El congreso

Infidelidad, Todos contra una. Cuando me enteré donde era el siguiente Congreso de profesores universitarios de mi especialidad me llevé una alegría, en las Islas Canarias.

Hacía dos años que había entrado como profesora ayudante y tenía que hacer méritos para optar a una plaza en el futuro. Una de las mejores formas de hacer currículo es la presentación de ponencias en congresos. Claro que no todo es trabajar en los congresos y si, de paso, podía hacer un poco de turismo.

Cuando le comenté a Isabel, una compañera, que si iba a asistir al congreso de Canarias me dijo que si, también pensaba asistir y también pensaba presentar unos trabajos.

-Compartiremos habitación del hotel, así nos saldrá más barato, le dije.

Esa misma noche se lo comenté a mi novio. Llevaba un año saliendo con él y solíamos hacer el amor apasionadamente.

– ¿Me mandarás una postal?

– Claro que si, cielo, con una foto mía tomando el sol, je, je.

Está un poco feo hablar bien de una misma pero la verdad es que estoy muy bien, soy castaña, pelo largo, 1,70m de altura, delgada y todos los chicos dicen que tengo una figura de modelo, Siempre me han dicho que era muy guapa y que mis ojos verdes eran muy bonitos. Me gusta sentirme atractiva. Mi peor defecto ahora mismo era mi color pálido, pero eso se podía arreglar en mi viaje a Canarias ya que despistaría algún rato para tomar el sol y ponerme morena.

Era por la mañana cuando cogimos el avión Isabel y yo, rumbo a las Islas Canarias. En el avión coincidimos con otros profesores de otras universidades que también asistían al congreso. A la llegada a Tenerife nos repartimos por los taxis y nos dirigimos al hotel. El congreso se celebraba en otro hotel próximo a donde nos alojábamos Isabel y yo, habíamos escogido uno más barato para adecuarlo a nuestro exiguo salario. Dejamos las maletas y nos fuimos para el congreso tras darnos una ducha y cambiarnos de ropa. Me lavé el pelo y me puse un vaquero ceñido que me hace un tipo fenomenal junto con una camisa sin mangas de color azul cielo.

Había mucha gente. Después de recoger la documentación nos dirigimos al comedor del hotel y nos sentamos en una mesa con otros profesores. Entre nuestros compañeros de mesa había otro profesor de Canarias también preparando su tesis y entablamos conversación con él. Se llamaba Fe Yo me voy a la cama  dijo Isabel.

– ¿Qué dices?- le repliqué yo- si solo son las tres

Creo que en mi interior no renunciaba a la posibilidad de tener una aventura con Fernando aquella noche, lo cierto es que el tampoco se separaba de mí en todo el rato de conversación y sus miradas delataban interés.

– Pero mañana tenemos que exponer, ¿o no te acuerdas? Fernando se ofreció a llevarnos en su coche hasta nuestro hotel a lo cual también se sumaron Pedro, el sevillano y otros dos profesores de Madrid: Vicente y Manolo que llevaban un rato también con nosotras. Aquel coche parecía una lata de sardinas pero era divertido. Íbamos cantando.

– ¡Oye Fernando! ¿Porqué no nos enseñas un poco la Isla?- Comento Manolo cuando llegábamos a nuestro hotel. Manolo era un chico rubio, alto y fuerte y bastante joven para ser profesor titular.

– A mí me dejáis en el hotel  replico Isabel.

– ¡Ala! Isabel, vamos a dar una vuelta por la isla, no seas aguafiestas- le dije yo.

– No, que yo me quedo, que estoy muy nerviosa por la exposición y quiero descansar.

– Pues yo me voy a dar una vuelta por la isla. ¿Nos vamos chicos?- añadí

Tras dejar a Isabel nos dirigimos los cinco con destino desconocido por la Isla.

-Primero os voy a llevar a un club que hay junto a la playa- dijo Fernando Continuamos nuestro viaje entre canciones y algún que otro roce.

– ¡El que me vuelva a tocar se entera!- dije

– Pero si es imposible no tocarte, si casi no cabemos.  Dijo Vicente

– Ya sabes a qué me refiero.

