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Durmiendo con mi hermana III

8 de julio de 2010

Desde que duermo en la misma cama con mi hermana todas las noches tengo ganas de hacer el amor. Me pone muy caliente sentir su cuerpo ahí tan cerca, y su calor, oír su respiración, saber que esta dormida junto a mi, casi desnuda, en calzones, mientras yo tengo una erección a solo unos centímetros de sus nalgas. Desde hace unos meses me masturbo todas las noches mientras ella duerme y me vengo pensando en ella. Al principio solo me acariciaba por encima del pijama mientras recordaba cómo se había acostado esa noche. Ya dije que por lo regular ella sale del baño en ropa interior y se mete en la cama después de mí.

Aunque siempre me hago que estoy totalmente distraído viendo la tele, la verdad es que mientras ella camina del baño a la cama no le quito la vista de encima. Siempre temiendo que ella me descubra espiándola. Pero no puedo evitarlo. Son solo unos segundos en lo que ella abre la puerta de la recámara, entra luciendo sus largas piernas desnudas, va al tocador, quedando de espaldas a mí, que no le quito un segundo la vista de las piernas y de su hermoso trasero, se quita el sostén sacándoselo por los sobacos de la playera que lleva puesta, y se revisa en el espejo, antes de dirigirse a la cama, con un pequeño ademán de aprobación. Levanta las cobijas y se mete en la cama dejándome verle por un instante las piernas y el triángulo acolchado de su pubis antes de cubrirse con las sábanas. Pero qué delicia experimento entonces en esos instantes! No puedo olvidarlos en toda la noche. No puedo dormir pensando en los calzones que llevaba puestos, como se veía con la playera, hasta en la forma en que llevaba el pelo: a veces en una trenza, otras con una cola de caballo, y otras suelto.

Anoche lo llevaba recogido sobre la nuca, lo que dejaba ver su largo cuello. Casi siempre lo lleva así en las noches en que hace mucho calor, como ayer. Llevaba además una blusita de tirantes azul, muy clarita, con un osito, y unas braguitas blancas con rayitas azules y rosas. Me encantan esas braguitas. Bueno, en realidad me gustan casi todas sus braguitas, menos unas que son muy grandes. No porque no se le vean bien: ella se ve bien siempre, con los calzones que se ponga. Lo que me molesta de esos calzones es que no me dejan ver mucho.

Aunque a decir verdad ahora hasta me excita más cuando se los pone. Hasta hace poco nunca me había puesto a pensar en esto: llevo meses observándola todas las noches y nunca se me había ocurrido que por lógica ella debe de tener la regla unos días al mes. Supongo que estos son los días en que se pone precisamente los calzones de abuelita, para que no se le note la toalla. En poco más de año y medio que llevamos durmiendo juntos ella debe de haber tenido la regla unas 20 veces, y nunca me había puesto a pensar en ello. Ahora que lo sé estoy esperando para ver cuando se vuelve a poner los calzones de abuelita y tratar de ver si se le nota la toalla en la panochita.

Pero las braguitas que llevaba ayer son muy sexis y se ve sensacional con ellas. No puedo dejar de imaginarme como se ha de ver cuando se las quita. Su novio se debe de dar una agasajada envidiable. Tener una morrita tan rica encuerada en la cama y caliente, y desnudarla, debe de ser todo un agasajo. Ver su panochita, sus nalgas, sus tetas… Solo de imaginármelo me pongo a mil. Todos los días pienso en eso y me masturbo fantaseando con su cuerpo de diosa, tan delgada, tan blanca. Me gustaría saber como se recorta los pelitos del pubis.

Pero me tengo que conformar con imaginarme su sexo. Pero mi consuelo es que por lo menos salvo cuando se queda a dormir en casa de sus amigas puedo verla en calzones todas las noches. Como anoche. Qué taco de ojo me eché! Traía unos calzones de esos que les dicen cacheteros. La primera vez que se los vi tuve que pararme a media noche a masturbarme. Me hice como tres chaquetas seguidas. No mames: cuando se paró delante del espejo del tocador, de espaldas a mí, para hacer su acostumbrado ritual no lo podía creer: el calzoncito, demasiado corto para cubrirla por entero, le dejaba al descubierto casi la mitad del culo, y la raya, no imaginaria, que divide en dos hemisferios sus maravillosas nalgas, que no podía dejar de mirarle, completamente excitado, sin pensar que ese culo y esas nalgas eran para mi desdicha los de mi propia hermana. Pero mi verga no entiende de incesto y estaba tiesa como un garrote.

