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EL VISITANTE

16 de diciembre de 2006

Estos hechos ocurrieron hace algunos años, pero mi mente los guarda tan frescos y recientes que parece que ocurrieron tan solo hace unas horas. Cada vez que estoy sola y pienso lo que ocurrió mi cuerpo se excita de tal forma que tengo que buscar rápidamente una forma de calmar mi fuego interior.

Todo ocurrió en un frío invierno, en Madrid, y sin duda fueron ciertos hechos fortuitos los que nos condujeron a aquella situación. Un viernes por la tarde mi marido, Tomas, recibió la llamada de Jorge, un antiguo compañero de la oficina que se había trasladado a Paris. Había conseguido un puesto excelente dentro de la compañía, Director, y ahora se había convertido en todo un ejecutivo.

El caso es que llamó a mi marido para recordar viejos tiempos y tomar una copa los tres juntos. La verdad es que recordaba a Jorge de los tiempos en que trabajaban juntos en la oficina de Madrid. Era buena persona, atractivo, simpático, le encantaba la juerga y tenía fama de conquistador, o al menos, según me contaba mi marido no se le conocía pareja estable y si muchas esporádicas dentro y fuera del trabajo.

El caso es que nos arreglamos y esperamos su llegada a casa. Cuando llegó y abrió la puerta quede completamente asombrada del cambio que había dado.

Vestía muy elegantemente, había cambiado su peinado, estaba moreno, incluso parecía más alto, si antes ya era atractivo ahora debo reconocer que con los años y sin duda el dinero de su nuevo cargo parecía un auténtico caballero. Las facciones de su cara se habían endurecido y parecía más delgado que la última vez que le vi.

Nos saludamos efusivamente con dos besos y un abrazo, un fuerte abrazo que me dejo casi sin respiración, su pecho se junto al mío y me estremecí. A continuación saludó a mi marido aún mas efusivamente y empezamos a charlar.

Nos extrañó que viniera con una maleta puesto que en teoría venía del hotel y nos contó que había tenido un pequeño problema con la reserva del hotel y que tenía que marcharse a otro que quedaba un poco más lejos pero que antes pensó en pasar a saludarnos.

- No te preocupes, deja aquí la maleta -le dijo mi marido – ya tendrás tiempo de ir al hotel.

- Ya pero me gustaría darme una ducha y cambiarme.

- Pues dúchate aquí -insistió Tomas.

En ese momento todo empezó a cambiar para mi, me sentí afortunada de tener a Jorge en mi casa y porque no decirlo, también excitada.

Lo primero que vino a mi mente fue que aquel pedazo de hombre se iba a duchar en mi casa, iba a desnudarse en mi cuarto de baño y yo no podía verle. No sabía muy bien como estaba pensando en aquello, jamás había engañado a mi marido, bueno excepto un par de pajas que tuve hacer en una ocasión, y también una mamada, pero nada más.

El caso es que debí volverme loca pero decidí salir a la terraza donde daba la ventana del baño, que previamente había dejado abierta cuando le deje la toalla a Jorge.

Salí a la terraza con la excusa de recoger unas cosas y dejé a mi marido en el salón. La ventana del baño estaba un poco alta pero si me subía a un pequeño taburete podía tener una visión perfecta…y la tuve.

No sabía muy bien lo que estaba haciendo, pero allí estaba, subida a un taburete, con tacones y un vestido corto asomada por la ventana del cuarto de baño de mi casa intentando ver desnudo a un amigo de mi marido.

Llegué justo a tiempo cuando se estaba desnudando, le vi de espaldas quitándose la camisa, vaya espaldas que tenía, sin duda debía practicar algún deporte o ir al gimnasio. Después se quitó el pantalón y cuando se bajó los bóxer puede apreciar su culo, muy bien formado, rematado por unas piernas fuertes y bien formadas. Jorge estaba buenísimo, y cuando se dio la vuelta pude contemplar sus abdominales perfectamente definidas y por supuesto sus genitales. Estaba completísimo, pero

no me dio tiempo a nada más porque Jorge levantó la mirada e inmediatamente me retiré de la ventana, estaba segura que no me había visto pero no quería forzar más la situación.

Parecía una colegiala haciendo aquello, pero me excité muchísimo haciéndolo y me sentí como una chica mala que había conseguido su propósito.