El club tenía poca luz y había música en directo. Nos tomamos unas copas. Yo me encontraba bastante alegre. Salimos a bailar los cinco. Estaba feliz y me sentía el centro de la fiesta conesos cuatro chicos a mí alrededor que no disimulaban nada sus miradas. Entre el alcohol, los chicos y las miradas de Fernando estaba comenzando a excitarme y empecé a plantearme si, al final, acabaría con él, con otro, y si tenía que elegir, ¿a quien elegiría? Durante un momento recordé a mi novio pero solo durante un momento. Aquella noche invitaba a lo prohibido. Continué bailando con movimientos provocativos durante todo el rato. A la salida del local hacía mucho calor.

– Aquí detrás hay una cala en donde nos podemos bañar. ¿Os habéis bañado alguna vez de noche?- preguntó Fernando

– Pero si no llevamos bañador  dije yo

– A mí si que me apetece bañarme  apostilló Pedro  y además esta tan oscuro que no me dará vergüenza ir sin bañador.

Todos nos reímos de la broma pero yo no terminaba de encajar como me iba a bañar sin bañador. Además, la luna llena brillaba en el cielo y permitía ver con claridad todo. Nos acercamos andando y riendo hasta la orilla de la playa y los chicos se empezaron a quitar la ropa.

– Yo no me baño. Solo os miro- sugerí

– Si, vamos, y que te guste nuestro strip-tease- dijo Manolo.

– Te tienes que bañar  dijo Vicente.

– ¿Qué decís? Yo no me desnudo delante de cuatro tíos  dije yo.

Ya estaban todos en calzoncillos y yo seguía sin saber que hacer. La verdad es que me apetecía bañarme con el calor que hacía y, lucirme ante cuatro hombres tampoco me parecía una mala idea, teniendo en cuenta la cantidad de copas que habíamos bebido. Pero yo era una persona seria, una profesora universitaria.

– Esta bien, me baño, pero lo haré con la ropa interior  terminé diciendo.

– Tu misma- dijo Pedro a la vez que se bajaba los calzoncillos.

Todos se quitaron la última prenda, el espectáculo era fantástico. El numerito de quitarme mis vaqueros ajustados debía ser muy interesante. Por fin conseguí bajármelos sin que mis braguitas se fueran con ellos.

– Bueno. ¿Que hacéis mirándome?  dije

– Solo faltas tú, además el espectáculo lo merece  dijo Vicente.

– Ya está  añadí.

Tan solo me había quedado con mis braguitas y mi sujetador de seda blanco a juego. Ambas prendas eran especialmente minúsculas, las braguitas eran dos triangulitos delante y detrás unidos por dos cordoncitos en los lados, el sujetador también era minúsculo a base cordoncitos y triangulitos. Todos corrimos hacia el agua gritando, entramos chapoteando, el agua no estaba fría, debía ser por el contraste con la temperatura de la noche. Dentro del agua echamos a nadar y a salpicarnos agua. Manolo me cogió por detrás.

– ¿Qué te parece bañarte con cuatro hombres desnudos?

– Excitante pero no te hagas ilusiones.

Los juegos continuaron durante algunos minutos más y empezamos a salir del agua. A pesar del agua seguían teniendo sus pollas de buen tamaño y yo no podía dejar de mirarles, seguro que se estaban dando cuenta. Fernando se tumbó boca arriba sobre la arena y todos lo seguimos sentándonos en círculo.

– Si te vistes con la ropa interior mojada acabarás mojando toda la ropa me dijo

Tenía razón y no me había traído demasiada ropa al congreso, es más, el conjunto que llevaba era el que me pensaba poner al día siguiente para la exposición. Por otro lado, despelotarme delante de esos cuatro chicos me parecía que podía ser un juego divertido. A ver hasta donde era capaz de excitarlos.

– Bueno, ese es mi problema. ¿No? dije

– Nos podrías terminar de hacer un strip-tease  indicó Vicente.

– Nosotros ya te lo hemos hecho  añadió Pedro con sorna.

– Eso es lo que os gustaría  apostillé

– Anda desnúdate del todo- dijo Fernando Me miró con esos ojos tiernos color canela irresistibles que comenzaron a vencer mi resistencia.

