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ENCUENTRO SEXUAL ENTRE MADRE E HIJA

25 de noviembre de 2008

A los pocos días de haber pasado un fin de semana con mi hijo en un hotel, una noche me llamó él por teléfono, me dijo que estaba cenando con su hermana y que me pedía permiso para contarle nuestra aventura sexual. Le dije que sí, pero que solo le contara lo nuestro, sin decirle nada de mis otras aventuras, que eso lo reservaba para decírselo yo personalmente a ella en alguna ocasión.

A la mañana siguiente, muy temprano vino mi hija a casa, yo estaba todavía acostada y se vino al dormitorio, se desnudó y se acostó conmigo. No le di importancia, porque eso lo hacía con cierta frecuencia, las dos desnudas en la cama, contándonos nuestras cosas, pero sin apenas tocarnos. Pero ese día se le notaba algo diferente, la veía muy contenta y nerviosa a la vez, claro… con lo que su hermano le contó la noche anterior, era lógico. Venía riéndose mucho y empezó a hacerme cosquillas y me dijo que, o le contaba todas mis aventuras o que no pararía de hacerme cosquillas, qué niña ésta, otra loquita en la familia.

Primero le pregunté cómo aceptaba ella mi aventura con su hermano, me dijo que le parecía estupendo, que se había emocionado mucho por papá, porque es un padre maravilloso y comprensivo y que estaba muy contenta porque todo había resultado tan bien. Me dijo que le había dado muchísimo morbo cuando le contó el trío que hicimos en la piscina, papá y yo con mi hermano. Que a ella le gustaría hacer también un trío con su padre y conmigo, que eso le venía rondando por la cabeza hace algún tiempo y no se había atrevido a hablarme de eso, hasta ahora. Le dije que, por mi parte, no había problema, pero que tenía yo que hablar con papá, para ver qué tal reaccionaba él, porque sabía que papá la mira a ella, todavía como a una niña. Pero que tranquila, que yo lo convencería poco a poco y le avisaría cuándo podría ser.

Me hizo contarle todas mis aventuras y noté que ella se estaba excitando mucho, especialmente cuando le conté mi fiesta con Karina, Anna y Krista. Qué envidia, me dijo, me hubiera gustado participar yo también. Me pedía detalles de cómo son ellas y cómo transcurrió nuestra fiesta, qué hicimos, etc. También hizo que le contara todo de Julio, cómo lo conocí, cómo es, cómo es de buen amante, etc.

Yo me estaba calentando al recordar todo aquello y por el morbo que me producía estar contándoselo a mi propia hija. Cuando ella acercó sus labios a los míos, nos fundimos las dos en un beso tierno y muy apasionado, nuestras lenguas se unían, se enroscaban, nuestras salivas se mezclaban, casi nos mordíamos de deseo de una por la otra. Me tomó una mano y me la llevó a su coñito y me dijo, mira mami qué mojada me tienes. A su vez, ella llevó su mano a mi coño e igualmente se lo encontró todo húmedo, introdujo un dedo y luego de sacarlo todo mojado se lo chupó y después lo metió en mi boca. Yo hice lo mismo, introduje mi dedo en su caliente y juvenil coñito y jugué un poquito dentro de él, después lo saqué y me lo metí en la boca, para saborear los aromas y sabores del sexo de mi hija.

Me confesó que dos veces había hecho trío con su novio y una amiga y que le gustó mucho. Que hacía tiempo que soñaba con hacer el amor conmigo y con papá. Sin dejar de besarnos, con nuestras manos recorríamos una a la otra todo el cuerpo, en caricias deliciosas, mientras permanecíamos totalmente unidas, con nuestras cuatro tetas restregándose y nuestros coños frotándose, totalmente excitadas las dos.

Amapola, mi hija, tiene 18 años, es una morenaza guapísima, con pelo largo rizado y unos ojazos grandes que seducen con su mirada, rebosa simpatía y buen humor, es igual de alta como yo, 1,73 m., su cuerpo

es muy parecido al mío, pero ella pesa 50 kilos y yo 58, sus tetas son un poco más pequeñas que las mías, aunque más duras, su cintura estrecha le marcan unas caderas deliciosas, con culo carnoso y turgente, muy apetecible. Su piel es igual de suave a la mía, sedosa y cálida.

Se subió sobre mí y metió una de sus piernas entre las mías, yo me abrí y nuestros coños se frotaban directamente, mezclando nuestros jugos, agarró con sus manos mis tetas y las masajeaba y chupaba sin descanso, excitándome aún más. Chupaba mis pezones como si fueran caramelos. Gemíamos como locas de tanto placer que estábamos disfrutando De vez en cuando mezclábamos nuestras salivas en apasionados besos y las dos llegamos a un dulce, profundo y larguísimo orgasmo.

Mi primer orgasmo con mi propia hija, qué delicia de hija, tan salvajemente sensual y, al mismo tiempo, tan tierna. Nos quedamos un rato abrazadas degustando nuestro mutuo placer, con besos tiernos en los labios y sonriendo las dos de felicidad y complicidad. Una felicidad y complicidad que se ha ido profundizando entre nosotras y espero que nos dure mientras viva. Después bajó su boca hasta mi coño y yo le pedí que cambiara de postura, para que nos hiciéramos un 69.

