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DOS ANCIANAS MUY CALIENTES

31 de diciembre de 2007

Una ligera nube de vapor cubría toda la piscina habida cuenta de la diferencia de temperatura existente entre el exterior y las aguas termales de la alberca.

Me acerqué a la escalerilla y comencé a descender hacia el agua, sintiendo una agradable sensación de bienestar que se fue generalizando en mi cuerpo a medida que aquella me fue cubriendo.

Era realmente reconfortante lo que sentía compensando largamente las horas de viaje hacia allí, buscando tranquilidad, confort y recomponer fuerzas físicas, durante los próximos cuatro días.

A medida que descendía y recibía el tibio abrazo del agua, miré a mi alrededor observando a quienes como yo, disfrutaban de esta desestresante inmersión.

Con cierto orgullo(no se de qué) comprobé que pese a mis casi sesenta años, era el más joven de la "fauna ictícola" allí presente.

Me tomé del borde como la mayoría y comencé a avanzar, apenas apoyando los pies en el fondo hasta encontrar uno de los chorros que a presión, hacían ingresar el agua. Me puse de frente a él y allí comencé a recibir un cálido masaje, a la altura de los muslos. Cerré lo ojos y me dejé llevar por esta más que agradable sensación, entrando en una cuasi somnolencia.

Poco a poco mi cuerpo se fue deslizando hacia abajo de tal forma que apenas minutos después, el chorro dió directamente sobre mi pubis. Mis pensamientos comenzaron a volar con imágenes cargadas de erotismo a tal punto de notarme sorpresivamente en erección, mientras el chorro sobre mis genitales en vez de un masaje se transformó casi en una masturbación.

Por algunos minutos me dejé llevar por esta sensación hasta que reaccioné y abrí los ojos temeroso de haber sido percibida mi excitación por quienes me rodeaban. Introduje uno de mis brazos bajo el agua intentando bajar la erección con la mano, mientras me desplacé unos centímetros a un lado del chorro para evitar el impacto del agua, procurando desviar mis pensamientos hacia el entorno casi paradisíaco que rodeaba la piscina.

Siempre casi colgado del borde comencé a deslizarme hacia uno de los lados para rodear todo el perímetro de la piscina. Esta caminata se vió interrumpida cada pocos metros por alguien a quien debía rodear por detrás para seguir adelante. Una de las personas a sortear era una anciana suspendida frente a uno de los chorros, de ojos cerrados y disfrutando claramente del masaje, aparentemente ajena a quienes la rodeaban.

Soltando una de mis manos del borde de la pileta, le pedí permiso e impulsándome con esa mano, intenté rodearla por detrás para asirme con la otra al otro lado de su cuerpo. No sé si por mal cálculo mío o porque involuntariamente…¿?, ella movió su cuerpo hacia atrás, el hecho fue que mi cuerpo se adhirió a su torso y mi pelvis aún con un cierto abultamiento de mi pene, se apretó contra sus flácidas nalgas.

Producido el contacto y con sincera vergüenza le pedí disculpas, procurando separarme rápidamente para tratar de completar mi maniobra. Sin siquiera voltearse ni abrir los ojos, la anciana respondió a mis disculpas con un:

"No te preocupes y si quieres quedarte allí toda la tarde, estaría más que conforme…"

Sorprendido por aquella inesperada respuesta me detuve en mi movimiento, quedé con mis manos sobre el borde de la piscina uno a cada lado de su cuerpo y el mío casi pegado al suyo, como al inicio de la maniobra. No pude (ni quise) evitar la morbosa sensación de apretarla contra la pared de la piscina mientras mi verga volvía a enervarse, ahora deliberadamente apoyada contra sus nalgas.

Su notoria ancianidad no fue motivo de rechazo para mi, sino todo lo contrario, alimentó bruscamente una vieja y nunca satisfecha fantasía.

