Relatos eroticos, Sexo, Sexo gratis, Videos porno, Fotos porno, Porno, Porno gratis, xxx

Relatos eróticos Marqueze. El Sexo que te gusta leer.

Mi nombre es Raúl, soy argentino, de 41 años y quisiera relatarles una historia muy hermosa que me sucedió hace unos seis meses.

Estuve casado casi diez años; de ese matrimonio tuve 3 hijos, dos nenas y un varón. Hace unos dos años que tengo una nueva pareja, Liliana de 38, con la que estoy conviviendo hace diez meses. Nuestra relación es excelente desde todo punto de vista, afectivo, sexual, compañerismo, etc., inclusive me llevo bastante bien con sus hijos, una nena y un varón adolescentes.

Decidimos tomarnos unas vacaciones en el Caribe, tener esa tan merecida luna de miel que no pudimos tomarnos cuando nos fuimos a vivir juntos. Preparamos nuestras valijas y pasaportes, nos tomamos un avión y fuimos a pasar una semanita en Acapulco – México. Como nuestro viaje era de placer y no cultural, solo visitamos Taxco en el primer día, luego nos pasamos tomando sol en la playa o la pileta del hotel y saliendo a bailar a boliches.

Liliana lleva sus 38 años muy pero muy bien, es una rubia delgada de ojos celestes que sobrepasa un poco el metro sesenta, tiene un cuerpo hermoso que a mí me encanta que muestre. Sus piernas y su cola son espectaculares, sus pequeños pechos son deliciosos y hacen que su figura sea muy armónica, debe ser de las pocas argentinas de clase media que no se los ha reconstruido, aunque está dentro de sus planes. Su cara no solo es bonita, sino que su sonrisa es capaz de iluminar un teatro. Si hay algo que complementa y completa a Liliana, convirtiéndola en una mujer extraordinaria, es su dulzura. Creo que soy bastante fiel en la descripción, aunque esta suene como la descripción de un hombre enamorado, cosa que también es cierto, estoy completamente enamorado de Liliana.

Me encanta que Liliana muestre su cuerpo y que resalte sus virtudes físicas cuando se viste. Cuando salíamos a bailar y aprovechando que no estábamos en Rosario, ciudad no muy grande de Argentina en la que uno a cada rato se encuentra con conocidos, ella se ponía vestidos muy cortos, pegados al cuerpo y provocativos. Su belleza y aspecto europeo hacía que los mexicanos se dieran vuelta a cada rato para mirarla. En los boliches cuando íbamos a bailar y yo iba al baño o a la barra a buscar bebidas, cuando volvía, siempre encontraba a algún tipo invitándola a bailar o intentando conversar con ella. Estas situaciones siempre me producían cierto escozor muy excitante.

Después yo le preguntaba si el fulano le había gustado, si le gustaría acostarse con él, bromeábamos y nos excitábamos durante la noche con eso. Cuando llegábamos al hotel nos imaginábamos a uno de esos fulanos interviniendo en nuestras sesiones de amor y sexo. A mí me pone a mil el imaginarme a Liliana con otro hombre, lejos de ponerme celoso me excita enormemente, pero eso sí, siempre en mi presencia. Fueron noches muy excitantes y placenteras.

Almorzábamos por donde nos sorprendiera el hambre y el mediodía, pero normalmente cenábamos en el restaurante del hotel. La primera noche luego de volver de Taxco, cuando íbamos a cenar encontramos el restaurante lleno, una pareja de Brasileros, Claudio y Marta, muy simpáticos, de treinta y pico de años, nos ofrecieron compartir su mesa. Luego de eso casi todas las noches cenábamos con ellos. La noche antes de irnos lo encontramos a Claudio solo. Extrañados le preguntamos por Marta. Nos dijo que la llamaron de la empresa en que trabaja, pues la famosa prueba del año 2000 tenía problemas graves y como ella es la jefa de sistemas, tuvo que salir corriendo y sin poder despedirse de nosotros que estábamos en la playa. Como consiguieron sólo un lugar en el vuelo, él se quedaría un par de días que era para cuando tenía reserva.

