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EL CULAZO DE MI SUEGRA

19 de agosto de 2008

Este relato sucedió la semana pasada. Tengo 30 años y casado con una linda mujer de 28. ¡Y ha sacado las caderas de su madre! – decía siempre mi suegra una mujer de 59 años… Para ser sinceros siempre me molesto eso. Si bien mi mujer tiene un culo delicioso no toleraba que mi suegra lo comentara en las reuniones de familia, creo que era más por el morbo que generaba sobre todos en la familia y delante de los maridos de mis otras tres cuñadas. Nunca comenté nada a favor o en contra.

La familia de mi mujer es muy pequeña y casi todas las celebraciones de cumpleaños las celebramos juntos. Siempre veíamos lo de la comida, el cóctel para el brindis, las cervecitas, la música que le gustaba a mis suegros y también las últimas salsas cubanas. Sería como las 10:30 PM y ya habíamos cenado y la fiesta estaba entrando en todo su apogeo. Habíamos tomados muchos traguitos de pisco antes de cenar y ya comenzábamos a tomar cerveza con bastante apuro mientras sonaba la música en la sala.

Aquel día habían ido dos hermanas de mi suegra con sus maridos y después de cenar entraron al tema (como era algo usual) de como se bailaba a mediados de los 60. Mi suegra se apuró en decir que por esos años tenía como unos 18 años y le decía a su marido como era que bailaba con él.

Para ser sincero era gracioso, me la imaginaba a mi suegra como a mi mujer, pues se parecen mucho, tratando de ligarse a mi suegro. Hasta que pregunté que era lo más atrevido en ese momento a lo que mi suegra se apresuró en decir que era bailar apretados y el varón ciñendo la cintura de su pareja. Fue la hermana de mi suegra la que dijo que no. Que lo más atrevido era bailar pechito con espalda. Y de repente se creo una conmoción. Ella intentó sacar a su marido a bailar, pero al no aceptar invitó a mi suegro para que supiéramos cuan atrevidos eran en su época.

Para esta hora los tragos ya habían avanzado y se hablaba en voz alta y celebramos cualquier ocurrencia. Pero me quedo paralizado al ver cuando mi suegro tomó de las manos a su cuñada y haciéndola girar, la abrazó… ¡pechito con espalda!

La música era un danzón de Celia Cruz. Y mientras sonaba la música pude ver con estupor la forma como mi suegro y su cuñada se movían. Todos aplaudían y hacían barra al que mejor lo hacía. Para serles sinceros, fue la mejor punteada que vi en mucho tiempo y tan cerca. Y les digo punteada porque la hermana de mi suegra también tiene semejante trasero que al separarse de mi suegro después de unos segundos de baile pude apreciar que debajo del pantalón de mi suegro había un gigante que se estaba despertando. El se sentó y las bromas siguieron.

Mi mujer había ido a la fiesta con un vestido de tela hindú y una tanguita blanca. Se le traslucía todo. Me dijo que la acompañara a la cocina a sacar más cócteles de pisco. Y al verla no me pude resistir. La veía tan provocativa con su faldita que acercándome le hablé al oído para decirle como su papá se la había punteado a su tía delante de todos y que su mamá no había dicho nada.

Mientras le besaba el cuello la tomé de las caderas y le decía como lo había visto. Ella me dijo que no siguiera que nos podían ver. Fue inútil me puse bien pegado atrás de ella y comencé a hacer los mismos movimientos que hacía mi suegro, pero con más descaro. Ella echó su cabeza para atrás y me cogía de las manos mientras yo comencé lentamente a subirle la falda. Me agachaba un poco para deslizar con mi miembro, ya al palo, ese vestidito hacia arriba. Ella cogía mis manos y yo deslizaba poco a poco el vestido para arriba hasta que pude sentir la protuberancia de sus nalgas desnudas entre mis manos.

Levanté la falda más y al ver ese lindo culo con la tanguita tan chiquita la eché sobre el mueble de la cocina y le pedí que se pusiera de puntitas de pie y que quebrara ese culito tan rico. (Así se lo pido siempre

). Así lo hizo y mientras lo hacía me dijo: – ¡Espera! ¡Aquí no! Nos pueden ver. Espérate hasta más tarde que haré lo que tú digas. -¿Estás segura que harás lo que yo diga? -claro papi, ¡lo que quieras! En eso escuché un carraspear que estaba muy cerca. Era mi suegra. Me cortó todo. Al entrar a la cocina nos dijo: -¿Que hacen acá que no van a bailar?

-Ya mamá-le dijo mi mujer- venimos por unos traguitos más. Mi suegra me miraba fijamente. Yo estaba abochornado. No sabía si nos había visto.