Me fui al salón con mi marido, que estaba feliz porque su amigo estaba en casa y pude apreciar la diferencia entre un cuerpo y el otro. Mi marido ya tenía una barriga incipiente que cada día iba en aumento y no hacía nada por reducirle, aunque le quería con pasión, lo de Jorge era simplemente curiosidad.

Jorge salió de la ducha y me crucé con él en el pasillo, salió con la toalla arrollada a la cintura y su torso desnudo, pude apreciar con más tranquilidad su torso y sus abdominales, me sonrió y se dirigió a la habitación donde había dejado su maleta para cambiarse.

Nos fuimos a tomar unas cañas, luego a cenar y por último a tomar unas copas.

Jorge cada vez que tenía la ocasión me decía lo guapa que estaba, que había mejorado con el paso de los años, en fin era todo un caballero.

Casi cuando nos íbamos a ir para casa Jorge le pidió permiso a Tomás para bailar conmigo.

- Que tontería estás preguntando -contestó mi marido- pues claro que puedes bailar con Susana.

Supongo que no fue casual el hecho de que Jorge me sacara a bailar cuando estaban poniendo salsa, ni tampoco el hecho de que poco a poco nos fuéramos introduciendo más y más entre la gente, lejos de la vista de mi marido.

Estuvimos bailando bastante tiempo más, yo cambiaba de Jorge a Tomás y de este de nuevo a Jorge hasta que pusieron una canción lenta, justo en el momento que yo estaba con Jorge. Yo me iba a marchar hacia la barra donde estaba Tomás pero Jorge me agarró del brazo y se acercó a mi.

Supongo que no fue casual el hecho de que Jorge me impidiera irme con Tomás, ni tampoco el hecho de que poco a poco nos fuéramos introduciendo más y más entre la gente, lejos de la vista de mi marido.

Poco a poco se acercaba más a mi y notaba que su mano en mi espalda poco a poco se iba acercando peligrosamente a su fin. Notaba el calor de su cuerpo junto al mío, no quería mirarle a la cara, seguro que mis ojos me delataban, le hubiera besado en ese mismo instante, pero no podía hacerlo mi marido estaba a pocos metros de nosotros.

Su mano ya estaba apoyada descaradamente en mi trasero, y nuestros cuerpos casi fundidos en uno solo, notaba una pequeña presión en ni tripa pero no quería imaginar que era aquello, ¿estaba empalmado? Con gusto le hubiera metido mano para comprobarlo pero no podía ser.

Estaba empezando a sudar por la tensión y la excitación del momento y le pedí que dejáramos de bailar.

- Como tu quieras -me dijo.

Cuando llegamos a casa Jorge entró por la maleta para marcharse al hotel, pero Tomás se lo impidió:

- No hombre no, quédate aquí a dormir, pase el fin de semana con nosotros.

Tanto insistió Tomás que Jorge no tuvo más remedio que quedarse. Esa noche yo estaba excitadísima y al irnos a nuestra habitación y oir como Jorge cerraba la puerta de la suya no lo dude, me desnudé delante de Tomás e hicimos el amor, debo reconocer que mientras estaba tumbada en la cama abierta de piernas recibiendo las embestidas de mi marido, no se iban de mi cabeza la visión de Jorge desnudo en el baño ni los excitantes momentos del baile.

Como casi siempre Tomás me arrancó simplemente un orgasmo, al que no acompañé de gemidos para evitar que Jorge nos escuchara, y él eyaculó en apenas diez minutos como casi siempre, rara era la vez que duraba más. Pero Tomas tenía otras cosas maravillosas, era un excelente padre para nuestros hijos, y el sexo no lo era todo en esta vida, ¿no?.

El sábado por la mañana Jorge se marchó a visitar a unos conocidos y quedamos en ir al cine por la tarde. Jorge nos dijo que echaba de menos ir al cine dado que en Paris no tenía tiempo y además aunque hablaba muy bien francés no era su idioma nativo.

Quedamos con él en la puerta del cine, al entrar compramos una bolsa enorme de palomitas y entramos a la sala. Yo quede sentada en el centro y apoyé la bolsa de palomitas en el brazo que nos separaba a Tomás y a mi, es

to hizo que Jorge cada vez que quería coger palomitas tenía que estirar su brazo delante de mi hasta la bolsa y al principio no le di importancia pero me fui dando cuenta que los roces de su brazo con mi pecho empezaban a no ser fruto de la casualidad.

Cuando empezó la película tenía los pezones erectos y me fijé que se notaban a través de la blusa. Jorge no tenía ningún reparo en seguir con el juego y la verdad es que a me estaba gustando. Le dejé hasta ver donde era capaz de llegar para luego pararle los pies.

