía muy buen tiempo porque el sol de invierno brillaba muy generoso.

–          Amorcito, camina un poco más rápido! Por qué todo el rato vas detrás de mío?

–          Virginia, es que tú estás muy en forma y caminas muy rápido! Ya me apresuro! – me excusé, aunque la verdadera razón era que me encantaba admirar su culito y sus piernas bajo la chaquetita roja.

Fuimos subiendo por la senda. El paisaje era maravilloso. Veíamos todo el valle bajo nuestros pies. A Virginia se la veía feliz! Y yo, feliz al verla a ella tan contenta! En esas que empezó a nevar un poco. Eso era la guinda para una total escena romántica: yo, con mi adorable novia Virginia bajo la nieve rodeados de naturaleza bucólica. Sería por eso que ella me abrazó con fuerza y me lanzó un rápido beso en los labios. Yo, a pesar del frío, noté como una parte de mi cuerpo se ponía “firmes”. Cuando intenté devolverle el beso, ella se apartó, sonriendo y dijo: – Juan, no, tranquilo, no nos precipitemos!

–          Hija, por un beso…!

–          Deja, deja, que los hombres ya se sabe: empezáis con un beso y quién sabe hasta dónde queréis llegar! Tengo la ilusión de llegar virgen al matrimonio y así será!

–          Pero, hija, virgen, lo que se dice virgen…

–          Juan, no me hagas entristecer! Ya sabes cuánto te quiero!

En esas que de acercan otros excursionistas, apresurados. El más adelantado, con una chaqueta amarilla, dice:

–          Hola, pareja, mejor que no os entretengáis mucho por aquí, que va a caer una buena nevada y os será difícil poder bajar hasta el valle!

–          No, no parece que vaya a nevar tanto, sólo son unos copos – respondí yo confiado.

–          Huy, me parece que conoces poco el clima de la montaña! Vosotros mismos, pero yo bajaría enseguida para abajo! – respondió el de amarillo, que no paraba de mirar las piernas de Virginia.

–          Andaremos un poquito más por aquí y nos iremos pronto – contesté yo, interponiéndome entre mi novia y joven.

–          Bueno – dijo el muchacho de la chaqueta azul, mirando fijamente el bonito culo de mi chica – si lo preferís, podéis venir con nosotros al refugio, que está a una media horita montaña arriba! Ahí estaríais seguros y calentitos!

–          No es mala idea, Juan! – contestó Virginia – Allí estaríamos protegidos y calentitos!

–          No, no, andaremos un poco más y pronto bajaremos para el valle!

–          Como quieras, querido! – dijo sonriendo muy amable a los tres hombres – Aunque estos caballeros se ven muy expertos y quizá deberíamos ir con ellos. Yo empiezo a tener mucho frío!

–          Es verdad, se nota que la niña tiene mucho frío! – observó sonriendo el señor más mayor, con una chaqueta verde, sin dejar de mirar el pecho de Virginia, que descubría unos pezones completamente duros por la baja temperatura. Mi novia, al darse cuenta, se puso colorada y, tímida, cruzó sus brazos delante de su cuerpo.

–          Enseguida bajaremos, no se preocupen! – contesté yo, tajante!

–          Han sido muy amables, señores! – dijo Virginia.

–          Bueno, vosotros mismos!  Adiós!

–          Adiós!

–          Adiós, caballeros!

La nieve caía con ganas. Y el viento y el frío cada vez eran mayores. Virginia estuvo andando muy callada a mi lado. Tiritaba! Si yo me acercaba a ella, me apartaba sin miramientos! Yo no entendía por qué estaba enfadada. Hasta que dijo: – Juan, eres muy tozudo! Esos señores tan amables nos aconsejaron bien, pero tú no les hiciste caso y, mira ahora!

–          Qué, ahora qué? Oye, que no hay para tanto! Un poco de frío no mata a nadie!

–          Esto no es un poco de frío! Es una tormenta de nieve!

–          Hija, no seas tan exagerada! Ven, caliéntate conmigo!

–          No, no, déjame, vayámonos enseguida para abajo! Además, me muero de hambre!

–          Bueno, bueno, está bien, ahora mismo bajamos!

Lo cierto es que ya hacía rato que buscaba la senda para el valle, pero no había manera de encontrarla. Y lo peor es que cada vez nevaba más y más! No podía decirle a Virginia que estábamos perdidos! Además, empezaba a oscurecer! Después de una hora dando vueltas sin sentido, Virginia me dijo: – Oye, pero tú sabes a dónde vamos? Para mí que por aquí ya pasamos antes!

–          Tranquila, mujer, claro que sé el camino!

–          De verdad, Juan, a veces me pones enferma con tu tozudez!

Yo estaba totalmente desorientado. Pero debía proteger a mi Virginia y que no cundiera el pánico! Casi no veíamos tres en un burro! No me sentía las piernas! Estábamos empapados de nieve! Yo tenía ganas de llorar! Hasta que Virginia dijo: – Juan, mira! Ahí veo una lucecita! Ves? Huy, que suerte, ves? Este cartel que dice “refugio” e indica para allá. Corre, vamos!

–          Mujer, tú crees? Yo diría que si cogemos el camino por… – me dejó con la palabra en la boca, porque Virginia corría con todas sus fuerzas hacia la tenue luz.

Al llegar al refugio, Virginia llamó a la puerta, sollozando, y, enseguida apareció el joven de la chaqueta amarilla y nos invitó a pasar muy amablemente.

–          Pero, hasta ahora habéis estado a la intemperie? Podías haber muerto congelados!  – dijo el señor mayor de la chaqueta verde mirando fijamente el pecho de Virginia, que a pesar de la ropa mostraba claramente los pezones erguidos!

–          Tengo mucho frío! – exclamó mi Virginita, temblando!

–          Claro, pobrecita! Ya se nota, ya! – dijo el señor mayor acercándola a la estufa de leña en el centro de lo que podría ser el comedor – Estás completamente mojada! Deberías cambiarte enseguida de ropa y ponértela seca.

–          Ya, pero lo malo es que no traigo nada de recambio! Ay, me muero de hambre!

–          Vaya, claro! Lo sentimos, pero acabamos de cenar y no dejamos nada. Y mira que estaba rica la comida! No sabíamos que vendríais, si lo hubiéramos ni siquiera imaginado…!

–          Claro, claro, es normal… no pasa nada… supongo que lo soportaremos!  -dije yo, también tiritando. – Yo tengo unas almendras, Virginia, que se nos pondrán muy bien!

–          Almendras? Vaya cena! Así cuidas a tu futura mujercita? Ay, sólo tengo ganas de llorar!

–          Mujer, yo…

–          Qué le vamos a hacer! Lo primero es que la niña deje de pasar frío! – dijo amablemente el señor mayor de verde – Mira, bonita, si te parece bien, te quitas la ropa tan mojada y la pones cerca de la estufa.

–          Pero mi novia no va a desnudarse aquí, delante de todos!

–          Claro que no, claro que no. Nosotros somos unos caballeros. Nos vamos ya a la habitación a dormir y vosotros dos os quedáis aquí. Ningún problema. Allí tenemos mantas.

–          Si es así… – dije yo.

–          Tu también vete a dormir, Juan, con tus almendras! No pensarás que me desnudaré delante de ti? Todavía no estamos casados!

–          Pero, hija, si ya llevamos mucho tiempo de novios!

–          No me vengas ahora con esas! Además, si estoy así, mojada, hambrienta y tiritando, es por tu culpa!

–          Venga, señor, no haga usted enfadar a la niña, que hoy ya tuvo un gran disgusto! – dijo el señor mayor acompañándome hacia la habitación.

–          Buenas noches! –exclamé girándome hacia ella para darle un beso.

–          No, déjate de besos! Y no quiero almendras! Buenas noches, Juan! Buenas noches, señores!

Cuando estuvo sola, Virginia se quitó la chaqueta. Bajo ella llevaba una camiseta de algodón rosa totalmente mojada. Se la quitó enseguida y se quedó con el sujetador deportivo de color rosa completamente húmedo; parecía que los pezones iban a agujerearlo. Se desprendió rápidamente de las mallas y mostró unas braguitas rosas muy sexis, también empapadas. Ella no sabía que yo me había tomado las almendras y me había quedado completamente dormido, agotado de tanto caminar. Ni tampoco que el joven de la chaqueta amarilla estaba espiando tras la puerta. Ese sí que no tenía frío cuando vio a mi novia quitarse las braguitas y el sostén y depositarlo  todo cerca de la estufa, mostrando una vista inmejorable de su culo maravilloso, de su vulva totalmente depilada. Ella cogió una manta y se sentó al lado del fuego, abrigada pero todavía temblando de frío y hambre. Al ver que se había terminado el bonito espectáculo, el joven se fue hacia la habitación con el propósito de dormirse.

Pasaron los minutos y la pobre Virginia no podía dormir. Empezó a sollozar. Desde la habitación, se oían los gemidos de mi novia, desconsolada. Los tres hombres, menos yo que dormía plácidamente, se miraron con tristeza por no tener comida para la chica. Entonces, al joven le vino una idea a la cabeza al notarse su verga inhiesta: tenía la solución al frío de la chica e, incluso al hambre. Le dijo a su hermano, Lorenzo, y a su padre, Jorge, que se levantaran de la cama y que le acompañaran al lado de la estufa, que ayudarían a la chica. Al verlos acercar, Virginia cesó sus sollozos y les miró sorprendida.

–          Si tú quieres, nos acercamos a ti y verás como te pasa el frío. A ver, déjame un momento la manta… – dijo el de la chaqueta amarilla- Mira nos abrazamos así, muy fuerte… Ven, Lorenzo, y abraza a la chica! Y tu, también, papa!

–          No sé si debo… es que estoy completamente desnuda!

–          Sí, hmmm, eso salta a la vista! No te preocupes, que somos unos caballeros! – dijo el señor mayor abrazando bien a la joven. La imagen del azul, rojo, amarillo y verde formaba una bonita escena al lado del fuego crepitante. Es verdad que a Virginia, así tan bien abrazada por los tres señores, le fue pasando el frío. Al igual que a ellos.

–          Tengo mucho hambre!

–          Mira, tengo una idea! Verás cómo estoy! – dijo Daniel, el de la chaqueta amarilla y se bajó el pantalón y el calzoncillo. Un obús salió disparado y apuntaba directamente a la chica – Y seguro que a mi hermano Lorenzo y a mi padre les sucede lo mismo. Si tú quieres, puedes comernos el nabo y seguro que tendrás algo que saciará tu apetito.

Ante la sorpresa de la chica, el joven de la chaqueta azul mostró también su pene erecto. Pero el señor mayor dijo:

–          Huy, yo lo siento, pero no puedo darte nada. Ya no recuerdo la última vez que se me empinó!

–          A ver, señor, quizá si empiezo a comer la suya… – dijo pícara mi novia cuando se desprendía de la manta y, totalmente desnuda, bajo el pantalón y cogió con una mano el pene flácido de don Jorge. Empezó a darle besitos, caricias, pellizquitos y a decirle palabras como “venga, polla bonita, que tengo mucho hambre y te quiero comer, va, hazlo por mí!”. Parecía que se ponía un poco morcillona y Virginia se levantó,  se puso de espaldas y se agachó para mostrar completamente su culo y su coño, balanceándose muy eróticamente. Con eso, el pene del señor mayor aumento un poco de tamaño y de dureza. Para asegurar el éxito, Virginia acercó sus dos tetas al padre le hizo una cubana maravillosa.

–          Ya está, ya me crece, ya! – gritó don Jorge extasiado ante los bonitos y cariñosos pechos de mi novia!

–          Papá, por favor, no grites, que no queremos despertar a Juan, verdad? Que está muy cansado!

–          No, no, que no se despierte, por favor! – dijo mi adorable novia Virginia con la polla del padre entre sus tetas!

Los tres caballeros se pusieron alrededor de Virginia y ella fue chupando las pollas de una en una, de dos en dos y hasta de tres en tres. Al tener tanto hambre, se esmeró mucho en las mamadas pues deseaba la comida cuanto antes. Por suerte, sabía hacer muy bien esa tarea y consiguió rápidamente que la polla de Daniel explotara en miles de grandes gotas de semen en la boca de la chica! Enseguida, el hermano no quiso ser menos y lanzó toda su leche hacia la garganta ávida de mi novia!

–          Uau, que rico, está de rechupete! – suspiraba Virginia intentando sacar todo el jugo de las pollas de los dos hermanos. – Y usted, señor, no me quiere dar su lechecita? Por favor!

–          Hija, que más quisiera yo, pero a mi edad…

–          A ver, tengo una idea! – dijo Daniel y puso a cuatro patas a Virginia enseñando todo el culo a su padre – Te gusta, papá? Mira que dos agujeros tan lindos tiene esta chica!

–          Es maravilloso, esta chica es más guapa que una modelo! – dijo el señor mayor entusiasmado ante lo que veía!

–          Qué te parece, chica? Puede follarte un poco mi padre y a ver si así te puede dar alimento?

–          No, no puedo dejarle hacer eso… quiero llegar virgen al matrimonio! Es una promesa!

–          Si es por eso, no te preocupes, niña! La verdad es que querría darte por el culo! Nunca lo hice y quisiera probar con una joven tan bella como tú!

–          No, no puede ser… pero tengo tanto hambre!

–          A ver, guapa, no te preocupes… – dijo Daniel acercando su mano al culito de Virginia i abriéndole bien las nalgas – Ven, papa, ahí ves bien el agujerito, verdad?

