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Luego me dijo, putica, trata de mamar sin usar las manos, pon las manos atrás. Quedé de rodillas, con la polla en la boca y pasé las manos atrás, como si estuviera esposado. Al principio, como ya tenía la pinga en la boca no me pareció difícil, luego, Asdrúbal se alejó y el palo se salió de mi boca. Me ordenó, búscalo, trágatelo. Fui a tomar la pinga con mi mano para llevarla a la boca, él dijo, no, así no, sin manos.
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Luego, Asdrúbal subió mis piernas casi a sus hombros y bombeo salvajemente hasta inundar mi recto con su leche. Sentí casi llegué a tener un orgasmo (anal) pero no lo logré. A pesar que estaba gozando bastante, aún no lograba el orgasmo, en momentos me ponía algo nervioso, pensaba que pararían para hacerme alguna maldad como había sucedido previamente.
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Entonces Asdrúbal dijo, bueno, ya sabes, vas a chupar y a identificar a cada quien, no puedes usar las manos y con quien te equivoques ese te da diez azotes por las nalgas.
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La fantasía de ellos es que yo sería su esclavo(a) esa noche, una cosa llevó a la otra y acepté casi sin pensarlo
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Experimenté una sensación de temor y arrepentimiento por todo a cuanto me había comprometido. Había acordado con él ser su esclavo sexual, obedecerle en todo y aceptar que me disciplinara si no cumplía sus órdenes al pie de la letra.
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Esclavo sexual 1 (el compromiso)

7 de Enero de 2012 Comentarios desactivados
Estando así, desabrochó y bajó mis pantalones y calzones hasta los tobillos, dejando mi culo desnudo en pompa hacía el. Mi culo, piernas y todo, estaban rasurados totalmente, como vi que al Negro y su primo eso les había gustado, entonces me rasuré para aquella noche con Asdrúbal. Cuando tocó mis nalgas de piel suave pero firme, un shhh, escapó de su boca, me dijo, te rasuraste, sí que eres una buena puta.
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Me vestí con un babydoll negro con su respectiva tanga, que había llevado para sorprender a mi amigo, pero no aguante las ganas y me pajee hasta acabar. Luego, me sentí culpable. Pensé en no seguir siendo la puta del momento. Me disponía a vestirme cuando ellos dos llegaron al cuarto. Me vieron así (vestido de mujer) y desde luego querían sodomizarme nuevamente.
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Estaba yo de visita en el pueblo del Negro, era mi segunda noche allí y también mi segundo primo del, porque tanto el Negro como su primo se habían dado un banquete conmigo. Su primo (Rigoberto) aunque un poco inexperto y algo tímido, supo jugar sus cartas y me empaló bien empalado en la madrugada.
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Pude ver su verga mejor que antes, aunque todavía estaba oscuro y sólo nos iluminaba la luna, estaba más claro allí que dentro del cuarto. Pude por fin ver aquella macana, negra, larga y gruesa
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Aunque tenía unas ganas enormes de hacerme la paja y eyacular, no lo hice, me aguante con la finalidad de ver qué pasaría con su primo, sencillamente me sería muy difícil mantener mi papel de puta si me hacía la paja.
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Un primo del Negro nos acompañó, no el mismo primo que ya me había cogido, sino otro (Rigoberto) al comienzo pensé que en aquel camino solitario terminarían dándome una tremenda cogida
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Habiendo terminado las clases, mi compañero el Negro, con quien llevaba varias semanas cogiendo, siempre en el papel de macho y yo de hembra, me invito a conocer su pueblo natal. Yo sabía que durante el día conocería uno que otro lugar, pero en la noche tendría que “pagar” la invitación, sería un turista de día y una puta de noche.
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Me encontraba desnudo y esposado a un banco (parecido a un banco de ejercicios) en 4 patas y con los ojos vendados. Mientras este hombre (Asdrúbal) fue a buscar a un amigo que había llegado. Claramente Asdrúbal había planificado todo para tenerme sometido el momento de la llegada de su amigo. Un cóctel de emociones se apoderó de mí, por un lado, tenía miedo, no sabía que podía pasarme, por otro me sentía totalmente impotente, pero a su vez me excitaba mucho la situación.
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Asdrúbal fue hasta la nevera, regresó con un pepino enorme, largo y muy grueso. Luego, trató de colocar un condón al pepino, pero era tan grueso que el condón se rompió mientras lo estiraba.