¡Olalá…! Fue la respuesta de la anciana al contacto y agregó "veo que a tí tampoco te importa y esto se ha puesto muy interesante…"

En un atisbo de cordura y

temiendo que alguien se diera cuenta de la situación, me separé rápidamente y me coloqué a su lado, mientras le decía por lo bajo que si bien aquello me gustaba sobremanera, no era el lugar ni el momento para seguir adelante. Por primera vez volteó hacia mí su cara surcada de arrugas, pero con un sonrisa pícara y simpática que la hacía muy atractiva. La acercó a la mía y mientras depositaba un rápido beso en mi mejilla casi en la comisura de mis labios, me dijo que eso tenía solución si es que a mi me interesaba…, "simplemente me sigues hasta mi habitación y allí podemos estar cómodos".

Aún sin salir del asombro de la inesperada situación, pero excitado al máximo, acepté la propuesta. Volvió a darme un beso mientras su mano bajo el agua apretó muy fuerte mi paquete, me pasó el número de su habitación y dejó la piscina, calzando su bata de baño, perdiéndose hacia el interior del hotel.

Me tardé unos minutos bajo el agua tratando de nuevamente modificar mis pensamientos en procura de bajar la erección para evitar fuese notada al salir del agua. Una vez fuera me cubrí con la toalla de baño, secándome, procurando disimular mi excitación y me dirigí rápidamente hacia el interior del hotel en búsqueda de la habitación señalada, aún sin digerir totalmente lo que estaba viviendo, presa de una enorme curiosidad por lo que sucedería.

Me detuve frente a la puerta marcada con el 102 y golpeé suavemente. La puerta se abrió y allí estaba la viejecita, con una enorme sonrisa y tal como había salido minutos antes del agua, enfundada en su bata. Extendió su brazo, cogiendo con su mano la mía y me impulsó hacia adentro.

Ni bien traspuse la puerta, la cerró y apoyándose en ella me abrazó, sus labios se aferraron a los míos con mucha fuerza, invadiendo con su lengua mi boca en un beso cálido y vital. Mis brazos también la rodearon por la cintura casi elevándola desde el suelo habida cuenta de nuestra notoria diferencia de estatura. La bata a todo esto se abrió y pude comprobar que estaba desnuda por completo.

"¡Ah pícara pensé… con qué rapidez te pusiste a tono…!"

Mis manos comenzaron a deslizarse por su cuerpo delgado y de carnes flojas pero increíblemente mórbidas, por lo menos para mí, en ese momento. Siempre con los labios fundidos con los míos en un beso cargado de erotismo, con las lenguas entrelazadas y las bocas llenas de salivas que se mezclaban, tomó el borde superior de mi short de baño y lo deslizó hacia abajo dejando que mi verga casi en total erección saltara hacia afuera, oprimiéndola fuertemente con su mano, comenzando un movimiento masturbatorio absolutamente excitante.

Sin soltarla pero apartando con la otra mano su cuerpo del mío, se agachó y de rodillas abrazó mi verga con su boca, iniciando una felación fantástica. Era tanta la excitación que a punto estuve de acabar, por lo que opté por apartarla, la tomé de sus hombros, poniéndola nuevamente de pie frente a mí, siendo en este caso yo quién comenzó a recorrer su cuerpo de arriba a abajo con mis labios y mi lengua.

Casi en cuclillas llegué con mi boca a sus caídos senos, absolutamente fláccidos, coronados con enormes pezones rosados apuntando al suelo, aportando un morbo especial a su visión y que introduje alternativamente en mi boca, chupándolos como si fuesen helados de cerezas, por lo dulce y suaves que me sabían. Una de mis manos se aventuró en su vagina, cubierta por una blanca mata de pelo escaso, que apenas cubría sus labios mayores e introduje mis dedos en su cálida cueva a esta altura bastante humedecida.

"Ahí quiero tu lengua, mi machito", dijo con un hilo de voz.

Allí fui, agachándome aún más, metiendo la lengua tal lo pedido entre sus labios, saboreando gozosamente su interior y recorriendo su vagina de abajo hacia arriba, hasta alcanzar un clítoris bastante más largo de lo habitual, algo blando, pero que logré atrapar entre mi lengua y mi labio superior, jugueteando con él, mientras Eva(así se llamaba), comenzaba a emitir suspiros de placer cada vez más fuertes.