Todo lo que escribo a continuación es apelando a mi buena memoria y a la reconstrucción de los hechos que hicimos con Liliana infinidad de veces. Claudio hablaba una especie de "portuñol" que yo intento traducir en este relato. Quizás las palabras que él dijo no son exactamente las que yo escribo, pero creo no cambiar la esencia de lo que é

l quiso expresar.

Cenamos con él y después fuimos al bar a tomarnos unos Margaritas. Nos divertimos y reímos muchísimo, Claudio era una persona tremendamente divertida y su charla siempre picante y con doble sentido era muy entretenida. Cerca de medianoche nos pregunta:

-¿Qué van hacer ahora? -Vamos a reventar la última noche que nos queda en algún boliche – le contesto.

-Vamos a tomar unos tragos a mi habitación como despedida – nos invita.

Estuvimos de acuerdo con Liliana y fuimos a su habitación que era muy lujosa comparada con la nuestra. Además de tener una vista espectacular y ser enorme al igual que la cama, tenía varios sillones y estaba completamente equipada, fax, equipo de audio, video, etc.

Nos fabricó una especie de caipirinha pero con tequila dado que estábamos en México y no en Brasil. A medida que tomábamos nuestros tragos la conversación se fue haciendo más picante e insinuante. En determinado momento Claudio nos pregunta:

-¿Siempre tuvieron sexo únicamente de a dos? -¡Claro que sí! – le contesto.

-¿Y vos? – le pregunta Liliana.

No nos contesta, se levanta saca un video del armario y lo pone en el equipo. Durante 15 minutos vemos una película casera en la que los protagonistas eran Claudio, Marta y otro hombre. La miramos absolutamente en silencio, el nerviosismo de Liliana era evidente, pero no podía sacar los ojos de la pantalla. La película estaba editada, pues claramente se veía que habían dejado solo los mejores momentos. Los vimos teniendo sexo de todas las formas. Mientras mirábamos la película, cada vez que tocaba con mi mano izquierda la pierna derecha de Liliana, esta temblaba y se estremecía como una vara verde agitada por el viento. Yo estaba terriblemente excitado, tenía una erección muy fuerte que apenas lograba disimular. Cuando la película terminó, Liliana fue al baño. Yo tenía la certeza de por dónde venía la mano, que se confirmó cuando Claudio me dice:

-Me encanta tu mujer.

-A mí también. – atino a contestarle.

-La mejor forma de terminar mis vacaciones sería acostándome con ella. – agrega.

-…….

-¿Me dejas hacerlo?. – pregunta.

Durante 30 largos segundos no sé qué decir, al fin sólo atino a decir:

-Por mí no hay problema, habría que ver que opina ella.

Sale Liliana del baño, Claudio y yo estamos sentados en uno de los sillones dobles de la habitación, ella va para el otro. Se la ve algo nerviosa y con las mejillas muy coloradas pero con una actitud especialmente sensual y provocativa. Se sienta y cruza las piernas sin preocuparse por la falda de su vestido que está subida casi hasta el pubis. Claudio se levanta de mi lado y va sentarse junto a ella. Pasa un brazo sobre sus hombros, pone su otra mano sobre una mano de ella que está sobre sus piernas. Además de cubrirle la mano le roza con la yema de los dedos los dorados muslos. Por dos o tres minutos le susurra en el oído cosas que yo no alcanzo a escuchar.

La cara de Liliana que veo por encima del hombro de Claudio es un poema, por momentos parece un cabrito asustado, por otros su sonrisa más que iluminar un teatro podría iluminar un estadio, los colores le suben y le bajan. Me interroga con los ojos como diciéndome "¿qué hago?", le hago una guiñada y le sonrío, intentando con ese gesto contestarle "si te gusta continúa". Claudio con la mano que tiene detrás de los hombros de Liliana la toma de la nuca y le da un suave beso en los labios. Los ojos de Ana que no se cerraron para ese beso, vuelven a interrogarme. Le guiño y sonrío nuevamente.

