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DESPEDIDA DE SOLTEROS

1 de agosto de 2006

En Argentina hay dos tipos de "despedidas de soltero". Aquellas en las que tus amigos le pagan a una puta para divertirse todos un rato, y las aquellas en las que no hay mujeres involucradas y por lo tanto la broma está en hacer pasar un mal rato al pobre novio que debe someterse a todas las "guachadas" (putadas) que le hacen sus amigos. Como en mi despedida estaban los hermanos de mi esposa (queridos cuñados), yo sabía de antemano que estaba condenado al calvario toda la santa noche.

Dos semanas antes de la boda, estaba jugando al fútbol 5 con algunos amigos. Cuando terminó el partido me avisaron que no me dejarían ir a mi casa porque ese sábado iba a ser mi despedida de soltero. Yo pensaba que sería el último sábado antes de la boda, pero para que no intentara escapar me tomaron de sorpresa. De modo que de la canchita me llevaron a la casa de fin de semana de uno de ellos en la zona sur del Gran Buenos Aires. Allí me esperaban otros amigos y conocidos. En total eran once los que se transformaría en "mis verdugos" por una noche.

La prueba de los fideos bien condimentados.

Todo comenzó con una cena de fideos con salsa. En realidad sólo ellos comían, porque a mí sólo me dejaban beber, pero nada de comer. Cuando todos terminaron de comer, juntaron todos los restos de comida en uno solo plato. Al principio no sabía que se traían entre manos pero luego comprendí rápidamente. Al plato de restos de fideos fríos le agregaron ketchup, vinagre, mermelada, ajo, dulce de leche, mostaza y cuanto encontraron a la mano. Luego revolvieron bien toda esa asquerosidad para que los condimentos se mezclaran bien. Pero lo peor todavía estaba por ocurrir. Cada uno de mis amigos escupió en el plato que acaban de preparar. Era obvio que esa asquerosidad iba a ser "mi cena" de la despedida de solteros. Me dieron tres minutos para terminar el plato completo bajo amenaza de que si no lo terminaba en ese tiempo, debería seguir comiendo con las manos atadas a la espalda. La mezcla de fideos fríos con todos esos condimentos era realmente vomitiva pero por suerte pude terminar dentro del plazo establecido.

La prueba del túnel.

Otra de las pruebas a las que fui sometido fue el "túnel". Para esta prueba era necesario que yo estuviera en ropa interior, de modo que me ordenaron quitarme toda la ropa a excepción de los calzoncillos (los perdería más tarde en otra prueba). Desde entonces no recuperé más mi ropa hasta el final de mi "despedida". Esto aumenta notoriamente la sensación de indefensión. Luego todos mis amigos se pararon con las piernas abiertas y en fila, uno detrás del otro, dejando un metro entre cada uno de ellos. En sus manos tenían una zapatilla, zapato, hojota o el tipo de calzado que cada uno tuviera en ese momento. Muchos usaron las hojotas que habían llevado para ducharse después del partido de fútbol. Aunque esa ducha nunca llegó porque eso también era parte del plan. Así formados, el juego consistía en que yo debía pasar por debajo de las piernas abiertas de mis amigos empujando una moneda que tiraron al piso. Pero la maldad estaba en que debía hacerlo usando sólo mi nariz, con lo cual debía inclinarme exponiendo mi culo a los golpes que mis amigos me propinarían durante todo el recorrido con el calzado que tenían en la mano.