Sus manos se apoyaron en mi cabeza y me apretaron contra su pubis con fuerza, hundiendo profundamente mi cara y lengua en su cada vez más húmeda vagina. Cuan

do creía que estaría a punto de acabar, volvió a presionar mi cabeza, esta vez hacia arriba, intentando claramente incorporarme. Con poco entusiasmo (estaba gozando lo que hacía), hice caso a su requerimiento y me paré nuevamente frente a ella, sin dejar de abrazarla

"Vamos a ponernos más cómodos", me dijo, mientras me empujaba suavemente hacia atrás.

Caminé de espaldas, lentamente, abrazado de ella que me sonreía y alternativamente me besaba, mientras continuaba llevándome hacia el interior de la habitación. Así llegamos a la cama que percibí a mis espaldas, al tocar con mis pantorrillas su borde. Eva me empujó, nuevamente apoyando sus manos en mi pecho y me dejé caer de espaldas sobre las sábanas mientras mis pies quedaban en el suelo. De esta forma mi cuerpo quedó semiarqueado hacia arriba y mi verga en erección casi total, apuntaba a mi cara, apoyada en la pelvis.

Eva dejó caer su cuerpo sobre el mío, se deslizó algo hacia abajo y nuevamente engulló golosamente mi pene haciéndome resoplar de gozo. Poco a poco apoyando los talones en el piso fui reptando de espaldas en la cama, hasta que todo mi cuerpo, incluidas las piernas quedaron apoyadas encima del lecho. Eva trepó sobre mi y deslizó sus tetas sobre mis cuerpo, desde las piernas hasta mi boca, abrazando con su vagina mi verga la que quedó oprimida entre mi pelvis y la suya, provocándome con sus movimientos hacia arriba y hacia abajo otra impactante sensación de gozo, casi como si estuviese dentro de su cueva.

Volvió a escurrirse hacia abajo cogiendo nuevamente mi verga con su boca, de tal manera que sentí casi como inevitable la venida de un violento orgasmo que llenaría de seguro su boca, con todo el esperma acumulado casi con dolor, desde hacía tanto rato en mis vesículas seminales.

¡Vaya sorpresa!

Cuándo a punto estaba de eyacular y abrí mis ojos para regodearme viendo a mi dulce anciana recibiendo la inminente descarga, casi como un latigazo, comprobé que no estábamos solos. Junto a la cama, sentada en un sillón con los ojos desorbitados, de boca semiabierta y con la punta de la lengua brillando por fuera de sus labios, saboreándolos, estaba otra anciana tanto o más que Eva y a quién recordé saliendo de la piscina en el momento de yo entrar, temprano en la tarde. La sorpresa hizo que aquel orgasmo casi a estallar se detuviese, cosa que Eva percibió de inmediato.

Reaccionando rápidamente soltó mi verga, saltando felinamente sobre mi cuerpo, mientras sus labios buscaron los míos y tomó con dulzura mi cara con sus manos.

"Por favor no te detengas mi amor… ¿acaso no te resulta excitante ser observado por una tercera, mientras gozás? ¿No querés hacerla participar?"

No pude menos que hacerme cargo de esta situación inesperada y nunca vivida por mí, saturando mi cerebro de imágenes morbosamente eróticas. Apretando su cuerpo contra mí y besándola con fuerza en la boca, sin decir palabra, le transmití mi entusiasta aprobación. Incorporándose apenas, Eva se dirigió a su compañera de habitación haciéndole señas para que se acercara…:

"Maruja, en vez a pajearte mirando, vení y participá…"

Maruja no se hizo rogar. Sacando la mano que estaba casi toda dentro de su cueva, dejó caer la bata que apenas cubría su cuerpo desnudo y saltó hacia la cama, apoyando las rodillas en el borde y sus manos una a cada lado de mi cuerpo, sobre mi cabeza. Las caras de las dos ancianas quedaron frente a frente y Eva buscó su boca, fundiéndose ambas en un beso prolongado, con sus lenguas entrelazadas, en una caricia evidentemente no casual ni circunstancial, sino fruto de una evidente y prologada relación mutua.

Todo aquello me estaba enloqueciendo y no era capaz de imaginar posibilidades reales de satisfacer todas las sensaciones que me estaban generando. Desde abajo miré las tetas de Maruja que caían con dos largos dedos de guante, colgando desafiantes casi contra mi cara y que terminaban en unos pezones, con aspecto de gigantescas uvas de color rojo oscuro. Ningún esfuerzo tuve que hacer para tomarlos con mis labios, apenas abrir mi boca y dejar que uno de aquellos globos grandes y semi desinflados ingresara en ella, chupándolo con enorme placer.

