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CUENTO PAISA

11 de agosto de 2007

Este relato fue construido entre mi esposa y yo cada uno dando sus puntos de vista sobre una fantasía que hicimos realidad.

ÉL: Mi nombre es Julián soy maestro tengo 30 años soy un hombre normal pero lleno de fantasías, mi mujer es una hermosa latina cabello rubio, ojos rasgados, cuerpo bien definido, tetas redondas y un gran culo toda una maquina de sexo totalmente provocativa.

ELLA: Mi nombre es Daniela soy zootecnista tengo 24 años me encanta el sexo y mucho más las fantasías, mi marido es un hombre de cabello negro, alto, musculoso, con una verga inmensa y un tigre en la cama.

Una de nuestras fantasías era un trío, lo descartamos por el momento, otra era que mi marido tuviera sexo con una negra, también la descartamos y la otra era que yo tuviera sexo con un hombre cualquiera, escogimos la última opción.

ÉL: Estábamos próximos a la graduación de la preparatoria y nos dimos a la tarea de escoger el amante que mi mujer iba a devorar aquella noche y fuimos descartando hombres por pinta o por otros motivos, a lo cual estuvimos de acuerdo en elegir a un joven discípulo mío, de 19 años de edad y muy popular entre las chicas, mi mujer estuvo de acuerdo.

ELLA: desde hace tiempo yo veía con buenos ojos el muchacho pero siempre lo respeté por ser estudiante de mi marido pero me parecía apuesto.

Su nombre es Diego, tiene 19 años, de cabello castaño claro, baja estatura, piel blanca y super popular en aquel colegio me enteré que había mujeres que pagaban por sus servicios sexuales lo cual me llenó de curiosidad y de ganas, no podía evitar mirarlo con ojos de pervertida, imaginándome su verga dentro de mi, yo se que Julián lo había notado, por eso él mismo propició las cosas, no veía la hora de que llegara el momento.

LA NOCHE

ÉL: Estábamos en plena fiesta de graduación muy pasados de copas y de pronto apareció, eran las 2 de la mañana y como de costumbre se acercó a nosotros a saludar, y observé como mi mujer lo miraba de provocativa y caliente, comenzamos a bailar y entre más rato Daniela lo seducía con su baile, se veía calentísima pero dejé que el juego continuara.

ELLA: Me sentía calientísima ya quería comérmelo y mi marido lo invitó para la casa, por el camino ya me imaginaba como iba a ser la culeada que le iba a pegar. Llegamos a la casa, entramos derecho para la cocina, hablamos un poco y mi marido y yo nos guiñamos el ojo y él salió con el pretexto de ir y comprar licor. Cuando sentí que cerró la puerta comencé a seducirlo y a decirle cosas obscenas para hacerlo calentar, me acerqué y sin perder tiempo, por fin lo tenia en mis brazos, lo besé apasionadamente, mi concha estaba húmeda y caliente de ganas de tener esa verga adentro, le quité su camisa, y con mis manos cogí su trozo hinchado, él retiró mi blusa y besó mis senos chupándomelos con fuerza haciendo acalambrar mi cueva mojada, y decidimos irnos para la cama donde mi marido y yo compartíamos todas las noches.

ÉL: Cuando salí sentí como había dejado a mi mujer en la boca del lobo y me tome unos cuantos rones para tranquilizarme un poco y decidí regresar, en silencio entre por el jardín y me dirigí a una ventana para escuchar que estaba pasando, ese sonido era inconfundible estaban deshaciendo de sus ropas en medio de besos, manoseos y quejidos de placer.

ELLA: Al quitarnos la ropa se sorprendió cuando descubrió que no tenia bragas, la verdad nunca las uso, él comenzó a chuparme la concha con mucha fuerza y deseo, haciéndome mojar mucho más, pero yo quería chuparle su verga jugosa y carnosa y lo hice una y otra vez haciéndolo quejar de placer. Luego de esto me metió su trozo ocasionando quejidos en mi como una perra en calor una y otra vez. Hicimos varias posiciones y monté ese toro con su cacho fuerte y templado; la verdad el condón que mi marido me había dejado en la mesa de noche se me había olvidado lo record&e

acute; y se lo puse para evitar que me lo echara adentro.

ÉL: Al sentir los gemidos de mi mujer traté de entrar para unirme a la fiesta pero era imposible hacerlo sin hacer bulla. Tenía mi verga tan parada que la saqué para hacerme una buena paja, pero encendieron una luz vecina y tuve que desistir. Yo sabía las ganas de mi mujer por comerse ese muchacho aunque con susto pero al fin le ayudé.

ELLA: Ya estaba cansada de tanta pija y no lograba hacerlo botar decidí quitarle el condón para terminar más rápido y tenía miedo que mi esposo se pusiera impaciente y llegara en cualquier momento. Después de otro rato por fin tuve mi orgasmo en medio de gritos y pude despachar ese semental que vació su leche caliente en lo más profundo de mi concha.

Le advertí de no contar lo sucedido me preguntó si lo volveríamos a repetir yo con mucha emoción le dije que de pronto habían posibilidades, no pensé en lo que fuera a pensar mi marido si se hubiese dado cuenta de aquella respuesta si estaría de acuerdo de que volviera a suceder, por mi parte yo estaría dispuesta. Acabó su cena y en esas entró mi marido y estaba dispuesta a terminar bien la noche con él.

ÉL: Cuando entré lo vi salir con la cabeza agachada pero se despidió de mi y se fue en medio de la madrugada, mi mujer me recibió con un beso que olía a sexo lo mismo que su cara y su cabello enredado, pero estaba muy caliente y quería cogerla también.

ELLA: Terminó todo me pareció algo espectacular recibí a mi esposo me fui con él a la cama y también me lo comí con fuerza y tuve otros dos orgasmos quedando extenuada y con ganas de dormir. Ahora, ¿que seguirá? Al día lunes el ejército se llevó a Diego para muy lejos así que esta fue su despedida.

El juego había terminado y quedé con ganas de volver a repetir la experiencia y él también.

¿Que pensará mi marido?.

Autor: Juan Carlos

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