Sin vaselina, en un diminuto e incómodo lugar.

Sin vaselina, en un diminuto e incómodo lugar.
Después de aquel fin de semana tan intenso, no paraba de pensar en cuanto había sucedido, tenía un cruce total de emociones, por un lado me excitaba y por otro me sentía culpable. A momentos deseaba que esa situación continuara y ansiaba otro encuentro con el Mandingo, su sobrino o su amigo; pero luego sentía temor de lo que me pudiera pasar. A ratos sentía deseo intenso en especial por el Mandingo y luego, sentía rabia hacia el por sus abusos.

Ese lunes no fui a clases, estuve un poco mal, a cada rato sentía deseos de ir al baño pero sólo botaba algo de baba o sangre, era obvio que no estaba acostumbrado a tal cantidad de sexo. En la tarde me llamaron por teléfono tanto el Mandingo como el Negro, para ver porque no había ido, claro que su interés era otro.

El Mandingo siempre más exigente me dijo que pasaría a buscarme más tarde. Le dije que no podía ir, le comenté que no me sentía bien. Entonces me dijo que descansara, pero que al día siguiente tenía que ir sin importar como me sintiera, le dije que sí, que podía contar conmigo.

Aquel martes, al salir de clases, no pudimos ir como tantas veces a casa del Negro, pues ahora había gente en la casa durante las tardes, sin embargo, el Mandingo me mandó un mensaje claro con el Negro. Me indicó que iríamos a otro lugar. Que debía prepararme con un lavado como lo había hecho en otras ocasiones.

A eso de las tres llegaron ambos a buscarme. Fuimos al gimnasio donde trabajaba el Mandingo. Había varios tipos igual que la vez anterior. Subimos a la oficina del Mandingo. Entonces abrió la puerta que un cuartito muy pequeño (una especie de depósito) dentro de la oficina, donde apenas cabía una minúscula cama. Allí el Mandingo me había follado la semana anterior.

La verdad no me gustaba mucho el lugar, era muy pequeño e incómodo, no tenía uno como asearse (si no abajo en las duchas) y hacía calor. Para colmo, yo presentía que quienes estaban en el gimnasio sabrían lo que estaba sucediendo allí.

Le dijo al Negro, aquí te lo puedes coger tranquilo, yo me quedo en la oficina y nadie va a molestarlos. Pasamos ambos al cuarto y el Negro cerró la puerta. Me comentó que le incomodaba un poco entrar así allí y para colmo su tío prácticamente detrás de la puerta en la oficina. Sin embargo, él no pensaba desaprovechar la oportunidad.

Después de que le propine una buena chupada, sin muchos preámbulos me pidió ponerme en 4 patas. Entonces se percató que no tenía vaselina. Se asomó a la oficina y le pidió al Mandingo. Este le dijo, lo siento, no tengo. El Negro replicó, pero es que así le va a costar y le va a doler mucho. El Mandingo dijo con paciencia y salivita le metió el pipe un elefante a una hormiguita. Luego se echó a reír.

Entonces el Negro dijo, bueno, ya escuchaste, ensalivó mi culo y me ensartó. Ciertamente me dolió, pero no tanto como antes. Irreversiblemente mi culo no era el mismo de hacía un par de semanas atrás, estaba más abierto, ya no ofrecía la misma resistencia. Como yo tampoco era el mismo. Ambos (mi culo y yo) habíamos pasado por cosas impensables en tan sólo días. Ambos nos habíamos resignado a tomar lo bueno del momento y tolerar lo malo.

Estuvimos un buen rato en esa posición, de cuando en cuando el Negro iba a fondo, con su verga larga y cabezona, entonces me infringía dolor, pero yo aguantaba sin protestar. Luego, me pidió que me acueste boca abajo, él se acostó sobre mí y folló con fuerza, sentía su peso sobre mí y su verga dentro, mientras resoplaba en mi nuca como un toro. Sentía su pecho mojado de sudor sobre mi espalda, aquel sitio era muy encerrado y caluroso, pero yo no podía negarme, honestamente estaba gozando, pero con tantas cosas en la cabeza no conseguía relajarme lo suficiente para lograr el orgasmo. Un rato más y el macho eyaculó, descargó toda su leche caliente dentro de mí.

Yo me quedé en la cama reponiéndome un poco, entonces el salió del cuartito. Su tío le dijo que bajará a darse una ducha. Luego, se acercó a la puerta del depósito y sin mediar palabra la cerró y apagó la luz. Era claro que debía esperar allí hasta que él se dispusiera a cogerme.

Pasó un buen rato y entonces entró el Mandingo cerrando la puerta tras de sí. Me arrodillé a mamar su pinga, lamerla y pulirla, preparándola para la posterior penetración. Si bien a esas alturas ya conocía bien su verga, pues la había chupado muchas veces, no dejaba de sorprenderme cuando la veía totalmente erecta y brillante, larga, gruesa, negra como un neumático, pero sobre todo muy tiesa.

Luego se acostó boca arriba y me pidió que lo montara, era mi posición favorita, pues yo tenía el control. Apenas entro sentí mucho placer, aun prácticamente sin moverme experimenté un orgasmo por el sólo hecho de estar ensartado, la cogida que antes me dio el Negro me había dejado más que preparado para esta segunda follada.

Yo temblaba y suspiraba con aquel pollón en el culo, él podía ver claramente mi expresión de placer. Estando así, me preguntó que me pasaba, que porque el domingo y hoy había estado como mal encarado. Yo no quise hablar pero el insistió. Le dije que me había maltratado mucho, primero haciéndome sufrir hasta llorar, segundo me había entregado a su amigo sin ni siquiera avisarme y lo peor, habiendo complacido todas sus peticiones, me habían orinado ambos en la cara, le dije que eso había sido muy humillante.

Como buen manipulador, él dijo que aquello lo había hecho para liberarme de mis inhibiciones, que debía disciplinarme para que yo aprendiera a obedecerle, que así yo le entregaría el control a él, para placer de los dos. Si bien en cierta medida aquello era cierto, no era del todo sincero, pues sin dudas el disfrutaba imponerme aquellos “castigos” y humillaciones.

Me hubiera gustado seguir hablando, pero estaba experimentando demasiado placer, ya no podía hablar, sólo gemía y suspiraba, acabe varias seguidas. En un descanso, cuando notó que yo estaba en disposición de prestar atención, me dijo, todavía faltan muchas cosas por hacer, depende de ti como las tomes, mientras más resistencia pongas será peor porque te sentirás más humillado, pero como sea tendrás que hacer lo que te ordene.

Me dijo, mañana quiero que vengas de nuevo para acá (al gimnasio), le voy a decir al Negro que te traiga mañana para pasarte los dos por el filo, de acuerdo? Yo dije si claro, lo que tú digas.

Siguió, el jueves quiero que descanses, porque el viernes en la noche nos vamos para la playa. Me sorprendió un poco, sin embargo no dije nada, seguí con un vaivén suave con su verga adentro. El comentó, un amigo tiene un apartamento en la playa, nos vamos el viernes en la noche y regresamos el domingo en la tarde. Pregunté, es Alfonso? (el que me había cogido) él dijo no, otro. Siguió, pero Alfonso va a ir con nosotros, te vamos a tener a punta de pipe (pene) hasta el domingo.

Me excité y asusté bastante a la vez, entonces le dije de forma muy suave, oye, no… por favor, es mucho, tres contra uno. El soltó una carcajada, dijo no te preocupes, mi amigo lleva su propio mamapipe, ellos hacen sus vainas por su lado, a ti te toca repartir culo a Alfonso y a mí. Luego arqueó su espalda clavando su enorme pipe hasta el fondo y descargando su semen dentro de mí.

Luego me dijo, ya vete quiero descansar un rato. Yo tenía que tomar un baño, estaba sudado, oloroso a pinga y con ese culo lleno de semen. Me vestí a medias, traté de pasar desapercibido mientras bajaba a las duchas, sentía que todos me miraban (aunque tal vez no fue así) que todos sabían lo que había sucedió allá arriba en la oficina.

El día siguiente se repitió un episodio más o menos similar, llegué con el Negro directo de clases y pasamos a aquel cuarto, primero el Negro me cogió a su antojo y luego el Mandingo me remato. Luego, espero relatar cuanto sucedió aquel fin de semana.

Espero que te haya gustado y me regales tus comentarios.

JP

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Reencuentro con Mandingo 11 (Fin)

Aquel reencuentro con el Mandingo había sido una montaña rusa de emociones y sensaciones. De pronto placer intenso, luego dolor, ganas de ser la más puta de las putas para luego sentir culpa. Ya la noche estaba por acabar.

 

Habiéndome quedado dormido, después de eyacular involuntariamente. De pronto desperté con muchas ganas de orinar. Yo permanecía allí con las manos atadas. La TV encendida, pero el Mandingo durmiendo.

 

Fui a orinar y luego me senté en el WC, boté sólo esa baba que queda en el recto después de una buena cogida. No me había atado muy bien y logré desatarme. Tomé un baño de agua tibia, para quitarme ese olor a verga que tenía, en especial en toda la cara.

 

Mientras el agua caía, decidí no pensar ni en cuanto había ocurrido, me puse a pensar, en cómo sería el lugar al que el Mandingo pensaba llevarme las próximas dos semanas.

 

Salí del baño y el aun dormía. Fui a buscar mis interiores, para no acostarme totalmente desnudo, cuando me topé con la bolsa de las pantaletas.

 

La rica ducha que tomé parecía haberse llevado junto con el agua mis bríos de hombre, mi culpa, esa que había salido a flote una vez que eyacule. Ya estaba regresando a mi papel de esa noche, el de puta, el de pasivo y sumiso.

 

Tomé una de las pantaletas y me la puse. Me acosté a su lado, despaldas hacia él. Me arropé, pues hacía frio y apagué la TV.

 

Él despertó y se fue al baño. Desde la habitación escuchaba su potente chorro, meaba abundantemente. De inmediato me excité, relacionar su meada con su verga me hizo empalmarme. Ya era totalmente la misma puta de segundos antes de eyacular.

 

Él Mandingo regresó y se acostó a mi lado. Yo me hice el dormido. Esperaba ansioso lo que iba a suceder. Él estaba insatisfecho, por aquella cogida que yo había interrumpido sin querer.

 

Enseguida levantó mi cobija y sin más preámbulo fue a acariciarme las nalgas. Me dio un agarrón fuerte, como para despertarme si es que aun dormía.

 

Me recostó la verga de las nalgas y dijo al oído, te pusiste las pantaletas, así me gusta, bien putica. Siguió, ya se te pasó el ataque de hombre? Respondí, si papi, ya se me pasó.

 

Pero quise ser más regalada todavía y seguí, por favor discúlpame, no sé qué me pasó, me vine sin querer, sin siquiera tocármelo, no fue mi culpa. Él dijo, si, esas vainas pasan, pero lo que si fue tu culpa, es el lechazo que me echaste en la cara, has podido agarrarte el palo, no bañarme en leche.

 

En efecto él tenía razón, no debí hacerlo, pero todo fue tan rápido y tan intenso que no me aguanté, en el momento desee acabar libremente y poco me importó bañarlo en leche. Después de todo, él a mí, me había acabado en el culo, la cara, la boca, las nalgas, las manos, hasta por la nariz me había subido leche en una oportunidad.

 

Claro que no dije nada de esto, solo me volteé hacia él y bajé de una vez a mamarle la verga.

 

Luego él se sentó en la cama y yo de rodillas ante el en el piso. Con la verga en la boca le pedí perdón varias veces, por mi propia iniciativa. El suspiró, disfrutaba mucho lo que yo hacía.

 

Me dijo, coño, con razón te sientes culpable, mírate allí, mamando verga y pidiendo perdón por una pendejada, que puta que eres. En esas, colocaba su mano en mi cabeza, para evitar que la retirara, mientras penetraba a fondo produciéndome arcadas.

 

Estando así, me ordenaba, pide perdón, puta, pide perdón. Claro esperaba que lo hiciera sin sacar la polla de mi boca y siendo que era tan gruesa, apenas si yo podía articular alguna palabra. Pero como pude lo hice.

 

El Mandingo no lo sabía, pero aquella experiencia no era nueva para mí, escasamente hacía un par de semanas, Asdrúbal y compañía me habían hecho suplicar en una situación similar, pero francamente más humillante y difícil. Así, que la experiencia ganada la puse en práctica con este hombre.

 

Aquello lo excitaba tremendamente y para que mentir, a mí también, a pesar de la humillación que ello suponía.

 

Yo solo decía, perdón papi perdón. Ciertamente le gustaba pero él quería más, quería que me rebajara aún más. Por falta de imaginación en el momento o más bien por no querer humillarme tanto, yo no decía mucho más, sólo repetía, perdón papi, perdón.

 

Entonces comenzó a decirme lo que él quería oír. Él lo decía y como si de una clase de idiomas se tratara, yo lo repetía, como podía, bien con la verga en la boca, lamiéndola o besándola.

 

Me hizo decir muchas cosas que no recuerdo con exactitud, pero cosas como por ejemplo; perdóname por no ser una buena puta, papito enséñame a ser más puta; no se vuelve a repetir, te juro que no; eres mi dueño negro, haz conmigo lo que te dé la gana y otras cosas por el estilo.

 

No solo me hacía decir cosas, también me hacía cosas; de pronto iba profundo en mi garganta, me daba golpecitos con el garrote en la cara, se inclinaba y me propinaba dos o tres nalgadas fuertes, pellizcaba mis pezones y daba algunas cachetadas, no muy fuertes, pero sí que llegaban a ser molestas y humillantes. Considerando experiencias anteriores, era un castigo leve para la falta que había cometido.

 

Es vergonzoso oírse a uno mismo diciendo aquello y soportando esa humillación, pero en ese momento sólo quería complacerlo, satisfacer sus caprichos por morbosos que fueran.

 

Lo oía gemir y suspirar con mi mamada, él estaba echando fuego, disfrutando como un rey; pensé que acabaría en mi boca o cara.

 

Entonces me ordenó, ven móntate, ven a cabalgar otra vez.

 

Yo ya había descartado que me penetrara en ese momento. Pensaba, lo dejé echando chispas hace rato, no va a aguantar mucho. Así que aquello fue como música para mis oídos.

 

Subí a cabalgarlo. Yo estaba bien empalmado. Al verme así me dijo, no se te ocurra venirte de nuevo, si te vienes no sé cómo vas a hacer, pero me cumples hasta el final. Sentí algo de temor que aquello volviera a ocurrir, pero no hacía mucho que yo había eyaculado, así que no estaba tan cargado.

 

Apunté su verga justo en mi ano y yo mismo me ensarté. Que delicioso sentir aquel pollón abriéndose paso por mi culo. Sentí escalofríos y me estremecí. Y es que con mi eyaculación inesperada la vez anterior, no sólo había interrumpido su placer, sino también el mío, analmente. Dicho vulgarmente, mi culo también estaba insatisfecho, deseoso.

 

Empecé un mete y saca lento pero delicioso, me propuse contar mentalmente 20 metidas parar y luego ir con veinte más, no quería que el acabara pronto. Apenas iba por la segunda serie de veinte, cuando estallé en esa especie de orgasmo anal.

 

Yo estaba cabalgándolo, erguido, con mis rodillas apoyadas sobre la cama. En esa posición, no sé si porque yo tenía el dominio, sentí desasosiego. De forma casi involuntaria me incliné totalmente hacía el. Le pedí, abrázame. Necesitaba que él me contuviera, algo así como cuando una persona llora y necesita que la abracen, eso necesitaba yo, pero por el placer que estaba experimentando.

 

Entonces el me abrazó muy fuerte, tomando una de sus muñecas con la otra mano. Dejándome totalmente pegado a él, claro, con la verga en el culo. Yo temblaba de gusto. El comenzó a bombear, estando así arqueaba su espalda y empujaba para arriba, hundiendo más su garrote dentro de mí.

 

Dijo, sí que eres putaza, no? Te digo que nos vamos a casar y te molestas (se refería a hacia un rato, donde dijo que nos íbamos a casar y yo no pude disimular que aquel juego no me gustaba) pero me pides que sea tu dueño, prácticamente te me ofreces como esclava, prefieres ser mi esclava.

 

El ritmo del meter y sacar se incrementó frenéticamente. Yo sollozaba, gemía, jadeaba. Entonces dijo, ¿quieres que te proteja? Yo respondí si papi; quieres que sea tu dueño? Yo si papi; ¿Vas a ser mi puta? ¿Mi esclava?