Liliana cierra los ojos durante el nuevo beso que le da Claudio, esta vez más largo e intenso. Se abandona blandamente al principio y cuando me mira nuevamente y ve que mi sonrisa continúa en mi rostro, se abalanza sobre él. Lo besa, lame sus labios y succiona su lengua casi con desesperación.

Literalmente le arranca la camisa, arremete contra su cuello y pecho casi lampiño. Parece que quisiera recorrerlo con su boca de una sola vez, salta del pecho a las orejas pasándole la lengua por todos sus recovecos, de ahí va al cuello el cual chupa y mordisquea con tal intensidad, que desde donde estoy escucho claramente el ruido de la succión. Claudio avasallado y ahora debajo de ella que está a horcajadas sobre sus piernas, de a poco le va subiendo el apretado vestido. Cuando este está por debajo de sus hombros, Liliana se separa un poco de Claud

io y se lo arranca ella misma, se arranca también el sostén por encima de su cabeza, sin perder el tiempo en desabrocharlo.

Apenas si deja un instante que Claudio le mire los pechos, que se aprieta a él nuevamente, pero ahora poniéndole uno de los pezones en la boca. La boca de Liliana está ahora libre, libre es un decir, pues la ocupan gemidos de placer que nunca le había escuchado, o que para ser justo, desde esa perspectiva escucho distinto. Se levanta Liliana de sobre las piernas de Claudio, desabrocha el cinto y baja el cierre del pantalón, se lo saca junto con el slip casi de un solo tirón. Se detiene por un instante como hipnotizada ante lo que ve y que su cabeza me tapa. Corre su cabeza hacia un costado para que yo pueda ver lo que ella estaba viendo, gira su cabeza y me mira como diciéndome "¡qué grande que la tiene, ¿no te hace mal si la disfruto?".

Sin esperar ningún gesto mío se agacha frente a él, lo toma de las caderas, abre la boca lo más que puede y se traga la mitad de un solo bocado, pues más no le entra. Tampoco había escuchado antes el ruido infernal de la succión mientras su cabeza subía y bajaba con un parejo e incontrolado frenesí. Mi excitación era enorme, ya no pude mantenerme como espectador, me acerqué a Liliana y sin que ella interrumpiera su felatio le quité la tanga. En cuatro patas y con las piernas abiertas, el espectáculo de su hermoso trasero, con su intimidad totalmente expuesta en su centro, que me brindaba Liliana era tan fantástico, como para derretir al más frío de los humanos. Quise compartir con Claudio ese espectáculo visual y le ofrecí cambiar las posiciones. Claudio debe de haber estado mirándola desde atrás por cerca de 5 minutos.

A Liliana la excitaba enormemente el sentirse tan deseada, se notaba en su mirada transfigurada, en las ganas con que me chupaba el pene y en que cada vez abría más sus piernas para mostrar su trofeo. Claudio se agacha detrás de ella y comienza a pasar suavemente su lengua por la entrepierna, sigue por los labios apenas cubiertos de cortos vellos, la mete en la entrada de la cuevita y recorre el orificio en círculos.

Siento a Liliana estremecerse, por momentos deja de chupármela y se concentra en sentir. Claudio se acerca lentamente a su objetivo, que es el botón rosado y erecto que corona la vulva de Liliana. Cuando la lengua de Claudio toca por primera vez el clítoris, parece que ella hubiera recibido una descarga eléctrica, su cuerpo comienza a temblar casi fuera de control. Apenas tres o cuatro veces más la lengua de Claudio roza y cubre como un húmedo manto el clítoris, cuando siento las uñas de Liliana clavarse en mis piernas, veo arqueársele la espalda, un hondo gemido de placer sube de su estómago y escapa en un grito por su garganta.

