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DE COMO PREÑE A MI TIA CONSUELO

17 de abril de 2007

Saludos a todos los lectores. Lo que vengo a relatar es un hecho real que sucedió hace 29 años y que espero que comprendáis.

Todo sucede en el año 1980, a la edad de 18 años que como podéis imaginar es una etapa en la que los adolescentes descubrimos nuestro cuerpo y nos hartábamos de fantasías eróticas y revistas “porno” ya que en aquellos años y yendo a un colegio de curas en Valladolid la información sexual brillaba por su ausencia. Lo que me aconteció en aquel verano del 78 tuvo mucha influencia en mi personalidad y comportamiento sexual futuro, aparte de ser un evento muy duro para mi tía a la que marcó de por vida.

Años atrás yo había descubierto lo que era una masturbación, la primera ocasión en la ducha, quedé fascinado del tamaño que alcanzaba mi pene y lo gordo y morado que se me ponía el capullo cuando le enchufaba el chorro del teléfono de la ducha directo al glande hasta que alcancé el clímax y comenzaron unas sacudidas escalofriantes que nacían desde mi interior y escupían esos generosos chorretones de esperma saliendo disparados fuera de la bañera a una distancia alucinante.

Tras la memorable 1ª corrida que tuve me quedé relajado y pensaba en las mujeres que más me podían atraer en ese momento y que tenía cerca: mi profesora de inglés Ms. Jane y mi Tía Consuelo… A partir de esa primera vez mis visitas al baño eran muy habituales y mis fantasías con ellas, cada vez más atrevidas. No os he hablado de mi tía Consuelo, ella era en aquel entonces una mujer madura de unos 39-40 años, hermana de mi madre que eran 3 hermanas y un hermano, de los cuales era la única que no se había casado y por aquel entonces vivía en casa de mis abuelos paternos que habían fallecido años atrás. Recuerdo las discusiones que mi Madre tenía con ella de que: “tienes que buscar un novio formal y casarte porque esta situación no es normal y tal y cual…”

El caso es que tía Consuelo tuvo algún noviazgo esporádico, pero no cuajaron y ninguno sabíamos “porqué” y a mi realmente no me importaba ya que lo que realmente me obsesionaba de ella era su tipazo, medía casi 1,80 bastante más que el resto de sus hermanos con unos pechos impresionantes unas piernas bien torneadas tirando a rellenita pero sin estar en absoluto gorda, unas manos delicadas y cuidadas y pelo rubio con el peinado típico a la “laca” que se hacían las mujeres y una cara que encantaba. A la vez era delicada en sus maneras y educación y muy creyente y devota por lo que al incluirla en mis fantasías me costaba un poco imaginármela desnuda a mi lado dejándose hacer o acariciándome, pero… torres más grandes han caído. Tía Consuelo era una más en la familia, comía todos los Domingos con nosotros y entre semana también frecuentaba la casa siempre dispuesta para ayudar a sus sobrinos o hermana, ya que el resto de sus hermanos se instalaron a trabajar en Madrid.

Recuerdo aquel verano del 80 cuando en Julio mi tía nos comentó que iba a pintar la casa, pero que el presupuesto que le habían pasado los pintores era muy elevado y estaba valorando la posibilidad de comprar la pintura y hacerlo ella misma buscando alguien de ayuda. Mi padre comentó: Pues claro Andrés, ayuda a tu tía que ya me ayudaste a mí la pasada Semana Santa a pintar el Salón y no se te daba nada mal… Por mí encantado tía, estoy de vacaciones y puedes contar conmigo… ya verás que bien te lo hago… Perfecto se alegró ella con un brillo especial en sus ojos, pero no te creas que trabajarás en balde Andresín — que así me llamaba – tendrás tu recompensa. Mañana compraré la pintura y las brochas y el martes comenzamos si te parece bien….Perfecto Tía, nos vemos en tu casa el Martes a las 9:00.

Y así fue como me encontraba el martes en el autobús en dirección al centro – donde vivía mi tía — iba muy ilusionado ya sintiéndome más

maduro por poder ayudar a mi tía que había agradecido nuestro ofrecimiento y que gracias a mí ahorraría mucho dinero pintando toda la casa. De alguna manera me sentía su protector y eso me produjo una sensación de cariño y a la vez porqué no decirlo de lujuria.

