Mi nombre es Sara, tengo 26 años, y os voy a contar cómo transcurrió mi cena de empresa.
La cena pasó como cada año: ambiente distendido, risas, exceso de copas y la alegría ante la cesta de navidad. A diferencia del año anterior, el dueño esta vez se había gastado los cuartos y en los postres nos dio entradas a todos para una famosa discoteca cercana al restaurante.
Excepto unas pocas personas que argumentaban que sus mujeres o maridos y niños les esperaban en casa, prácticamente toda la plantilla, de unas 25 personas, nos fuimos al local. Para sorpresa de mi amiga y compañera Rocío, todos los jefes vinieron también. Nos sorprendió porque la edad media del lugar era muy inferior a la edad media de aquellos cuatro hombres: Marcelo (mi jefe) de 35 años, Andrés de 42, Antonio de 45 y Aurelio, el dueño, de unos 55 años.
ROCÍO: mira, allá van los jefes, a la sala VIP.
SARA: seguro que se lo pasan en grande ¡ja!
ROCÍO: por cierto, has venido muy guapa.
SARA: gracias, tú también.
Rocío llevaba puesto ...
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