El orgasmo que tuvo Liliana la deja como desfallecida sobre la alfombra. Con Claudio nos miramos sonrientes y alegres de nuestro éxito. "Esta mujer es lo máximo" me comenta Claudio, tomando una frase muy repetida por los argentinos cuando queremos decir que algo es excelente. Bebimos un par de tragos de nuestros vasos, a Liliana tuvimos que ayudarla a incorporarse un poco para que bebiera.

Apenas Liliana se recuperó y reapareció en sus ojos la mirada provocadora, recomenzamos con Claudio a dos bocas y cuatro manos a ponerla nuevamente en carrera. Ella se acostó en la alfombra y nosotros nos repartimos su cuerpo exactamente a la mitad y la estimulábamos en forma simétrica. Si yo besaba y chupaba uno de sus pechos y pezón, Claudio hacía lo mismo con el otro. La recorrimos toda, absolutamente toda, boca arriba, boca abajo, de costado, como dice la canción de Ana Belén "Besos, ternura, qué derroche de amor, cuánta locura, no quedó lugar en donde anduviera en mí". Por lo menos dos orgasmos más la hicimos tener de esa forma, la pusimos de costado con una de sus piernas levantadas y mientras yo lamía y sorbía su vagina y clítoris, Claudio lamía e introducía su lengua en el ano.

-Traeme una gaseosa por favor. – me pide Liliana en una pausa.

Voy hasta la heladera que estaba en un rincón no visible desde donde estábamos, destapo la gaseosa y vuelvo. Cuando llego, veo a Liliana que está terminando de ponerle un condón a Claudio, se pone en cuclillas sobre el acostado, toma con una mano su pene y se lo introduce lentamente en la vagina. Cuando le entró totalmente por unos instantes quedó como sin respiración, apoyó toda su vulv

a y piernas sobre él, como queriendo que no quede nada afuera y comenzó un lento vaivén. El mandarme a buscar una gaseosa fue como si me hubiera pedido que me fuera por un rato, lejos de ponerme celoso me puso como loco. Controlé mis ansias de integrarme inmediatamente y me senté en un sillón a mirarlos. Le ofrecí el refresco a Liliana que ignoró totalmente mi ofrecimiento, pero me dijo con voz entrecortada y en medio de suspiros:

-¡Ay mi amor!, nunca tuve algo tan grande adentro y no te imaginás lo bien que la siento.

Los movimientos de sube y baja de Liliana se hacían cada vez más intensos, sus gemidos también eran cada vez más fuertes. Cuando quise intervenir poniéndole mi pene en la boca, ella me rogó:

-Ahora no mi amor, que me vengo, que me vengo, que exploto, que acabo, que quiero disfrutar esto sola.

Y comenzó a moverse frenéticamente, mientras el nuevo orgasmo le hacía repetir el raro gemido del primero. Se quedó acostada sobre Claudio y sentí que se hablaban suavemente al oído. Después me confesaría que se habían dicho muchos mimos, que le había dicho que había tenido uno de los mejores orgasmos de su vida, que por suerte no se iban a ver nunca más, porque sino iba a ser muy difícil para ella negarse a verlo otra vez.

Le preguntó si quería acabar y él le contestó que aún no, todavía quería hacerla gozar más. Ese secreteo entre ellos fue lo único que logró ponerme celoso, pues acepto que mi pareja disfrute de su cuerpo y sentidos con total libertad, lo que no me gusta es que establezca una relación afectiva que me excluya. Liliana se dio cuenta que me había dejado un poquito a un lado y me llamó diciéndome:

-Vení mi amor que ahora te toca a vos.

A pesar de esos raros sentimientos de celos que me asaltaron, raros dada la situación, que si había de tenerlos tendrían que haber aparecido antes, mi excitación no había disminuido un ápice. Me paro al lado de Liliana que sigue sentada sobre Claudio, como no queriendo sacarse nunca de adentro su enorme miembro. Comienza a chupármela y a acariciarme los testículos como solo ella sabe hacerlo, mientras, Claudio la toma de las caderas y la hace subir y bajar sobre su pene. Liliana chupa y gime, acompasa el movimiento de sus caderas con el de su cabeza, por momentos pierde el ritmo pero lo retoma rápidamente.

