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De visita en casa de mi tía

19 de abril de 2009

Comenzó de nuevo a correrse. Saqué la polla de su coño y la llevé directamente a su culo, apoyé el glande en la entrada y comencé la penetración, primero suave, con mucha delicadeza. Acabé teniendo toda mi polla en su interior y embistiéndola como si follase su coño, se corría continuamente, parecía haber enloquecido. Finalmente me corrí de nuevo, en el interior de su culo.

La historia que os cuento me sucedió hace tres semanas, mi nombre y el de la otra persona los oculto por razones obvias. Estoy casado, vivo en una ciudad de provincias y sería fácil identificarme.

Hace aproximadamente 10 años, falleció un hermano de mi madre, que vivía en Asturias, con el que teníamos una relación inmejorable, no solo con él sino con su mujer, mi tía, y sus dos hijas, mis primas. El pasado lunes, hacia las tres de la tarde, decidí visitar a mi tía, a quien hacía meses no veía. Cuando llegué a su casa, estaban también mis primas, que habían terminado el almuerzo y se disponían a tomar café.

Me sirvieron un café, en la misma cocina, y me apoyé sobre la encimara, de espaldas a la misma. Mi tía con quien siempre he tenido una relación especial de amistad y cariño, se situó delante de mí, apoyando su trasero en mis piernas, al tiempo que yo la abrazaba por los hombros, permanecimos así bastante rato hablando con mis primas, mientras consumían su café.

Quizás el hecho de que mi tía vestía solo una bata de seda de las de andar por casa, o sentir su cuerpo rozando al mío, la cuestión es que comencé a excitarme y sentirme un tanto violento, pero no dije nada, aunque me hubiese gustado que mi tía se apartase de mí.

Lejos de ello, debió notar mi excitación, pues cada vez que podía se movía apretando su culo contra mi pene ya totalmente erecto. Así permanecimos bastante rato, charlando todos y comentando viejos recuerdos de familia. Llegó un momento en que mis primas tuvieron que marcharse cada una a su trabajo, mi tía se apartó de mí, abandonando su postura, mis primas se aproximaron y me dieron un beso de despedida.

Mi tía las acompañó hasta la puerta y volvió a la cocina. Joder con lo a gusto que estaba apoyada sobre ti y estas chicas han estropeado el momento. Dijo esto pronunciando la palabra apoyar de una forma un tanto especial. Yo había abandonado mi posición anterior y me había sentado en una de las sillas que mis primas habían dejado libre. Bueno, le contesté, si es por eso, no te preocupes me pongo de pie y te acoplas de nuevo. Así lo hice y me volví a colocar en el sitio anterior. Ella no se hizo esperar, acopló su culo entre mis piernas, al tiempo que cogía mis manos y las colocaba en sus hombros. En cuestión de segundos estaba otra vez totalmente excitado.

Ella lo notaba bien, pues movía su trasero en círculos de una forma suave y lenta. Apoyé mi cara sobre su cuello y la besé suavemente, apenas rozándola con los labios. Ella se giró un poco y besó ligeramente mis labios. Ni que decir tiene que yo estaba a mil. Introduje mis manos entre su bata buscando los pechos y encontré los pezones totalmente erectos, excitados, los masajee con la yema de mis dedos con suavidad. Sus pezones eran enormes, y para su edad, sus pechos se mantenían erguidos (ella tiene ahora mismo 53 años).

La situación se calentaba por momentos, con su mano izquierda comenzó a tocar mi polla al tiempo que se apretaba un poco para poder cogerla por encima del pantalón. La ambiente era de lo más excitante, ya no podía más, abrí su bata y comencé a chupar sus pezones. Cogiéndome de la mano, me llevó al salón. Ven, aquí estaremos mejor. Desabrochó mi cinturón y bajó mi pantalón. Mi polla estaba totalmente erecta, a punto de reventar. Se agachó y con suavidad fue dándole ligeros lametones con su lengua, comenzó por el glande y terminaba por los testículos, repitiendo de nuevo. Yo no podía más y cogiendo su cabeza, la obligué a que se introdujese mi pene en su boca.