 

Yo inmerso en una sensación de placer muy intensa, solo atinaba a afirmar todo cuanto el me pedía, con voz temblorosa, entre sollozos y gemidos.

 

De pronto el ya no habló más, solo se quejaba de placer calladamente.

 

Yo tuve como un respiro y en un arranque de entrega incontrolable, le susurre al oído, ay papito tu sí que me coges rico, soy toda tuya. Para finalmente, como una hembrita enamorada, plantarle un beso en la boca. Él se sorprendió un poco, pero sin perder tiempo metió su lengua en mi boca y yo le correspondí totalmente.

 

Hasta ese entonces, al único hombre que yo había besado en la boca era a su sobrino. Hago la salvedad del lugar, la boca, porque verga y bolas las había besado desde hace mucho.

 

No sé el motivo, pero no besaba en la boca; no sé si porque todos los tipos con los que había estado, salvo uno, eran bastante feos; porque ellos no me lo pedían, porque me sentía culpable o una combinación de todo aquello, pero no besaba en la boca.

 

Las dos únicas veces habían sido con su sobrino. La primera, después de una fiesta, el me penetraba muy profundo, había sido un suplicio y yo agotado y entre lágrimas había accedido a besarlo. La segunda, cuando conocí su pueblo, me planto un beso en la boca mientras me empalaba y accedí para complacerlo. Pero nunca había sido yo el promotor de aquello.

 

Finalmente el gruño y se hundió dentro de mi todo lo que pudo, descargando toda su leche dentro de mí. En forma de burla dijo, si sigues así, vas a quedar preñada.

Tembloroso me levanté y saqué su verga. Me eché en la cama boca arriba para tomar aire. En esa mezcla de sensaciones y emociones que siempre tenía durante aquellos encuentros, tenía muchas ganas de darme un pajazo, pero me aguanté; sentía que había llegado tan lejos, que preferí mantenerme así a pajearme, para no sentir esa culpa. Para no experimentar rechazo.

Me di una ducha para relajarme, mientras él se quedó en la cama. Cuando volví, el yacía durmiendo satisfecho. Me acosté a su lado, pero ya no aguanté las ganas y me hice la paja. Después, agotado me quedé dormido.

Amanecía cuando él me despertó, me ordenó vístete que nos vamos. Emprendimos el regreso a casa en su auto destartalado.

Extrañamente el viaje de retorno se parecía al de ida. Él sintonizó la radio y tarareaba una canción. Él iba muy contento y satisfecho, yo regresaba muy preocupado, pensaba todos los compromisos que había hecho y las cosas tendría que hacer.

Bueno, hasta aquí llega este capítulo, pero aún queda mucho que contar. Dime si crees que valga la pena contando todas las cosas que pasaron después.

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Reencuentro con Mandingo 10 (Emociones encontradas)

Después de un par de semanas sin ver al Mandingo, todo indicaba, que lejos de haber saciado sus morbosos deseos conmigo, apenas comenzaba, parecía que durante aquel tiempo estuvo pensando en que cosas hacerme, decirme.

A pesar, de su aparente desprecio, definitivamente el sexo conmigo le gustaba mucho más de lo que estaba dispuesto a admitir. Tanto, que había urdido aquel enredo de promesas y compromisos para asegurarse tenerme a su entera disposición. Lamentablemente, tal vez por inexperiencia, yo no caí en cuenta de aquello, que bien pude haber utilizado a mi favor.

Estando allí, muy excitados, le rogué que me empalara. Me preguntó, ¿quieres que me ponga xilocaína para aguantar más?

Ya una vez en nuestros primeros encuentros había usado la xilocaína, un anestésico con el que desensibilizaba un poco la cabeza de su verga, pero se mantenía dura, parada y prolongaba mucho más la cogida. Aquella vez me había maltratado mucho el culo, porque el mete y saca se prolongó demasiado, me taladró duro, profundo y sin piedad; tal vez para aumentar sus sensaciones.

Entonces respondí, no creo que haga falta, es tu segundo polvo.

Él se sonrío con malicia y ordenó, ven, móntate.

El quedó acostado boca arriba, entonces me monté para cabalgarlo. Yo mismo apunté su enorme cabezota en mi ano, listo para ser penetrado. Introduje lentamente aquella vara en mi culo. Sentí escalofríos y un placer inmediato.

Como he comentado antes, en muchas ocasiones durante un primer polvo, aunque disfrutaba no llegaba a alcanzar esa sensación de orgasmo tan deliciosa, pero después de un descanso, en un segundo polvo, a veces bastaba con que solo me la metieran y acababa por el culo (me refiero a esa especia de orgasmo anal que se experimenta por el estímulo de la próstata, no a eyacular)

En esta ocasión fue así, estando casi inmóvil, sentía que en breve acabaría. Mi culo había tragado un buen trozo hasta donde sentí que comenzaba a causarme dolor, pero como tenía aquel garrote tan largo, aún quedaba un pedazo fuera. Él dijo, métetelo más, yo sé que te cabe más, esfuérzate. Así lo hice, empujé mi culo hacia atrás para que entraran un par de centímetros más. Sentí un placer muy intenso con algo de dolor. Exhalé y gemía ahogadamente mientras me movía un poco.

Estábamos allí frente a frente. A pesar de estar disfrutando tanto por el culo, yo tenía la verga a reventar. Me hizo inclinar hacia él y fue por mis tetillas. Primero les pasó la lengua y después las chupó diestramente. Nunca me habían mamado las tetillas. Sentí tan intenso todo aquello, que de pronto, sin más, acabé, mi verga escupió unos 5 o 6 chorros de leche, muy potentes, tanto que uno aterrizó en su cara, el resto cayó en su pecho y abdomen. Fue uno de los instantes más placenteros de toda mi vida.

Aunque ese instante había sido súper placentero, no era lo que yo quería, yo no quería eyacular. Después de eyacular el sentimiento de culpa era muy intenso, era como si me pasaran un interruptor, me llevaba de puta a hombre en un abrir y cerrar de ojos.

Estando con mi primo una vez no aguanté las ganas y me pajee hasta acabar, luego no pude continuar cabalgándolo, lo dejé inconforme e insatisfecho, desde ese entonces me cuidaba de que aquello no volviera a ocurrir. De hecho, a pesar de haber tenido muchos encuentros con otros hombres aquello no me había vuelto a pasar. Pero esta vez pasó involuntariamente, todo aquel rato de caricias, acompañado de aquella conversación, me había puesto a mil y la empalada lo que hizo fue dar el empujoncito que hacía falta.

Con la contracción de mi esfínter, sentía aquella verga enorme, me incomodaba, como si hubiera entrado mal, como si estuviera atravesada. Pero no quería moverme, pasaron por mi cabeza mil cosas en un instante, entre ellas, que si me movía, si me la sacaba, no le iba a poder meter nuevamente.

Esta situación me había ocurrido con mi primo, después de acabar intenté meter la verga nuevamente y me fue muy incómodo. Pensé en levantarme y sacarme la verga, pensé en decirle que deshacía todos los tratos que acabábamos de hacer y que ya no podía continuar siendo su puta.

Si bien la situación era similar a la que me había ocurrido con mi primo un par de años atrás, los protagonistas no eran los mismos.

Por un lado él no era un joven inexperto como mi primo, a quien me negué a continuar y aunque, a regañadientes, lo aceptó. Este era un macho dominante, muy seguro de sí mismo y con gran experiencia.

Por otro lado, yo tampoco era el mismo, en aquella oportunidad con mi primo, sintiéndome tan culpable, no sólo interrumpí el encuentro, sino que además le dije que esa era la última vez que hacíamos aquello y no lo repetiríamos más. Hasta me retiré contento y aliviado a mi cama, pensando que en adelante no seguiría cediendo a sus solicitudes sexuales, cosa que duró solo hasta la noche siguiente en la que fue nuevamente a buscarme. Ahora yo me conocía mejor a mí mismo, sabía que sería solo cuestión de tiempo, que cuando se me pasará ese sentimiento de culpabilidad intenso me dejaría seducir nuevamente.

De acuerdo a uno de los regalos que él me acababa de hacer, yo podía parar todo aquello en el momento que quisiera. Pasó por mi cabeza hacerlo en ese momento, pero también pensé, que si paraba allí, entonces no aprendería aquellas técnicas que él me había prometido.

Entonces, respiré profundo y cerré los ojos. Me quedé así unos segundos pensando en que hacer. Pero si bien yo no sabía qué hacer, el sí. Me tomó de las caderas con fuerza y me dijo, en un tono de enojo, no te lo vayas a sacar.

Sentí ganas de llorar. Yo no era llorón digamos en mi “vida normal” pero en esos encuentros lloré varias veces. Pensé, este tipo me va a reventar el culo y estando así, yo no puedo, no puedo seguir.

Le dije, Mandingo, discúlpame pero no sé qué me pasó, acabe sin siquiera tocármelo, perdóname pero dame un descanso, dame un respiro. Ya me esperaba un regaño, hasta un castigo. Entonces él preguntó, qué te pasa te sientes mal, te sientes culpable? Yo solo asentí. Él dijo, tranquilo, eso pasa; te quieres bajar? quieres que te lo saque? Tembloroso respondí, si por favor.

Dijo, espérate, ya va. Después alcanzó su cinturón que estaba en la mesa de noche, pensé, me va a pegar y bien merecido que me lo tengo. Pero no, me ordenó juntar las manos y me las ató, como si estuviera esposado. Luego entonces me bajé y él ordenó, acuéstate de lado. Así lo hice.

Entonces me dijo, tranquilo, yo sé lo que es eso, cuando acabaste te dio un ataque de hombría, de arrepentimiento; eso quiere decir que aún no te acostumbras 100% a ser una puta. Dijo, te voy a dejar amarrado mientras se te pasa.

Contó, a más de un pendejo le da por escapar, por pelear; de un lado y del otro hay unos pendejos que se transforman después de acaban. Hay los tipos que después que clavan al otro les da por caerle a coñazos (golpes). No lo creerías, pero a un mariquito en el ejército, lo cogíamos varios, le dábamos pipe por ese culo como no te imaginas, pero a él le gustaba acabar de último. Entonces había un compañero, el hijo de puta le hizo la paja apenas comenzando a cogerlo, y sometió al pobre marico hasta que el acabó, después de eso, el mariquito se enojó y cuando pudo, le dio un golpe por la cabeza con un pocillo, le tomaron 3 puntos de sutura.

Sentí mucho rechazo hacia el en ese momento; sentía que si habría la boca sería para decir cualquier cosa de la que me arrepentiría después. Entonces me quedé totalmente callado.

El encendió la TV y luego fue al baño. Yo quedé allí atado. Estando agotado y totalmente satisfecho me quedé profundamente dormido.

Si has leído todas las partes de esta serie, no desesperes, ya viene la parte final.

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Reencuentro con Mandingo 9 (Puedes parar cuando quieras)

Durante aquel reencuentro, donde el Mandingo no paraba de exigirme nuevos compromisos.

Me había propuesto que yo podía parar todo aquello en el momento que quisiera. Me dijo te voy a regalar es un freno de emergencia, en cualquier momento que digas, no importa cual, puedes parar, decir que no quieres seguir, que quieres parar todo y sencillamente lo dejamos hasta allí.

Me saqué la verga de la boca y volteé a mirarlo, no podía creer lo que me estaba oyendo. Pensé que había entendido mal. Pregunté, ¿Cómo es eso?

Respondió, bueno, que si por la razón que sea, no quieres seguir, me dices y de inmediato paramos. Pregunté, ¿es decir, que si no quiero hacer algo te puedo decir que no y paramos? Respondió, no, ya sabes que conmigo es todo o nada, si paramos es parar definitivamente, en el momento que sea y donde sea no hacemos más nada.

Todavía incrédulo dije, así no más y ya? Si te digo ahorita mismo que quiero parar, paramos? Respondió, sí, así mismo, pero como te dije, es un freno de emergencia, como el de los trenes, puedes usarlo una sola vez, pero si después te arrepientes, entonces tienes que seguir hasta el cumpleaños sea lo que sea.

Preguntó, ¿Qué te parece? Respondí, bien, muchas gracias.

En ese instante, donde yo estaba saboreando aquel mazo, a la sazón de sus toqueteos y comentarios, yo sencillamente estaba a mil. Pensé, tendría que usar ese freno en caso extremo. Con lo excitado que estaba, sentía que de parar en algún momento sería muy fácil recaer con tan solo un empujoncito.

Pregunté ¿y lo otro? Respondió, es algo que te va a servir para toda la vida. Te voy a enseñar una técnica, para que cuando esto acabe, no vuelvas ser más nunca una puta, no vuelvas a caer en la tentación.

Si el primer regalo me había sorprendido, éste todavía más, además me intrigó mucho.

Volví a sacarme la pinga de la boca y mirarlo a la cara.

Respondió, bueno, hay unas técnicas para curar a los maricos. Decir hoy en día, “curar a los maricos” suena como algo de la edad media, pero hace tan solo unos años atrás, muchos creían que era una enfermedad.

Dijo, no te ha pasado que quieres parar, que no quieres seguir en eso y no puedes, no tienes fuerza de voluntad y caes en la tentación una y otra vez.

El Mandingo, parecía que hubiera leído mi mente, eso exactamente me pasaba muchas veces, me sentía culpable y pensaba que no lo volvería a hacer. Sin embargo cedía a la tentación. Y no es que el tuviera capacidades paranormales para leer la mente, sino mi comportamiento más su experiencia, le permitían intuir lo que yo sentía.

Dijo, hay tipos que son maricos, maricos y después que prueban verga no la dejan más nunca; pero hay otros que les gusta la vaina, lo hacen un tiempo, paran pero después vuelven a caer, lo malo de eso, es que cada vez les cuesta más salir, se terminan convirtiendo en maricos 100%. Los que se sienten culpables como tú, todavía se pueden rescatar.

Aquello sonaba como música para mis oídos. Pregunté con total interés, cómo es eso?

Respondió, bueno, hay unas técnicas; se usan desde hace mucho, pero lo que pasa es que bueno, no todo el mundo la conoce. Son unas técnicas para que tengas fuerza de voluntad y no te dejes seducir, después de un tiempo, que las practiques y dejes de dar el culo, poco a poco te vas acostumbrando y ya no te hace falta, no te provoca.

Siguió diciendo, yo no debería enseñártelas, porque después que te cures no vas a querer darme más ese culito, pero como te dije, me caes bien y te voy a ayudar.

Me explicó, que lo primero era que debía probar de todo (como pasivo claro está), que me debía depravar lo más posible, para que luego no echara en falta no haber experimentado algo. Que después, había que hacer unos ejercicios que él me iba a enseñar, pero que por ahora no me diría nada, sino al final, la semana después del cumpleaños. Me explicó, que lo ejercicios me ayudarían a experimentar una sensación de rechazo y ya no volvería a caer.

La explicación me sonó lógica. Lo de la sensación de rechazo me pareció posible, de hecho, a los inicios con mi primo, yo en ocasiones me pajeaba en su casa, para evitar caer en la tentación de sus juegos sexuales, pero el efecto me duraba poco y yo terminaba cayendo en el juego, además después que me penetró la primera vez, no lo volví a hacer.

También me pareció razonable que no me quisiera explicar nada más sino hasta el final, por cuanto antes el esperaba tenerme de puta todo ese tiempo.

Increíblemente, lo único que me pareció mentira, era que debía probar de todo, entregarme lo máximo posible. Eso me daba la impresión que era un invento para sacar provecho. Pero para mí, pensar que en realidad aquello iba a parar para siempre, era un sueño hecho realidad.

Sentí que todo saldría bien, que todo iría estupendamente. Ciertamente me había comprometido a un nivel de putería impensable con el Mandingo, pero ese sería el precio a pagar por el placer que iba a recibir. Además, él se encargaría de protegerme de otros hombres, de guardar mi secreto, de enseñarme como dejar aquello y por si fuera poco, si en el camino yo quería abandonar, también lo podría hacer. Que más podía pedir.

Creí todo como la putita novata que era. Me sentí muy aliviado, hasta agradecido. El hijo de puta me había puesto en mil compromisos y yo me sentía contento con aquella promesa, por seguro, demasiado buena para ser cierta.