Esa noche vi por primera vez, desnudo, lo que llevaba tantos meses anhelando ver: el culo de  mi hermana. Bueno, casi desnudo. Pero qué delicia! Tiene un hermoso y bien formado culo, con unas nalgas blancas, redondas, y bien firmes, por los aerobics. Como para mordérselas. Esa noche mientras me masturbaba como loco en el baño, no podía borrar de mi mente la imagen de sus nalgas asomando por encima del calzón. Y la raya que las divide! Se le veía bien claro, entre los dos cachetes de las nalgas mientras ella se sacaba el brasier delante del espejo, distraída, sin darse cuenta de que me la estaba comiendo con los ojos. Luego, como todas las noches, comenzó a desmaquillarse viéndose al espejo del tocador, delante de mi, mientras me acariciaba la verga bajo las cobijas fingiendo estar concentrado en el programa de televisión que estaban pasando en ese momento.

Ella estaba allí, de pie frente al tocador, a un lado de la tele, de espaldas a mí, por lo que yo, sentado en la cama, podía ver su hermoso trasero medio desnudo, mientras fingía que estaba concentrado en la tele. Aunque no podía mirarla como quería por temor a que me descubriera por el espejo. Así que muy a mi pesar solo la contemplaba por el rabillo del ojo, como si estuviera viendo una aparición divina. Mientras trataba inútilmente de pensar en otra cosa, sin quitarle la vista de encima, ella, como una tentación irresistible, continuaba allí, totalmente absorta en lo que estaba haciendo, ajena a mi a mi mirada, ignorante del deseo que me provocaba al sacarse el sostén por los sobacos y dejar libres sus dos hermosos pechitos que se adivinaban bajo la camiseta de tirantes. Luego comenzó a quitarse el maquillaje de los ojos con un algodón mojado en crema, y mientras lo hacía sacudía imperceptiblemente su culito. Que delicia ver como temblaban sus nalgas bajo la tela de los calzones.

Pero no cabe duda de que el deseo no tiene límites y cuando ya hemos satisfecho nuestro deseo más anhelado, entonces queremos más. Digo esto porque en ese momento empecé a desear ver más. No conforme con el espectáculo que ella me estaba dando sin querer, en lugar de agradecer mi buena fortuna, no podía dejar de pensar en lo que los calzones ocultaban. En ese instante rogaba con todas mis fuerzas que ella se los bajara tantito; ya no digamos que se los quitara, o que se los bajara hasta donde terminan las nalgas -eso hubiera sido ver el paraíso-, sino solo un poquito nomás: solo unos cuantos milímetros. No pedía más. Pero entonces, en ese instante, como si me leyera el pensamiento, y de pronto se hubiera percatado de que no le había quitado la vista de las nalgas, tiró el algodón al cesto de basura, echó una rápida mirada por el espejo hacia donde estaba yo, que apuradamente alcancé a desviar la vista hacia la tele, y tirando del resorte de los calzones hacia arriba con las dos manos se los subió lo más que pudo, para taparse, hasta donde era posible, la raya del culo. Luego caminó hasta la cama y se metió.

Desde entonces cada vez que ella entra en la recámara con esos calzones, como anoche, la verga se me para como impulsada por un resorte y el corazón me palpita a mil por hora, esperando el momento en que se ponga frente al espejo, dándome las nalgas -por lo menos en sentido figurado-, y se quite el maquillaje. Pero no sé si fue el deseo, el calor que hacía, o mi imaginación, pero anoche me pareció que Sandy llevaba los calzones un poquito más abajo que de costumbre. Van a pensar que sólo me lo imaginé, pero cómo explicarse entonces que ayer, justo arribita del resorte, en la nalga derecha, a un ladito de raya, se le veía un lunar, como del tamaño de una lenteja, y juró por Dios que jamás se lo había visto. Estaba tan excitado por el descubrimiento que por la noche, sin poderme contener, y arriesgandome a que me descubriera, me saque la verga por la bragueta del pijama y me hice una chaqueta pensando en ese lunar que tiene mi hermana junto a la raya del culo, mientras ella dormía a pierna suelta, con los calzones cacheteros cubriéndole apenas las nalgas a unos cuantos centímetros de mi pene, y haciendo un esfuerzo para que mi leche no la bañara.

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2 comentarios »

  1. ninfomana1986 dice:

    niñooo tus relatos me han llevado a lo mas extenso de mi climax!! sigue escribiendo esos relatos y cuentanos que ha pasado con tu hermana es interesante leer como te masturbas en silencio mientras ella duerme deb ser full exitante estar a tu lado mientras lo haces

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  2. EDUARQ dice:

    la verdad tus relatos se ven muy real, espero pronto la cuarta parte para saber que paso con tu hermana.

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