Cornudo (1): Inicio

Hola, mi nombre es Alberto y soy de México D.F., quiero decirles que soy un gran cornudo consentido que disfruta demasiado de su condición, iniciaré una serie de relatos en los que cuento como fue que mi mujer y yo nos iniciamos en este estilo de vida que tantos y tan diferentes placeres nos ha dado.

Soy Alberto, tengo 33 años, soy alto, delgado muy normalito en todo; mi esposa se llama Laura Ximena de 25 años, es alta (1.64), morena, delgada, tiene un cabello lacio, negro y largo que casi siempre lo trae amarrado en una cola de caballo, tiene la cara redondeada, con ojos grandes y expresivos, la nariz también es un poco grande, al igual que su boca, con unos labios carnosos, sus tetas no son muy grandes (34-C) aunque eso sí, debido a su edad muy redonditas, firmes y paraditas, pero lo que hace realzar a mi esposa (realmente no llama demasiado la atención cuando no quiere) es su tremendo culazo y sus largas y bien torneadas piernas, sus medidas son 86-63-92.

Nos conocimos hace 4 años, yo trabajo en sistemas y fui contratado para darle mantenimiento al sistema de la oficina donde ella trabaja aún en la actualidad, dicha oficina se encuentra en el centro de la ciudad y es una de las más importantes de la Secretaría de Hacienda del gobierno, a Laura yo la veía a diario y la verdad es que me llamaba mucho la atención, sobre todo porque me imaginaba que debajo de esas ropas discretas (y la verdad nada sexys) y actitudes un tanto infantiles se encontraba una mujer hermosa, cosa que por supuesto descubrí desde los primeros meses de noviazgo, ella no tenía mucha experiencia en el ámbito sexual, sin embargo era muy apasionada. El noviazgo fue muy hermoso, tanto que al año de iniciar la relación decidimos formalizarla casándonos y viviendo juntos.

Los primeros dos años y medio de matrimonio fueron excelentes, ella siguió trabajando en la Secretaría y cada vez era secretaria de alguien con puesto mayor, cosa que mejoraba su salario y nuestras perspectivas de vida, yo gano más que ella aunque mi trabajo no es tan estable; nos entendemos excelentemente tanto en la vida cotidiana como en la cama, no puedo quejarme de que la rutina hiciera presa del matrimonio ni nada por el estilo, habíamos decidido dejar un poco el hecho de tener hijos para cuando yo tuviera un trabajo mucho más estable y ella se sintiera más desarrollada en su vida laboral.

Sin embargo hace como seis meses con el cambio de gobierno acá en México se dieron cambios importantes dentro de la Secretaría, mi mujer ya era la Asistente Ejecutiva (así le llaman a sus secretarias) de un jefe de departamento, obviamente dicho jefe (un anciano bastante venerable, educado y bonachón) fue removido del cargo casi de inmediato, por lo que mi esposa tenía que realizar todos los trámites de entrega-recepción que en México están obligados a hacer todos los funcionarios públicos, debido a esa situación ella empezó a llegar algo tarde del trabajo (su horario laboral es bastante decente: lunes a viernes de 9 de la mañana a 6 de la tarde con hora y media para comer), situación no muy grave (solo llegaba 30 a 50 minutos tarde), además de que me decía que en cuanto se diera la entrega-recepción todo volvería a la normalidad, aunque la verdad mostraba preocupación debido a que es bastante normal que los nuevos funcionarios traigan a su equipo de trabajo, por lo que ella volvería a ser secretaria de un mando menor con la bajada de sueldo correspondiente; sobre todo, estaba preocupada porque me contaba que el nuevo jefe ya había ido a la oficina, que se veía que era un manchado machista de primera y que ya le había dicho una amiga suya de otra Secretaría que era un perro de primera y que le llamaban la atención las mujeres con falda, obviamente, entre más corta mejor.

Llegó la esperada entrega-recepción de la oficina a mediados de enero, pero después de eso mi esposa no solo llegaba tarde, sino que empezó a tardarse entre una y dos horas más para llegar, además de que empezó a salir a trabajar algunos sábados, todo con el pretexto de que quería impresionar al nuevo jefe, que le había dado una oportunidad para quedarse en el mismo puesto; aún con esa explicación más que razonable yo sospechaba, aunque ella seguía siendo igual de cariñosa y nuestra rutina sexual no cambió, y por lo que había leído una de las primeras señales de alarma era un cambio en la vida sexual, por lo que la verdad no le di la importancia que merecía. Sin embargo, después de una semana más o menos de seguir llegando tarde ella empezó a tener un cambio mucho más radical y obvio: poco a poco, pero de manera constante empezó a cambiar todo su guardarropa, en vez de comprarse sus típicos trajes sastres oscuros, con pantalones nada sexys y matapasiones empezó a comprarse trajes de minifaldas muy cortas que le llegaban a medio muslo, incluso un poco más arriba, muy pegadas o con aberturas en las piernas, y de colores muy variados; además de eso, también compraba minifaldas muy cortas de mezclilla, pantalones de mezclilla muy pegados (embarrados les decía yo) o mallones semitransparentes que quitaban el hipo (esta última ropa la llevaba al trabajo los viernes que le permitían ir casual o era como empezó a vestir los fines de semana). Pero no sólo cambió “por fuera”, sino que de usar sus clásicas pantaletas blancas de encaje y sin chiste pasó a comprarse puras tangas de hilo dental (que porque eran más cómodas que las que no eran de hilo dental, que las de hilo ni se sentían, que las otras molestaban) brevísimas (sobre todo por atrás) y sexys, muy sexys, además de comprarse bras de media copa que le permitían lucir ahora mucho más escotada. Quiero aclarar que este cambio no fue inmediato, sino que se llevó más o menos tres o cuatro semanas, obviamente le preguntaba y le decía cosas, una charla típica era más o menos así:

  • Amor ¿Por qué te compras ropa tan provocativa? Le preguntaba.

  • Es porque la nueva administración quiere que la presentación sea mucho más importante ahora que antes, además de que no soy cualquier secretaria, sino la ejecutiva. Contestaba.

  • Pero ¿y las tangas y los bra? Esos no te los ven. Replicaba.

  • Imagínate ir con esta falda pegadita y que toda la costura de la pantaleta se vea. No, tengo que ir acorde a todo.

Vamos, que tenía respuesta para todo, además de que nuestra vida como matrimonio seguía bastante bien, es más había mejorado ligeramente al ella ser un poco más atrevida. Obviamente yo sospechaba de todo lo que me decía, por lo que empecé a buscar en internet páginas, foros y blogs de parejas que me confirmaban que ella me engañaba, no les mentiré yo me sentía muy celoso, triste y enfadado, hasta que inevitablemente llegué a páginas porno de cornudos, y cual va siendo mi sorpresa que en lugar de asquearme o rechazarlos me excitaban más que cualquier otro tipo de porno en internet, vamos que hasta hacía fotomontajes con la cara de mi esposa y todo y era casi incontrolable la excitación, por lo que empecé ya no a imaginarme cosas, sino a fantasear con ella engañándome en el trabajo, e invariablemente terminaba masturbándome de manera fenomenal pensando en ello.

Por un lado, quería decirle a mi esposa que realmente tenía la fantasía de ser un cornudo aunque me daba mucha pena, pero por otro, cada que abordaba el tema seriamente ella me daba pretextos (aunque fueran tontos) y justificaciones, por lo que suponía que ella tampoco estaba preparada para decirme nada, por lo que opté por hacerle ver que una posible posición de cornudo sería excitante para mi, y me salió de manera muy natural tratando de que ella captara el mensaje, por ejemplo, siempre hemos tenido muy buena comunicación, por lo que si ella me contaba que en el transporte público alguien le había arrimado el paquete o que un compañero suyo la había albureado en el trabajo, o que alguien le había coqueteado o insinuado algo, en lugar de molestarme, me acercaba, la besaba, la tocaba, mientras le pedía que me repitiera lo que pasó o lo que le dijeron, e invariablemente terminábamos teniendo sexo de manera grandiosa, vamos que el mejor sexo de nuestro matrimonio hasta ese momento era el provocado por situaciones “extrañas”, como la siguiente:

  • ¿Qué crees amor? Ella empezaba.

  • ¿Qué pasó amor? Le preguntaba.

  • Ayer en el trabajo, Alfredo (un compañero suyo que siempre le había dicho que a él, ella le gustaba) me empezó a decir que tenía muy escondidito mi cuerpecito, que ahora con esta forma de vestir todos en el trabajo andaban siempre muy atentos y serviciales conmigo, aunque eso significaba un aumento muy importante de la temperatura por la calentura que provocaba. Me contaba.

  • ¿Y tú qué hiciste? Respondía yo, pero ya cachondísimo.

  • Pues la verdad solo me podía reír y le decía que no era cierto que seguía siendo la misma. Entonces él me decía que era la misma, pero con mucho menos tela y con mucho más carne, y que hablando de carne me invitaba a comer – me. Y mi esposa se reía de manera muy pícara.

Naturalmente, después de una conversación tan pícara yo terminaba besándola en la boca y tocándola por todos lados y así seguíamos hasta terminar con un sexo fenomenal.

Supongo que como ella notaba mi evidente calentura al hablar de cosas cornudas empezó a ser demasiado obvia, pues el colmo fue que varias veces yo la veía irse con tanga (ella se tenía que bañar, vestir e irse antes que yo porque hacía como hora y media de camino a su trabajo y yo sólo 20 minutos al mío) por la mañana y cuando llegaba en la noche no traía nada, por lo que en lugar de preguntar me ponía mucho más burro y le daba unas cogidas de antología, ya después le preguntaba que donde habían quedado y ella con un descaro mayúsculo me decía que no sabía, y en lugar de molestarme casi siempre terminábamos echando otro polvo.


Finalmente, todo se supo un día hace unos dos o tres meses, ella llegó un viernes verdaderamente tarde (como a las 11 de la noche) y algo tomada, ella normalmente cuando va a irse de fiesta con amigas o compañeros de trabajo me avisa y yo trato de pasar por ella o esperarla, pero ese día yo no sabía nada, ella no se había comunicado conmigo y tampoco contestaba su celular, por lo que más excitado que preocupado (ya me imaginaba qué debía estar haciendo) la esperé pacientemente, cuando llegó se bajó de un auto negro bastante bonito que nunca había visto y que tardó bastante en dejar a mi esposa y arrancar, cuando entra a la casa y la veo un poco tomada, bastante despeinada y sin medias (ese día se las había llevado), pierdo la cabeza de excitación, la llevo a nuestro cuarto, la recuesto, le abro las piernas y al ver su tanguita noto que está completamente empapada de leche de hombre, solo atino a olerla y quitársela de inmediato, y dentro de su conchita veo como se está escurriendo un montón de semén, de leche de macho, por lo que sin preguntar ni decir nada empiezo a lamerle y comerle la panochita. Ella decía:

  • Así amor, así, que rico te comes mi conchita.

  • ……. …………… ……………….. Yo no podía hablar de la atascada que me estaba dando.

  • Cabroncito mío que rico estás comiendo, así cómete todo, límpiame bien, que rico cabroncito tengo en casa. Dice ella también la mar de excitada.

  • …… …………. ……………. En cuanto dice eso, mi verga estaba a punto de explotar, se la empiezo a comer mucho más rápido, mucho más profundo.

  • Cabroncito, para que salga todo debo ponerme en otra posición. E inmediatamente y sin preguntarme nada, ella me tumba boca arriba en la cama y se sienta en mi cara moviéndose frenéticamente mientras yo le sigo comiendo todo, y tenía razón, en cuanto se puso así varios goterones de semén cayeron diréctamente a mi boca y a mi lengua.

  • ¿Te gusta el sabor que traigo? ¿Te gusta a qué sabe tu putita? Me decía ella.

  • mmmpppfffffgghhhhh, si, si. Pude contestar.

  • ¿Y qué sabor le traje a mi cabroncito? Pregunta ella a punto de llegar al éxtasis.

  • Me la quito de encima y le contesto. -Traes el mejor sabor, el sabor a leche de otro hombre. Contesto totalmente perdido.

Después de esa contestación ella y yo nos corrimos como unos locos. . . . . . .

Continuará.

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Sobre el autor: albertinCornudin

luna dice:

Muy buen relato!!! Me encanta ver otra polla en el coño de mi chica y me encantaría saborearlo como tu, rebosante de leche de otro, pero ella eso no lo permite siempre usa preservativo.
Besos a tu putita.

 

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