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EN CASA DE MIS PARIENTES DEL CAMPO

18 de noviembre de 2008

Hace unos cinco yo tenía como 19 años, iba en verano a una casa de parientes en el campo con mi familia. Había pasado harto tiempo que no iba, hasta que por algo que no recuerdo me tocó ir yo solo. Todo seguía igual, excepto que había una nueva mujer para hacer las cosas de la casa. Era joven, tendría unos 20 ó 21 años. Tenía el pelo corto, medio rubio, unas piernas gruesas y jugosas y unos senos grandes y firmes, además era rellenita, algo gordita.

A medida que pasaban los días conversábamos y nos reíamos cada vez más; como yo me aburría le ayudaba en las cosa de la cocina, pelar fruta, darle de comida a las gallinas, etc.

En ese pueblo siempre en verano hace un calor espantoso, me acuerdo que en el medio del patio había una pileta de bronce, grande. La llenábamos con agua tipo 9 de la mañana y al mediodía con todo el sol ¡estaba caliente!, no hirviendo claro, pero le faltaba poco.

Siguiendo con la historia, un día en la tarde habíamos estado desgranando choclos (maíz) y estábamos bastante cansados, sudados y sucios, porque la pelusilla que sale de la coronta (mazorca) es muy voladora y se mete por todas partes. Valeria (que ese es su nombre) me pidió que yo terminara mientras ella se iba a bañar. Así que yo recogí todo el maíz que quedaba, lo llevé a la cocina, y pensçe en bañarme también, pensando que había pasado tiempo y que Valeria había desocupado el baño (solo hay uno en la casa) Resulta que la sala de baño tenía dos puertas, una dentro de la casa y otra que daba directamente al patio. Yo tomé mi toalla y me dirigí a esta última. Abrí la puerta de golpe y entré, ahí me di cuenta que la Valeria todavía se estaba bañando.

Ella sacó su cabeza por entre la cortina y me dijo: "que bueno que viniste, se me quedó la toalla en el patio". La fui a buscar y se la pasé.

Mientras ella cerraba el agua y se secaba me dijo "apúrate, mira que le agua está calentita, está muy rica", así que me desvestí, aprovechando que ella todavía estaba adentro, y quedé con la toalla en la cintura.

Salió ella y se veía espectacular, su piernas mojadas le brillaban y sus senos se destacaban entre los pliegues de la toalla que tenía puesta. "me sobró champú toma" me dijo y me pasó sus manos húmedas y con champú por el pelo, lo que hizo que me estremeciera y mi pene se pusiera duro. Abro el agua, que en verdad estaba riquísima, tibia, y me empiezo a jabonar.

Llevaba un rato en esto, hasta que siento el típico ruido de la cortina del baño al moverse, me doy vuelta y estaba la Valeria desnuda y sonriendo, "me quedó jabón en los oídos" me dijo mientras se acercaba y me daba su boca, tierna como una fruta madura, jugosa, mientras nos besábamos y el agua caía sobre nosotros, su mano bajó por mi espalda hasta mis nalgas que empezó a acariciar lentamente.

Yo me fui excitando cada vez más, sobretodo cuando le acariciaba los pechos duros, y ella sonreía y buscaba con su lengua la mía. Mis manos comenzaron a bajar y se metieron por su entrepierna que estaba jugosa y toda mojada. Ella gimió y se hincó, haciendo yo lo mismo, jugó un rato con mi duro pene y después se apoyó en mis hombros, se levantó levemente y se dejó caer lentamente mientras yo guiaba mi pene hacia su vagina sudorosa. Empezó lentamente a cabalgar, mientras yo la ayudaba sujetándola de sus nalgas duras. Ella me agarró la cabeza con fuerza mientras gemía y yo comencé a mordisquearle lentamente sus pechos duros y erectos.

