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EL DIA QUE ESTUVE CON MI SUEGRA

22 de marzo de 2007

Soy Julio de 27 años y he sido novio de Lina de 25 durante los últimos 4 años, ambos somos hijos únicos. Provenimos de familias económicamente solventes y de forma de pensar sumamente conservadora y religiosa.

El noviazgo tan largo obviamente nos ha llevado a que nuestra relación no sólo haya sido de "manita sudada", es decir hemos mantenido relaciones íntimas desde hace más de dos años, situación que hemos intentado mantenerla en secreto para no generar problemas en casa. Este noviazgo también ha generado que tanto ella como yo sintamos como nuestra la casa del otro, y así nos han recibido.

Un día como tantos llegué a su casa y sólo estaba la mujer de la limpieza, por lo que como siempre cuando no había nadie, me senté a ver la TV en el salón de estar, poco después llegó mi suegra (también se llama Lina, por lo que desde hace ya tiempo le digo simplemente suegra en tono amistoso) y se sentó en el salón conmigo y me dijo que aprovechando que no había nadie más quería charlar seriamente de algunas cosas.

La plática tuvo como punto toral la relación que supuestamente guardábamos en secreto Lina y yo, y de la cual tenía conocimiento mi suegra simplemente por percepción materna, sinceramente me quedé de hielo y no supe que decir porque su tono no era de reproche ni nada parecido, más bien de consejo de que teníamos que cuidarnos para no estropear nuestras vidas por algún evento "inesperado"…

Tanto la madre como la hija, son mujeres muy atractivas, pero es obvio que de mi novia sólo podría yo hablar cosas gratas, pero intentando describir a mi suegra, es una mujer de unos 47 años, pero que siempre ha mantenido un culto a su figura muy especial, usando cremas y tratamientos para conservar la piel fresca, lo mismo que su cabello y con mucho ejercicio aeróbico ha provocado que su apariencia sea de una mujer de unos 30 años, de hecho mucha gente las considera hermanas, es alta, cabello negro lacio y largo a los hombros, no es exuberante en sus formas pero si muy atractivas a la vista y lo más espectacular en ella son las piernas perfectamente bien torneadas y una cintura que puede ser la envidia de muchas jovencitas.

Ese día la charla aunque se llevó en un nivel muy objetivo y casi hasta profesional (ella es sicóloga de profesión), obviamente los temas me inquietaron sexualmente pues se habló clara y directamente de "el pene", "la vagina", "los senos", "los pezones", "el semen", "la erección", "las posturas", "la felación", y los diferentes tipos de sexo, como "oral", "vaginal", "anal" y de los métodos anticonceptivos y hasta de los sitios en dónde acostumbrábamos hacer nuestras cositas …, todo esto provocaron que mi mente divagara y pasara por mi cabeza la posibilidad de conocer más íntimamente a mi suegra. No pasó de ahí la cosa, al poco llegó Lina y salimos al cine, pero tal era mi excitación que ese día hicimos el amor apasionadamente y durante largo rato mientras estábamos acariciándonos y besándonos, pensé que Lina era mi suegra, venía a mi cabeza la charla de la tarde y en mi cabeza ese día le hice el amor a mi suegra y no a mi novia.

Pasó el tiempo y esa charla quedó en la historia, nunca más hablamos mi suegra y yo del tema, y ni siquiera Lina me comentó que hubiera tenido una charla similar, según Lina, nuestra intimidad seguía siendo secreta, cosa que nunca me animé a desmentirlo.

En un fin de cursos, D. Alberto (mi suegro) invitó a Lina a que le acompañara a un viaje que él tenía que hacer, mi suegra no podía ir porque tenía citas en su consultorio que no podía mover, así que se fue Lina y mi suegro a un viaje de 30 días a la Argentina. Por mi parte aproveché a ir a visitar a unos primos en una ciudad cercana a donde vivimos y pasarme unos días con ellos.

Con Lina mantenía comunicación dia

ria por el Chat, y me contaba lo bien que lo estaba pasando y todo lo que estaba conociendo, pero un día me dijo que había hablado con su mamá y que la había sentido muy triste y que le causaba cierta sensación de culpabilidad por haber aceptado el viaje y dejarla sola, por lo que me pidió que con cualquier excusa la fuera a visitar cuando regresara a la ciudad; y quedamos que iría a por unos CD”s que yo le había prestado a Lina y que ella tenía en su habitación y que estaban revueltos con otros. Ella le avisaría.

