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EN LA SELVA NEGRA

27 de febrero de 2006

La conocí en un autobús del transporte público, después de pagar mi pasaje me acomodé y quedé a un costado de ella. Llevaba un vestido floreado, largo y sin mangas, en sus manos una serie de libros, además de su bolso de mano, como quedó cerca de la puerta, cuando está se abría, entraba un aire que ligeramente le levantaba el vestido. De repente una brusca frenada del autobús ocasionó que alzara su brazo hacia el tubo de arriba para sostenerse; lo que vi me dejó perplejo: una espesa mata de vellos ensortijada; muy bien cuidada. Al ver ese pequeño espectáculo no pude dejar de observarla; de ojos negros, pestañas largas, boca pequeña, labios gruesos y una mirada seductora, pude ver que en sus brazos se dibujaba un pequeño camino de vellos muy finos. Cuando el aire entraba y le levantaba la falda, pude observar que sus pantorrillas también las tenía tupidas de un vello muy fino que hizo imaginarme el final…

El azar le tiró los libros y yo los levanté, me quedé con ellos, ya que con todo lo que cargaba era un poco complicado sostenerse en algún lugar del autobús. Afortunadamente bajaba en el mismo lugar que yo, de hecho fuimos al mismo lugar… La biblioteca alemana.

Llegamos a la biblioteca, entregó los libros y solicitó otros. Mientras yo, curioseaba y preguntaba a la bibliotecaria por algún texto, cualquiera que pudiera mantenerme ocupado. Salimos.

Le invité un café& fuimos a un restaurante ubicado al final de la calle donde se ubica la biblioteca, nos asignaron mesa y seguimos nuestra charla, hasta que en un descuido por parte de ella, levantó los brazos para acomodarse el cabello y nuevamente me le quedé viendo a su espesa mata de vello, me descubrió y sin más me preguntó: Te gusta, un poco turbado y con una erección que comenzaba a crecer asentí. ¿Qué te imaginas cuando ves esto?, me preguntaba mientras volvía a levantar su brazo. Antes de responderle llegó el mesero y nos pidió nuestra orden.

Cuando el mesero se retiró, volvió inquisitiva: noté que me mirabas insistentemente, ¿qué sensación te provocó el haberme visto?. Ya sin salida le respondí, que me excitaba sobremanera la espesa mata de vellos de su axila, le comenté que una mujer a veces no te provoca nada, pero que cuando descubres algo en ellas, tu mente comienza a trabajar en un sin fin de fantasías. ¿Y qué más te imaginas?. Le respondí: no puedo dejar de imaginarme, como será tu cuerpo en los lugares más recónditos. Dicho esto se acomodó de lado, subió una pierna al asiento y sin más levantó el vestido, lo que vi, me dejó sin aliento: no portaba ropa interior, en su lugar una espes Cuando un hombre me mira, parece que ve un fenómeno, sin embargo, contigo pude ver que no te era desagradable. Bueno, no todos tenemos los mismos gustos, además te notas muy segura de lo que haces y eso te brinda cierto atractivo. ¿Te gustaría ir a algún sitio más privado?, me preguntó. Con un pequeño movimiento de cabeza, asentí. Sígueme. Salió del restaurante, sin dar crédito a lo que pasaba pedí la cuenta, pagué y salí corriendo tras ella, caminamos rumbo a Álvaro Obregón dimos vuelta hacia la izquierda y al llegar a Jalapa, se detuvo a la entrada de un discreto hotel. Entró primero, con esa seguridad que le daba saber que tenía el control de la situación, pagué el cuarto y compré unos condones. Habitación 315, tercer piso, el elevador esta a su izquierda, me dijo la recepcionista. Entramos al elevador. Primer piso. Segundo piso… Una eternidad. Tercer piso. ¡Por fin! Salimos del elevador y a mano derecha se encontraba nuestra habitación. Estaba abierta. Limpia. Entramos.