Nuestros gemidos se confundían con el ruido del agua, que caía sobre nosotros. Cuando me estaba por correrme, totalmente excitado, ella me susurra al oído, entre quejidos, "no he tomado la píldora, ahhhhhh, y tú no tienes condón" si ustedes han experimentado algo parecido, saben que es lo peor que puede pa

sar en ese momento, que tu pareja te diga que no tiene protección y que tenemos que parar, justo cuando estamos por corrernos…

Así que con desgano ella se incorporó y se mojó el pelo, después me ayudó a pararme y me dio un beso húmedo y profundo y me dijo "aguántate un poco, estaré bien caliente para ti" y se fue. Me tuve que terminar de bañar enojado y solo.

Me fui a mi pieza y mientras me vestía escuché a la Valeria pidiendo permiso para irse más temprano, porque tenía que ir a la ciudad a "comprar unas cosas". Le dieron permiso y yo no la vi más por el testo de la tarde.

Creo que esa noche daban una buena película en la TV. Así que me quedé hasta tarde, mientras todos se habían acostado. Cuando terminó (como a la 1 de la mañana), me fui acostar, mi pieza quedaba al otro lado de la casa) Cierro la puerta de mi pieza, oscuro, y me asusto, por que siento una mano que se posa en mi hombro, y después unos labios conocidos que se posan en los míos y una lengua jugosa que busca con premura a la mía. Entre los besos Valeria me dice, "fui a la ciudad y compré algo para ti".

Se agacha y me desabrocha con cuidado mis pantalones, me los saca, al igual que mi calzoncillo y comienza a besar suavemente mi verga, a lamer con lengüita la punta del glande, mientras con una mano, me acaricia las nalgas y con la otra me hace cosquillas en las pelotas. Me empiezo a excitar cada vez más, al ver como lame mi glande, como succiona mi pene, como lo acaricia y lo mordisquea, como tiene los ojos entrecerrados, me acuerdo de cuando estuvimos en le baño y me corro entero. Ella se dio cuenta un poco antes, así que se sacó mi verga de la boca para que yo acabara en su cara. Sacó su lengua y se lamió hasta donde podía.

La levante con dulzura y comencé a desabrocharle la blusa que tenía, me di cuenta que andaba sin sostenes (sujetador). Comencé a succionarle sus pezones duros y negros, que parecían que iban a estallar de lo duros que estaban. Ella se sacó la falda y me llevó a la cama donde se tendió de espalda, mientras yo seguía besando sus pechos, después bajé lentamente por su vientre, besando y lamiendo cada centímetro de su cuerpo. Me detuve en su ombliguito, lo lamí y lo succioné mientras su cuerpo se estremecía en oleadas de placer y débiles quejidos.

Seguí viaje hacia su pubis y lamí todos sus vellos, hasta que llegué a su manantial, olorcito delicioso. Empecé a succionar sus jugos suavemente, y con mi lengua a explorar su interior. Le di golpecitos con mi lengua a su clítoris, húmedo y tieso, y ella empezó a gemir más fuerte aún. Levanté la cabeza, para dejar que se recuperara, y ella se hizo cargo de la situación.

Tomó del velador una cajita de condones, sacó uno, me hizo que me tendiera y me lo puso con manos expertas. Se agachó para lamerme el pecho y las tetillas y suavemente se alzó, para dejarse caer certera y precisa en mi pene erecto, empieza a subir y a bajar, lentamente, acompañado de quejidos mutuos,… nos vamos… hasta que no podemos más y nos corremos casi al mismo tiempo.

Esa noche dormimos juntos, desnudos, y tocándonos entre sueños… claro que como a las 6 de la mañana se tuvo que ir, para que no nos pillaran la gente de la casa que se levantaba como a las 7.

Espero que les haya gustado mi anécdota y que sea votada. Lamentablemente (para mí), mis padres se enojaron con esos parientes, y no he vuelto a ir…

Autor: Zuvic

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EN CASA DE MIS PARIENTES DEL CAMPO, 9.0 out of 10 based on 3 ratings
  
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