Llegué a su casa y me recibió como siempre con su sonrisa y un beso muy fuerte, Venga vamos a desayunar que he preparado café y churros… ella sabe que me encantan los churros pero no reparó que no tomo café pero yo no la dije nada y entré en la cocina con ella para desayunar, en ese momento y al cruzarse mi tía por la ventana de la cocina me fijé en su ropa, que consistía en un vestido de manga corta ceñido, color negro que le llegaba a las rodillas que remarcaba su cuerpo y mostraba el contorno de su pecho y sus piernas que me volvían loco y habían sido motivo de más de una buena paja. Mi tía Consuelo estaba especialmente feliz, yo lo achaqué a la vida solitaria que estos días cambiaría por la compañía de su sobrino preferido como ella decía con el que trabajaría mano a mano remozando su casa… El calor que hacía era tremendo ya que estábamos a mediados de julio y lógicamente sin aire acondicionado, por lo que yo vestía una camiseta blanca con unos levi’s cortados a tijera muy cortitos que solía usar de bañador y unas playeras.

Preparamos todo el material, abrimos el bote de pintura para el salón y nos repartimos el trabajo: tía tú ve colocando cinta protectora en los marcos de puertas e interruptores y yo iré pintando los bordes con la brocha y me subí a la escalera. Al comenzar a pintar me di cuenta que no llevaba calzoncillos ya que esa prenda es un bañador, pero al ser casero y no tener la bolsita esa que cubre el paquete, este campaba a sus anchas bajo la tela vaquera y ahí subido en la escalera reparé en que mi tía desde abajo podría divisar mis partes íntimas, lo que me pareció un poco indecente y atrevido pero, que podía hacer, ya era tarde para cambiar de vestuario… Mi tía continuaba colocando cinta con poca maestría la verdad, ella hablaba sin parar de cosas banales y yo no le hacía caso, pero al rato me fijé que mi tía contemplaba mi trabajo de cuando en cuando y con bastante detenimiento: Qué bien lo haces Andresín, hay que ver cómo pintas el borde del techo sin salirte ni un milímetro… yo de refilón me di cuenta que mi tía la pobre se quedaba hipnotizada con otro borde, el de mi pantalón por cuya holgura se podían divisar mis pelotas y mi pene que por el momento se mantenían en sus dimensiones y postura de reposo.

Luego de una media hora de trabajo y tras múltiples observaciones de mi tía a mi entrepierna, ambos estábamos muy sudados : yo por los malabarismos que realizaba sobre la escalera y ella por su trajín tapando marcos y quizás también por el morbo y excitación que le producía su sobrino subido a la escalera a su merced mostrándole obscenamente sus partes, de las cuales el nabo en aquel momento se encontraba ligeramente morcillón, que por si no lo sabéis es un estado del mismo en el que sin llegar a levantarse se comienza a inflamar por la calentura adquiriendo mayor volumen, pero colgando por lo me veía obligado a ir cambiando de postura y a acomodármelo con disimulo continuamente pues aparecía la punta por debajo cada dos por tres, provocando sin duda en mi tía Consuelo un acaloramiento y una excitación que la jamás había experimentado. La pobre estaba sofocada con ese traje ceñido que la tenía toda sudada y me dijo : Andresín yo no se tu, pero yo me voy a duchar y voy a ponerme algo más ligero, no aguanto este calor… Vale tía adelante, yo continuaré y más tarde me refresco.

A los veinte minutos apareció mi tía con el pelo mojado (sin laca) y su melena larga, parecía una Diosa, salvo en su atuendo algo más irreverente, ya que nunca la había imaginado así: Llevaba un vestido finísimo color amarillo sin mangas y con la falda muy por encima de las rodillas (minifalda), la tela trasparentaba sensiblemente el interior de sus formas y a mi parecer habían desaparecido el sostén y las bragas, ya que los pechos se marcaban muy reales al contacto de la suave tela en especial sus enormes pezones y también me pareció vislumbrar su oscuro vello púbico al trasluz…..O quizás eran imaginaciones mías y por otro lado hac&i

acute;a tanto calor que no tenía que ser ninguna provocación ni descuido intencionado por parte de mi tía, el caso es que cada vez que la veía me maravillaba de observar esas tremendas tetas de punta y en otros momentos era ella la que disimuladamente miraba mi entrepierna y el descubrirla me producía tal excitación que terminé empalmándome de mala manera, por lo que decidí huir al baño a refrescarme antes de que me llamara la atención por exhibir semejante verga delante de sus narices, pero con la precipitación sufrí un resbalón arañándome con el gancho de la escalera desde la mitad del muslo hasta encima de la cadera.