Al poco de estarse moviendo sobre Claudio le sobreviene otro orgasmo, que ella siente en su cuerpo y que yo percibo por el mordisco de sus dientes que quedan marcados en la base de mi pene. Nos levantamos del piso, nos sentamos los tres juntos, con Liliana en el medio en uno de los sillones de dos cuerpos. Claudio llama al bar y pide dos botellas de champán francés:

-Para festejar la ocasión, que hace años que no me siento tan bien – le dice a Liliana.

Charlamos un rato contándonos lo que hasta ahora hemos sentido. Liliana: "que nunca había estado tan excitada y que había tenido en un día los tres o cuatro mejores orgasmos de su vida". Claudio: "que estaba maravillado con la piel de Liliana, con el olor de su cuerpo y de su intimidad, con la estrechez de su vagina, con la dulzura de sus labios a los que besaría toda la vida". Yo, "que hasta este momento rescataba mi calentura y mi confirmación de cuánto me excitaba ver a Liliana gozando con otro hombre, pero que esperaba más aún, que mi participación había sido poca".

Después de terminar la primera botella de champán, Claudio nos invita a ir a la cama, acuesta a Liliana boca arriba y suavemente le vuelca parte de la otra botella en los pechos, en el estómago, en las piernas y en el monte de Venus.

-Que el hotel lave las sábanas y seque el colchón, que para eso pago – dice y agrega – de la cintura para arriba es tuyo, el resto es mío.

Lamo los pechos de Liliana que con el champán están más deliciosos aún, Claudio le flexiona las piernas hasta hacer que sus talones toquen sus nalgas, después se las abre hasta que sus rodillas tocan la cama. Su intimidad queda totalmente expuesta, Claudio la lame, recorre toda su rajita de extremo a extremo. Lame el clítoris nuevamente haciendo caso omiso al temblequeo de ella. Cuando ve que va a tener un nuevo orgasmo se interrumpe y comienza a lamer su ano, lo humedece, introduce en él todo lo que puede de su lengua, la introduce y la saca, la introduce y la saca. Liliana tiene un nuevo orgasmo. E

stá estupefacta:

-Jamás soñé que podría tener un orgasmo sin que me penetren o me rocen el clítoris.

Yo estoy maravillado, la entrega de Liliana es total, no tiene ningún tipo de inhibición, yo nunca había logrado que ella me dejara lamerla hasta tal extremo.

-Ahora sí mi amor, te voy a atender a vos.

Me acuesto boca arriba, Liliana se introduce mi pene de un solo envión y comienza a cabalgarme salvajemente. De a ratos se la saco para no venirme. Mientras tanto veo que Claudio se pone otro condón y unta su pene con crema. Se acerca a nosotros por la espalda de Liliana, la empuja suavemente sobre mí. Ella junta su pecho al mío y nos fundimos en un beso que más que ser beso parece que nos quisiéramos comer. Siento que Claudio está tocando por atrás a Liliana, presumo, pues no alcanzo a ver que le está acariciando las nalgas y el ano, ella parece no darse por enterada de lo concentrada que está en gozar de mi miembro y de refregar su clítoris contra mi pubis.

De pronto Liliana se detiene, abre los ojos y me mira,"¿qué es lo que está pasando?" pienso, enseguida me entero pues siento a través de la delgada capa que separa el canal vaginal y el intestino, un dedo de Claudio que roza mi pene. Durante unos 30 segundos se queda quieta, luego comienza a moverse lentamente, con un movimiento más en diagonal, que hace que mi pene y el dedo de Claudio entren y salgan simultáneamente. Siento que otro dedo se introduce en el ano de Liliana, pero esta vez ella no interrumpe sus movimientos, parece estar disfrutándolo cada vez más. Luego de unos minutos en ese vaivén Claudio se coloca detrás de ella como para penetrarla por su agujerito ahora más dilatado. Ella da vuelta su cabeza y lo mira:

-¡Ay Claudio! – dice suspirando – la tienes muy grande, no creo que la soporte.