La película no estaba mal, pero a Jorge parecía interesarle más el jueguecito y mi aparente consentimiento hasta que se acabaron las palomitas. cuando dejé la bolsa en el suelo Jorge se acercó a mi oído y me dijo:

- Estaban francamente buenas las palomitas.

- Si -contesté- no estaban mal.

La película seguía y noté la pierna de Jorge pegada a la mía, luego puso su mano encima de su rodilla y la dejó caer hasta que entró en contacto con la mía. Que cara tiene este tío -pensé.

Siguió con el juego y su mano fue subiendo entre su pierna y la mía lentamente, decidí poner el abrigo de forma que Tomás no se diera cuenta de aquello. Pero por otro lado me daban ganas de darle un tortazo a Jorge, ¿Que se creía?

Pero ahí fue donde me equivoqué, al verse protegido Jorge continúo con su juego aún más descaradamente, subió su mano aún más y se introdujo por el pliegue de mi falda, entrando en contacto con mi piel directamente donde se acababan las medias. Giré mi cabeza con un claro gesto de estar enfadada y de nuevo me susurró al oído:

- Tranquila, déjate llevar…

Estaba muy nerviosa, sin duda la mano de Jorge me estaba excitando, pero no quería que pensara que era tan fácil meterme mano, además pensaba que si Tomás se daba cuenta se iba a montar un buen lío en el cine.

Mientras Jorge cada vez era más descarado, sus hábiles dedos llegaron hasta la borde de mis braguitas, a escasos centímetros de mi sexo. Yo cada vez estaba más excitada, no me enterada de nada de lo que pasaba en la película y Jorge seguía insistiendo. Introdujo sus dedos dentro de mis braguitas y se puso a jugar con mi vello púbico, aquel cabrón sabía muy bien lo que hacía.

Sus dedos se posaron sobre mi sexo y lentamente fueron abriendo mis labios.

Aquellos intrusos estaban arrancándome oleadas de placer, que yo intentaba contener y disimular para evitar que Tomas se diera cuenta, pero me hubiera encantado abrirme de piernas y empezar a gemir.

La osadía de Jorge era tal que ya no hacía caso alguna de la peli, simplemente me estaba mirando, mientras yo intentaba que nadie se diera cuenta de lo que estaba sucediendo. Jorge me susurró al oído:

- Ve al baño y quítate las bragas, así estaremos los dos más cómodos.

Le mire y no lo pensé, me levante y me fui al baño, según iba andando en mente solo se repetía una pregunta: ¿Estás segura de lo que estás haciendo?

No estaba segura pero tenía que hacerlo, jamás había estado tan excitada.

Me quité las bragas, las guardé en el bolso y me dirigí de nuevo a mi butaca.

Al llegar el cabrón de Jorge me pregunto si me encontraba bien, haciéndose el preocupado, como si no supiera perfectamente como me encontraba.

Tomás estaba tan metido en la película que creo que aunque Jorge me hubiera follado allí mismo delante de todos él no se hubiera dado cuenta de nada.

Después de sentarme y taparme de nuevo con el abrigo, Jorge volvió al ataque.

Esta vez fue directo, sin preámbulos y cuando descubrió que le había obedecido me susurró de nuevo:

- Así está mejor.

Sus dedos empezaron a trabajarme y yo me deje llevar como me había pedido al principio, abrí un poco más las piernas para facilitarle el trabajo.

Era indudable que sus expertos dedos habían masturbado más de un coñito, sabía donde y como tocar, pellizcar, apretar, masajear, acariciar… en resumen: me encontraba en la gloria.

Jorge de vez en cuando sacaba sus dedos de mi vulva y se los llevaba a la boca, donde los chupaba, saboreando mis flujos y de nuevo los volvía a meter.

Llegó un momento de la película en que mi grado de excitación era tal que alargué mi mano, amparada e

n la oscuridad del cine y protegida por el abrigo de Jorge, y la posé sobre su entrepierna. Noté su erección inmediatamente, sentía las palpitaciones de su miembro a través del pantalón, notaba como luchaba por salir de su escondite y me armé de valor para bajarle la cremallera, lentamente esperando no hacer ruido. Mientras él había dejado de tocarme y se estaba concentrando en el placer que yo le iba a dar. Lo entendí perfectamente, metí la mano dentro de su pantalón y busque lo que tanto ansiaba tocar.

