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ERA UN GUARDIA DE SEGURIDAD

20 de diciembre de 2006

Ya deben estar cansados de escuchar o de leer, en la mayoría de las historias de los que como a mi nos gusta sentirnos y vestirnos de mujer, que cuando niños le gustaba vestirse o usar ropa de niña. Cuando no fue que pasaron por alguna experiencia en su temprana juventud, que los llevó a descubrir aparte de su verdadero ser, su gusto por los hombres. Bueno en mi caso es algo raro, por lo menos así pienso yo. Ya que nunca en mi vida ni de niño ni adolescente había tenido esos sentimientos, es más, pasé hasta por el servicio militar y durante ese tiempo, no sentí nada raro ni especial, por mis compañeros ni de escuela ni cuando realice del cuartel. Pero al terminar, de la noche a la mañana, conocí a una buena chica, me case con ella, me encontré sin saber que hacer, busqué trabajo y lo encontré como guardia de seguridad de un almacén de ropa.

Realmente no estaba solo, debido al tamaño de la edificación, me tocó hacer las guardias nocturnas, en compañía de dos compañeros más. Al principio en pocas ocasiones los veía durante las noches, ya que me dedicaba formalmente a dar todas mis rondas, pero una noche uno de ellos me llamó por el radio, para que me presentase en las oficinas de seguridad. Fue cuando entre ellos dos me orientaron, que no debía gastar tanta suela de zapatos, caminando de un lado a otro. A partir de esa noche comencé a compartir con ellos, realmente no hacíamos otra cosa que hablar sobre mujeres, de sexo y de otras cosas que realmente no eran importantes. Una noche en que estoy haciendo la ronda por no dejar, me encuentro unas cajas, que no habían sido guardadas de distintos tipos de ropa de mujer, inclusive pantaletas y sostenes. Pero apenas las observé de cerca, cerré las cajas y las coloqué en un estante. Pero a medida que pasaron los días, me fue dando tanta y tanta curiosidad que finalmente, baje varias cajas de los estantes y me puse a observarlas. Así estuve haciendo eso por varias noches, hasta que de lo aburrido u ocioso que me encontraba, me dio curiosidad por ver como me vería vestido de mujer.

Como ya había estado compartiendo con mis compañeros, aproveché que en la mayoría de las ocasiones se quedaban dormidos, agarré varias cajas y tras encontrar un sitio, que consideré bastante seguro, uno de los baños de las mujeres. Me desnudé todo y me vestí de mujer completamente, inclusive hasta me puse pantis y sostén. Caminé por los solitarios pasillos y entré al baños de damas, donde por un buen rato me observé en los espejos. Al principio yo mismo me decía que a nadie podía engañar así vestido, pero por otra parte, me sentí tan cómodo en esos momentos con esa ropa puesta, que las siguientes noches, volví a repetir eso, pero procurando siempre arreglarme lo mejor posible. Hasta que eso comenzó a ser algo que la anoche en que no lo hacía, me sentía mal. Aparte que de mi casa, sin que mi mujer lo supiera desde luego, traía alguna que otra cosa, que eran de ella, para mejorar mi apariencia. Lo que había comenzado por ser una cosa de pocos minutos, ya me estaba tomando casi toda mi guardia.

Al principio nada más me auto satisfacía masturbándome solamente viendo mi reflejo semidesnudo en el espejo del baño, pero poco a poco comencé a fantasear soñando despierto que me acostaba con un hombre, que me penetraba completamente por el culo y entre las cosas que había adquirido tenía lo que llaman un vibrador y hasta una crema que me ponía en mi esfínter para facilitar la penetración, finalmente terminé introduciéndomelo completamente por de tras, mientras seguía fantaseando. Yo estaba tan inspirado una de esas noches, que no me di cuenta de que mis compañeros me habían llamado por el radio y al yo no responderles, les dio curiosidad y se pusieron a buscarme.

Cuando me encontraron, recién y me había terminado de poner la crema. Yo ya me encontraba vestido de pies a cabeza como si fuera toda una mujer, hasta estaba usando unos zapatos de tacón que había traído entre mis cosa

s y cartera que hacían juego con ellos y dentro de la cartera guardaba el vibrador. Al verlos a ellos dos de inmediato entré en pánico, no sabía ni que decir, fue cuando ellos se me acercaron, mirándome de pies a cabeza. Yo traté de salir corriendo pero uno de ellos me cerró el paso, mientras que le decía al otro. Que lastima, tener que reportarlo ¿verdad? Si es una lastima también que me caías, pero de seguro al dueño del almacén, no le agradará que uses la ropa que tiene para vender. Respondió el otro guardia, para seguir diciendo, además de seguro te botan, como bolsa de mierda, al saber que te gusta vestirte de mujer.

