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Beni y Violeta, dos culos

28 de abril de 2009

El culo de Beni con las nalgas separadas por el tronco de mi amigo era un espectáculo digno de verse y Violeta miraba a su hermana, nunca la había visto en esos trámites, le hice una seña a Cabrales y este entendió, sentí como la Beni se apoderaba de mi verga y se la introducía en su boca caliente haciéndome gritar de gusto.

Mi querida amiga tenía dos atributos innegables. Una hermana sensacional y un culo de esos que parecen hechos a mano. Además ella tenía una voluntad de oro para distribuir las bondades de su anatomía y un cuidado casi carcelario con los encantos de su hermana.

La verdad es que la hermana de mi amiga me tenía loco. Era una morena esplendorosa de 23 años con una simpatía encantadora y con un cuerpo que me había descompuesto desde el día en que la Beni me la presentó. Sin embargo, a pesar de mis reiterados intentos de hacerme dueño de esa mujer cautivadora, siempre la Beni se había encargado de hacer fracasar todos mis planes.

Así que cuando vi la oportunidad que se me estaba brindando, puse todos mi empeño en diseñar una estrategia que fuese coronada con el éxito La Beni estaba metida en unos líos judiciales por unas tierras que había heredado de unas tías y me preguntó si yo conocía algún abogado amigo que pudiera hacerle el favor.

Esto era habitual en ella, por cuanto mi amiga jamás había gastado un real en abogados, médicos, dentistas o contadores, porque ella siempre había pagado los honorarios con la única moneda que tenía gustosa para ofrecer y que en forma celosa guardaba entre sus contorneados muslos para esas transacciones. Así por lo demás la había conocido yo, cuando había llegado a mi consultorio psiquiátrico.

Como es una mujer muy bien parecida de excelente apariencia, la recibí con gusto y en la primera sesión de inmediato descubrí que ella andaba en busca de una licencia médica para faltar por algunas semanas a su trabajo y la única alteración, si es que se podía llamar así que tenía la Beni, era una calentura permanente y desaforada, quizás genética, que no se curaba conversando en el sofá sino haciendo figuras allí.

Ya a los 10 minutos de sesión, la Beni se había sacado toda la ropa y su lengua hacia maravillas en la cabeza desnuda de mi verga, para luego dar paso al más caliente desfile de poses exóticas y movimientos de caderas que me arrancara los orgasmos más violentamente placenteros que yo había experimentado hasta entonces.

No quedó rincón de su cuerpo que no me brindara esta hembra, con una sabiduría innegable, y luego de tal demostración de maestría, ella se fue con su licencia en la mano y yo me quedé tratando de reponerme de una inolvidable sesión de sexo.

Seguimos en contacto y yo la invitaba a cenar a veces cuando en medio de mis tensiones recordaba que ella pida hacerme el tratamiento que habría de sacarme todos los pesares del cuerpo. Llegamos a ser amigos.

- Por supuesto, le dije- Cabrales es el hombre. Te aseguro que te resuelve todos tus problemas…claro que el hombre es un poco caro- Le Beni me miró fijo y me dijo- – Aquí nadie esta hablando de dinero – mientras se daba un giro de 360 grados en cuyo recorrido su culo divino ocupaba el primer plano. Fue en ese momento cuando se me ocurrió la idea.

- Claro que hay un problema – le dije, tratando de ponerme lo más serio que pudiese y agregué ante la mirada atenta de la Beni. -Sucede que Cabrales esta medio enamorado de tu hermana y yo sé que a ti esas cosas no te gustan.

La Beni sé había detenido en seco en su giro. Pensó un momento y luego agregó sonriente.

-No hay problema. Ya es tiempo que la Violeta conozca a un hombre interesante y decente.

La Beni había picado el anzuelo. Yo conocía que una de sus preocupaciones era casar bien a su hermana, cosa que ella no había logrado por dar prioridad a otro tipo de actividades eróticas que ya he mencionado. Yo completé el trabajo agregando.

- Cabrales es el hombre – está podrido en plata. Es un partidazo.