No hubo más plática, no quisimos conocernos más, la tomé entre mis brazos y me pegué a su boca como desesperado, mientras tanto ella, acariciaba mi entrepierna por encima del pantalón, me bajó el cierre y buscó desesperadamente. Lo que encontró después la hizo reaccionar: mi pene de no más de 13 centímetros, se alzaba duro y expectante, como acostumbro depilarme y esa mañana acababa de hacerlo, lo tomó con sus manos, comenz&

oacute; un sube y baja lento, como queriendo que el tiempo no transcurriera. Tomó mis testículos y se los introdujo en su boca, esa sensación de tener su lengua acariciando esa parte y al mismo tiempo con su mano estimularme, hacía que viera el final muy cerca. Sin embargo la detuve, quería yo también hacer largo ese momento.

Lo que siguió después fue la sesión de sexo más intensa que jamás haya tenido, antes de quitarle el vestido noté que tampoco traía sostén por lo que con los escarceos que tuvimos y la calentura del momento sus pezones se pararon haciendo más excitante el momento, nos quitamos la ropa que nos sobraba, al desprender su vestido volvió a levantar los brazos me prendí a una de sus axilas y comencé a chupársela, imaginando que tenía ante mi su vagina, nos recostamos en la cama, estando yo abajo se montó y puso sus nalgas en mi cara, su vagina desprendía un olor a agua mezclada con jabón, la maraña de vellos llegaba hasta el ojo de su ano y además sus nalgas estaban cubiertas por una delgada capa de vellitos, lo que acabó por enardecerme; comencé a buscar su clítoris entre toda esa selva negra, al descubrir sus labios vaginales noté un pequeño botón en la parte superior, era del tamaño de su pezón, chupé pausadamente y en algunos momentos aceleraba los movimientos, haciendo que se retorciera de placer, su vagina comenzó a desprender su lubricación natural.

Mientras tanto ella succionaba mi pene de arriba abajo, se detenía a ratos, soplando un poco de aire y volvía a introducírselo en su juguetona boca, chupaba mis testículos de una forma magistral como queriendo comérselos, continuamos el juego y quise probar hasta donde quería llegar, abriendo sus nalgas con mis manos empecé a lengüetearle el ojo del ano, a ratos le daba unos pequeños piquetes con la punta de la lengua, lo que ocasionó que se prendiera más, sólo alcance a escuchar: No parees, por favor, sigueeeee. Acto seguido y ayudándome con su lubricación le introduje un dedo en su ano, que al instante respondió, abriéndose poco pudiera observar como se la metía y se la sacaba y además como mi pene se perdía entre esa maraña de “vellos”, cambió de posición, yo seguía recostado, se introdujo nuevamente mi pene por su ano, pero ahora me daba la espalda, colocó sus brazos en mi pecho y comenzamos nuevamente, subía y bajaba a un ritmo rápido, como queriendo quedarse con mi pene dentro, le pedí detenerse y comencé a bombear de tal manera que comenzó a gritar de forma desaforada, después de cinco minutos de estar cabalgando, gritó: “Me vengo, me vengo”, de su vagina comenzó a salir un líquido blanco, similar al semen, las contracciones que esto provocó, hicieron que su ano apretara mi pene de una forma deliciosa, como también estaba a punto de venirme, me dijo: “Quiero que me des tu leche en mi boca”, saqué mi pene de su ano, me quité el condón y le pedí acercará su boca. Comencé a masturbarme y de repente un chorro de esperma le baño completamente su cara, abrió su boca y lo último que quedaba de mi venida le cayó dentro, me chupó nuevamente mi pene y poco a poco se iba deshaciendo de mi leche, como estaba sentada está le caía en sus senos y además como también generó mucha saliva llegó hasta el inicio de su enmarañada selva, nos besamos, fue un beso largo y profundo intercambiamos saliva y leche, nos quedamos un rato recostados, acariciaba su cuerpo, jugaba con sus pezones, le acariciaba su vagina, tratando de enredar sus “vellos” entre mis dedos, nos volvimos a besar…

Nos metimos a bañar, nos arreglamos y salimos, caminamos hacía Insurgentes y al llegar a la avenida, paró un taxi, se subió, antes de cerrar, sacó una tarjeta de presentación y me dijo: “me llamo Claudia, nos vemos cuando venga a entregar los libros”, cerró la puerta y se fue…

Autor: Carlos Alberto quiero.conocerte ( arroba ) latinmail.com

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