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COGIENDO CON MI PADRE

2 de agosto de 2007

Eran varias las noches a la semana en que no podía dormir bien. En la recámara de mis padres, había nuevamente fiesta.

Me levanté para tomar un vaso de agua y de regreso a mi cuarto, la curiosidad me llevó a un lado de la alcoba de ellos. La puerta estaba entreabierta y pude observar todo lo que sucedía, gracias al reflejo del gran espejo del tocador de mi mamá.

Ahí estaba ella. Le bailaba a mi padre, quien estaba acostado completamente desnudo y tenía en sus manos sobre su enorme verga. Ella tenía puestos un liguero con medias de red y un atuendo chiquito, transparente y muy provocativo, envuelta en una estola de plumas bastante larga, todo en color rojo. Mi mamá le bailaba provocándolo…

Poco a poco se quitó lo que tenía puesto. Mi padre ya no pudo aguantar más y la tumbó sobre la cama para acariciarla desesperadamente… Esa noche me retiré después de haberme masturbado frente a su puerta y casi no pude dormir. Me sentía culpable por haber espiado a mis propios padres.

Dos noches más tarde, escuché nuevamente la misma música. Mi excitación y mi curiosidad me impulsaron más a levantarme para espiarlos, que mi moral para permanecer acostada. Nuevamente vi a mi madre con un atuendo igual que el anterior, pero en color blanco y otra vez me masturbé observándolos como se entregaban sin límites.

Estas escenas duraron casi dos años y mi madre siempre le bailaba con los mismos atuendos, en un desfile de varios colores. Un día blanco, otro rojo, otro azul, negro, morado, etc. Ya me había acostumbrado a espiarlos y masturbarme, excitada por todo lo que veía.

Una mañana, hace seis meses, mi madre fue a hacer las compras para la casa. Al entrar a la tienda, unos sujetos estaban asaltando el comercio. Después del robo y al tratar de huir, llegó una patrulla y entre tantos disparos, una bala perdida se alojó en la base del cráneo de mi mamá. Dos días después, murió. Mi padre y todos nosotros lloramos. Han pasado seis meses y mi padre aún no se ha repuesto. Llora con frecuencia y por las noches lo escucho que pone la misma melodía y escucho sus lamentos.

Hace dos semanas me levanté para consolarlo y cuando iba a entrar a su recámara, vi que tenía varios de los utensilios de mamá sobre la cama y tocándolos, se estaba masturbando. Me excitó verlo, pero a la vez me dio pena. A la mañana siguiente entré a su recámara, pues se me había olvidado la noche anterior que me diera el cheque para pagar la inscripción en la Universidad. En el buró tenía una revista de sexo, de esas que traen historias y anunciantes. Mi curiosidad me hizo tomarla sin que él se diera cuenta, mientras él me preparaba el cheque.

En el camino a la escuela, leí una parte y me di cuenta que en la parte final, él había encerrado en un círculo un par de anuncios de mujeres buscando un caballero Era obvio que mi padre necesitaba compañía femenina. Sólo otra mujer podría levantarle el ánimo. Por mi mente pasó, una gran idea.

Esa noche, después de cenar, mi padre se fue a acostar. Yo corrí a mi recámara y me vestí con uno de los atuendos que pertenecieron a mi madre, que previamente había yo seleccionado. Esperé poco rato y la música acostumbrada empezó, a sonar en la habitación. Nerviosa me encaminé a la recámara de mi padre y más nerviosa aún, entré bailando como lo hacía mi madre.

Mi padre estaba sorprendidísimo, pero poniendo un dedo sobre mis labios, le indiqué que no dijera nada. Bailé, bailé y bailé mientras me despojaba de la ropa tal y como lo hacia mi mamá. Mi padre dejó, escapar de su rostro la sorpresa, para cubrirse de excitación. Me tumbó sobre la cama y sin preámbulos, me metió su ardiente espada de una estocada. Yo no estaba lo suficientemente mojada para que resbalara como es debido y sentí dolor, pues su verga es mucho más ancha y más larga que la de mi n

ovio. Se movió frenéticamente y sus movimientos de mete y saca me calentaron en demasía.