La fiesta siguió y en una de esas que bailé con mi suegra, y ya entonado con los tragos, le pregunté:

-¿Es cierto que así se bailaba en su época? -Si claro, pero a mí no me gustaba. Tu suegro siempre quería bailar así y en casa a mis padres no les gustaba. No se cómo, pero hice un quiebre en la salsa cubana que bailábamos y de pronto quedé pechito con espalda con mi suegra. Ella se acomodó y se reía mientras me decía: -Así era como se movían las mujeres en ese tiempo. Y restregando su culo con mi miembro puede sentir que aún lo tenía sabroso.

-Vaya -le dije mientras nos soltábamos – Que rico se bailaba. No hubo otro incidente en toda la noche, aún cuando lo busqué, solo recordaba esa restregada con mi suegra.

Terminó la fiesta y me apresuré en irme a dormir con mi mujer al que fue su cuarto. Hicimos muchas cosas ricas y llegamos a un orgasmo simultáneo como muchas veces. Ella se durmió como a las cuatro y yo me moría de sed y de calor después de esa fogosa sesión de amor con mi mujer. Me fui a bañar y al salir fui a la cocina a tomarme un vaso con agua fría. Cual no sería mi sorpresa que al rato entró mi suegra en un camisón hasta las rodillas, pero no llevaba más que su calzón abajo.

-No puedo dormir – me dijo. – Si, hace mucho calor, acabo de darme un baño. -¿Quieres que te sirva un refresco?- me preguntó -¡Bueno!

Ahora solo recordaba aquel restregón que me pegó mi suegra y le pregunté así sin más que había sentido cuando vio a su marido bailar así tan apretado con su hermana. Me dijo que su marido había sido enamorado de su hermana y ella inclusive sabía que habían tenido relaciones cuando eran muy jóvenes. Me quedé intrigado. – ¿Y cómo lo sabe? – Pregunté – Ella me lo contó (su hermana), cuando nos hicimos novios – y porqué se caso entonces.

- Porque creía estar enamorada.- Puso una mano sobre su cara y se puso a gimotear. Me acerqué para consolarla apoyando mi mano por su espalda. Al hacerlo pude ver como se le pegaba su camisón a su trasero.

Comencé a hacerlo más suavemente y cuando le cogí el cuello le dije: -Pero suegra, está usted muy tensa. ¡Venga! Voy a hacerle unos masajes para que se relaje.

No me dijo nada y sin pensarlo me puse atrás de ella. No sabía lo que hacía, pero si lo que quería hacer.

-Relájese, le susurraba cerca al oído. Y comencé a hacerle un masaje en los hombros, los brazos, la espalda y mientras lo hacia veía como su camisón iba arriba y abajo mientras se pegaba a su cuerpo.

-Espera-se apresuró a decir- no me siento bien creo que voy a vomitar. Y reclinándose sobre el lavabo hacía el ademán mientras desde atrás como su camisón se levantó un poco más. -Despacio, despacio- le decía mientras le hacía masaje en su espalda. Y aprovechaba para levantarle también un poco de su camisón que a esta altura ya estaba a la mitad de su muslo.

Abrió el caño y bebió un poco de agua reclinándose un poco más. Esto como verán solo provocó que su camisón se levantara un poco más. Estaba excitado. Me imaginé por un momento aquel trasero en sus buenos años y la forma como se había restregado contra mi pija cuando bailamos. Bajé mi mirada y vi algo que me excitó más. (También soy fetichista de pies hermosos) ¡Mi suegra tenía los mismos pies que mi mujer! No pude aguantar esa escena y le dije: -Reclínese un poco más para que no se moje su ropa.

Al hacerlo hizo algo increíble. Se paró en puntas de pies… ¡y se quebró otro poco! -Así está bien—me decía- mientras veía como esos piececitos pequeños se ponían iguales a los de mi mujer.

-Si le dije con

voz entrecortada.- ¡Siga así está bien!

Me puse atrás de ella y comencé a hacerle masaje en el cuello, la espalda, los brazos mientras me pegaba contra su cuerpo y además…

¡A subirle poco a poco su camisón! Mientras lo hacía me pegué a ese culo sabroso, ella hizo otro tanto. ¡Una delicia! Levantaba su camisón ya con premura cuando al llegar a la altura de sus nalgas me dijo: -Sabes que los vi cuando estaban en la cocina.

- Si – le mentí -nunca me había excitado ver como se la culeaban a mi hija.-dijo – ¿Y que le pareció suegra? –pregunté comiéndome las palabras pues ya podía ver ese trasero y ese calzón que ya estaba debajo de mis manos.

- Eso quiero saberlo ahora. Y pegando más su trasero se puso casi en 90 grados mientras yo ….mientras yo …bajándole su calzón dejaba expuesto 120 cms. del más bello trasero maduro y yo, era dueño de él en ese momento… Y con mi verga en la mano me dispuse a comérmelo todito, en medio de sus gritos se la enterré hasta los huevos sin misericordia…

Ese sí era un culo, y su dueña lo sabía usar muy bien, ¡y vaya que sabía! Se lo dejé bien llenito de leche y seguimos un largo rato más…pero en otro relato, ¿vale?

Autor: Ra Dhel

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