Ya “resueltas” mis preocupaciones quería que me empalara, hervía de deseo. Le rogué, papi, por favor, cógeme, métemelo.

Continuará…

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Reencuentro con Mandingo 8 (no será gratis)

Aquella noche de reencuentro con el Mandingo, sin mayor aviso, me dijo que yo quedaba a cargo de pagar los gastos de las salidas o encuentros que tuviéramos, por la sencilla razón que, según sus palabras, el no invertía en maricos; de allí, que yo tendría que putear entre sus amigos para sufragar los gastos. La idea no me gustó. Imagino mi cara de miedo e inconformidad, ante aquel planteamiento, que entonces él explicó, no te asustes, no vas a ir a un prostíbulo y mucho menos a la calle, vas a putear discretamente, con mis amigos, lo que te dije hace rato, me gusta compartir con ellos.

Siguió, es lo que ya vienes haciendo, solo que sin darte cuenta. Preguntó, te acuerdas cuando Alfonzo nos prestó el apartamento? Y la vez que fuimos a la playa; aquel fin de semana, yo no pagué nada, tu tampoco; Alfonzo y Asdrúbal pagaron las comidas, las bebidas, todo.

Dijo, no es que voy a cobrar por ti, sino a cambio de cosas así, que paguen el hotel, los tragos, etc. Cerró diciendo, además, me excita mucho ver como otro te da duro, te castiga y tu allí vuelta loca tratando de complacernos a todos.

No me disgustó la idea que otros participaran. Después de todo, mi plan era hacer todas las locuras que pudiera hasta el cumpleaños del negro y luego dejar todo aquello atrás.

Por otra parte, pensar en caer nuevamente en manos de Asdrúbal no me gustó. No quería decirle al Mandingo lo que había sucedido con Asdrúbal. Me daba vergüenza, sentía además que me colocaba en mayor desventaja; no dije nada, pensé después le digo, pero me preocupaba que aquello sucediera.

Había algo que me preocupaba más que Asdrúbal, algo que no me gustaba para nada. Me daba miedo, que alguno de aquellos hombres a los que eventualmente me entregaría el Mandingo, me acosara posteriormente.

Entonces, pensé y que pasa si uno o varios de estos tipos comienzan a llamar a casa, a acosarme como lo estaba haciendo Asdrúbal. Todo se podría descubrir y eso era algo que yo no quería que sucediera por nada.

Le comenté al Mandingo mi preocupación. Entonces, el me respondió que yo sencillamente no debía darles mi teléfono, ni decirles donde vivía, ni mayor información de mí.

Todo muy lógico, pero es fácil para un dominante actuar así, pero para un sumiso, es bastante distinto. No me refiero a la parte emocional, sino a lo físico. Es relativamente fácil para un dominante (en ese tipo de encuentros totalmente desequilibrados en cuanto al poder se refiere) exigir algo al sumiso y hacerle sufrir durante lo que dure el encuentro si el sumiso se niega.

Justamente algo así me había pasado con Asdrúbal, en su oportunidad, cuando le conocí aquel fin de semana, Asdrúbal me chantajeó, me amenazó con decirle al Mandingo que yo pretendía escapar sino le daba mi número de teléfono.

Es muy fácil para un dominante en esas circunstancias hacerle sufrir a uno. Con solo aumentar la cantidad e intensidad de nalgadas y pellizcos; atragantarle en una mamada, etc. y además alentar a los otros a hacer lo mismo, el pobre sumiso pasa del placer a un verdadero suplicio y para colmo, sin muchas opciones más que aguantar.

Le comenté al Mandingo lo fácil que sería presionarme. Me atreví a decirle que Asdrúbal me estaba acosando, que me llamaba para salir. Claro, no le dije que ya había salido con Asdrúbal y que el motivo de mi negativa era por lo que había ocurrido durante el último encuentro.

Entonces el preguntó, si te soluciono ese problema? Te garantizo que no te van a molestar, entonces echas para adelante?

Aquello sonaba como una buena oferta. Sin pensarlo dos veces dije que sí, que claro que lo haría.

Me dijo que hablaría con Asdrúbal para que me dejara tranquilo. Eso me encantó, me quitó un peso de encima. Me preocupaba que Asdrúbal siguiera llamando, que cayera en cuenta de lo importante que era para mí mantener todo aquello en secreto y me chantajeara. Además, Asdrúbal y Alfonzo (el otro amigo del Mandingo) se conocían, eran amigos y Alfonzo sabía dónde estaba mi casa, él había ido con el Mandingo a buscarme aquel fin de semana que pasamos en la playa.

Después me dijo, que en caso que algún hombre me pidiera el teléfono o algo para encontrarnos nuevamente, debía decirle que él me lo tenía terminantemente prohibido. Debía decirle, que si quería que nos volviéramos a encontrar, estaría encantado de hacerlo, pero, que debía cuadrarlo todo con el Mandingo.

Además, decirle que el Mandingo era muy estricto conmigo y que si lo desobedecía me iba a castigar. De esa manera, yo quedaba bien con aquel hombre y libre de cualquier compromiso.

Me preguntó que me parecía, que si estaba de acuerdo. Respondí que sí, que me parecía muy buena idea.

La verdad me había sorprendido lo fácil y rápido que había resuelto mi dilema. En ese momento no lo pensé, sino mucho tiempo después, qué seguramente él ya había estado en situaciones similares, solo estaba repitiendo conmigo lo que había hecho antes con otros.

La conversación transcurría a la par de caricias. Yo arrodillado a su lado, apoyando mis nalgas sobre mis talones (algo así como se observa a la Geishas sentadas en el piso en las ilustraciones) Sobando su enorme polla y sus bolas; el sobándome las nalgas, el orto, pellizcando suavemente mis tetillas, también me estrujaba las bolas y pajeaba un poco, todo como en un ciclo; ambos con la verga parada a punto de estallar.

Colocó su mano en mi nuca, en clara señal que debía inclinarme a mamar. Así lo hice, comencé a chuparle esa pinga enorme suavemente.

Estando así me dijo, te voy a proteger? Quieres que te proteja? Respondí, sin alejar mi cara de su machete, Si papi, quiero que me protejas.

Como he dicho, el Mandingo tal vez era ignorante y bastante rudo, pero era inteligente y manipulador. En un minuto me había dicho lo que necesitaba oír.

Después llegué a pensar, que fui víctima del juego de policía malo y policía bueno, probablemente el Mandingo se habría puesto de acuerdo con Asdrúbal para que me hicieran aquellas cosas y yo luego fuera en busca de su protección.

Planificado o no, el Mandingo me tenía justo donde me quería. Había logrado que me sintiera tranquilo con todo aquello y por si fuera poco agradecido.

Entonces me dijo, yo te voy a proteger, tranquilo. Me lo dijo varias veces, mientras me acariciaba el cabello y yo le chupaba la verga y besaba sus bolas.

Me dijo, pero eso sí, lo de la prohibición de salir a tirar con otros sin mi permiso no es joda, si te voy a cuidar, si no quieres estar en peligro, no puedes andar repartiendo culo por allí, de ahora en adelante no puedes tirar con nadie sin mi permiso.

Vaya que el Mandingo no me daba nada gratis, en un santiamén ya me había prohibido salir con otros sin su autorización. Para ser más precisos, la decisión de con quien yo debía tener sexo o no era ahora del. De esa forma aseguraba un control casi total sobre. Incluso era algo que podía usar como premio o castigo, según su parecer.

Pero en ese instante yo no pensaba en nada de eso, sólo pensé que a cambio de cogerme rico y protegerme, pues tal vez tendría que pasar uno que otro mal rato con alguno de sus amigos ociosos. Solo respondí entre una chupada y otra, está bien papi, como tú digas.

Pregunté y con el Negro? Me refería desde luego a su sobrino, mi compañero de clases con quien había comenzado toda esta locura. Respondió, con el no hay problema, tampoco con los muchachos del pueblo; ya me contaron que Rigoberto te culeo, quien lo habría pensado ese que es medio pendejo, te montó hasta que se cansó.

Entre lamidas, besos y chupadas a su verga (mientras ya su dedo medio estaba dentro de mi culo) Le dije, le doy el culo a quien tú quieras. El respondió, conmigo estarás a salvo, no te preocupes.

Siguió diciendo y que quieres hacer después del cumpleaños (de su sobrino) vas seguir tirando con él, con otros? Se refería por supuesto al acuerdo que teníamos.

Respondí, no, quiero parar todo esto allí, te voy a cumplir, pero después no quiero seguir en esto, me gusta pero no quiero seguir, no está bien.

Preguntó, porque? Te sientes culpable, no quieres ser una puta toda tu vida, verdad? Respondí, ujum, asintiendo con la verga en la boca.

Me dijo, eres buen muchacho, no fumas, no consumes (drogas) no eres un vicioso; muchos como tú, se acostumbran a llevar pipe desde chiquitos, los coge uno y los coge otro, siguen y siguen en eso, terminan viciosos, depravados, consumiendo drogas, prostituyéndose…

Siguió, soy duró contigo porque me gusta someterte, hacer que sobrepases tus limites, pero no tengo nada en contra de ti; me caes bien, me agradas.

Pensé, si me hace estas cosas y le caigo bien, como sería si le caigo mal; pero no dije nada. Seguí lamiendo y acariciando su polla.

Dijo entonces, me caes bien, te voy a hacer dos regalos que seguro no los puedes imaginar. Pensé, considerando que esa misma noche me había regalado media docena de pantaletas, que me regalaría ropa de mujer o algo así.

Siguió, lo primero que te voy a regalar es un freno de emergencia, en cualquier momento que digas, no importa cual, puedes parar, decir que no quieres seguir, que quieres parar todo y sencillamente lo dejamos hasta allí.

Me saqué la verga de la boca y volteé a mirarlo, no podía creer lo que me estaba oyendo. Pensé que había entendido mal. Pregunté, cómo es eso?

Bueno, luego seguiré contando lo que ocurrió.

 

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Reencuentro con Mandingo 7 (No invierte en Maricos)

El balance de aquel reencuentro era totalmente desequilibrado, por su lado. Yo había accedido a varios compromisos con el Mandingo, pero al contrario, solo se me había ofrecido sumisión y más sumisión.

Después de echar el segundo polvo, de que ambos acabamos, quedamos cansados, más tranquilos, en particular yo me sentía agotado de tantas veces que tuve esa intensa sensación de orgasmo anal.

Entré al baño de inmediato y comencé a tomar una ducha. Me quedé un rato bajo la ducha, recibiendo el agua tibia. Me sentía muy culpable, pero para ya no atormentarme más, comencé a pensar en otras cosas, que nada tenían que ver con cuanto acababa de hacer. Pasé bastante rato en el baño, esto lo había hecho en otras ocasiones para relajarme, para dar tiempo a que se me quitara aquella sensación de rechazo al macho de turno.

De regreso al cuarto él estaba sentado viendo tv, totalmente desnudo y tomando un trago. Yo me quedé envuelto en con la toalla a la altura de las tetas como si fuera una chica. También me serví un trago y senté junto a mirar la tele.

Normalmente el no usaba la palabra homosexual, sino marico, pero la usaba ocasionalmente para “suavizar” la conversación. De pronto me dijo, sabes qué cosa es buena de los homosexuales; uno no tiene que gastarle plata (invertir dinero) Lo miré sin decir nada. El siguió, a diferencia de una mujer, un marico se conforma con que uno lo coja bien, es más rentable cogerse a un marico no te parece. Yo respondí, supongo que sí, aunque habrá también los que son muy exigentes.

El siguió, si bueno hay de todo, pero yo no le gasto plata a marico, es cosa de saberlos manejar; si te vas a un sitio (de ambiente) a tratar de levantar al muchachito más bonito, a la princesa del lugar, estás jodido; muchos quieren pinga, pero también quieren plata, quieren que uno pague los tragos, el hotel, hasta que le des algo de dinero para tomar un taxi y algo más; hay que saber dónde buscar y a quién buscar; si uno da con él indicado, les hace de todo y encima pagan las cuentas, te hacen regalos, hacen lo que uno quiera.

Siguió, no me gustan esas locas desatadas; me gustan los discretos. Pregunté porque, no es más fácil con las locas. Respondió, es que a esos uno los coge fácil, pero así como le dan el culo a uno se lo dan a cualquier otro. Me extraño el comentario, él no era un hombre a quien le interesara la exclusividad, todo lo contrario, a mí me había entregado a otros en bandeja de plata.

Entonces comenté, pero supongo que quienes van allí van buscando eso no? el siguió, la verdad es que voy muy poco a esos sitios, porque como te digo por un lado están los que se venden muy caro y por otros los que se regalan. Tampoco me gustan esos pegajosos que llaman todo el tiempo y no quieren que cojas a nadie más.

Pregunté y dónde buscas entonces? Respondió, es mejor la cosa por contactos (referidos) sabes, entre amigos. Con Asdrúbal y Alfonzo tenemos un trato, quien consigue un dulce (un chico) lo comparte con los otros; al final es un 3 x 1, uno paga y cogen tres. Finalizando el comentario se echó a reír.

Siguió, a mí lo que más me gusta es alguien bien discretico, imagínate que tengo amigos casados y con hijos, pero cuando les llamo ese culo se les hace agua.

La conversación siguió con comentarios por el estilo, le pregunté directamente, pero qué es lo que te gusta a ti. Me dijo que en conclusión él prefería muchachos pasivos, sumisos y discretos. Justo alguien a quien moldear y dominar a su antojo.

Pregunté y porque discretos? Respondió, que eso los hacía más sumisos, más obedientes. Dijo, no se atreven a buscar a alguien más por miedo al rechazo, por miedo a que todo se sepa y por eso podía aprovecharse de ellos, exprimirlos.

Por un momento parecía que hablaba con algunos de sus amigos con quienes “compartía un dulce”, parecía que había olvidado que justamente hablaba conmigo, justamente con ese muchacho pasivo, sumiso y discreto del que pretendía seguir aprovechándose.

Mientras conversábamos, el acariciaba mis nalgas y mi ano. Yo no le miraba la cara, miraba la tv sin prestar atención. Bajé la mirada y vi que estaba totalmente empalmado, tenía esa enorme verga parada.

Me disgustó que dijera aquello, porque me decía en mi propia cara que se aprovechaba de mí, de mis miedos y debilidades, me disgustó tal vez por sentirme tan identificado con quien el describía.

El preguntó, qué pasa, estás disgustado? Respondí, por lo menos disimula. El siguió, a la vez que levantaba la toalla que lucía como un vestido; si estás tan brava, porqué lo tienes parado.

Yo estaba una vez más en medio de emociones encontradas, por un lado enojado por lo abusivo, por lo descarado de aquel tipo y por otro excitado, por sus caricias y por sus promesas de placer.

Estaba entre excitado y molesto. Si bien no era la primera vez que me decía cosas pesadas, me molesto su descaro, es como si uno estuviera frente a un estafador y este le dijera en su cara que piensa estafarlo y se sienta tan seguro de sí mismo, que sepa que aun diciéndolo en mi cara eso no cambiaría las cosas.

Entonces me ordenó, dame un besito en la cabeza del pipe, no lo mames, sino comételo a besos. Me incliné a besarlo, lo tenía duro a reventar. Sentí su olor, su sabor, todo. Se lo bese tiernamente en la cabeza y luego baje y subí a lo largo de todo el tronco besándoselo.

Que mejor forma de limar cualquier aspereza, cómo podría yo después de aquello reclamar lo más mínimo.

En eso volvió a preguntarme si me gustaba el lugar. Le dije que sí, que era muy bonito y cómodo. Entonces, en un tono medio de burla me dijo, que bueno, porque a ti te toca pagar esta cuenta, como te dije no le gasto a marico.

Entonces me incorporé y pregunte, pero como si tú sabes que yo solo estoy estudiando, si yo no trabajo. Respondió, bueno, como lo hacen las putas, dando culo y mamando güebo (pene)

Me gustó mucho aquello, sentí electricidad en el culo. Entendí de alguna manera, que se iba a cobrar el costo del hotel cogiéndome una y otra vez. Respondí, ah que bueno, te doy el culo y te mamo el güebo todas las veces que quieras papito.

Él se echó a reír, me dijo, a mí no, a mí me lo das gratis, vas a repartir culo entre mis amigo.

Aunque en abstracto la idea tal vez suena muy atractiva, mi experiencia me había enseñado, que ser sumiso entre varios dominantes no resulta tan delicioso en la realidad como en la fantasía.

