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EN UN TAXI

24 de julio de 2002

Hola, mi nombre es Anabel. Tengo 27 años y vivo en la zona norte de la ciudad de México. Trabajo en un despacho de abogados por la zona sur de la ciudad.

Les voy a contar una historia que me sucedió hace unos meses y que la verdad no me había atrevido a contar. Pero una amiga me hizo comprender que sería sensacional que todos la conocieran sin conocerme a mí, y por lo tanto avergonzarme por ello.

Era el mes de mayo y para quienes vivimos en está capital, sabemos que es un infierno el calor que se siente en este mes. Así que es cuando aprovecho para lucir mis mejores minifaldas y mis mejores blusitas para lucir mi cuerpo. Mido 1.71, soy blanca, cabello negro largo rizado, ojos negros grandes, labios medianos pero muy carnosos. Mis medidas son 93-64-95.

Ese día me puse una minifalda roja estampada de tela delgada hasta la mitad del muslo que va enredada a la cintura. Una blusa corta blanca pegada escotada de los hombros y unas zapatillas altas.

Salí de trabajar a eso de las 9 y media de la noche y no pasaba el autobús que me llevaba al metro más cercano. Así que tomé un taxi a eso de las 10 de la noche pues tenía mucho cansancio y quería llegar rápido a la casa. En esta ciudad la delincuencia es fatal, pero me dio confianza el conductor puesto que era un hombre de alrededor de 55 años y era todo un pan de dios de amabilidad.

Comenzamos el trayecto y la verdad no me interesaba conversar con el conductor, pero para poder sondear si era de fiar acepté la conversación que me hacia el señor. Así que cruce la pierna y me dispuse a un largo viaje conversando de trivialidades de la vida.

La platica comenzó con el clásico dónde trabaja, qué hace y cómo me llamaba. Mi conductor era un hombre de 58 años, viudo y padre de familia de 3 hijos con los que vive sólo para ellos.

De vez en cuando sentía que don Fermín me veía por el retrovisor pero no le puse atención. Y la verdad es que aquella minifalda siempre se me subía al sentarme y no reparé en ello.

Su mujer murió hace tres años y desde entonces el se dedica en cuerpo y alma a mantener a sus hijos montado en aquel taxi. Ninguna ilusión cabía en él, mucho menos la de tener una mujer a su lado pues ni tiempo tenía.

- No se preocupe señor yo tampoco tengo novio desde hace un tiempo y no me quejo.

- No es posible señorita si usted es muy bella.

- ¿En verdad le parece?

- Si, sus ojos son muy bellos.

- ¿Nada más mis ojos?

- Bueno tiene usted una figura muy bella.

La verdad me dio pena que me lo dijera, así que lo analice para poder corresponder a su amabilidad. Y en verdad sus brazos eran muy fuertes y sus manos grandes. Así que se lo dije.

- ¿Y era bonita su mujer?

- Sí, muy bella.

Me contó que su mujer había sido muy hermosa y que en su juventud había tenido las piernas muy bonitas.

- ¿Tan hermosas como las mías? pregunté de vanidosa-.

- Sí, tan lindas como las suyas.

- ¿En verdad le parecen?

- Sí muy lindas y suaves.

- Me reí y le pregunte – ¿Cómo sabe que son suaves?

- Bueno lo supongo.

Le dio pena y mantuvo silencio por un rato. El calor era insoportable y la frase de ser más joven me hizo pensar en que tenía tiempo de no ser acariciada y que estaba desaprovechando mi juventud. La verdad es que no sé por qué me vino esta idea a la cabeza.

- De la vuelta en aquella calle y siga hasta el final.

- Está segura señorita, está muy oscura y nos puede pasar algo.

- ¿Qué nos puede pasar?, ¿de que tiene miedo?. Lo úni mano y la puse en mis rodillas.

- Acarícieme las piernas don Fermín si tan bellas le parecen.

- ¿Cómo cree señorita?. Usted tiene la edad de mi hija.

- Pues sea amable papá!!

Lo ceñí con mis brazos su cuello. Tomé su mano y la guié a través de mi muslo derecho. El con dulzura sobó mi muslo y hundió sus dedos en mi. Sus manos estaban frías del nerviosismo y refrescaban mi piel. Volví a abrazarlo y ahora él hizo el trabajo. Su mano desapareció debajo de mi falda.

Se excitó tanto que cerró los ojos. Aproveche para lamerle sus labios y met

erle mi lengua en su boca. Él me besaba furtivamente y metía ahora sus dos manos debajo de mi falda. Metía las manos entre mis piernas con tal maestría que comenzó a mojarme.

Lo recosté en el asiento y me puse de rodillas de frente a él. Sus manos delineaban mis torneados y duros muslos. Subió más y más y me sobó la comisura donde comienzan mis nalgas. Ya mi falda estaba arriba y su boca madura lamía mi cuello.

Sus manos subieron más y ahora atrapaban mis nalgas. Sus manos sudorosas mojaban cada línea de la piel de mis pompis. Yo disfrutaba cada caricia. Sus manos se hundían en mi piel. Me incorporé más y me subí más en él.

Mi blusa estaba mojada con mi sudor. Mis pezones se transparentaban.

- Anda Fermín chupa mis senos.

