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Como me hizo sentir mi cuñado

1 de mayo de 2009

Me puse a cuatro patas, se acercó a mí, abrió mi culo con sus manos y me dio un pollazo que casi me hace reventar de dolor y placer. Me quedé extasiada, él comenzó a moverse cada vez más rápido, yo no paraba de decirle que me iba a reventar de placer, y él me contestaba que lo que iba a reventar y a destrozar era mi culo. A cada pollazo que me daba hincaba más su polla dentro de mi culo.

Hola a todos. Mi nombre es Ana, soy madrileña y tengo 24 años y me encanta el sexo. Os voy a relatar una de las experiencias más morbosas que he tenido.

Llevo 4 meses viviendo con mi marido. Hace 3 semanas tuvo que marcharse a otra ciudad por motivos de trabajo. Su hermano vino a casa a traerme unos libros que yo le había pedido. Físicamente me atraía muchísimo, pero me atraía más la idea de ser follada por el hermano de mi marido. Ese día estaba muy caliente. Mi marido llevaba 8 días fuera de casa y mi cuerpo necesitaba sexo.

Álvaro, que así se llama mi cuñado, llegó a mi casa sobre las 21h de la noche. Venía vestido con unos pantalones vaqueros azul desteñidos, bastante ajustados, lo cual me permitía observar su lindo culo. Arriba llevaba un jersey de algodón ajustado de color camel. El jersey le marcaba los bíceps y los pectorales, lo cual me estaba provocando mirarlo con deseo y con lujuria.

Yo me había vestido para provocarlo. Decía que ese día iba a hacer realidad mi fantasía. Ser follada por mi cuñado, ese cuñada al que tantas veces lo había imaginado poseyéndome. Yo llevaba un pantaloncito corto, ajustado, de color negro semitransparente (dejaba entrever un tanga negro muy pequeño que me había puesto para la ocasión). Arriba vestía una camiseta interior, de tirantes, muy fina, de color negro también. No me había puesto sujetador. Tengo un pecho bastante grande y bien situado y se que Álvaro siempre ha mirado mis pechos con deseo de poseerlos. Ahora mis pechos estaban sueltos, al aire, moviéndose con cada movimiento que yo hacía.

Le ofrecí tomarse una cerveza, aceptó y se acomodó en el sofá. Fui a la cocina a coger una cerveza, se la di abierta. Empezó a beber con mucha ansia, debía estar sediento por el nerviosismo. Yo tomé una de las sillas, la puse frente a él y me senté en ella, con mis piernas abiertas y apoyadas en el sofá donde él estaba. Su respiración comenzó a acelerarse, y me preguntó: “¿Qué coño estás haciendo?”.

Mi respuesta fue: “Llevo 8 días sola, sin un hombre que me quite mis ansias por follar. Voy a masturbarme para ti”.

Cogió la lata de cerveza y comenzó a beber.

Yo comencé a tocar mis muslos, de abajo a arriba. Me llevé mis manos hasta mis pechos, mientras no apartaba mi mirada de él (claro está que él tampoco apartaba su mirada de mí). Quité la camiseta interior que llevaba y dejé mis pechos a su vista. Los ojos se le agrandaron, se mordisqueaba los labios. Comencé a tocar mis pechos, rodeaba mis pezones con mis dedos, los pellizcaba, cogí uno de ellos y lo llevé hasta mi boca. Comencé a lamerlo con mi lengua, dejando mi saliva impregnada. Mi otra mano bajó poco a poco hasta mi coño. Metí mi mano a través del pantaloncito que llevaba y a través del tanga y comencé a acariciarme. Mi espalda se arqueaba, abría mis piernas más y más. Saqué mi mano de mi coño, mis dedos estaban mojados debido a la excitación que tenía. Le dije entonces a Álvaro: “Quiero que lo huelas, que lo saborees, y después de que lo hagas tú decides”.

Le acerqué mi mano. Él la tomó, deslizó mis dedos por su nariz, respiró profundamente. Sacó su lengua y la deslizó por mis dedos. Álvaro me dijo: “Tú coño huele a puta, de manera que te voy a dar como buena puta que eres lo que te mereces”.

Cuando me dijo esa frase, comencé a ponerme nerviosa, excitada y asustada..todo junto, pero todo eso hizo que mi coño empezará a gotear imaginando lo que allí me esperaba.

Se levantó del sofá, me levantó de la silla en la que yo estaba…comenzó a besarme, a acariciar mi cuerpo con sus finas manos, exploraba mi cuerpo, comenzó a decir entonces todas las veces que había deseado mi cuerpo, todas las veces que se había corrido pensando en mí. Pero ahora estaba allí, conmigo, los dos solos, para disfrutar del sexo.

