Cuando tenÃa 18 años de edad tuve una experiencia que jamás podré olvidar. Era verano y me encontraba pasando unos dÃas en casa de mi tÃa, ya que mis padres se habÃan ido de viaje. Mi tÃa tenÃa unos 40 años, aunque no los aparentaba y estaba aún soltera. TenÃa un culo de infarto, de aquellos que ves pasar por la calle y te quedas mirando embobado. No era muy alta, pero era muy linda y le gustaba ir siempre bien vestida y ceñida, supongo que para que los hombres le miraran. Yo siempre me habÃa fijado en ella, por lo menos desde que recuerdo, y últimamente cada vez me fijaba más descaradamente, hasta el punto que ella se daba cuenta de que la miraba con ojos de vicio, aunque nunca me decÃa nada e incluso a veces sonreÃa cuando me descubrÃa mirándole el trasero.
DÃa 1:Después de comer, me puse a ver la tele mientras ella recogÃa la cocina. Salió de la cocina con la escoba en la mano, para barrer las posibles migas que hubieran caÃdo al suelo. Llevaba un pantaloncito tejano con las piernas recortadas a tijera, y aunque no se veÃa nada, si se agachaba se empezaban a intuir sus nalgas. Mientras me daba la espalda para barrer, pude contemplar de reojo su culo, o mejor dicho su culazo. Cuando se inclinaba hacia delante, casi se veÃa su culo. Yo me dejaba caer hacia atrás en el sofá, buscando poder ver aquello. Ella me miraba y se reÃa, diciéndome que me iba a caer al suelo. Mi polla empezaba a despertar con ese espectáculo. Cuando acabó salió del comedor y volvió al rato.
Se sentó en la silla, a dos metros de donde estaba yo. HabÃa traÃdo un pintauñas, y se disponÃa a pintarse las uñas de los pies. Cuando subió la pierna para recostarla sobre el asiento y asà poder alcanzar a pintarse, pude ver cómo desde mi posición se veÃa perfectamente su entrepierna. Su pantalón era tan corto, que se podÃa ver perfectamente su ropa interior de color oscuro. Yo me puse colorado al momento y retiré la vista hacia la tele. Ella notó que me puse nervioso y sonrió mientras me miraba. Cuando terminó de pintar uno de sus pies, me pidió si le podÃa hacer un favor.
-¿Puedes soplarme en las uñas? Es que sino tardan mucho en secar, y no quiero manchar nada.
Yo le dije que sÃ, que no me importaba. Me acerqué a ella y me puse de rodillas. Le empecé a soplar mientras le miraba a los ojos para ver si lo hacÃa bien. Entonces ella movió la rodilla y dejó a la vista su entrepierna. No podÃa creerlo, pero no era ropa interior oscura lo que habÃa visto hacÃa un momento, sino su coño rasurado. TenÃa una rajita perfectamente depilada, como la de una niña. Me puse muy nervioso y giré la vista hacia sus pies mientras ella se reÃa.
-Lo haces muy bien, seguro que lo has hecho antes.
-No, nunca lo habÃa hecho, de verdad. Entonces ella se acercó y me dio un beso en la cara.
Yo estaba muy excitado por aquello, pero fui incapaz de hacer nada al respecto. El resto de la tarde la pasamos jugando a cartas en casa. Ella dejaba que le mirara la entrepierna y el culo haciéndose la disimulada, como si no me viera, y un par de veces la pillé mirando mi entrepierna, que estaba abultada como nunca. Por la noche, al acostarme, me masturbé con locura, y pude oÃr o quizá imaginar, un jadeo que venÃa de la habitación de mi tÃa.
DÃa 2: Al levantarnos por la mañana, ella me dijo que si no le importaba acompañarla a casa de una amiga suya, Laura.
-Tiene un hijo de tu edad, asà que seguro que os hacéis amigos.
Yo le dije que sÃ, que no me importaba. Salimos una hora después, ella se habÃa puesto un pantalón claro muy ceñido, marcando el tanga que llevaba. Yo al verlo ya empecé a ponerme caliente, y el dÃa sólo acababa de comenzar.
Cuando llegamos a casa de Laura, abrió ella la puerta. Era una mujer de la edad de mi tÃa, y según me habÃa explicado de camino
a su casa, se habÃa separado hacÃa ocho años. Era una mujer muy atractiva, con mucho pecho y un culo de infarto, que pude ver cuando se giró al cerrar la puerta. Las dos andaban delante de mÃ, asà que podÃa mirar aquellos culos, no sabÃa cuál era más apetecible. Iba absorto mirando, cuando Laura se giró para decirme algo. Vio perfectamente cómo le estaba mirando el culo, pero ella no dijo nada.
-Mi hijo y dos amigos suyos están en esta habitación. Abrió la puerta y ellos se callaron de golpe.
-Espero no interrumpir nada chicos. Os presento a mi amiga y su sobrino. Ellos se levantaron y le dieron dos besos cada uno a mi tÃa mientras la miraban.
-Hola chicos. Les dije mientras levantaba la mano, mientras tanto, mi tÃa y su amiga salÃan de la habitación.
-Hola. Respondieron todos. Los chicos eran todos de mi edad, asà que pronto hicimos amistad.
-¿Qué estáis haciendo?. Les pregunté.
Ellos se miraron y me dijeron.
-¿Se puede confiar en ti verdad? Me dijo el hijo de Laura, Pedro, que era el más bajito y gordo de todos.
-Claro que sÃ, ¿por quién me tomáis, por un chivato? -Tranquilo, no te ofendas, pero queremos estar seguro de que no dirás nada a nadie.
-Te has fijado en Laura. Dijo uno de los amigos de Pedro.
-SÃ, ¿qué pasa? No quise decir que estaba rebuena delante de su hijo.
-Estábamos hablando lo bien que se ve con ese pantalón. ¿Te has fijado? Mirando a Pedro dije: -SÃ, la verdad que se ve muy bien.
-¿Sólo muy bien? Mi madre tiene un culo que vuelve loco a todos los hombres. Siempre la piropean por la calle, incluso aunque vaya con ella.
-Les estaba contando a los chicos. ProseguÃa Pedro. Que cada vez la veo más provocativa por casa.
Ella desde que se separó de mi padre no ha vuelto a salir con un hombre, y ahora le veo cada vez más necesitada, o al menos eso creo.
Yo no entendÃa cómo Pedro podÃa hablar asà de su madre, y más delante de nosotros. Pero como a él no parecÃa importarle, seguà el juego.
-La verdad que Laura tiene un culo impresionante. Le dije.
-Te quedas corto, es una mujer de infarto. Dijo uno de los chicos.
-Por cierto, tu tÃa tampoco está nada mal. Dijo Pedro.
-Pues la tenÃan que haber visto ayer. Y les expliqué lo que habÃa pasado por la tarde, exagerando un poco más la cosa. Al momento de haberlo explicado, me arrepentà de haberlo hecho, pero ya era demasiado tarde.
-Realmente, tienes unos culos muy apetecibles. Con gusto me las cogerÃa a las dos. Dijo uno de ellos.
-No te pases, que estás hablando de mi madre. Además, si alguien tuviera que follar aquà serÃa yo, que es mi casa. Ustedes a la cola chicos.
Estuvimos un rato charlando sobre aquello y poco a poco fuimos calentándonos. Decidimos hacer un juego. TenÃamos que ir los cuatro al comedor, donde estaban ellas, y con cualquier excusa, tocar el trasero de una de ellas. El primero que lo consiguiera ganarÃa la apuesta. Salimos los cuatro a la vez camino del comedor, pero ellas no estaban allÃ. Escuchamos voces en la cocina, asà que nos acercamos sin hacer ruido. Entonces pudimos escuchar lo que decÃan.
-Pues sÃ, como te decÃa, mi sobrino estuvo ayer toda la tarde mirándome el culo y yo estaba como loca de caliente. No me atrevà a hacer nada, pero sé que a él le hubiera gustado probar mi trasero.
-Es normal, tienes un culo muy bien puesto.
-Tú también tienes un culo que seguro que vuelve loco a los hombres.
-SÃ, es cierto, y más de una vez he sorprendido a mi hijo espiándome a mis espaldas.
-¿Tu hijo? ¿Y tú has hecho algo? -No, no he hecho nada, pero te mentirÃa si te dijera que no lo he pensado más de una vez.
-Veo que estos chicos están muy necesitados. Continuó mi tÃa.
-Tanto hablar de esto me está subiendo un calorcito que ni te cuento.
-Jajaja, a mi también.
-Oye, quieres que vayamos a provocar a los chicos, será divertido ver sus caras de excitación.
-Ummm, me parece bien.
-Pero espera, será mejor que nos quitemos la ropa interior, asà facilitará más las cosas. Dijo Laura. Y le empezó a bajar los pantalones a mi tÃa. Ella reÃa mientras lo hacÃa. Luego le quitó el tanga y le dio un beso en su rajita. Mi tÃa puso cara de haberle gustado y
luego las dos rieron.
-Ahora me toca a mÃ. Dijo mi tÃa. Se puso de rodillas y le empezó a manosear el culo con una mano mientras con la otra le desabrochaba el pantalón.
Laura se reÃa mientras lo hacÃa. Ella se dio la vuelta, dejando su culo delante del de mi tÃa. Cuando le bajó los pantalones, la tÃa le metió la lengua por el culo, moviéndola dentro de ella. Laura dejó de reÃr y empezó a gemir, mientras con la mano obligaba a la tÃa a que le metiera más adentro su lengua.
-Ohh, qué bien lo haces, me estoy poniendo muy caliente.
-Umm, siempre quise probar tu culo Laura, he de reconocer que siempre me habÃa fijado en él.
- Yo también he pensado alguna vez en tu culo, Juli, pero nunca me atrevà a confesarlo.
Las dos se levantaron y se pusieron los pantalones. Los chicos salieron disparados para su cuarto, intentando hacer el menor ruido posible. Estaban los cuatro calientes al haber oÃdo aquello y sus pollas les correspondÃan de igual forma. SabÃan que aquella era una ocasión inmejorable, pero no sabÃan si la cosa llegarÃa hasta el final o por el contrario serÃa un simple juego de niños. Los cuatros nos sentamos en el sofá, con las piernas cruzadas para disimular nuestros paquetes. Entonces aparecieron Laura y mi tÃa por la puerta. Se marcaban claramente sus rajas en el pantalón, se los habÃan subido adrede para que sus rajas quedasen perfectamente dibujadas.
-Hola chicos, estamos las dos muy aburridas, ¿quieren que hagamos algo todos juntos? Las dos podÃan ver cómo nuestras miradas se dirigÃan hacia sus coños. Ellas se miraron y sonrieron alegremente.
-¿Y a qué queréis jugar? Les preguntó Pedro mientras se tocaba involuntariamente la polla con la mano.
Ellas advirtieron que los cuatro estábamos empalmados, y eso les hizo ponerse más calientes. Entonces las dos se pusieron delante de nosotros. Laura llevaba de la mano a mi tÃa, indicándole donde se tenÃa que colocar. Laura se giró y abrió la puerta del mueble que habÃa detrás de ellas.
-Hay por aquà una baraja de cartas, creo.
Los cuatro dirigimos la mirada al culo de Laura. Era impresionante, como no llevaba ropa interior, se le marcaba todo. La tÃa vio cómo mirábamos descaradamente el culo de Laura, entonces Pedro no pudo resistirlo más, se sacó su polla fuera del pantalón y se quedó mirando a mi tÃa. Ella no podÃa creer lo que Pedro estaba haciendo. Entonces, como si estuviera hipnotizada, aceptó la invitación que le ofrecÃan y se arrodilló para mamar aquella polla. Ella se la comÃa como loca, y nosotros envidiosos, sacamos también las nuestras al exterior. Laura se giró con una baraja en la mano.
-Ya le encontré. Entonces vio como Juli le estaba mamando la polla a su hijo y nosotros estábamos todos con la polla en la mano.
-¿Creo que no quieren jugar a las cartas verdad chicos?
Y se acercó hacia mÃ, que estaba en la punta opuesta del sofá.
Se puso de rodillas, y le guié la cabeza hasta mi polla. Ella abrió la boca con gusto y engulló entera toda mi pija. La mamaba como una perra en celo.
Mi tÃa por su parte iba mamándosela también al que se sentaba al lado de Pedro, y no quitaba ojo del resto de pollas. Laura cambió de polla, comiéndose la que tenÃa al lado mÃo. Las dos mamaban como locas y nosotros estábamos en la gloria. Por un momento dejaron de mamar las pollas, y empezaron a besarse las dos. Se pasaban la lengua, mientras continuaban pajeándonos. El ambiente se estaba calentando cada vez más y nadie sabÃa cómo iba a acabar aquello.
-Yo también quiero probar cómo la chupa Juli. Dijo el que tenÃa al lado. Asà que ella se colocó delante de él y le propinó una buena mamada.
Laura estaba ahora mamándosela al chico que estaba más cerca de su hijo, sin poder dejar de ver cómo su hijo se la meneaba. Yo miraba a Pedro cómo él se fijaba en su madre, cómo se la chupaba a su amigo y el culazo que tenÃa. Mi tÃa sin previo aviso empezó a meneármela y luego se acercó a mà y se la metió en la boca.
-Estaba deseando poder mamar tu polla, ayer estaba muy caliente sobrino.
Le hice que se la tragara nuevamente, obligándole a tragarla entera. Mientras ella me la iba mamando, los tres vimos c&oa
cute;mo Laura empezó a menear la polla de Pedro, sin dejar de mamársela al otro chico. Como Pedro no puso impedimento alguno, se arrodilló ella delante de Pedro y empezó a mamarle la polla. No podÃamos creerlo, estaba mamándole la polla a su propio hijo. Estuvieron un rato asà hasta que dijeron:
-Bueno chicos, ya tienen sus pollas apunto, ahora utilÃcenlas como crean conveniente.
El chico que estaba a mi lado se situó detrás de mi tÃa. Con la mano situó su polla en su culo y la empujó de un tirón. Mi tÃa gritó de dolor al meterla de aquella manera. Justo cuando le iba a decir algo al chico, yo le hice bajar la cabeza hacia mi pija y le invité a tragarse mi polla nuevamente.
-No pares de chuparla perra. Le dije a mi tÃa en el oÃdo.
Ella me miraba a los ojos mientras intentaba gemir de dolor. Le hacÃa subir y bajas la cabeza para metérsela entera en su boca. El chico que estaba situado tras ella, cada vez bombeaba con más fuerza, haciendo con cada sacudida que mi tÃa se echara encima de mÃ. Entonces escuché a Laura gemir como loca. El otro chico se habÃa situado detrás de ella y le estaba petando el culo mientras ella se la mamaba a su hijo. Juli no pudo resistirse a mirar la situación, y pude observar una expresión del placer mientras miraba cómo su incestuosa amiga se la mamaba a su hijo.
Estaban las dos como locas. Mi tÃa quiso notar mi polla en su culo, asà que se dio la vuelta para que la enculara yo. Me puse detrás de ella y le metà mi polla mojada en su culo. Mientras le petaba el ojete, los dos amigos de Pedro se intercambiaron las posiciones. Se acercó el que le petaba el culo a Laura con la polla en la mano y se la ofreció a mi tÃa. Ella no dudó en tragarla directamente, aún sabiendo que venÃa del culo de su amiga.
Se le veÃa como loca comiéndole la polla al chico y yo me volvÃa loco de ganas de probar también aquello. Laura habÃa visto como la tÃa se la habÃa mamado sin importarle que hubiera estado en su culo y eso le hizo subir aún más su temperatura. Laura seguÃa mamándola a su hijo, mientras el otro chico le continuaba petaba el culo con fuertes sacudidas.
Estuvimos unos momentos asÃ, hasta que la amiga de mi tÃa se levantó y se arrodilló justo al lado del culo de mi tÃa. Le separaba las nalgas a mi tÃa con ambas manos y colocó su boca abierta al lado de las nalgas de la tÃa. Aquello era una invitación para entrar en su ardiente boca. Asà que saqué mi polla sin pensarlo dos veces y la acerqué un poco a la boca de Laura, para ver cómo reaccionarÃa ella. Ella no dudó ni un instante en ir a buscar mi polla con su boca, mamándola sin llegar a tocármela con las manos. De una sola vez la metió en su boca y la saboreó mientras la mamaba.
Mi tÃa vio lo que ella hacÃa y se puso como loca. La volvà a meter nuevamente en el culo de mi tÃa. Notaba cómo ella hacÃa fuerza con su culo, de esa forma lo notaba más cerrado. Laura ahora pasaba la lengua por mi polla, mientras entraba y salÃa del culo de Juli. Ella sonreÃa, hasta que su hijo se puso detrás de ella y la empezó a coger en el culo. Al girarse vio como era su hijo, y no el amigo el que le hacÃa el culo. Se encendió al verle dándole por culo con tantas ganas.
