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AVENTURAS DE UNA MUJER FIEL (IV)

26 de julio de 2002

Después de la aventura que tuve con los dos muchachos en la fiesta pensé en que no tenía caso tener sentimientos de culpa. Quise corregir mis pasos y no volver a engañar a mi marido pero a la primera oportunidad que tuve, lo volví a hacer. Los sentimientos de culpa solo me iban a hacer sentir mal y no me iban a ayudar para nada. Decidí aceptarme a mí misma como soy. Descubrí el placer sexual con otras personas aparte de mi marido, el placer de estar con dos hombres en la cama al mismo tiempo, algo que ningún hombre, ni siquiera mi marido me podrá proporcionar jamás. También me di cuenta que cada hombre tenía sus personales habilidades sexuales y que un solo hombre nunca las iba a tener todas y yo quería probar todas las habilidades de los hombres. Luego entonces decidí que yo era mujer que tenía que vivir su sexualidad.

El problema de siempre fue el qué dirán. Tal vez mi esposo si me comprendiera si le contaba lo ocurrido, pero ni mis hijos ni nadie más lo iba a comprender jamás. De puta no me iban a bajar y seguramente que su comportamiento hacia mí iba a cambiar mucho. Por lo tanto decidí no arriesgarme a contarle esto a nadie.

Fui viviendo mi vida rutinaria de la misma manera de siempre. Pero ahora, dentro de mí, en forma diferente. Ahora tenía los ojos abiertos a lo que me rodeaba. Antes veía a hombres y mujeres como una conjunto de seres borrosos y casi todos me parecían igual. Ahora los veía a través de los ojos de la lujuria sexual. Me di cuenta de que también había hombres asexuales, los cuales solo les interesaba la vida monótona y cotidiana y nada más. Seres que van pasando por la vida sin hacerse a sí mismos ninguna pregunta inquietante que les haga sentirse mal. Se esconden detrás de esa monotonía, de actos iguales todos los días para que no pase nada inesperado e inquietante en sus vidas.

Pero también existían los otros. Los que estaban a la caza de una aventura. Para mi sorpresa descubrí que eran pocos. Generalmente los hombres que me rodean me halagan, me coquetean. Pero con fines meramente comerciales. Para que les haga algún favor administrativo, los trate bien o les entregue sus papeles a tiempo y sin problemas.

De esta forma y en estos descubrimientos pasaron varios meses. Incluso llegué a pensar que no volvería a tener otra aventura. Pero la vida nos reserva muchas sorpresas y la liebre salta en el momento más inesperado. Todo es cuestión de tener paciencia.

En medio de la monotonía de mi trabajo, me encontraba envuelta cuando se presentó un alumno para que le hiciera algún trámite de los que forman parte de mi trabajo. Pero desde el momento en que lo vi, me di cuenta de que tenía algo especial. Lo vi y sentí húmedas mis pantaletas, algo que no me ocurría desde hacía mucho, pero mucho tiempo. Y lo mejor fue que él se dio cuenta de ello, lo pude percibir en su mirada. Era un alumno que sin ser guapo, era agradable. De una edad un poco mayor que la mayoría de sus compañeros. Me saludó, me pidió lo que quería y se fue. Yo lo olvidé dentro del mar de trabajo que tenía enfrente. Pero al día siguiente vino para platicar conmigo. Y de esta manera fue haciéndose una presencia cotidiana en mi oficina. A veces no tenia tiempo de atenderlo pero él no se resentía, sino que se retiraba prudentemente. Me halagaba mucho cuando estábamos a solas, cosa que me encantaba. Para mi agrado descubrí que era muy inteligente y llevaba excelentes calificaciones. Nuca he tolerado a los estúpidos.

Todo esto transcurrió sin problemas ni conflictos. Pensé que se trataba de un alumno que s de los chicos de su edad, se mostraba seguro de sí mismo.

Luego de tomarnos de la mano, nos abrazamos y besamos. No me importó estar en público. Terminamos de comer y nos subimos a una de las habitaciones. Me sorprendió mucho que tuviera el dinero y la entereza suficientes para pagar una habitación. En cuanto entramos, nos besamos con pasión. Pero él me dijo que quería hacer algo diferente a lo que siempre se hace. Así que nos desnudamos inmediatamente. Nos miramos, él era todo un ejemplar masculino. Un pene grande, oscuro, con mucho pelo púbico, grandioso. Llenamos la tina y nos metimos a ella sin apenas tocarnos. Esto lo fuimos haciendo poco

a poco. Era riquísimo sentir su piel resbalosa por el jabón cuando se frotaba con mi piel. Mis senos se volvieron muy sensibles con agua y el jabón y los frotaba contra su torso. Fue acariciando y besando cada una de las partes de mi cuerpo sin tocar mi vagina. Me impresionaba su seguridad y experiencia. A pesar de su edad, era él quien llevaba la conducción y las propuestas, quien me guiaba y me conducía por la senda del placer.

Salimos de la tina y me secó cuidadosamente mientras me besaba. Toda esta tranquilidad y delicadeza me estaban poniendo súper excitada. Nos acostamos en la cama y comenzamos a besarnos. Me puso el pene en la boca y comencé a mamárselo con tranquilidad. Nada de apuraciones, todo era lento, rítmico y excitante. Metía y sacaba su pene de mi boca mientras él me acariciaba los senos. Luego me acomodó boca arriba y me metió con lentitud su pene. Yo cerraba los ojos y me deleitaba de las sensaciones novedosas que me encontraba experimentando. Metía y sacaba su pene con lentitud, acariciando y besando mis senos, mi boca, mi cuello.

Luego me volteó y me puso gel lubricante en mi ano. Sus propuestas eran lentas pero imperiosas, no me podía oponer a nada de lo que me hacía. Simplemente me dejaba ir en la sensación de la lujuria. Se puso un condón y me lo fue metiendo poco a poco. Me sentía llena, inundada, satisfecha de tener ese gran pene dentro de mi recto. Se meneaba despacio, con ritmo, acariciándome la espalda y las nalgas con mucha suavidad. Luego sus acometidas fueron cada vez más rápidas. Yo gemía como loca, como si me estuvieran torturando. Finalmente terminó dentro de mí.

Como no había mucho tiempo para más, nos tuvimos que vestir para regresar a la oficina. Pero desde ese momento se convirtió en mi amante de planta. Algo que nunca pensé llegar a tener. Nos veíamos una vez cada mes. Era nuestra cita mensual. El resto del tiempo no nos veíamos más allá de lo indispensable para no despertar sospechas. Yo pienso que mi marido si se ha dado cuenta de ello pero nunca me ha dicho nada. Pero mi vida se ha vuelto ahora más plena. Las relaciones con mi marido son cada vez mejores, con encuentros diferentes y apasionados gracias a mis devaneos extramaritales. Vivo mi madurez con mucha más intensidad.

Autor: Anonimo

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