Yo en ese instante, asustado y bastante temeroso de peder el empleo, les pedí que no dijeran nada. Diciéndoles yo, que no lo volvería hacer nunca más, fue cuando Esteban el mayor de ellos dos y que me tenía sujetado por el brazo, para terminar de joderme, sacó las esposas y rápidamente me las puso, sin que yo pudiera resistirme y de inmediato dijo. Ahora hay que llamar a la policía para que lo pase recogiendo, ya casi llorando le pregunté ¿Por qué tenía que llamarlos? Fue Mario el otro guardia el que me respondió, por que estas cometiendo faltas a la moral y ese es un delito, lo peor de todo es que de seguro, te encierran con un montón de delincuentes, que cuando se enteren que además de maricón, eres guardia de seguridad. Te van a estar comiendo ese culo, hasta el día que vayas a juicio.

Yo estaba que poco faltaba para que me diera un ataque, llorando a todo pulmón, nada más pensaba lo que diría toda mi familia y mi mujer al enterarse, así que pidiéndoles que tuvieran compasión de mí, hasta me arrodille a sus pies. No importaba lo que yo dijera, ellos me seguían llevando a la oficina, para desde ahí llamar al cuartel para que me pasaran buscando. Esteban por un lado y Mario por el otro me sujetaban por ambos brazos, me llevaban casi arrastrado hasta las oficinas, cuando de momento siento que uno de ellos ha metido su mano por debajo de la falda que estaba yo usando y metiéndola entres mis nalgas, casi introdujo uno de sus dedos dentro de mi culo.

Yo realmente no esperaba eso, por lo que cuando sentí sus dedos rozando mi esfínter por sobre las pequeñas pantaletas que yo tenía puesta, el brinco que di hacia delante fue grande. Todavía mucho más asustado, llorando les pedía que me dejasen ir, que me perdonasen, que haría lo que ellos dos quisieran. En eso escuché a Esteban decirle a Mario, en un tonó que me asustó más todavía. Mario, el maricón este tiene las nalgas duritas, que te parece si lo probamos, antes de decidir que hacemos con él. Mario que también me tenía sujetado por el otro brazo, dijo como que si yo no existiera. Bueno, si ella esta dispuesta a colaborar, lo podemos pensar. En ese momento entramos a la oficina de seguridad, Esteban tomó el teléfono de forma amenazante, comenzó a marcar los números de la policía pero deteniéndose en el último me preguntó ¿Qué estas dispuesta hacer, para que no llame a la policía?

En esos momentos, solo pensé en salir de la situación en que me encontraba y repitiendo lo que les había dicho en pasillo les dije. Yo hago lo que ustedes dos quieran, si quieren que cubra sus guardias, lo hago, cualquier cosa que me pidan la hago, pero no me entreguen a la policía, por lo que más quieran. Esteban tras escucharme, sin colgar el teléfono, le lanzó las llaves a Mario quien, se pegó bastante a mi cuerpo y de inmediato me soltó una de las manos. Al tenerla libre, Esteban me dijo en tono autoritario. Bueno comienza a mamar mi verga. Al escucharlo decir eso, fue que me di cuenta, de que era a lo que ellos se referían. Pensé en negarme, pero el dedo de Esteban sobre el teléfono, era señal de que si me atrevía a echarme para a tras, realmente terminaría de llamar a la policía. Resignado, le dije a Esteban que colgase, que como había dicho momentos antes, haría todo lo que ellos quisieran.

Las caras de Mario y Esteban reflejaban su triunfo sobre mí miedo a ser arrestado, Esteban tomó asiento en un viejo sofá, se sacó su verga y tras manosearla por unos momentos, me volvió a decir. Bueno, comienza a mamar mi verga, para empezar. En mi vida había tenido ni tan siquiera un toqueteo con otro hombre, si es cierto que me había vuelto una especie de adicto a vestirme de mujer y que so&ntild

e;aba despierto con que un hombre me penetrase, pero de eso a la situación en que me encontraba, había mucha distancia. Aparte de que me moría de la vergüenza, no podía ni tan siquiera soñar en negarme a cumplir su deseo, ya que las consecuencias hubieran sido peores. Lentamente me fui acercando al cuerpo de Esteban, que se mantenía con las piernas abiertas, sujetando su semierecto miembro con sus manos.

Cerrando mis ojos comencé a pasar mi lengua por sobre todo el tallo de su verga, mientras que con mis dedos se la masturbaba. A medida que fui sintiendo que se le iba poniendo dura y caliente entre mis dedos, comencé a introducir su glande dentro de mi boca, el que comencé a ir chupando lentamente. