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Cosas de borrachas

14 de febrero de 2009

Al sentir como su verga se deslizaba, suavemente, del todo dentro de mi húmeda vulva, dejé de pensar en tonterías, y me concentré en el tremendo placer que hacía años que no sentía. A medida que Sergio continuaba metiendo y sacando rítmicamente su verga de mi cuerpo, yo comencé a mover mis caderas de un lado a otro, recordé como lo hacía cuando mi ex marido, se acostaba conmigo.

Nunca pensé, que yo llegase hacer las cosas que he hecho. Mi nombre María de los Ángeles, pero me dicen simplemente Mary, en realidad soy una empleada bancaria, madre de dos hijos que dejaron de ser adolescentes no hace mucho, divorciada, y un sinfín de cosas más, entre otras pertenezco al club de damas de la iglesia. En fin tengo tantos y tantos compromisos que en raras ocasiones tengo tiempo para mí misma. Por lo que cuando una de mis compañeras de trabajo, me invitó a que la acompañase a ver al cantante Marc Antoni en el Coliseo, y yo darme cuenta de que si podía ir, acepté de inmediato sin pensarlo dos veces.

Realmente disfrutamos mucho el concierto, pero a medida que Marc Antoni cantaba sobre el escenario, tanto mi amiga como yo, nos fuimos tomando una que otra cerveza, cosa que ninguna de las dos está acostumbrada, y al final cuando salimos, nos quedamos con ganas de seguir la fiesta. Por lo que como habíamos dejado los autos en casa, tomamos un taxi para ir a uno de los hoteles de Isla Verde, que tiene casino y salón de baile. Desde que llegamos unos cuantos tipos nos invitaron a bailar, pero mi amiga y yo, decidimos esperar a ver si veíamos algo mejor, pero mientras tanto pedimos un par de tragos, que nos trajeron a la mesa donde nos encontrábamos sentadas. A mí me trajeron un sex on the bich o algo que suena parecido a eso, mientras que mi amiga se tomó un vodka con jugo de naranja o china como le decimos en Puerto Rico.

Por segunda ocasión se nos acercaron un par de hombres, y de manera agradable comenzamos a charlar con ellos, y desde luego que nos pusimos a bailar, al regresar a nuestra mesa, nos volvieron a servir otros tragos, que invitaron ellos cortésmente, y así comenzamos a pasar la noche. Solo que como mi amiga y yo no estamos acostumbradas a beber, me mareé rápidamente, y comencé a comportarme como una verdadera estúpida, al igual que mi amiga. Ya que cuando Sergio, el que era mi pareja en ese momento, comenzó a pasar sus manos por mi espalda y poco a poco las fue bajando hasta mis nalgas, mientras bailábamos bien pegados, debí dejarlo en el medio de la sala bailando solo, pero como hacía tanto tiempo que un hombre no me tocaba de esa manera, en lugar de eso lo que hice fue ponerme a reír como una tonta colegiala.

Durante el resto de la noche, Sergio mientras bailábamos, no dejó de manosear todo mi cuerpo. En ocasiones hasta me subía la falda del vestido descaradamente, mientras que yo sentía como me agarraba firmemente mis nalgas, frente a todos los presentes, el espectáculo que di de nada más pensarlo me muero de vergüenza.

Mientras que a mi amiga le iba igual o peor que a mí, ya que su pareja, que Sergio y ella le llamaban el gordo, cuando nos acercábamos a la mesa, vi claramente como él le tenía metida toda su mano entre las piernas de ella, y Julia con una cara de estúpida sorpresa permanecía quieta, sin hacer nada por sacar esa mano de entre sus piernas.


Al pedir la cuenta Sergio y el tal gordo, fueron a la recepción del hotel, y cuando regresaron, nos invitaron a seguir la fiesta en su habitación. Cosa que en otros momentos de seguro tanto Julia como yo hubiéramos dicho que no, pero en esos momentos, las dos estábamos tan borrachas que aceptamos de inmediato.

Apenas entramos a la habitación, llegó un mozo con un carrito de bebidas, las que dejó luego que Sergio, le dio una propina. Ya dentro de la habitación, Sergio y el gordo nos volvieron a servir, la verdad es que no se que era, lo que sí sé es que las dos nos las tomamos, casi de inmediato.

Mientras tanto Sergio y el gordo tomaron asiento, y nos pidieron que por favor bailásemos para ellos, lo que mi amiga y yo comenzamos hacer, y a medida que bailábamos, uno de ellos dos nos pidió que nos pusiéramos más cómodas, que nos quitásemos la ropa, y por estar tan y tan borrachas eso nos pareció una tremenda gracia, y que tanto Julia como yo nos fuimos desprendiendo de parte de nuestras ropas, y a medida que lo hacíamos, ellos nos seguían diciendo que siguiéramos, hasta que cuando ambas estábamos en pantis y sostén…

Sergio me dijo que tenía un hermoso cuerpo el cual le gustaría verlo todo desnudo. Y yo de pendeja que me quité lo poco que tenía encima puesto, y Julia casi al mismo tiempo hizo lo mismo.

