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EL CUARTO OSCURO

26 de abril de 2005

Hola a todos. Digamos que me llamo Andrés. Tengo 30 años. Soy moreno, ojos oscuros, mido 1,81 y me gusta hacer deporte. Digamos que tengo un buen cuerpo y no estoy mal. Me gusta el sexo y experimentar. Y me encantan las mujeres. Yo sí soy de los que piensa que todas pueden ofrecerte alguna cosa. Eso no significa que me lo haga con cualquiera, si no que siempre he sacado alguna cosa positiva de mis relaciones. En fin, os paso a relatar una experiencia que me sucedió.

Hace unos años, salía con una chica con la que, básicamente, me dedicaba a follar.

No era una relación romántica, ni mucho menos. Nos llamábamos una o dos veces por semana, nos veíamos para cenar, tomar una copa (a veces, ni siquiera eso), y luego nos íbamos a casa de uno de los dos a echar unos polvos. Todo hay que decirlo: probablemente, era la chica más viciosa con la que me he cruzado en toda mi vida. Estuvimos juntos durante un año, más o menos. El secreto de haber durado tanto fue que nos caíamos cojonudamente y, además, nos entendíamos perfectamente en la cama. Todo lo que se nos ocurría lo hacíamos directamente, porque sabíamos que el otro lo iba a aceptar.

Digamos que ella se llamaba Eva. Era morena, pelo corto, delgadita, pero con las caderas bien torneadas y un culo maravillosamente bien formado. Medía, aproximadamente, 170. Los pechos no eran demasiado grandes, pero sí estaban perfectamente contorneados y tenía unos pezones oscuritos bastante gruesos. Tenía unos labios no muy carnosos, pero sí muy perfilados. Hacía unas mamadas de escándalo. De hecho, ha sido la única tía con la que he estado que se metía repetidamente la polla en la boca hasta el fondo y hacía que los huevos se estrellaran contra su barbilla. Así durante un buen rato hasta que te corrías& ¡y mantenía la postura mientras se tragaba todo! Cuando la sacabas salía sin una sola gota. Y no es una licencia poética.

El caso es que en una de las ocasiones en las que estábamos juntos en la cama después de follar- nos pasábamos muchísimo rato hablando después de hacerlo- le comenté que un compañero me había hablado de cachondeo de ir a un club de intercambios. Se lo dije con la boca un poco pequeña, porque aunque no nos cortábamos nada respecto a hablar de sexo, sí era la primera vez que hablaba de hacerlo aparte de nosotros dos. Eva simplemente me dijo que ya lo veríamos y, la verdad, como estaba muy bien con ella no quise insistir para no cagarla.

El caso cuando llegamos a la puerta los dos estábamos bastante cortados, porque no sabíamos muy bien de qué iba la cosa. Pero nos podía mucho más el morbo de la situación, así que entramos.

Tuvimos que llamar al timbre de una puerta metálica y, después de que nos observaran por una mirilla, nos hicieron pasar. Al principio, temía que nos hubiéramos confundido de sitio, ya que la entrada parecía la de un bar de putas. Había un pequeño pasillo, en cuyo final una cortina muy tupida y de terciopelo por la que tuvimos que pasar daba paso al interior del local. Eva debió pensar algo parecido, ya que me agarró la mano con fuerza mientras éramos conducidos al interior por un armario de dos metros. Lo primero que sentimos (después de aquella noche comentamos muchísimas veces cada detalle) fue sorpresa. Estábamos dentro de un pub normal y corriente. La luz, tenue, la música tranquila, suficientemente alta para mantener la privacidad, pero no tanto como para evitar una conversación.

Nos sentamos en una mesa y la camarera- una chica amabilísima, con una sonrisa de oreja a oreja- nos sirvió las copas que le habíamos pedido mientras nos preguntaba si era la primera vez que íbamos. Le contestamos que sí y pasó a explicarnos cómo funcionaba el local. Nos dijo que ella era la mensajera y que si estábamos interesados en alguna de las parejas que estaban en el local, la avisáramos y ella se lo comunicaría directamente a ellos. Nos comentó que había una sauna común y un cuarto oscuro donde podíamos dirigirnos con la pareja que nos gustara o bien, después irnos a nuestr

as casas con ellos. Estábamos un poco intimidados por la situación, pero a la vez bastante excitados. A los pocos minutos, se dirigió a nosotros la camarera y nos comentó que una pareja estaba interesada en conocernos. Después de mirarles, saludarles con la mano y ver que tenían bastante buena pinta, Eva y yo aceptamos su invitación y nos dirigimos a su mesa. Estaba situada en una esquina alejada de los otros clientes, con una iluminación más tenue que el resto del local. Era un sitio fabuloso para pasar desapercibido. Era una pareja sumamente atractiva. Él, un cuarentón muy bien cuidado, con una planta estupenda. Ella, treinta y tantos, con un cuerpo cojonudo y un escote súper excitante. Por aquel entonces, yo tenía 26 años y Eva 27, con lo que la diferencia de edad era considerable. Pero con sólo ver el brillo de excitación en la mirada de Eva, sabía que habíamos acertado de pleno.

