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El sexo en tiempo de crisis

12 de octubre de 2012

La crisis produce un cambio sustancial de hábitos y conductas que nos altera todo el andamiaje familiar y laboral, nos pega duro a todos sobre todo en cuanto al consumo de lo cotidiano que es donde primero se hace notar. Por esta misma razón durante un tiempo decidí viajar en bus por las mañanas, para lo cual concurría a la parada más cercana, y aquí redescubrí ese mundo que viaja apretujado. Siempre está bueno volver a esos tiempos del ayer cercano, que el uso del automóvil no me permitía.

Buenos Aires no debe ser la excepción en cuanto a cómo se viaja, sobre todo en las mañanas y al regreso en las tardes, todos nos llegamos a sentir como “sardinas en lata”, cuerpo contra cuerpo, el calor humano tan próximo como el escueto espacio lo permite.
Se viaja muy apretados, abundaban las “apoyadas” de los tipos con las minas (mujeres), eventuales compañeras de viaje. Una semana viajando, a la misma hora, en la misma parada de bus, también ella.
Alta, joven, cabellos muy negros y tez muy blanca, carita redonda, nariz y boca pequeñas y sensuales movimientos que no me pasaron desapercibidos, sobre todo en esos momentos donde la espera te permite viajar con la imaginación, qué mejor momento que permitirme ese momento de fantasía regodeando mis ojos con su figura. Seguí viajando por ese cuerpo, bonitas piernas, que los tacos altos daban soporte a una figura voluptuosa. A cara lavada, cabello acondicionado con algún producto que daba ese aspecto seductor de mojado: Una delicia.
La cara iluminada por un par de ojos color miel, salían chispitas cuando cruzamos miradas, creo que por tercera vez; creando ese lenguaje cifrado entre dos extraños que me sirvió para decirle cuanto me atraía. Creo que entendió, a partir de esa mañana nos miramos de otro modo.
Pero esa mañana, nos ubicamos un poco más cerca en el interior del bus, detrás de ella se ubicó un tipo, mal entrazado y hasta con olor a vino, que sin mucho disimulo y con la excusa de viajar tan apretados “se la estaba apoyando”. Me hice cargo de la incómoda situación que le tocaba, nos miramos y dije:
- Susana venite para acá que vas a estar más cómoda, señalando mi lugar.
- ¡Voy!, ¡permiso…, permiso…!, y llegó abriéndose paso entre los viajeros.
Se ubica donde le indico, justo delante de mí como si fuera esa amiga, gira la cabeza, sonriendo y en voz baja me dice:
- Gracias.
Continuamos el viaje, como viejos conocidos hablando de la trivialidad del tiempo y de cómo nos toca viajar. Los pasajeros, al desplazarse hacia la puerta de descenso casi nos arrastran a su paso, yo fui apretado contra la anatomía posterior de ella. Quedamos tan apretados como estampilla al sobre. Permanecí en esta “cómoda” situación creo que demorando algo más tiempo del necesario, el movimiento del viaje y el hermoso trasero de la muchacha hicieron que el amigo de abajo tomara decisiones propias, colocara entre los glúteos de la compañera de viaje. Por suerte no hubo reclamos de su parte que hasta tomé como un agradecido comportamiento por el favor de un momento antes, al menos eso estaba imaginando en mi calenturienta cabeza. Como fuera llegamos a destino en la misma posición.
- Lamento sacarte de tu incomodidad. Tengo que bajar. – todo con una radiante sonrisa, que mi mente calentona
descifró como, “te gusto apoyármela”
Decido descender con ella, en la misma parada, previo disimulo de la erección.
- Si vos no bajás aquí.
- Bueno… hoy es distinto…, quisiera invitarte a un café, ¿tienes tiempo? – se miró en mis ojos… y dijo:
- ¡Sí!, ¡vamos!
Compartimos el café conversando, saltando de los temas de actualidad a otros más personales y comprometidos. De ese modo me contó que justamente hoy no pasaba por su mejor día, en un momento tendría que pasar por su trabajo, hasta ayer, para retirar el cheque de despido y luego el resto del día, en blanco. Soy vendedor independiente, sin horarios, y he aprendido a tomar las riendas de las decisiones, esta era una ocasión propicia:
- Te acompaño, y después… podemos caminar y comemos algo, ¿de acuerdo?
- ¡De acuerdo!
