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Relatos eróticos Marqueze. El Sexo que te gusta leer.

Continuación del relato erótico “CAROLINA, MI ESPOSA, TIENE UN AMANTE (I)” publicado en “El Rincón de Marqueze.net” el día 06/08/2002.

- Quieres vivirla? – Me volvió a preguntar.

- Pero, lo que no entiendo es porque no querías contarme, porque no me involucraste desde el comienzo si sabes que yo sería el primero en propiciarte todo…. me encanta esto, pero siempre y cuando yo también lo viva contigo….

- Pero es que…

- Nada!!!!

Tomé una decisión que no sabía si sería capaz de asumir, pues también quería dejar que mi esposa viviera esa historia de sexo desenfrenado. Me fui, dejé a mi esposa en el centro comercial y me fui. Jimmy se quedó mirándonos, vi la cara de angustia de Carolina y eso me dio a entender que me quería o que por lo menos era importante para ella, en algo… no sé, esperé que ella corriera detrás de mí y me tomara del brazo y después nos besáramos con pasión. Pero no pasó eso. Ella me dejó ir.

Me fui para el sótano del centro comercial, entré al carro. Dejé unos minutos, para ver si ella llegaba corriendo. No llegó.

Me fui para nuestro apartamento. Me costaba pensar que yo había contribuido demasiado para que todo se acabara, pues en ese momento sentía que todo se había acabado. Llegué al apartamento y me fui para donde mi vecina que se llama Bibiana, ella es un consuelo delicioso. Nos besamos, ella me desnudó con ternura y culiamos como desesperados, pero me faltaba algo… estaba Bibiana, pero me faltaba en el corazón Carolina. Bibiana lo notó, pero la verdad es que con ella la relación es puramente sexual, es deliciosamente sexual, pero nada más.

Le conté lo sucedido. Le conté toda nuestra vida. Bibiana se cachondeó demasiado con todo lo que le conté, se masturbaba delante mío dejándome ver que a ella le deleitaba lo que le contaba. Volvimos a hacer el amor, me volví a venir dentro de su vagina, le volví a besar sus tetas hermosas y acaricié su culo perfecto, pero faltaba mi zorrita… faltaba Carolina.

Me fui para mi apartamento, solo, dejé a Bibiana durmiendo, llena con mi leche y con mi insatisfacción.

Al poco rato escuché que llegaba Carolina. Llegó sola. Estaba bastante borracha. Se acostó y me dijo con voz entrecortada y que hacía más evidente su borrachera que qué me pasaba.

Yo no quería responder. Hablar con ella en ese estado es horrible, además a veces nos ponemos agresivos y quería a toda costa evitar la agresividad. Me di la vuelta y traté de dormir, pero ella insistía.

De pronto encendió la luz, allí estaba ella, con su mirada perdida, casi sin poderse sostener. Se desnudó y me dijo, mírame. Yo la miré. Siguió ella, mírame, mira como estoy de usada, como me chorrea por mis piernas semen de otro, como han masacrado mi chocha, como me han comido…. mira como tengo las tetas rojas de los besos y las chupadas de un hombre de verdad. Yo cerré los ojos. Mírame hijueputa!!!!! Mírame cabrón!!!!!! Mira como me masturbo pensando en Jimmy y en todos los hombres que me han clavado por culpa tuya, por que tu así lo habías querido, porque tu me llevaste a eso. Mírame!!!!! Gritaba.

Yo me levanté y me salí del cuarto. Ella me amenazó. Me dijo que si me iba del cuarto armaría un escándalo del putas en todo el edificio. Yo le contesté, hazlo. Ya no me importas.

Maldito. Fue lo último que escuché que dijo una vez yo cerré la puerta de nuestro apartamento.

Pasé la noche con Bibiana. Al día siguiente volví temprano para bañarme y vestirme con ropa limpia. Y allí la encontré, había dormido desnuda, sobre la cama. Todo revuelto.

No quise despertarla. Me vestí y me fui. Estuve todo el día pensativo en la oficina. Le conté a Juan Carlos a la hora del almorzar. Al regresar encontré que Carolina me había llamado. No quise devolverle la llamada.

Por la tarde, al final del día, leía los relatos de marqueze y pensaba que todo lo que leía eran locuras, que yo debía estar loco, que el mundo era una locura y que me estaba yendo para la mierda. Me

fui para mi apartamento.

Me dormí temprano. Sería la una de la mañana cuando me llamó el portero por el citófono. Me dijo que si podía bajar al sótano del edificio que había un problema con mi esposa.

Bajamos, juntos, en silencio. Allí estaba ella, desnuda, estaba Jimmy también desnudo. Ella estaba frente a nuestra camioneta. El carro de Jimmy estaba mal estacionado. Estábamos en silencio el portero y yo. Ella estaba frente a él y le estaba dando una mamada mitológica a Jimmy. Tenía los brazos en el piso sosteniéndose y no paraba de mamarle la verga, la llenaba de saliva, la entraba y la sacaba de su boca con maestría, no oía lo que decía. Simplemente se la estaba mamando.