–          Sí, sí, de la vista estoy bien! – contestó don Jorge y empezó a meter la punta de su gran nabo, completamente erguido, en el culito de mi novia. Ella empezó a gemir y a suspirar. Cuando la polla entró completamente, empezó a contornearse muy sensualmente. El mete-y-saca de don Jorge en el culo de Virginia hizo que esta tuviera un buen orgasmo y que él, muy excitado al ver tan bien a la joven, no pudiera evitar venirse y eyacular dentro del ano. Enseguida que se dio cuenta, Virginia sacó la polla del señor mayor y la lamió frenéticamente. Asimismo, introdujo varios dedos en su culo para intentar rescatar toda la leche que pudo. En esas que Daniel dijo:

–          No te preocupes si todavía tienes hambre, porque yo ya vuelvo a tener lechecita para ti!

–          Y yo también! – dijo Lorenzo, acercando su pene tieso a la boca de la joven. Ella empezó a chupar las dos pollas a la vez y, en pocos minutos, hizo que los dos hermanos se vinieran y le llenaran la boca con su ambrosía.

–          Muchas gracias, sois muy generosos! – dijo con la boca todavía llena con las dos pollas.

–          Si quieres, todavía te podemos dar más. Pero tendrás que ser muy cariñosa con nosotros!

–          Lo seré, caballeros, porque aún tengo hambre!

–          Mira, ven! – le dijo Daniel, la abrazó y se estiró al lado de la estufa, con ella encima. Enseguida empezó a notar su miembro a punto y penetró a la chica, sin preguntar. Ella suspiró y gimió y empezó a dejarse follar, ávidamente. Lorenzo, al ver la bonita escena, se acercó y frotó su pene en el culo de la chica hasta que creció y se endureció. Entonces le penetró su apetecible culo. Al notar las dos pollas en su cuerpo, Virginia llegó a un gran orgasmo. Al no cesar la follada, la chica se corrió una y otra vez, mientras los caballeros tardaron bastante puesto que ya habían tenido dos corridas esa noche. Don Jorge, al ver disfrutar tanto a la chica y a sus hijos, empezó a excitarse de nuevo y metió la polla en la boca de Virginia:

–          Si tienes hambre, come, niña, come! Con un poco de suerte todavía te daré más lechecita!

–          Huy, hmmm, gracias, señor! Es usted muy amable y generoso, todo un caballero! Necesitaba comer pollas y follar, ya no podía más! Hmmm! – y explotó en unos cuantos orgasmos más!

Cuando los dos hermanos notaron que estaban a punto y aunque les habría encantado correrse en ella y llenarle el coño y el culo, sacaron sus penes de la chica y los apuntaron hacia su boca. Lo mismo hizo el padre. Y los tres, al unísono, dispararon el semen a la cara de Virginia. Ella se tragó todo lo que pudo, se relamió, no dejó nada sin beber.

–          Sois muy buena gente! Cuánto sacrifico por mí! No me lo merezco!

–          Sí que lo mereces porque eres una princesa, una diosa! Estás más buena que el pan!

–          Sí! – dijo el abuelo- eres capaz de resucitar a un muerto! Y dos veces! Jejejeje!

Se oyeron unos golpes en la puerta y, al abrirla, vieron aparecer, entre la tormenta, siete figuras: – Oh, por fin llegamos al refugio! Nos perdimos y estamos helados y empapados!

–          Tenéis suerte de haber llegado, si no habríais muerto de frío! – dijo Daniel.

–          Sí, pero la estufa ya se apagó. Y no tenemos nada de comida! – dijo Lorenzo.

Entonces, Virginia, que se había tapado con la manta ante la llegada de los desconocidos, dijo: – Bueno, a mí me salvaron la vida estos señores y ya no tengo frío y ya no tengo hambre. Ahora yo puedo ayudaros a vosotros!

La chica apartó su manta y mostró su cuerpo a los recién llegados. Estos, en un momento, vieron disminuir su sensación  de frío.  Y la chica dijo: – Tenéis la ropa mojada,  a ver, venid, que os la quito. – y les fue desnudando y abrazando uno a uno. Cuando les tuvo a todos en cueros, se giró de espaldas y bailo eróticamente para ellos. Los siete penes desconocidos empezaron a ponerse morcillones. Ella se agachaba y mostraba su vulva y su culo a todos los presentes. Después fue acariciando una a una las siete pollas. Las cogió con la mano y las acercó a su boca. Les hizo una chupadita individual. Se levantó y aplastó su pecho contra cada uno de los siete cuerpos. Les acerco los pezones y les dejo mamar un poco, de dos en dos.

–          No sé qué más puedo hacer para que os pase el frío y el hambre. Yo soy solo una. A ver…

Se abrazó a uno de los recién llegados y éste la penetró al momento puesto que su coño estaba abierto y lubricado de sus orgasmos anteriores. Se tumbó encima de él y otro aprovecho la abertura del ano para encularla al momento. Esos dos ya no pasarían frío!  Otro de los recién llegados hizo que le mamara la polla y ella, con las manos, cogió dos penes más. Un hombre estudió bien el culo de la chica y pensó que, quizá, podría penetrarlo también con su pene. Se acercó con fuerza y se la endiñó en un momento. Al sentir la segunda polla en su culito, ella gimió y suspiró. Tuvo un orgasmo bestial, con eyaculación vaginal incluida. Eso lo aprovecho el séptimo desconocido para beberle sus sabrosos y calientes jugos y saciar así su hambre. Daniel, Lorenzo y su padre volvían a estar excitados y se acercaron a Virginia. Le acariciaron el pecho y le daban algunos golpecitos en las nalgas. Daniel empezó a chuparle el clítoris y ella enseguida volvió a tener un orgasmo muy húmedo. En este caso salió tan a chorro que pudieron beber de él dos de los recién llegados más hambrientos. Virginia se bebió toda la leche del hombre que mamaba y dejó que éste, en correspondencia, se le bebiera sus jugos más íntimos. Los dos penes en el culo no pudieron resistir más y le llenaron las entrañas de leche. Ella, enseguida, chupó las dos pollas para no perder ni una gota del sabroso líquido. Cuando estuvieron secas, las volvió a introducir en su culo y las volvió a limpiar con la lengua.  Don Jorge aprovechó que el ano de la chica estaba libre y muy expuesto y le volvió a dar por el culo. Esta vez retardó mucho la eyaculación que, como no, lanzó a la cara de Virginia. Los dos hermanos quisieron probar juntos el culito de Virginia, totalmente abierto para ellos. Entonces, quien follaba por la vagina explotó dentro y ella volvió a tener un orgasmo con cantidad de eyaculación caliente, la cual sació a los hambrientos invitados. Los diez hombres mamaban las tetas de la chica, le lamían el clítoris, la vagina… Ya nadie se acordaba del frío ni, eyaculación tras eyaculación, del hambre. Los dos hermanos estuvieron a punto de llenar el ano de Virginia pero, al darse cuenta, acercaron los penes a la cara de la chica para que se bebiera toda su leche. Cuando el señor mayor dijo que debía ir a mear, los hermanos le dijeron que no, que iba a despertar al novio de la chica, que exclamó: – No, por favor, no vaya usted a los servicios, señor, que mi novio no querrá casarse conmigo si se despierta y se da cuenta que os doy calor y os dejo comerme y beberme toda. Si no puede aguantar más, siempre hay una solución!

Entonces, Virginia cogió la polla de don Jorge y se la acerco a sus tetas. Este enseguida comprendió lo que quería la joven y empezó a orinar sobre ella. Los demás, al verlo, no pudieron resistir sus ganas y le echaron, todos juntos, una ducha dorada muy calentita!

–          Ahora sí que me pasó el frío! – dijo contenta Virginia, llevando con su mano el pipí a todas la partes de su cuerpo, sobre todo a las tetas, el coño, el culo y la boca –Así, gracias, quedo bien limpita y calentita!

Los hombres volvieron a abrazar a la joven y aprovecharon que estaba tan caliente para volverla a follar, ahora dos penes en el coño, uno, enorme, en el ano, uno en la boca, uno en las tetas, dos en las manos e incluso dos en las axilas. Las veinte manos no paraban de masajearle el clítoris, las piernas, las nalgas, los pechos, la espalda… Las diez bocas no cesaban de darle besos en todas las bonitas partes de su cuerpo. Ella se sentía tan bien que no cesaba de tener orgasmos, la mayoría con eyaculación vaginal incluida, cosa que alegraba a los hombres que la bebían y saboreaban. Ellos también la saciaron con toda su leche.

Por la mañana, cuando Juan se levantó y la vio abrigada con la manta en el comedor, dormida con su carita de ángel, no pudo más que sentirse más enamorado: – Virginia, cielo, si quieres vestirte… yo no miro. Antes que se levanten esos señores que todavía duermen. Ya veo que sí que son unos caballeros y te dejaron descansar sin que nadie te molestara en toda la noche. Debes tener un hambre…! Yo, como me comí las almendras…

–          Juan, amorcito, que bien que pudimos descansar, calentarnos y comer! Te quiero mucho!

–          Virginia, te quiero, cielo! No puedo esperar al día de la boda! Pero… comer? Pobrecita… Me alegro que estés de mejor humor que ayer!

–          Juan, claro que sí, al final no pasé tan mala noche como me temía! Y todo gracias a esos caballeros tan generosos, educados y amables!

–          Sí, es cierto, se portaron muy correctamente!

–          No lo sabes tú bien, jejejeje!

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Virginia, mi adorable novia (IV) – En la tienda de moda