Así lo hizo y lamió con fuerza. Delineó con saliva en mi blusa cada parte de mis senos. Comenzó a acariciar mi espalda con dulzura, de arriba abajo, de abajo arriba. Me quitó la blusa dejando mi torso desnudo. Con sus labios haló mis pezones poniéndome a mil. Lo tomé de la cabeza, lo que le permitió bajar sus manos a mi cadera y acarició la parte externa de ellas. Sus dedos cayeron en el hueco de mis caderas subiendo de nuevo por mis nalgas. Una y otra vez, mientras mis senos se perdían dentro de su boca.

Me quitó de encima y se puso de pie. Se quitó la camisa que traía dejándome ver su torso. Yo le quité el pantalón y lo arrodillé frente a mí.

Empezó a sobarme de nuevos los muslos. Me incliné hacia él y di a lamer mi seno derecho. El quería comérselo pero yo me alejaba y sólo le dejaba mojar mi pezón. Le tome la cabeza y guié su lengua a mi entre pecho y tracé una línea por mi abdomen hasta llegar a mis muslos.

- Disfrútame Fermín!! Disfrútame!!

Sus dedos iban por dentro de mis muslos. Bajo su cabeza pero ahora me retaba viéndome. Yo asentí con la cabeza y comenzó a lamerme mis piernas mientras moldeaba mis senos. Yo tan sólo disfrutaba y miré hacia fuera por la ventana. Con la adrenalina a mil con el riesgo de ser vistos.

- Quítame la falda, mi amor.

Así lo hizo y sólo me quede en bikini.

- Debe considerarme una puta Fermín, pero no es así. Usted es muy lindo.

- No digas eso hija!

- ¡Quiero ser suya don Fermín!, Esta noche soy toda suya!!!. Así que sólo déjese llevar y obedézcame&

- Si Anabel.

- Lámame mi entre pierna. Si así. Pasé su lengua por su unión. Mmmmm!!

- Ahora suba. Beba los jugos que salen de mí panochita!!! Si así!!!

Mete tu lengua dentro mi rajita&

Así lo hizo. Comenzó a arremeter su lengua con fuerza dentro de mí. Era tan grande que bien podía ser su pene. Una vez que encontró mi clítoris&

-Ahí don Fermín. Juegue con él. Así póngamelo hinchado. Muérdame c Qué rico sabe!!.

Y lo tragué todo.

-Ahora es tu turno Fermín-. Me senté a su lado y me recosté en el asiento.

-Ahora cómeme Fermín, cómeme.

Lamió cada rincón de mi cuerpo. Desde mi cuello hasta mis senos. Desde mis hombros hasta mi ombligo. Desde mis caderas hasta mis rodillas. Desde mi nuca hasta mis donde termina mi espalda.

De repente el me abrazó por la espalda temblando como un niño. Su brazos y sus manos eran frágiles. Así que gire mi cabeza, lo tomé del cuello y comencé a darle un beso francés profundo. Introduje mi lengua hasta el fondo devorándome la suya.

Era una confusión de ideas en mi cabeza. Cuando abría mis ojos al besarlo miraba las arrugas que se reflejaban en los suyos. Fue entonces que comprendí la magnitud de lo que hacía… estaba besando a un anciano. Pero era demasiado tarde… Su cuerpo me daba protección… y mi cuerpo ardía en deseo… Su lengua tomó el control y devoró mi boca con tan locura… que mi mente liberó todo prejuicio… estaba lista para ser poseída.

Pero de repente los besos comenzaron a ser suaves hasta convertirse en un simple roce de labios.

- Todo fue un error Anabel, todo fue un error!!

- ¿Un error, le respondí?

- Nunca debí hacerte la parada. Pero tus piernas lucían tan bellas con tu minifalda que perdí la cabeza.

- ¿Te arrepientes Fe

rmín?

- No lo sé

- No me puedes hacer esto. Mira, mira bien mi pecho, mira bien mi cintura… mira bien mis muslos… – Tomé su mano- Toca, siente mis senos, siente mis caderas, siente mis muslos. Estoy que ardo Fermín. Necesito ser tuya esta noche.

- Eres muy joven, y yo muy viejo. Vístete y ve a tu casa.

Pero sus palabras no coincidían con sus manos. Yo me incline y me pegué a su cuerpo. No lo pude creer su pene reaccionó a mis palabras y a mi cuerpo. Estaba totalmente erecto.

Me incorporé frente a él, y no esperé un minuto más. Ahora introduje su pene dentro de mi. Empecé a cabalgarlo y su pene reventaba mi vagina, era ancho y la cubría toda. Comencé a contraer mi vientre para apretarlo. Sólo atinó a cerrar sus ojos.

- Si, mmmm, si. Me rompes la vagina Fermín. Dime que sientes. Mírame ahora. Piensa sólo una cosa… Tienes tu pene dentro de una mujer de 27 años que desea tu cuerpo, que quiere ser tuya….¿Qué opinas?

- Que tienes un cuerpo escultural.

- Y que es sólo tuyo.

Bajo su boca hasta mis senos queriendo alcanzarlos. Yo jugaba con él y se los alejaba.

- Que rico. Comete mis senos de nuevo.

Se los devoraba con premura.

No lo pude creer. Volvió a eyacular semen inundándome toda por dentro. El calor de sus semen hizo venirme después de 10 minutos de cabalgata y de besos.

Después de ello, no hubo más que decir. Nos vestimos. Yo bajé del taxi y el continúo su camino…

En varias ocasiones lo he visto desde mi ventana con su auto estacionado esperándome en aquella calle. En mi mente están las imágenes de aquella noche y quiero bajar a verlo.

No sé si algún día volveré a aceptar que me lleve en su taxi al cielo.

Autor: Anabel anabeloliver (arroba) hotmail.com

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