Empujar una moneda con la nariz no es algo imposible, pero da un poco de trabajo. Por eso hay que ir despacio, pero claro, cuanto más despacio lo hacía, más zurra recibía en mi pobre culo. Luego de esta primera pasada por el túnel ya mi trasero estaba un poco rojo, pero como siempre lo peor quedaba para el final, mis amigos me dijeron que debía hacer una segunda pasada con un ingrediente extra: mis ojos estaría vendados. Con una de mis medias (calcetines) me vendaron los ojos y me pusieron otra vez en el inicio del túnel. Ahora sin poder ver, no podía despegar la moneda ni por un instante de mi nariz, ya que si la perdía sería bastante difícil volver a encontrarla. Así, mi segunda pasada por el túnel fue aun más lenta y dolorosa que la primera. Mi culo había quedado sensibilizado

de los zapatillazos recibidos en la primera pasada. La segunda fue el verdadero castigo. El mete gol En un momento de la noche, trajeron el mete gol (fútbol de mesa) que tenía el dueño de casa en el garaje. Me explicaron que para la próxima prueba debía jugar dos pelotas con cada uno de mis amigos, es decir 22 pelotas. Los goles que me hicieran serían computados para la prueba. De modo que cuantos más partidos perdiera, peor sería mi próximo castigo, el que en ese momento no me revelaron. Jugué los 22 partidos y gané sólo 7. Cuando cuento esto, algunos me dicen que soy un desastre jugando al mete gol, y que yo solo me cavé mi propia tumba. A los que piensan eso les cuento que es muy fácil opinar con la cabeza fría. Pero cuando estás en tu despedida de solteros con 11 "verdugos" que te tienen a mal traer toda la noche, en calzoncillo tratando de que estés asustado sin saber lo que te va a pasar, la presión es mucha y no es tan fácil concentrarse.

Solo a uno de ellos (Roberto) le gané los dos partidos. Estaba furioso. Yo no sabía por qué, pero luego me daría cuenta. Una vez terminados todos los partidos me ordenaron quitarme los calzoncillos, que para ese momento era la única prenda que me cubría. Me llevaron debajo de un árbol de cuya rama colgaba una soga. Me ataron esa soga a las muñecas y la tensaron bien de modo que mis brazos quedaran totalmente extendidos por encima de mi cabeza. Tanto la tensaron, que prácticamente debía estar en puntas de pies, una posición muy incómoda de mantener, pero qué más podía hacer, debía seguir aguantando, después de todo la noche no sería eterna -aunque a mi me lo pareciera- y tenía que seguir demostrando mi hombría ante mis "verdugos". Luego ataron mis dos tobillos juntos para evitar que pudiera defenderme a patadas.

Finalmente me vendaron los ojos con una media y allí me dejaron con la promesa que volverían con la "peor de las pruebas". Ahí quedé, sin poder mover mis manos, ni mis pies, en una posición incómoda y sin poder ver lo que mis amigos tramaban. Sólo podía escuchar a la distancia -porque el árbol estaba retirado de la casa- algunas voces que hablaban de "calentar" algo. Debo confesar que en ese momento me dio un poco de miedo, ya que si bien sabía que no iban a hacerme nada para dañarme, podían hacerme pasar un rato de arduo sufrimiento. No sé cuanto tiempo estuve allí atado esperando ya que rápidamente se pierde la noción del tiempo. Cuando finalmente volvieron me quitaron la venda de los ojos. Recién ahí pude ver que uno de ellos tenía como una pequeña cacerola con algo humeante en su interior y una varita de madera que asomaba.

Para terminar con el misterio me dijeron que iban a depilarme con cera del cuello hacia abajo. También me explicaron que, por cada gol que me habían hecho jugando al mete gol (que como dije eran 15) me depilarían un sector de mi cuerpo. Al principio no me pareció tan terrible, teniendo en cuenta las cosas que había imaginado que podían hacerme. Después de todo, las mujeres lo hacen siempre. Sin embargo el alivio se me fue rápidamente cuando me di cuenta que "del cuello hacia abajo" también incluía mis genitales, y dudaba mucho que los excluyeran. Finalmente y sin más explicaciones comenzaron con el castigo. Cada uno tenía derecho a depilarme la cantidad de goles que me hubiera hecho. De modo que todos tuvieron su turno excepto el pobre Rober al que le gané los dos partidos. Se quedó con las ganas.

