Relatos eroticos, Sexo, Sexo gratis, Videos porno, Fotos porno, Porno, Porno gratis, xxx

Relatos eróticos Marqueze. El Sexo que te gusta leer.

Dos mujeres casadas

9 de octubre de 2006

Lesb, primera vez. Dos mujeres se inician en el sexo lésbico gracias a los relatos de la página.

Gracias a las páginas de Marqueze, dos compañeras de trabajo, se unen en una relación lésbica.

Todo para nosotras cambió de repente, gracias a las paginas de Marqueze, como así también a la excelente autora y amiga, Linda G., la cual me hizo conocer las bondades del cuerpo de una mujer, jamás pensamos que ellas serían el futuro de nuestro placer.

Siendo compañeras de trabajo ya durante 5 años, ambas casadas y compartido reuniones en familia, mi nombre es Ana tengo 33 y ella Sofía y tiene 30 años, un día imprimí unos relatos y se los mostré, sin medir las consecuencias que traerían aparejados, fue así como ella me pidió la dirección WWW de Marqueze, pues se había calentado tanto que quería leer otros.

Al día siguiente, ella me trae unos que la habían puesto muy cachonda, yo en un primer momento los comencé a leer, para mi sorpresa eran todos lésbicos, pero igualmente sentí, las sensaciones típicas de calentura mientras los leía, a tal punto que tuve que ir al baño, pues se me había mojado toda la tanguita.

Al regresar, me senté en mi escritorio y llevé mi vista hacia Sofía, ella me sonrió, se acercó a mí preguntándome.

¿Te gustaron Ana ?, ¿te pusieron caliente ?, decime la verdad, a mí me volvieron loca, anoche no pude dormir de sólo pensar en acostarme con otra mujer, quiero sentirlo en mi piel si lo que relatan es tan así, en cualquier momento quiero tener una experiencia como ésta.

Yo, le contesté que sí, claro que me calentaron, no soy de piedra, pero que nunca se me había pasado por la cabeza hacerlo con una mujer.

A ser sincera en la noche cruzaron por mi mente mil fantasías que me llenaron de goce a tal punto que como mi marido estaba en otra ciudad, me tuve que masturbar para aplacar mi sed, los orgasmos me venían uno tras otro, pensando en lo que me había dicho Sofía, hasta podía imaginármela desnuda, recorriendo todo mi cuerpo con sus manos, tocándome, chupándome, metiendo su lengua en cada rincón.

Los días transcurrieron, pero notaba en Sofía ciertas insinuaciones que me hacían pensar, sus modales, sus comentarios, y otras cosas más, en un momento pensé que eran todas suposiciones mías al respecto. Pero no sé qué nos pasaba, nos mirábamos y nos reíamos, mi vista se desviaba en busca de los hermosos senos redondos que tiene, me encantaba verla cuando venía con remera y se marcaban los pezones, sus nalgas marcaban su pequeña tanga y en ocasiones abría en demasía sus piernas dejándome ver el triangulito de sus bragas. Todo esto me excitaba y me ponía a mil, creo que ambas pensábamos lo mismo.

Cierto día, estaba en el vestidor de la oficina, preparándome para irme y no podía abrochar mi pendiente al cuello, como estaba siempre la infaltable Sofía, que me seguía a sol y sombra, le pedí si me podía ayudar. Levanté el pelo de mi cuello para facilitar la tarea, luego de prender el broche, sentí sus labios posarse en mi piel, en ese momento mi cuerpo quedó como electrificado, me quedé sin palabras, echando mi cabeza hacia atrás, como diciendo soy tuya.

Giré, quedando frente a ella, la situación en ese lugar era en demasía peligrosa a que nos descubrieran, pero estábamos como en una burbuja aisladas de este mundo.

La tomé por la cintura, ella abrazó mi cuello, por primera vez podía sentir cómo sus tetas se acariciaban con las mías, los pechos ya estaban duros y mis pezones erguidos, acercamos nuestras bocas y nos dimos un beso como si fuera aquel de mi primera vez en mi vida, cuando nuestras lenguas estaban por juntarse sentimos el ruido de la puerta y tuvimos que actuar como si nada pasara.

Nos empezamos a reír y a contar pavadas, para disimular la entrada de otra compañera.

Salimos y decidimos ir a tomar un café, estábamos sentadas una al lado de la otra contándonos cosas de lo bien que la íbamos a pasar juntas, pues lo nuestro estaba declarado, ambas sentíamos lo mismo, queríamos experimentar esa nueva sensación, esos nuevos placeres, de tanto contarnos cosas, cómo, cuándo y d&

oacute;nde, ambas reconocíamos que teníamos nuestra conchita toda mojada y los senos hinchados.

Con mi mano sobre la mesa, Sofía acercaba una de sus tetas y yo disimuladamente intentaba pellizcarle un pezón sobre su remera, mientras ella apoyaba su mano en mi pierna acariciándome y apretando mi muslo. Ambas estábamos para una guerra de sexo, nuestros cuerpos con deseos de gozar, más y más, nos habíamos confesado las ganas que teníamos y no lo podíamos ocultar más.

Como era jueves intentamos coordinar para concretar un viaje solas de fin de semana con la excusa de que así, como nuestros maridos van de pesca, nosotras nos tomaríamos unos días de soltería.

Esa noche nos llamamos, para acordar nuestro viaje, a la cual los hombres no se opusieron y les pareció perfecto, en nuestra charla telefónica, nos seguimos contando cosas cachondas para mantener nuestras ansias de placer.