Comenzó una de esas felaciones apocalípticas, jamás me la habían chupado igual. Cuando estaba a punto de venirme en su boca, ella se apartó. Me ayudó a desnudarme y me pidió que me sentase en el sofá. Abrió bien sus piernas y se sentó con suavidad introduciendo mi pene en su coñito, en ese momento totalmente mojado. Nada más sentarse se movió ligeramente y comenzó a gemir, estaba teniendo un orgasmo. Se quedó parada un momento, lo que aproveché para coger sus nalgas, levantarla ligeramente y comenzar a bombear. Tuve que soltarla y taparle la boca, pues temía que sus gemidos y gritos fuesen oídos por los vecinos, aquello era increíble, tenía orgasmos continuos, apenas me movía un poco comenzaba a correrse entre gritos.

Cambié de posición, la hice echarse en el sofá, levanté sus piernas flexionándolas sobre su pecho, dejando su coño a la vista perfectamente abierto, lo tenía totalmente depilado. En esta posición la penetración fue aún más profunda, colocó sus piernas sobre mis hombros y la penetré con fuerza, a cada movimiento pronunciaba un nuevo grito.

Aquello me excitaba aún más, hasta que finalmente me vine en su interior, justo en el momento en que ella se corría de nuevo. Me quedé encima de ella hasta que mi pene salió de su coño. Entonces me aparté y fui al baño a lavarme. Ella me acompañó, me hizo sentarme en el bidet y lavó bien mi pene y mis testículos, después me secó y volvimos al sofá.

A los pocos minutos, comenzó a masajear de nuevo mi pene que volvió a ponerse erecto. Comenzó a chupármela otra vez hasta que la erección fue total. Oye fóllame a lo perrito dijo al tiempo que se ponía a cuatro en el sofá con su culo elevado todo lo que podía. Espera, espera un segundo dijo al tiempo que cogía un bote de alguna crema y se masajeaba bien su coño y culo. Cogió un poco de aquella crema y la esparció por mi polla, que acto seguido introdujo en su coño.

Se movía fenomenalmente, bueno movía su culo a la vez que apretaba hacia atrás para que la penetración fuese más profunda. La posición tenía un morbo especial, sus tetas se balanceaban rozando sobre el sofá, sus pezones enormes estaban totalmente erectos, parecían dos pequeños penes, su coño se veía abierto y sus labios mayores se quedaban adheridos a mi polla, su culo de un marrón clarito se contraía a cada embestida que daba en su coño.

Como pude cogí el bote de crema y eché una buena porción en su culo, introduciéndole primero un dedo y luego dos, ella no decía nada, solo gemía y apretaba para que la penetración fuese más profunda.

Comenzó de nuevo a correrse. Saqué la polla de su coño y la llevé directamente a su culo, apoyé el glande en la entrada y comencé la penetración, primero suave, con mucha delicadeza. Pregunté si le hacía daño, no, no mete más por favor, méteme un poco más y muévete.

Acabé teniendo toda mi polla en su interior y embistiéndola como si follase su coño; intenté tocar su clítoris, pero su mano derecha me lo impedía, tenía al menos cuatro dedos en el interior del coño, se corría continuamente, parecía haber enloquecido. Finalmente me corrí de nuevo, en el interior de su culo. Estaba cansado por lo que saqué mi polla de su interior y fui de nuevo al baño para lavarme.

Cuando volví estaba en el sofá, abierta de piernas y con los dedos en su interior, estaba exhausta, apenas podía moverse, me aproximé, le di un beso y la ayudé a incorporarse, la llevé al baño y la ayudé a ducharse.

Oye, tenía muchas ganas de follarte sobrino, no te habías dado cuenta. Ha sido maravilloso, espero que vengas a verme de vez en cuando y que podamos repetir.

Ese día no lo he podido olvidar y estoy deseando ir a verla de nuevo.

Autor: Miguel

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