– Nosotros no miraremos dijo Pedro irónicamente.

– Yo te prometo que si miraré  añadió Fernando.

Me sonrió pícaramente. Yo mientras tanto no podía dejar de mirarles sus pollas tiesas y de pensar en terminar de hacer el strip-tease, y… me estaba poniendo a tope. Sin darme cuenta, me estaba acariciando entre las piernas discretamente, estaba empapada y leves escalofríos recorrían mi cuerpo.

– Está bien, me lo quitaré todo. Pero manteneos a distancia.

¡Eh!- me animé a decir.

– De solo pensarlo igual me corro  dijo Vicente.

– Como hagáis comentarios así, no sigo- dije.

Era mentira, esos comentarios me excitaban cada vez más y además, era verdad, sus pollas tiesas delataban su excitación. Me levanté y di una vuelta lentamente, tenía que lucirme bien, sabía que estarían super excitados, tras ponerme frente a ellos me solté los broches del sujetador con ambas manos, éste estaba empapado por el agua del mar. Me lo quité despacito dejándolo junto al resto de la ropa y observaba sus reacciones, algo me decía que aquella noche iba a ser muy diferente. Mis pezones estaban completamente tiesos debido a la excitación. En el fondo me encantaba mostrarles mis preciosas tetas.

– ¡Tía buena!  dijo Manolo

– ¡Estas como un tren! – añadió Vicente.

– Deja que las braguitas te las quito, yo  sugirió Fernando.

– ¡Venga ya! Ni te me acerques.

– ¡Que se las quite!, ¡Que se las quite! – dijeron todos a coro Esto introducía me entregué completamente a él. Podía hacer lo que quisiera. Las puntas de sus dedos me comenzaron a rozar a la altura de la cintura, por los lados, y de una forma torpe recorrían mi piel buscando la fina tirilla de mis braguitas, la única prenda que me quedaba. Esos leves roces… lo debía estar haciendo intencionadamente, esas caricias me estaban volviendo loca. Levanté mis brazos y los puse por detrás de mi cuello para dejarle hacer y cerré los ojos para no perderme de ninguna de aquellas sensaciones. Se apoyo con todo su cuerpo desnudo y húmedo contra mi espalda. Su verga se me clavaba contra la misma. ¡Ay!

Cuanto deseaba tomarla entre mis manos y metérmela dentro. Abrí los ojos y observé a los otros tres chicos ante mí mirando detenidamente, no se oía ni una mosca tan solo mi fuerte respiración. Vicente tomaba su polla con su mano derecha y se la acariciaba arriba y abajo masturbándose lentamente. Para entonces las manos de Fernando no sólo no buscaban mis braguitas sino que, mucho más arriba, recorrían mis pechos y mis pezones suavemente en apenas un suave roce con las yemas de todos los dedos de sus manos. Si me tocan los pezones me vuelvo loca y vaya como me los estaba tocando. Pasaron unos segundos. Un escalofrío me recorrió, creí que iba a correrme en ese momento. El toque definitivo fue su aliento cálido sobre mi nuca y mi oreja izquierda.

– Me gustas- susurró.

Como si hubiera sido un rayo, un orgasmo recorrió todo mi cuerpo partiendo de mi clítoris y extendiéndose a todo mi cuerpo provocándome un ligero tembleteo de piernas que todos debieron percibir.

– ¡UUUaaahhh!  Miles de sensaciones distintas explotaban en mi cabeza.

– No te muevas  dijo Fernando.

No me moví. No me hubiera movido por nada del mundo.