Cuando pasé mi lengua por su vagina, al saborear su joven e hinchado coñito por primera vez, el cuerpo entero se me estremeció, fue como una descarga eléctrica que recorrió todas mis células, desde mi lengua, el olfato y el paladar inundaron todo mi ser de feliz sensualidad. Con mis dedos le abrí los labios mayores e introduje mi lengua buscando sus líquidos, su dulce miel. Mi hija, a su vez, no paraba de hurgarme con su lengua en mi mojadísima vagina e introdujo dos dedos, que movía sin cesar, me aprisionaba el clítoris con sus labios y con la punta de la lengua me lo masajeaba, me estaba llevando a un éxtasis, que hacía que mi cuerpo se retorciera y vibrara de placer.

Yo no paraba de saborear los jugos que emanaba su lindo y sabroso coñito y jugaba con su clítoris y la hacía dar golpes con su pelvis contra mi boca. Me mojé un dedo en saliva y se lo introduje en su culito, que lo engulló victorioso, con saltitos de placer. Gemíamos alocadas, nos retorcíamos con espasmos de placer y las dos rompimos en un sonoro orgasmo voluptuoso y febril. Aún seguíamos comiéndonos una a la otra nuestros coños y los orgasmos se nos sucedían con riadas de líquidos inagotables, que no llegaban a las sábanas, los absorbíamos con ansiedad, con vicio, con lujuria desenfrenada.

Éramos dos hembras desbocadas, lujuriosas, insaciables de placer. Madre e hija que se consumían en una vorágine sexual, sin freno ni control alguno. Madre e hija que derretían de placer sus cuerpos sudorosos, muy unidos, entre gemidos y frases de placer. Éramos dos sensuales hembras insaciables, que nos devorábamos una a la otra, en un torbellino sexual fuera de control, sin límites.

Más de una hora pasamos de orgasmos y orgasmos cada uno más explosivo. Al final, extasiadas, borrachas de sexo y placer, quedamos rendidas y nos abrazamos, permitiendo a nuestros cuerpos recuperarse de tan extraordinario encuentro sexual entre madre e hija. Una felicidad inmensa se esparcía por nuestros sentidos y sentimientos.

Más tarde nos fuimos a la ducha, una a la otra, entre bromas y risas, nos enjabonamos y después nos relajamos un rato en el jacuzzi, entre furtivos besos en los labios. Una vez secas, desnudas, bajamos a desayunar. La asistenta ya estaba acostumbrada a verme desnuda por la casa, al igual que a mi hija. Desayunamos tranquilamente en una terraza, hablando de nosotras, de sus amoríos y los míos, de nuestra ropa, de mi amante Julio, al que ella quería conocer, en fin…dimos un buen repaso a todo.

Ya hacía calor y nos fuimos a la piscina, el jardinero, un hombre ya mayor, que estaba quitando hojas del agua, al vernos llegar, nos dio los buenos días y, prudentemente, se fue a otra parte del jardín a seguir sus labores. Ese hombre viene tres días a la semana, solo por las mañanas y cuida del jardín y la piscina, es un hombre prudente, callado y, la pena, es que ya se jubila, porque le hemos tomado cariño con los años y él a nosotros. Jugábamos y reíamos en el agua, como crías. A veces alguna se zambullía y le daba unas pasadas con su lengua a la otra por su entrepierna, o le metía algún dedo en el chochete.

Est&a

acute;bamos después tumbadas en una toalla secándonos al sol y mi hija quiso que le explicara mejor la orgía que tuve con mis tres amigas alemanas. Quería saber cómo eran esas pollas que se atan y que sirve para que una mujer pueda follar a otra. Le dije que tenía arriba un maletín de juguetes sexuales, que me había regalado Karina. Me lo trajo de Hong Kong, en uno de sus viajes. A mi hija le brillaron los ojos al saber que, en un armario del dormitorio, yo tenía ese maletín y quiso verlo enseguida. Nos subimos las dos al dormitorio y saqué el maletín, ella estaba ansiosa, como un niño que quiere ver los juguetes que le han traído los Reyes Magos.

Rápidamente cogió la polla doble, esa que se ata, que tiene una más corta para introducírsela en la vagina y otra más grande que sale, como la de un hombre. Con la lengua mojó la más corta y se la introdujo en su vagina, después me pidió que la ayudara a atarse el artilugio y, cuando se vio con aquel pollón palpitante, hacía como que se pajeaba, al estilo de los hombres. Tenía una cara de vicio indescriptible y yo la miraba sonriente de verla tan feliz. Me decía: jó, mami, qué morbo tiene esto, quiero probarla contigo, quiero follarte a lo perrito, ahora quiero ser tu macho, tu amante, ven chúpamela. Yo me agaché y me la metí en la boca y la pajeaba al mismo tiempo.