En mi experiencia, habían resultado mejor los encuentros más equilibrados, siempre en mi rol pasivo y sumiso pero más equilibrado con el dominante.

También, en muy corto tiempo la experiencia me había enseñado, que estar al mismo tiempo con dos, tres o más hombres, resultaba bastante más extenuante de lo que se piensa en la fantasía. Además, aquellos hombres al sentirse en clara ventaja en una situación así, se les pasa la mano en insultos y maldades, es como si compitieran entre sí para demostrar quién es el más hijo de puta.

Vale decir, que en ese momento yo no sabía de la existencia de los contratos de sumisión, de la cultura del BDSM y los conceptos que se manejan en ella. Aunque nunca suscribí un contrato de ese tipo, entiendo que allí se establecen límites muy claros, cosa que siempre es una ventaja para el sumiso, porque por duro que sea lo que le venga, hay desde el inicio un límite establecido. Estos hombres me imponían sus reglas sobre la marcha. Por último, en ese entonces, creo que ni siquiera se manejaba en concepto de SSC.

Imaginar que sería usado para ganar dinero, no era para nada excitante para mí, quiero decir, la idea de que alguien quisiera pagar por mí, bien con dinero, algún regalo o lo que fuera, me resultaba halagador; pero que el Mandingo quisiera lucrarse poniéndome al servicio de otros, era muy distinto.

Entonces dije, en verdad no me gusta la idea, estar con un tipo y con otro por dinero. Seguí, yo creo que estás llevando las cosas a otro plano.

Así, a una velocidad de vértigo, me iban comprometiendo cada vez a cosas peores.

Bueno, por el momento lo dejo hasta acá, si te resulta interesante continua leyendo las partes que siguen para que sepas lo que paso.

 

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Reencuentro con Mandingo 6 (“luna de miel”)

El Mandingo había estado un par de semanas de viaje, por lo que no nos habíamos visto en todo ese tiempo, pero al parecer, aquel tiempo sin vernos, solo había servido para que el planificara un regreso triunfal. Ya a esas alturas de la noche, había logrado que me comprometiera a ser su putica por un par de meses más.

Volviendo precisamente al momento en que dejé el episodio anterior, aun con el sabor de mi propio culo en la boca. Estaba en cuatro patas, con el culo en pompa, mientras el Mandingo me ensartaba con su estaca. Literalmente yo temblaba de placer.

En plena sensación, de pronto, sin aviso. El macho sacó su tranca. Mi reacción fue inmediata. Le dije, no papi, no; no me lo saques por favor; muy excitado seguí, métemelo, métemelo por favor.

En ocasiones anteriores le había suplicado muchas veces, cuando digamos me hacía alguna maldad o penetraba muy profundo. Le suplicaba que no me hiciera daño, que bajara el ritmo. Había también rogado a otros hombres en situaciones similares. Pero aquella noche, si mi memoria no me falla, fue la primera vez que le suplique que me lo metiera. Le supliqué que me cogiera. Le dije una y otra vez, por favor, por favor, métemelo, te lo ruego, métemelo.

Aquel tipo era capaz de llevarme a los extremos, suplicar para que me lo sacara cuando me hacía sufrir y suplicar para que me lo metiera cuando me hacía gozar. Tal vez suene como algo intrascendente, pero pienso que fue un paso importante en mi entrega cada vez más absoluta. En el momento hice aquellas suplicas sin pensar, pero después, al reflexionar, sentí que no habría podido quedar más en evidencia ante él.

Volviendo a aquel momento, me dijo, tranquilo, ya te lo voy a meter. Me llevo hasta una especie de balcón. Como he dicho el lugar era una cabaña, con dos ambientes bien definidos (aunque no separados por pared) Me llevo hasta lo que era el comedor, tenía una ventana grande que iba de pared a pared, estaba como a la altura de 1,2mts o algo así, se podía abrir. En resumen igual a un balcón.

Era una zona montañosa, desde lo alto esa ventana daba vista a la carretera, a lo lejos. Más allá se podían divisar las luces de algunas casas. Todo rodeado de árboles.

Estando uno allí parado, por el diseño de las cabañas (una contigua a otra) no había forma de que lo pudieran ver, sólo gente desde muy lejos, que tendrían que utilizar binóculos para distinguir, podría verlo a uno de la cintura (o más) para arriba.

El Mandingo me ordenó pararme allí. Un poco inclinado, apoyando las manos sobre el muro. Me dijo, abre las piernas, saca el culo. Así lo hice. Se acomodó tras de mí y me empaló nuevamente. El brevísimo descanso entre ir de la cama allí no hizo mella para nada en mi excitación. Sentí un inmenso placer.

Podría pensarse que aquello era una escena romántica, con aquella hermosa vista, pero para nada era así, allí no había amor, sino sexo de la forma más cruda.

Comenzó el mete y saca, a bombear dentro de mi culo. Este tipo sabía lo que hacía, en verdad nunca supe como hacía para meter justo lo necesario de su tranca, lo suficiente para hacerme gozar sin sufrir. Lo digo por lo largo que lo tenía. No sé si porque miraba cuanto me había metido o pensándolo mejor, tal vez sentía en la cabeza de su verga la resistencia de mi culo internamente, tal vez el sentía que ya había llegado al tope. Como sea, me tenía bien medido, si bien una que otra vez sentí dolor por la penetración profunda, en ese momento, principalmente, sólo me hacía gozar.

Sentía que me temblaban las piernas. Sentía un placer muy intenso. A pesar del clima frio me sentía hirviendo. Poco a poco me fui inclinando más, hasta quedar con los antebrazos cruzados sobre la pared y mi cara recostada sobre ellos. El culo en pompa y las piernas abiertas.

Mientras esto ocurría, el Mandingo comentaba cosas. Dijo, entonces sí que te gusta el pipe, pensé que ibas a llorar cuando te lo saqué. Yo solo me sonreí nerviosamente con algo de vergüenza. Siguió, tienes ese culo rico y ahora pelado (depilado) como una niña, provoca reventártelo.

Preguntó, dijo, te gusta el sitio, bonita vista no? Sólo respondí con un simple ajá. No me disgustaba que me dijera vulgaridades, de hecho algunas cosas que decía en ocasiones me excitaban más y a otras más bien pesadas no les daba importancia; pero en ese momento yo no quería hablar, solo concentrarme en lo que estaba sintiendo, pero no quería pensar, sólo sentir.

Siguió diciendo cosas por el estilo. Dijo, alguna vez te imaginaste que ibas a estar así, rogándome que te cogiera. Siguió, ya lo creo que vas a ser mi mujercita, quieres serlo? Respondí, si papito, claro que sí.

Jadeaba y sollozaba como la puta que era. Igual que instantes antes no podía parar, un jadeo muy intenso y totalmente involuntario. Me daba algo de vergüenza, que en el silencio de la noche, en las otras cabañas oyeran aquello, pero sencillamente no podía callar.

Entonces el muy morboso, en un juego digamos bastante raro, no sé si para humillarme o que, dijo, bueno, entonces esta noche nos vamos a casar. Me extraño ese comentario, de hecho me disgustó un poco, me pareció algo tonto, necio, como una burla. Pero no dije nada, todo esto sucedía mientras mantenía un mete y saca relativamente lento pero sumamente delicioso. Siguió, dijo, acepto ser tu marido, para cogerte y protegerte. Preguntó, aceptas ser mi mujer? No respondí y entonces el insistió. Respondí con voz temblorosa en un tono de protesta muy disimulado. Dije, qué pasa? qué quieres?

Respondió, bueno, ya te dije, que si aceptas ser mi mujer? Entonces me pidió que repitiera. Dijo, repite, “acepto ser tu mujer, para darte el culo y complacerte en todo lo que quieras”. Yo no me sentía mujer, asumía comportamientos femeninos delante de algunos hombres para complacerlos, en especial delante de su sobrino y ahora con el porque me lo había pedido. No me importaba hacerlo con tal de complacerlos y excitarlos, pero esa tontería del matrimonio me parecía como llevar las cosas a un plano muy extraño.

Pero yo estaba a mil, absolutamente encendido de placer. Con todo cuanto había aceptado que más daba complacerlo en este juego. Pensé, para que resistirme, si llega a sacármelo me tendrá suplicándole otra vez. Con voz temblorosa repetí, Acepto ser tu mujer para complacerte en todo lo que quieras. El riéndose dijo, bueno, nos declaró marido y mujer, chulo y puta.

Siguió, bueno ya que nos acabamos de casar, nos vamos de luna de miel; te vas conmigo dos semanas de viaje, qué te parece la idea? En ese momento, sintiendo tan rico, me pareció la mejor idea del mundo. Respondí de inmediato, me parece de lo mejor, muchas gracias papito. Entonces comentó algo acerca del viaje, pero yo estaba en un éxtasis muy intenso, le dije, papi, después me cuentas bien, pero ahora no puedo, no aguanto… y comencé a gemir nuevamente.

Y es que el Mandingo estaba trabajando fuera de la ciudad, por eso había estado viajando y la mejor manera de sacarle el jugo a mi promesa de ser su puta, era llevándome con él, si me dejaba, sencillamente el tiempo transcurría y el no se daba gusto conmigo.

Después de sentir muy intensamente un rato, donde aquella sensación de placer se repitió varias veces, mi cuerpo se relajó. Tuve una sensación similar a la que se experimenta después de eyacular, de relax. Sin embargo mi pene estaba caído, una hilillo de líquido pre seminal colgaba de la punta.

En ocasiones, uno masturbándose llega a un punto donde casi acaba, bota algo de semen, digamos se acaba a medias, pero uno logra controlarse y no eyacula completamente. Algo así me ocurrió, con la diferencia que yo no me estaba pajeando, ni siquiera lo tenía parado.

El notó mi relax, la baja de intensidad de mis sensaciones. Entonces me sacó la pinga. Pensé que él ya había acabado, pero no era así, aún le faltaba. Por suerte para mí yo tampoco había eyaculado, porque me habría costado mucho continuar complaciéndolo.

Extenuado, tome un par de sorbos de agua. Él me ordenó arrodillarme. Así lo hice quedando su verga frente a mí. Me ordenó, mama putica, mama. Reforzando aquella nueva regla del juego, en donde sería tratado como una puta.

Sin esperar ni un segundo me apliqué a la tarea. Arrodillado ante el comencé a acariciarle y mamarle la polla. Sentí el sabor de mi culo en ellas, algo de ese sabor metálico de la sangre, obviamente me había roto el culo, pero en medio de tanto éxtasis no me di cuenta. Me pidió que le lamiera y chupara la verga, pero que no lo pajeara mucho, con la mano ni con la boca. No quería acabar aún, quería disfrutar más de mi mamada. Yo obedecí sin chistar.

En ese momento me relató más del viaje. Me explicó que iríamos a un pueblo de la costa, donde había un campamento. En ese lugar se celebraban especies de retiros, vacaciones y algunos eventos de competencia, donde participaban regularmente funcionarios públicos o familiares de estos. Por esos días estaban celebrando unas jornadas de competencias, en las que participaban jóvenes de distintos municipios.

Aunque esto lo comenté hace mucho (al inicio de estos relatos) para refrescar la memoria, debo comentar que el Mandingo era un exboxeador, quien regentaba un gimnasio de tercera en el centro. Inicialmente, se había instruido formalmente en la práctica del boxeo cuando estuvo en el ejército.

Por esa temporada de vacaciones, él estaba trabajando en aquel campamento, formando parte del equipo de managers que organizaban el evento y competían allí. Por ello había estado un par de semanas de viaje. Todavía le restaban dos semanas más, donde se disponía a llevarme con él.

Se las arregló para que yo formara parte de su equipo de trabajo, en realidad era una labor muy sencilla la que se esperaba de mí, debía transcribir información en unos libros y cosas así, hacer algo de trabajo administrativo muy simple.

Mi trabajo era sin paga, digamos una colaboración a la comunidad deportiva. Se me daría alojamiento, comida y una pequeña cantidad de dinero como viáticos. Claro, mi trabajo real sería en la noche, me tocaría complacer en todo a mi maridito y mi paga, bueno, sería en abundante en semen.

Aunque muy excitado, ya estaba más relajado, más racional que minutos antes. A lo largo de su explicación, no pude dejar de pensar en que sonaba muy rico aquello de estar a su disposición dos semanas, pero también caí en cuenta que tal vez sería muy extenuante. Pensé, que regularmente mis encuentros con otros hombres se limitaban a un rato, una noche completa, el extremo había sido aquel fin de semana con El Mandingo (Asdrúbal y Alfonzo) pero nunca más allá de un par de días. De hecho, el culo me quedaba muy sensible y adolorido. No imaginaba un tercer día corrido llevando verga. También me asaltó la duda acerca de si estaríamos a solas en nuestros encuentros o si participaría alguien más.

Sin embargo, no puse ningún reparo, ni pregunté nada, solo pedí alguna explicación acerca del trabajo que se esperaba que hiciera, como si aquello fuera en verdad el motivo del viaje. Le aseguré que podía contar conmigo, que le acompañaría y complacería en todo cuanto quisiera.

Tomó mi cabeza con sus manos y comenzó a bombear en mi boca, llevando su capullo bien adentro, hasta mis amígdalas, produciéndome algunas arcadas. Fue algo bastante breve, sentí entonces la descarga de su leche. Su abundante semen inundó mi boca. Tragué hasta la última gota y aun así de rodillas, besándole y acariciándole el palo, me di un buen pajazo.

Que de compromisos había hecho en tan poco tiempo y aún la noche era joven.

 

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Reencuentro con Mandingo 5 (saboreando fluidos)

 

Este reencuentro con el Mandingo había significado, en un santiamén, nuevos compromisos para mí, usar ropa interior de mujer, inicio de feminización y otros.

Yo permanecía con nada más y nada menos un par de bolas de billar dentro del culo por órdenes de este macho dominante y morbos.

Terminamos de cenar. Yo sólo tomé la sopa, ni siquiera logré terminarla, en aquellas circunstancias no me apetecía comer. El Mandingo si cenó completo. Me indicó que fuéramos a la cama a descansar un rato, para después de reposar la comida echar otro polvo.

Nos acostamos, el solo en interiores y yo vestido a medias como mujer y con aquel par de bolas de billar aún en el culo.

El encendió la TV, a pesar que no era muy tarde, apenas cerca de la medianoche, me quede dormido profundamente. Estaba agotado por tanto placer, tantas veces que mi cuerpo se contrajo una y otra vez al experimentar aquella sensación de orgasmo anal (de próstata)

Pasó un rato, la verdad no sé cuánto, no creo que mucho, de pronto me desperté, con muchas ganas de orinar. Fui casi corriendo al baño. Al terminar de orinar sentí muchos deseos de expulsar aquellas bolas que conservaba dentro, pensé que se saldrían fácilmente pero no fue así. Volví a la cama, tenía una sensación de llenura desesperante. Pensé en sacarme las bolas, pero no me atrevía a hacerlo sin autorización del Mandingo.

Él, tal vez por el ruido que hice se despertó. Se levantó y también fue al baño, desde la cama se escuchaba el chorro, meaba abundantemente, como se orina después de coger bien a alguien.

Entonces regresó. Me hice el dormido. Me despertó de una forma peculiar, sin mediar palabras sentí su verga en mi cara, comenzó a pasarme la verga por la cara. Hice como que me despertaba. Me dijo, ya has dormido suficiente, vamos, mama, chupa. Al tiempo que colocaba el cabezón de su poronga en mis labios.

Sentí un ligero sabor a orine, supongo que no se lo sacudió después de mear y así mismo fue a ponerlo en mi boca. Como dice el refrán, al mal trago darle paso, le di una primera chupada que digamos sirvió para limpiarlo. A decir verdad, todos los que hemos mamado una pinga hemos saboreado orine y semen más de una vez.

Una vez limpiecito, comencé a mamarle esa polla con todo gusto, se la chupaba, lamía, besaba, chupaba las bolas, etc. todo lo que una buena puta está dispuesta a hacer.

Ambos estábamos a mil, estábamos a reventar. A media luz mire ambos palos y no pude evitar comparar. El mío, digamos un pene normal, blanco con la cabeza rojiza, tamaño mediano; sin un solo pelito, totalmente rasurado; por otro lado, la tranca del Mandingo, negra (como un neumático) larga, gruesa, venosa, con una cabezota dura, brillante; un par de bolas grandes y colgantes que provocaba acariciar.