Así pues, el primer sábado por la tarde una vez que regresé a la ciudad, llamé a mi suegra a saludarla y me comentó que Lina le había pedido que me entregara unos CD”s pero que no los podía identificar por desconocer los nombres de los grupos y de las canciones, así que me pidió que cuando pudiera ir, los buscara yo mismo dado que ya sabía dónde los tenía ella. Le dije que podía ir en ese momento si no le importaba y en eso quedamos.

Llegué a verla a eso de las 7, me abrió ella y me dijo que le había dado unos días a la señora de la limpieza y por lo tanto perdonara si había un poco de desorden… mi suegra se veía efectivamente triste pero no hice comentario al respecto, mas bien le dije que se veía muy bien y que parecía que la que había tomado las vacaciones era ella, me agradeció la flor haciéndome una caricia en la mejilla, cosa que muy pocas veces lo hacía; por su forma de pensar tradicionalista y conservadora, evitaban mucho los contactos físicos, hasta los abrazos de cumpleaños o de navidad eran distantes normalmente, a lo que ya me había acostumbrado, por ello esa caricia, me sorprendió muchísimo.

Ella vestía como siempre, muy conservadora con una falda a las rodillas, amplia, parecía cómoda para estar en casa y una blusa de botones de manga larga, lo único que llamó mi atención es que no llevaba medias, cosa también rarísima, pero lo justifiqué por estar sola y además en un sábado por la tarde con un clima templado. En 4 años de novio con Lina muy pocas veces la había visto así.

Mientras preparaba dos cafés charlamos de mi viaje con los primos y de lo que Lina le contaba del suyo. Pasamos a la habitación de Lina a buscar los CD”s mismos que localicé inmediatamente con la mirada pero dado que la idea oculta era hacerle un poco de compañía, simulé que no los encontraba, revolviéndolos aún más y como algunos eran copias sin etiquetas, dije que tenía que ir verificándolos uno a uno escuchándolos, me dijo que me podía tomar el tiempo que quisiera, dado que no tenía compromiso.

Nos sentamos en la alfombra con todos los CD”s por el suelo mientras yo iba cargándolos y escuchándolos. Al principio ella sentada frente a mi muy correctamente y cuidando constantemente su falda, pero conforme el tiempo transcurría la incomodidad y falta de costumbre de estar sentada en el suelo, hizo que sus movimientos paulatinamente descubrieran más sus piernas que no dejan de encantarme, también la posición que adoptaba hacía que sus senos se marcaran más voluptuosos de lo que en realidad son.

Todo ese espectáculo, mi falta de sexo en las dos últimas semanas, la tarde ya pardeando, la música que íbamos escuchando, y todo el entorno hizo que la conversación que había sostenido tiempo atrás volviera a mi mente y que mi fantasía que pensaba yo olvidada, se hizo más latente.

Empecé a mirarla ya con otros ojos pretendiendo que no se notara lo que pasaba por mi cabeza, en eso se levantó para ir a preparar otros cafés y al hacerlo como destello pude ver hasta lo más recóndito de su entrepierna observando unas bragas blancas que me parecieron pese a lo fugaz del momento, las más sensuales y encantadoras que haya visto, enmarcadas por unos muslos que se mostraron firmes y fuertes al hacer el movimiento de levantarse.

Intenté despejar de mi mente y concentrarme en el objetivo de mi visita, intenté ver las cosas de Lina, sus fotos, nuestras fotos pegadas en el pizarrón de corcho, intenté de todo por liberar mi mente de esos pensamientos que asomaban.

Cuando volvió y me dio el café recién hecho, pude observar que tenía desabotonados dos botones de su blusa, desvié la mirada para que ella no se percatara y me permitiera ver un poco más, cuando se sentó n

uevamente vi esos preciosos muslos frente a mi y los botones desabotonados me ofrecían un nuevo espectáculo que eran simplemente los tirantes de su sujetador y apenas un poco de las copas del mismo.