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Luego me dijo, putica, trata de mamar sin usar las manos, pon las manos atrás. Quedé de rodillas, con la polla en la boca y pasé las manos atrás, como si estuviera esposado. Al principio, como ya tenía la pinga en la boca no me pareció difícil, luego, Asdrúbal se alejó y el palo se salió de mi boca. Me ordenó, búscalo, trágatelo. Fui a tomar la pinga con mi mano para llevarla a la boca, él dijo, no, así no, sin manos.
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No recuerdo ningún macho a quien me le haya entregado, que en algún momento o varios de la faena no hubiera realizado la pregunta ociosa de ¿duele? Digo ociosa, porque todos saben que siempre duele, poquito, mucho o muchísimo, unas veces más otras menos, la mayoría de las veces duele al comienzo, otras al final, otras todo el tiempo; en ocasiones duele en la entradita, otras en lo profundo, en las entrañas; en fin, pero en resumen siempre duele
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Le pregunté si se había pajeado en esos días, me dijo que no, que desde hacía días no se había masturbado esperando una oportunidad para cogerme. De pronto, comencé un lento mete y saca en mi boca, pero succionando fuerte. Unos segundos después, sentí en mi paladar un chorro semen tibio, con ese sabor dulzón que tiene la leche de un hombre. Fue una acabada abundante que inundo mi boca, se notó que estaba bien cargado.
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Mientras yo mamaba, el sacó un potecito de mentol. Se decía, que con mentol chino, el hombre mantenía una erección muy duradera, aguantaba mucho más antes de eyacular durante una relación sexual.
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Pensando en lo que me había pedido el Negro, (vestirme de colegiala) me rasuré totalmente, piernas, ano, testículos, todo, quede como una puta bien afeitada. Nunca había hecho algo así, lo hice pensando en que me vería mejor con la falda. Nunca tampoco había vestido ropa de mujer.
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El respondió, yo sé que te encanta. Seguí, si me gusta, pero no todo tipo de morcilla (lo dije lanzando una indirecta a su primo) Seguí, la tuya me la como completica las veces que quieras. Entonces él se bajó el pantalón y dejó salir reluciente su “morcilla” bien parada y brillante.
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Pasado un rato, no sé cuánto, me desperté, sentí al Negro acariciándome el ano con uno de sus dedos lleno de saliva. Empujó hasta introducir su dedo anular en mi culo. Con lo jugoso que estaba mi recto, su dedo se lubricó totalmente. Lo sentí muy rico. Sin siquiera voltear, le dije, quieres culito verdad? Quieres echar el segundo, no es así? El no dijo nada, sólo siguió jugando con su dedo en mi ano, moviéndolo circularmente. Uff, sentí un escalofrió de placer.
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Tras la fiesta

11 de Junio de 2011 2 comentarios
A pesar del cansancio me fue muy difícil conciliar el sueño, en mi cabeza se repetía incesantemente una serie de pensamientos, emociones y preocupaciones, en una especie de ciclo, que comenzaba sintiéndome culpable por cuanto había hecho, luego, sentía miedo por lo que me pudiera ocurrir, para luego comenzar a fantasear y excitarme con la situación. Así me masturbe un par de veces aquella noche.
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Aquella noche había sido más intensa que cualquier otra cosa que hubiera experimentado hasta ese entonces, el Mandingo (este negro ocioso quien me chantajeaba sexualmente) me había llevado medio engañado a un encuentro con dos amigos del, si bien ya una vez antes me había cogido entre dos, aquella noche participó un tercero, convirtiéndome totalmente en su juguete sexual.
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Asdrúbal me propinó un par de fuertes nalgadas y apoyó la cabeza de su pinga en mi culo, fue penetrando lentamente, hasta empalarme casi por completo. Sentí mucho placer, tanto que dejé de chupar la pinga del Mandingo, la saqué de mi boca casi sin darme cuenta, estaba jadeando de placer.
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El Mandingo me recordó mi compromiso con él. Yo era una puta y a una puta se le lleva a un lugar así a putear, con quien sea y como sea. Pienso, el Mandingo tenía más claridad acerca de mis propios deseos que yo mismo, en lo más profundo de mí deseaba intensamente que aquellos tres hicieran cuanto les diera la gana conmigo, pero me negaba a aceptar mí propio deseo, me sentía culpable.
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