Estuvimos algunos días sin vernos. Y, por supuesto, aplazamos la boda. Después de lo ocurrido, yo no podía mirar de la misma forma a mi novia. Ella, en las semanas que duró nuestro alejamiento, no cesaba de llamarme, de enviarme mensajes al móvil, al Messenger, correos electrónicos… Se mostraba muy comprensiva y muy dulce conmigo. Estaba completamente arrepentida de lo que sucedió, sobretodo porque me veía muy dolido y sin confianza en ella. No paraba de escribirme cuánto me quería. Yo la amaba locamente, la verdad. Decidí ya restablecer nuestra relación, pero antes me aseguré de que se comprometiera a no volver a cometer ningún desliz. Ella me juró que, si la volvía a querer de novia, nunca jamás me arrepentiría de ello. Que sería la mejor novia del mundo. Y toda para mí solito. Me prometió que, desde ese momento, volvería a ser, virtualmente, virgen. Sellamos el acuerdo con un abrazo y con un beso. Cuando intenté ir un poco más allá, me paró al instante y me racalcó: – Virgen, amorcito, póntelo en la cabeza. A partir de hoy mismo, tienes una novia virgen. Tu Virginia subirá virgen al altar, desde hoy mismo seré la chica más pura de la ciudad! – Yo la amaba tanto que me dejé convencer totalmente. Sus dulces ojos rezumaban sinceridad. Volvía a tener mi cielo conmigo.
Aunque confiaba ciegamente en ella, me aseguré que no me fuera infiel. Cada día la recogía y la acompañaba a la boutique por la mañana, la iba a buscar a la hora de la comida y almorzábamos juntos en el bar de la esquina, la volvía a llevar al trabajo por la tarde hasta que terminaba. Salíamos un rato, cenábamos juntos y la dejaba en casa con sus padres. La verdad es que sabía que nunca iría con otro hombre porque me dio su palabra, pero era mejor asegurarse. Ella es una joven muy caliente y apasionada y la ciudad está llena de tentaciones, principalmente para una niña que está tan buena como ella, con sus medidas de infarto y su cara de ángel.
El viernes 20 de agosto la dejé en la tienda de modas a las nueve de la mañana. Me despidió con una sonrisa y un beso en la mejilla. No pude dejar de admirar sus largas piernas al girarme y decirle adiós con la mano. El calor ya apretaba de buena mañana y mi Virginita vestía una camiseta de tirantes, blanca, transparente y ajustada, con más escote que camiseta; apenas cubría el sostén de color rosa, también muy breve, tanto que apenas ocultaba los rotundos pechos, que yo imaginaba tan sabrosos. Llevaba una faldita tejana de apenas un palmo. Y unos zapatos muy a la moda, que parecían de princesa, con tacones altos. Aunque vestía muy provocativa, yo estaba seguro que se debía al calor y que debía ir muy linda ya que trabajaba en una de las mejores tiendas de moda del país. Vaya, que predicaba con el ejemplo. Yo anduve hasta mi lugar de trabajo con un buen sofocón. Las mujeres que me iba encontrando todavía me ponían más a mil, con esos pantaloncitos tan cortos, con ese caminar, con esos tops tan ceñidos… Me sentí mal por mirar a esas bellezas ya que, de alguna forma, me parecía que eso era ser infiel a mi Virginita.
Al ser verano, solamente Virginia atendía la tienda, ya que la dueña estaba de vacaciones. Como mucha gente de la ciudad todavía no habían llegado de sus viajes, tampoco se acumulaba el trabajo. La mañana fue pasando tranquilamente. Un chico alto y guapo entró en la boutique, que en ese momento no tenía ningún cliente. Virginia pensó que estaba para comérselo y bien que lo haría si no tuviera novio; pero lo más importante para ella era yo y nunca me sería infiel. Muy a menudo se encontraba con hombres muy atractivos en la tienda y se daba cuenta de que ellos quedaban impresionados con ella, pero nunca permitió que ninguno se sobrepasase: era mi novia, se imaginaba virgen, y así quería seguir siendo hasta la noche de bodas.
– Quisiera un vestido para regalar a mi mujer. Algo muy elegante y al mismo tiempo muy sexy – dijo el chico alto y guapo.
– Pues has venido al sitio ideal – le contestó mi Virginia. Le empezó a mostrar todo de vestiditos que eran una monada. El chico alto y guapo no se decidía.
– Son todos muy bonitos. Pero me cuesta imaginar cual sentará mejor a mi mujer! Quizá si lo viera puesto! Tu no podrías ponerte alguno para que así me pudiera hacer una idea mejor? La verdad es que mi esposa tiene una figura parecida a la tuya.
Virginita quedó un poco sorprendida por la petición: – No, claro, no puedo. Es que debo atender la tienda!
– No te preocupes! Mientras te los pruebas, yo atiendo los posibles clientes. La verdad es que trabajé un tiempo de dependiente!
– No me parece una buena idea. Esto no forma parte de mi trabajo! – respondió Virginita, que, por otra parte, se moría de ganas de ponerse alguno de esos geniales vestidos.
– Va, se buena conmigo, por favor! Mi mujer también es muy guapa y tiene unas medidas tan perfectas como las tuyas. Bueno, quizás tu tienes un poco más de pecho – dijo el chico mirando fijamente la delantera de mi novia, que parecía henchirse más todavía al ver que se la comía con los ojos de admiración.
– No, no, no me voy a poner los vestidos, de ninguna manera!
– Oh, qué disgusto! Mi pobre mujercita se va a quedar sin un regalo tan bonito! Me sabe mal, porque la quiero con locura! Pero no puedo comprar a ciegas un vestido tan caro!
Ante la perspectiva de quedarse sin una buena venta y muriéndose de ganas de ponerse alguna de esas piezas tan lindas, mi Virginita dijo: – Bueno, va, me has convencido. Cuál quieres que me ponga?
– Éste blanco, es el que parece más elegante… y este rosado, muy bonito… espera, espera, ponte también el azul marino… y el negro, parece perfecto!
– Oye, no te pases, eh? Me voy al probador. Tu atiende la tienda por si viene algún cliente.
– Sí, sí, estate tranquila. Muchas gracias!
Ya en el probador, Virginia se quita la camiseta y se baja la faldita. Se ve de muerte en el espejo. Se pone el vestidito blanco i se dice: – Vaya, precisamente ha ido a escoger este vestido tan sexy! Pero si tiene una talla menos de la mía, como mínimo! Uy, si me lo bajo un poco para cubrirme los muslos, se me verán todas las tetas!
– Cómo va? Ya está?
– Un momento, ya salgo!
Cuando Virginia se presentó ante el chico, éste emitió un silbido de admiración!
– Oh, que vestido tan bonito! Y que bien te queda! Pareces una modelo!
– Bueno, no será tanto, así qué, te lo quedas?
– Pues podría ser que sí, pero no sé, a ver como te quedan los otros!
– Vale, me voy a poner el rosa!
– Sí, sí, a ver como te sienta el rosa!
Si el blanco era pequeño, el rosa era diminuto. Virginia casi no se atrevía a mostrarse con él ante el chico. Pero bueno, se decidió a salir del probador. Él se quedó boquiabierto!
– Oh, que majo! Y es exactamente tu talla! Y la de mi mujer!
– Te gusta? Sí, es bonito.
– A ver, dáte una vuelta que vea como te queda por detrás!
Ella gira sobre si misma y él tiene una vista de su culo inmejorable!
– Ahora que me fijo, quizá mi mujer no tiene un trasero tan bonito como el tuyo!
– Bueno, gracias! Me voy a probar otro. Tu atiende la tienda, eh?
– Sí, sí, tranquila!
Cuando se quita el vestido rosa, Virginia se da cuenta que tiene algo mojadas las braguitas. La verdad es que está disfrutando con el pase de modelos. Y más ante un público tan entregado. Y tan guapo! En estos pensamientos, no se da cuenta que no cerró bien la puerta del probador y el chico la está viendo en ropa interior. Ve como se pone el vestido azul marino y mira hacia otro lado al ver que se dispone a salir ante él.
– Uy, este está muy bien! La falda algo larga quizá! A ver, déjame un momento! – y se acerca a Virginia y dobla un poco la falda para acortarla- sí, así queda mejor! A ver, da una vuelta! Sí, sí… está muy bien! La verdad es que tienes la piernas muy bonitas, yo creo que mejor que las de mi mujer!
Virginia está incómoda porque con el arreglo, casi se le ve todo el culo. Enseguida se va al probador y se quita el vestido. Y las braguitas chorreando! Decide quitárselas, sólo faltaría que ensuciaran el vestido negro que se iba a poner ahora! El chico la está viendo desde fuera y se pone a mil!
Cuando sale con el vestido negro, el bulto en la entrepierna del chico es evidente. Virginia simula no darse cuenta, pero eso la excita todavía más. El vestido era tan minúsculo que casi parecía un cinturón amplio. Mi novia procuraba casi no moverse, porque se le vería todo.
– Este vestido me encanta, es muy, muy bonito! A ver, gírate un momento! Sí, sí, te queda muy bien también por detrás! – a mi Virginita se le veían casi completamente las nalgas- Es muy elegante, me lo quedo, me lo quedo. Bueno, me los quedo todos!
– Oh, eso está bien. Tu mujer va a ponerse muy contenta!
– Sí, jeje, bueno… esto… gracias!
El chico acerca su boca a la de la chica y la besa. Ella queda desconcertada y él acerca su mano a los muslos de ella, levanta la falda y acaricia su vulva.
– Y las braguitas? Dónde están? Tenías calor, verdad? Estás muy mojada… hmmm… que rica!
– Déjame, pero que haces? Déjame!
– Tranquila, tranquila… Te doy otro besito y ya te dejo, de acuerdo?
– No, no… hmmm! – calla cuando él la besa apasionadamente y le acaricia el pecho por encima del vestido negro y el sostén rosa. Enseguida se coloca detrás de la chica y le sube la falda.
– Pero qué culo! Nunca había visto nada tan bonito! – se arrodilla y le empieza a besar las nalgas, a morder-las, a lamer su lindo ano. Ella se deja hacer. En esas que ven acercarse un señor mayor a la tienda. Observa el escaparate. Virginia reacciona rápido y se coloca tras el mostrador. Pero el chico no se despega de ella. La lengua va del coñito al agujerito trasero. Las manos no cesan de acariciarle las nalgas. Aunque Virginia está muy caliente y tiene las mejillas muy coloradas, recibe cordialmente al señor que termina entrando.
– Buenos días, señorita!
– Buenos días, caballero!
– Quisiera un vestido para mi señora. Un vestido muy bonito. Como el que llevas tu, hija, así, negro, elegante…
– Bueno… a ver… sí… ay!
– Que te pasa, hija? Te encuentras mal? Estás muy colorada!
– Hmmm… no, no… a ver, un vestido… negro… sí, sí… así… – Virginia no podía reprimir suspirar cuando el chico tiene dos dedos de una mano en su vagina y otros dos en su culito, que no para de menear sensualmente.
El hombre, que es mayor pero no tonto, se da cuenta que algo raro pasa y se acerca más al mostrador. Entonces ve que la chica tiene el vestido casi en la cintura.
– Pero, hija! Cierto que hace mucho calor, pero… si vas sin braguitas y todo!
– Hmmm, sí… perdone… todo tiene una explicación…
– No, no tienes que pedirme perdón, hija! Al contrario! A ver, espera un momento – y da la vuelta al mostrador. Entonces se da cuenta, con gran sorpresa, que hay alguien más con ella.
– Hola, señor! – dice el chico amablemente.
– Eh? Hola! Pero qué haces tu aquí? No, no hace falta que me lo digas… ya veo! Vaya! Está bueno, hijo?
– Está riquísima, buenísima – dice el chico como invitando al abuelo a probar.
– Bueno, ya basta! – grita Virginia bajándose el vestidito.
– No, no… a ver… déjame un momento… – responde el señor mayor, que se sienta ante la chica, le sube el vestido y empieza a olerle la vulva – Oh, que olor tan maravilloso! Es verdad que estás muy rica!
El señor mayor empieza a besar y lamer el coño de mi Virginia. El chico alto y guapo, en cuclillas tras ella, besa i lame su culito. Enseguida vuelve a penetrarle la vagina con dos dedos de una mano y el culito con dos dedos de la otra. El señor mayor también intenta meterle un dedo en la vagina y lo consigue. Rápidamente la penetra con otro dedo y hasta otro. El masaje a dos manos, los lametones en su clítoris, hacen que Virginia estalle en un potente orgasmo. Las caras de los dos hombres quedan empapadas de los jugos de la joven y exclaman al unísono: – Muchas gracias, encanto! Que rica! – mientras ella sigue gritando de placer. Pero los gritos se cortan al momento cuando se abra la puerta y entra una pareja de mediana edad.
– Hola, buenos días! Que calor, eh? – dice la señora al ver tan colorada y sudada a mi Virginia.
– Sí, hmmm, mucho calor! Que querían? – contesta Virginia, sintiendo todavía los tres dedos del señor mayor y los dos del chico entrando y saliendo de su chochito, al igual que cuatro de este último penetrando su culito.
Ella atiende tan bien como puede a la pareja. La señora está pendiente sólo de la ropa que quiere comprar, pero su marido, con bigote, parece que se da cuenta de que pasa algo raro. Virginia es tan buena dependienta, que incluso en esas condiciones consigue cerrar la venta. El matrimonio se va contento y ella, más. El señor mayor la felicita y le baja el escote del vestido. Sigue lamiéndole el clítoris y penetrándola, ahora con los cinco dedos. El chico se levanta y, por atrás, le coge las tetas por encima del sostén rosa. Se baja los pantalones y se acerca a las nalgas de Virginia. Ella siente el bulto creciente debajo de los calzoncillos.
– No pero que haceis, que va a entrar alguien, por favor… dejadme! Uau, uau, no puedo más, uau… ay! Hmmmmmmmmmmm! – y tiene su estruendoso segundo orgasmo. El chico aprovecha para sacarse su aparato y arrimarlo al agujerito posterior de mi Virginia. Aunque muy cerrado, enseguida se abre paso y la ensarta sin compasión. Pero se abre la puerta de la tienda. Virginia se aterroriza. Y, ante su sorpresa, ve al señor del bigote que entra decidido.
– Ya me supuse algo así. Y no me lo quería perder. Mi señora no se enteró de nada. Espera, que cierro la puerta de la tienda. No, mira, pongo el cartelito de “cerrado” y ya está. Puedo?
– No, no, por favor… salid todos de la tienda, ya! – dice Virginia… aunque sin convicción.
– Niña, pero si es un momento, no te preocupes… – contesta el señor del bigote que se sorprende al ver al señor mayor sentado bajo la chica, besándole y lamiéndole el sexo y penetrándola con casi la mano entera – Uy, vaya, sí que estás ocupada, niñita! Claro, estás tan buena!
– Buenas!- dice el señor mayor.
– Buenas, caballero! – responde el señor del bigote – A ver, a ver – se acerca a Virginia, y la besa con fervor. Le coge las tetas y le muerde el sostén. El chico alto y guapo se lo desabrocha y se lo quita para que aparezcan rotundos los pechos. El señor del bigote mordisquea los anchos pezones y dice: – Hmmm, nunca había comido unas tetas como estas!
El mete y saca de los dedos del señor mayor así como el bombeo de la polla del chico en el culo de la muchacha y el trabajo en sus tetas del señor del bigote, provocan un gran tercer orgasmo en Virginia: – Aaaay, uau, hmmm, así, así… que buenos que sois conmigo! Más, más!
Entonces, el chico alto y guapo indica al señor mayor que se tumbe encima del mostrador y le coloca a mi Virginia encima. Él se vuelve a ponerse tras ella y le vuelve a ensartar el culo. El señor mayor se abre la bragueta y le aparece un obús que no tarda en llegar a su destino. Mi novia estaba siendo penetrada por dos pollas en sus dos agujeros. El señor del bigote se moría de ganas de tenerla. Se baja los pantalones y dice: – A ver, niña, si sabes comer una buena polla!
– Yo creo que sí que debe saber mamarla bien, porque la muchacha parece muy puta! – dice el abuelo.
– Bueno, tratad a la chica con respeto, señores! – dice el joven sin dejar de penetrarla por el ano.
– Sí que soy una putita, sí. Esa es la verdad, soy una puta para vosotros!
– Zorra, mama mi polla! Que bien la comes, putita! Se nota que has comido muchas, zorrita! Y eso que eres muy niña!
Ante estas palabras y al tener una polla en la boca y al ser follada tan bien por el culo y por la vagina, Virginia tuvo el cuarto orgasmo. Ante la avalancha de suspiros y movimientos de la chica, los hombres no pudieron evitar también eyacular con ella. El chico joven fue el primero en llenarle el culo con su semen, mientras que el señor mayor hizo lo propio en su coño. El del bigote sacó su pene de la boca de la chica y le propino una ducha blanca en la cara, los labios, la frente. Ella fue lamiéndose y limpiándose: – Hmm, que bueno! Gracias! Uh, pero… qué pasa? Qué hace esa gente en la puerta de la tienda?
Fuera, ante el escaparate, se había concentrado una pequeña multitud de gente admirando el espectáculo que ofrecía mi Virginia encima del mostrador, siendo enculada, penetrada, mamando… Fue entonces que la chica se dio cuenta del alcance de sus actos. La puerta se abrió y entraron algunos de los hombres más atrevidos. Aunque Virginia intentó protestar, no pudo hacerlo porque un joven musculoso se saco su pene y le penetró la boca al instante. Otro joven, aunque más enclenque, le acabó de quitar el vestido y le empezó a comer los pechos. Mientras tanto, un policía, que se había acercado para ver que pasaba, empezó a penetrarla con su porra. Al tenerla bien lubricada con el flujo de la chica, intentó con éxito metérsela por el culo. El chico alto y guapo la puso de espaldas a la puerta de la tienda y la hizo agachar para que la gente que se agolpaba fuera tuviera una impresionante visión del coño y el culo de la chica, con media porra ensartada en él, a cuatro patas. La multitud aplaudía i vitoreaba a rabiar. Ante esos ánimos y ardiendo de deseo, Virginia cogió las pollas del señor mayor y del señor con bigote y las empezó a acariciar hasta que volvieron a crecer y las masturbó con delicadeza y precisión. El policía se quitó los pantalones, se puso debajo de la chica y la penetró salvajemente. El chico alto y guapo acercó su pene a la boca de la chica e hizo sitio para que se la comiera junto a la del joven musculoso. El joven enclenque liberó su polla, la acerco a las tetas de Virginia y inició una espectacular cubana con ellas. El policía movía su polla en el coño de Virginia y también la porra en su culo. Eso ya fue demasiado para la chica y disfrutó de su quinto orgasmo. En eso, los hombres vieron el permiso para hacer lo propio y empezaron a sacar más y más leche. El policía inundó la vagina con su semen mientras que el señor mayor y el del bigote dispararon el suyo en todo su cuerpo. El joven musculoso y el chico alto y guapo dieron toda su eyaculación para que la bebiera, pero era tanta que se le escapaba por la comisura de los labios. El joven enclenque bañaba las tetas de la chica con su jugo exquisito. El fantástico cuerpo de Virginia rezumaba semen. Ella se intentó limpiar con la mano y lamiéndose como una gatita en celo.
Al ver a Virginia tan guapa, cariñosa y dulce, dos ejecutivos que se habían acercado a la tienda entraron y, sin mediar palabra, se bajaron los pantalones. Al descubrir sus dos trancas tan bien paradas, la chica les hizo un gesto para que se acercaran a ella y de un bocado se las tragó con gusto. El chico alto y joven, que volvía a tener ganas de juerga, se puso bajo la chica, la abrazó y la penetró con suavidad. El señor mayor y el señor con bigote empezaron a mamarle las tetas con fruición. El joven enclenque le quitó la porra del culo y puso la polla en su lugar, sin ningún esfuerzo ya que tenía el hermoso ano muy dilatado y lubricado con el semen que le dieron antes. El policía se enfadó y dijo que nadie podía tocar la porra, sólo él. El chico enclenque, para quitarle el enfado le dijo a Virginia: – Le importa que el señor policía la penetre también por el culo? Yo creo que, aunque está muy prieto, cabrán bien nuestras dos pollas! – Virginia, ante esa petición, hizo un gesto de aceptación y de deseo. El policía acerco su tranca al culo ya ocupado pero, milagrosamente, se hizo sitio y la endiñó hasta el fondo. El joven alto y guapo acompañaba su polla con un par de dedos en la vagina de la joven y le acariciaba el clítoris con la otra mano. Al sentir a los hombres tan felices y amándola tanto, mi Virginia tuvo su sexto orgasmo. Fue intenso, feliz y eterno. Fue muchos en uno. Duró hasta que eyaculó el último de sus sementales. El señor mayor y el señor del bigote, este último ante gritos de “putilla, ramera, zorra…”, le empaparon las tetas de semen. El chico alto y guapo tuvo su orgasmo en el sexo de Virginia, completamente enamorado de ella. Los dos ejecutivos sacaron su polla y regaron con toda su lecha la cara y cabello de la chica, contenta por lo rica y abundante que era. En ese mismo momento, el joven enclenque eyaculó en el culo pero era tanta la cantidad que no cabía dentro y le empapó las nalgas y espalda. El policía ante eso no quiso ser menos y tuvo un orgasmo espectacular; el ano ya tan lleno no pudo engullir más e inundó todavía más el cuerpo de Virginia. Ante tanta explosión Virginia seguía con su orgasmo y fue entonces cuando el joven alto y guapo explotó en su coñito. Los “ayes y uyes” y suspiros de Virginia cesaron cuando sonó el teléfono. Aún enculada por las dos pollas y con otra en la vagina, se acercó a cuatro patas, cogió el aparato e hizo esfuerzos para hablar:
– Sí? Diga?
– Hola, soy Juan, tu novio.
– Hola, amor! – suspiró ella.
– Amorcito, tienes mucho trabajo? Sabes qué? Mis padres están en la ciudad y ahora mismo vienen conmigo a saludarte y a comer los cuatro juntos. No tardaremos ni cinco minutos, menos. Ya saben que nos vamos a casar, ahora en serio, y se mueren de ganas de darte la enhorabuena.
– Pero, Juan, es que…
– Adiós, cielo. Hasta ahora mismo!
– No, por… Vaya, ya colgó! No puede verme así, cubierta de vuestra lechecita, es mi novio, viene con mis futuros suegros!
– Vaya, qué marrón! – dijo el chico alto y guapo admirando el bonito cuerpo de Virginia, espectacular cubierto de semen, con las dos pollas todavía enculándola tan a gustito. – Tenemos que hacer algo! La chica ha sido muy buena y mimosa con nosotros y no se merece tener problemas.
El policía sacó enseguida su polla del culo de la chica, se puso los pantalones y cogió la porra. En unos momentos dispersó a la multitud que se había agolpado fuera.
El joven alto y guapo dijo:
– Tengo una idea! Ven tras el mostrador, guapa. Y vosotros también, todos, y haced lo que yo!
Tumbó a mi Virginia de espaldas en el suelo, cogió su pene y empezó a orinar sobre la chica.
– Pero qué haces? No seas guarro! – dijo ella y calló de golpe al recibir la lluvia directamente en la boca, que cerró al instante.
El chico enclenque empezó a mear sobre Virginia y asimismo hicieron el señor del bigote, que no paraba de llamarla de puta para arriba, y el joven musculoso. Los dos ejecutivos se sumaron a la meada y se concentraron en el coño y la barriga. Cuando el señor mayor consiguió mear, le llenó las tetas de pipí. La giraron de espaldas y casi todos se concentraron en el culo. Cuando estaba bien limpita de semen, el joven alto y guapo le puso el vestido y de golpe se abrió la puerta de la tienda:
– Amor! Ya estamos aquí!
Todos los hombres se escondieron bajo el mostrador.
– Hola, Juan! Hola, papás!
– Que linda estás, hija! Que guapa! – dijo la futura suegra acercándose a ella para besarla – Hmm, que bien hueles! Me tienes que decir qué perfume es!
Mientras tanto, el joven enclenque empezaba a lamer la vulva de Virginia. Al verlo, el señor del bigote empezó a lamerle el culo. Y los dos ejecutivos introdujeron todos los dedos de una mano en los dos agujeros respectivamente. El chico musculoso besaba los pies a la chica, los olía y los acariciaba. El señor mayor admiraba la visión bajo la faldita de la chica, sin braguitas. El chico alto y guapo le lamía las piernas, desde el tobillo hasta los muslos, hasta las nalgas. Las gotitas de ambrosía empezaban a brotar de su húmedo sexo, a pesar de estar ocupado por lametones y dedos.
– Uy, hija, no llevas sostén, verdad? – dijo la futura suegra- No me extraña! Con este calor! Además, tu no lo necesitas, con este bonito pecho que tienes!
El futuro suegro miraba la escena con quien sabe qué pensamientos y yo, totalmente absorto contemplando la belleza de quien sería mi mujer, con ese vestido negro tan bonito y sexy.
– Bueno, qué? Cierras la tienda y nos vamos a comer? – dije yo a mi novia.
Pero ella, que volvía a estar completamente excitada, miró bajo el mostrador y contestó- Sí, bueno, dentro de unos minutos. Si os parece, podéis empezar a ir al restaurante y yo vengo en … hmmm… bueno, en una media hora!
Cuando mis padres y yo salimos, nos cruzamos con unos cuantos policías que, apresurados, iban en dirección a la tienda. Pero no parecían preocupados ni enfadados, sino todo lo contrario. – A ver si Virginia no tarda mucho, que tengo un hambre! – dije yo.
– Que suerte tienes de una novia así, tan buena, tan guapa, tan dulce, tan educada!
– Sí, mamá, tengo mucha suerte!
Y mi padre nos miraba a los dos con una cara que no sabría explicar muy bien qué significaba.
En la tienda, el joven alto y guapo, enculaba a Virginia y le susurró al oído: – Perdona, pero en realidad no estoy casado ni tengo pareja. Sólo entré en la tienda al ver lo guapa que eras. Y, no sé, me pareció que estabas muy caliente y que necesitabas un “regaíllo”. Pero no te preocupes, amor, te compro los vestidos, los cuatro, y… te los regalo a ti! Te lo mereces!
– Eres un mentiroso, cabrón, un cabrón delicioso. No pares! Rápido, moveos de prisa que tengo que marcharme, hmmm, va… por favor… terminad, vamos, venga – dijo ella, excitada y feliz, a cuatro patas sobre el mostrador, con el vestido en la cintura y las tetas apuntando al suelo, mamadas con ardor por el joven enclenque.
– Zorra, hmmmm! Puta! – gritó el señor del bigote follando a la chica, con su polla bombeando junto a la del chico musculoso y dos dedos del señor mayor llenando completamente la vagina de mi novia, que pajeaba frenéticamente a los dos ejecutivos en el mismo momento que entraron los siete policías porra en mano y con ganas de trabajar. Al verlos dirigirse hacia ella relamiéndose, ella pensó: – Mi novio y sus padres podrán esperar media horita más, hmmmm! Al fin y al cabo, él, mi amorcito, me tendrá siempre, toda la vida junto a él, sólo para él!

