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CON MI MARIDO Y MI CUÑADO.

2 de septiembre de 2002

Hacía ya muchos meses que venía teniendo esa misma fantasía. Mi marido se reía, con esa risa que me hacía notar que se excitaba con lo que le estaba contando. La cosa no pasaba de ahí, ni de los estupendos polvos que echábamos pensando en ello. Hasta que un día apareció mi cuñado en casa. Después de cenar nos sentamos en el salón; estábamos los tres tomando unas copas. Mi cuñado se iba a quedar a dormir en casa, porque al día siguiente tenía que hacer varias cosas en Madrid y posiblemente no acabase con todo.

En un momento determinado, puse música y mi marido y yo nos pusimos a bailar. Mi cuñado medio en serio, medio en broma, nos dijo que no contásemos dinero en casa del pobre, a lo que mi marido le contestó que si quería bailar con su cuñada. Inmediatamente se levantó y comenzamos a bailar. Al cabo de un rato, mi marido se nos unió poniéndose detrás de mi y aquello era como un bocadillo. Mi marido empezó a acariciarme y a morderme la oreja, y yo iba notando el “acalore” de mi cuñado. En eso sonó el teléfono y mi marido fue a contestar, momento que mi cuñado aprovechó para poner su boca sobre la mía y darme un húmedo beso. No sé porqué, pero le respondí. Sin dejar de besarnos, me abrazó más fuerte y así, en ese abrazo, noté “la dimensión de su empalme”, de primera especial, mientras su lengua estaba controlando cualquier movimiento de la mía, por leve que fuera.Vi como mi marido observaba la escena desde la puerta; me miró sonriendo, como diciendo que la fantasía había vuelto, pero esta vez, yo estaba dominando a la fantasía.

Mi cuñado no había visto a mi marido, claro que cuando se dio cuenta de que se acercaba, en el grado de excitación que se encontraba, tampoco retiro ninguna de sus manos de mi culo. Seguramente estaba probando hasta donde podía llegar.

Nos fuimos a sentar, bebiendo un poco más, porque hacía calor. Entonces creo que fue mi marido quien dijo que podíamos jugar a algo, y lo decía mientras sus manos se refugiaban bajo mi blusa, ante la atenta mirada de mi cuñado, quien empezaba a desear que pasase lo que quería y creía que iba a pasar. Por ello, y sin cortarse un pelo, acercó sus labios a los mismos y dijo “¿jugamos?”. “¿A qué?”, respondí yo mordiéndole la boca.

Mi marido, que tiene una mente superactiva, dijo “vamos a comprobar antes de nada tu sensibilidad y después jugamos, pero debes concentrarte para saber quien es el que te haga algo. No puedes tocar con tus manos”. Añadiendo que “tienes que estar inmóvil y dejarte hacer. Te vamos a tapar los ojos y si estás bien segura dices de quien se trata. Si te equivocas tendrás un castigo”.

La verdad es que aquello era tan excitante que ni me paré a pensar si era justo o no. Solo quería que empezase, después de todo, ¿cómo no iba a reconocer las manos o la boca de mi marido?.

Me taparon los ojos con una venda y me dieron unas vueltas por la habitación para descolocarme, y de repente me dejaron sola. Sentí un fuerte escalofrío cuando una boca comenzó a chuparme el cuello, besándome, lamiéndome, mordiéndome…, ¡que gusto me estaba dando!. Mientras experimentaba esa sensación, otra boca buscó la mía, metiendo toda su lengua dentro de mi boca y succionando con fuerza la mía. Por extasiada y excitada que estuviera, era la boca de mi marido; estaba segura y así lo dije.

“Perdiste”, decía mi cuñado mientras me pasaba su excitado aliento y me quitaba el pañuelo. Y así fue, la boca que estaba en mi cuello era la de mi marido y la otra boca, la que besaba apasionadamente, era la de mi cuñado. Como castigo, mi marido abrió dos botones de la blusa y me chupó el pecho, llegando casi a morderme un pezón. Aquello era excitante y me gustaba; me estaba poniendo a mil por hora. No sabía a dónde se iba a llegar con el juego, pero estaba encantada. Cuando mi marido abrochó de nuevo los botones de mi blusa, casi le digo que no lo hiciera, pero había que seguir su juego.