No tardó mucho tiempo en venirse. Cuando lo hizo, en su rostro se reflejaba sentimiento de culpabilidad. Yo lo recosté sobre la cama y hablándole tiernamente, le dije que yo había provocado esa situación y que había sido fantástico para mí coger con mi padre. Todo eso se lo decía mientras mis manos no dejaban de acariciar su enorme verga que de flácida, se convirtió en un duro garrote.

Sin más cosas que decir, me agaché y me la metí en la boca. La saqué para recorrerla con mi lengua, desde la punta, hasta los huevos. Mientras se la acariciaba, metí y sorbí cada uno de sus huevos. Podía escuchar sus gemidos de placer. Volví a meterme el garrote en mi boca para succionarlo y mientras lo hacia, él me jaló las piernas y acomodando su cabeza en medio de ellas, metió su lengua en mi babeante raja.

Mi novio jamás lo había hecho y yo sentía con el recorrido de su lengua la caricia más estupenda. Dejé de chupársela para dejar sentir como su lengua se metía dentro de mi cuca y la recorría por dentro. No pude aguantar mucho tiempo. Entre gritos dejé salir mi néctar, el cual recogió con su lengua para tragársela. Yo no podía quedarme atrás. Volví a meterme su verga dentro de la boca y le propiné la mejor mamada que había hecho en mi vida.

Por asco jamás permití que mi novio se viniera en mi boca, pero esta vez quería hacerlo. Sentí las pulsaciones de su verga dentro de mi boca cuando disparó su ardiente y espesa leche, la cual me tragué hasta la última gota. Abrazados, nos quedamos dormidos.

Todavía no amanecía cuando me desperté, recordando las ardientes escenas que había vivido junto con mi papá. Lo vi dormido, pero eso no impidió que tomara su dormida verga entre mis labios y la empecé a mamar golosamente. Me enardeció sentirla crecer en mi boca y cuando estaba dura como un tubo de acero, me senté encima de ella, metiéndomela hasta que sentí como me llegaba hasta el fondo. Mi padre abrió los ojos y dejó escapar un gemido.

Empecé a cabalgarlo. Él se incorporó pare mamar mis tetas. Coloqué sus manos por debajo de mis nalgas y me alzaba hasta que sentía la punta de su verga en la entrada de mi raja para jalarme hacia abajo y meterla toda de un jalón. No pude aguantar más y chillé como una loca cuando me vine. Él aún la tenía dura. Me recosté sobre la cama, tomó mis tobillos y me los alzó hasta ponerlos sobre sus hombros mientras me metía su dura verga hasta el fondo de mi caliente vagina. La sentí tocar fondo. Él se movió, sacándola y metiéndola deliciosamente, hasta que me hizo chillar nuevamente al sentir que se derramaban mis jugos. En ese momento me inundó con su esperma. Se recostó encima de mí sin sacarme su verga que poco a poco se volvió flácida y dándome un apasionado beso, me dijo:

- Nunca pensé que mi dulce nena fuera tan sensacional en la cama-

Ese día no fui a la Universidad. Nos quedamos cogiendo todo el día. Pasó una semana, durante la cual, cogimos todas las noches. Mi novio me reclamó que en toda la semana no me había visto y sin consideración le dije que había encontrado otro hombre que me hacia sumamente feliz mientras me cogía y no era tan egoísta como él, que siempre me dejaba caliente y a punto de acabar, por lo que rompí la relación con él.

Ha pasado una semana más, mi padre me sigue metiendo su enorme verga todas las noches y me ha comentado que siempre tuvo la fantasía de cogerse a dos mujeres juntas, pero que mi madre nunca se lo permitió. Yo le propuse buscar a una amiga que desee una buena ración de verga y que quiera compartir a mi padre conmigo, y en cuanto se realicen estos acontecimientos, se los platicaré.

Autor: Mónica

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