Lo liberé de su opresor y tuve el primer contacto directo con su erecto miembro.

Esta ardiendo y muy duro, en su punta encontré el lubricante necesario para acariciarle suavemente, con dulzura. Nos cruzamos una mirada y nos sonreímos, estaba segura que había empezado a cruzar una puerta de la que no había vuelta atrás, lo único que deseaba en ese momento era estar a solas con él, pero no imaginaba como.

Estuvimos tocándonos toda la película, cuando acabó yo estaba sofocada, culpé a la calefacción del cine y Tomas asintió conmigo que hacía mucho calor.

A partir de ese momento mi marido fue un estorbo para mí, no encontraba la ocasión de que Jorge y yo estuviéramos solos, deseaba tocarle, que me tocara, que me follara salvajemente, era casi desesperante para mi, jamás había estado tan excitada.

Después del cine fuimos a tomar algo, a charlar cuando yo lo que necesitaba era otra cosa y supongo que Jorge debía estar igual que yo. A continuación nos fuimos a cenar y por fin llegamos a casa. Estaba desesperada, lo único que había conseguido era que me tocara por encima de la falda un par de veces y yo a él por encima del pantalón. Necesitaba algo más y la ocasión llegó cuando Tomás dijo que iba a darse una ducha antes de acostarse.

Se metió en la ducha y según cerró la puerta Jorge se levantó y me besó a la vez que sus manos empezaban a tocarme por todas partes, se separó un poco de mi y me pidió que me subiera la falda, así lo hice, le enseñe mi coñito y no pudo contenerse más, se puso de rodillas entre mis piernas mientras me hizo apoyar el pie encima de una silla facilitándole la posición para que me comiera el coñito. Jorge se dedicó en exclusiva a mi coñito hasta que escuchamos la puerta del baño abrirse, rápidamente se levantó del suelo y yo me bajé la falda.

Antes de que Tomás apareciera en el salón Jorge me dijo que me esperaba en su habitación esa misma noche.

Nos quedamos viendo la tele esperando y rogando que Tomás se fuera a la cama, pero no había manera. Jorge optó por despedirse aludiendo que estaba cansado y aquello pareció animar a mi marido que también se fué a la cama, yo le dije que iba a seguir viendo un rato la tele.

Después de unos 20 minutos entré a la habitación y comprobé que Tomás dormía.

Aquella era mi oportunidad, no estaba segura de lo que iba a pasar pero tenía que pasar, no podía aguantar más.

Me dirigí a la habitación de Jorge y abrí la puerta, entré despacio y cerré la puerta, no veía nada estaba completamente oscuro hasta que Jorge dio la luz de la mesita de noche. Estaba completamente desnudo tumbado encima de la cama con una erección monumental entre sus piernas.

- Has tardado mucho -me dijo.

- He venido cuando he podido -respondí.

- Desnúdate, quiero verte desnuda…

No lo dudé ni un segundo, si había entrado en la habitación era para entregarme por completo a él. Quedé completamente desnuda enfrente de la cama, me pidió que me girara para poder verme contemplarme mejor. Mientras me observaba veía como se masturbaba lentamente. Se levantó y se dirigió hacia mi, me agarró de los brazos y me dio un fuerte beso, me lanzó sobre la cama y me dijo:

- Ábrete de piernas, te voy a follar.

Me abrí de piernas y entregué mi húmedo y caliente coñito a Jorge, se lanzó sobre mi mientras que con una mano me agarraba ambos brazos por encima de la cabeza con la otra situaba su miembro en la entrada de mi coñito.

Una vez que la tuvo bien situada, noté como iba entrando lentamente, aquel intruso estaba entrando dentro de mi en mi propia casa y con mi marido a escasamente dos tabiques de la habitación. Intenté no ge

mir, pero el placer era tan intenso que no me podía contener, por fin tenía aquella polla dentro de mí, llevaba tanto tiempo esperándola que cuando la tuve dentro por completo casi tengo un orgasmo. Este no tardó en llegar cuando Jorge empezó a entrar y a salir dentro de mí. Me sentía completamente dominada, sus manos me agarraban los dos brazos y su polla me tenía completamente poseída.

Jorge se dio cuenta de que estaba teniendo un orgasmo y forzó sus embestidas:

- ¿Te gusta, eh zorra?

Me empezó a insultar a decirme que era una zorra al permitir que la follara en la misma casa donde dormía mi marido. Jorge me follaba de una manera muy distinta a como lo hacía mi marido. Me elevaba a cotas de placer donde nunca antes había llegado, y eso lógicamente me encantaba.