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Mi adorable novia Virginia –II- En la oficina.

Después de esa noche de lujuria y desenfreno, que quiero aunque no puedo olvidar, mi adorable novia Virginia me prometió que nunca más tendría otra relación sexual con nadie.

Estaba muy apenada y arrepentida. Para ella, lo más importante era mantener mi amor y respeto hasta el día de nuestra boda. Se la veía muy sincera y la quería y la quiero tanto, que no tuve más remedio que perdonar su desliz. Pero con la condición de que jamás me volviera a ser infiel. Por otro lado, yo le pedí perdón por haberme aprovechado de su delicada situación y no haber cumplido mi palabra de no tener nada de sexo con ella. Y así fueron pasando los días.

Pronto volví a ver en Virginia la personificación de la fidelidad, la honradez, la candidez… Jamás había sido más atenta, cariñosa y amorosa conmigo. Aunque, eso sí, renovamos el pacto de no tener ninguna relación sexual hasta nuestra noche de bodas porque para ella era muy importante que nuestra relación fuera sincera y se basara en el amor y el respeto y no en el sexo. A mí me costaba mucho no poder ni siquiera tocarla y tenerme que conformar con algún que otro beso y algún que otro abrazo. En más de una noche tuve que autoconsolarme y era en esos momentos que recordaba y veía con nitidez a mi novia convertida en una explosiva bomba sexual. Pero, en general, fue ganando la imagen real de Virginia, símbolo de ingenuidad y castidad. Casi no podíamos ser más felices y pronto empezamos a pensar en fijar una fecha próxima para nuestro matrimonio.

Virginia mantenía realmente nuestro pacto y no permitía que se le acercara ningún hombre si le veía con segundas intenciones. Eso le costaba mucho esfuerzo porque es una chica muy caliente y con grandes deseos sexuales. Cuando andaba por la calle, recibía miradas de admiración y deseo. Si ella se daba cuenta u oía algún piropo, no hacía ningún caso y bajaba la vista. De todas formas, en esos casos se excitaba tanto que no podía esperar a masturbarse. Pero lo más importante era cumplir la promesa que nos hicimos y así sentirse bien consigo misma. Y la cumplió.

Hasta que este miércoles 30 de diciembre fue a trabajar que parecía un bombón. Debajo de un abrigo oscuro escondía una blusa blanca de encaje y faldita corta de pliegues colorada encima de unas medias negras semitrasparentes. Unas bonitas trencitas y los zapatos con un imponente talón le daban un toque entre niña inocente y mujer fatal. Aunque ya estaban acostumbrados a que fuera muy atractiva, al llegar a la oficina, los compañeros la saludaron efusivamente: – ¡Virginita, que guapa que nos vienes hoy! ¡Que suerte que tiene tu novio contigo!- así como la consabida frase: -¡Que no me entere yo que este culo pasa hambre!- Les miró muy seria, casi enfadada. Ella pensaba que hambre, lo que se dice hambre, su culito pasaba mucho. Pero lo importante para ella era yo y mantener su promesa.