Menos mal que caí al suelo boca abajo y con el dolor del golpe y la rasgadura se me pasó el calentón volviendo mi polla el estado de reposo. Mi tía pegó un grito monumental. ¡Andresín qué ha pasado hijo mío! Nada tía no te preocupes he resbalado y creo que no me he hecho nada salvo esta rasgadura. No te preocupes siéntate en este sofá que ahora traigo el botiquín y te curo. Al momento estaba pertrechada con gasa algodón alcohol, agua oxigenada y mercromina. Ahí empezó el problema: Mi tía no se cortó y empezó a lavarme la herida a la altura del muslo con algodón y agua oxigenada, yo me iba calentando. Andresín tengo que retirarte el pantalón y ver la herida que te has podido hacer por ahí dentro, yo no dije nada y ella me alzó y se puso de rodillas frente a mí desabotonando el pequeño pantalón y bajándolo cuidadosamente para no rozar mi herida ni mis genitales, la escena que contempló al bajarme el pantalón a los tobillos debió embelesarla: una verga morcillona con su buen par de pelotas a un lado y al otro un ligero raspón al que simulaba prestarle atención de forma poco convincente.

En ese momento y desde arriba comprobé con certeza que mi tía no llevaba sostén y por el escote descubrí la décima maravilla del mundo: sus pechos (talla 95), con los pezones color café con leche totalmente empitonados y orientados hacia arriba, creí morir: Mi tía mi objeto de deseo, estaba frente a mí empalmada como una perra en celo, me había bajado los pantalones y contemplando mi verga a la vez que iniciaba temblorosa una cura de urgencia desde la ingle hasta la cintura. Aquello era insostenible yo intentaba concentrarme para no excitarme pero al sentir la primera caricia del algodón en la ingle mi cipotón reaccionó e inició un ascenso en la misma dirección en la que mi tía manipulaba hasta que se pegó a su mano, momento en que mi tía dio un respingo al notarla y sin mirarme a la cara con su palma lo retiró suavemente sintiendo el calor y la potencia del miembro de su sobrinito que sin poder evitarlo siguió elevándose y descubriendo su capullo a la vez que mi tía lo seguía con los ojos temblando, se le cayó el bote de agua oxigenada y el algodón pero esos enseres ya ni existían para ella, lo único en el mundo era ese tremendo pollón majestuoso que se erguía a un palmo de su cuerpo y que le atraía como un imán, como un diablo…

La pobre no pudo aguantar más y mirándolo lo acarició balbuceando algo así como: pobrecito, el rasguño ha excitado esta cosota y no puede reprimirse y poco a poco y sin mirarme a la cara lo asió con fuerza como queriendo sentirlo en sus delicadas manos y comenzó un movimiento de vaivén subiendo y bajando la piel que no era sino la paja mejor hecha en mi vida. Poco tardé en llegar al clímax debido al estado de excitación que estaba soportando desde hacía una hora y de repente el capullo alcanzó su máximo esplendor y retorciéndome empecé a chorrear como un animal manchando a mi tía la cara, su vestido los pechos y todo el suelo mientras ella seguía con frenesí pajeándome como una poseída y llorando como una magdalena.

Fue una corrida sin parangón, había pringado a mi tía toda su linda cara y parte del vestido, en especial sobre su pecho, que al intentar limpiar con las manos transparentaba unos pezones gordísimos con unas puntas que parecían avellanas sin pelar. En seguida reaccioné y un sentimiento de culpa me invadió: había seducido a mi pobre tía que estaba tan falta de afecto y sexo que al verse expuesta a un cuerpo joven con esa verga tan grande contoneándose delante de sus narices la había he

cho traicionar sus más férreas creencias y códigos de moral y había sucumbido a la lujuria e incluso… al incesto.