El segundo orgasmo me llegó en apenas diez minutos y Jorge me seguía diciendo que me iba a estar follando hasta que el quisiera.

Cambiamos de posición, me puso a cuatro patas y se situó detrás de mí, me la clavó de un certero empujón y empezó a moverse rítmicamente, entonces sentí un dedo mi agujero trasero, jamás nadie ni nada había entrado allí y Jorge se permitió el lujo de meterme un dedo. No le dije nada porque me encantó aquella sensación, fue un placer indescriptible y tuve mi tercer orgasmo con el dedo de Jorge dentro de mi culo.

Noté que Jorge estaba empezando a aumentar su ritmo en las embestidas y noté que estaba a punto de correrse, sacó el dedo de mi culo y me agarró con fuerza por la cintura, sus embestidas eran cada vez más fuertes y aquel ariete me estaba destrozando de placer. Quise decirle que no se corriera dentro de mí pero no pude hacerlo, le dejé que despostara todo su esperma en mi interior, se le escaparon un par de gritos que me hicieron temer que mi marido nos escuchara.

Quedamos un par de minutos en esa posición hasta que Jorge sacó su miembro de su interior, estaba ya algo flácido y bañado por su semen y mis jugos parecía brillar dentro de la habitación, decidí corresponderle con el placer que me acababa de proporcionar y le dije que se tumbara en la cama, me sitúe entre sus piernas y agarré su polla con una mano introduciéndomela en la boca, sin importarme saborear aquella mezcla de semen y jugos.

Se la empecé a chupar lentamente, estaba morcillona, no se ponía dura pero estaba segura que antes o después estaría de nuevo a punto. Estaba de rodillas con la cabeza entre sus piernas y el culo en alto. Estaba poniendo tanto interés en aquella mamada que no oí cuando Tomas abrió la puerta, ni supe cuanto tiempo llevaba allí hasta que Jorge me agarró fuertemente por la cabeza introduciéndome su morcillona polla al completo y a la vez Tomás se situó detrás de mi y me introdujo su polla en mi dilatado coñito.

Intenté girarme, realmente no sabía quien estaba detrás de mi, Jorge no me dejó que me girara, ni dejó que me sacara su polla de la boca, para protestar y gritar, quería decir que no, no estaba preparada para aquello pero el bombeo de aquella polla en mi coño me hizo cambiar de actitud, el placer de tener una polla en el coño y otra en la boca fue increíble. La polla de Jorge de nuevo recuperó su dureza y me dejó libre para chupársela, cuando pude giré la cabeza y vi a mi marido follándome, al menos comprobé que realmente era él.

Me estaba follando en el mismo sitio donde antes otro hombre había depositado su semen. No lo podía creer, pero el placer era tan increíble que me dejé llevar por completo. Tomás me estaba dando mucho placer y yo se lo estaba dando a Tomás.

Estuvimos varios minutos así hasta que Jorge pidió cambiar, cuando me saqué la polla de Jorge de la boca intenté hablar con Tomás, pero me lo impidió, ocupó el sitio de Jorge y de rodillas en la cama me metió la polla en la boca, me estaba follando literalmente la boca mientras Jorge lo hacía por el culo.

Nunca había estado tan llena, me sentía completa, dos hombres para mi sola y podía disfrutarlos libremente, ni en la mejor de mis fantasías me imaginaba algo así. Tuvo otro orgasmo en esa postura y Tomás me llenó la boca con su semen mientras Jorge me seguía dando.

Ninguno de los tres decía nada, yo no podía por razones obvias, pero ellos tampoco ha

blaban, empecé a pensar que quizás todo estaba pactado entre ellos, pero no entendía como Tomás podía haber pensado algo así, aunque lógicamente fui yo la que me metí libremente en la cama de Jorge.

Cuando Jorge empezó a aumentar sus embestidas volví a concentrarme en el placer que me estaban dando y noté como de nuevo Jorge se corrió en mi coñito.

Me inundó de nuevo y se salió para tumbarse a nuestro lado, mientras Tomás se puso detrás de mi y me empezó a follar nuevamente, no recuerdo cuanto tiempo estuvimos así, yo a cuatro patas y mi marido dándome por detrás mientras que Jorge a nuestro lado nos contemplaba como lo hacíamos, acariciándome los pechos y bajando de vez en cuando al clítoris, me corrí una o dos veces más y cuando Tomás se corrió también en mi interior nos tumbamos los tres en la cama y exhaustos nos quedamos dormidos, agarré ambas pollas con mis manos y ellos se apoderaron de mis tetas.