Cuando mi novia se sentó, Jose, que no le sacaba los ojos de encima y tenía su mesa situada en una posición privilegiada, pudo ver las ligas que sujetaban las medias de Virginia y se quedó sin respiración. Ella se dió cuenta y se estiró la falda para abajo, tarea imposible por lo cortita que era. Le quedó mirando como riñéndole y él apartó la vista avergonzado. Al cabo de un rato, Virginia se levantó para archivar unos documentos. Pedro tuvo la suerte que la chica tuvo que agacharse un poquito y le pudo ver casi todas la nalgas. Se preguntó, con su mente calenturienta, si es que no usaba braguitas o que llevaba tanga. Nunca lo descubriría. Ya sabían que con Virginia no había nada que hacer porque en más de una ocasión había contado que quería llegar virgen al matrimonio y que ni con su novio mantenía relaciones sexuales. Y desde siempre cualquier intento de acercamiento de cualquiera de los hombres del curro era abortado por la rigidez y seriedad de la chica, por otro lado tan simpática y amable con todo el mundo. Ya era mala suerte que la única mujer del despacho fuera tan casta e inaccesible! Por lo menos podían alegrar la vista con ella y, luego, pensar en su sexy compañera mientras hacían el amor con su esposa o se la cascaban en el baño.
Toda esa mañana, la oficina entera estaba pendiente de Virginia. Mientras Fran estudiaba el escote de su compañera intentando adivinar un poco del inicio de su pecho o de qué color eran los sostenes, Ramón, cada vez que la chica pasaba por su lado imaginaba lo atractivo que sería su culo, tapado ahora sólo por esas breves falditas de colegiala. Y el Sr. Jonás aspiraba hasta el fondo todo el olor que podía de la joven cuando se le acercaba con cualquier excusa. Mi Virginita se daba cuenta y, la verdad, toda esa situación le calentaba y casi no podía más. Pero no era una chica débil y nunca caería en el error y fallarme, a mí, a su novio querido.
Así fue pasando la mañana. Aún estando en pleno invierno, no habría hecho falta la calefacción en la oficina ya que el calor humano, aunque reprimido, era suficiente para mantener la temperatura. Cuando entró el Sr. Martí, vio a sus empleados como embobados y empezó a mandarles trabajar y a no distraerse y les amenazó, a grito pelado, que echaría a más de uno si no empezaban a rendir más y a ser más productivos, que ya estaba harto de holgazanes e inútiles. Su tono cambió al ver a mi novia y, muy amablemente, le mandó un cumplido: – ¡A ver si aprendéis de Virginia! Ella sí que trabaja y se está ganando el sueldo. Gracias, Virginia, por ser tan buena empleada. ¡La mejor!– y se la quedó mirando como pasmado. Ella le sonrió brevemente y siguió con su trabajo. Todos en la oficina se dieron cuenta que su jefe se moría de ganas de camelarse a la chica, pero también sabían que esa era una misión imposible. Al cabo de un rato, el Sr. Martí se fue por la misma puerta en que había entrado.
Al llegar la hora de comer, las dos, Roque dijo de salir al bar de la esquina, en que hacían unas tapas riquísimas, e invitó a Virginia a ir con ellos. Pero ella se excusó porque tenía mucho trabajo pendiente y se había traído algo de comida de casa. En realidad, la chica tenía otros planes, aparte de comer. Toda la mañana había estado muy excitada y ya no podía aguantar más. Cuando se quedó totalmente sola, vio que era la ocasión de desahogarse un poco. Sus compañeros, que seguro que estaban hablando de ella y de lo buena que estaba y que lástima que fuera tan puritana y blablablá, no volverían hasta dentro de una hora, por lo menos. Se levantó la faldita y apartó un poco el hilillo del tanga. Tomó uno de los plátanos que había traído para el postre ya que era su fruta favorita, y lo acercó a su coñito, totalmente húmedo. Empezó un masaje que, en unos segundos, terminó en una explosión de suspiros. Se bajó el tanga, se lo quitó y lo dejo en la silla. Era una obra de arte de la lencería, blanco con encajes, muy transparente y, ahora, muy húmedo. Enseguida, cogió otro plátano y subió encima de su mesa. Cogió el primer plátano rebosante de flujo y se lo fue acercando a su culito mientras ya tenía la otra pieza insertada en la vagina. A cuatro patas, un plátano por delante y otro por detrás, parecía una bonita gatita en celo. Una sinfonía de ayes y uyes llenó la oficina vacía cuando llegó al segundo orgasmo. Los plátanos parecía que tenían vida propia y no cesaban de entrar y salir. Con los ojos cerrados, se imaginaba a sus compañeros haciéndole el amor, rojos de deseo y pasión, y enseguida tuvo el tercer orgasmo.
– ¡Sigue, sigue, cielo, no pares ahora, que estás divina!
¡Era la voz de Germán! Virginia abrió los ojos y vió que su compañero tenía los dos plátanos cogidos y no cesaba de penetrarla con ellos en unos movimientos de vaivén sin fin. Aún con la sorpresa y todo, la chica no pudo evitar tener un cuarto orgasmo ante Germán. Entonces se rehízo, apartó los plátanos y, avergonzada, se bajo tanto como pudo los pliegues de su faldita para cubrir su sexo. Bajo de la mesa y dijo ruborizada:
– ¿Pero, qué haces aquí, Germán? ¡Se supone que estabas comiendo!
– Bueno, se supone que tu también estabas comiendo, ¿no? De hecho, tu sí que comías, realmente… ¡dos plátanos, jejejeje! ¿Están buenos? Jajajaja!
– ¡Déjate de risitas! ¡Podías haber avisado! ¡Que vergüenza!
– No debes avergonzarte. ¡Estabas muy atractiva en esa posición de perrita hambrienta!
– ¡Ya está bien! ¡Lo peor es que ahora lo vas a contar a todos!
– ¡No, eso, no! ¡No debes preocuparte! Nunca te he dicho, Virginita, que me gustas. La verdad es que te quiero desde la primera vez que te vi entrar por esa puerta. Y ahora que te he visto en acción… la verdad ¡eres un diez!
– ¡Gracias, Germán! Te lo agradezco.
– Pero, tu también debes hacerme un favor. Si de verdad me agradeces mi silencio, demuéstramelo!
– ¿Cómo?
– ¡Mira como estoy! ¡El espectáculo me ha puesto a cien! – Germán se bajo los pantalones y Virginia vio que realmente su paquete no cabía en los calzoncillos, muy húmedos.
– ¡Por favor, Germán, súbete los pantalones! ¡Eres un hombre casado!
– No metas a mi mujer en eso. ¡Mira, toma! – se sacó su pene completamente erecto y hizo que Virginia lo tomara con su mano. Ella la apartó decidida ante lo cual, Germán le espetó: – Tu misma, pero, ya veo que no quieres ser mi amiga. Pues yo no seré tu amigo. ¡Voy ahora mismo a contarlo todo a mis compañeros!
– ¡No, eso no, por favor, Germán!
– ¡Pues, hazme una buena paja!
Virginia, resignada, cogió con la mano la verga de Germán y empezó a masajearla. Primero suavemente, luego con fuerza. Aunque parecía imposible, la polla se hizo todavía más larga y gruesa. Alguna gotita empezó a asomar por la punta ante lo que el chico dijo: – ¡Uy, cuidado, que vamos a manchar el suelo! ¡Por favor, procura con la lengua que no se derrame en absoluto!
La chica hizo por replicar pero vio que era una tarea imposible y le lamió la punta del nabo para secarlo. Pero enseguida otra gota hizo su aparición. Y otra. Y otra. No daba abasto con la lengua y empezó a chupar la polla con los labios.
– ¡Vamos, termina ya, cabrón!
– Oye, debes tratarme bien, que soy tu amigo!
– ¡Un amigo no hace eso a una buena chica como yo!
– ¡Espera, Virginia, deja que tome los plátanos!
– ¿Ahora te entró hambre?
– ¡No, no son para mi! – y entonces Germán introdujo los plátanos en la vulva y en el culito de Virginia. Ella quiso quejarse pero empezó a gemir de gusto.
– ¡Que cabrón que eres! ¡Que bien que mueves los plátanos, hmmm!
– ¡Toma, toma y toma! ¡Come y calla, Virginita, que con la boca llena no es de buena educación hablar!
Virginia tuvo su quinto orgasmo y ante la pasión de la chica, Germán no aguantó más y tuvo el suyo en su boca . ¡La verdad es que su semen estaba muy rico! Había deseado tanto volver a comer una polla! Aún con los plátanos penetrándola, Germán la levantó y le dio un beso en la boca y le dijo que tranquila, que iba a cumplir su parte del acuerdo y no contaría a nadie lo que vió.
En ese momento, un aplauso irrumpió en la oficina y vieron como sus compañeros sonreían admirados por el espectáculo. Mi Virginita se quitó los dos plátanos y, muy avergonzada, corrió a ponerse el tanga.
– ¡Germán, te felicitamos! ¡Que suerte has tenido que este bombón te la haya comido! – dijo Roque- ¡Y a ti también, Virginia, te felicitamos. Que bien tragas Y que buena estás!
– ¡Por favor, vamos a dejarlo! – pidió la chica – ¡Sobre todo, que no se entere el jefe, por favor!
– ¡Pues claro que no, hija! ¿Por quien nos has tomado? – contestó el Sr. Jonás- No somos unos chivatos. ¡El Sr. Martí nunca va a saberlo! ¡Te iba a despedir solamente enterarse! Nosotros te queremos. ¡Yo, por lo menos, como a una hija!
– ¡Gracias, Sr. Jonás! Siempre le vi como a un gran compañero.
– Lo sé, lo sé, hija. Pero bueno… ¡supongo que vas a agradecer nuestro silencio! – dijo el Sr, Jonás.
– ¡Sí, sí, claro, os lo agradezco mucho, amigos! – contestó la chica, intentando arreglarse los pliegues de la faldita.
– Quiero decir, ejem, ejem, que no sólo nos lo agradecerás de palabra ¿no, hija?
– Claro, Virginia, tu agradecimiento será sincero, ¿no? – intervino Roque.
– ¡Totalmente sincero, amigos! ¡Quiero mantener el lugar de trabajo!– dijo Virginia.
– ¡Pues, mira, demuéstralo! – dijo el Sr. Jonás – Me gusta mucho como hueles. ¡Me encantaría que te acercarás y pudiera olerte tu cuello, sin tenerlo que hacer a escondidas!
– ¡Ningún problema, Sr. Jonás! – dijo la chica acercando su cuello al hombre que ya aspiraba con los ojos cerrados el aroma de su perfume mezclado con su buen olor natural.
– Bueno, también tendrás que cumplir un deseo mío. – dijo, pícaro, Jose – Antes, por la mañana, vi sin querer que usabas una bonitas ligas pera sostenerte las medias. Me gustaría volverlas a ver.
– De acuerdo, si eso compra tu silencio ante el jefe. – Y Virginia levantó un poquito su falda para mostrar las ligas negras de encaje. La admiración se adueñó de las caras de todos los presentes.
– ¡Que bonitos muslos, hmmm! – exclamó Fran – Virginita, yo te pido un favor muy sencillo. Antes intentaba adivinar como son los sostenes que llevas. Si me los muestras, no diré nada al jefe de lo que vi antes con Germán.
– Pues mira atentamente si eso hace que no digas nada al Sr. Martí – contestó Virginia y mostró una tira blanca inmaculado. Luego, ante la cara de deseo de sus compañeros, se desabrocho un poco más la blusa, y descubrió un fabuloso escote en un sostén de encaje.
– Virginia, tu sostén es fabuloso. – dijo admirado Pedro- Pero antes me preguntaba si usabas o no braguitas y de qué color eran. Ahora ya vi que usas un diminuto tanga blanco, pero, si quieres que no te descubra ante el jefe, me gustaría volverlo a ver.
– ¿Qué puedo hacer? ¡Estoy en vuestras manos! – contestó, rendida, Virginia y se subió un poquito más la falda hasta que descubrió el tanga blanco que cubría su húmedo sexo. La chica estaba avergonzada pero la situación la calentaba al saber todos los ojos puestas en sus bellezas.
– ¡Ahora es la mía! – dijo Ramón! – Desde que te vi que suspiro imaginándome tus nalgas. Por favor, muéstramelas y mi boca quedará sellada ante el jefe. Virginia, sabiendo que no podía oponerse, se puso de espaldas a todos y se levantó ligeramente la falda. Aunque sus rotundas nalgas casi lo cubrían por entero, se podía adivinar la obra de arte que conformaba el bonito tanga. Los espectadores no pudieron evitar aplaudir entusiasmados. Ella, como agradecimiento a los aplausos, contorneó ligeramente su culito. Eso volvió a despertar la aclamación de los presentes. Enseguida, con timidez, se volvió a bajar la faldita.
– ¡Eres una chica muy guapa! – dijo admirado Roque – Mira, Virginia, antes te invité a ir con nosotros a comer al bar. Pero tu no pudiste venir por exceso de trabajo. Creo que debes comer algo, que debes estar hambrienta.
– Sí, algo de hambre tengo, es cierto. Todavía no comí.
– ¿Te apetece volver a comer algo de plátano? ¡Antes vi que lo tragas muy bien! – dijo Roque acercando los dos plátanos a la entrepierna ya mojada de la joven. Ella intentó resistirse, pero le vencía el deseo. El le apartó un poco las braguitas y con un movimiento circular, apuntó los extremos de las dos piezas en su vulva y, apenas sin forzar, las introduzco juntas hasta mitad. Eso arrancó un suspiro excitado de placer. El Sr. Jonás se acercó de nuevo a oler el cuello de la joven y empezo a besarlo y a lamerlo. Jose empezó a acariciar las ligas de las medias con pasión. Pedro, enamorado del tanguita, lo cogió suavemente y lo fue bajando hasta quitárselo completamente; lo besó y lamió y lo guardó en su bolsillo. Y entonces tomó uno de los plátanos y ayudó a Roque en su introducción, ahora prácticamente completamente los dos dentro de la vagina. Ramón, un apasionado del culo de mi Virginia, se puso tras suyo, le subió la faldita y le empezó a besar y a mordisquear sus bonitas nalgas. Enseguida la chica empezó a gemir y a tener espasmos de placer. Los plátanos rezumaban el abundante líquido provocado por su nuevo orgasmo. Pedro lamió el fabuloso jugo y dijo – ¡Estos plátanos están riquísimos!
Roque cogió los plátanos y, dándoselos Ramón, le dijo: – Toma, Ramón, mira que no tenga hambre también tu amado culito de Virginia. – Ella, asintió tímidamente con la cabeza, como pidiendo que sí por favor, y Ramón empezó a introducir un plátano en el agujerito posterior de la chica. Para facilitar la penetración frutal, la puso en pompa encima de la mesa y el plátano entró con suavidad. Cuando quiso introducir el segundo, vio que no parecía posible y entonces Pedro lo introduzco en la vagina, muy jugosa, y se lo devolvió a su compañero para que hiciera el segundo intento de introducción anal. El plátano, ya bien lubricado, entró perfectamente hasta casi la mitad. El Sr. Jonás seguía oliendo y besando el cuello de la chica hasta que se atrevió a besarla en la boca. ¡Su sabor era a ambrosía! Fran terminó de desabrochar la blusa de la joven y empezó a acariciar y a besar su amado sostén. Introduzco rápidamente una mano para tocar su pecho y luego la otra. Le quitó la pieza de lencería i admiró sus tetas tan lindas. Enseguida acercó su boca y empezó a mamarlas apasionadamente. Jose ahora lamía los muslos de mi Virginita y le fue bajando las medias hasta quitárselas. También, tras olerlas y besarlas, se las guardó en el bolsillo. Pedro se puso encima de la mesa bajo la chica i quitándose un mísil del pantalón la empezó a penetrar ahora suavemente, ahora salvajemente. La vagina estaba muy prieta a causa de la fruta que comía por el ano. Pero el placer era inmenso y Virginia explotó en otro orgasmo y bañó a Pedro con su eyaculación vaginal, así como a Jose que le acariciaba los muslos. La chica estaba desnuda, sólo con su faldita plisada en la cintura, encima de la mesa y amada por todos sus compañeros de la oficina. Ramón, que estaba muy excitado, quitó un plátano del ano de la chica y le penetró en un momento el agujerito y empezó a moverse rítmicamente. Germán, que ya volvía a tener su miembro erecto, ocupó el sitió de Pedro y penetró vaginalmente a mi Virginita. Ella le miró con agradecimiento y le regaló una sonrisa. José acercó su lengua al clítoris de la chica y empezó a succionarlo y a lamerlo. Virginia gritó de placer y tuvo un estruendoso orgasmo. El Sr. Jonás, se sacó de la bragueta su miembro hinchado y lo acercó a la boca de la chica. Ella, con cara pícara como riñendo al hombre de más edad de la oficina, empezó a succionarlo con fruición. Mientras tanto, Fran puso su miembro viril entre las tetas de Virginia haciéndose un extraordinario masaje. Roque, ya a cien, quitó el plátano del ano de la mujer y pidió a Ramón que le hiciera un poco de sitio. El segundo pene entró en el culito y la joven tuvo un orgasmo fantástico. Entonces, Jose se quitó su pene del pantalón, y empezó a restregar-lo por los muslos de la chica. El Sr Jonás, al verla tan caliente y feliz, con un gran gemido evacuó su leche en la garganta de Virginia. Al unísono, Germán eyaculó en la vagina en gran cantidad. Fran disfrutó al máximo de la cubana y ducho las tetas i el cuello con su semen. Pedro, se sacó el tanguita del bolsillo, lo besó, envolvió su pene con él y penetró la vagina de la chica mientras Germán, ya saciado, masajeaba su clítoris. Roque y Ramón explotaron simultáneamente en el culo de mi Viginia y ella, al notar la leche caliente en sus entrañas, tuvo el mayor orgasmo del día. En ésas que Jose eyaculó entre los muslos de la chica. Pedro, de nuevo duchado por los jugos vaginales, ya no pudo más y llenó el chochito con su semen con un grito de vencedor.
Todos abrazaron juntos a Virginia, la besaron y agradecieron lo cariñosa y sumisa que había estado con ellos y le aseguraron que nunca le dirían nada al jefe. Que no se preocupara.
En esas que se oyó un vozarrón que interrumpió la tierna escena: – ¡Efectivamente, no me diréis nada! No hace falta, porque lo he estado viendo todo. Virginia, como puedes pensar, no puedo tener una puta trabajando en mi empresa. Así pues, ¡estás despedida! Y no sólo eso, sino que lo primero que haré será decírselo a tu novio. ¡No quiero que el pobre infeliz se case engañado con una chica como tu!
– ¡No, por favor! ¡No le diga nada a mi novio! ¡Por lo que más quiera!
– Por lo que más quiera, hmmm, bueno… si te pones así… Lo que más quiero, después de verte en acción, ¡está claro lo que es!
– Sí, Sr. Martí, le daré lo que más quiera, pero no le diga nada a mi novio!
– Ven, ven, hija… me parece que vamos a tener un acuerdo… y vosotros, a trabajar, pandilla de vagos! ¡Y sin mirar, que Virginita y yo trabajaremos un buen rato hasta cumplir nuestro acuerdo! Y, si la cosa funciona, quizá, ni te despida. Una chica como tu puede ser muy útil a mi empresa! Ven, ven, a ver… subete un poquito más la faldita… hmmm… ¡Venga, todos a trabajar! ¡Vagos! ¡Y tu, tambien, Virginita, ven, ven… vamos a trabajar un poquito juntos, niña… hmmm!