Aunque nuestros roles en aquella relación estaban perfectamente definidos, por un momento pensé, que aunque al Mandingo le hubiera gustado que yo lo cogiera, nunca habría manera de que yo estuviera a su altura, siempre quedaría relegado a un nivel pasivo, porque físicamente esa diferencia remarcaba quien era quien.

Entonces él estaba arrodillado en la cama mientras yo (acostado) mamaba su verga casi con veneración. Estando así, me sacó la camiseta y me quitó las pantaletas. Luego tomó el cordel, estaba listo para jalarlo y sacar el par de bolas de billar que desde hace rato conservaba en mi culo.

Aunque yo sentía deseos de expulsar aquellas bolas, mi esfínter se había cerrado bastante detrás de ellas. Supongo que entre la contracción del esfínter al eyacular, luego la ducha que tome y por último tenerlas tanto rato dentro, mi cuerpo se había acostumbrado hasta cierto nivel a aquello.

Entonces tiró del cordel para sacar las bolas. Hubo resistencia, sentí dolor. No “querían” salir. Luego abrió mis nalgas de par en par con sus manos. Me escupió justo en el culo y masajeó mi ojete con su pulgar. Tomó una de mis nalgas con su mano, separándola de la otra, manteniéndome abierto. Con la otra mano tiró del cordel, me dijo, puja, puja un poquito.

Así lo hice, puje mientras el jalaba las bolas y zúas salió la primera, experimenté un dolor similar al que sentí cuando las metió. Mi quejido fue ahogado por la macana que tenía dentro de la boca. Una vez la bola superó la parte más ancha, salió disparada; luego se detuvo, para quedar colgando, ya que la otra aún estaba dentro.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Suspiré. Tomé aire. Volví a cerrar los ojos y meter el pipe en mi boca. Entonces tiró para sacar la segunda. Aunque también dolió, salió mucho más fácil. Sentí el culo totalmente abierto, baboso.

Me mostró las bolas que colgaban del cordel, como si quisiera hipnotizarme con ellas. Escurrían baba, la que produce la mucosa anal. Así colgando, acercó las bolas a mi cara. Sentí que con su mirada me ordenaba lamer.

Como la idea me repugnaba un poco, no lo hice de una vez, sino pregunté sumisamente, Papi, qué quieres que haga? Quieres que las saboree? Sin decir nada acercó la bola colgando a mi boca y entonces pasé la lengua. Lamí como una perra lame un dulce. Su rostro demostraba satisfacción por mi entrega.

Sentí el sabor de mi culo. No era la primera vez, desde que en ocasiones anteriores me había tocado chupar alguna polla que instantes antes estaba dentro de mi culo.

Me ordenó que pujara nuevamente. Entonces un líquido tibió y viscoso salió de mi culo, una buena cantidad bajó por una de mis nalgas y fue a dar a cama.

Entonces el Mandingo me abrió las nalgas de par en par y hundió su lengua en mi culo. Metió su lengua en mi culo abierto y baboso. Sentí un placer enorme, nunca había experimentado aquello de esa forma.

El lamió como un perro limpiando y estimulando mi culo, que rico fue aquello, quedé sorprendido. Regularmente era a mí a quien tocaba absorber los fluidos de aquel tipo, esta vez fue distinto y delicioso. Sentí que me venía, que eyaculaba, de hecho boté un par de gotas de semen pero no llegué a acabar.

Por el tipo de tela que no era muy absorbente y la densidad de aquel líquido, en el cubrecama había quedado un pocito de aquella baba, que unos instantes antes había escurrido de mi culo. Me ordenó que lo limpiara con la lengua.

En cuatro patas, con el culo en pompa, baje la cara a lamer como la perra que era. Mientras yacía en esa posición, antes si quiera de dar el primer lenguazo, mi macho me penetró, que rico fue sentir aquella estaca abrirse paso por dentro de mí.

De inmediato respondí, si papito lo que tu órdenes. No era algo precisamente de buen sabor, pero como siquiera pensar en negarme, con tanto que me estaban haciendo gozar, el en ese momento era sencillamente mi dueño.

Primero chupe para absorber la mayor cantidad, luego lamí. Era un poco desabrido, algo salobre pero muy baboso, se siente un poco desagradable en la boca, pero limpié y tragué hasta la última gota.

Entonces el comenzó un mete y saca lento pero delicioso. Enseguida sentí que estallaba de placer, comencé a experimentar esa sensación de orgasmo anal, repitiéndose una y otra vez de manera acelerada pero muy intensa. El apenas se movía y me sostenía fuerte de las caderas, mientras yo me retorcía de gusto. Me quejaba y jadeaba muy fuerte, casi gritaba, arggg, era tan intenso que no podía contenerme.

Así transcurría la noche, con una entrega absoluta de mi parte.

Dime si te ha gustado.

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Reencuentro con Mandingo 4 (feminización)

El Mandingo había estado un par de semanas de viaje por lo que no nos habíamos visto. Esa noche me había llevado a un motel fuera de la ciudad y parecía haber estado planeando con detalle aquel encuentro. Mi compromiso de ser su putica se había extendido de un par de semanas a más de dos meses; para más me había exigido comenzar a usar pantaletas (bragas, tangas) Yo estaba experimentando mucho placer, pero también estaba pagando el precio por ello.

Le dije que quería sacar aquellas bolas de mi culo. Después de haber eyaculado las sentía enormes, me incomodaban, tenían un deseo muy fuerte de sacarlas. Me dijo que no, que tenía que dejarlas allí dentro hasta que él quisiera. Le suplique sumisamente pero su respuesta fue la misma. Me dijo que no. Me ordenó que me diera una ducha rápida para refrescarme, quitarme aquel olor a verga.

Estaba yo en el baño cuando sonó nuevamente el timbre. Era el servicio del hotel. Traían ahora algo de comer. Al salir vi la bandeja con un par de sopas y algunos mariscos a la plancha sobre la mesa.

El Mandingo me hizo vestir con las pantaletas y la franela (t-shirt) arriba, también que me pusiera el cinturón, así la franela lucía como una especie de vestido corto. Me pidió que me siente a la mesa a comer con él.

La verdad es que con aquellas bolas en el culo para nada tenía hambre, pero él me dijo que debía tomar la sopa cuando menos. Me dijo, tienes que comer para que tengas fuerzas, como un presagio de lo que habría de venir.

Entonces me senté. El cordel que pasaba ataba mis bolas y el culo se tensó molestándome un poco, además las bolas me incomodaron aún más, me senté de medio lado. Si bien en todo caso habrá sido algo incómodo, el hecho de haber acabado hacia minutos producía esa sensación de culpa en mí que aumentaba mi incomodidad, pero comprendía que tenía que aprender a dominar aquella emoción. No es un sumiso quien precisamente tiene la libertad para escoger que hacer o no.

Él me dijo, siéntate derecho. Siguió, te metí eso en el culo para que sientas, para que en todo momento recuerdes para que estás aquí. Y vaya que vestido así y con aquello dentro de mí era imposible apartarlo de mi mente un solo segundo.

Intenté tomar la sopa pero la mano me temblaba, tanto que me costaba llevar la cuchara a la boca. No sé porque, supongo que por las sensaciones límite a las que había sido llevado desde que llegamos. Así, aguanté una mano con la otra para poder tomar la sopa.

Me comentó, un poco en juego y un poco en serio, te vez bonita. Solo sonreí nerviosamente, la verdad en ese momento me sentía tan culpable y tan avergonzado que quería desaparecer de allí.

Dijo, para que asumas mejor tu papel de puta, de ahora en adelante en la intimidad quiero que te comportes como una mujercita. Luego dijo, claro, en la intimidad, en público no quiero verte como una loca, no quiero que nadie vea a mí o a mi sobrino con una loca, es decir, de la puerta para afuera te comportas como un hombrecito, pero adentro vas a ser mi mujercita.

Me pregunté a mí mismo mentalmente y qué más será lo que tengo que hacer, porque a decir verdad, mi comportamiento distaba mucho del que convencionalmente asume un hombre. Entonces, aun cuando estaba muy avergonzado y con ganas de desaparecer, decidí preguntar a qué se refería antes de meter la pata y que me terminara castigando.

Me dijo, que aunque yo me entregaba a sus deseos, quería que asumiera un comportamiento más femenino. Yo no me comportaba así, lo más femenino propiamente que había hecho era haberme vestido con falda de colegiala, haber usado pantaletas un par de veces y decirle papi al Mandingo de cuando en vez (pues así me lo había exigido) de resto, si bien me gustaba que me cogieran, no tenía comportamiento femenino.

Le dije que no entendía bien lo que quería, entonces me dijo que tenía que comportarme como una mujercita cariñosa, llamarlo de forma cariñosa (decirle papi, papito, mi negro, etc.) atenderlo como atiende una mujer a un marido (machista) y cosas así. En general comportarme de una forma muy melosa y afeminada.

Además, debía referirme a mí mismo como si del género femenino se tratara, es decir, si por ejemplo yo quisiera decir, “me estas volviendo loco” o “estoy contento”, debía decir en su lugar “me estás volviendo loca”, “estoy contenta”, cosas así. Eso, so pena de ser castigado o mejor dicho castigada de ahora en adelante.

La verdad me pareció algo bastante tonto, sin sentido. Le pregunté para que quería eso, dije que no entendía. Me dijo que así yo sería más sumiso, me entregaría aún más y que bueno, a final de cuentas a él le gustaba así y siendo el quien mandaba así sería.

Me preguntó que me parecía la idea de ser su mujercita. No terminó de gustarme la idea pero lo acepté. La verdad, las circunstancias no daban para entrar en una discusión filosófica, de si yo me sentía mujer o no, de la utilidad de aquello. Más allá de las palabras, escasamente haría una hora, tal vez menos, que el Mandingo me había ofrecido la oportunidad de ser libre, de terminar aquel compromiso; y yo simplemente había dicho que no, me había comprometido a continuar con él de forma totalmente voluntaria.

Luego que sentido tenía discutir una de sus órdenes, si bien por haber eyaculado recientemente sentía esa especie de rechazo, cuanto tardaría en volver a desearlo. Cuanto tardaría en estar nuevamente dispuesto a complacerlo en ese o cualquier otro capricho. Entonces respondí, con tono suave, lo más femenino que pude, si papi, si quieres que me comporte como una mujercita en privado lo hago con mucho gusto, todo lo que quiera mi negro.

Se dibujó una sonrisa maliciosa en su rostro. Si ya me sentía avergonzado con todo aquello, esto no hacía sino empeorar la situación. Le dije, voy a hacer lo que me pides, pero si te vas a burlar de mí, porque no lo hago bien, entonces no hago. Él respondió, no me estoy burlando de cómo lo haces, lo que me gusta, es lo fácil que te sometes. Siguió, además, como te va a dar pena, eso no es nada para las otras cosas que te has atrevido a hacer.

Así transcurría la cena, comíamos y conversábamos como cualquier pareja. Mi culo se fue acostumbrando a tener aquel par de bolas de billar dentro. Mi cuerpo se acostumbraba a estar vestido así, con aquella camiseta como un minivestido. Mis nalgas y genitales a estar envueltos en la sueva tela de aquellas pantaletas. Incluso, tal vez por estar con aquella “falda” tan corta, instintivamente tenía las piernas cruzadas como una mujer.

Hasta aquí por el momento, aún tengo mucho que contar pero no sé si quieres que lo haga, por favor coméntame, gracias por la retroalimentación.

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Reencuentro con Mandingo 3 (los regalos)

El Mandingo había estado un par de semanas de viaje por lo que no nos habíamos visto. Esa noche me llevó a un motel en las afueras de la ciudad. El Mandingo me dejó saber, que no me faltaban un par de semanas para terminar mi compromiso con el (satisfacerlo sexualmente hasta el cumpleaños de su sobrino) sino que faltaban más de dos meses. Para colmo, yo mismo había desechado una oportunidad (sincera o no) que él me había ofrecido de liberarme, sencillamente inmerso en tanto placer, había suplicado que me penetrara.

Tomé una ducha, las ganas de pajearme eran tremendas pero me contuve tal y como él me lo había pedido. Dejé correr agua fría por mi verga (que estaba a estallar) hasta que se bajó mi erección. Sin embargo seguía alterado, deseoso.

Salí del baño con la toalla puesta como una mujer, es decir, en lugar de tenerla amarrada a la cintura, la tenía amarrada a la altura de las tetillas. Eso hacía que se vieran mis piernas como si usara un vestido corto o una minifalda. Ya lo había hecho antes igual cuando estuve en el pueblo de mí compañero de clases el negro y la verdad a aquellos chicos les había encantado.

El Mandingo me miro de arriba abajo y se sonrió. Entró al baño a lavarse la tranca, que estaba bañada en su leche y mis jugos.

De pronto tocaron el timbre de la habitación, me dio un susto que pegué un salto y no supe que hacer. Se me pasó por la cabeza que alguien podría venir a reclamar. Claro aquello no tenía ningún sentido, quien iría reclamar, pero en fin, así fue. Tal vez porque me sentía tan culpable, haciendo algo indebido. De estos acontecimientos hace bastante tiempo, no había apertura como la hay ahora para los homosexuales y mucho menos para los pasivos.

En fin, era un mesero que traía un servicio de Whiskey, de hecho ni siquiera precisaba entrar al cuarto o algo, el tan solo dejó la bebida en una ventanilla dispuesta para tal fin.

Luego el Mandingo sirvió un par de tragos. Dijo, brindemos por todo lo que te voy a hacer por los próximos dos meses.

Después me dijo, para que no digas que no soy bueno contigo, me acordé de ti y te compré un par de regalitos. Me entregó entonces una sencilla bolsa de papel. La abrí sin imaginar que podía ser. Entonces vi que eran unas pantaletas (bragas, pantis, bragas) Media docena de pantaletas blancas muy bonitas, con algo de encaje. No eran tipo hilo (en ese entonces no era algo tan popular) sino más bien tanga, pequeñas.

La verdad no supe que decir. Preguntó, no te gustan? Siguió, el negro (su sobrino) me comentó que el otro día te pusiste falda y pantaletas, que te gusta vestirte de mujercita. Obviamente su sobrino le había comentado lo sucedido.

En realidad yo no me sentía mujer, normalmente no tenía ningún comportamiento femenino, pero en la intimidad, con un hombre que me dominaba, me era en verdad muy difícil comportarme como un hombre, por más que uno siga siendo hombre, como comportarse como tal cuando tienes un garrote en el culo o en la boca.

Además, como he comentado antes, no sé qué tanto en verdad le gustaban los hombres (aunque pasivos) a aquellos muchachos (mi primo, mi amigo el negro y sus primos) en verdad y creo que ellos deseaban una mujer y a falta de ella me tenían a mí. Entonces cada vez más asumía conductas femeninas en la intimidad con ellos para darles gusto.

Con el Mandingo era diferente, creo que a él si le gustaban los chicos, dominarlos y someterlos a sus caprichos y el que yo renegara mi condición de hombre para asumir la de mujer creo que era algo que le excitaba, por lo que ello representaba. Tampoco creo que le gustaran los hombres varoniles, aunque fueran pasivos. En fin aquel regalo me sorprendió un poco.

Le respondí que si estaban bonitas. Me dijo que me las probara, quería ver cómo me quedaban. Así lo hice, me quedaron muy bien, definitivamente eran mi talla. En especial el culo lucía como el de una chica. Le di las gracias.

Me preguntó si me gustaba vestirme de mujer. Le respondí que no en especial, pero que lo había hecho para darle gusto a su sobrino. Entonces me dijo que tendría que darle gusto también a él. Me dijo que en adelante cada vez que saliéramos tenía que llevar puestas las pantaletas. Enfatizó que no sólo en el lugar que estuviéramos a solas sino que desde salir de casa.

Le dije que me daba vergüenza y miedo que alguien pudiera descubrirme, sin embargo, como ya se imaginaran el insistió en que así debía ser. Asentí sin discutir más pensando en que ya hallaría alguna manera de disimular y obedecerle.

Luego me entregó algo más. Eran un par de bolas de pool unidas por un cordel, con un par de centímetros de separación entre una y otra bola. Luego el cordel continuaba unos centímetros y terminaba en la punta con un nudo de ahorcado. Digamos eran unas bolas anales de confección casera. En ese entonces yo no sabía para qué era aquello. Me explicó que las bolas se introducían en el ano y que el nudo se pasaba por el pene, bien atrapando solo las bolas o ambas cosas, bolas y pene. Aquel objeto primero me intrigó y luego me asustó.