Despertamos los tres en la misma cama, desnudos, con el sudor pegado a nuestros cuerpos. Me levanté y me di un baño, fui a la cocina y me puse a preparar el desayuno, llevaba una bata corta semitransparente y nada debajo de ella.

Después de lo sucedido no tenía mucho sentido guardar las apariencias, o al menos eso pensaba.

Me puse a preparar el desayuno y escuché como se levantaban e iban al baño, primero apareció Tomás, se acercó a mi y me dio un beso en la boca, como todas las mañanas, y después apareció Jorge, desnudo completamente, se acercó a mi y me dio otro beso a la vez que agarraba uno de los cachetes del culo con una mano y nos dijo:

- Joder que buena está tu mujer, Tomás.

Mi marido ni se inmutó, simplemente sonrió asintiendo con la cabeza. Nos sentamos los tres a desayunar y cuando terminamos mi marido se puso de pie a mi lado y se bajó el pijama, estaba empalmado y entendí perfectamente lo que quería de mi, me introduje su polla en la boca y empecé a hacerle una mamada delante de Jorge.

El morbo que me producía todo aquello hacía que estuviera excitadísima, la polla de Tomás parecía que iba a reventar, así estuve un buen rato hasta que Jorge se situó al lado de Tomás y comprendí que también debía satisfacer las necesidades de Jorge, me dediqué a chupar primero una y luego otra, pero no las dejaba desatendidas en ningún momento ya que con mis manos las pajeaba cuando mi boca no lo hacía.

Después de unos minutos así Jorge me levantó y me hizo apoyar el cuerpo sobre la encimera, sentí el frío contacto de mis pechos contra la encimera a la vez que me abría las piernas y apoyaba su polla en la entrada de mi coñito, lo oí pedirle permiso a Tomás para clavármela y lo hizo un segundo después de un fuerte empujón.

Según me estaba follando Tomás me hizo apartarme y se sentó encima de la encimera de forma que quedé entre sus piernas y con su polla a la altura de mi cabeza, se la empecé a chupar.

Después de unos minutos así y tener el primer orgasmo de la mañana, Jorge le pidió la aceitera a Tomás y me untó el culo con aceite, me metió un dedo, luego otro más y hasta un tercero, me estaba dilatando el culo.

Como supuse aquello iba a convertirse en la desvirgación de mi culito, sacó los dedos de mi culito y hizo la mismo con la polla de mi coñito, apoyó la polla en la entrada de mi virgen agujero y empezó a empujar, entraba demasiado deprisa y me hizo bastante daño, noté cuando entró por completo el capullo porque mi esfínter se relajó unos segundos, pero acto seguido sentí como seguía empujando.

Creí que iba a desfallecer, intentaba decir que no con la boca, cuando la polla de mi marido me lo permitía pero estaba deseando sentirla dentro en su totalidad, después de unos segundos Jorge dejó de empujar y estuvo quieto, lo cual me vino muy bien para relajarme y que mi agujerito se acostumbrara a aquel monstruo, yo no dejaba de chupar la polla de Tomas.

Jorge empezó a bombear en mi culo y yo creí morir de placer, nunca había sentido algo así. Me ardía por dentro pero ya no sentía dolor, estaba suficientemente dilatada, cada vez sus embestidas eran más fuertes hasta que se corrió dentro de mi culo, me llenó con su leche. Tom&aacu

te;s se bajó de la encimera y me la clavó de nuevo en el culo, Jorge se agachó y se puso entre mis piernas donde empezó comerme el coño magistralmente, me arrancó otro orgasmo con la polla de mi marido en el culo, que poco después también se corrió dentro de mi.

Jorge se marchaba esa misma noche y decidimos aprovechar el resto del día, no recuerdo haber tenido nunca una sesión igual de sexo. Cada vez que Tomas o Jorge volvían a estar en forma me follaban o me la clavaban por el culo, aparte de las múltiples comidas de coño que me hicieron.

Acompañamos a Jorge al aeropuerto y durante el camino me senté con él atrás mientras Tomás conducía, de forma que pude hacerle la última mamada como recuerdo de su visita.

Desde ese día intento satisfacer todas las necesidades de Tomás…y de sus amigos.

¿Queréis ser amigos de Tomas?

Autor: susanaytom

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