Ella me besaba el cuello, bajando hasta mi pene y chupándolo como si fuera la última golosina del mundo, se notaba que ya tenÃa cierta experiencia y recorrido. Luego me senté encima de la tapa del inodoro con el pene tieso, ella encima mÃo dándome la espalda y comenzó el sube y baja, yo la bombeaba con el mete y saca, dándole duro y parejo, parecÃa no acabar nunca.
Hola, mi nombre es Javier, soy peruano, tengo 18 años, mido 1.75m, peso 80 kilos. De rostro no podrÃa describirme, pero según un tasador generoso, con las justas paso de los seis puntos y raspando todavÃa, sin embargo, creo que la cara no lo es todo en mi modesta opinión. Soy hijo único, vivo en Lima con mis padres pero todos mis parientes son de Loreto que queda en la selva peruana. Es decir somos una familia modelo bien constituida.
Lo que les voy a contar sucedió hace poco cuando mi vida transcurrÃa normalmente entre mis estudios y actividades propias de un muchacho de mi edad. Recuerdo que era verano y estábamos de vacaciones, cuando recibimos una llamada telefónica de Loreto anunciando que vendrÃa mi prima, hija de la hermana de mi madre, para someterse a un tratamiento odontológico.
Gigi, asà se llama mi prima, es loretana, toda su vida ha vivido allá, salvo esporádicas visitas a mi casa en su niñez, yo no la veÃa desde los 10 años o sea cuando éramos unos niños. Debo contarles que me llevé una gran sorpresa al recibirla en el aeropuerto, ¡cómo habÃa crecido! 18 añitos recién cumplidos, estaba hecho un bomboncito, medÃa 1.70m, pechos bien formados, bien firmes, más o menos como dos naranjas, pero eso sà habÃa salido caderona como su mamá o sea mi tÃa. Estaba vestida con una faldita por encima de las rodillas, apretadita que resaltaba sus caderas y una blusita que tenÃa los dos primeros botones desabrochados, por el calor que hace allá en Loreto supongo. Acá en mi paÃs hay un enorme mito acerca de la fogosidad de la mujer loretana, se dice que son muy ardientes, que pocas son las que suelen conformarse con un solo hombre y que debutan sexualmente muy temprano.
Me puse a conversar largo y tendido con Gigi, primero preguntando por la familia y luego por su vida personal. En ese sentido, mi prima se portó de manera muy abierta conmigo y gesticulando mucho, me contaba la forma en que se vive allá, de manera muy desenvuelta por lo que para ella tener sexo era algo normal, si no lo tenÃa cada cierto tiempo se sentÃa intranquila y se ponÃa de mal humor. Me quedé bastante sorprendido, pobre de mi prima que no conocÃa a nadie acá en Lima, tendrÃa que aguantarse por lo menos dos meses que era lo que durarÃa su tratamiento dental, ya que yo de ninguna manera, por mi correcta formación moral, hasta entonces, iba intentar algo con ella.
Entonces asà pasaron las dos primeras semanas en las que más que primos éramos como dos amigos, incluso aproveché para darle algunas clases de manejo en el coche de papá ya que Gigi querÃa obtener licencia de conducir y yo ya era ducho en esas lides. Asà pasábamos todas las tardes, pero a partir de la segunda semana ella empezó a ponerse cada vez más provocativa para mÃ, sus escotes eran cada vez más grandes, sus faldas más cortas y ajustadas. Cuando estábamos en el auto siempre se le estaban cayendo las cosas, por lo que tenÃa que agacharse para recogerlas mostrando los senos, pero el colmo ya fue cuando por no bajar la mirada del volante, cogió mi pene confundiéndolo con la caja de cambios a lo que yo simplemente atiné por reÃrme y darlo como un gracioso accidente. A todo esto se sumaba el hecho que siempre querÃa que le enseñara a manejar de la siguiente manera: ella agarrando el volante y yo debajo de ella explicándole, poniéndome todo el culo encima de mi pene.