Algo avergonzadas, las dos nos sentimos un poco cortadas, y con el mareo que teníamos, nos sujetamos la una de la otra. En eso el gordo nos dio otro trago, y comenzó a decirnos que se veía que ambas éramos muy buenas amigas, y la tonta de Julia le dijo que sí. Sergio por su parte, continuó diciéndonos. Bueno si es que son tan buenas amigas por qué no nos lo demuestran y se dan un amistoso abrazo.

No sé en qué pensaba yo, pero de inmediato sin perder tiempo abracé a Julia y ella a mí, así nos quedamos desnudas y abrazadas la una a la otra, por unos instantes, sin movernos, sintiendo el calor de su piel contra la mía, hasta que nos vimos a los ojos mutuamente. Algo nos pasó a las dos, ya que mientras Sergio seguía preguntándonos ¿qué tan buenas amigas éramos? Comenzamos a besarnos en la boca, al principio fue algo suave y un ligero rocé de nuestros labios, pero en cosa de segundos, las dos nos estábamos besando de manera ardiente. Entre besos y caricias tomamos asiento en una de las camas, y a medida que más nos besábamos y acariciábamos, más deseaba seguir pegada al cuerpo de mi amiga. No sé que me motivó a besar sus senos, mientras que ella me los colocaba contra mi cara.

A medida que la seguía besando, sentí su mano sobre mi coño, y de manera instintiva creo que abrí las piernas. Las dos nos habíamos vuelto como locas, por el cuerpo de la otra, mientras que el gordo y Sergio nos observaban sin perder detalle de lo que nosotras hacíamos sobre la cama. Su coño de repente lo tenía frente a mi boca, lo siguiente que recuerdo es que comencé a lamer su clítoris insistentemente, Julia estaba igual que yo de derrapada, y sus dedos o mejor dicho una de sus manos casi entraba completamente dentro de mi coño. Nuestros gemidos y chillidos, creo que se debieron escuchar por todo el pasillo del hotel. Hasta que tanto ella como yo sentimos esa explosión d amor dentro de nosotras.

Al rato el gordo ayudó a levantar a Julia, mientras que Sergio ya del todo desnudo, se recostaba a mi lado y comenzaba a penetrar mi coño con su verga. Por unos instantes me paralicé y me acuerdo de haberme preguntado a mí misma, que carajo estaba haciendo en ese lugar y con ese hombre que no conocía. Pero al sentir como su verga se deslizaba suavemente, del todo dentro de mi húmeda vulva, dejé de pensar en tonterías, y me concentré en el tremendo placer que hacía años que no sentía. A medida que Sergio continuaba metiendo y sacando rítmicamente su verga de mi cuerpo, yo comencé a mover mis caderas de un lado a otro, recordé como lo hacía cuando mi ex marido, se acostaba conmigo.

En cierto momento volteé a ver a Julia, para ver cómo le iba con el gordo, que de gordo hasta ese momento no tenía nada, y me sorprendí a mi amiga mamándole la verga, en ese instante comprendí porque le llamaban el gordo. Por un buen rato Sergio, mantuvo esa posición, pero luego cambiamos, colocándome yo sobre su cuerpo y nuevamente sentí como su verga entraba y salía de mi coño, hasta que comencé a sentir que algo me tocaba el culo, al voltear vi al gordo apuntando su gruesa verga contra mis nalgas, y a Julia colocando su coño contra mi cara nuevamente.

El resto de la noche, estuvimos cambiando de pareja una y otra vez. En uno de esos cambios el gordo me puso a mamar su verga mientras que Julia se la mamaba a Sergio. Cuando las dos nos despertamos, al sentir que de momento entró un fuerte rayo de sol, que nos encontró a las dos, desnudas, y abrazadas, acostadas juntas en la misma cama, y frente a nosotras la señora que debía arreglar la habitación, deseaba que la tierra me tragase. De manera sarcástica la señora nos dijo, si gustan las señoritas puedo regresar en media hora, ya que debo arreglar la habitación porque los nuevos huéspedes entran a las tres de la tarde.

Julia y yo nos levantamos, rápidamente nos dimos un duchazo y nos vestimos, por lo menos yo con un fuerte dolor de cabeza. Por lo mucho que había bebido, por todas partes olíamos a sexo, más que avergonzadas casi ni nos dirigimos la palabra. Hasta que ya en el ascensor, mutuamente nos preguntamos que nos había pasado. Julia y yo por unos días ni nos hablamos, en mi caso más por vergüenza que por otra cosa, hasta que como a la semana, volvimos a hablar. Quedamos en no decirle a nadie nada de lo sucedido, pero también nos dimos cuenta de lo mucho que nos podemos divertir solas las dos.

Autor: Narrador

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