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EL MEJOR AMIGO DE MI NOVIO I

21 de diciembre de 2006

El verano pasado me fui de vacaciones a la playa con mi novio Juan y tres amigos suyos. Entre estos tres se encontraba Raúl, que es el mejor amigo de mi novio. Raúl es un chico alto, de pelo castaño, ojos marrones, muy guapo y con cuerpo atlético, en definitiva, está muy bueno; desde que mi novio me lo presentó siempre lo he pensado. De hecho, algunas veces he soñado con él, maravillosos sueños eróticos en los que me poseía y me hacía suya. Desde que soñé por primera vez con él, siempre ha protagonizado mis fantasías, y más de una vez he pensado en él mientras hacía el amor con Juan.

En el apartamento, Juan y yo teníamos una habitación de matrimonio, Raúl dormía en la habitación contigua solo, y en otra habitación doble dormían los otros dos amigos de Juan. Por las noches, Juan y yo teníamos que esperar largo rato a que los demás se durmieran para poder hacer el amor sin que nos oyeran, sobre todo, sin que nos oyera Raúl, porque dormía al lado y reconozco que soy un poquito escandalosa cuando disfruto. La verdad, es que durante esa semana, todas las veces que hice el amor con mi novio, lo hice pensando en Raúl. Supongo que sería por tenerle tan cerca, y porque cada día le veía en bañador, marcando su rico culito, con ese maravilloso torso desnudo, de fuertes pectorales y abdomen liso en el que se marcan unos duros abdominales que tanto me atraen.

El último día de vacaciones fuimos a la playa, pero mi novio y los otros dos se cansaron enseguida del mar y salieron a tumbarse en las toallas. Yo me quedé con Raúl en el agua, jugando con una pelota. Cuando ya me aburría del juego, se me ocurrió hacer una aguadilla a Raúl, para lo que me acerqué a él diciéndole que el balón se había pinchado. Intenté empujarle y hacerle la zancadilla para que se cayera, pero mi intento fue en vano, pues apenas pude moverle. Entonces reaccionó, y fue a hacerme él la aguadilla a mí, para lo que me rodeó la cintura con sus fuertes brazos y me levantó acercándome a su cuerpazo. El contacto con su cuerpo me excitó tanto que, al instante, sentí cómo mis pezones se ponían duros y se hiper sensibilizaban al tocar su piel a través de la tela de mi bikini, mientras, forcejeaba para escapar de su abrazo y evitar que me tirase al agua. Conseguí que su abrazo se aflojara, y pude darme la vuelta para escapar, pero en ese instante él volvió a hacer fuerza, y me atrajo hacia sí sin dificultad, quedando mi cuerpo de espaldas pegado al suyo. Pero no fue en la espalda, precisamente, donde más le sentí. Mi culo se pegó contra su paquete, y enseguida noté cómo su polla, dura como una estaca, se apretaba contra mi raja, poniéndome a cien. Si ambos no hubiésemos llevado bañador, creo que me habría ensartado por detrás.

Dejé de forcejear y él lo aprovechó para levantarme del todo y tirarme al agua. Mientras me sumergía pensé: “¡Joder, se le ha puesto dura conmigo!”, y este pensamiento me excitó más aún. Muchas veces me había preguntado si su polla iría a juego con su estatura, y me pareció el momento de averiguarlo. Salí del agua y le dije: -Eres un abusón. Como eres tan alto… ¿Cuánto mides? -1,90 -me respondió.

-Entonces me sacas 18 centímetros -le contesté yo.

-Pues eres tan alta como Juan.

-Sí -le dije acercándome a él- pero a tu lado parezco muy bajita.

Estaba deseando volver a sentir el contacto con su cuerpo, y sobre todo, volver a sentir esa tremenda erección, así que le rodeé la cintura con mis brazos y pegué mi cuerpo al suyo. Mis pechos se aplastaron contra su cuerpo, produciéndome un cosquilleo en los pezones, y mi coño, ya ardiente, se apretó contra su tremenda erección. El tío estaba súper empalmado, y notaba su polla enorme. Me separé un poco de él y le dije: -¿Puedo hacerte una pregunta?

-Claro -contestó el visiblemente acalorado.

-Es que siempre he tenido la curiosidad de que si eres bastante más alto que Juan, entonces tienes que tener la polla también más grande que él, ¿no?Como ya me esperaba, él se quedó perplejo.