En efecto, me estaba provocando de la manera más descarada, sin palabras, pero de una hábil manera. Una tarde estaba estudiando cuando escucho un ruido de agua, algo se estará rebalsando, pensé, entonces me acerqué al baño y veo a Gigi que se estaba duchando e intencionalmente habÃa dejado abierta la puerta y todo su cuerpo traslucÃa por la cortina de la ducha. Yo me quedé mirando, pero luego me retiré a mi dormitorio totalmente perturbado, a hacer justicia con mis propias manos, pero estoy totalmente seguro que Gigi sabÃa que la espiaba.
Asà transcurrieron los dos meses y Gigi ya debÃa regresar a Loreto, por lo que la familia le realizó una fiesta de despedida en la que hubo bastante trago y comida. Esa noche saqué a bailar a Gigi en la mayorÃa de piezas y realmente verla hacer esos movimientos tan sensuales que solo ella puede, me excitó mucho despertando el deseo en mÃ. De pronto, Gigi desapareció de la fiesta y me mandaron a llamar indicándome que el baño se habÃa atorado y se estaba rebalsando el agua. Ingresé rápidamente pero todo estaba normal, cuando siento que detrás de mà se cierra la puerta del baño y era Gigi que me estaba esperando.
Estábamos bastante tomados, ya que la hora era avanzada.
-Gigi, ¿pero que haces aquÃ?, pensé que el baño estaba descompuesto.-Javi, ya no puedo más, me gustas mucho.-Y tú a mÃ, pero esto no puede ser. -Lo sé, pero te necesito, quiero que me ames.
Y asà en el baño, nos dimos un gran beso, juntando nuestros labios y revolviendo nuestras lenguas, despertando en ambos una enorme excitación. Empecé a manosearla, mientras las besaba, apretando fuertemente sus senos y levantándole la falda para tocar sus nalgas, dándome cuenta que no traÃa nada abajo, ya que habÃa tirado toda su ropa interior dentro de la cesta de la ropa sucia.
Ella por su parte me quitó la camisa y me besaba el cuello, el pecho, el ombligo bajando lentamente hasta mi pene, introduciéndolo en su boca y chupándolo como si fuera la última golosina del mundo, se notaba que ya tenÃa cierta experiencia y recorrido. Luego me senté encima de la tapa del inodoro con el pene tieso, ella encima mÃo dándome la espalda y comenzó el sube y baja, yo la bombeaba con el mete y saca, dándole duro y parejo, parecÃa no acabar nunca. Luego la cargué en peso, metiendo mi pene y ella abrazándome con sus piernas.
Creo que debió ser el trago, pero esa noche tuve una gran duración, seguÃamos fornicando y entonces se me ocurrió la idea de meterla a la tina y abrir la ducha, haciendo el amor y simulando que llovÃa, estuve empujándosela buen rato. Luego le di vuelta y me volvà un animal, yo querÃa sexo anal como diera lugar…
-Ah, ah…espera Javi, ¿que haces? -Tranquila mi amor. -Pero yo no hago esas cosas. –Shhhhhh, quieta. Al principio te va a doler pero luego te va a encantar. -Ay mi amor que cosas dices….
Entonces me unté el jabón en todo mi pene y en su ano y la agarré de sorpresa…se lo metà todito…
-Ahhhhhhhhh! , me duele, carajo, eres una basura. -Oh, oh, oh, te gusta, ¿puta? -Ah, ah, ah, siiiiiiiiiii. Ahora no quiero que pares, sigue, sigue, no te detengas, cariño. -Como tú ordenes, primita…
Luego de varias metidas y sacadas de mi pene manchado con sangre de su culo, me vine en tremendo chorro y acabé en su trasero, descartando, de paso, cualquier posibilidad de embarazo.
Luego de este encuentro, del que nadie se enteró, mi primita regresó a Loreto y nos llamamos por lo menos una vez al mes, me cuenta que ahora esta con novio practicando, seguramente las malas artes que aprendió conmigo. FIN
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Autor: Juan Morcillón
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