Después de un rato de conocernos un poco mientras tomábamos la copa, Álvaro nos preguntó abiertamente qué era lo que hacíamos en ese local y qué esperábamos exactamente. Como parecían bastante majos, relajados les explicamos que buscábamos una situación diferente y morbosa y que, aunque era la primera vez que vivíamos esa experiencia, los dos teníamos muy claro que era algo que nos apetecía hacer. Nuestra explicación debió parecerles suficiente y, ante mi sorpresa inicial, Laura- la mujer- posó su mano sobre mi muslo, muy cerca de la entrepierna. Después del primer respingo, todos rieron y Álvaro me dijo que me tranquilizara. Y así hice. Así que Laura, mientras los cuatros seguíamos hablando de banalidades, comenzó a acariciarme, cada vez más cerca de los huevos. Pronto, la situación se me hizo profundamente excitante y mi polla comenzó a reaccionar. La conversación fue derivando hacia temas cada vez más picantes y, con el paso de los minutos, se formaron dos conversaciones: Una, entre Laura y yo y la otra entre nues instante, me sentí un poco celoso, ya que el rostro de excitación que tenía mi chica era casi salvaje. Pero me entregué completamente a la situación cuando Laura nos propuso que fuéramos al cuarto oscuro.

Como novatos que éramos, les preguntamos qué era exactamente eso. Estábamos enterados vagamente, pero no sabíamos los detalles. Álvaro nos explicó que era un cuarto cuya visibilidad se podía elegir. Normalmente, nos explicó, se comenzaba con una luz lo suficientemente clara como para observarnos mientras nos desnudábamos y, poco a poco, se podía bajar la intensidad hasta alcanzar la oscuridad total. A mí la situación me pareció súper excitante y al ver la expresión de Eva, supe que aquella noche sería memorable. Tras unos breves instantes de charla con la camarera y el pago del alquiler de la habitación, Laura nos hizo un gesto para que nos dirigiéramos, junto a ella, a una puerta que había en un extremo del local. Con el corazón latiendo fuertemente por la excitación, entramos en la puerta y nos encontramos con un espectáculo maravilloso: la habitación, pintada en ocre, estaba tenuemente iluminada; en el centro, una cama enorme (supongo que serían dos de matrimonio unidas); y alrededor, en diferentes muebles, todo tipo de artilugios relacionados con el sexo. Había desde condones de todas marcas, formas y tamaños, hasta vibradores, máscaras, un látigo y máscaras de cuero. En definitiva, el lugar estaba ideado para disfrutar de todas las posibilidades del sexo.

Una vez dentro, sin mediar palabra, Álvaro y Laura se pusieron a desnudarnos con bastante premura. La habitación estaba pagada para tres horas, pero la pareja parecía tener mucha prisa en comenzar. Eva, un poco nerviosa aún por la situación, se dispuso a decir algo, pero Álvaro le puso un dedo en la boca pidiéndole silencio. Desde ese momento hasta que salimos, ni una sola palabra (aparte de jadeos y exclamaciones de placer) salieron de nuestras bocas. Laura estaba de rodillas ante mí, desabrochándome los pantalones, mientras Álvaro, en similar postura, le bajaba el tanga a Eva. Cogí del cuello a mi chica y comencé a besarla con pasión, como si nos fuera la vida en ello. El espectáculo debió gustarles a nuestros amigos, porque ambos se pusieron a comernos la entrepierna casi a la vez, como si estuvieran compenetrados. Laura cogió mi polla, que estaba durísima, y

comenzó a masajearla lentamente mientras se metía el glande en la boca y lo saboreaba como si se tratara de un caramelo. De vez en cuando, recorría con la punta de su lengua el frenillo, provocando en mí un estremecimiento de placer.