Los dos estábamos encantados con la charla de mil y una cosas, comentando de la música que iba probando en el aparato de Lina, hasta que empezó a sonar un disco que en realidad no sabía que era y resultó ser de Barry White, me pidió lo dejara y subiera un poco el volumen a los altavoces, ya era de noche y sólo estaba encendida la lámpara del buró, ella cerró los ojos, se recargó en la cama y recogió sus piernas abrazándolas; esa posición hacía que la falda quedara sobre el piso y me mostrara sus muslos juntos casi hasta las bragas, recargó la cabeza en sus rodillas y eso me ofreció la vista completa de sus senos cubiertos por el sujetador, su cabellera le cubría las rodillas y se deslizaba hacia delante, no decía palabra, no hacía movimiento, así que me quedé callado simplemente observándola y pensando que de alguna manera esa pieza le traía recuerdos por lo que preferí respetar su silencio.

Cuando la pieza terminó y levantó la cara, sus ojos estaban llenos de lágrimas que secó con sus manos, me dijo que le encantaba esa pieza y que la repitiera por favor y así lo hice, ella siguió recargada en la cama pero ahora con la cabeza viendo al techo, y sólo una pierna recogida, la otra estirada, la falda ya estaba a medio muslo, cosa que parecía no importarle. Esa música, esa luz, ese espectáculo, todo ello junto con mis pensamientos lujuriosos, provocaron una ligera erección que intentaba disimular cambiando de posición constantemente.

Terminó la pieza y me dijo si no tenía inconveniente en seguir escuchando el disco, se notaba que esa canción en particular había provocado algo en ella que no podía identificar yo, pero que definitivamente me atraía; sus posiciones sobre la alfombra fueron ya totalmente descuidadas permitiéndome ver su silueta e imaginarme más cosas, pese a que la conversación versaba en Lina y su viaje y en narrarnos experiencias de otros viajes o recordando momentos vividos en familia.

Mi cabeza estaba más revuelta que el tiradero de discos en el suelo, por lo que pensé que lo prudente era retirarme e irme hacer una paja a la casa o darme un duchazo de agua fría; empecé a recoger los discos y separar los que supuestamente había ido a buscar, ella se arrodilló para ayudarme a levantarlos y estábamos así los dos arrodillados acomodando y recogiendo discos cuando pude observar que otro botón se había desabrochado y su sujetador estaba totalmente a la vista, no pude disimular mi vista en esos senos, ella se percató y dándome un beso en la mejilla, se cubrió sentándose sobre sus piernas para abrocharse la blusa.

Mi lujuria llegó a su tope y sin pensarlo me lancé sobre de ella plasmándole un beso en los labios y buscando con mis manos sus senos, fueron unos instantes solamente en que sentí que ella aceptaba mi lengua pero me parecieron sensacionales y mi erección ya era total, ella reaccionó y se apartó de mi y quitó mi mano de su seno diciéndome que me controlara, que no estaba bien eso, hice caso omiso y volví al ataque con más furia, hundí mi lengua en su boca y estruje su seno que me pareció precioso al tacto, firme, fuerte y tibio; este segundo intento fue un poco más duradero, algunos segundos quizá, pero sentí su lengua contra la mía y su mano sobre la mía intentando separarla de su seno pero sin hacerlo, era casi una caricia más que un intento de separación.

Nuevamente entró en ella la cordura y separó nuestros labios repitiéndome que me controlara, que eso no estaba bien y dándome toda clase de argumentos lógicos y sensatos para hacerme recapacitar, yo estaba tendido junto a ella que seguía sentada sobre sus piernas mi mano en su seno, la suya sobre la mía apretándola apenas como esperando mi reacción sensata de quitarla de allí; me decía toda clase de reflexiones pero nuestros rostros estaban a escasos centímetros, nuestras miradas fijas, nuestros labio casi rozaban y se sentía en ambos la intención de volverlos a fundir y así lo hice, nos besamos, ella se acomodó tendiéndose junto a mi abrazándome para impedir que mi mano siguiera moviéndose en su seno, pero a

l tenderse junto a mi sintió mi erección que era ya casi hasta dolorosa para mi, deslizó su mano entre nosotros y acarició el bulto sobre mi pantalón, nuestras lenguas luchaban dentro de nuestras bocas desaforadas, fue quizá apenas un minuto cuando ella giró sobre su cuerpo dándome la espalda.