La tomé delicadamente de la cintura y nos dirigimos al baño. Ella seguía llorando y no me dirigía la mirada solo me decía perdona Andresín hijo mío no se lo que he hecho pero has explotado como una fiera… ¿te he hecho daño mi amor? Tía le dije, no tienes que sentir culpa de nada tú eres una mujer y yo un hombre y por lo que he leído estas cosas a veces suceden, pues los sexos opuestos se atraen, no solo no me has hecho daño sino que nunca había sentido mayor placer me has hecho ver las estrellas, tía Consuelo, y ahora vamos a limpiarnos. Me metí en la ducha para quitarme todo el esperma y el sudor que tenía pegado e invité a mi tía a entrar, ella estaba tan alucinada con la experiencia y tenía tal cantidad de leche extendida por brazos, cara y vestido que no se le ocurrió poner pegas y entró en la ducha.

Tía te quitaré el vestido que lo hemos dejado para el arrastre y ahora te ayudaré yo a limpiarte. Ella se dejó hacer dándose la vuelta, le bajé la cremallera y ahí apareció esa maravilla, efectivamente no llevaba bragas ni sujetador, me creía el Capitán Trueno y abrí el grifo comenzando unas suaves caricias por su espalda muslos hasta que la giré y descubrí sus magníficas tetas mirándome altivas, como desafiándome y abajo mi vergón que nuevamente se hallaba como un palo suplicando una vagina en la que estrenarse. La arrimé a mi pecho y mi tía notando mi potente verga entre sus muslos (no les he dicho que me sacaba una cabeza) me empujó hacia atrás con cariño diciéndome: Andresín esto sí que no va a ser posible, tú ya eres un hombre y además mi sobrino y lo que podemos acabar perpetrando es un incesto, uno de los peores pecados que de la lujuria que se pueden cometer.

Era cierto todo lo que me decía, pero a la vez se había metido desnuda en la ducha con su sobrino al que acababa de masturbar sin mediar palabra, esto no podía parar de esa manera y menos con el calentón que me había provocado así que la tomé entre mis manos y le dije: Tía amor mío como me vas a dejar así – y la verdad ver mi pedazo de verga daba miedo – me arrimé a ella y le di un beso en la mejilla otro en la comisura de los labios y después comencé a comerle la boca y a acariciarle los pechos. Sus pezones estaban súper gordos y muy duros y comenzó a gemir y a susurrarme: Puedes acariciarme y rozar tu cosota por mis muslos, pero no me la metas mi amor porque seguro que sucumbo de placer y me dejas embarazada.

Comencé a besarle el cuello, los pezones, sus jadeos cada vez eran más continuos e intensos, me lancé y acerqué mi mano a su pubis mientras el agua corría por nuestros cuerpos y lentamente separé su vello descubriendo sus labios vaginales y un botón que comencé a frotar delicadamente. El coño le ardía y destilaba almíbar caliente mientras sus piernas temblaban hasta el punto que se tuvo que apoyar en mí, para no caerse al iniciar lo que descubrí como un orgasmo femenino: chillaba como un animal y me clavaba las uñas en la espalda mientras se contorsionaba como un malabarista y le vibraba la entrepierna…

En ese momento en que la tenía entregada continué sobándole las tetas y apunté mi verga a la entrada de su cueva que estaba muy dilatada, no observé ningún rechazo, bien al contrario seguía aferrándome y clavando sus uñas en mi espalda, pero por la diferencia de altura comprendí que no la podría penetrar como deseaba por lo que apagué el agua y me senté en el borde de la bañera con mi polla mirando al techo y le tendí la mano, ella aún cubierta de agua tenía muy claros mis deseos y los suyos : salió de la bañera se arrimó a mi lado y abriéndose de piernas se sentó sobre mí sucediendo lo que tenía que suceder le fui hincando poco a poco cada centímetro de mi polla hasta que en un momento noté una pequeña presión y un gemido de mi tía:

Mi amor acabas de desvirgarme, me dijo y comenzó un sube y baja o un mete y saca como queráis llamarle, que nos llevó a ambos a la gloria: Consuelo se corrió tres veces, yo como ya me había sido masturbado previamente, duré lo suficiente como darle esos tres

placeres.

Nuestro fallo de principiantes fue descuidar mi eyaculación, que con la emoción llegó desprevenida llenándola las entrañas de mi leche y que provocó su embarazo pero esto, como el final de la pintura en su casa es otra historia que ya les contaré…

Autor: Marenostrum

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