Era viernes en la noche, me encontraba yo reunido con un grupo de amigos conversando, riendo; en realidad disfrutábamos el rato; en eso llegó mi amigo Omar con otro joven, su nombre era Maicol, desde que lo vi me impactó; era moreno, delgado, de mi estatura (1,73). Era muy guapo, tenÃa pelitos en sus brazos, barbilla y me imagino que por muchos lados de su cuerpo. Sentà una excitación casi de momento, pero no podÃa permitir que mis otros amigos notaran el interés que puse en Maicol.
Omar nos los presentó a todos, cuando yo estreché su mano, traté de transmitirle lo que habÃa provocado en mÃ, pero tal parece que él ni siquiera lo notó. Asà pasó la noche, donde yo no perdÃa oportunidad para hablar con Maicol. Al dÃa siguiente tendrÃamos un partido de fútbol, por lo tanto todos nos despedimos y quedamos de vernos en la cancha a eso de las dos de la tarde del sábado. Cuando llegué ya la mayorÃa de los muchachos estaban allÃ, cual fue mi sorpresa que Maicol también, le pregunté si venÃa a vernos jugar, él muy cortés me contestó que Omar lo habÃa invitado para que jugara con nuestro equipo, ¡qué bien!, contesté, y lo invité para ir al camerino y cambiarnos porque ya pronto iniciarÃa el calentamiento y luego el partido. Mi único deseo era poder ver su cuerpo desnudo, solo de pensarlo me provocaba una leve excitación.
Entramos al camerino, y ahà estaban todos, algunos sin camisa, otros en su ropa interior, pero ninguno de ellos captaba mi atención, me coloqué de tal forma que Maicol quedara a mi lado, yo trataba de actuar de lo más normal, posible para que nadie notara nada. Cuando Maicol se quitó la camiseta que tenÃa puesta, casi se me va la respiración, tenÃa un pecho muy bien formado y su tórax era perfecto, con un caminito de pelos que bajaba hasta su mismo miembro. Casi de inmediato sufrà una fuerte erección, que ya se notaba en mi pantaloneta, como pude di la espalda a todos, excepto a Maicol, rápidamente quité mi camiseta y me puse la del equipo, para que ocultara un poco lo que me ocurrÃa y con urgencia me senté en la banca para cambiarme el calzado. Yo pensaba que nadie me habÃa visto.
Ya sentado pude ver cuando Maicol se quitó el pantalón que llevaba, lo que vi estuvo todavÃa mejor, tenÃa una tanguita blanca y su pene y testÃculos se repintaban deliciosamente, mostrando su forma. Estuve a punto de lanzarme encima de él, pero me contuve, él notó mi mirada, y rápidamente se puso la pantaloneta y salió sin decir nada. Yo simplemente pensaba en la imagen que guardaba en mi mente. Luego del partido, Omar se acercó a mà y me preguntó si Maicol podrÃa quedarse en mi casa, ya que él tenÃa que salir con su familia a la costa, y Maicol solo podrÃa regresar hasta el dÃa siguiente por lo que necesitaba un lugar donde pasar la noche. Yo no podÃa creer lo que estaba ocurriendo, ¡por supuesto! Le dije a Omar, él llamó a Maicol y le explicó la situación, Maicol agradeció mi buena voluntad, yo simplemente querÃa que llegara la noche.
Le dije a Maicol, que nos fuéramos asà como estábamos y que en la casa nos podÃamos bañar, para dormir limpios. Pero yo tenÃa todo planeado. Llegamos a la casa, le enseñé mi cuarto (donde tengo un baño personal) y le dije que se sintiera cómodo. Cerré la puerta de mi cuarto para que nadie pudiera entrar, le mostré el baño; él entró y cerró la puerta; lo que no sabÃa Maicol, es que yo habÃa hecho un pequeño orificio en un lugar estratégico de la pared del baño, que me permitÃa tener vista de todo lo que pudiera ocurrir ahÃ.
