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Relatos eróticos Marqueze. El Sexo que te gusta leer.

por Vergador

En la gloriosa época de oro del cine mexicano, cuando se producían más de cien películas al año, en su mayoría de malas a muy malas, pocas fueron realmente buenas, fue cuando se abrieron múltiples y grandiosas salas, que con el tiempo y por muy variadas causas fueron desapareciendo. Para subsistir, algunas salas empezaron a proyectar cine porno.

Hacia 1990, hice mi primera incursión en cines porno del centro de la ciudad de México. Uno de los primeros al que asistí fue al Savoy, muy cercano al Eje Central, donde se encuentra la Torre Latinoamericana.

Ese día proyectaban una película italiana, ambientada a principios del siglo XX, supuestamente porno, pues sólo se les veían los pechos a las mujeres. Los tipos se montaban vestidos en ellas que gemían, pero nadie se desnudaba realmente, y de lo poco que me acuerdo de la historia e imágenes, es que había una actriz a la que su personaje sólo le gustaba por el ano porque quería seguir siendo virgen, la empinaban sobre un árbol y dizque la penetraban y al final descubrían que era hombre. En esa ocasión, un tipo me rozó ligeramente la pierna y de inmediato le retiré con energía la mano, se levantó y se fue. Terminé de ver la película y me fui.

Poco a poco le subieron lo explícito a sus películas, el viejo cine Savoy es el típico con asientos en la parte de abajo y otros arriba de la sala, esta última área, actualmente ha sido acondicionada para dividir el cine en dos salas de cine porno, la de abajo heterosexual y en la de arriba gay, primero le dedicaron un solo día (viernes), luego dos (lunes y viernes), luego tres y ahora no sé si diario. Pero desde que se hizo sala gay hace unos cinco años, sólo he ido en cinco ocasiones.

Espere como un año o dos para pisar nuevamente otra sala porno. Ahora fue al cine Teresa, una enorme, vieja, y el algún momento lujosa sala de cine de dos niveles muy amplios. De cine familiar paso a sala porno, tiene la taquilla sobre la acera, así que cualquiera que transite por el Eje Central puede ver a los que nos formamos para pagar y entrar.

Hacia 1992 me ponía nervioso de sólo imaginar que pudiera verme afuera o adentro alguien conocido, ahora sé que es algo poco probable en una ciudad de más de 20 millones de habitantes. Al entrar me sentaba en la última fila y colocaba en mis piernas la mochila que llevaba de la escuela, de forma tal que me permitiera discreta y cómodamente acariciarme el pene, y si un tipo se sentaba al lado mío, de inmediato colocaba la mochila en medio de mis piernas, con lo que tapaba todo y daba a entender que no habìa posibilidad de que pasara algo. Así la dejaba hasta que mejor desistía y se iba. Así en varias, muchas ocasiones hasta que…

Un día como cualquier otro en el que iba al cine Teresa, al atravesar las pesadas cortinas, me senté en mi lugar habitual,
hasta atrás de la sala.

En esa ocasión descubrí que podía haber sexo en el cine, en el primer asiento hacia el pasillo había un señor de pelo blanco, como de 60 años, con lentes. De rato, un tipo como de 35 años, 1.75, de complexión fuerte, varonil, de pelo ondulado, moreno y de bigote pidió permiso de pasar al señor de pelo blanco y se sentó junto a mí, de inmediato coloque mi mochila en señal de no querer nada y fije mi mirada en la pantalla, percibí que se sacó el pene, pero no voltié en ningún momento, entendió y se recorrió un asiento hacia el señor de 60 años.

En otras ocasiones percibía que algo pasaba en otros asientos pero me daba mucho miedo voltear a un lado o a otro, pero ese día me armé de valor y me di cuenta de qué pasaba. El tipo joven se sacó el pene, pude ver que era grande, estiró uno de sus brazos, el izquierdo que quedaba del lado del señor canoso, y apoyó su mano en el respaldo del asiento de adelante.

Entonces, observé que ese movimiento de brazo, facilitaba que el del asiento de a lado pudiera tocarle el pene y tapar un poco la mirada de curiosos cuando pasaban por el pasillo. La mano del señor se movía discretamente, con miedo o nervios. El moreno le dijo algo al señor, se levantó y se colocó de pie sobre el pasillo, al otro lado del señor, y tenía su pene afuera del pantalón, no entendía bien por que se levantó, pero el señor del pelo blanco optó por levantarse e irse.