-No soy un sádico, pero probemos, tienes uno de los culitos más hermosos que he visto en mi vida y no quisiera perder la oportunidad de disfrutarlo, sin por lo menos probar. – dice Claudio.

-Me prometes que si me duele mucho y no me puedes hacer la cola no habrá rencores y todo seguirá bien. – suplica Liliana.

-Por supuesto preciosa, tu cuerpo me sugiere varias alternativas, pero la capacidad que tienes de disfrutarlo me hace presumir que esto también va a funcionar maravillosamente y me lo van a agradecer ambos.

Este casi "discurso" tranquiliza a Liliana. Claudio me pide que se la saque y salga de debajo de ella para poderle hacer adoptar una postura más adecuada. La hace poner boca abajo, con la cola levantada y las piernas bien abiertas. Lame toda su rajita, le introduce la lengua en el ano mientras con sus dedos juguetea con el clítoris. El rubor de la cara de Liliana vuelve a tope, por sus gemidos me doy cuenta que está nuevamente terriblemente excitada.

Claudio se endereza, toma su pene que ahora parece más grande aún, comparado con el agujerito que lo va a recibir, se lo arrima al ano y presiona suavemente por dos o tres veces pero sin introducirlo, solo haciéndole sentir el calor que emana. Me pide que yo estimule con mis dedos su jugosa conchita. Empuja ahora con más fuerza y le introduce el glande, Liliana hace un gesto de dolor pero no dice nada, un instante después vuelve a empujar introduciéndole dos o tres centímetros y un quejido de dolor se escapa de los labios de Liliana.

Claudio retira su pene de adentro y durante aproximadamente un minuto espera pacientemente a que el dolor ceda, mientras tanto le acaricia los senos. Luego enfoca nuevamente su miembro en el ano y de un solo envión se lo manda hasta la mitad, se queda quieto unos instantes y luego comienza a moverse lentamente. Liliana no parece estar sufriendo, aunque tampoco disfrutando. Un nuevo empujón hace que entre absolutamente todo. El cuerpo de Liliana da un sacudón y de su boca vuelve a salir un quejido, pero esta vez no parece de dolor. Ella lleva una de sus manos hasta su ano y comprueba que la penetración ha sido total. Eso parece enloquecerla y comienza a gritar como desaforada:

-¡Ay!, ¡Ohhh!, no lo puedo creer, entró toda. Dame, Claudio, por favor dame más, más, más….. Más adentro, muévete por favor, rómpeme toda.

Yo tampoco lo podía creer. Era testigo directo y privilegiado de algo para mí increíble. Las veces que con Liliana habíamos tenido sexo anal, solo se la había metido hasta la mitad y ahora Claudio con un pene bastante más grande que el mío, se lo había metido todo y la estaba haciendo delirar. Lejos de m

olestarme o de ponerme celoso me excitó de tal manera que mi miembro parecía explotar. Como pude me puse debajo de Liliana, su conchita desbordaba de lubricación y gracias a esto pude metérsela pues su canal estaba más estrecho debido al intruso que se había colado por detrás.

Liliana se quedó quieta mientras Claudio y yo acompasábamos nuestros movimientos, una vez que lo logramos, ella se puso a llorar y gritar de placer, "¡qué bien que me siento!, ¡qué bien que me siento, gracias Raúl, gracias mi amor por permitirme vivir esto" apenas se le distinguía entre el temblequeo de su voz y sus lágrimas. Cuando Liliana comenzó a gritar "me viene, me viene, ¿qué es lo que me pasa?, me viene, me viene……..", para mí fue demasiado, ya no pude ni quise controlarme más, acabé con tal fuerza e intensidad que creí que se me iba la vida. Claudio detuvo sus enviones hasta que Liliana y yo tuvimos nuestros orgasmos, luego comenzó a sacarla casi toda y ponerla nuevamente, cuando comenzó a venirse sus empujones eran furiosos. Liliana comenzó nuevamente a gritar "me muero, me muero, más, más, por favor más aunque me muera" y acabaron simultáneamente.