Me dijo que estaba muy mal lo que había sucedido, que nos estábamos portando los dos como adolescentes inmaduros y que lo más conveniente era que me retirara y que olvidáramos lo sucedido, mientras me decía eso acomodaba su blusa y falda e intentaba acomodar sus cabellos. Yo simplemente me limité a asentir con la cabeza, recogí los discos, tomé unos cuantos, los que fueran y me puse de pie rápidamente, mi erección no había cedido por completo pero ante esa situación recapacité que efectivamente lo ocurrido había sido una aberración.

Metí los discos en mi mochila, ella apagó la luz de la lámpara de mesa, esperé a salir cortésmente atrás de ella, en la puerta de la habitación antes de salir, se volteó, me tomó con las dos manos la cara y me dijo que no lo tomara como un rechazo, que le había encantado pero que comprendiera que eso estaba mal, no era correcto, no era sano y más argumentos sensatos…. cuando sonó el teléfono, corrió a contestar a su habitación, eran su marido y Lina que hablaban, ella de pie junto a su cama, dándome la espalda; la habitación estaba prácticamente a oscuras, solo por la luz que se filtraba del pasillo, me quedé parado en el quicio de la puerta escuchando.

Cuando habló con Lina le dijo que estaba muy bien y le comentó que yo ya había ido por los CD”s, que nos habíamos tomado un café y charlado un rato y que yo le había comentado que me iba a una reunión con unos amigos esa noche, me sorprendió eso, entendí que le dijera que ya me había ido, pero el segundo comentario no lo comprendí, se despidieron y le dio las acostumbradas bendiciones y recomendaciones y colgó; todo eso sin haber volteado a verme, todo el tiempo dándome la espalda. Se quedó así de pie, callada, inmóvil, no sabía yo que hacer, llegué a pensar que ella suponía que efectivamente me había marchado o que estaba en el vestíbulo esperándola y que no estaba de pie viéndola desde la puerta; tratando de no hacer ruido, di unos pasos atrás y escuché que me llamaba, diciéndome "entra y cierra la puerta", dijo esto sin voltear a verme; obedecí y me quedé parado junto a la puerta, la habitación casi totalmente en penumbra, solo la luz que entraba débilmente por la ventana.

Sin voltear a verme siguió diciendo que lo ocurrido ese día entre nosotros había sido producto de las circunstancias, que le pesaba mucho, que le dolía la posibilidad de que lo sintiera como un rechazo, me decía que me quería mucho y que le encantaba la idea de mi noviazgo con su hija, pero mientras decía eso, notaba que su voz temblaba, su respiración no era normal, supuse que lloraba mientras lo decía y por eso no me veía a la cara, me acerqué lentamente, no sin antes tropezarme con una silla en el camino, me puse atrás de ella y le dije, suegra, cuenta con mi discreción absoluta y pedí perdón por mi incorrecto proceder, ella siguió hablando como si no hubiera escuchado lo que dije, hablaba casi balbuceando, me costaba trabajo entender lo que decía, además de que repetía mucho, tuve que dar un paso más para poderla escuchar, tan cerca estaba que sentía su calor, el aroma de su perfume inundaba mi respiración, ya acostumbrado a la poca luz, podía ver su silueta en la sombra, su cabellera despeinada.

En un arranque de locura, dejé caer la mochila que traía el hombro y la abracé por la espalda rodeando su cintura y repetí nuevamente mi disculpa, ella seguía balbuceando y repitiendo los argumentos, volví a decirle mi disculpa al oído y agregué que para mi había sido una experiencia "casi religiosa" tal cual una canción de las que habíamos escuchado en la tarde y en ese momento, calló y me preguntó que tan buena había sido mi sensación, apenas y nos escuchábamos nosotros mismos, le dije al oído que era una mujer muy atractiva, guapa, inteligente, que la quería mucho, hice una pausa antes de atreverme a decir que era una mujer a la que deseaba

mucho.

En ese momento, tomó mis manos, las apretó y me preguntó que tanto la deseaba y porqué la deseaba, si tenía cerca de mi a una mujer joven, atractiva, y que me quería mucho, refiriéndose a Lina, me dejó mudo, tenía razón ella, pero le dije que una mujer madura y con todas sus cualidades no era fácil encontrar y que además…. Volví a respirar hondo antes de continuar y casi esperando una bofetada por todo lo que decía y lo que iba a decir, le dije, además muchas veces he pensado que hago el amor contigo mientras estoy con Lina, siguió a esto un momento que me pareció una eternidad de absoluto silencio, sus manos no soltaban las mías, cosa que me parecía bueno pues podía anticiparme a esquivar la bofetada cuando ella intentara hacerlo…

Rompió el silencio sólo para pedirme que repitiera lo que le acababa de decir, empecé a repetir que era inteligente, etc y me detuvo pidiéndome que repitiera lo último de cuando estaba con Lina, tomé aire y lo repetí lentamente a su oído, mientras lo decía, sentí como me apretaba las manos queriendo moverlas, pensando que se quería separar de mi no la dejaba moverlas pero ante su insistencia aflojé un poco y me llevó sus manos a sus senos.