Por su parte, Álvaro recorría con su lengua todo el coño de Eva. Pasaba la punta por los labios, separándolos lentamente. Después se entretuvo en el clítoris, aprisionándolo con los labios. Yo sabía que eso le encantaba a Eva y, tal como sospeché, ésta comenzó a suspirar de placer. ¡¡Aaaaaahhhh!! ¡¡Sííííiíííííí!! Por mi parte, yo seguía besando a mi novia, ahora en el cuello, mientras con mi mano le desabrochaba su blusa y comenzaba a sobarle las tetas sobre el sujetador. En ese momento, me apetecía ver a Eva como una puta, follada por todos sus agujeros, con el carmín de sus labios corrido, despeinada y sudando. Y me aseguré que así sería. Sin quitarle el sujetador, le saqué una de sus tetas de la copa y acerqué mis labios al pezón. Comencé a besarlo con pasión, se lo mordisqueaba y notaba cómo cada vez estaba más erecto dentro de mis la bruscamente, le separé las piernas para dejar su coño a mi disposición. Era un coño claro, con los labios inflamados de la excitación y completamente depilado. Del interior salía un fino chorro de sus jugos. Saqué mi lengua y comencé a recorrer cada centímetro cuadrado de la piel que había entre sus piernas. Comencé a besar la cara interna de sus muslos, mordisqueándolos suavemente y lamiéndolos a su vez. Después acerqué mi boca a su coñito y, a escasos milímetros, pero sin llegar a tocarlo, comencé a soltar el aliento para que Laura lo notara. Su raja estaba completamente abierta para mí. Así que con la punta de mi lengua fui recorriendo los labios muy despacio. Posteriormente, acerqué mi lengua a su clítoris, que estaba bastante grande y erecto, y fui lamiéndolo haciendo círculos entorno a él. Intercalaba los círculos con lametones rápidos en el centro y sus caderas fueron moviéndose acompasadamente ofreciéndome su coño. ¡¡¡Sí, mi niño, cómetelo así, síííííííííí!!

Introduje un dedo en su coñito muy lentamente y fui metiéndolo y sacándolo, mientras mi boca seguía haciendo las delicias de su clítoris. El ritmo fue acelerando, Laura parecía un potro desbocado y yo ya tenía toda la boca recorriendo por completo su coño. Pasaba mi lengua desde el perineo hasta el clítoris, arriba y abajo, como si de un ascensor se tratara. ¡¡¡Ssssí, cabrón, cómete todo mi coño, así, así, aaaaaahhhh!!! Estaba tan dilatada que le podía meter cuatro dedos sin complicación, cosa que le puso aún más cachonda. Finalmente, se corrió en mi boca y pude notar un leve incremento de su flujo entre mis labios. ¡¡¡¡¡Síííííííííííííííí, aaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhh!!!!!!!!!! Mientras tanto, Eva le estaba haciendo una de sus memorables mamadas a Álvaro. El otro estaba tan entregado, que le tenía cogida de la parte trasera de su cabeza mientras bombeaba toda la polla hasta el fondo. Era la primera vez que veía a Eva comérsela a otro tío y la escena me puso cachondísimo.

Según estaba, con la blusa a medio abrir, con una teta fuera del sujetador, de rodillas en el suelo, con las manos apoyadas en la cama y con la polla de Álvaro follándole, literalmente, la garganta, me acerqué por su espalda y le subí la minifalda, dejando su precioso culo al descubierto. Sin más espera, le metí toda la polla hasta el fondo de su coñito, lo que agradeció con un gemido. La verga entraba y salía con total facilidad, porque estaba completamente lubricado por los flujos y la saliva del hombre. Los huevos chocaban estrepitosamente contra Eva y comencé a notar las sensaciones previas a una gran corrida. Miré a Laura y debió intuir lo que pasaba, ya que se acercó rápidamente a mi lado y comenzó a lamerme los huevos por debajo del coño de Eva.

Álvaro sacó su polla de la boca de mi chica y se la restregó por la cara, mientras terminaba haciéndose una paja. Comenzó a correrse e

strepitosamente e, incluso, me llegó salpicar a mí. El tío era una auténtica máquina de hacer leche. Los chorros de esperma no paraban de salir y explotar contra la cara y boca de mi chica, quien hacía lo posible por comerse la mayor cantidad posible. Eva, como me conocía muy bien, se puso de medio lado para que yo pudiera observar su cara llena de leche mientras la polla de Álvaro explotaba. La SRC=”http://www.marqueze.net/barra1.gif” HEIGHT=8 WIDTH=824 ALT=”EL CUARTO OSCURO – Eva estaba con la polla de Alvaro follandole, literalmente, la garganta, me acerque por la espalda y le subi la minifalda, dejando su precioso culo al descubierto y sin esperar, le meti el pene hasta el fondo de su coñito, lo que agradecio con un gemido.”>

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