Sus manos ahora si habían encontrado las tiras de mis braguitas y comenzaban a deslizarlas hacia abajo lentamente. Junté mis piernas para facilitarle el trabajo, todavía me temblaban por el orgasmo que no había cesado del todo. Noté como se arrodillaba tras mío a la vez que iba besando toda mi espalda y continuaba bajando mi última prenda. La cara interna de mis piernas estaba chorreando por el orgasmo que había tenido y deseaba más y más. Allí me encontraba completamente desnuda ante cuatro hombres con sus pollas enhiestas tras haber hecho una exhibición de orgasmo digno de la mejor de las películas eróticas. Volví a mirar al frente y el resto de los chicos se levantaban y se dirigían hacia mí ahora. Sentí las manos de Fernando acariciando entre mis piernas y la raja de mi culito, sus dedos recorrían despacio todas las partes íntimas de mi cuerpo. Un instante después eran varias las manos las que comenzaban a tocarme por todos mis rincones. Con cada mano cogí una polla erecta y comencé a intentar masturbarlos. Mediante unas leves presiones me invitaban a recostarme sobre la arena. Me arrodillé, me senté y me tumbé sobre mi espalda mientras bocas y manos me recorrían lentamente. No podía hacer nada con mis manos así que opté por abrir mis brazos en cruz y dejar hacer. Cerré los ojos y poco a poco comencé a tener otro orgasmo que iba subiendo despacio pero sin pausa. Me abrí de piernas en un intento frenético de que aquello no parara y fuera a más, a tope. Quería que mi co&ntild

e;o fuera llenado completamente por alguien con urgencia y fue Fernando el que se acercó y me terminó de separar las piernas apoyando sus manos sobre mis rodillas. Apuntando con su mano sobre su verga me la introdujo poco a poco, se recostó sobre mí y me la terminó de introducir hasta el fondo.

U recorrían todo mi cuerpo noté como Pedro se corría en mi boca, poco más tarde lo hacían Manolo y Vicente sobre mi cuerpo. Tan solo continuaba Fernando haciéndome el amor. Sus ojos me miraban con deseo. Yo apretaba contra su duro culo para introducírmelo cada vez más adentro, la excitación fue subiendo poco a poco nuevamente. Cada vez que entraba con su polla notaba como me llenaba completamente despertando un océano de sensaciones en mi interior Una inmensidad de cosquillas y vibraciones empezaron a recorrer mi vulva y mis tetas extendiéndose al estómago, a las piernas, se me comenzó a erizar el pelo y a tener un ligero temblequeo de piernas. Quería retener esas sensaciones que me llenaban y se me escapaban. Fernando empezaba a abrir la boca a la vez que cerraba los ojos, el ritmo aumentaba por momentos.

Explotamos los dos a la vez en un intenso orgasmo, el tercero de la noche. El orgasmo continuaba y continuaba mientras Fernando no paraba en su movimiento. Nunca el cielo estrellado me pareció tan bonito ni la suave brisa del mar que me acariciaba. No recuerdo si chillaba o simplemente abría la boca en un intento por liberar parte de la energía que circulaba por mi interior. Mis dedos se clavaban sobre la espalda de Fernando y los talones de mis pies lo hacían en arena con fuerza. Toda mi musculatura participaba de ese orgasmo impresionante a la vez que se oía el romper de las olas del mar al fondo. Tras la tempestad vino la calma, mis músculos se relajaron suavemente dejando mis piernas y brazos apoyados sobre la arena. Todas mis extremidades eran como si fueran de plomo, el peso de Fernando sobre mi cuerpo me arropaba. Así pasamos breves minutos, Fernando me besaba en la mejilla, al final comencé a sentir frío.

– ¿Nos levantamos? me susurró Fernando.

Comenzó a levantarse lentamente.

– Ya sé que es un tópico y que la respuesta es obvia pero… ¿te ha gustado?- añadió No le contesté, simplemente le sonreí y lo besé con todas mis fuerzas, sentada donde estaba.

Los otros tres chicos ya se habían vestido y se encontraban echando un cigarrillo cerca del coche. Tras limpiarnos, nosotros nos vestimos también intercambiando miradas de cariño. La ropa estaba llena de arena. Nos montamos nuevamente en el coche y nos dirigimos al hotel en silencio. La mano de Fernando cogía la mía tiernamente. Al día siguiente la exposición me salió fenomenal y Fernando nos acompañó al aeropuerto a Isabel y a mí. Corté con mi novio. Desde entonces nos escribimos y ya han pasado siete meses. Las próximas vacaciones de semana santa creo que haré una visita nuevamente a las Islas Canarias.

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