Como una descarga eléctrica logré una erección que inmediatamente ella sintió en sus nalgas, ella me guiaba las manos enseñándome como quería que le acariciara, rápidamente aprendí y sentí como su cuerpo se apretaba al mío para sentir mi erección. No hablamos más, empecé a desabotonar su blusa para acariciar sus pechos sobre el sujetador, los sentía firmes, duros, fuertes, incluso hasta más excitantes que los de Lina, supongo que la madurez y lo morboso de la situación influyeron mucho en mi sensación, giró la cabeza y me ofreció sus labios que inmediatamente bese buscando su lengua, no dejaba de sobar en círculos sus senos sintiendo como los pezones empezaban a responder a mis caricias, ella me tomaba de la cintura apretándome contra ella moviendo sus caderas para acariciar con sus nalgas mi pene erecto.

Intenté liberar sus senos del sujetador y me lo impidió, interpreté que lo quería más lento, alargar más el momento, nos besábamos frenéticamente, sus movimientos eran cada vez más intensos, su respiración cada vez más agitada, su calor cada vez más ardiente; cuando nuestras bocas se alejaban le besaba el cuello, ella apartaba su cabellera para permitirme sentir hasta los latidos de su corazón en mi lengua que le recorría todo el cuello y la nuca, mi pene estaba a punto de explotar y de llegar a una eyaculación por el grado de excitación y lo apretado en que se encontraba.

En el momento en que intentaba aflojarme un poco el pantalón para liberar esa presión, sonó el teléfono nuevamente, ambos pegamos un brinco de sobresalto como si nos hubieran pillado ahí mismo, sonó dos veces, sonó una tercera y una cuarta vez, ambos quedamos mudos e inmóviles, hasta que reaccionamos, ella debía contestar y yo debía callar.

Al momento de llevar el auricular al oído pude escuchar que era Lina la que hablaba, notó que la respiración de su mamá no era normal y preguntó por ello, a lo que contestó que estaba haciendo un poco de aeróbicos, le pareció razonable a Lina y le preguntó de mi, de mi visita, de lo acontecido y lo conversado.

Yo seguía abrazando y acariciando a mi suegra y escuchando a mi novia al teléfono, la sensación es indescriptible, la morbosidad se empezaba a apoderar de mi completamente, no dejaba de besar en el cuello y oreja a mi suegra, mis manos se movían atrapando a esos preciosos senos, mi pene duro contra esas nalgas firmes y respingonas, la voz de Lina mi novia al teléfono queriendo saber más de mi y diciéndole a mi suegra que me extrañaba mucho y que necesitaba saber más de mi; ella hablaba entrecortadamente y se excusaba por el supuesto recién ejercicio.

Era tal la insistencia de Lina porque su mamá le contara de mi, de cómo me había visto, qué le había contado de mi viaje, que no le quedó más remedio que sentarse en la cama, encender un cigarrillo y empezar a comentarle nuestra charla, encendió la lámpara de la mesita de noche, y ahí estábamos los dos, ella con la blusa totalmente desabotonada, el sujetador mov

ido, toda su cabellera despeinada; yo de pie frente a ella con un bulto notoriamente enorme frente a ella, con la respiración agitada, las manos temblorosas y seguramente con los ojos inflamados.

Con un gesto me indicó que estuviera callado y me sentara junto a ella, obedecí y me senté junto a ella, seguí besándole el cuello, y le fui quitando la blusa lentamente, le recorría los brazos con mi lengua, le besaba la espalda desde la nuca hasta la cintura, ella intentando mostrar una voz calmada le narraba situaciones imaginarias de nuestra entrevista y hacía bromas respecto a nuestro gusto por la música tratando de recordar algunos nombres de piezas o grupos de los que habíamos escuchado.