Se separó de mí, comenzó a mirarme y a decirme vas a ser mía, solo mía. Se acercó y comenzó a tocar mis pechos. Yo comencé a explorar ese maravilloso cuerpo que tanto había deseado. Metí la mano en sus vaqueros y noté como su polla crecía por segundos….empecé a desnudarlo, y él me quitó a mí el pantaloncito y el tanga negro. Yo besaba con mis cálidos labios cada parte de su cuerpo que iba desnudando. Lo único que me quedaba por quitarle era unos bóxers negros que llevaba.

Yo ya estaba completamente desnuda, solo con mis zapatos de tacón, me agaché, quedé en cuclillas y mirándolo a los ojos comencé a bajarle los bóxers. Su polla estaba tiesa, dura e hinchada. Salió despedida del bóxers. Lo bajé hasta sus tobillos y como una niña hambrienta comencé a mamar su polla.

La tomé con mi mano, deslicé mis labios desde sus huevos hasta su capullo….mmmmm….me encantaba su polla, tenía muy buen tacto y muy buen sabor….llegué hasta su capullo, el cual comencé a rodearlo con mi lengua, dejándole mi saliva impregnada. Él comenzaba a emitir leves gemidos, yo veía como se excitaba mientras que su cuñada estaba ahí, agachada, mamando su polla, así que mirándolo fijamente a los ojos, con su polla en mi mano, la situé en la entrada de mi boca y de un solo golpe la metí hasta el fondo de mi garganta. En ese momento dejó de emitir leves gemidos para hacer los gemidos muy fuertes.

Comencé a mamar con frenesí, subiendo y bajando con mis labios una y otra vez, lamiendo su polla con mi lengua. Entonces él me cogió de mi pelo con fuerza y me apartó…Ana si sigues mamando así no voy a tardar en correrme….yo lo miré fijamente y le dije “hazlo, córrete en mi boca, hazlo joder, deseo sentir tu leche caliente en mi puta boca”. Con mi pelo agarrado con bastante fuerza por él, casi me obligó a metérmela de nuevo en mi boca. Yo lo cogí de su culo con mis dos manos y empecé a empujarlo contra mí.

Él estaba tremendamente excitado y no paraba de repetirme: “zorra, vas a hacer que me corra, no puedo más, me voy a correr, eres una cabrona…”, cuánto más me lo decía con más ganas mamaba, hasta que noté en mi boca un chorro de leche caliente que surgía de su polla e iba directo a mi boca. Escuchaba como gemía mientras los borbotones de leche me inundaban, él no paraba de tocar mi cabeza. Tragué su semen y me dediqué mientras él no paraba de respirar profundamente a limpiar con mi lengua los restos de semen que habían quedado en las comisuras de mis labios.

Me decía que había reventado de placer, que nunca antes se la habían mamado así, con esas ganas locas, con esos labios que tanto le habían hecho gozar.

Entonces yo me levanté y le hice saber que yo estaba que reventaba, pero quería correrme.

Me sentó en el sofá, él se arrodilló en el suelo. Abrí mis piernas lo más que pude, y él miraba mi coño atónito. No paraba de repetirme que coño más grande y hermoso tenía, como podía ver lo lubricado que estaba…..Yo estaba que no podía más, no quería palabras, quería hechos. Quería verlo con su cabeza metida entre mis piernas, quería verlo lamer mi coño como si fuera un perro.

Con sus manos abrió mi coño depilado de par en par, y comenzó a deslizar su lengua por él, sus labios besaban los labios de mi coño, atrapaba mi clítoris con sus dientes. No me estaba dando una lamida cualquiera, no. Era una lamida con un frenesí que jamás había visto antes. Lo tomé de su cabeza y lo apreté contra mi coño, mientras no paraba de repetirle: “Eso es cabrón, hazme correr, no pares, quiero que comas este coño como un poseso”.

Estaba muy excitada, notaba como mi coño chorreaba como nunca antes lo había hecho, él lamía más y más, a la vez que metía uno de sus dedos dentro de mí. Yo jadeaba como una perra en celo, me retorcía, tocaba mis pechos con fuerza, con tanta, que me estaba haciendo daño, pero me daba igual. Noté como mi coño empezaba a palpitar con más frecuencia. Comencé a decirle que no parara de lamer con su lengua, que estaba a punto, que me iba a correr en su boca. En uno de los lametones finales grité de placer, y él notó en su boca un torrente de mi flujo caliente, un torrente que él no paraba de beber, mientras mi orgasmo daba los últimos coletazos y mientras mis gemidos se hacían más leves.

Cuando hubo relamido mi corrida, se levantó del suelo y se dirigió hasta mi boca, una boca que sabía aún a la corrida que él había tenido en mi boca…

Comenzamos a intercambiar salivas, las lenguas se enredaban, nos mordíamos los labios…Su polla estaba rozando mi clítoris y noté como de nuevo empezó a levantarse, a ponerse tiesa, dura, a desear follarme como una bestia.