Autor: JANINHO

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Mi adorable novia Virginia (I) – En su casa

Mi novia, Virginia, es muy guapa y sexy. Es de esas chicas que por donde pasan, dejan huella. Todo el mundo se la queda mirando cuando se cruza con ella. Y sigue mirándola cuando se ha cruzado. Una cara muy bonita, con unos ojos marrón, casi negros, llenos de ternura y con un gran brillo. Metro setenta, un cuerpo muy bien proporcionado, con un buen pecho, una cintura espectacular, un culo sobresaliente. Su manera de andar enloquece, como su manera de mirar. Sólo tenía un problema. Para mi, un gran problema: ¡quería llegar virgen al matrimonio! Me dejó muy claro que ella no era de esa clase de mujeres que van a la cama con el primer novio que se pillan y que creía que muchas parejas se rompían porque se hartaban de sexo antes del matrimonio. Yo creía que era una tontería. Pero tanto la amaba, y la amo, que estuve de acuerdo y renuncié al sexo con ella. Y así estuvimos tan
felices. Hasta que…

El miércoles 20 de mayo de 2009, nunca olvidaré esta fecha, la acompañé a casa de sus padres y, como siempre, me despedí de ella con un beso en la mejilla.

– ¡Hasta mañana, Juan! – ¡Hasta mañana, cielo! – ¡Sueña con los angelitos, Juan! – ¡Soñaré con mi angelito, cielo!

La vi meterse en su casa, con mi vista luchando por verle las braguitas por debajo de su minifalda, tarea siempre imposible para mí. ¿Quien le mandaba vestir tan sensual? Me fui caliente como un demonio, como todos los días.

Valoré la posibilidad de una ducha fría o de autocomplacerme cuando llegara a casa. Desde un primer momento había prometido a Virginia que no iría con mujeres y que le sería completamente fiel. La verdad es que a menudo me costaba mantener mi promesa. Pero la amaba tanto, y la amo, que jamás la engañé. Demostré mi fuerza cuando Martita, la hija del jefe, me tiró los tejos hace un año. Pero, aunque es una chica muy bonita y apetitosa, la rechacé muy educadamente y le dije que comprendiera que tenía novia y que le debía ser fiel. Esa noche en que Martita se me insinuó me tuve que hacer un buen par de manuelas para calmar mi calor: me imaginaba abrazado a Martita mientras Virginia me acariciaba y besaba. ¡Un trío espectacular! Después supe que Martita se había enrollado con mi compañero de trabajo y, por lo que él me cuenta, ella es un bombón caliente en la cama, un volcán lleno de cariño y ternura. Pero bueno, no me arrepentí de ser fiel a Virginia. Hasta el miércoles 20 de mayo en que…

Cuando ya me había despedido de mi novia y me alejé de la casa de sus padres, me volví y… ¡quedé helado, temblando! Vi una silueta acercándose a una ventana y entrando por ella. ¡Mi pobre Virginia! ¡Un atracador! ¡O un violador! ¡O un asesino! ¡O las tres cosas a la vez! Sabía que ella estaba sola ese día porque sus padres habían salido de viaje a Benidorm. Tenía que salvarla. Me acerqué corriendo pero al llegar a la puerta me detuve e intenté no hacer ruido. Puse mi oreja en la puerta, pero no conseguía oír nada. Hasta que unos pasos me asustaron. Me escondí y pude ver a un par de figuras que se acercaban a la misma ventana y se colaban en ella. ¿Qué podía hacer contra tres criminales? Cogí un palo que había tirado en la acera. Sigilosamente anduve hacia la ventana. Dentro había un poco de luz, pero no podía ver nada. Tenía que acercarme más. Oí algunas palabras:

– ¡Vamos, Virginia, son unos buenos amigos! – ¡No, no, de ninguna manera, Manolo! – ¡Hija, sólo van a mirar y ya está! – ¿Pero tú que te has creído? ¿Que soy una estrella de porno? – ¡Pues claro que no, Virginita! – ¡O se van ellos o te vas tú con ellos! – Amigos, vais al comedor a tomaros una copa. No hay nadie más en la casa, ningún problema. – ¡Manolo, pero nos dijiste que tu amiguita nos deleitaría con unos bailes y desnudo! – ¡Bueno, Javi! Yo te dije que Virginia bailaba muy bien y se quitaba la ropa con gran sensualidad, pero si ella sólo quiere actuar para mí, actúa para mí y punto! ¿Además, quien te mandaba traerte a un amigo?

– Rafa no es un amigo, ¡es mi hermano! Y cuando le dije que iba contigo a ver a una chica tan guapa, no paró hasta que le invité.- ¡Bueno, chicos, basta ya de tanto bla, bla, bla! ¡Si queréis, podeis tomar una copa y largaros! – dijo Virginia harta de la situación.

Javi y Rafa salieron de la habitación hasta el comedor. Yo no daba crédito a mis ojos cuando vi a Virginia empezar a moverse a unos pasos delante de Manolo. Oscilaba las caderas muy eróticamente, luego acercaba su cara a la del hombre, elevaba su pecho con las dos manos, se giraba para que la viera bien por detrás, se subía un poco la falda y mostraba sus nalgas desnudas, volvía a estirar la falda para abajo hasta cubrir su culo para volverla a subir hasta mostrar el minúsculo cordón de su tanga…

– ¡Bien, bien, que gran bailarina! – gritó Manolo! – ¡Si te gusta, sigue mirando, que ahora viene lo mejor, cariño! – le contestó Virginia y le dio cariñosamente un beso en los labios.

Virginia, de nuevo de espaldas, se quitó delicadamente el tanga aunque la faldita no permitía ver lo que cubría.

– ¡Bravo!

Los gritos de Manolo hicieron que Rafa y Javi se apostaran en la puerta y miraran la escena a escondidas. Yo, mientras tanto, empezaba a ponerme a cien. No entendía la situación. Estaba aturdido, aunque caliente como nunca. ¡Virginia empezó a subirse el vestido y a mostrar un espléndido culo! Iba contorneándose al quitarse el vestido.

– ¡Uy, ya sólo me queda el sostén! Eso no me lo quito, no, que estaría completamente desnuda! – y seguía bailando.

Se acercó a Manolo y le puso el pecho cerca de su cara hasta que él empezó a besarle y a lamerle el escote. Luego le mordió el sostén, lo rasgó y lo arrancó con los dientes. Empezó a mamarle el pecho izquierdo y a manosearle el derecho. Virginia dijo:

– No, no, por favor, no mames que no tengo leche para tí!

Pero aunque decía esto, le empujaba su cabeza hacia sus tetas, ávidas de la boca de Manolo. Rafa y Javi debían tener una vista espectacular del culo de Virginia mientras yo podía apenas ver nada porque Manolo me impedía la visión. Este se bajó los pantalones y Virginia automáticamente empezó a lamer, a besar y a chupar su miembro viril.

– ¡Ummm, que rico está! Gracias por esta comida divina! ¡Me encanta comer tu tranca! – ¡Ya sabes que es para ti siempre que lo quieras, Virginita!

Seguro que se trataba de un chantaje. ¡Quizás Manolo y sus secuaces habían secuestrado a los padres de Virginia y la obligaban de esa forma si quería recuperarles vivos! Aprovechando que nadie miraba hacia mi dirección, entré por la ventana y me escondí tras un sofá. Desde ahí pudé ver que Manolo chupaba uno de sus dedos y empezaba a acariciar el agujerito posterior de Virginia. ¡Que bonita estaba así desnuda! Enseguida introdujo la punta del dedo en el ano y, en un momento, el dedo entero. Ella, pobre en lugar de quejarse, aún dijo:

– ¡Que bien me tratas el culito, cariño! – ¡Si quieres, todavía te lo cuidaré mejor, Virginita, como el otro día! – ¡Sí, sí, encúlame como el lunes pasado! ¡Me encantó!

Con esas palabras, Javi y Rafa se debieron poner a cien porque ambos se acercaron a Virginia y la empezaron a acariciar.

– ¡Uy, ay, pero que malos sois!

Era cierto, mi pobre novia era atacada por tres bandidos. Miré el palo que tenía en mi mano y pensé en salir y empezar a dar hostias, pero entonces vi como mi novia cogía la mano de Rafa y la acercaba a su coñito:

– ¡Mira como está de húmedo! ¿Tienes algún remedio para mí?

Rafa empezó a meterle un dedo, y dos, y tres… hasta una buena parte de los cinco dedos! ¡Mientras Manolo ya tenia también casi la mano entera en el culo de la chica! Virginia besaba agradecida a los tres hombres. La cogieron entre los tres y la acercaron a la cama. Manolo se tumbó boca arriba y sus amigos colocaron a Virginia encima de él. Enseguida empezó a penetrarla y Virginia no pudo evitar un grito de placer y una gran eyaculación de jugos orgásmicos.