Saqué mi polla del culo de Juli, y salió algo marrón, decidà igualmente dársela a mamar directamente a Laura, ya que no habÃa visto que habÃa salido sucia. Le giré la cabeza hacia mi polla, y le hice que la tragara entera. No tardó ni un segundo en notar el sabor de mi polla. Mi tÃa Juli habÃa visto cómo habÃa salido de su culo, y disfrutó viendo como Laura la estaba mamando sucia. La amiga de mi tÃa intentaba sacarse la polla de la boca, pero yo no le dejaba hacerlo. Le obligué a mamarla de aquella manera, hasta que estuvo limpia.
-Oh, tu polla ha salido sucia. Me has hecho comerla sucia cabrón. Me dijo cuando le solté la cabeza.
Entonces se acercó su hijo con la polla en la mano. También estaba manchada. Ella no sabÃa que hacer. Como era incapaz de moverse, su hijo le llevo la cabeza hacia su sucia polla y le obligó a mamarla asÃ.
-Oh, chúpala bien puta. Le decÃa a su madre. Ella estaba muy excitada y se dejó llevar.
-¿Te gusta como tu madre
te limpia la polla? Lo decÃa con la cabeza mirando hacia arriba, con la vista clavada en la cara de su hijo.
Ella tenÃa los labios marrones, un recuerdo de aquella mamada. Entonces se relamió, comiendo todo lo que habÃa en sus labios. El hijo al verlo, le obligó nuevamente a mamarla asÃ. El resto, seguimos aquel juego. Penetramos el culo de ambas y le dábamos a comer a Laura y a Juli.
Cuando salÃa una polla muy sucia, ellas se ponÃan como locas al ponérselas delante de sus bocas, se la quedaban mirando y finalmente la empezaban a mamar por la parte más sucia. Laura estaba como loca, y mi tÃa se morÃa cada vez que veÃa cómo mamaba una polla que habÃa salido de su culo. Laura comÃa todo lo que le dábamos, no rechistó ni una sola vez. Al principio nosotros le ponÃamos las pollas delante para que se las comiera, pero después de un rato era ella la que iba a buscar aquellas pollas manchadas.
-Chicos, no se olviden de mÃ. DecÃa mi tÃa, que era la que menos pollas sucias mamaba.
Ahora todas nuestras pollas salÃan del culo con dirección a la ansiosa boca de Juli. Las primeras veces que entraban pollas en su boca, casi vomita, pero poco a poco se acostumbró a mamarlas asÃ, hasta el punto de provocarnos para que continuáramos haciéndolo.
-Oh chicos, me están convirtiendo en una cerda. Dijo mi tÃa, que volvÃa a tener otra polla, con recuerdo del culo de Laura, por mamar.
-Come puta, haz que mi polla quede limpia. Ella la metÃa entera en su boca, mientras babeaba sin parar, haciendo desaparecer cualquier resto del culo de Laura o del suyo propio de mi polla.
-¿Te gusta ver cómo te como esa polla sobrino? -Me encanta tÃa, pero no pares de comer mi polla.
Ella la continuó mamando, mientras le seguÃan perforando el culo.Después de continuar con aquel juego unos minutos, situamos a las dos en el centro de la habitación de rodillas, con la boca abierta y juntas la una de la otra. Los cuatro empezamos a corrernos, inundando sus bocas y caras de leche. Ellas se peleaban por introducirse la mayor cantidad de leche en sus bocas, robándoselas mutuamente de la cara con sus lenguas viperinas.
-Bebed leche putas, no dejéis ni una gota.
Dijo el hijo de Laura. Ellas bebieron todo lo que cayó en sus bocas y luego se morrearon, pasando los restos de leche a la otra. Nosotros disfrutábamos viendo aquel espectáculo, mientras dejábamos caer las últimas gotas de leche sobre ellas. Las dos continuaron besándose durante un buen rato, ofreciéndonos un excitante espectáculo. Al rato las dos se levantaron y se fueron a duchar.
Salieron desnudas de la habitación camino del baño, pasando delante de las puertas del balcón. Yo no sé si habÃa allà alguien mirando, pero en caso de que hubiera habido alguien, hubiera disfrutado de ver a dos hembras impresionantes con sus caras llenas de leche. Los chicos y yo nos quedamos allà comentando lo que habÃamos hecho. Prometimos que no dirÃamos nada a nadie, pero que aquello lo tendrÃamos que volver a repetir.
Autor: Principiantex
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