Bisexualidad

Había cumplido recientemente los 18 años y todavía era virgen.

Había cumplido recientemente los 18 años y todavía era virgen Mi timidez destacaba por encima de mi bisexualidad impidiéndome disfrutar del sexo. Durante las vacaciones de verano había conocido a una chica muy simpática y extrovertida, a la que gustaba y con la que tuve mis primeros escarceos amorosos. Se puede decir que fue mi primera y única maestra hasta entonces. Nunca llegamos a tener sexo completo, nos limitábamos a besarnos, meternos mano y masturbarnos mutuamente a pesar de mis intentos por llegar más lejos.. Cuando acabó el verano y llegó el día de despedirnos Sonia me sorprendió regalándome una mamada, algo torpe pero que me volvió loco de placer. Deseé que nos hubiéramos confundido y que aquél no fuera el último día de las vacaciones. Pero lamentablemente así era. Estuve junto a ella hasta el último instante, contemplando su rostro pequeño, su boca fina y sus ojos verdosos. Finalmente nos despedimos con un larguísimo beso que nos dejó sin respiración. Y cuando me alejaba y me despedí con un gesto de la mano corrió hacia mí, me besó en la mejilla y me susurró al oído: “Si algún día vuelves, te ofreceré lo que siempre has deseado”.

Empezó el nuevo curso. Volví a ver a mis compañeros y lamenté profundamente la falta de chicas en aquel internado masculino. El primer día se fueron presentando todos los profesores que iban a impartirnos las distintas materias: Una vieja solterona para la clase de matemáticas, un estirado profesor de literatura, un cachondo y joven profesor de inglés con el que enseguida conectamos todos los alumnos, y así hasta llegar al profesor de educación física. Tendría unos cuarenta años, de constitución fuerte, pelo entrecano que ganaba la batalla a la calvicie. Inmediatamente me sentí atraído por él. Al principio estaba confuso. No entendía qué me ocurría. ¿Cómo era posible que después de un maravilloso verano en compañía de una bella muchacha me sintiera atraído por un cuarentón?. Intenté olvidarlo, pero ….no pudo ser. Un par de semanas después, teníamos clase de gimnasia y me dirigí al vestuario para cambiarme. Teníamos asignadas las taquillas de modo que siempre nos cambiábamos en el mismo lugar. La mía era la penúltima. La última estaba vacía. Comencé a cambiarme cuando me di cuenta de que alguien se situaba junto a la taquilla vacía. Me extrañó, así que me giré para ver quién era: Ramón, el profesor. Mi corazón se aceleró. Podía sentir los latidos en todo mi cuerpo. Me senté en el banco para calzarme las zapatillas. Ramón quedaba así justo delante mío. Me daba la espalda y se había despojado ya de la camisa y se preparaba para quitarse los pantalones. Pude ver una espalda triangular, ancha de hombros y estrecha en la cintura. Sus brazos estaban ligeramente musculados. Apenas podía apartar la mirada cuando sus manos asieron los pantalones por la cintura tirando de ellos hacia abajo. Además de los pantalones sus dedos arrastraban consigo el slip, de modo que en un solo movimiento dejó al descubierto unas nalgas redondas, blancas, en contraste con su cuerpo ligeramente bronceado, carnosas pero no grandes, que produjeron un efecto inmediato en mi polla. Sentí cómo, desobedeciendo mis órdenes, empezaba a crecer. Yo luchaba por controlar mi inmediata erección. Ramón se había despojado ya de toda la ropa. Se erguía de pie, allí, a un metro de distancia, enseñándome su cuerpo maduro pero bien formado. Entonces se dio la vuelta para alcanzar la sudadera y los shorts que llevaría durante toda aquella mañana. Mirando de reojo pude observar sus pectorales anchos y desprovistos de vello; de hecho, apenas había vello en su cuerpo. Su estómago plano aunque no excesivamente marcado, y más abajo… un pedazo de carne largo y grueso. Colgaba flácido y aún así era más grande que mi polla en total plenitud. Enseguida imaginé qué dimensiones alcanzaría aquella verga cuando estuviera erecta.

– ¿Vas a estar aquí todo el día? Estaba tan absorto en mis pensamientos, además de intentar que mi erección pasara inadvertida para todos que no me hab&

iacute;a dado cuenta de que casi todos mis compañeros habían salido ya del vestuario y que Ramón, ya cambiado, apremiaba a los que aún quedábamos dentro.