Mi pene estaba totalmente duro debajo de los pantalones, ella empezó a acariciarme mientras yo le besaba la espalda, hablaba con mi novia de mi, era una situación sumamente morbosa, sentado en su cama, ella medio desnuda acariciando mi bulto, recostado junto a ella le abrazaba y le sobaba los senos y los estrujaba, metía la mano por debajo del sujetador y podía sentir lo fino y terso de su piel en mis dedos, sentía la erección de sus pezones que los adivinaba grandes y gruesos, con mis besos en la espalda se arqueaba como si quisiera oprimir sus senos en mis manos, su mano estrujaba el bulto de mis pantalones, y todo mientras seguía hablando con Lina.

No soporté más y me desabroché el pantalón para liberar la presión de mi pene, la primera reacción de mi suegra fue impedirlo, pero desistió prontamente al ver mi bulto de los calzoncillos empezando a acariciarme con más intensidad, al sentir esa fuerza, me quité los pantalones por completo, mis calzoncillos estaban ya muy mojados por lo que sin dejar de hablar me los bajó y quedé con el pene totalmente erecto apuntando al techo mientras yo estaba recostado a su lado besando su espalda, me empezó a masturbar lentamente mientras le decía a Lina que estaba encantada conmigo que le parecía un chico muy simpático y alegre además de que ella suponía que debía ser muy cariñoso con ella, mientras más escuchaba todo lo que le decía de mi, más era mi excitación, no dejaba de masturbarme como nadie nunca lo había hecho, tenía que morder la almohada para no dejar escapar ningún gemido que revelara mi presencia.

Cuando sentí que estaba a punto de reventar, me puse de pie frente a ella, me acariciaba los huevos mientras yo me masturbaba en su cara hasta que solté un chorro que fue a parar entre sus senos, un segundo chorro golpeó el auricular del teléfono y algo cayó en la comisura de sus labios que recogió con la lengua; seguía hablando con Lina pero ya no escuchaba nada, estaba totalmente perdido en el deleite de la situación, sólo escuché la despedida con la consabida bendición.

Dejó el teléfono y sin decir nada se llevó mi pene que ya empezaba a perder su rigidez, a su boca, al sentir su lengua en contacto con mi pene nuevamente recuperó su rigidez, me mamó un rato largo, yo simplemente me dejé sentir su lengua en contacto con mis genitales y sus manos acariciándome los muslos y estrujándome las nalgas deslizando un dedo por entre mis nalgas hasta llegar al ano en donde jugaba en círculos con él.

Me arrodillé frente a ella y le desabroché el sujetador, quedando sus pequeño pero firmes y preciosos senos a la altura de mis ojos, los contemplé por unos momentos y después los besé y chupé desesperadamente mientras sentía que ella hundía sus uñas en mi cabellera, le empecé a acariciar repetidamente sus piernas desde los tobillos hasta los muslos hasta que le bajé las bragas, era una sensación fantástica sentir sus muslos y la humedad de su entrepierna por debajo de la falda que prácticamente la tenía ya enredada en su cintura, sin dejar de besar su cuerpo, bajé hasta perderme en su concha mojada, no la había visto, solo sentido y quería impregnarme de ella con los ojos cerrados, sentí con la lengua la parte de su vello rasurado y el ligero y sutil el que estaba junto a sus labios vaginales.

Hundí mi nariz en esos labios húmedos y frescos y me saturé de su aroma a mujer, pasé mi lengua por ellos y mordisqué los labios con los míos hasta hundir mi lengua en su cueva llena de sus líquidos, sus muslos en mis hombros, tersos, delicado pero fuertes, escuchaba solamente su respiración entrecortada, rápida y prof

unda, sus gemidos ahogados me inspiraban aún más a lamer esa delicada concha, sentí sus dedos en la concha como guiándome hacia el punto que más placer le daba, lamía sus dedos y su clítoris, la acompañaba con mi lengua en su masturbación, hundía ella su dedo y después yo hundía la lengua para posteriormente comerme los dedos llenos de su sabor.

Pasamos no se cuanto tiempo en ese juego hasta que lejanamente la escuché que me pedía la penetrara, dejé mi labor en esa cueva, me incorporé y ella terminó de desnudarse totalmente y preparar la cama quitando la colcha e invitándome a meterme con ella debajo de las sábanas.

Autor: Moreno

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