Con el movimiento que le imprimía, pronto la polla que tenía dentro empezó a hacerle efecto y se arqueaba de gusto, me sujetaba la cabeza y me empujaba hacia ella, yo seguía chupándosela y con una mano le hacía movimientos hacía su vagina y con la otra mano le empujaba su culo hacia mí. No pudo resistirse más y tuvo un orgasmos que se le aflojaron las piernas y cayó al suelo junto a mí y nos besábamos en la boca muy emocionadas.

Después me dijo: mami, ponte en la cama a lo perrito que quiero follarte, ahora quiero ser tu amante, piensa en Julio si quieres y pásatelo bien. Yo me puse de rodillas al borde de la cama y ella de pie, detrás de mí, me dio unas palmaditas en mi trasero y me dijo: jo, mami, qué culazo, qué buena estás. Pasó unos dedos por mi vagina y me notó mojadísima y caliente. Acercó aquel pollón a mis labios vaginales y poco a poco me lo introdujo hasta el fondo de mi coño….uuuummmmm qué morbo sentir a mi propia hija follándome, uuffff. Me agarró por las caderas y empezó un mete y saca de fábula.

Me la metía hasta el fondo, hasta llegar los huevos contra mis nalgas, después la iba sacando despacio, viendo cómo salía aquel pollón chorreando líquidos y volvía a arremeter con fuerza, uuuummmmm yo me iba enardeciendo con aquella follada que me hacía mi hija y pronto las dos acompasamos el ritmo entre jadeos, cada vez más sonoros. Ella me decía: oh, mami…qué gustooooo, mami no paro de correrme. De oírla y de sentir su polla trabajando mi coño, yo también subía al séptimo cielo, mis flujos chorreaban por mis muslos y no paraba de dar culetazos contra ella, buscando más penetración y placer.

Me invadió uno orgasmo tremendo, delicioso y febril, mis piernas se aflojaron y caí hacia delante, ella me siguió en la caída, sin sacarla y, en esa postura, seguimos orgasmando sin parar tan rica follada. Me acerqué un poco hacia el centro de la cama y abrí más mis piernas para que ella me penetrara más a fondo desde atrás. Sentía todo su cuerpo pegado al mío, sentía sus duros pezones rebotar en mi espalda, sentía sus pollazos hasta la matriz y no parábamos de gritar y de orgasmar las dos.

Después me dio la vuelta y me la metió de nuevo, mirándonos a la cara. Nos besábamos desesperadamente, nos estrujábamos las tetas una a la otra, sus pelos largos y rizados, caían sobre su cara sudorosa y lasciva y me follaba con un ímpetu arrollador. Yo la recibía extasiada de lujuria, le pasé mis pies por detrás de su culo y la empujaba más contra mí, quería sentirla más adentro, quería absorberla totalmente. Nos decíamos palabras encendidas, palabras salidas de nuestro subconsciente de hembras en celo, hembras ardientes, hembras borrachas de orgasmos y sensualidad.

Arremetía ella diciéndome, toma polla putona, ¿eso te gusta verdad?, pues toma polla en tu coño de putona, disfruta con tu co&

ntilde;o lleno de polla, guarra putona, zorra, toma, toma, toma….yo me volvía loca con sus palabras y su hermosa follada y le pedía más, más, más….siiiii, toma polla, disfruta de tu macho ardiente, putona, soy tu macho, soy tu amo, eres mi puta preferida y te voy a reventar de gusto… Nuestros cuerpos rebotaban con espasmos de tanto placer, la lujuria y lascivia se habían apoderado de las dos y no parábamos de decirnos lo putonas que éramos las dos. Caímos en un frenesí de lujuria, desenfreno y sensualidad desbordada, gritábamos incontroladas y sedientas de más sexo, más placer… una o la otra chillaba sus propios orgasmos, su lujuria incontrolada…

Poco a poco fue cediendo, fue amainando en sus arremetidas, hasta caer agotada sobre mi, que la abracé y me la comía a besos. Así estuvimos mucho rato, acompasando la respiración, deshidratadas de tantos orgasmos y sudores, borrachas de sexo, extasiadas de amor y pasión. Nos ayudamos las dos y, muy juntitas, nos metimos en el jacuzzi a relajarnos.

Nos dimos cuenta que ya era cerca de las dos de la tarde y su padre vendría pronto a la comida. Así que nos vestimos y la acompañé a su coche y se marchó. Yo no quería que su padre notara nada de lo acontecido. Ya aprovecharía yo el momento adecuado para hablarle de esto y de nuestros planes, para hacer un trío con él, pero eso tenía que esperar, yo sabía que mi marido todavía pensaba en ella como en una niña, su hijta del alma.

Esa no fue la única vez que se metió en mi cama, que gozamos la una de la otra y, con el tiempo, llegamos a utilizar todos los “juguetes” del maletín. ¡Qué locas, pero…qué linda locura!

Queridas lectoras y lectores, os seguiré contando mis experiencias en próximos relatos, sabed que os quiero y que os agradezco la simpatía que me demostráis en las cartas que me enviáis, algunas vienen que queman.

Besos.

Autor: Carmen

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