- Yo de usted pararía esto ya. – Me dijo el portero.

- No, eso ya paró hace unos días.

Me miró con cara de interrogación. Carolina se levantó. Estaba preciosa, como nunca antes la había visto. Totalmente desnuda, se veía las marcas de su bronceado, se veía que normalmente al broncearse no usaba brasier, solamente se veía la marca de la tanguita, de la diminuta tanguita que siempre había sido mi obsesión.

Ella se acostó sobre el capó de mi camioneta y guió la verga de Jimmy a su chocha. El comenzó a bombear la verga dentro de la vagina de mi esposa. El portero no daba crédito a lo que veían sus ojos. Esa deliciosa mujer estaba siendo devorada en mis narices y yo antes que ir a coger a patadas al truhán, lo dejaba que disfrutara todo lo que quisiera del cuerpo de mi mujer. Carolina tenía las piernas abiertas, sobre los hombros de Jimmy, su culo estaba un poco levantado de la base para permitir que esa verga que ahora se veía brillante por la combinación sabia de saliva y jugos vaginales pudiera penetrarla hasta el fondo. Ella gemía, le decía que la clavara más duro, que seguramente yo estaría arriba durmiendo y que ella gozando como la puta en que yo la había convertido, que era una puta, que era una adicta a las vergas, que quería comer esa noche todas las vergas posibles. Ella ayudaba con sus movimientos de cadera a que la penetración fuera más profunda. Por fin pude ver como se tensaban las nalgas de Jimmy, se estaba vaciando dentro de ella. Yo me dí la vuelta y le dije al portero que hiciera lo mismo. Subimos sin hacer el más mínimo ruido. Yo no podía creer lo que había visto.

Al poco rato entró Carolina al apartamento. Yo tenía la luz encendida, estaba viendo algo de televisión para poder dormir. No pude creer. Venía desnuda. Me sonrió con ironía y me dijo: te gusta? No sé donde dejé la ropa ni con quien…. ves, soy una completa perra. Adivina qué…. culié con Jimmy en el garaje, y creo que alguien me vio… delicioso. Voy a seguir haciéndolo…. voy a armar en este edificio un escándalo del putas….

La verdad es que estaba preciosa. Su chochita perfectamente depilada estaba enrojecida, se veía que había gozado de sexo, que había gozado como la perra que era (o la perra en que la convertí yo). Mi verga se me paró, ella se dio cuenta y sin decirme nada, se lanzó en la cama, hambrienta de lujuria y se la metió en su chocha, húmeda por el semen de Jimmy. Me cabalgó con fuerza, la verdad es que me lastimaba un poco. No hablaba, era como si yo fuera un enorme consolador y ella una mujer masturbándose con un objeto frío e impersonal. Me vine dentro d ella, sentía como mi semen se confundía con el Jimmy.

Ella una vez yo me descargué dentro de ella, se recostó sobre mi. Yo quise acariciarla, pero ella me lo impidió.

Así, desnuda se levantó y se fue para la sala del apartamento. Allí la estaba esperando Jimmy, estaba borracho, desinhibido, sin tapujos y sin problemas, simplemente la vio llegar y la agachó sobre el sofá, el de pie, detrás de ella, le metió nuevamente su verga. Ella me miró, la puerta del apartamento estaba abierta, cualquiera podía ver que a ella se la estaba culiando otro que no era su marido.

El la bombeaba con fuerza, ella gemía también con fuerza, casi gritaba. Oí como la puerta del apartamento del frente se abría, seguramente nuestro vecino la estaría mirando y deleitándose con la puta de mi mujer. No me importaba, al fin y al cabo si todo esto se iba para la mierda, yo me iría con todo. Me asomé a la puerta, era Diego. Me vio y se sonroj

ó. Le dije que si no quería participar en la orgía de mi Exesposa, y recalqué lo de EX.

El no me contestó. Simplemente miraba. Jimmy se la estaba culiando con maestría. La hacía gemir a cada bombeada, la hacía gritar, las tetas de Carolina se bamboleaban atrás y adelante, parecía que el culo se iba a partir, aunque le estaba metiendo la verga en la chocha. La gran verga de Jimmy. La verga que ella en ese momento quería engullirse. En el fondo yo también lo quería.

Jimmy tenía mucho aguante. Más que yo. Le hacía duro. Ella se sostenía con dificultad, gritando y gimiendo. Diego seguía mirando, entre su pantalón se veía su verga también parada, esperaba que ella lo atrajera, para que también se la comieran. Pero no. ella no quiso.

Yo dejé la puerta abierta. Me fui a mi cuarto nuevamente. Estaba viviendo mi propia novela de H. Miller.

E. Montenegro

E. MONTENEGRO – ABOGADO CAROLINA S. – DISENADORA DE MODAS Bogotá, Colombia

Autor: E. Montenegro

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