-¿Cómo? -preguntó.

-Es que desde que te conozco -le expliqué-, siempre he pensado que tendrías que tener una buena polla, y por lo que acabó de sentir, sí que lo parece.

Raúl se puso colorado, y ante su desconcierto, aproveché el momento para poner mi mano derecha sobre su bañador y palpar ese duro músculo que tanto me atraía. Realmente parecía enorme, no me daba toda la mano para tocárselo entero. Me aparté de él para ir hacia la playa, y antes de irme, le dije mi pensamiento en voz alta: -Sí que parece bien grande.

Salí del agua, me sequé con la toalla, y me tumbé al lado de Juan todavía excitada. Raúl aún se quedó un rato dentro nadando.

Cuando Raúl salió del agua evitó cruzar su mirada con la mía, parecía que se había molestado por mi travesura, pero la verdad, era él quien se había empalmado y así me había excitado. Me encantaba la idea de que se hubiera empalmado por mí, siempre me ha gustado excitar a los chicos, pero este parecía ser totalmente indiferente hacia mí, nunca había dado muestras de que yo le gustara, hasta este día. No como los otros dos amigos de mi novio, que llevaban toda la semana babeando por verme en bikini, y estoy casi segura de que durante esas vacaciones se hicieron unas cuantas pajas pensando en mí.

No quiero ser presumida, pero la verdad es que todos los tíos me dicen que soy guapa y que estoy muy buena. Tengo el pelo castaño a media melena, los ojos grandes, marrones y de forma almendrada. También tengo algunas pequitas sobre la nariz, y unos labios bien formados y carnosos, sin ser demasiado gruesos. Mido 1,72 y estoy delgadita, pero con curvas, siempre he estado orgullosa de mis generosos pechos y mi culete redondito y ligeramente respingón. De hecho, quería haber sido modelo, y daba las medidas (95-62-90), pero me dijeron que me faltaba un poco de estatura. En fin, esa es otra historia.

El caso es que siempre he ligado mucho, hasta que empecé a salir con Juan, claro, y siempre he sabido que a sus amigos les pongo. Muchas veces les he pillado mirándome el escote cuando llevo, o mirándome el culo, y la verdad, me gusta gustarles, y me divierte la idea de que se masturben pensando en mí, pero Raúl era diferente, parecía que yo no le atraía nada, y eso le hacía aún más apetecible y protagonista de todas mis fantasías, y ahora que sabía que podía excitarle…

El resto del día Raúl me evitó, pero yo no podía sacarme de la cabeza el contacto de su polla erecta en mi culete, en mi rajita y en mi mano, me sentía como una perra en celo. Después de cenar nos acostamos todos porque al día siguiente había que viajar. Nada más acostarnos empecé a juguetear con Juan, necesitaba echar un polvo más que respirar, pero Juan no estaba por la labor hasta no estar seguro de que el resto estaban dormidos. Así que esperamos, pero durante la espera Juan se quedó dormido y yo me quedé despierta, sin poder hacer nada y con un calentón tremendo.

Tras largo rato de no poder dormir, oí que Raúl salía de su habitación e iba al salón. Me quedé quieta, sopesando la idea de levantarme y hablar con él, hasta que al final no pude más y me levanté sigilosamente para no despertar a Juan. Cerré la puerta de la habitación tras de mí con sumo cuidado, cerré la puerta del pasillo que aislaba los dormitorios y entré en salón, donde estaba Raúl sentado, en pantalón corto, apurando un cigarro.

-Hola -le dije cerrando la puerta del salón- ¿no puedes dormir? -No -contestó él cruzando las piernas.

Entonces me di cuenta que yo tan sólo llevaba puesto un fino camisón semitransparente y un tanguita, lo que parecía haber provocado en él una nueva erección.

Me senté junto a él y le dije: -Yo tampoco puedo dormir, no paro de pensar en lo de esta tarde. ¿A ti te pasa lo mismo? -Sí, ha sido un poco violento, ¿no crees? -Yo no lo creo, más bien pienso que ha sido excitante.

-Bueno… -comenzó a decir él.

-Yo te he notado muy excitado, tanto como ahora

… -añadí viendo el bulto de su entrepierna que trataba de disimular.

-Cristina -contestó subiendo el tono de voz-, creo que te estás pasando.

-Baja la voz, que puedes despertar a Juan o a los otros.