Estuvimos casi diez minutos los tres acostados con Liliana en el medio hasta que nuestras erecciones cedieron. Liliana no paraba de llorar:

-Es de alegría, es de gozo, es de satisfacción – nos tranquilizaba.

Luego nos sentamos a terminar la botella de champán y conversamos durante media hora de lo fantástico y maravilloso que había resultado la experiencia. Nos vestimos, Claudio y yo nos despedimos con un abrazo, Liliana y Claudio con un interminable beso y unos secreteos que por segunda vez en la noche lograron ponerme celoso.

Después de las tres horas y pico más intensas de nuestra vida de pareja, en cuanto llegamos a la habitación este fue nuestro diálogo:

Yo – Te quiero, mi amor, te amo.

Ella – Nadie jamás me hizo tan feliz y me hizo gozar de mi cuerpo como lo has hecho vos.

Yo – Pero no fui yo solo…..

Ella – Pero sin vos yo jamás lo hubiera hecho, jamás, de eso estoy totalmente segura.

Yo – Pero lo de Claudio fue muy importante.

Ella – Claro que sí, que fue muy importante, aprendí mucho, aprendiste mucho, nos enseñó mucho. Pero más allá de secretitos y dulzuras que él me dijo y que yo le dije, con él solo no voy a salir nunca, si por casualidad alguna otra vez me acuesto con él, será porque vos estás adelante.

Comenzamos a besarnos y a excitarnos nuevamente cuando sonó el timbre de nuestra habitación. Abro y está Claudio en la puerta, con bombones y un ramo de flores para Liliana.

-Para la mujer más mujer que he conocido en mi vida, – le dice, y agrega – me he quedado con más ganas de ti, si tienen una hora más tengo otra cosa para experimentar.

-¿Qué más me podemos hacer que no hayamos hecho ya Claudio? – pregunta Liliana.

-Algo que nunca hice con Marta y que cuando le cuente se va a morir de envidia y de ganas de hacerlo, la doble penetración vaginal – responde.

-No sé si podré hacerlo, pero me fascina la idea de romper todos los límites en una sola noche – dice Liliana – ya estoy caliente de solo pensarlo.

-¿Le vas a contar lo que hicimos? – pregunto extrañado.

-Por supuesto, con Marta nos amamos muy por encima de lo que puedan llegar a sentir y vivir nuestros cuerpos. Somos una pareja completamente abierta, tanto para recibir a un tercero, como para experimentar cada uno por su lado – responde él.

Nos desvestimos rápidamente, entre los dos besamos y recorremos con las manos y las bocas a Liliana, que está parada en el centro de la habitación. A los pocos minutos nuevamente estamos Claudio y yo a mil por hora, Liliana ya estaba pasada de vueltas apenas Claudio le hizo la propuesta. Siempre dirigidos por él me acosté boca arriba en la cama, Liliana se acuesta también boca arriba pero sobre mí.

Sus jugos me permiten penetrarla de un solo envión y arrancarle el primer gemido. Mientras tanto Claudio se puso un condón, luego comenzó a lamerle el clítoris mientras introducía el dedo índice junto a mi pene por la parte superior de la vagina.

Pero…. mejor que cualquier relato mío, es la transcripción casi textual que me hizo Liliana de sus sensaciones, cuando ya estábamos de regreso.

"La doble penetración (anal-vaginal) era para mi cosa de pel&iacute

;culas porno y que nunca pensé que iba a hacerlo, la delicadeza y ternura con que me la hicieron fue enormemente disfrutable. Pero lo que nunca había visto en películas (en realidad no son muchas las que he visto) era que fuera posible una doble penetración vaginal. Siempre me jacté de ser bastante estrecha y cuando Claudio lo propuso en México al principio dudé. – Acaso alguna vez te hemos lastimado – me dijo – Si en algún momento te sientes mal o agredida solo me lo dices, pero no te niegues a intentarlo -. Algo asustada pero pensando que en definitiva todo lo que me habían brindado hasta ahora era placer, y que en definitiva si lo hacía y lo disfrutaba, tiraría una barrera más, (y van…..)