Me coloqué en el lugar indicado, ya para ese entonces tenÃa una gran erección, sentÃa mi pene que reventaba de la excitación; Maicol se quitó la ropa y pude contemplar todo su cuerpo, que hermosura, so&nti
lde;aba con pasar mi lengua por cada parte de su cuerpo, solo lo podÃa ver de espalda, sus piernas eran delgadas, pero fuertes, muy peluditas (como me gustan a mÃ), sus nalgas eran pequeñas, pero muy bien formadas también cubiertas de un hermoso pelito negro, y su espalda era amplia y bronceada. De repente se volteó, y vi su pene en reposo, su pecho y rostro, de verdad que me ponÃa cada vez más caliente. Abrió la ducha, pero cual fue mi sorpresa que comenzó a sobar su hermoso pene, y a acariciarse el pecho y las piernas, para provocar en él una erección. El verlo mientras se masturbaba, logró que mi pene comenzara a lubricar, yo me encontraba completamente desnudo observando tal espectáculo. En ese momento Maicol se puso de cuclillas y con un dedo de su mano izquierda comenzó a estimular su culito, pude ver como se lo introducÃa suavemente, y los gestos de placer que habÃa en su cara. Fue en ese momento donde me dije, tengo que hacer algo, no puedo dejar pasar la oportunidad; fui rápidamente y toqué la puerta del baño, y dije: “Maicol, disculpa debo de entrar, me urge sacar algo que está ahÔ, él me respondió “dame un momento”. Unos segundos después, estaba abriendo la puerta del baño.
Yo me habÃa puesto una toalla a la cintura, pero mi erección se notaba claramente, entré, y él estaba detrás de la cortina del baño, de repente asomó su cabeza, y notó mi erección, sonrió y dijo: “cómo que tu bate siempre está listo”, yo me sonrojé y le pregunté porqué decÃa eso, entonces respondió “lo noté en el camerino hoy en la tarde y ahora nuevamente”. Como pude le dije “¿pues qué es, que a ti no se te para?”, él siguió con una hermosa y maliciosa sonrisa en su rostro, corrió completamente la cortina y me dijo, “pues mira, en estos momentos estoy con la verga tan parada como tú” y comenzó a sobársela. Inmediatamente entendà la invitación que me estaba haciendo.
Rápidamente me acerqué, me incliné tomé su verga con mi mano derecha y la introduje en mi boca, era gruesa y cabÃa completamente en mi boca, mientras tanto mi mano izquierda acariciaba sus bolas y nalgas. ¡Que delicia! Pensaba en mis adentros, él acariciaba mi cabello y gemÃa de placer. Yo sentÃa como mi pene lubricaba sin parar, luego él me tomó de la barbilla pidiéndome que me pusiera de pie, arrancó la toalla que me cubrÃa y me dio un apasionado beso mientras con sus brazos acercaba nuestros tibios y húmedos cuerpos, los cuales quedaron totalmente pegados uno del otro, podÃa sentir sus palpitaciones, nuestros penes se juntaron, que placer tan infinito, nos acariciábamos las espaldas, las nalgas, mientras nos besábamos una y otra y otra vez. Luego él se agachó y comenzó a mamar mi verga, lo hacÃa como todo un profesional, ¡que rico! GemÃa yo, experimentando el mayor de los placeres.
Quiero sentir, tu rica verga en mi culo, me dijo. Se puso en cuatro patas en el baño, mostrándome todo su culito, comencé a mamarlo, mi lengua se introducÃa en su hoyito, él movÃa su cintura y jadeaba, eso me excitaba aún más. Introduje mis dedos delicadamente para ir dilatando su ano, ambos disfrutábamos cada momento, yo ya no podÃa más, y puse la cabeza de mi pene en su culito, y lentamente fui metiendo cada centÃmetro de mi verga en él, sus movimientos eran sumamente deliciosos, y sentÃa como su culo apretaba mi verga dándole la bienvenida.
Se lo metÃa una y otra y otra vez, él se dio vuelta y quedó de espaldas al piso, sus piernas entrelazaron mi cuello, ahora podÃa ver su verga a punto de reventar de placer, yo se la acariciaba mientras él me tocaba el pecho y pellizcaba mis tetillas. Todo era tan excitante que ya no podÃa más, querÃa llenarle el culo con toda mi leche, y poder ver como de su verga salÃa la de él. Dio un gemido de placer y me dijo, ya me voy a regar, sin necesidad de masturbarlo, pude ver como de su verga salÃa montones de leche blanca y caliente, llenando su pecho y abdomen, inmediatamente y como conectados uno del otro, yo también tuve uno de mis mayores eyaculaciones, sentÃa que nunca iba a terminar de emanar leche, mientras con mi mano tomaba la leche de su pecho y la ponÃa en mi boca; él se levantó y comenzó a besarme disfrutando los dos de su delicioso néctar.
Está de más
contarles que esa noche casi no dormimos, pues pasamos culeando y aprovechando cada momento, ha sido una de mis mejores experiencias. Esa misma noche Maicol me comentó que él mismo le habÃa dicho a Omar, que me pidiera el favor de poderse quedar en mi casa. Por lo visto él también tenÃa todo planeado. Desde entonces cada vez que viene a la ciudad, se queda en mi casa y la pasamos muy bien
Autor: Santi-Tico
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