Me volvieron a tapar los ojos y a dar vueltas. Otra vez una boca se abría sobre la mía mientras una mano se adueñaba de mi pecho, toc&aac

ute;ndolo y apretándolo con fuerza. Yo estaba ya calada del todo y no tenía otro objetivo que el que me la metieran hasta adentro, con fuerza, incluso haciéndome daño. Pero había que esperar; ¿porqué tardaba tanto en llegar ese momento?.

Esa mano que seguía tocando se metió entre mi blusa y mi piel; la otra mano apareció también, y los dedos ya jugaban con mis pezones de una forma que me enloquecía. Yo no podía tocar ni saber quién era; los dos tenían bigote, las lenguas tenían su parecido ¿sería familiar?, no sabía que decir, y lo que sí sabia es que hasta que no dijera un nombre aquello seguiría así.

Un cuerpo se me acerco por detrás, noté perfectamente el tamaño de aquel pene; me abrazó, mientras otras manos se ocupaban de mis mojados muslos. La respiración en mi nuca descubrió a mi marido, por lo que dije que el que me estaba tocando el pecho y los muslos era mi cuñado. Esta vez acerté y mi marido me dio la vuelta, me quitó el pañuelo y me dio un beso en la boca como premio. Cuando acabó, el que me besó fue mi cuñado, que lo hizo con tal apasionamiento que creí que me iba a ahogar. Las manos de marido me tocaban a lo largo del cuerpo. Pasaron unos minutos de esta manera, una boca me besaba y unas manos me tocaban, pero no eran del mismo dueño… ¡Oh! que gusto me estaban dando.

En un momento, mi marido tomo una de mis manos y la puso en la cremallera de su pantalón. Rápidamente la bajé y metí la mano. Le estaba acariciando por dentro del calzoncillo; su miembro peleaba por salir, daba golpecillos en mi mano. Entonces, cogió mi otra mano y la puso encima de la bragueta de su hermano. Hice la misma operación, aunque más torpemente, mientras veía como mi cuñado tenía los ojos cerrados y apretaba una de sus manos sobre mi cadera. Como pasó, no lo sé, pero de repente estaban los dos desnudos delante de mí, y mi boca iba de un pene al otro mientras sus manos se turnaban para tocarme. Mi marido me tumbó en el sofá y comenzó comerme el sexo, su lengua buscaba mi clítoris y yo no pude contener aquella cadena de orgasmos. Ajeno a lo que su hermano me estaba provocando, mi cuñado se dedicaba a pasear su lengua por mis pezones, a veces lamía, a veces mordía, pero su respiración me seguía poniendo muy nerviosa.

Con movimientos muy calculados por parte de los dos hermanos, mi cuñado pasó a sentarse en el sofá, y con mucho tacto me sentó encima de él, mientras se movía lentamente introduciéndome su pene. Yo llegaba casi al cielo con aquellos envites, y para colmo de placer mi marido me besaba y me chupaba de medio cuerpo para arriba… Solo me corría yo, estaba dilataba, calada, excitada, cuando mi cuñado empezó a dilatar mi culo. Su dedo ya entraba y salía, luego fueron dos, y entonces yo le pedí a mí marido que fuera él quien me penetrara por detrás mientras mi cuñado me la metía hasta adentro. Una doble penetración, mi marido llenando mi culo y mi cuñado dentro de mi sexo, ¡que juego tan magnífico!, sintiéndolos a los dos y sus movimientos. No pude llegar a decir que parasen un poco, que me iban a romper, porque me corrí de nuevo y porque inmediatamente los dos se vaciaron dentro de mi. La fantasía había dejado de serlo, ya era realidad. Me habían follado los dos, y además, ¡que bien lo habían hecho y como lo habíamos disfrutado!

Teresa G.

Autor: Teresa G

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