Accedí entonces a intentarlo. Los dedos de Claudio, los sabios y maravillosos dedos de Claudio, lograron, después de que vos me penetraras, la excitación y estiramiento necesario de mi vagina para que ella lo recibiera a él también. Me sentí absolutamente invadida, completa, como que en mi cuerpo no cabía un milímetro más de nada, ni siquiera de aire pues la respiración se me entrecortaba, me costaba tragar el aire. He adjetivado demasiado en este último tiempo cuando me refiero a esa experiencia que vivimos con Claudio, pero permitime uno más, fue fantástico.

Claudio y vos lograron además, que yo desee y pida ser penetrada analmente. En mis relaciones de pareja anteriores, las veces que lo había intentado, había sido más por presión de mis parejas que por que yo lo quisiera y me resultó por lo menos molesto, nunca placentero. Quizás todo esto que te cuento te resulte demasiado burdo y explícito pero necesitaba contártelo."

Nueva despedida de Claudio, más afectiva aún que la anterior. Con intercambio de teléfonos, direcciones y E-Mails. Con deseos de felicidad y augurios de un no muy lejano reencuentro.

Al otro día, antes del mediodía teníamos que abandonar el hotel y retornar para Argentina, por lo que nos dedicamos a dormir, a dormir abrazados. Ya tendríamos tiempo durante el viaje, o en Rosario para las reflexiones. Durante el viaje no tocamos el tema, nos limitábamos a mirarnos, sonreírnos y besarnos. El primer día después del regreso nos dedicamos a atender a nuestros respectivos hijos. Luego de eso ya no pudimos o no quisimos soslayar más el tema. Nos llevó varios días de charla, volviendo y revolviendo sobre cada punto, hablábamos entusiasmados. Aún hoy después de varios meses seguimos sacando conclusiones, además de ser un elemento que alimenta nuestras sesiones de amor y de sexo.

En síntesis podemos decir que fue una experiencia absolutamente positiva desde todo punto de vista. Sexualmente nos aportó muchísimo, descubrimos a partir de ahí, un mundo de sensaciones que ignorábamos totalmente, y si antes afirmaba que nos llevábamos bien en la cama, ahora puedo decir que nos llevamos fantástico.

Como pareja nos acercó de una forma increíble, ya no tengo secretos para Liliana, se que ella será capaz de comprenderme en cualquier circunstancia. Siento que mi amor hacia ella pegó un salto cualitativo enorme. Somos además de pareja, amigos y compinches, compartimos un grado de intimidad y secretos que me hace pensar que nuestra relación es ahora prácticamente indestructible. Como forma de sellar el nuevo vínculo que se estableció entre nosotros, hemos decidido casarnos, ya no tenemos dudas.

Hemos pensado en repetir la experiencia, de que cada tanto le demos a nuestros cuerpos los extremos de placer que sentimos en esa circunstancia. Pero ahora a otro nivel, pues no tendremos la preocupación de lo que pasará por la cabeza y el corazón de cada uno de nosotros. Incluso estoy dispuesto (y se lo he dicho) a que si alguna vez otro hombre "le hace la cabeza", que no se prive de vivir y darle el placer que se merece su hermoso cuerpo y su aún más hermosa cabeza.

Autor: Raúlmen

GD Star Rating
loading...
GD Star Rating
loading...
DOBLE PENETRACION VAGINAL CON LILIANA, 10.0 out of 10 based on 1 rating
  
categoría:

Ningún comentario »

Aún no hay comentarios

Canal RSS de los comentarios de la entrada | URL para TrackBack

Deja un comentario

Debes iniciar sesión para hacer comentarios.

Bienvenido a la mayor comunidad de escritores de relatos eróticos


Copyright © 2008. Gestores Profesionales de Contenidos Digitales S.L.
Todos los derechos reservados