– ¡ Humm, ay, uy, gracias, gracias, necesitaba una polla dentro! Desde hace dos días que añoraba una polla!

Yo no daba crédito a lo que oía. No pude evitar, de manera automática, sacar mi pene de la prisión de los pantalones y empezarlo a masajear. Mientras, Javi se acercó a la retaguardia de Virginia y le ensalivó bien la entrada del ano. De golpe le introdujo la punta de su pene.

– ¡Oh, ah! ¿Pero quién es este cabrón? ¿Pero qué te has creído? Uy, ay! ¡Sigue, sigue! No la saques ahora, no! Ay, que gustazo! – ¡Venga, hermano, no seas tímido! Venga, Rafa, que ya es hora que estés con una mujer. Deja que te coma el nabo!

Obediente, Rafa acerca su tranca a la boca de Virginia. Esta lo toma con avidez y empieza a besarlo y mamarlo. Yo, desde detrás del sofá, veo las tetas de Virginia, divinas, apuntando al suelo. Una fuerza irreprimible me empuja a cogerlas, lamerlas y achucharlas, pero no puedo hacerlo… los criminales me verían y podrían matarnos a Virginia y a mi. Vuelvo a mirar el palo y sopesar el ataque por sorpresa. Pero enseguida presto más atención a mi otro palo, bien inhiesto, y lo sigo acariciando cuando veo que los jugos de mi prometida vuelven a brotar con abundancia entre una serenata de gritos, suspiros y aullidos.

– ¡Ven, Rafa, ven! -le dice Javi a su hermano. – Ya ves que la chica goza con nosotros. Mira, ponte detrás de mí. ¿Qué ves? ¡Dos pollas penetrando a la chica por el coño y por el culo! ¡Y lo que disfruta! ¿Porque disfrutas, no, niña? – ¡Sí, sí, mucho, gracias, sois verdaderos amigos! ¡Ay, mmmmm, que bien! – Pues mira como es la naturaleza de sabia, Rafa, que permite que con sólo una chica podamos disfrutar tres hombres. Ya verás, coge tu polla y escoge el agujero. ¡Verás como cabes!

Increíblemente, Rafa introduce su pene muy erecto en el culito de Virginia que ya estaba ocupado por el pene de Javi. ¡Tan prieto como se lo descubrí hacía un momento y ahora acoge dos penes! Empezaron los tres hombres a moverse al unísono. Ella empezó a gritar de nuevo y a derramar su ambrosía. Yo dejé caer el palo y, sin pensar, salí de mi escondite, cogí las tetas de mi novia con las dos manos y le introduje mi pene en la boca:

– ¡Come, amor, come! – ¿Pero, qué haces tú aquí, Juan? Hmmmm, no, hmmm! ¡que rica! ¡No, Juan, no, no podemos tener sexo, hmmm, no, quiero que nos respetemos hasta que nos casemos! Ah! Hmmm!

Las palabras de Virginia quedaron completamente ahogadas por los nuevos gritos de placer de la chica, con un nuevo orgasmo muy húmedo. También los cuatro hombres gritaron a viva voz ante su eyaculación conjunta. Virginia quedó inundada de semen. Su boca con mi leche, su coñito, con la de Manolo, y su culito, con la de los dos hermanos. Su lengua, ávida, limpiaba sus labios, su cara. Sus dedos recogían parte del semen derramado por su culo, vulva y piernas y lo introducía en su boca para que su lengua pudiera saborearlo. Los cuatro hombres abrazaban ahora fuertemente a la chica, la
besaban y le cuchicheaban bonitas palabras de agradecimiento.

– ¡Os lo agradezco yo a vosotros, amigos. Os habeis portado muy bien. Gracias, Juan, espero que comprendas mi intención de enamorada y de novia ilusionada con tener tu amor y respeto hasta el día de nuestra boda!

Cuando iba a responderle, aún no sé con qué palabras, callé al oír fuera, cerca de la ventana, unas voces:

– Es aquí, aquí es. Hay un poco de luz. A ver, a ver. Javi dijo que valía la pena de venir, que la chica está increíblemente buena y que, además, es muy cariñosa y caliente. Espero que nos deje entrar a los cuatro. ¡Que bien lo vamos a pasar!

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Virginia, mi adorable novia (III). En el teatro.

Mi adorable novia Virginia llevaba un tiempo muy cariñosa y amable conmigo. Por fin ya habíamos fijado una fecha para la boda: el sábado 5 de junio. Ya se acercaba el momento en que podríamos estar juntos y satisfacer nuestro gran deseo. En cierta forma, Virginia tenía razón en no querer tener sexo hasta que estuviéramos casados porque así aumentaba más nuestra ilusión por ser marido y mujer. Aunque yo creo que el haber tenido relaciones prematrimoniales no habría cambiado para nada mis sentimientos hacia ella, ya que se trata de verdadero y total amor.

Hace unas semanas, Virginia había cambiado de empleo. Se fue de la oficina donde trabajaba porque no se encontraba a gusto allí. Me contó que, al ser la única chica, se había hartado de tanto machismo en la que ella era la víctima propiciatoria. No obstante, dejó allí algún que otro buen amigo, como su compañero Germán o el propio jefe, el Sr. Martí,  quien no pudo evitar unas lágrimas al despedirse de mi novia. Además, había tenido una oferta muy tentadora para ser la encargada de una boutique de moda en el centro de la ciudad: se le duplicaba el sueldo y, sobretodo, podía comprar cualquier pieza de ropa a un 50 por ciento de su precio real. Ahora Virginia era muy feliz, con más dinero y vistiendo siempre ropa a la última. Y, por encima de todo, muy enamorada de mi, su amado novio.

El cambio de lugar de trabajo, sin entender yo muy bien por que, propició que Virginia se sintiera más mimosa conmigo y en más de una ocasión me besaba en la boca, permitía que le tocara el pecho por encima de la ropa, me abrazaba fuertemente e incluso me dejaba que le sobara el culo, aún sin llegar más allá. Cuando la cosa se ponía a alta temperatura, mi novia lo terminaba diciendo las ganas que tenía ya de estar casada conmigo y no tener que detener el acercamiento. Como puedes suponer, yo me ponía a cien y no ganaba para duchas frías o manuelas desenfrenadas en la oscuridad de mi habitación, como siempre, a solas. Pero vale la pena esperar si, al final, tienes un premio tan impresionante como mi Virginia, todo un bombón.

Yo no sabía que la chica estaba siempre caliente desde que había dejado su antiguo curro. Pero no podía consentir seguir allí mucho más tiempo después de haberse convertido en la putita de la oficina y decidió largarse. Cuando el Sr Martí, acostumbrado a tenerla a su disposición para cualquiera de sus juegos sexuales, le amenazó con contármelo todo si se iba de la oficina, Virginia le dejó claro que, en caso de hacerlo,  le denunciaría por acoso sexual. Al final, llegaron a un pacto y ella se pudo ir a cambio de cumplir una última de las fantasías sexuales del viejo.  Ahora, en su nuevo trabajo, ella echaba en falta el sexo y cada vez le costaba más no caer en la tentación de hacer el amor conmigo o, incluso, de cualquiera que le echara algún piropo o insinuación. Pero el amor que sentía por mi y la ilusión de la noche de bodas le hacían fuerte.

Este sábado pasado, día 27 de marzo, teníamos entradas para el teatro. Íbamos a ver un musical que llevaba mucho tiempo en cartel y del cual todo el mundo contaba maravillas. Cuando la fui a buscar a su casa, quedé encandilado al verla bajar por las escaleras: llevaba un vestido blanco muy corto, con una chaquetita encima y el conjunto rematado por unos guantes largos, unas medias blancas y unos exquisitos zapatos de tacón altísimo. Parecía una princesa. Qué guapa que estaba. Los dos besos que me dio y el breve abrazo me colmaron de felicidad y de deseo. Desde el corto trayecto hasta el coche, los vecinos y otros transeúntes se giraban a mirarla. Al subirse al coche no pude evitar observar como la breve falda no evitaba mostrar sus ligas de un blanco inmaculado. Cuando llegamos al teatro, ella de nuevo fue el centro de atención. Al bajar del auto, todos los ojos se dirigieron hacia ella, con sentimientos de admiración, de envidia por parte de las otras chicas , de deseo por parte de los hombres. Virginia andaba muy elegante en sus zapatos altos, contorneando su bonita figura, cimbreando su generoso pecho, mirando con orgullo y timidez a cualquiera que la observara… Yo me sentía un rey. Ella estaba muy caliente al sentirse deseada por tantos hombres.

La verdad es que la obra estaba más que bien. Las versiones de canciones muy conocidas por todos y las coreografías eran extraordinarias. Cuando cantaron una canción romántica, Virginia me dio un gran beso en la boca y ya no dejo de cogerme la mano. Yo le pasé el brazo por la espalda y le susurré unas palabras de amor. Recostó su cabeza en mi hombro. Dos enamorados muy enamorados. Acerqué mi mano hacía su muslo, pero me la apartó cariñosamente. También rehusó mi acercamiento hacia su pecho izquierdo con un – ¡Que nos van a ver! – y, finalmente, pude agarrarla por la cintura.

A su izquierda, un joven muy atractivo quedó embriagado por el perfume que transmitía mi Virginia y no cesaba de mirarla. Al ver, a pesar de la oscuridad, el culo de mi novia que quedaba visible al ser tan breve el vestidito, no podía dejar de observarlo. Era tanta su excitación, que se atrevió a acercar su mano y acariciar una nalga. Enseguida, Virginia le apartó la mano sin que yo me diera cuenta. El joven, viendo que la turgencia del culo de mi novia bien valía el atrevimiento, volvió a acercar su mano y le pellizco el trasero. Virginita se giró y le miró con gesto de reprimenda y le volvió a apartar la mano. El joven se detuvo durante unos minutos pero la visión del bonito culo, de los muslos descubiertos entre el vestido y las medias, era demasiada tentación y acerco la mano al tanguita que casi no se veía entre las nalgas. Pasó un dedo por el hilillo y, atrevido, lo introdujo en busca del coñito de mi amada. Se sorprendió al descubrirlo completamente empapado! Virginia no sabía cómo podía apartar la mano del osado vecino de butaca porque no quería que yo me llevara un disgusto. En lugar de eso, me dio un beso en la mejilla y me dijo lo bien que se lo pasaba con el musical. Al ver que mi Virginita no decía nada, el joven se atrevió a meter un dedo en su vulva y empezar un suave mete y saca. Ella empezó a gemir y a decir, disimulando, – Hmm, que bonito, que guay, que chulo, hmmm”. El joven se olió el dedo y quedó enamorado del aroma que desprendía, así como de su sabor. Enseguida volvió a introducir el dedo y lo acompañó de otros dos. El masaje ya era demasiado para mi adorable novia y no pudo evitar correrse aún cuando reprimió cualquier sonido que pudiera delatarla. Con la mano izquierda, el joven empezó a masajearle el clítoris y ya tenía todos los dedos de su mano derecha en la vagina de mi Virginia. Así llegó al segundo orgasmo en un momento. El joven aprovecho para lamerse sus manos y admirar así el olor y sabor de mi novia. En un momento, levantó un poco más el vestidito de la chica y se atrevió a bajarle las braguitas, completamente empapadas. Se las sacó y se las guardó en un bolsillo de la americana. Virginia se sentía ahora totalmente desprotegida. ¿Que debía hacer? ¿Contármelo todo? ¿Y si yo pensaba que ella lo había consentido? La música sonaba muy fuerte y toda la platea cantaba las canciones en lo que era el clímax del musical. Virginia también cantaba a mi oído y la sentía disfrutar mucho. ¡Que buena idea tuve al invitarla al teatro!

El joven cogió la mano derecha de Virginia y se la acercó a su bragueta. Ella se dio cuenta, por el tacto, que tenía un bulto a punto de reventar debajo del pantalón. Él se bajó la cremallera y metió la mano de la chica dentro del calzoncillo. Acompañó la mano de Virginia para sacar a su pene de la prisión y en un antológico masaje. Luego la dejó a su aire al comprobar que la chica no necesitaba guía para ese quehacer. El vecino introdujo de nuevo un dedo en el coño de Virginia y rápidamente penetró su ano con él. Ella no pudo evitar un gemido, casi imperceptible por mi, y dirigió su culito hacía el joven para que no tuviera dificultad en introducir su dedo, que pronto se vio acompañado por otro. Muy atrevido, osó acercar su boca al oído de mi novia y decirle lo rica que estaba y si quería que siguiera con el acercamiento. Ella dijo –¡No! – y yo le pregunté que quería decir. – Nada, amor, que canto la canción! – El joven enseguida apartó su mano. Ella, necesitada de más sexo, le agarró el brazo y lo acercó de nuevo a su pompis: – Sí, por favor! – gritó ante mi asombro. Ella me miró sonriente: – La canción, jejejeje! – ¡Me di cuenta que Virginia no se sabía muy bien las letras, la verdad! El joven tenía la polla más tiesa que un palo gracias a la mano sabia de Virginia. Ahora penetraba con cuatro dedos su coño y con tres su culito que había puesto a su merced. El señor que estaba a la izquierda del joven se había dado finalmente cuenta de sus acciones y no cesaba de mirar. En esas que el joven le acercó el tanga de Virginia para que lo oliera. El señor pareció enloquecer ante tal rico aroma, se agachó y acercó su boca al coñito de Virginia y empezó a lamerlo, aún con los dedos del joven en él. Muy atrevido el señor acercó una mano al escote de la chica y lo bajó para acariciarle una teta. Ella no pudo más y tuvo su tercer orgasmo. Este fue muy húmedo y dejo empapada la cara del señor, cosa que agradeció sorbiendo todo el jugo que pudo y relamiéndose. El joven también aprovechó para volver a oler sus manos y lamer su sabrosa humedad. Virginia se arregló bien el vestido y se sentó bien recta en la silla de modo que, por fin, su culito quedara protegido. Me dijo lo bien que lo estaba pasando y yo le dije lo mismo.