Aquella misma noche me masturbé por primera vez pensando en Ramón. Quería taladrar aquel culo perfecto de aquel cuerpo perfecto. Quería que su boca me comiera la polla, que su lengua lamiera cada centímetro de cuerpo. Quería masturbarle y sentir aquel pollón en mis manos mientras nos besábamos.

Los jueves se convirtieron en un suplicio para mí. Ese día, a mi clase le tocaba gimnasia a primera hora de la mañana. Ramón siempre se cambiaba a esa hora con nosotros, así que todos los jueves exhibía su cuerpo delante de mí. Me pasaba empalmado casi todo el día y por la noche, a salvo de miradas e interrupciones indiscretas, me masturbaba salvajemente.

Pasó el tiempo y llegaron las vacaciones de Semana Santa. Nuevamente fui con mi familia a pasar las vacaciones al pueblo de mis abuelos y allí volví a encontrarme con Sonia. A pesar de Ramón no la había olvidado y tampoco sus últimas palabras. Ella cumplió su palabra y durante esas vacaciones perdí mi virginidad. Sus padres se fueron una tarde a visitar a unos familiares que vivían en un pueblo cercano llevándose a su hermano pequeño con ellos. Teníamos su casa disponible durante unas horas y nadie nos molestaría. Sonia lo había planeado todo. Yo iría a su casa después del almuerzo y ella me esperaría junto a la puerta de su casa si sus padres ya se habían ido. Si no era así, me esperaría a la entrada de su calle y esperaríamos. Camino de su casa, mi imaginación comenzó a trabajar: haría el amor por primera vez. Me sentía nervioso y excitado a la vez. No sabía cómo debía comportarme, si estaría a la altura, si los nervios me permitirían disfrutar de la primera vez… Llegué hasta su casa. Ni siquiera caí en la cuente de que no me había estado esperando a la entrada de la calle y que eso significaba luz verde Sonia me estaba esperando junto a la puerta y me saludó con la mano en cuanto me vio llegar. Corrí hacia ella y entramos en la casa. No sabía si para ella también era la primera vez, pero su aplomo y confianza me dijeron que no. Me tomó la mano y me condujo a su habitación. Comenzó a besarme mientras sus manos recorrían mis hombros, luego mi espalda, mi culo, mis caderas, mi pecho y ,finalmente, mi entrepierna. Encontró mi polla completamente dura y rió complacida. Yo, mientras tanto, había desabrochado su blusa y mi mano derecha jugaba con su pechos pequeños y sus pezones sonrosados y erectos. Hice que retrocediera hasta la cama y caímos suavemente sobre ella sin dejar de acariciarnos y besarnos. Nuestra respiración comenzó a acelerarse. Me despojé rápidamente de los pantalones y el resto de la ropa. Era la primera vez que veía mi cuerpo enteramente desnudo y lo observó por unos segundos. Después me imitó y pude contemplar toda la belleza de sus largas piernas, su vientre, su ombligo, sus pechos, sus muslos redondeados… Ya desnudos los dos, nos fundimos en un abrazo interminable, cálido y sensual. Sus dedos se movieron hábilmente entre nuestros cuerpos hasta alcanzar mi polla y la acariciaron suavemente, la masajearon arriba y abajo, luego buscaron mis huevos, seguidamente otra vez mi polla. Yo puse mi boca a trabajar. Saboreé sus pechos, mordisqueé ligeramente sus pezones, primero uno, luego el otro. Subí por su cuello hasta alcanzar su oreja. Mordí el lóbulo suavemente, con la punta de la lengua recorrí los pliegues de su oreja y volví a su lóbulo. Mi mano derecha bajó despacio desde su pecho, acariciando su vientre, hasta llegar a su entrepierna. Me entretuve un rato jugueteando con la morena mata de pelos que anunciaban la entrada del más preciado de los tesoros y después seguí bajando hasta llegar a la parte interna de sus muslos. Ella entreabrió sus piernas ofreciendo la flor que encerraban y que díscola mano se negaba a acariciar. Nos besamos apasionadamente mientras seguíamos abrazados. Luego ella tomó el control. Recorrió mi cuerpo con su lengua hasta llegar a mi polla. Se la metió en la boca, hasta la garganta, y con movimientos lentos pero firmes me puso en órbita. Estuve a punto de eyacular, pero no quería hacerlo todavía y sustituí mi polla por los dedos índice y corazón de mi mano. Sonia

rió con la idea, pero los chupó mirándome a los ojos con una expresión en su cara de chica viciosa y complaciente. Tras unos cuantos chupeteos se levantó, Cogió un libro y ante la atónita expresión de mi rostro, ya que no sabía qué era lo que estaba haciendo, sacó cond&o Durante la semana que duraron las vacaciones, hicimos el amor varias veces, a escondidas, en el campo, ya que no tuvimos más oportunidades para disponer de su casa ni de la mía.

