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El sirviente

27 de julio de 2003

Cual no sería nuestra sorpresa al comprobar que el “pequeño” no lo era tanto, con mi padre se presentó un muchacho de 16 años, de ojos vivos y una sonrisa tan cautivadora que en pocos minutos nos sedujo a todos en casa y no protestamos por su presencia.

Cuando mi padre anunció su llegada con un muchachito para ayudar en las labores de la casa, nos imaginamos a un pequeño campesino que tras haber quedado huérfano formaría parte de nuestra casa. Cual no sería nuestra sorpresa al comprobar que el “pequeño” no lo era tanto, con mi padre se presentó un muchacho de 16 años, de ojos vivos y una sonrisa tan cautivadora que en pocos minutos nos sedujo a todos en casa y no protestamos por su presencia.

A pesar de ser un chico con poca (o nada) preparación escolar, era un tipo muy vivo para aprender todo lo que se le enseñaba, a mí me dieron la loable tarea de educarlo. Al poco tiempo de su permanencia, Uriel era ya todo un experto en las labores de la casa, incluso la cocina, uno de sus fuertes, porque resultó un magnífico chef. Cuando ya hube concluido mis labores de profesor de ello me dediqué entonces a enseñarle a leer y escribir, llegando a convertirse en algo así como mi sombra.

Mi turno de trabajar generalmente era en las tardes, por lo que podía dedicarme a él y la casa por las mañanas casi sin ninguna preocupación. Una mañana se me ocurrió limpiar el baño, por lo que pedí a ayuda a Uriel para hacerlo, sobretodo en la limpieza de las mayólicas que se encuentran en la tina y ducha, que generalmente se tienden a ensuciar mucho. Nos metimos tan solo con playeras y short, sin embargo en un descuido suyo se abrió completamente la llave de la ducha mojándonos completamente, lejos del disgusto fue la carcajada que di por el momento y por encontrarnos empapados de cabeza a pies. Terminando de limpiar todo el baño y viendo lo resplandeciente que había quedado, me entraron las ganas de estrenar la tina, así que le pedí a Uriel que me la llenara con agua bien tibia, mientras yo me afeitaba mientras tanto. Una vez que ya todo estaba listo para bañarme, me despojé de mis aún húmedas prendas y ante la mirada del chico me metí en la tina sintiendo una satisfacción enorme de hacerlo, sin embargo la mirada de Uriel como de ganas de estar en mi lugar no me dejaban disfrutar del momento tan placentero, no sé porque lo hice, pero mirándolo le dije quítate la ropa y métete aquí cabemos los dos, y en menos de lo que canta un gallo, Uriel se quitó las dos prendas que tenía (no usaba trusa) y se metió en la tina, al verlo por primera vez desnudo me di con la sorpresa de encontrarme a un muchachito bastante corpulento, con un par de piernas muy desarrolladas, un culo lleno y parado y una pieza delantera no muy grande pero si bastante atractiva a la vista, todo él casi sin vello, incluso el púbico. Una vez sumergidos en el agua, le alcancé el jabón y le pedí ya que estás acá enjabóname todo el cuerpo y él gustoso tomó la orden, iniciando su labor por mis pies y piernas, lo que sin querer me causó una leve excitación que traté de disimularla haciéndome el dormido, realmente lo estaba gozando. De pronto siento sus manos enjabonadas sobre mi pecho, sobretodo sobre mis pectorales, sentía como disfrutaba el poderlos tocar, me pidió que levantara los brazos y así lo hice, momento en que me pasó el jabón por las axilas, mientras tanto, mi sexo erguido ya era completamente notorio, pero Uriel no se inmutaba ante el hecho, mas aún él lo rozaba con su cuerpo (incluso su pene) a cada enjabonada de mi parte superior. Luego me pidió que me diera vuelta para lavarme la espalda y así lo hice. Lo sentía literalmente sobre mí y la sensación de estar siendo enjabonado y lavado era increíble, poco a poco sus manos bajaron desde mi cuello hasta la parte baja de la espalda, por un instante se quedó quieto dudando si debía lavarme o no el trasero, sin embargo totalmente decidido tomó el jabón que lo había dejado de lado e inició su labor con suavidad, pasaba el jabón por mi raja para luego con las manos dando suaves masajes retirarlo y así estaba hasta que llegó a mi hoyo, lo enjabonó muy bien, me metió la mano completa, dio un suspiro y pasó directamente a lavarme los testículos y las piernas, mientras tanto yo estaba a mil, deseando a más no poder

poseer a este pequeño muchacho que me estaba bañando de la manera más increíble. Una vez que sintió que ya había culminado su labor, colocó el jabón en la jabonera y sin decirme palabra alguna se echó sobre mi cuerpo, pudiendo sentir que su miembro estaba completamente duro y con ganas de ser utilizado. Quieres que te bañe ahora yo a ti? le pregunté y Uriel haciendo un gesto con la cabeza me dijo si, entonces se levantó per dejándolo completamente dispuesto, entonces procedí. Cuando mi pene tocó la pared de su hoyo él se estremeció, y más aún cuando ayudado por el jabón ingresó la cabeza en su ya no virgen agujero, sus gemidos me anunciaban que lo que vendría iba a ser fantástico, ya que increíblemente se estaba dilatando frente a mis ojos al paso de mi gruesa pinga, hasta que finalmente mis huevos tocaron su cuerpo y tanto Uriel como yo iniciamos un vaivén de movimientos circulares que no hicieron más que acelerar el momento de la eyaculación que deposité con todo mi ser dentro de mi sirviente, que delicia fue ese momento para mí y demás está decir que Uriel estaba casi desmayado del placer provocado por mí.

Después de aquella experiencia la relación que mantuvimos Uriel y yo fue verdaderamente inusual, más sin duda las mañanas de baño en tina eran nuestras favoritas.

Autor: TEHEPA

Tehepa ( arroba ) yahoo.com

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