Concurrimos a su trabajo, después a caminar por la plaza y tomar sol. Sentados muy juntos, recordé que tenía la llave de la casa de mi tía, de momento en Europa, debía pasar a retirar la correspondencia y airear la vivienda. La peregrina idea de llevarla conmigo y de paso ver si la cosa pintaba como para un momento de divertimento, era un programa tentador, soy de los que piensan que el no ya esta desde el inicio de una venta, siempre voy por el sí, esta era una situación más tentadora.
- Levantémonos, me estoy recordado que tengo algo pendiente, podemos hacerlo juntos, ¿me acompañas?, no acepto
un no como respuesta. – Siendo así, tan… tan… ¡bueno tienes el sí!
Compramos cerveza, pan, hamburguesas, y taxi mediante llegamos a casa de la tía ausente. En la cocina destapamos la rubia cerveza, brindamos, queda un poco de espuma en sus labios, presto me acerco a limpiarlo con la yema del dedo. Lamió la espuma. Sonríe y besa donde estaba la espuma, en mi incipiente calentura hasta creo que intentó chuparlo. Nos libramos de los vasos y fundimos en un repentino abrazo, besamos y acariciamos con frenesí.
Susana, su nombre de verdad, ¿premonición o causalidad cuando momentos antes la había llamado por ese nombre inventado por mi?, pues como fuera, ahora la tenía apretada contra mí, su zona púbica contra mi erección, su vulnerabilidad contra el deseo creciente, dijo que la sentía tanto como en el franeleo (faje, frotamiento) que le di en el viaje. Desde ese momento solo pensaba en hacerle el amor, poseerla del modo que fuera, pero hacerlo ya mismo, estaba volando de calentura.
Su lengua escudriñaba mi boca, nos comimos a besos, nos derretimos en la misma fragua. Metimos mano con desesperación, en un instante ella la tenía dentro de mi boxer, agarrado el miembro, mis manos debajo de la mini estaban dentro de la tanga, separando los cachetes, buscando el camino a la cueva húmeda de su sexo, colabora abriéndose más, me deja llegar al botón que dispara sus mejores gemidos: el clítoris.
En un “tris” nos encontramos revolcados en la cama king size de la tía, desnudos, besando y acariciando con desenfreno. Me separe un poco, de pie para poder contemplar a esa hermosura de muchacha, se acaricia el clítoris y con el índice de la otra mano me invita a él. Se acariciaba con sensualidad y ganas, toda ella es una brasa incandescente que invita a quemarme en ella.
- ¡Vení!, ponémela aquí, en la cachucha (vagina).
Tan mojada estaba, que cuando la cabeza de la poronga (pene) se apoyó sentí jugosa y caliente. La almeja latía, las piernas abiertas y flexionadas parecían las columnas de un templo, elevó la pelvis cuanto pudo, resbalando contra las paredes de la vagina fue ganando lugar en ella, arrastrando gemidos y suspiros en el triunfal ingreso al santuario de los placeres.
Sentí como era llegar al cielo, todo adentro, empujé con ganas, para atravesarla, partirla al medio como a un queso, hurgar en el interior buscando robarle las mejores sensaciones, llevarla a mi cielo.
El rostro transfigurado, enrojecido, perlado de sudor, dientes ensañados con el labio inferior de la boquita para contenerse de gritar, eran claros indicios del violento orgasmo que la dominaba. Apuré los movimientos, cabalgué en ella a más no poder, azuzando su conchita con el bombeo, incesante y urgente, sabía que acelerando el vaivén es cuando se extraen las mejores sensaciones de una hembra cuando está en ese momento de llegar al abismo del incipiente orgasmo.
Se dejó ir en un prolongado gemido, cedió en su actividad, solo yo era el que se movía por momentos para producir la repetición de los orgasmos, una y otra vez, y otra más fueron las iteraciones y las réplicas internas de ella. Le consulté para saber donde podía acabarla: – Estoy cerca tambien…
- Adentro!, dejámela adentro, la leche. ¡Dame mi leche!
Esa última frase, fue el sésamo ábrete, envión final, hasta las bolas se la tenía, cuando me vine fue una especio de alivio que me permitió derramar todo el semen en el interior de la vagina, calmar con esta leche el ardor de la concha por el violento polvo consumado y aliviar mis tensiones que venía acumulando desde el viaje en la mañana.
Tomados de la mano, recuperábamos el aliento, el silencio era el mejor diálogo, luego llegaría el momento de las confesiones que brotan como el agua entre las rocas, natural y sin buscarlas. Que estaba sin pareja, si sexo desde hace casi un mes, que me había visto en varias oportunidades, que también había notado que ella no me era indiferente y todo eso que hacemos sin darnos cuenta.