Un chico que teníamos atrás se acercó al oído izquierdo de Virginia y le preguntó si ya había terminado el espectáculo. Ella no le dijo nada y enrojeció. El chico volvió a acercarse y le dijo que o continuaba el show o que me lo contaría todo. Y le dio un beso al oído, además de un suave lametón. Virginia no sabía qué hacer. Si volvía a permitir que la tocaran, yo me podía enterar y quién sabe si incluso enfadarme y anular la boda. Si no hacía caso al chico, era seguro que yo me enteraría porque él me lo diría. – ¡Qué caramba –pensó Virginia- y además, me muero de ganas! El chico de detrás le dijo al oído: – ¡Tardas demasiado en decidirte, zorrita! ¡Cualquiera diría que no has disfrutado! ¡Como castigo, ahora yo también quiero participar en el festival! El chico, que no tendría más de veinte años y era guapísimo, se levantó de su butaca y se fue. Virginia se sintió aliviada y pensó que simplemente bromeaba. Asimismo, le dio un poco de pena porque era muy atractivo. El joven de la izquierda volvió a coger la mano de Virginia y la acercó a su pene. Le dijo al oído que mira como estaba y que no le iba a dejar así, no? Ella, para evitar que yo me enterara y porque se moría de ganas, empezó a masturbarlo disimuladamente. Repentinamente vio una cabeza que asomaba por debajo de su butaca y le levantaba el vestidito. Era el chico guapísimo que empezó a lamerle el clítoris. El joven de la izquierda le volvió a meter cuatro dedos en el chochito y la giró para volver a descubrir su ansiado culo. El señor acercó su lengua al ano de la chica y lo lamió extasiado: -¡Que rico que está!- y ella cantaba: – ¡Comed, comed! ¡Lalalalá! ¡Comed, comed, lalalá, hmmm!- Yo, al sentirla tan contenta y animada, le dije: -Que bien te lo pasa, hija, pero no te sabes ni una letra, jajajajaja!

El señor se sacó su polla de los pantalones y, levantándole el vestidito, acercó la punta al ano de Virginia que, rápidamente, sorbió el pene y lo engulló. El señor le dio salvajemente por el culo y ella explotó en su cuarto orgasmo. Ahora sí que no pudo reprimir un grito de satisfacción. Una linterna del acomodador se encendió y buscó el origen del alarido. Virginia no cesaba de gemir y suspirar. Derramó toda su ambrosía en la cara del joven guapísimo y este no paraba de relamerse y degustarla. ¡Yo no salía de mi asombro! – ¿Que pasa, Virginita? No te encuentras bien?- I ella respondía, entre suspiros: – ¡Sí, mi amor, estoy muy bien, no pasa nada!- El señor no pudo evitar explotar en una grandiosa eyaculación que llenó todo el culo de Virginia, así como  la parte de atrás de sus muslos. El joven también eyaculó gracias a la hábil mano de la chica y llenó el vestidito de semen. Al no encontrar el acomodador de donde venía el ruido, se encendió un foco y buscó entre la platea hasta hallar la caliente escena y iluminarla ante los ojos de todo el teatro. Mi Virginia enculada por un señor, con un chico delante de la butaca lamiéndole el clítoris y masturbando a un joven con casi toda su mano dentro de su coño. ¡Yo quería desaparecer! ¡Que vergüenza¡ Así y todo, ella estaba guapísima y me miraba con ojos de enamorada. Todo el público se giró a ver el espectacular cuarteto y lo más asombroso es que todo el mundo empezó a aplaudir y a vitorear a Virginia. Los actores y actrices detuvieron la obra y también miraron hacia la bonita escena y aplaudieron sonriendo. – ¡Guapa! Que princesa más linda! ¡Bravo! ¡Zorra! ¡Cielo! ¡Tia buena! ¡Quesito!

Había quejas de parte del público de que no veían bien lo que sucedía. Un caballero muy elegante, de dos filas más adelante, dijo que el tenía la solución y se acercó a Virginia y le preguntó muy amablemente si podía subir al escenario ya que así todo el mundo la vería. Ella, desconcertada, apartó al chico que no paraba de darse el lote con la lengua en el clítoris, apartó también la mano del joven de su chocho y quitó de su culito el pene todavía erecto del señor. Me miró a mí como preguntando que debía hacer. Yo no sabía ni que decir ni cómo mirarla. La verdad es que la visión me había excitado mucho. Ella me besó en la mejilla y me dijo: – Te quiero mucho, amor!- y se levantó. Se puso bien el vestido, aunque apenas podía cubrir el bonito culo y mostraba las deliciosas ligas. Muy coqueta, y con un cañón de luz siguiéndola, avanzó por el pasillo y, contorneándose, subió las escaleras hacía el escenario.

Los músicos empezaron a tocar de nuevo y ella empezó a bailar. Se movía de manera muy sexy y exquisita. El público aplaudía a rabiar. Los de las primeras filas advirtieron que no usaba bragas y aprovecharon para mirarle el coño y el culo. El joven atrevido, causante de todo el festival porno, también subió al escenario, cogió un micro y anunció: -Esta chica es una princesa, como veis. ¡Será muy afortunado aquel que se case con ella! – y yo me sentí orgulloso de mi novia. El joven se puso a bailar con ella y, aún con el micro, dijo: – ¡Ven, papa, si es que todavía tienes fuerzas después de haberle dado por el culo! – y el señor se levantó y subió al escenario. Se puso detrás de la chica y bailaron los tres juntos un baile muy sensual. El público aplaudió a rabiar. El joven, aún bailando, introdujo un dedo en el coñito de Virginia y, al notarlo tan húmedo y flexible, la penetró con la mano entera. El señor, que resultó ser el padre del joven, volvió a sacar su pene, levantó el vestido de mi novia y, ante los focos de todo el teatro, la encula en un instante ya que tenía el ano muy lubricado. Ella coge la polla del joven y la masajea de nuevo ante todo el mundo. Entonces, para que no faltara nada, invitan al chico guapísimo a subir al escenario. Se puso debajo de Virginia y le lamió de nuevo el clítoris con fruición. El joven dijo por el micro que esperaba que ahora todos pudieran ver la actuación de la chica más guapa y sexy. Los “bravos”, “oles” y “zorrita caliente” no se hicieron esperar. La situación era demasiado para mi novia y le vino un orgasmo memorable ante los “oh” del público. Volvió a inundar la cabeza del chico que agradecido no daba abasto para secar su cara.  El joven se echa en el escenario y invita a Virginia a montarle, cosa que ella hace aún enculada y todo. El chico guapísimo se saca su pene y lo acerca a la boca de la chica. Ella lo come vorazmente.

Yo no sabía hacia dónde mirar. No obstante, la escena era bellísima, como todas en las que aparece mi novia. Mi pene estaba a punto de reventar, como la  de todos los hombres del público. Con fuerte grito, el padre dejó salir su leche en el culo de Virginia y, al unísono, también exploto el chico en su boca y cara. Virginia, multiorgásmica total como es, al sentir los líquidos sabrosos y calientes no tardó en tener su quinto orgasmo. El público enloqueció con un gran aplauso. Del cuarteto, sólo resistía el joven. El chico y el señor se apartaron. Ahora, el culo de Virginia se veía abierto y jugoso ante la platea mientras el joven aún la follaba por el coño. Yo me moría de ganas de acercarme y dar por el culo a mi novia de una puñetera vez. Pero sabía que quizá no me iba a perdonar que lo hiciera y a lo peor rompería conmigo.

Mientras me debatía en mis pensamientos ante el culo abandonado y descubierto de mi novia, un caballero muy elegante subió por las escaleras, saludó al público y a mi Virginia con un beso en la mejilla, y le enchufo el miembro en el ano sin preguntar. Eso animó a más hombres del público. Un chaval corrió al escenario, se sacó el pene e hizo que Virginia lo tragara en un periquete. Otro señor muy bien vestido bajó el escote de la chica, le apartó el bonito sostén de encaje que lucía y le endiñó la polla entre las tetas. ¡En ese momento, mi novia era poseída por cuatro hombres en un escenario! Pero, todavía había más voluntarios para el mejor espectáculo del mundo y dos gemelos se sacaron su verga e hicieron que mi novia las cogiera con sus manos y les masturbara. Un hombre algo mayor y bien parecido no quiso perderse el banquete y se acercó a Virginia, pero no sabía cómo saciar su deseo al verla tan ocupada. En ese momento, el caballero elegante no pudo resistir más y llenó el culo con su caliente semen. La chica, al sentir de nuevo la lechecita, tuvo otro orgasmo mágico, el sexto. Los hombres que la poseían hicieron grandes esfuerzos para no explotar porque mi novia era dinamita pura. Al cabo de unos momentos el caballero se apartó y el ano de Virginia volvía a estar a disposición del público. Que apetitoso resultaba, que bonita que estaba mi novia también en esa posición, con las bonitas medias blancas terminadas en las hermosas ligas. El hombre algo mayor y bien parecido aprovechó la ocasión, se sacó una polla descomunal y la endiñó en el ano más deseado de todo el teatro. Virginia suspiró de placer, de satisfacción y de plenitud.

La música no cesaba, excepto la de un trompeta que no pudo aguantar más la visión y se acercó a Virginia. Estudiando la situación y enamorado como estaba del culito de mi novia, pensó que por intentarlo no se perdía nada y acercó la punta de su polla al ano de la chica. Aunque estaba muy dilatado y húmedo, un pene muy grande lo estaba ocupando. El trompetista dijo: – ¡Amor, haz para que me quepa mi pene en tu culo, que me muero de ganas que me lo coma! – y ella dijo: – ¡Ven, trompetista, cariño, aprieta fuerte y verás como entra, que está muy sabroso y te quiere dentro también a ti!- Ante estas palabras, todo el público aclamó a mi novia. Ciertamente, el trompetista pudo poner una segunda verga en el culito de Virginia. Finalmente, un señor con bigote muy serio no pudo esperar más, subió al escenario y acompañó el pene del chaval con su polla a punto de reventar en la boca de mi chica. Mi novia se relamía y suspiraba con el sabor de los deliciosos jugos que emitían los dos penes. Virginia daba placer a ocho hombres encima del escenario: tenía los penes del chaval y del señor con bigote muy serio follándole la boca, la polla del joven feliz todavía bombeándole el chocho, un señor muy bien vestido haciéndose una cubana con sus tetas, las pollas de los gemelos en sus manos y dos pollas le estaban dando por el culo, la del señor mayor y bien parecido y la del trompetista. La música llegó a su clímax. La escena se llenó de gritos, gemidos y suspiros. Los ocho artistas tuvieron un orgasmo al no poder resistir más las bondades de mi princesa. Ella, a su vez, tuvo su séptimo orgasmo al sentirse tan colmada de amor, de sexo y de leche. Ante los aplausos enfervorizados del público, los hombres se apartaron no sin antes besarla y decirle cariñosas palabras al oído, así como mostrar su agradecimiento por el micro. Ella seguía extasiada en el escenario, a cuatro patas, mostrando el bonito culo chorreando así como todo su cuerpo y contorneándose al ritmo de la música. La visión era demasiado para los hombres del público y enseguida subieron más hombres a acompañarla en su show. Ella, agradecida y contenta, tragaba tantas pollas como podía, ahora era el coñito el que se expandía para abrigar a dos penes, el culo enseguida estaba lleno otra vez y sus tetas eran acariciadas, besadas, lamidas, mordidas y folladas. El clítoris en ningún m omento era abandonado por lenguas, manos o penes. También su boca era colmada continuamente. Cuando un macho terminaba, le agradecía con piropos su gentileza y cariño, y otro ocupaba su lugar. Había una cola interminable, pero ella les quería satisfacer a todos, a sus fans. Los orgasmos de Virginia ya eran incontables porque a todos sus amantes quería corresponder con uno. Y así lo hizo durante muchas horas que para ella fueron un suspiro.

Al final de la larga noche, Virginia, que estaba bellísima de nuevo en su vestido blanco aunque sin las braguitas y el sostén, que se perdieron en el espectáculo, seguramente como recuerdo para alguno de sus sementales. Mi novia fue invitada por los empresarios del local a ir siempre que quisiera al espectáculo y a subir al escenario ya que su actuación había sido espectacular y memorable. Ella agradeció sus palabras y su oferta pero les dijo que en todo caso sería yo quien le tendría que dar mi permiso porque yo era su amorcito y su príncipe. Me miró amorosa y muy mimosa. Yo no sabía si mirarla, si darle un beso o si mandarla a la porra. Cuando fuimos de nuevo al coche, no nos dijimos nada. Yo todavía estaba muy excitado pero Virginia se despidió con un hermoso beso en la mejilla, cerca de mis labios, casi rozándolos. Al subir la escalera hacia su casa, intenté verle el culo, pero el vestidito me lo impidió. Se giró y me mandó un beso con la mano. Yo sabía que me amaba y que yo la amaba. Quizá ahora todavía más. Sentía una especie de orgullo y de vergüenza que me hacía enloquecer de amor, de pasión i de deseo.

Autor: JANINHO

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