El tipo del pene grande se sentó nuevamente, dejo libre el primer asiento hacia el pasillo, al poco rato llegó un chico como de 25 años, delgado se sentó y de inmediato estiró la mano y comenzó a masturbarlo frenéticamente, eso me tenía a mil, me atreví a sacarme el mío, pero aún con discreción. El moreno le dijo algo al oido del recién llegado y nuevamente se levantó y se colocó de pie del otro lado, sobre el pasillo, ligeramente recargado en el marco de la entrada, con el pene de fuera y…

El tipo sentado giró la cabeza y comenzó a darle una mamada muy vigorosa, con fuerza, durante unos cinco minutos, en ocasiones interrumpidos cuando alguien entraba a la sala. Finalmente terminó en la boca del mamador, se guardó el paquete y se fue, el que estaba sentado escupió el esperma y el ruido que hizo al caer todo lo que le dejó en la boca hizo que me viniera.

Así, pude ver el mecanismo de acción, alguien se sienta cerca, si te gusta subes tu brazo y colocas tu mano en el asiento de adelante, el otro estira la mano y te masturba. Visitas después, también me di cuenta que además podían mamarte la pistola estando sentado, sólo había que cuidarse del par de empleados del cine que de vez en cuando pasaban para echarte la luz e intentar impedir o sólo disimular que lo intentaban, y evitar que pasara lo que pasaba en toda la sala.

Al poco tiempo de esa experiencia me decidí a dejarme mamar la verga. Nuevamente ocupé mi tradicional lugar, de rato llegó un tipo de traje, algo gordito, serio, varonil, guapo, se sentó junto a mi, levanté mi brazo, el estiró su mano y me preguntó si quería que me la mamara, asentí con la cabeza, estaba muy nervioso y excitado. Y fue delicioso sentir su húmeda y cálida boca sobre mi cabezota caliente y dura. No alcanzaba a chuparme más allá de la mitad del pene, pero no iba a aguantar mucho y le pregunté si me dejaba venir en su boca. Dijo que sí, le sostuve la cabeza con mi otra mano y le aventé todo, sentí como no se daba abasto a chupar la cantidad que me salía y como caían algunas espesas gotas al piso.

Después de ese día comencé a ir al menos una vez por semana, y me fijé más en como estaba la movida en el cine, no siempre que iba dejaba que me la mamaran , pero cuando me dejaba les preguntaba si me dejaban echarles el esperma en la boca, si decían que no, no terminaba, los dejaba mamar y de rato me lo guardaba.

No es por sangrón, sino porque además que la tengo grande me salen como seis u ocho tiros espesos, abundantes, con mucha fuerza y no me gusta embarrarme, ensuciar respaldos o que la leche brinque al asiento de adelante o pudiera manchar a alguien.

Yo hasta esos días pensaba que esas eran buenas mamadas, pero no. En cierta ocasión, se sentó junto a mí un tipo de pelo ondulado, de estatura mediana, delgado, velludo, moreno, de bigote que, cuando se bajó a mamar, era capaz de engullirse completo todo mi pene y mamarlo con fuerza, realmente me sorprendió que se metiera mis casi 20cm, sentir el fondo de su boca y el inicio de su garganta al chocar mi cabezota dentro de esa cavidad y su bigote en la base de mi pene fue super excitante.

Realmente fue tan delicioso que en ocasiones posteriores, cuando me la mamaban otros tipos, les empujaba mi verga con fuerza para que se la tragaran toda, pero no cualquiera podía, les daban arcadas y yo les sostenía con firmeza la cabeza, los lastimaba en serio, pero querían aguantar mis embates, querían una verga así de buena, resistían lo más que podían, como acto reflejo estornudaban con fuerza para no ahogarse, se les salían las lagrimas y los mocos por ojos y nariz respectivamente, muchos se levantaban y se iban, y yo pensaba “si no puede chuparla completa no se la merece”.

Ahora, con más experiencia y 35 años de vida pienso diferente, creo que la leche es de quien mejor la trabaja, eso sí, me sigue gustando que me la mamen completa, durante mucho rato (30 – 45 minutos), a puros labios, boca y garganta, nada de meter las manos para chaquetearla, o bien, que me dejen tomarles con firmeza la cabeza y darles hasta el fondo, que me dejen follarles la boca …

Agradezco por adelantado sus comentarios
ciudad de México 2010

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