Que necesidades sexuales habían estado colmadas, en el trabajo era atendida por el hijo del dueño, casi a diario le daba su ración, se la transaba (cojía) en el archivo de la oficina. Fue precisamente en una de esas ocasiones que se la estaban cojiendo el padre del muchacho los vio aunque solo ella pudo ver que los estaba observando en silencio.
Cuando el muchacho salió a ver a un cliente, el patrón me avanzó, me tomó y me cojió hasta por la oreja. Me hizo su amante formal, al hijo lo mandó a otra sucursal para poder darme con todo, para poder hacerlo bien y sin problemas me pagó el diu, que tengo colocado. Un día nos ve la mujer de él y se pudrió todo, la muy turra le armó un buen escándalo, hizo echar, hoy fui por el despido y ahora estamos acá en el después, gozando este orgasmo que me lo debía, que libera un poco de toda esa mierda vivida estos últimos meses.
- ¿Tenías ganas hoy?
- Y…, sí, me calentaste cuando me la apoyaste en el bus. Me gustó el atrevimiento tuyo, me gustó sentirme seducida
y deseada, sentir que alguien me necesitaba.
Como un resorte me fue acariciando hasta encontrarse con el pedazo revitalizado, se prendió a él como si fuera mamadera, golosa, cada chupón me hacía gemir de gozo, se me puso tan dura y calentita que pensé que no podía aguantar mucho ese tratamiento, la saqué del biberón y me la coloqué encima, ensartada. Acercó sus pechos, como bebé hambriento, le doy un tratamiento de primera. Me deja hacer, con los ojos cerrados para concentrarse, apretaba los labios vaginales, se incrusta en la pija y hace movimientos como circulares mientras la comprime como para comérsela.
Con los pulgares rozando el clítoris acompañando los movimientos de la cabalgata. Se limpia un poco la abundante humedad interior y parte del semen del polvo previo. Vuelve a montar, se queda ensartada, mirándome, gozando el momento, sonriendo hasta que retoma el movimiento.
Se agita y mueve a todo ritmo, dirige las acciones de la cogida, sube y baja, por momentos queda sin moverse disfrutando de la profunda penetración. Nos movimos hasta hacerla acabar, la sujeto de las caderas atrayendo hacia abajo, totalmente enterrada hasta los pendejos, sin poder moverse sintiendo como la pija le roza el fondo del útero.
Sin salirnos, abrazados rodamos hasta quedar yo encima de ella, las piernas abierta, tomado de cada uno de su tobillos formando una gran V de victoria. Llevo sus piernas bien arriba, lo más que la anatomía permite, y me vuelco sobre ella, totalmente abierta y entregada.
- ¡Papito, haceme de goma, reventame la concha con tu leche!
- ¡Te voy a volver loquita, te la voy a reventar mamita!
Como incentivo erótico nos decimos todo tipo de obscenidades y grosería, cuanto más procaces más calientan, poniendo más y más dura la verga. Nos movíamos tanto que daba la sensación que la habitación temblaba en cada embestida. Juntos acabamos violenta y bulliciosa en grado sumo. Se nos acaba el mundo, pero la matraca no cesaba en sus movimientos, casi autónomos, dentro de la vagina sin parar de largar leche y ella en sus repetidos orgasmos.
Quedamos cansados, la voy sacando, despacio, con la salida del pomo va saliendo un poco del semen volcado dentro del estuche.
Recuperamos energías comiendo hamburguesas y bebiendo cerveza, reímos juntos. Estábamos felices y contentos. Dormimos una pequeña siesta y comenzamos otra cojida, le di como para que tenga y guarde.
Desde ese día, al menos dos días a la semana nos encontramos, por ahora en casa de mi tía, para darnos sexo. Hacemos de todo y todas las posiciones nos exigimos ser creativos como incentivo erótico.
Gracias a la crisis, porque crisis es justamente un cambio, y esta situación ha significado un cambio sustantivo en nuestras vidas, de momento solo eso, los encuentros de amigos con beneficios. Es un buen momento como para superar esos difíciles momentos que debemos transitar en alguna ocasión.
Si eres mujer y te ha sucedido algo parecido me importaría compartir tus experiencias. Te espero en mi correo, no lo olvides.

Nazareno Cruz

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