-Cris, lo de esta tarde no debería haber pasado, eres la novia de Juan, y es mi mejor amigo.

-Ya, y siempre has pasado de mí por ser la novia de Juan, pero tú a mí siempre me has atraído, y por lo que he sentido esta tarde, creo que yo a ti también te atraigo.

-No podemos hablar de esto aquí y ahora… -Tienes razón -le contesté-, así que vamos al cuarto de baño, ahí no puede oírnos nadie.

Le agarré de la mano y le llevé sigilosamente al servicio, una vez allí, eché el pestillo a la puerta y le dije: -Bueno, aquí no pueden oírnos.

-Cris… -empezó a decir, pero yo le interrumpí.

Seguía muy caliente, notaba el tanga ligeramente húmedo y en mi cabeza sólo bullían ideas lujuriosas.

-Todavía no me has contestado a la pregunta que te hice cuando estábamos en la playa: Tienes la polla más grande que Juan, ¿verdad? -Cris, por favor, no sigas con eso, que me estoy poniendo cardiaco.

-Venga, Raúl, no te hagas de rogar, es que me la he imaginado muchas veces, y hasta que no lo compruebe no me voy a quedar a gusto.

-Pero eres la novia de Juan… -Venga, hombre, enséñamela -le dije poniendo cara de niña buena-, estás empalmado, y es por mí, así que en cierto modo me lo debes, quiero ver cuánto te excito.

-Pero… -Venga, si me dejas ver tu polla ya no te pido nada más.

Al final vencí su resistencia y accedió, así que, encantada, me senté en la taza del water dispuesta a ver esa polla con la que tantas veces había fantaseado. Raúl se bajó los pantalones, y acto seguido los calzoncillos. Ante mí se presentó el fantástico espectáculo de su gran polla dura, orgullosa, apuntándome directamente. Me quedé boquiabierta, ¡era enorme!, gruesa y larga, más de 20 centímetros de duro músculo que me impresionaron gratamente. Tampoco es que haya visto muchas pollas en mi vida, pero ésta era más grande que todas las que había visto, y sin duda, más grande que los 16 ó 17 centímetros de polla de mi novio.

-¡Joder! -exclamé- sí que es bastante más grande que la de Juan.

-Bueno -contestó él sonrojándose- es lo que la madre naturaleza me ha otorgado.

-¡Uffff!, pues sí que te ha dotado bien, es una súper polla, como siempre me había imaginado.

Estaba muy, pero que muy caliente en ese momento, contemplando ese pedazo de verga, con su vello negro y rizado en la base, sus dos testículos colgando debajo, y su glande sonrosado, redondo y enorme, tan atrayente que enseguida me sorprendí pidiéndole que me dejara tocarla.

-Eso, no -contestó él.

-Venga, no seas tonto, si ya te la he tocado esta tarde con distintas partes de mi cuerpo…

Raúl se quedó dudando, así que directamente le agarré la polla con la mano derecha. La acaricié de arriba abajo, sintiendo su suavidad, notando su dureza, y me excité más aún. Quería ese pedazo de polla para mí, quería sentirla más, deseaba comérmela toda… Entonces alcé la vista, sonreí a Raúl y, sin pensarlo un segundo, le agarré fuerte del falo, casi sin poder abarcarlo con la mano, le cogí de su rico culo con la otra mano y me llevé la polla a la boca para meterme un buen trozo con deleite. Casi me llenaba la boca, abierta al máximo con mis labios rodeándola. Él dejó escapar un leve gemido que me indicó que le había gustado, así que succionando con fuerza la fui sacando lentamente de mi boca, dejándola deslizarse por mis labios y acariciándola con la lengua hasta que me la saqué dándole un besito en la punta. Pero me sentía golosa y glotona, así que volví a metérmela en la boca todo lo que pude, hasta que la noté en mi garganta, y aún así todavía quedaba un trozo fuera. Él pareció disfrutarlo mucho, así que solté la mano con la que le sujetaba la polla, y le agarré también del culo. Entonces empecé a mamarle la polla con devoción, degustando cada milímetro, deslizándola entre mis labios, succionando con fuerza, y sintiendo cómo e

l culo se le ponía duro con cada succión. A Juan, mi novio, le he comido la polla muchas veces, pero nunca así, con tantas ganas y disfrutándolo tanto como lo estaba haciendo en ese momento…

Entonces oí un golpe en la puerta y me quedé quieta, con la mitad de la polla de Raúl dentro de la boca, escuchando. Se oyó otro golpe y reconocí la voz de Juan al otro lado: -Cris, ¿estás ahí?Rápidamente me saqué la polla de la boca y contesté con un hilo de voz: – Sí, estoy aquí.