Sin duda durante ese par de semanas que no habíamos estado en contacto, este hombre había estado pensando en mí. Seguramente ideando nuevas ociosidades, masturbándose en mi nombre, imaginando cosas nuevas que vendría a poner en práctica.

Entonces me dijo que probaríamos en ese instante las bolas. Se las entregué y permanecí de pie (al lado de la cama) Allí al fondo estaba el gran espejo, yo miraba en éste lo que sucedía.

Él se arrodilló en el piso, mis nalgas quedaron poco más o menos a la altura de su rostro. Me acarició las nalgas. Tiró de las pantaletas introduciendo totalmente la tela entre mis nalgas, quedando aquella tanga como si fuera un hilo. Me beso y mordisqueo un poco ambas nalgas y mi verga se puso dura como un hierro.

Aunque una bola de billar puede no parecer muy grande, sí que lo es, al menos lo era para mi pobre culo. Pensé en decirle al Mandingo que no, pero hacía nada me había comprometido con él, además estaba echando chispas de deseo. Quería complacerle. Entonces no dije nada.

El Mandingo embadurnó la primera bola con vaselina. Era la bola blanca. Pasó el nudo por el tallo de mi pene y debajo de mis bolas y ajustó un poco el nudo. Entonces colocó la bola justo en mi ano. Presionó un poco, pero mi culo estaba muy lejos todavía de abrirse lo suficiente, aunque estaba aún poco abierto por la cogida que me habían dado hacia unos minutos.

Mi esfínter se cerró por reflejo. Me dijo, respira profundo y relájate, no te asustes. Luego me ordenó agacharme un poco, mejor dicho parar más el culo. Apoyé mi mano izquierda en la cama, flexioné y abrí un poco las piernas y dejé el culo paradito. Con la mano derecha separaba mi nalga derecha, mientras que el, separaba mi nalga izquierda con su mano, para así dejar mi orto totalmente expuesto.

Me dijo puja un poco, colocó nuevamente la bola y empujó firmemente. Arg…, comenzó a entrar lentamente y de pronto mi culo absorbió aquella bola de golpe. Sí que me dolió justo en ese momento en el que entro y la bola me abría el culo. Ese dolor muy agudo y punzante que se siente justo en el ano. De hecho eché el culo hacia adelante instintivamente, pero ya la bola estaba dentro de mí.

Por seguro aquella bola era más chica que aquel plug inflable que unos días atrás me había metido Asdrúbal, pero a diferencia, aquel entró desinflado, yo sentía la llenura dentro de mí, pero no sentí entonces ese dolor justo al entrar. De hecho, tenía la sensación de llenura algo intensa dentro de mí, pero lo que más me dolía era exactamente la entrada del culo por lo que había sucedido.

Me apretaba el culo para atenuar el dolor y me quejaba como una putita novata. El preguntó, te lo saco? Yo sabía que si la sacaba no era de forma definitiva, sino para permitirme un breve descanso y luego volverla a meter. Yo volvería a experimentar ese agudo dolor nuevamente. Entonces respondí, que no, que no se le ocurriera sacarla.

Me quedé quieto esperando a que el hiciera conmigo lo que quisiera. Entonces se dispuso a meter la segunda bola.

Él tenía una vista excelente, por un lado más o menos a la altura de su rostro mi culo, si miraba al frente, al espejo, podía ver mi cara reflejada en él, mis reacciones de dolor, de placer. Mirándome a la cara, a través del espejo, dijo, aguanta, agradece que sean las bolas blancas porque las de colores son más grandes.

Entonces introdujo la segunda bola, ésta también dolió pero no tanto como la primera. Me ardía el culo y adentro lo sentía caliente. Una variedad de sensaciones de varios tipos. Llenura, dolor, desesperación, como querer evacuar y no poder. Al esfínter cerrase tras la bola tenía todas esas sensaciones.

Luego el Mandingo comenzó a acomodar mejor el cordel, que estaba atado a la base de mi pene y mis bolas. Era un nudo corredizo, que permitía ajusta el cordel a las bolas y también la distancia entre las bolas y el ano. Era algo que quedaba ajustado para evitar que las bolas se introdujeran más adentro, las mantenía fijas a una distancia.

A pesar del dolor, yo tenía aquella verga dura, parada. Yo no había acabado y todo lo que habíamos hecho me tenía sencillamente a punto de estallar. El Mandingo sobó un poco mi pene, luego puso saliva en su mano y masajeó mis bolas. Eso bastó para que yo acabara, unos abundantes chorros de leche salieron disparados con mucha presión. Mi recto se contrajo aumentando mi placer, gracias a esas bolas que tenía dentro. El Mandingo me pajeó un poco para que acabara totalmente. La sensación fue sencillamente deliciosa. El Mandingo se echó a reír, me dijo, estabas cargadito.

Al recuperarme un poco, entonces sentí aquellas bolas de billar inmensas dentro de mí, me incomodaban. Sentí mucha vergüenza, esa sensación de rechazo a mi conducta gay que siempre experimentaba al eyacular, es como si quisiera desaparecer de aquel lugar. Sin embargo, me quedé de pie sin hacer o decir nada, esperando las instrucciones de quien cada vez se adueñaba más de mí.

Por el momento lo dejo hasta aquí, dime si te gusto y si quieres que siga contando.

 

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Reencuentro con Mandingo 2 (la sorpresa)

El Mandingo había estado un par de semanas de viaje por lo que no nos habíamos visto. Esa noche me llevó a un motel en las afueras de la ciudad con la idea de cogerme como le viniera en gana. Entonces estaba yo tendido boca abajo, con una pierna flexionada y el detrás, de rodillas/cuclillas en la cama penetrándome. Aunque me había cogido ya muchas veces, por primera vez vi (en un espejo al lado de la cama) como aquella vara entraba dentro de mí.

Estando así, me dijo, extrañe este culo tan rico. Preguntó, tu extrañaste mi pipe? Yo conteste, si papi. Siguió, te voy a explotar como nunca en este tiempo que falta, te gusta la idea? Se refería a nuestro acuerdo inicial, según el cual, yo sería su puta hasta el cumpleaños de su sobrino. Habían transcurrido unas 6 o 7 semanas, entonces aún faltaba un par de semanas para terminar aquel compromiso.

El comentario me encendió aún más de deseo, si es que eso fuera posible. Pensaba que me coja muchas veces el poco tiempo que falta. Quería experimentar lo más que pudiera y después del cumpleaños parar, no continuar, dejar aquello atrás.

Todo ocurría mientras él me sodomizaba, con un mete y saca lento que sencillamente me estaba haciendo estallar de tanto gozo. No pude responder. Entonces el sacó su vara de mi culo. Entonces reaccioné, le dije, no papi por favor, no me lo saques. Me volvió a ensartar y continuó, pero entonces dime, te gusta, quieres pipe todos los días por ese culo?

Como he comentado antes no sólo le gustaba cogerme como le viniera en gana, le excitaba que yo admitiera cuando me gustaba aquello. Tomé aire y respondí, si me tienes que aprovechar, mira que ya falta poquito. El replicó poquito? Sí que eres glotona, al principio te quejabas porque era mucho y ahora quieres más, los dos meses que faltan te parecen poco.

El siguió, bárbaro, quien te ve tan serio, no se imagina lo puto que eres, mira que aquí lo que prometes me lo tienes que cumplir.

Cuando dijo dos meses me sorprendió, me sacó un poco de aquel éxtasis en el que estaba. Me pareció haber escuchado mal. Pensé que quería agregar las dos semanas que él había estado de viaje a nuestro acuerdo. Hice un esfuerzo para contener mis reacciones de placer y dije; bueno ese fue el trato, te fuiste de viaje ya lo que quedan son dos semanas.

Sacó su deliciosa pinga de mi culo y dijo, cómo que dos semanas? Dijo, qué te pasa, nosotros quedamos en que la cosa era hasta el cumpleaños (del Negro) Yo respondí, si claro. El siguió, bueno el cumple el x de octubre.

Entonces si había escuchado bien, faltaba poco más de dos meses según él. Pregunté, pero él (mi compañero de clases) no cumple en agosto? El respondió no, claro que no.

Recordé lo que él me había dicho aquella vez, pocos días después de haberme capturado infraganti con su sobrino, él había hecho un “chiste”, preguntó en esa ocasión, si yo había visto la película 9 semanas y media, me dijo que yo viviría una película parecida, que se llamaría 8 semanas de verga, de allí venía mi idea de la fecha (Esta anécdota la puedes ver en el relato Tío y sobrino me dieron por el culo el mismo día 1) Le comenté que él me había dicho que eran 8 semanas, le pedí que recordara cuando había hecho aquel chiste. Me dijo que no sabía de qué le estaba hablando. Reiteró que era hasta el cumpleaños y eso era el x de octubre.

Como él era tan tramposo, le dije que no le creía, que había inventado eso para cambiar la fecha. Respondió que eso era muy fácil de saber, que al día siguiente llamaríamos a su hermana (la mamá de mi compañero de clases) y le preguntábamos el día.

A todas estas yo seguía boca abajo en la cama con una de las piernas flexionadas, la otra extendida y él encima de mí. Sin mediar palabras apuntó su verga justo a mi ano y sentí un escalofrió.

Desde mi punto de vista no era poca cosa el cambio, había pasado en un abrir y cerrar de ojos de un par de semanas a un par de meses. Era algo lo suficientemente importante como para detenerse, pero estaba tan deseoso que me quede callado.

Entonces empujó y se abrió paso por mi esfínter, la sensación de placer fue muy intensa, todo mi cuerpo tembló. Comenzó un rítmico mete y saca, no muy rápido, pero tampoco demasiado lento. El placer que estaba experimentando me llevo a pensar, no importa, que importa si me está mintiendo, lo que quiero es entregarme. Incluso llegué a pensar, que no me pida nada más, porque cualquier cosa que me pida en este momento le diré que sí.

Estaba yo gozando intensamente, cuando con ese palo adentro repitió la pregunta que me había hecho hacía unos minutos. Quieres pipe por ese culo? Te comprometes conmigo hasta octubre x? No respondí, estaba sintiendo tanto que casi no podía hablar; el espero unos segundos por mi respuesta, repitiendo aquel delicioso vaivén. Pensé si me comprometo luego tendré que cumplir. Entonces no respondí, sólo gemía de gusto.

El siguió, preguntó, quieres que te libere de tu compromiso? Si ya no quieres seguir dándome el culo te dejo libre. Ese comentario sí que me sorprendió, no sabía si hablaba en serio, pero era la primera vez (desde que me había sorprendido infraganti con su sobrino) que asomaba esa posibilidad. Yo seguía inmerso en un mar de sensaciones muy, muy intenso. No respondí.

Entonces plop! Sacó su espléndida verga de mi culo, yo hervía de gusto y el sacó su macana. Me sentí casi desfallecer. Si has disfrutado del sexo anal sabrás de que hablo, sino (sólo has sido activo) imagina que penetras a alguien, estas echando fuego a punto de acabar y ese otro te quita el culo y deja tu pinga sedienta por fuera. Preguntó, entonces quieres ser libre? Sólo atine a decir, no, por favor… El pasó la cabeza de su machete por mi ojete que estaba todo baboso, abierto, deseoso.

Aquellos segundos parecían una eternidad, deseaba que me lo volviera a meter. Preguntó nuevamente, entonces quieres que te libere? Respondí no, claro que no. El me empaló nuevamente y dijo, entonces vas a cumplir? Respondí entre dientes sí, claro que sí. Mientras sacaba lentamente su garrote, preguntó nuevamente, quieres ser libre? Sentí que lo volvería a sacar totalmente a lo que respondí rápidamente; no, no quiero ser libre, por favor no me lo saques; al mismo tiempo que echaba mi culo hacía atrás para hundirme la pinga y evitar que la sacara.

Entonces volvió a empujarlo a fondo, sentí un placer inmenso. Estuve así sintiendo tan intenso un ratito, no sé cuánto tiempo, como mucho un minuto o un poco más, pero era tan fuerte, sólo gemía y me retorcía. Sentía que ya no daba más y eso que el apenas se movía.

Volteé a mirarnos nuevamente en el espejo; yo suspiraba, temblaba y gemía como la puta que era. Estaba gozando de lo lindo. Tuve esa sensación de orgasmo una y otra vez. Por momentos quería escapar, era demasiado placer.

Vi su rostro en el espejo y giré un poco más la cabeza para verle directamente, su cara parecía de enojo, aunque era de placer. Normalmente cuando estaba gozando tanto por el culo, mi pene se caía, pero a pesar de eso, volver a mirar aquella escena me excitó sobre manera, gozaba por el culo pero tenía la verga a reventar. Por nada del mundo me pajeaba ni me la tocaba, incluso intenté levantarme un poco para evitar que mi pene rozara con el colchón. Sentía que si apenas me la sobaba terminaría eyaculando y aún me faltaba mucho por gozar y hacer gozar a aquel tipo.

De pronto el gimió muy fuerte, me lo empujó hasta las bolas y me dejó así prensado. Como he relatado antes normalmente no podía tolerar su verga totalmente dentro de mí, sólo muy excitado y en ciertas posiciones podía hacerlo por instantes.

A pesar de lo excitado que estaba aquella arremetida me dolió. Sentí que me había reventado por dentro. Sollozos y un ayy, ayy, acompañaron ese breve instante. Pero en ningún momento protesté, ni intenté escapar, tampoco luchar o reclamar algo por aquello. Lo asumí como una buena puta. Entendí que si él me había dado tanto placer, lo menos que yo podía hacer era someterme en ese momento.

Acabo abundante dentro de mí. Luego fui al baño y bote bastante de su leche por el culo. Había descargado una buena cantidad de semen dentro de mí.

Volviendo a aquel instante, él retrocedió un poco, sacando parte de aquella estaca. Fue más que suficiente para que yo experimentara un alivio. Se quedó así un ratito. Poco a poco me relaje, en cuanto lo sacó completamente oriné un poco involuntariamente.

Intenté pajearme de inmediato pero él me detuvo. Le pedí que me dejara hacerlo, le dije que no aguantaba las ganas. Él me dijo que no, que debía aguantar un poco. Me ordenó que me echara agua fría en la verga para que se me bajara.

Por el momento lo dejo hasta aquí, dime si alguna vez le suplicaste a un hombre y en fin si quieres que siga contando.

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Reencuentro con Mandingo 1 (Recuperando el tiempo)

Después de un buen tiempo sin escribir, regreso a seguir contando lo que me ocurrió hace ya algunos años. Si no has leído mis relatos anteriores, te invito a que los leas para que entiendas mejor de que va esta historia.

Quedé en salir con el Mandingo aquella noche, tenía un par de semanas que no lo veía, él estaba ansioso por follarme y dominarme a su gusto. Desde el encuentro con Asdrúbal y aquellos hombres yo no había tenido más sexo, algo raro considerando la intensidad de las últimas semanas.

Asdrúbal me había llamado varias veces, pero yo me había negado, no había hablado con él. No quería encontrarme nuevamente con él, el miedo que me producía era más fuerte que mi deseo sexual.

Había llegado demasiado lejos en mi último encuentro con Asdrúbal y aquellos hombres. Sentía que me había arriesgado demasiado. Finalmente, a pesar de todo, había corrido con suerte aquella vez, pero por seguro en una próxima oportunidad las prácticas sádicas de Asdrúbal serían mucho más intensas y a decir verdad, era poco lo que yo podía hacer para negarme, si volvía a colocarme a mí mismo en una situación similar. Además me exponía a que algunos de aquellos hombres me reconocieran en la calle.

Ya en la noche el Mandingo pasó a buscarme a casa. Comentó que no había conseguido que alguno de sus amigos le prestara un lugar, tampoco quiso ir al gimnasio, pues sus planes no se limitaban a echar un buen polvo y ya, sino tenía en mente tenerme a su disposición toda la noche, “recuperar el tiempo perdido”. Entonces fuimos a un motel en las afueras. Son lugares sólo para sexo muy confortables, “cabañas” pequeñas bien equipadas, con total privacidad.

