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ENTRE PRIMOS.

8 de septiembre de 2002

Siempre que leía un relato sobre primos me calentaba la idea de poder hacerlo con el mío. Me decía “Gato…Gato…cuando te vas a sacudir a Jorge”. Mi primo Jorge vive en otra provincia, pero en el verano, por lo general, suelo ir a visitarlo. Tiene 24 años y es atleta. Su físico es de un verdadero dios. Pelo negro bien corto, tez bien blanca y unos ojos verdes que te traspasan cada vez que te mira. Es alto y además muy simpático. Pero inalcanzable, mujeriego como nadie en esta vida, y según él mismo dice, con un aparato de unos 25 cm. hace unos años cuando le confesé que era gay, me dijo que era una lástima ya que podríamos haber compartido alguna mujer. Y sí, tenía razón, era una lástima.

Sin embargo, la historia que hoy les cuento sucedió el verano pasado. Yo había decidido no ir de vacaciones a Córdoba, donde el vive, y tomarme unos días en Mar del Plata, una bonita playa sobre el Atlántico. Unos días antes de partir me llama Jorge y me dice que él también quería ir a Mar del Plata, y quería saber si podía compartir conmigo los gastos del alquiler del departamento. Por supuesto acepté de inmediato.

Coordinamos el encuentro en la costa, y hacia allí partí. Al llegar fui directamente al departamento que había alquilado desde Buenos Aires. Era un bonito lugar, en un séptimo piso frente al mar. Al otro día llegaba mi primo. Lo fui a recibir a la terminal de micros y caminamos juntos, viendo cómo amanecía sobre el agua hasta llegar al departamento.

Mientras nos contábamos las cosas que habían pasado en el tiempo que no nos vimos, preparábamos el desayuno. Lo tomamos entre risas y anécdotas de nuestra infancia. Al terminar, Jorge me dijo que se iba a duchar, ya que se sentía acalorado por el viaje. Mientras decía esto se sacaba su remera y me deleitaba la vista con sus bíceps, sus tríceps y sus abdominales muy marcados. Tenía muy poco bello y eso me encanta.

No pude evitar un comentario que Jorge tomó como una broma, le dije que no se mostrara así delante de mí que me calentaba muchísimo. Le aclaré que lo decía enserio pero no le dio importancia, es más, comenzó a desabrocharse el pantalón delante de mí, en forma muy sensual, como un verdadero strippers, ofreciéndome además una sonrisa que derretía la manteca de las tostadas.

Se encaminó hacia el baño y en el camino se sacó ambas zapatillas, agachándose muy despacio, y deleitándome otra vez la vista con ese culito bien parado que tiene. Él sabía que yo lo estaba mirando. ¿A qué estaba jugando este chico? Pensaba mientras una erección despertaba dentro de mis bermudas.

Antes de entrar al baño se giró y mirándome me dijo “las cosas cambiaron, primito, te puedes sorprender de lo que hago a veces con mis amigos”. Yo, mudo. No sabía que decir. Le respondí a los pocos segundos ” a mi no hay nada que me sorprenda, primo, eh visto casi todo por estos tiempos”. Pero él ya estaba dentro del baño. Yo estaba confundido, por primera vez tenía a mi primo, que estaba re lindo, ahí, desnudo, a unos pocos metros, y no sabía como actuar. Finalmente me decidí y acercándome al baño noté que la puerta estaba abierta. Me apoyé en el marco de la puerta y observé su sombra detrás de la mampara de baño. y si mi vista no me fallaba, tenía la pija bien parada.

Le dije “se ve que el agua de la costa te calienta, macho”. Él se rió y me dijo: “no, el agua no, los gatos me calientan”. Wauwwwwwwwww!!!! Casi me muero de la emoción.