- ¿Estás bien, cariño?, te noto la voz rara.

- Tranquilo -contesté aclarándome la voz, acalorada y muy cachonda-, estoy un poco indispuesta por la cena. Acuéstate y duerme tranquilo, que enseguida voy.

- Vale, te espero en la cama.

Oí cómo volvía a la habitación y, excitada al máximo por el riesgo, miré a Raúl y le dije: -Quieres que siga, ¿verdad?

Raúl no contestó, simplemente me cogió de la barbilla y me metió la polla en la boca hasta tocarme la garganta. Yo se la chupé encantada, degustando el sabor salado de las gotitas de lubricación que su polla me regalaba en cada succión. Notaba cómo su cuerpo se estremecía de placer con mi mamada, y su polla empezó a latir, indicándome que estaba a punto de correrse. Él intentó apartarme, pero yo no quise, estaba dispuesta a llegar hasta el final y hacer que se corriera de gusto en mi boca. A Juan nunca le he dejado, siempre me la saco para que se corra fuera, porque no me gustaba la idea del semen en mi boca, aunque nunca lo había probado. Pero ahora lo deseaba, deseaba sentir cómo Raúl se corría en mi boca, quería todo lo que su súper polla me ofreciese, así que le agarré con fuerza del culo y seguí mamando hasta que un chorro de leche salió disparado hacia mi garganta, tragándomelo casi sin darme cuenta, y seguí chupando.

Con la polla dentro de la boca me la coloqué sobre la lengua, y así recibí los siguientes chorros de leche. Estaba muy caliente, me ardía en la lengua, y su sabor era… no sé, indescriptible, como dulce y salado a la vez, nada desagradable, de hecho me gustó. Raúl no paraba de correrse, y enseguida me llenó toda la boca con el denso líquido producto de su orgasmo, así que empecé a tragar para no ahogarme con cada nueva corrida, hasta que al fin terminó y me saqué la polla de la boca degustando el sabor de su leche. Me limpié los labios y dije con la voz quebrada por tragar tanto semen: -¡Dios, que súper corrida! -Una súper corrida para una súper mamada -me contestó él sonriendo con cara de alivio.

- Y una súper mamada para una súper polla. ¡Qué ganas te tenía! – Pues ya lo has conseguido… y creí que no te gustaría que me corriera dentro. ¡Vaya suerte tiene Juan! – A él nunca le dejo -contesté riéndome- pero contigo me he dejado llevar. Es la primera vez que pruebo la leche de alguien, y la verdad es que la tuya me ha encantado.

Estaba muy, muy caliente, pero no podía arriesgarme más, así que le di un beso y me fui a la cocina para beber algo que me quitara el sabor a esperma y que Juan no lo notara. Cuando llegué a la habitación estaba medio dormido.

-¿Ya estás bien?-me preguntó.

-Sí, sólo ha sido un momento.

Le di un beso, pero estaba tan cachonda que enseguida comencé a acariciarle. Su cuerpo reaccionó a mis caricias, y noté cómo tenía una erección. Metí la mano en su calzoncillo y le acaricié la polla, realmente la de Raúl era bastante más grande.

-Ahora lo que necesito es echar un buen polvo- le susurré al oído.

Creyendo que los demás estaban dormidos, Juan asintió y me dio un largo beso.

-Tienes un sabor raro -me dijo.

A la pollaza y la leche de tu mejor amigo, pensé.

-Es porque he bebido zumo -le contesté, y cogiéndole una mano se la puse sobre mi tanga totalmente empapado-. ¿Ves cómo estoy? Así que calla y fóllame.

Echamos un buen polvo, que estoy segura que Raúl oyó desde su habitación, y enseguida llegué a un orgasmo imaginando que eran Raúl y su enorme polla los que me follaban, pero era mi novio el que ahora me llenaba con su leche caliente. Así que al fin, llena de leche por arriba y por abajo, pude dormir tranquila.

Autor: Cris cris_bi_kisses (arrob

a) yahoo.es

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