Pero todo tiene su fin y llegó el día de regresar a las clases. Durante las vacaciones no me había acordado de Ramón (para qué teniendo a Sonia), pero una vez que empezaron las clases volvió la pesadilla. De nuevo los jueves fatídicos, y ahora era peor. El mero hecho de verle, evocaba en mí el deseo de poseerlo tal y como había poseído a Sonia.

Todo cambió un día en el que apenas sí pude disimular mi erección en el vestuario. Enseguida noté que Ramón se había dado cuenta. Su mirada se había clavado en mi entrepierna y yo había salido de allí a toda prisa. La casualidad hizo que aquel día tuviera un percance al saltar el potro y me torciera el tobillo. Ramón ordenó a mis compañeros que siguieran haciendo ejercicios y rodeando mi cintura con uno de sus potentes brazos me ayudó a llegar a la enfermería. Una vez allí, me recostó sobre una camilla, me descalzó y examinó mi tobillo. Sus manos expertas exploraron la carne dolorida e hinchada, acariciándola con las yemas de los dedos mientras me aplicaba una pomada antiinflamatoria.. Me colocó un vendaje diciéndome que la torcedura no había sido tan grave y que al anochecer me examinaría de nuevo.

El día transcurrió lentamente. Los minutos se convirtieron en horas y continuamente me examinaba el tobillo recordando el masaje que me había dado Ramón.

Durante la cena Ramón entró en el comedor de los estudiantes. Le vi junto a la puerta, buscándome con la mirada. En cuanto me localizó se acercó a la mesa que compartía con mis compañeros y se interesó por el estado de mi tobillo. Le dije que estaba mejor pero que todavía me dolía un poco. “Bien, antes de irte a dormir ve a mi habitación para que lo examine y te cambie el vendaje”.

Llegó el momento de acostarnos. Me puse el pijama y me dirigí a la habitación de Ramón. La fuerza con la que mi corazón comenzó a latir ahogaba el eco de mis pasos, y creí que se me iba a salir del pecho. Me detuve frente a su puerta y esperé unos segundos, de pie, inmóvil, esperando que mi corazón detuviera por fin la frenética carrera que había comenzado. Conseguí calmarme un poco y golpeé la puerta con los nudillos. Por un instante deseé que no abriera la puerta pero pude escuchar claramente su voz que me decía que entrara. Giré el pomo y entré. Ramón tenía puesto un chándal y una camiseta de manga corta, que me pareció algo pequeña, pues se ajustaba en exceso a su cuerpo marcando sus pectorales y su abdomen. Retiró unos libros que tenía encima de una mesa, colocó una toalla encima y me dijo que me tumbara para examinarme el tobillo. Mientras lo hacía, él se acercó a la puerta y giró la llave que estaba introducida en la cerradura. Por supuesto aquel gesto hizo que mi imaginación volara. Se excusó diciendo que así nadie nos molestaría y podría curarme el tobillo sin interrupciones. Se acercó a la mesa y me quitó la zapatilla. Sus dedos volvieron a acariciar mi piel, analizando la leve hinchazón que aún perduraba. Yo, mientras tanto, contemplaba su cuerpo bien formado, los rasgos faciales que tanto me atraían y aquellas manos fuertes y cálidas. El talón de mi pie descansaba justo al borde de la mesa y yo tenía que apoyarme sobre los codos, pues no era lo suficientemente larga para que pudiera tumbarme completamente sobre ella. Siguió masajeándome el tobillo y tras una suave serie de friegas me dijo que tenía un músculo ligeramente agarrotado. Así que sus manos comenzaron a subir por mi pierna, por la parte interior de mi pijama, recorriendo la zona de los gemelos. Llegaron hasta la parte posterior de la rodilla y volvieron a bajar. Así varias veces. Yo había cerrado los ojos, y me entregué a aquel masaje sensual sin importarme que mi polla comenzara a cobrar vida. De pronto, sus manos traspasaro