Como el lugar quedaba un poco lejos, anduvimos un rato en el carro, tal vez unos 45 minutos. El no habló mucho, la verdad no hablábamos de mucho a nivel personal, lo que hablábamos era de sexo o durante el sexo. Sintonizó la radio y tarareaba una canción. Él iba muy contento; yo estaba muy deseoso, pero también un poco preocupado, pensaba que cosas me irá a hacer.

Al llegar al lugar se ingresa con el auto, sin bajarse del mismo, se paga en una caseta en la entrada. El portero me pidió la identificación, pensaba que yo podía ser menor de edad. A pesar de las cosas que ya había hecho, todo había sido muy discreto. Que aquel extraño supiera a que me llevaban allí me hizo sentir bastante vergüenza.

Al entrar finalmente a la habitación no hubo muchos preámbulos, se desnudó sin más y se acostó en la cama. Me dijo ven acá, hace rato que no tiro, estoy bien cargado, ni la paja me he hecho en estos días, voy a llenarte de leche. Me ordenó, quítate la ropa de una vez y te pones a mamar.

Me desvestí con cierta vergüenza, hasta temor diría yo. Y no era porque me viera desnudo, sino porque yo estaba totalmente depilado, no tenía vello alguno en mis piernas, genitales ni mucho menos en el culo. Desde que me había rasurado para mi amigo el Negro me había mantenido así, rasurándome a menudo y para el encuentro con el Mandingo no fue la excepción. Entonces no sabía cómo el tomaría aquello.

Por suerte, las marcas que habían dejado en mis nalgas, aquellos trallazos que me propino Asdrúbal, habían desaparecido. Afortunadamente fueron solo una docena y aunque me ardieron mucho, no me hicieron mayor daño.

Le gustó, comentó, ahora si pareces una hembrita. Siguió quien te ve normal no se imagina lo marico que eres.

Acostado boca arriba me ordenó “acostarme” de costado, perpendicular a él, con mi cara a la altura de su verga, de su pipe, como le decían en su pueblo. Estaba semi erecta, comencé acariciando sus enormes bolas, les pasé la lengua y cuando miré, ya estaba totalmente empalmado. Que verga la que tenía ese tipo.

Haber estado con otros tipos ese tiempo de alguna forma como que me había hecho olvidar la enorme tranca que se gastaba el Mandingo. Al tenerla allí frente a mí, verla nuevamente, me hizo recordar porque aquella pinga era capaz de darme tanto placer o de hacer sufrir a su antojo. Comencé a lamerla y chuparla. Sentir su tibies en mi cara y boca. Sus venas. Su olor.

Estábamos a media luz. El encendió una lámpara que estaba al costado de la cama. No sólo quería que le mamara sino verme comiéndomela. El me miraba atentamente. Le gustaba verme allí rendido mamando. Yo apenas si cruzaba la mirada con él.

Yo estaba de costado, mamando y acariciando aquel pollón, entonces me hizo abrir la piernas. En esa posición el alcanzaba perfectamente mi pene y mi culo. Me sobo la pinga, pellizcó y masajeo mis bolas. Yo tenía el palo a punto de estallar.

Colocó uno de sus largos dedos en mi boca para que lo ensalivara. Así lo hice. Comenzó a masajear mi ojete con su dedo ensalivado. El dedo iba del culo a la boca para que lo humedeciera con más saliva. De pronto, presionó con constancia y mi esfínter se abrió, dio paso a su dedo.

Estuvo un ratito así, moviendo su dedo circularmente dentro de mí, también algo de mete y saca. Dilatándome, abriéndome, preparándome. Luego insertó un segundo dedo. Repetía lo anterior, pero ahora con sus dos enormes dedos. Yo estaba gozando bastante y el también con mi generosa mamada.

De vez en cuando volteaba a mirarle, para ver si estaba gozando. A veces me topaba con su mirada fija y me invadía una gran vergüenza, me era imposible sostenerle la mirada. Otras veces, él estaba mirando como sus dedos entraban y salían de mi culo, entonces si miraba su rostro, veía cuanto placer le producía mi mamada. Tenía ya el culo bastante dilatado. Estaba encendido de ganas. El preguntó, quieres que te lo meta? Creo no había terminado la pregunta cuando yo ya había respondido que sí.

Me acosté de costado, él se acomodó detrás de mí, digamos en posición de cuchara. Como él solía untar vaselina y no me había untado aún pregunté, vas a ponerme vaselina. Por el grueso de su verga me gustaba que usara la vaselina cuando menos al comienzo de la penetración.

Entonces me entregó un tubito pequeño de vaselina. Unté la cabezota de su pinga y me puse un poco más en el ano. Entonces preguntó ¿estás listo? Dije que sí, deseaba que me clavara, que hundiera aquel gigante en mi culo de una vez por todas.

Apunto su cabezota justo en mi ano. Fue introduciéndola lentamente. Enseguida resentí la diferencia de tamaño respecto a sus dedos. Un tímido ay escapó de mi boca. Pero ya la cabeza estaba dentro. Me tomó entonces de las caderas. Presentí lo que venía. Entonces empujó aquel garrote muy adentro, profundo.

Sin duda que me dolió pero también sentí un inmenso placer. Temblaba de gusto. Preguntó, cómo si no supiera de antemano la respuesta, te gusta? Yo respondí, si papi, me encanta.

Comenzó un mete y saca de movimientos largos y lentos. Comencé a gemir, el placer era muy intenso. Pensé para mí mismo, con razón este tipo hace conmigo lo que le viene en gana. Estuvimos unos minutos así, yo gemía suavemente y temblaba de gusto.

Yo estaba boca abajo a medias, de lado, con una pierna flexionada y la otra estirada, el detrás de mí, pero ya no en forma de cuchara, sino él estaba erguido, no totalmente sino con sus rodillas apoyadas en la cama. Mi pierna estirada entre sus dos piernas y el penetrándome. Estando así se movía a veces lento, otras más rápido, a veces profundo infringiéndome algo de dolor.

Había un espejo enorme en la pared al lado de la cama. Ubicado allí convenientemente para que la gente se pueda ver follando. Volteé la cara y entonces puede verlo allí sosteniéndome por la cadera y empujando aquella vara dentro de mí. Él tenía una perfecta visual de su tranca entrando en mi culo, disfrutaba viéndome tendido allí a su merced.

Aunque él me había cogido ya varias veces, yo nunca había visto bien como aquella vara me entraba. Me sorprendió ver como aquella estaca negra (como un neumático) se hundía dentro de mí. Claro que le había visto la pinga muchas veces y sabía que era enorme, pero ver el largo de ella en comparación con mi cuerpo; ver como estaba afuera y luego desaparecía hundiéndose dentro de mí, me sorprendió y excitó a la vez. Pensé guao, hasta donde me llegará esto por dentro, con razón me duele. Cuando penetraba a fondo sentía una punzada dentro de mí.

Bueno, por el momento lo dejo hasta aquí, dime si te gusto y si quieres que siga contando.

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A merced de Asdrúbal parte 3

Volviendo aquel momento y a ese aprendizaje que ya tenía, es decir, escapar de una situación difícil sutilmente. Entonces le dije, tengo ganas de mamar, quieres que te lo mame? Ciertamente la idea de mamárselo me atraía, pero en realidad lo que más deseaba era lubricar su palo con saliva, también, meterme el dedo al culo o que él lo hiciera para ir abriéndome un poco.

El respondió claro que quiero, trágatelo todo. Me arrodillé a sus pies, lo primero que hice fue darle un besito justo en la cabeza del palo, digamos un beso tierno. Luego lo introduje a mi boca, de verdad lo tenía grueso, sentía como me llenaba toda la boca, no es lo mismo mamar una pinga gruesa que una delgada, si bien, nunca pude tener un pene erecto totalmente dentro de la boca, cuando el pene es más delgado es digamos más fácil de manejar. Entonces mamaba esa pinga deliciosa, como si fuera una paleta, acariciaba sus bolas y lamía.

Él estaba totalmente rasurado, así que me agache un poco para lamer las bolas, incluso me las metí a la boca y succioné, a veces los vellos son un fastidio cuando uno está mamando, pero aquí no tenía ese problema.

Cuando tenía las bolas en la boca, él dijo algo así como, que rico no joda, eso es carajo. Entonces pregunté, te gusta? Él no me escucho bien y dijo, qué, que dices; le repetí ya en más tono de puta, que si te gusta papi? Te gusta cómo te mamo las bolas papito? El respondió claro, pero no me digas papi. Pensé que le gustaría, pues el Mandingo me había pedido que le dijera así, como una forma más de afianzar mi rol de puta.

Para ser más sumiso, entonces, mientras lamía y besaba su polla, respondí, perdón, por favor disculpa mi abuso, es que está tan sabroso que me provocó decirte así, pero no te enojes, no vuelve a ocurrir. La verdad no había porque ofrecer disculpas, pero lo hice para levantarle aún más el ego. El “pobre” tipo suspiró de gusto con mi comentario de sumisión.

Entonces preguntó, a ti como te gusta que te llamen; yo respondí, bueno, por mi nombre; él siguió, no pero cuando estás así, cómo quieres que te llame, puta, sirvienta, maricón, traga vergas, como prefieres que te llame; le dije, bueno, no sé, como tú quieras; y seguido metí el pollón a fondo en mi boca; él dijo, coño que regalado que eres, no te molesta que te llame así, que te insulte?, respondí “um, um” moviendo la cabeza en señal negativa, sin sacar la pinga de mi boca. Aunque no me gustaban mucho los insultos, siendo honestos, todas esas expresiones, más que insultos, eran fiel reflejo de lo que yo era en ese momento.

Luego, él se chupo los dientes de gusto, shh, shh, y me despegó de su verga con rudeza, dijo, para ya que me vas a hacer acabar putica.

Terminó de sacarse los zapatos y quitarse toda la ropa. Se colocó nuevamente de pie frente a mí, con las piernas más abiertas. Empujó mi cabeza hacía su pinga, sin palabras entendí que debía seguir mamando, chupando, lamiendo como una perra.

Luego me dijo, putica, trata de mamar sin usar las manos, pon las manos atrás. Quedé de rodillas, con la polla en la boca y pasé las manos atrás, como si estuviera esposado. Al principio, como ya tenía la pinga en la boca no me pareció difícil, luego, Asdrúbal se alejó y el palo se salió de mi boca. Me ordenó, búscalo, trágatelo. Fui a tomar la pinga con mi mano para llevarla a la boca, él dijo, no, así no, sin manos. Entonces fue algo más difícil, tuve que estirarme para llegar hasta la cabezota y luego hundirla en mi boca, entró torcido y tuve que acomodarla bien sin usar las manos. Él estaba extasiado viéndome buscar su pinga de ese modo. Era algo humillante, pues además de mamar, tenía que buscar la polla.

Estaba succionando de lo mejor, cuando se alejó y volvió a retirar la tranca de mi boca, yo debía buscarla nuevamente. Con las manos atrás es mucho más difícil mamar, uno pierde el equilibrio, entonces sin querer me apoyé con las manos en sus piernas, volvió ya un poco molesto a decirme, sin manos, carajo, sin manos.

En ese jugueteo estuvimos un rato, el sacaba la verga y yo la buscaba, la saliva rodaba por fuera de mi boca, una que otra vez el pingón iba a dar a mi rostro, ojos y así. Luego empujó mi nuca llevando su palo hasta mi garganta, sentí nauseas, pues fue demasiado adentro, instintivamente traté de separarme con las manos, entonces me dijo, sin manos coño, es que no entiendes, ya vas a ver.

Sacó unas esposas (no sé de dónde) para ponérmelas, le dije, no, tranquilo, yo no meto más las manos. Me daba miedo permitir que me esposara. Mi cara de sorpresa y miedo lo incitó más, me dijo, vamos, ya te di varias oportunidades, así bien agarrado vas a ver que se acaba la tentación de interrumpir con las manos. Yo respondí, no…yo pongo las manos atrás y tú hazte la idea anda, pero no me las pongas. Entonces me dijo, bueno qué pasa, obedece.

Luego me ordenó ponerme de pie, me dio media vuelta bruscamente y colocó las esposas con las manos atrás. Eran esposas de verdad, no de fantasía. No había forma de soltarme. Finalmente, quedé de rodillas ante él nuevamente, asustado por lo que podría suceder. Pero con una erección que delataba cuanto me excitaba aquello.

Bueno, hasta aquí lo dejo en este momento, dime si te gusta mi relato y si quieres que siga contando otras cosas que sucedieron.

JP

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Esclavo sexual 5 (Lluvia)

Esclavo sexual 5 (Lluvia)

Estaba yo esa noche a merced de 4 tipos, Asdrúbal me había llevado “engañado” a su apartamento y una vez allá, me presentó a tres amigos, que junto con él se proponían saciar sus deseos sexuales y de dominación conmigo. Yo había aceptado ser su esclavo y complacerles en todo cuanto pedían.

Para asegurar mi sumisión, me habían humillado colocándome un enema, también un plug anal inflable y me habían fustigado con una vara de ratán. Alternando todo aquello entre mamadas, suplicas, etc. Con los ojos vendados me hicieron adivinar de quien era cada polla, mientras las ponían una tras otra en mi boca. Por fortuna advine todas, lo que me evito un castigo e hizo ganar una rica cogida como premio.

Estando acostado boca arriba, con los ojos tapados, uno de ellos, me penetró subiendo un poco mis piernas. Mientras, yo mamaba gustosamente una polla y con la otra mano pajeaba al otro. Finalmente había llegado el momento de recibir verga como una perra callejera cuando está en celo.

Así, me montaba uno y el otro, se cambiaban de lugar, apenas dejando por segundos vacía mi boca o mi culo. Entre comentarios soeces y ordenes como abre, chupa, trágatelo, me zarandeaban como una muñeca de trapo. Pinga y más pinga por culo y boca en distintas posiciones. Recibía aquello sin poder ver, sin saber en verdad quien me hacía que cosa.

Me relajé y comencé a disfrutar tremendamente todo aquello, sin salir de mi papel de esclavo, obedeciendo a todo cuanto se me pedía, halagando y humillándome siempre ante mis amos, con expresiones serviles, como “así está bien amo, lo estoy mamando bien”, “ay amo, que rica esta verga” y cosas así.

Si bien no faltó una que otra nalgada, un pellizco, mordiscos “suaves” y una que otra arremetida que me dejaba sin aire. Estaba gozando de lo lindo.

Al rato, uno de ellos acabó en mi boca y cara, me tomó por sorpresa y el semen subió por una de mis fosas nasales, produciendo esa desagradable sensación. Hasta por la nariz tragué leche esa noche.

Luego, Asdrúbal subió mis piernas casi a sus hombros y bombeo salvajemente hasta inundar mi recto con su leche. Sentí casi llegué a tener un orgasmo (anal) pero no lo logré. A pesar que estaba gozando bastante, aún no lograba el orgasmo, en momentos me ponía algo nervioso, pensaba que pararían para hacerme alguna maldad como había sucedido previamente.

Después, en 4 patas, Horacio me daba por el culo con un ritmo delicioso, mientras en mi paladar, sentía la cabeza del pene del musculoso. Aunque no podía verlos, sabía que era Horacio el que me daba por el culo, digamos por descarte, ya que Asdrúbal ya había acabado, el flaco de bigotes fue quien me acabo en la boca y la verga que mamaba era la del musculoso, pues tenía esa curva en el glande. De pronto Horacio acabo. Me relleno el culo de semen.

El musculoso dijo, estás bañado en leche. Él tenía razón, mi cara y culo estaban llenos de sus fluidos. Me llevó al baño y quitó el tapa ojos. Dentro de la ducha me colocó de pie contra la pared. El agua tibia bajaba por mi espada, por mi rostro, aproveche para tomar un poco, pues estaba reseco de tanto mamar.

Después que se aseguró mi culo estuviera limpio, me clavó estando de pie. La cabezota de su verga, como he dicho, estaba como doblada en ángulo. Esa Curva, me hacía sentir más intensamente, en especial cuando la tranca iba de salida.

El agua que bajaba por mi culo, limpiaba los fluidos que lubricaban la penetración, con lo cual la fricción aumento. Finalmente, experimenté un orgasmo muy, muy intenso, digno de todo cuanto había sufrido y esperado. Argg, me viene varias veces seguidas (por el ano) hasta que finalmente el acabó. Aún clavado por aquel macho, comencé a masturbarme, ya no aguantaba más. No tarde mucho en venirme, en eyacular.