Me desvestí en un segundo y entré a la ducha. Me recibió un beso de lengua tan arrebatado que casi me atraganto. Mientras nos besábamos, mi mano se apoderó de su pija. Qué gruesa era!!! Comencé a pajearlo, a tocarle los huevos, a acariciarle las piernas, el vientre, el pecho. Me desprendí de su boca y me apoderé de su cuello. Mis labios y mi lengua se conjugaban en una mezcla mortal de besos, mordidas y lamidas que recorrieron todo su torso, se detuvieron en sus pezones y bajaron hasta su ombligo, con el que jugué un rato. De rodillas frente a él, tomé entre mis manos su verga y me la tragué. Deliciosa.

Con mi lengua recorría desde la base hasta el glande toda la extensi&oac

ute;n de su mástil. Lo besaba, lo lamía. Él me tomó de la cabeza y me ensartó la pija en la boca. Pude sentir mi nariz chocar contra los bellos de mi primo. Suavemente metía y sacaba su pija de mi boca, mientras me miraba lujurioso desde arriba. Una mano mía se apoderó de su culito. Que firmeza!!! Tomé el jabón y comencé a frotarle el orto con él. Cuando estaba bien enjabonado introduje un dedo en su culito que se abrió lentamente al placer. El que lo mamen mientras le metían un dedo en el culo le estaba encantando. Pero decidió pasar a la acción. Me puso de pie y sin forzar demasiado pero con firmeza, me puso contra la pared de la ducha y se agachó para chuparme el culo. Dios!!! Hasta la lengua tenía de atleta!!!.

Una vez que me llenó el orto de saliva se paró detrás de mi y me apoyó su verga en la entrada de mi culo, que ya deseoso de tanto espera se abrió cálidamente a la carne dura que entraba en él. Me clavó de un saque los 25 cm que tenía, me había ensartado como pocos lo hicieron, sentía que me levantaba en cada envestida. Su pija, por la diferencia de altura entre nosotros empujaba con fuerza y me destrozaba el otro generándome un placer inolvidable. Tomó mis pelos largos y se los enroscó en la mano, y tirando de ellos hacia atrás acercaba su boca a la mía y me pasaba salvajemente la lengua por la cara. Su cintura se sacudía para todos lados. Yo sentía una coctelera dentro de mi. Hasta que explotó. Pude sentir su esperma salir y recorrer mi interior abrazando todo a su paso.

La sacó y me pidió que se la chupe, quería que se la deje bien limpia con mi lengua. Así lo hice, y mientras lo limpiaba pude notar como se le paraba otra vez. Cuando se le paró nuevamente del todo, me tomó de los pelos una vez más y comenzó a cogerme la boca hasta que me llenó de leche la garganta. Era increíble que en tan poco tiempo acabara nuevamente como lo hizo.

El desenfreno inicial dio lugar a la calma. Estaba realmente extenuado, pero feliz, según me dijo. Y ahora me tocaba a mi. Se arrodilló en el piso frente a mi, y comenzó a mamarme la pija, lo hacía mal, la verdad sea dicha, pero no me importaba, ya tendría tiempo de enseñarle. Lo que yo quería era su colita. Y se lo dije. Entonces, Jorge se puso en cuatro en el piso, ofreciéndome el mejor culo que vi en mi vida. Acerqué mi pija a su raya y de inmediato resbaló hacia abajo. El jabón había hecho un excelente trabajo de lubricación. Lo tomé firmemente por las caderas y lo ensarté sin piedad, como él a mi. Lanzó un pequeño grito, me dijo que lo hiciera despacio que sólo se lo habían cogido una vez. Pero no le hice caso. Y comencé a serrucharlo violentamente. Mis huevos golpeaban contra él. Al rato, ya se había acostumbrado y me pedía más y más. Me decía “Dale, Gato, Dale con más fuerza” y yo lo sacudía como si de ello dependiera mi vida. Él pasó una mano por debajo de su cuerpo y tomó mis huevos pellizcándolos suavemente, lo que hizo que me corriera en un río de esperma dentro de él.

Quedamos extenuados, nos duchamos y nos fuimos a vestir a la única habitación que tenía el departamento. Al entrar notó que había una sola cama de dos plazas. Sonrió y me dijo ” Bueno… se ve que esto recién empieza”.- No se equivocaba.- El Gato.- www.lawebdelgato.allmendirect.com

Autor: El Gato

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