n la frontera de la rodilla y llegaron al muslo. Esto hizo que Ramón tuviera que echar el cuerpo hacia delante, de tal modo, que su entrepierna entró en contacto con mi pie. Abrí los ojos de repente. Podía sentir su polla semidura atrapada entre el empuje de su cuerpo y la planta de mi pie. Le miré a los ojos. Tenía su mirada clavada en mi paquete, que para entonces crecía a un ritmo endiablado. Me miró. Sus labios dibujaron una sonrisa llena de complicidad mientras sus manos abandonaban mi muslo para dirigirse lentamente hacia el bulto incipiente de mi entrepierna. Creí que iba a correrme cuando sus dedos recorrieron el contorno de mi polla a través de la tela del pijama. Mientras tanto, comencé a restregar mi pie contra el enorme bulto que lo oprimía. Me bajó el pijama hasta las rodillas, liberando mi polla, que saltó hacia arriba golpeándome el vientre. La agarró por la base y acercó su boca. La punta de su lengua trazó unos cuantos círculos en el glande antes de que mi polla entera se perdiera dentro de su boca. Comenzó a chupármela, arriba y abajo, lentamente, saboreándola, ensalivándola. Sus manos acariciaban mis huevos y jugaban con mis pezones. Yo seguía masajeando su polla con mi pie. Coloqué una mano sobre su cabeza, llevando el ritmo de aquella mamada descomunal. No tardé en correrme dentro de su boca. Ramón saboreó mi semen y se quedó de pie junto a la mesa, esperando. Su polla palpitaba dentro de aquel chándal, intentando escapar de su prisión No s&eacu poseer. Cerré mis dedos firmemente sobre una de sus nalgas. Mientras tanto, mi polla se había recuperado del todo, y con un movimiento, me coloqué detrás de él sin dejar de masturbarle. Me apreté contra su cuerpo, de modo que pudiera sentir la dureza de mi polla mientras la restregaba arriba y abajo a lo largo de la raja de su culo. Aquello le encantó. Se tumbó en la mesa, con su culo apoyado en el borde y levantando sus piernas me pidió que le penetrara. No lo dudé. Pasé sus piernas por encima de mis hombros y guié mi polla hasta el estrecho agujero que se me ofrecía. Le penetré poco a poco, sintiendo como su agujero cedía ante el empuje de mi polla, hasta que no quedó un solo centímetro fuera de él. Sostuve la posición durante unos segundos, inmóvil. Ramón se agarró la polla y comenzó a masturbarse al mismo tiempo que yo comenzaba a follármelo. Dentro, fuera, dentro, fuera… Su polla estaba a punto de explotar, y el rictus de su cara adelantaba lo que iba a suceder. De aquellos 26 cm de carne sonrosada comenzaron a brotar chorros de semen que salpicaron su pecho y su estómago. Incluso cuando ya no salía más leche de su polla, su mano continuaba subiendo y bajando por su polla. Yo me corrí dentro de su culo, y mi cuerpo se relajó. Me tumbé como pude a su lado en la mesa, y estuvimos un rato así, sin decir nada.

Transcurridos unos minutos, se levantó, y desnudo como estaba me vendó el tobillo, al mismo tiempo que me indicaba que los vendajes había que cambiarlos diariamente y que, por lo tanto, debía volver el día siguiente.

Fue el mejor curso de mi vida. Y el verano lo pasé en compañía de Sonia. Fui muy feliz ese año. A día de hoy no sé nada de Ramón. Cambió de colegio y no he vuelto a saber de él. Sonia conoció a un chico de su pueblo y ahora son novios. Pero mi vida sexual continúa. Recientemente he cumplido mi mayor fantasía: Estar con una mujer y un hombre a la vez. Pero esa es otra historia que narraré si esta que habéis leído os ha gustado.

Autor: bixious

bixious ( arroba ) hotmail.com

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Kara Marqueze
Buenas! soy Kara de Relatos.Marqueze.net, vuestra anfitriona. Bajo mi nombre republicamos relatos que, estando incluidos desde hace tiempo en Relatos Marqueze.net, no sabemos su autor. Si eres autor de uno de estos relatos y/o sabes quien es el autor, escríbenos y le daremos el crédito que se merece! Un besito donde quieras...
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