Su consistencia era en su extremo tras el pezón, bastante más dura de lo que aparentaba, agregando placer al saborearla, la tersura y tibieza de su piel. Mientras yo inici

aba estas caricias para Maruja, Eva había retomado la felación en una verga que había recobrado su dureza.

Alterné las tetas de Maruja en mi boca mientras los dedos de mi mano derecha buscaron su vagina y se introdujeron en la tibieza de esa cueva que pese a la vejez de su dueña, estaba llena de flujos, producto de su calentura.

"Vení hasta acá" le ordenó Eva desde su posición…

Obedientemente Maruja se dirigió hacia la ubicación de Eva, desprendiendo sus tetas de mi boca, de tal manera que debió colocar sus rodillas una a cada lado de mi cabeza dejando su pelvis (no creo que de casualidad) frente a mi cara, con sus labios vaginales hinchados y húmedos al alcance de mi boca, ocasión que no desperdicié.

La mano que antes tenía en su vagina, la apoyé en su culo, grande y caído empujándola hacia abajo, de tal manera de chupar a voluntad toda su vulva, dejándome mojar toda la cara por sus jugos.

Mientras tanto Eva le tomó una de sus tetas y la adhirió a mi verga, chupando ambas protuberancias a la vez, provocándome una fascinante sensación plena de erotismo. Apenas un par de minutos después me volvió a ganar el desasosiego inenarrable previo al orgasmo, que ahora sí, nada impediría.

Saqué mi lengua de la concha de Maruja que a esa altura se movía y jadeaba como una posesa, convulsivando con su propio orgasmo y grité:

"Me vengo…! No puedo Másss!" "!Venite mi amor… dame toda tu leche, dále, dále! gritó Eva. "Tomáaaala!, vociferé con un alarido y me descargué brutalmente.

La teta de Maruja apretada contra mi verga comenzó a empaparse de mi leche, que espasmo tras espasmo también inundaba la boca de Eva que no paraba de succionar, tomándose todo lo que podía.

A medida que descargaba una lechada como pocas veces había tenido en mi vida, fui sucumbiendo ante semejante ejercicio de placer y todo mi cuerpo fue ablandándose y no sólo mi verga, ingresando paulatinamente en un estado de hermoso y gozoso sopor.

Si bien todo estaba casi concluido para mí, no así para ambas ancianas. Una vez que Eva limpió con sus labios y lengua todo rastro de semen de mi verga, hizo lo propio con la teta de Maruja que se estiró todo a lo largo del cuerpo de Eva, subiéndose sobre ella.

Sus cuerpos se apretaron entre sí de tal manera que sus vulvas quedaron enfrentadas, restregándose violentamente una contra la otra, hasta alcanzar ambas, violentos orgasmos entre gemidos y estertores, que de haber tenido fuerzas, me hubiese hecho muy feliz acompañar. De hecho, si bien no lo pude compartir físicamente, lo disfruté al máximo, observando. Nuestros cuerpos por mucho rato quedaron hechos un ovillo, mientras recuperábamos la calma, plenos de satisfacción.

Nuestras experiencias sexuales se dieron casi a diario durante mi estancia en las termas, transitando todas sus posibilidades.Comprobé con ello que ninguna de las dos debió hacer el más mínimo esfuerzo para ser penetradas por todos sus erotizados orificios, gozando cada vez, como si fuera la primera. Quien casi no resiste y muchas veces tuvo que pedir un alto, fui yo. Nunca viví una experiencia similar ni tan fantástica.

La sexualidad claramente no depende de la edad sino de las ganas de satisfacerse y de encontrar quienes la deseen compartir y disfrutar. Ni Eva ni Maruja bajan de los ochenta años y sin embargo me dieron la paliza sexual de mi vida y aliento la esperanza de volvernos a encontrar cuanto antes. Ambas son argentinas y volvieron a su país, ojalá podamos muy pronto hacer coincidir nuestras vacaciones.

Autor: Tato

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