Con esos antecedentes la cita corrió sobre rieles. La Beni que siempre ha preferido jugar de local, nos invitó a todos a una cena para el viernes pasado en la noche en su amplio y moderno departamento que había conseguido con los esfuerzos de su preciosa anatomía.

- Bueno. Ahora solamente me faltaba descubrir a Cabrales.

No fue nada difícil. Recorriendo la lista de mis inútiles amigos seleccioné a Maturana. Era el modelo perfecto. De unos cuarenta años un fresco de siete suelas, casi siempre sin dinero, sin profesión ni domicilio conocido. Ex estudiante de derecho con buena pinta y una simpatía y una conversación de manual, solo bastó una modesta invitación a un bar de mala muerte, para explicarle mi plan y dejarlo transformado en el Dr. Cabrales ya sin vuelta.

La Violeta no solo era hermosa, que eso yo ya lo sabía sino inquietante. He de confesar que una violenta erección se apoderó de mi cuando mis ojos detectaron el perfil de sus tetas y el contorno de su culo apenas cubierto por su mini. Era el culo de la Beni, pero perfeccionado al máximo y reducido a sus dimensiones ideales – Creí enloquecer.

La cena estuvo llena de preguntas que la Beni formulaba a Cabrales quien no perdía la oportunidad de elucubrar sobre las dificultades que habría pero que él resolvería en forma diligente, mientras su mano, bajo la mesa, con toda seguridad ya reconocería los muslos de la Beni como terreno propio. La mujer ya se había calentado ante la perspectiva de resolver su caso y de comerse a Cabrales o Maturana o los dos juntos que eso le daba lo mismo.

Por mi parte yo había descubierto que la Violeta era digna hermana de su hermana y no tenía nada de tímida puesto que se acomodaba las tetas a cada momento para que yo pudiera apreciarlas, de modo que yo propuse que esperaremos el postre con música suave en el amplio living. La música suave duró poco tiempo porque la Violeta la cambió por música tropical que yo sabia que a su promiscua hermana la volvía loca y antes de los diez minutos la hembra bailaba enloquecida en el centro de la sala mientras nosotros la seguíamos en una rítmica fila mientras ella se iba sacando la ropa al compás de los timbales. Como los buenos ejemplos han de imitarse, aun no eran las 11 de la noche cuando los cuatro le dábamos al baile tropical completamente en pelotas.

Fue entonces cuando yo terminé de servir el resto de licor de una de las botellas para brindar cada uno abrazado a su desnuda compañera. Dejé la botella vacía en el suelo al centro de la pieza. Yo sabía lo que venia pero Cabrales y la Violeta no.

La Beni comenzó a bailar, primero suavemente, alrededor de la botella, luego subió el ritmo, se tendió de espaldas en la alfombra, besaba la botella y de repente la tomó en sus manos, la chupó como si fuese un helado y con un movimiento, no ausente de elegancia, se la metió con toda suavidad por lo menos unos 10 centímetros en su lubricada concha. Levantaba las piernas, las doblaba, se acariciaba las tetas y hacía maravillas con la botella en un personalísimo show que nos llenó de una calentura malsana pero embriagante.

Cuando la Beni se puso de pie, con los muslos separados sin sacar la botella de su caliente sitio y comenzó a bailar entre nosotros, Cabrales o Maturana se estaba masturbando como loco y había logrado desenvainar una polla espectacular, mientras yo tenía a la Violeta sobre mis muslos y mordía sus pezones mientras ella trataba de seguir con mi polla en su mano el mismo ritmo de Cabrales en su paja frenética. Cabrales tenía los ojos desorbitados tratando de seguir los movimientos candentes del culo de la Beni.

Cabrales no soportó el impacto del show y había tendido a la Beni en la alfombra reemplazando gentilmente en su concha, la botella por su verga monumental que la mujer recibió con la experiencia y la seguridad de sus años de experiencia y de su calentura innata, su mayor tesoro.

