Relatos eroticos, Sexo, Sexo gratis, Videos porno, Fotos porno, Porno, Porno gratis, xxx

Relatos eróticos Marqueze. El Sexo que te gusta leer.

En un tren…

17 de febrero de 2012
por Mery20

Todo empezó cuando entré a trabajar en un empresa muy conocida para hacerle un favor a un amigo mío  al que su jefe no le daba vacaciones si no encontraba sustituto. Solo iba a estar un mes y tampoco quería estrechar grandes lazos con nadie…y al parecer el hecho de ser mujer le daría caché a la empresa, así que acepté el puesto…pero para quien me va conociendo a través de los relatos que escribo….tengo la cualidad innata de estrechar, más de la cuenta, más que lazos.

En mi primer día ya entré pisando fuerte en la empresa, todo eran hombres y además casi no había españoles. Por un momento me sentí un poco aturdida porque no estaba acostumbrada a la galantería propia de latino-América…a esa cordialidad…a esa sobreprotección…fue todo un poco caótico. El segundo día fue cuando conocí a Juan. Él era argentino, veintitrés añitos…y me embaucó nada más oírle hablar con ese acento, esa forma de mirarme, ese cuerpo, esos ojos. Charlamos un rato, y yo estaba embobada, cuando de pronto me dijo “Nenita ¿Desayunás conmigo?”.Durante más de una semana la situación no cambió hasta que me acostumbre a oírle y empecé a controlar los impulsos de mi cuerpo al verle, al olerle, al tocarle…Todavía hoy me acuerdo y me recorre un escalofrío por zonas que prefiero reservar para más adelante.

Juan desayunaba cada mañana conmigo y volvíamos juntos en tren…todo normal hasta que un día…charlando, charlando…empezó a hablarme de sexo. Hablaba de las chicas con las que había estado, de cómo le gustaba que se la comiesen, de los lugares en los que lo había hecho, de su estilo ideal de chica, de esta postura, de la otra…obviamente mi cuerpo reaccionó a esta conversación  y mi enfermiza mente no hacía más que imaginar cómo le besaría, cómo le arrancaría la ropa, cuando de repente oí…“Ves, porque yo te miro a ti y veo ese cuerpo y es que te follaba aquí mismo”. No pude hacer otra cosa que soltar una risita nerviosa y bajar la mirada, no sabía si hablaba en serio, en broma…o si ni siquiera estaba notando mi palpable excitación. Entonces sonrió, me acarició la mejilla, bajo la mano por mi cuello y a escasos milímetros de mi boca me susurró “viene el tren”. Subimos al tren, dónde yo pensé que se abalanzaría sobre mí, que me besaría, ¡qué haría algo!, pero Juan se sentó en frente mía y me explicó con pelos y señales lo que pensaba sobre los nuevos uniformes.

Al día siguiente, antes de entrar a trabajar, a las seis y media de la mañana, allí estaba, esperándome en la puerta de la entrada. Me dedicó una sonrisa pícara me agarró la mano y yo me deje llevar, porque mi cabeza no daba para más, mi cuerpo hablaba.

Juan me llevó a los vestuarios masculinos, me apartó un mechón de pelo de los ojos y me besó tiernamente. Acarició mi mejilla, mi cuello, mi espalda…puso sus manos en mi culo…metió su mano por debajo de mi blusa y me hizo estremecerme de arriba abajo…mis piernas temblaban, sentía como me iba humedeciendo cada vez más, y cómo su sexo crecía a la altura del mío…Pero esta vez también íbamos a tener que esperar porque el vestuario se llenó de hombres que enseguida notaron mi presencia.

En la estación de tren, a la salida del trabajo aquel mismo día, yo estaba sentada, ya cambiada para él, me había puesto mi minifalda más corta, mi tanga más sexy, mi camisa con más escote…mis tacones de la suerte…no podía fallar nada…y apareció…con esa confianza desbordante, con su mono de trabajo y hablando por el móvil…se paro delante de mí y colgó el teléfono. Sin decir una palabra se acercó a mí, me hizo girar y cogiéndome de la cintura me puso con fuerza de espaldas a él. De nuevo mi corazón palpitaba, mi sexo se humedecía, mis piernas temblaban…El tren llegó y pensé que me volvería a dejar con las mismas ganas pero, al abrirse las puertas, me arrastró dentro y me empujó contra una fila de asientos. Por un momento sentí miedo, el vagón estaba casi vacío, pero no del todo, y la gente que había se asustó un poco, pero al ver que me besaba y no era en contra de mi voluntad miraron hacia otro lado. Yo perdí un poco el control, porque me hizo desearle, hizo que fuera yo la que lo buscase por las esquinas o me derritiese con cada frase y cada palabra.

En unos asientos más aislados, me sentó sobre él y comenzó a besarme desenfrenadamente, sus manos buscaban mi sexo y las mías buscaban el suyo, desesperadamente. Desabroché sin ayuda el pantalón y me abalancé sobre aquel tesoro que tanto me había hecho esperar. Abrí la boca cuanto pude y la metí entera dentro, empecé a chuparla con desenfreno y él me paró varias veces con las manos hasta que volvió a colocarme encima. Siguió besándome y buscando con sus manos mi orgasmo y viendo que tardaba más de lo esperado, sacó su polla del pantalón, hizo a un lado la goma del tanga y con sumo cuidado me la introdujo hasta donde la posición permitía. Mis gemidos no daban lugar a dudas de lo que en esos asientos estaba pasando aunque él intentaba no hacer movimientos demasiado bruscos supongo que para no levantar sospechas, pero llegó un momento en el que todo lo que tenía alrededor desapareció y esta vez fui yo la que empezó a botar sobre él salvajemente, la discreción la no era un punto a nuestro favor.

Me cogió como si fuera una muñeca y me sentó en el asiento, mordió mi cuello con fuerza y fue bajando por mi escote hasta dejar mis pechos al aire, y los mordió y apretó con fuerza. Agarró mi culo y de un golpe introdujo su lengua en mi húmedo clítoris, mordió y absorbió casi haciéndome daño mientras apretaba con sus fuertes manos.

Para cuando quise ser consciente de mis actos, estaba en la esquina del vagón, cogida en brazos por mi argentino dándome bandazos contra la pared y corriéndome como pocas veces…Para cuando yo había terminado de gritar él seguía mordiéndome y apretando mis caderas contra las suyas. Entre gemidos y susurros con ese acento que seguía despertando la fiera en mi interior levantamos la cabeza. En el tren había escasas tres personas que acabarían de subir atónitas ante las escena, el cielo había oscurecido notablemente y estábamos bastante lejos de donde debíamos habernos bajado…pero creedme cuando os digo que mereció la pena, y que el trayecto de vuelta fue intenso también.

GD Star Rating
loading...
GD Star Rating
loading...
En un tren..., 7.0 out of 10 based on 64 ratings
  
categoría:

Ningún comentario »

Aún no hay comentarios

Canal RSS de los comentarios de la entrada | URL para TrackBack

Deja un comentario

Debes iniciar sesión para hacer comentarios.

Bienvenido a la mayor comunidad de escritores de relatos eróticos


Copyright © 2008. Gestores Profesionales de Contenidos Digitales S.L.
Todos los derechos reservados