Así comenzaron a pasar uno a uno, metiendo la varita en la cera caliente, levantando un poco de ella y aplicándomela sobre mi cuerpo. El primero se decidió por el pecho. Colocó el parche de cera, esperó que se enfriara un poco y luego con toda la furia retiró el pedazo de cera y pelos. Por ser la primera vez que "me depilaba" fue bastante impresionante. Inmediatamente pensaron que estaban haciendo algo mal. El tirón no tenía que ser brusco, sino despacio para que doliera más. Y esa fue la cruel técnica que usaron los demás. Pero pronto uno de mis verdugos cumplió mi mayor miedo. Me dijo que solo tenía una posibilidad de una depilación y no la iba a desperdiciar. Sí, puso cera caliente en mis bolas. Antes de hacerlo le pedí por favor que eligiera otra parte del cuerpo. Creo que fue la única vez que pedí piedad pero no la obtuve. Pronto

la cera se fue enfriando y llegó el momento del tirón que fue de los más lentos y duraderos. Me prometí no darles el gusto de gritar, pero no resistí. Las carcajadas y el "verdugueo", fue mucho. Al final de cuenta yo estaba ahí para eso, para que me "verduguearan".

Tampoco se salvaron de la depilación mi culo, ni mis piernas, ni mis brazos. Al finalizar la prueba, no solo estaba depilado, sino "mal" depilado, ya que tenía sectores lampiños por todos lados. Además este castigo se extendió más allá de mi noche de despedida ya que cuando me empezó a crecer nuevamente el vello, la picazón (en especial en mis bolas) era terrible.

Estas son las pruebas más importantes que tuve que soportar, pero no las únicas. No quiero abusar del espacio que me permiten en este sitio, de modo que los que estén interesados en hacerme comentarios y conocer más cosas, pueden escribirme.

Algunos consejos: PARA EL NOVIO:* Tú eres la víctima esa noche y nadie podrá salvarte. De modo que tómatelo con calma.

* Haz todo lo que te digan, ya que de lo contrario solo recibirás peores castigos. ¡¡Demuestra a tus amigos que tienes los huevos bien puestos para soportar las bromas!!* Recuerda que la noche no es eterna y siempre termina, y que tu despedida es una sola vez en la vida, de modo que disfrútala todo lo que puedas.

* No cuentes a tu novia lo que te han hecho tus amigos (al menos antes de la boda). Es para evitar que ella (o su madre o tu madre) se enojen con ellos y se arruine el festejo. Ya habrá tiempo para contar como lo estoy haciendo yo ahora.

PARA LOS AMIGOS:* Varios días antes de la despedida comiencen a atemorizar al novio diciéndole las cosas horribles que le pueden pasar esa noche. NUNCA se deben anticipar las pruebas que realmente se van a hacer. Sólo hay que decirle frases ambiguas como "No sabés lo que te espera", "Vas a tener que ser Houdini para zafarte", "No sé si nos vas a seguir hablando después de lo que te vamos a hacer", etc…

* El día de la despedida preparen un "castigo psicológico". Al iniciar la despedida le dirán al novio que le ocurrirá que realmente nunca pasará. El pobre cristiano estará toda la noche más que preocupado. A un amigo le dijimos que lo íbamos a obligar a tomar orina de todos. Por su puesto no lo hicimos ya que es algo muy peligroso. Pero eso no importa. Lo importante es que el novio se lo crea.

*Tener preparado un "castigo amenaza". En este caso el castigo debe ser real y funcionará como amenaza cada vez que el novio no quiera cooperar con las actividades. Debe ser algo que pueda repetirse varias veces en la noche. * Un error común es tratar de emborrachar al novio. El novio debe estar sobrio para que sepa exactamente lo que le está pasando. Pueden emborracharlo al final de la noche, pero nunca al principio.

* No dejen que el novio descanse. Siempre debe estar siendo objeto de alguna pruebita menor mientras se preparan las grandes. Tengo un montón de ideas para esto.

*Nunca dejen al novio atado sin vigilancia porque puede ser muy peligroso.

Autor: Alex alexmmvi (arroba) yahoo.com.ar

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