Le dije entonces que deseaba follar y ser follada, deseaba correrme de nuevo y que él se corriera, deseaba morder su cuerpo, arañarlo…deseaba que ambos gozáramos y que recordáramos ese momento para toda nuestra vida.

Me sentó en la mesa, echó mi espalda hacia atrás. Tomó mis piernas, colocó su polla en la entrada de mi vagina, y me dijo: “Mía, eres mía, mi puta, mi zorra, mi cuñada.” Se inclinó hacia mí, su boca se apoderó de mis tetas, mis pezones estaban duros y tiesos, al igual que su polla, los chupó, los mordió, y se puso de nuevo en pie.

Me miró fijamente a los ojos, y de un solo golpe me la metió hasta el fondo. Mi coño estaba rezumando mucho flujo. Su polla entró en mi vagina de una manera increíble. Emití un gemido enorme, lo miré diciéndole: “Cabrón, tu polla me va a matar de placer”.

Comenzó a taladrar mi coño con cada embestida que me daba. Yo lo sujetaba de sus caderas y lo ayudaba a moverse, mis tetas se movían al mismo ritmo. Cada pollazo que me daba que hacía jadear, dios…como me gustaba aquello.

Comenzó a preguntarme: “¿Te gusta cuñada?, ¿Te gusta como te folla el cabrón de tu cuñado?”.

Yo le repetía una y otra vez que sí y él no paraba de decirme: “Te follo como una puta que eres, voy a dejar de llamarte mi cuñada para llamarte mi puta”. Veía como su rostro se desencajaba más y más, le encantaba estar ahí follándome, pero yo también quería follarlo a él.

Le pedí hacerlo. Lo tumbé en el suelo, le puse una almohada en la cabeza. Él estaba tumbado y yo de pie. Me fui agachando, hasta quedarme en cuclillas, con su polla tiesa deseando entrar dentro de mí. La tomé con mi mano y la metí dentro. Él emitió un gemido al igual que yo.

Abrí mi coño con mis manos, me recliné un poco hacia atrás y comencé a botar encima de él. Le encantaba. Mis enormes tetas lo hacían al mismo ritmo, botaba más y más cada vez con más fuerza, con más ímpetu.

No paraba de insultarme, de decirme que era una hija de puta por lo que le estaba haciendo, me tomó de las caderas y me hizo parar. Le di un pequeño guantazo en la cara, yo no quería parar, estaba gozando mucho. Le dije: “¿Qué haces?, ¿Por qué me haces parar?”, y me contestó: “Quiero reventarte el culo”. ¡Como me puso esa frase!

Me levanté, me puse a cuatro patas en el sofá, se acercó a mí, abrió mi culo con sus manos y me dio un pollazo que casi me hace reventar de dolor y placer. Me quedé extasiada, él comenzó a moverse cada vez más rápido, yo no paraba de decirle que me iba a reventar de placer, y él me contestaba que lo que iba a reventar y a destrozar era mi culo. A cada pollazo que me daba hincaba más su polla dentro de mi culo. No paraba de decirme:

“¿Esto es lo que querías, no?, ¿qué te jodiera bien jodida?, pues eso es lo que te estoy dando, ¿me oyes?.

Yo casi ni podía articular palabra, volvía mi cabeza hacia atrás y allí estaba él, follando mi culo como un salvaje, como un poseso, como un animal, repitiéndome una y otra vez que me follaba como lo que era, una puta, una zorra, una cuñada insatisfecha.

Cuando me dijo eso me puso a mil, y un torrente de mis flujos inundaron sus huevos, me estaba corriendo, mi cuerpo estaba sudoroso, estaba que no podía más, él seguía penetrándome, decía que le quedaba poco, que estaba a punto, entonces la sacó de mi culo, me hizo darme la vuelta y tumbarme en el sofá, mientras yo hacía eso, él se la machacaba. Cuando ya estaba tumbada en el sofá, su polla empezó a descargar en mis tetas, en mi cara, en mis labios…

No creía lo que me había pasado. El mejor polvo de mi vida sin duda alguna al igual que el suyo.

Me dijo: “Cuñada esto hay que repetirlo”.

Espero que os haya gustado tanto como me gustó a mí hacerlo.

Un beso a todos.

Autor: Ana

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Como me hizo sentir mi cuñado, 10.0 out of 10 based on 8 ratings
  
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2 comentarios »

  1. profe zamora dice:

    jajjjaja cogidon le diste

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  2. Cesar Cruz dice:

    jaja, ¡qué cogidón te dio tu cuñado!

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