Y así fue, como emprendimos el viaje al placer, Sofi, me pasó a buscar con su auto, al subir nos dimos un beso en la mejilla y nos echamos a reír, tomamos la carretera con rumbo a otra ciudad cercana, me encantaba verle a Sofi sus muslos que al manejar su falda los dejaba más al descubierto. No pude resistir la tentación de llevar mi mano, y sentir el roce de su piel, me pidió que no siguiera, pues así no podía conducir. Ya no veíamos la hora de llegar y estar a solas las dos todas desnudas en una cama.

Por fin, eso llegó, subimos a la habitación del hotel, cerramos la puerta y sin más palabras, nos abrazamos, nuestras bocas se buscaron con desesperación para unir nuestros labios y su lengua comenzó un entrar y salir, recibiéndola y mezclándose una con la otra, nuestras manos se aferraban en nuestras nalgas, estando cada vez más unidas, nuestros pechos se fundían el uno al otro, era hermoso, tanto placer.

Cuando su lengua llegó a mi cuello, una bella sensación se apoderó de mi cuerpo, estaba entregada a lo más maravilloso, sus manos me quitaban el vestido y yo trataba de quitar su falda, mi vestido cayó al suelo y así podía sentir más el roce de su cuerpo caliente, me seguía besando, me quitó el brasier para dejar mis pechos desnudos, sentí su mano apretarlos y su lengua chupar mis pezones, que están duros del goce que me estaba dando, yo también quería ver los de ella y chupármelos, era tal la desesperación que tenía por ponérmelos en la boca que fue ella la que se desnudó toda completamente, al verla así, la empujé sobre la cama, me quité mi ultima prenda y empecé a besarla.

Sofía se revolcaba de placer, me detuve a chuparle los hermosos pezones que siempre imaginé tenía, con unas enormes aureolas moradas, me pedía que la comiera toda, seguí bajando por su ombligo hasta llegar a lo que más queríamos, sentir el placer de chuparme una conchita, podía sentir los olores, pasé mi mano sobre el pubis, y empecé a separar sus piernas para contemplarla, ver sus labios vaginales, gorditos y carnosos, donde se apoyaría mi boca.

Con mis dedos separaba suavemente los labios, metía mi dedo sintiendo sus jugos, la miré a sus ojos y metía el dedo en mi boca para saborear sus fluidos, me dijo, Ana por favor chúpame… chúpameee… que no aguanto más, te quiero sentir.

Lentamente empecé a devorar su raja de abajo hacia arriba, ponía mi lengua dura y la penetraba lo más que podía, Sofía tomaba mi cabeza para que no la sacara, yo buscaba su clítoris, ese botoncito preciado, le separé las ninfas y lo descapullé para poder chuparlo y mamarlo mejor, su cuerpo se arqueaba más y más, el orgasmo era inevitable, se vino una y dos veces seguidas.

Ahora me toca a mí Anita, te voy a retribuir todo, te quiero…

Sí Sofi, soy toda tuya, vas a ver qué rico que es comerse una conchita.

Ay Anita, abrí las piernas, que te la quiero ver bien, quiero ver esa peludita.

Empezó a pasar su mano sobre mis labios, un sudor estremeció mi cuerpo, esas manos suaves y hábiles sabían dónde tocar, dónde sentir mejor, mi clítoris estaba por estallar.

Anita, qué lindo clítoris, nunca había visto uno tan grandecito, qué divino, ya estás toda bien mojadita, cómo te la voy a chupar, ese clítoris te lo voy a morder todito, mi amorrrrr… y qué durito ummmm.

Su

s dedos entraban y salían en mi lubricada vagina, mientras su lengua se hacía paso en mis ninfas para sobar en círculos mi clítoris, me apretaba las tetas y mi cabeza se resfregaba en la almohada de un lado a otro, del placer que sentía.

Seguí Sofí, así…así…, máss… maaaa… ssss, ¿¿¿te gusta mi amor???

Me enloquece chupártela, me gusta tu conchita, ya estoy caliente otra vez.

Dame más, másss… asiiiii, seguí. Seguí…

Sí Anita, claro que ahora viene lo mejor, me voy a devorar este botoncito, todo para mí.

Siiiiiiii… Sí… asiiiiii… másss… Ahhhhhhhhh… ummmmm.

Tuve 3 orgasmos seguidos, parecía uno solo interminable, nunca había sentido un orgasmo tan largo, fue maravilloso.

Gracias Sofí, vení dame un beso, después seguimos, tenemos todo el día para cogernos una a la otra.

Sí Anita, pero no perdamos tiempo, vamos a bañarnos juntas, después un 69, una buena chupadita en la colita, y una hermosa tijera, ¿¿¿qué te parece ???.

Sofí, de sólo pensarlo ya estoy caliente otra vez. La verdad que por ser la primera vez lo hicimos muy bien.

Sí Ana y las que vamos a hacer…

—————————————————————

A todas las mujeres, no dejen pasar la oportunidad de sentir el placer que te puede brindar otra mujer, no se van a arrepentir.

Si quieren les puedo ampliar, contestaré a los mail en anamartinez32 (arroba) hotmail.com

GD Star Rating
loading...
GD Star Rating
loading...
Dos mujeres casadas, 10.0 out of 10 based on 3 ratings
  
categoría:

Ningún comentario »

Aún no hay comentarios

Canal RSS de los comentarios de la entrada | URL para TrackBack

Deja un comentario

Debes iniciar sesión para hacer comentarios.

Bienvenido a la mayor comunidad de escritores de relatos eróticos


Copyright © 2008. Gestores Profesionales de Contenidos Digitales S.L.
Todos los derechos reservados