La pieza comenzó a llenarse de quejidos putos y suspiros promiscuos y entonces yo creí llegado el momento de comerme a la Violeta. Pero era tan hermosa ella, parecía un manjar tan de selección, que no encontré mejor sitio para faenarla que extenderla en la mesa del comedor sobre el elegante mantel sembrado por algunas flores que habían adornado la cena. La muchacha estaba ardiente, agitaba algo nerviosa sus muslos perfectos y allí sobre la mesa sus pezones apuntaban al cielo con tal perfección que no pude evitar volver a saciarme en ellos antes de penetrarla.

Me movía, cambiándome de una teta a la otra, cada cual más deliciosa mientras acomodaba mi instrumento candente entre sus muslos cuando ella comenzó a empujar mi cabeza en dirección a su sexo lo que yo hice con pena de tener que abandonar sus pezones, sin saber que esta hembra divina me tenía preparado su mayor tesoro que ahora estaba allí a centímetros de mis ojos.

Oh… maravilla. Desde el vértice superior de su mata de vellos me hacia señas húmedas el clítoris más glorioso que he visto en mi vida. Era una cosa infernal, parecía moverse como si fuese un dedo subyugante que me llamara, pues esta hembra maravillosa tenía la capacidad de moverlo a voluntad. Ese tercer pezón móvil, agitándose parecía crecer latiendo como un pequeño pájaro enterrado vivo entre sus vellos negros ensortijados. Yo estaba a punto de correrme allí mismo, pero me contuve y me fui acercando excitado hasta el paroxismo, hasta que mi lengua lo sintió latir y lo encerré en mi boca, donde ella lograba agitarlo entre mi lengua y mi paladar mientras gemía con el placer inaudito que mis mamadas le proporcionaban.

Ella estaba gimiendo como una diosa del placer y sus eróticos gemidos se mezclaban con los alaridos sensuales de la Beni a quien Cabrales se estaba enculando a unos pasos de nosotros. El culo de Beni con las nalgas separadas por el tronco de mi amigo era un espectáculo digno de verse y Violeta se había acomodado para mirar a su hermana porque nunca la había visto en esos trámites. Entonces le hice una seña a Cabrales y este entendió de inmediato y sin sacarle su tronco a la Beni la encaminó cerca de nosotros de modo que sin dejar de mamar el clítoris de mi presa, sentí como la Beni se apoderaba de mi verga y se la introducía en su boca caliente haciéndome gritar de gusto.

Yo no abandonaba el clítoris de Violeta y sentía que había crecido bajo el estimulo de mi lengua, de tal manera que ahora yo lo aprisionaba con pasión desmedida y de pronto sentí que Violeta se corría por su clítoris y un chorro corto y duro me azotaba el paladar al tiempo que yo comenzaba y casi ya me corrí a en la boca de la Beni que agitaba su culo de yegua bajo los certeros picanazos de Cabrales.

Cambié de posición y comenzamos a besarnos con Violeta para traspasarle el aroma del néctar que ella había derramado en mi boca y ahora si, por fin, mi placer estaba a punto de culminar y le puse la cabeza de mi verga en su entrada en el preciso momento en que Cabrales se corría en el culo de Beni y esta levantando la cabeza vio que yo estaba a punto de perforar a su hermana de modo que el grito de la Beni diciéndome que no lo hiciera no surtió ningún efecto porque ya se la había mandado hasta el fondo y comenzaba a derramar mi leche en la caliente cueva de Violeta que por fin era mía como yo siempre lo había querido.

Todo había terminado. La Beni ya calmada y viendo que yo me había comido a la Violeta ya sin vuelta, había descansado su culo monumental de lado en el sofá, porque seguro no podría sentarse en horas y lamía románticamente la verga de Cabrales mientras Violeta hacía las delicias con la mía y yo había vuelto con mi lengua a saborear su clítoris diabólico que volvía a despertar.

Todo había pasado. Ahora solamente faltaba que Cabrales o Maturana se recibiera de abogado para saldar la deuda como caballeros, pero eso habría de demorar años durante los cuales yo seguiría feliz comiéndome a la Violeta.

La Beni no me perdonaría, pero sé la tenía bien ganada por que no se puede ser tan desvergonzada ¿verdad?

Autor: Ulte

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