Luego, el me lo saco y me pidió que le mamará, que limpiara su verga. No me agrado la idea, tenía esa sensación de culpabilidad y rechazo que siempre sentía hacía quien me había cogido justo después que yo eyaculaba.

Sin embargo, entendí que debía complacerle. Me arrodillé para mamar. Pero mientras se lo limpiaba con mi boca, sentí un chorro tibio de orina en la boca. De inmediato escupí. El paró la meada y dijo qué pasa puta, vamos, te quiero mear en la boca.

Yo dije, bueno, en la cara. Me quedé frente a él con los ojos cerrados esperando el chorro de orine. Entonces él dijo, pero abre la boca. Él insistió, subiendo el tono de voz, yo me mantuve con la boca y ojos cerrados. El ruido atrajo a Asdrúbal, que luego de entender que es lo que el hombre quería, me ordenó complacerlo.

Entonces, sencillamente me rendí. Abrí la boca. Sentí el chorro de orine tibio caer en mi boca, sentí ese sabor salobre, ese olor inconfundible. Este tipo me marcaba como un perro lo hace con aquello que considera de su propiedad.

La meada fue larga, el líquido que él había tomado en todo ese tiempo sin duda hizo su efecto. El orine caía en mi boca, sentía su sabor, pero me cuidaba de no tragarlo, estando con la boca abierta, así mismo el orine escurría hacia afuera.

Luego, el apresuró un chorro y llenó mi boca. Me tomó por la quijada inferior y tapo mi boca. Involuntariamente tragué el abundante líquido. Finalmente expulsó un chorrito más y sacudió su pinga. Se retiró satisfecho diciendo, eso es pendejo, eso es. Asdrúbal presenció todo aquello sin decir nada. Sólo me dijo, aséate que ahora es que falta.

Con ese último evento, quedó más que evidenciada mi sumisión ante ellos. Aún con el rechazo que experimentaba por haber acabado, accedí ante una solicitud tan pervertida como esa.

Por suerte para mí, ya no querían continuar, tal vez porque al día siguiente había que trabajar, en verdad no lo sé, pero para mí fortuna decidieron que allí terminaría todo. Tomé una ducha rápida, antes que se arrepintieran y Asdrúbal me llevó a casa.

Así terminó aquella noche, donde en por un buen rato, fui rebajado y humillado totalmente.

Bueno, espero que te haya gustado y me regales tus comentarios. Hasta la próxima.

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Esclavo sexual 4 (a ciegas)

Esclavo sexual 4 (a ciegas)

Aquella noche nada iba bien. Habíamos quedado con Asdrúbal en que estaríamos solos, pero había tres hombres más. La fantasía de ellos es que sería su esclavo(a) esa noche. Digo nada iba bien desde mi punto de vista, porque hasta el momento, más que placer, me habían infringido dolor y humillado bastante. Sin embargo, nunca me negué a lo que se me exigía.

Desde el punto de vista de ellos, pienso que las cosas estaban saliendo de lo mejor. Una tontería sirvió de excusa para que yo recibiera un castigo desproporcionado, 12 trallazos en mis nalgas, con un bastón de bambú, fueron suficientes para hacerme entender que el “juego” de ser su esclavo, era bastante serio. Ellos habían encontrado a quien someter a su antojo y al parecer no me quedaba más remedio que aceptar sus caprichos y ociosidades.

Después de propinar unas buenas mamadas a cada uno, me colocaron en cuatro patas sobre el banco de patas metálicas, quedando mi culo y boca, más o menos a la altura de sus vergas. Comenzaron a turnarse, yo chupaba con fruición un machete y luego otro, lamia sus bolas, me atragantaba. Aún las nalgas me ardían y sentía temor de lo que me pudiera pasar, por lo que me esmeraba en chupar como nunca.

En el ínterin, el de bigotes untó un lubricante en mi culo y me empaló sin contemplaciones, me dio unas cuantas arremetidas y luego paró. Introdujo luego en mi culo un consolador, mejor dicho un plug o tapón anal grande, que entró sin mucha dificultad. Pensé para qué un tapón habiendo tantas pollas por atender?

Luego, vi que del tapón salía una manguera y una perilla, era un juguete inflable. Mientras yo mamama, chupaba y lamia una verga tras otra, Asdrúbal comenzó a inflar el tapón, sentía como poco a poco me llenaba por dentro.

Asdrúbal me indicó que le avisará si me dolía. En un momento dado sentí mucha presión dentro y algo de dolor. Le dije sumisamente a Asdrúbal, Amo, me duele. Él dijo, aguanta un poco más y dio un par de bombeadas extras a la perilla.

Yo me sentía totalmente lleno, sentía presión en el ano. Por la forma del tapón era imposible que se saliera, pues adentro estaba hinchado, justo en la zona del ano, la goma era mucho más dura y de menor diámetro. Entonces digamos estaba abierto como un “paraguas” dentro de mí.

Luego, Asdrúbal me ordenó traer otra ronda de tragos. Me puse de pie, sin embargo, el juguete no se salió, era imposible que se saliera sin desinflarlo. Luego traté de erguirme y allí si experimenté un dolor muy agudo, dentro, como una punzada, parecida a lo que a veces me hacía sentir el Mandingo o el Negro con sus vergas largas. El dolor me hizo doblarme nuevamente. Respiré profundo y trate de enderezarme pero no pude, volví a sentir la punzada.

Entonces fui a preparar los tragos así, con aquella cosa dentro, caminando encorvado. Mis amos se pajeaban suavemente, disfrutando de mi sumisión a sus ociosidades.

Sentí miedo nuevamente, este era el tercer brindis, el último había terminado con un castigo muy fuerte. De alguna forma, esta interrupción bajaba la excitación de mis captores para alargar la faena sometiéndome a alguna humillación.

Luego, Asdrúbal me ordenó ponerme de rodillas nuevamente y colocó un tapa ojos. Dijo, vamos a hacerte una prueba, vas a mamárselo a todos sin mirar, tienes que adivinar de quien es el palo, si te equivocas te castigo.

Siguió, por cada uno que te equivoques son 5 trallazos. Si usas las manos 5 más. El de bigotes replicó, no, no, vamos a hacer algo mejor, si se equivoca, que sean 10, pero que se los de quien lo confundió, para que aprenda a reconocer vergas.

Entonces Asdrúbal dijo, bueno, ya sabes, vas a chupar y a identificar a cada quien, no puedes usar las manos y con quien te equivoques ese te da diez azotes por las nalgas.

En absoluto silencio, se acercó el primero y posó su glande en mis labios. En circunstancias normales tal vez no hubiera prestado tanta atención al juego, pero ante la amenaza hice un recuento mental de las pollas de cada uno y sus características.

Cuando me estiré un poco para mamar mejor, el dolor punzante por aquel plug inflado que tenía dentro me hizo retroceder. Dije lo más sumisamente que pude, le pido por favor, a cualquiera de mis amos, que desinfle un poco el consolador, que cuando me estiro me lástima demasiado. Uno de ellos libero un poco de aire. Probé a estirarme y pude hacerlo, aunque aún el tapón se mantenía ocupando mi recto. Le dije, muchas gracias amo, gracias al que desinfló el tapón, gracias a todos porque permitieron que lo hiciera y gracias al que me lo metió

El primero fue Asdrúbal, lo distinguí de inmediato por su grueso, sin embargo, no me aventure a decir nada rápidamente, se lo lamí largo a largo y chupe bien antes de hablar. No quería equivocarme, ni tampoco que les pareciera cosa fácil. Luego, él lo retiró y dije “Asdrúbal”. Uno de ellos dijo, al final, nos dices el orden y te decimos cuantos acertaste para que el juego sea más interesante.

El musculoso también era fácil de identificar, pues como comenté antes, tenía la cabeza del pene en ángulo, como si estuviera doblada. Me preocupaban el de bigotes y el más joven, el que era bonito, pues tenían pingas muy parecidas, pero uno tenía los testículos rasurados y el otro no. Entonces tan pronto llegaron a mí, les propiné una rica lamida en los huevos, que me sirvió para identificarlos.

A cada uno le mame tan bien como pude dadas las circunstancias. Y fui identificándolos mentalmente uno a uno.

Después me quitaron el tapa ojos. Asdrúbal preguntó y bien, que nos dices mama vergas? Dije, 1ero Asdrúbal, 2do Fulano (el musculoso), 3ro Horacio (el más joven) y 4to Zutano (el de bigotes) Horacio y dijo wow!, acertaste todos.

Me sentí estúpidamente orgulloso, contento por haber descubierto todas las pingas. Es increíble lo tanto que se puede degradar a una persona, que hasta se contenta por algo así.

Asdrúbal volvió a colocarme el tapa ojos, desinfló el plug, que salió disparado tan pronto su tamaño se había reducido. Me quitaron las esposas y fui llevado a la cama. Asdrúbal dijo, te has portado bien, ahora te vamos a coger como nunca.

Hasta aquí lo dejo por hoy. Gracias por leerme.

JP

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Esclavo sexual 3 (Canning)

Esclavo sexual 3 (Canning)

Aquella noche, Asdrúbal me llevo a un apartamento. Habíamos quedado en que estaríamos solos, pero cuál fue mi sorpresa, una vez en el lugar, había tres hombres más. La fantasía de ellos es que yo sería su esclavo(a) esa noche, una cosa llevó a la otra y acepté casi sin pensarlo.

Asdrúbal me había aplicado un enema y luego ordenado servir unos tragos, así lo hice, pero luego me ordenaron agacharme e involuntariamente el agua salió de mi culo sin que yo pudiera hacer nada para evitarlo. Ello fue motivo (o más bien excusa) para aplicarme un castigo. A pesar de aquella situación, yo estaba sumamente excitado, mi verga parecía que iba a reventar de lo hinchada que estaba, en el culo tenía esa sensación, ese deseo de ser penetrado. Un fuerte deseo me hacía mirar sus pollas.

Asdrúbal tomó una silla. Me ordenó apoyar mis manos en el asiento quedando inclinado, de pie, con el culo en pompa. Sobo mis nalgas y de pronto, zas, me propinó unas tres nalgadas muy fuertes. Después, tomó una vara, delgada, de bambú o algo así, como de un centímetro de diámetro y poco más de medio metro de largo. La paso frente a mí, a mucha velocidad, como si fuera una espada, produciendo ese “silbido” (fuuu) cuando se corta el aire.

Entonces me enderecé (pensé en decir que no, pero no dije nada) El sólo dijo, colócate. Lo miré como recriminándole aquello que iba a hacer. El sólo dijo colócate, ponte. Por último dijo, hasta ahora te has ganado diez, si sigues, va a ser el doble, el triple, depende de ti.

Preguntó, te acuerdas de lo que hablamos, te acuerdas de tu compromiso. Dijo, te pregunté varias veces y respondiste que sí, que aceptabas obedecer, ser mi esclavo. Ahora no puedes arrepentirte, tenemos un acuerdo; imagínate que yo tenga un acuerdo contigo (Por ejemplo que no te haré daño) y decida romperlo; no sé, porque se me dé la gana y tú estés indefenso me provoque apalearte, yo creo que no te gustaría. Él tenía la total y absoluta razón, yo me había comprometido a obedecer en todo. Nunca supe si aquello fue una amenaza velada, que habría pasado si yo me hubiera negado, pero él tenía la razón. Luego, me puse en la posición que se me exigía.

El caminaba de un lado a otro, luego se situó a mi izquierda y sentí como toqueteaba mis nalgas con la vara, como si estuviera midiendo antes de dar el golpe, yo estaba muy asustado esperando el trallazo. De pronto zuas, un azote muy fuerte fue a dar a mis nalgas. Argg, me ardió bastante, es como si quemara.

Luego vino, el segundo, el tercero, cuarto, yo me retorcía después de cada golpe y de inmediato se me ordenaba colocarme en la misma posición de castigo.

Tal vez se pueda pensar que un azote de estos no es mucho, no es muy doloroso, pero para mí si lo fué y lo que hace terrible es la repetición. Es como una picada de abeja, una sola, ciertamente duele, pero varias es mucho peor.

Quinto y sexto trallazo aterrizaron en mis enrojecidas nalgas, mientras el “público” se deleitaba con aquello. No aguanté más, me erguí y caminé por el recinto, dando una especie de saltitos para aliviar el ardor. Para colmo, estando esposado, ni siquiera podía sobarme las nalgas.

Un minuto después, se me ordenó volver a colocarme en posición. Le suplique, le dije que era suficiente. Él dijo, es por tu bien, para que aprendas, ves que ya no estás tan altivo, tan rebelde. Sumisamente volví a la misma posición.

Él dijo, cada vez que te dé, tienes que darme las gracias, tienes que decir gracias mi amo. Yo pensé en no hacerlo, después de todo, ya me estaba castigando. Entonces vino el séptimo azote, me ardió como el demonio, pero no di las gracias. Asdrúbal, preguntó, que debes decir? Yo dije “gracias”, el siguió, porque no lo habías dicho? Yo respondí, se me olvido. El concluyó, por cada vez que se te olvide te voy a dar dos más.

Antes del siguiente, hizo varios amagues pasando la vara a toda velocidad pero sin golpearme, lo cual aumentaba mi tensión. Luego vinieron uno tras otro octavo, Gracias!, noveno Gracias!!!, decimo Gracias!!!. Me fui a incorporar y dijo, dos más de regalo y zuas, zuas. “Quemó” mis nalgas con aquella vara.

Además del dolor, fue muy fuerte para mí aquella situación, es como cuando uno piensa que ha llegado a una meta y aún falta. Me sentí desilusionado, impotente. Con todo lo sucedido no aguante más y rompí en llanto.

Entonces el paró, me sobo las nalgas, me decía ya pasó, tranquilo, ya pasó, pero tienes que someterte, si te sometes esto no te pasa más. Siguió “vamos, pídele perdón a todos y ya termina todo”. Dije perdón, él dijo así no, no me convences, de rodillas.

Me arrodillé y el sacó su tranca, la tenía bien parada, obviamente aquello lo había excitado bastante. Ordenó, chupa y pide perdón. Dudé por un segundo, al parecer él se dio cuenta de mi duda, entonces me dijo, quieres que te perdone o no, creo que te hagan falta otros diez azotes para que aprendas.

Enseguida engullí su polla gruesa y venosa, metí cuanto pude en mi boca y le pedí perdón, le dije “perdóname, mi amo, no vuelve a pasar” mientras lamia y saboreaba su pinga. Luego, el restregó sus bolas por mi rostro aún lleno de lágrimas.

Así, fueron pasando todos, a cada uno le mame la verga, mientras sumisamente les ofrecía disculpas y pedía perdón. Desde afuera se puede ver como una situación injusta, pero en el sexo mientras quienes participen en algo estén de acuerdo, todo se vale. Por ejemplo que alguien tenga que mamar una polla y le acaben en la cara puede desde afuera verse como algo humillante y tal vez lo sea, pero nada importa si quienes participan están de acuerdo.

Claro que en varios momentos me sentí demasiado humillado, quería escapar, pero nunca me atreví a negarme. En ese instante, en ese momento, pensé que aquella era una situación injusta, pero no dije nada, ya había aprendido que entre un macho dominante y un sumiso no debía esperar justicia alguna, menos en una situación tan desigual como la de aquella noche. Además yo mismo me había comprometido a todo aquello. La verdad nunca sabré que habría pasado si firmemente me hubiera negado a todo aquello, si ellos me habrían obligado o me habrían respetado.

El tercero en disfrutar de mi degradación, mientras mamaba, fue el musculoso. Teniendo yo la tranca bien adentro en la boca, me hizo pedirle perdón sin permitir que me la sacara. Yo hablaba como si tuviera algún motor o del habla, decía pedon, mi amo, no vueve a pasa. Apenas se me podía entender. Esto lo excitaba y producía las risas de los otros, quienes fungían de público. El cuarto hizo algo más o menos parecido.

Pasaron muchos años desde aquel momento, hasta que casi por casualidad me enteré que eso, dar azotes con una vara de ratán, era un “arte” del SM. Aquella noche sin saberlo, fui víctima del Canning. A veces recuerdo aquellos eventos y pienso en lo inocente que era y como aquellos tipos supieron sacar provecho.

Bueno, por ahora lo dejo hasta aquí. Regálame tus comentarios si te gusto y cuéntame si has tenido alguna experiencia similar. Gracias.

JP

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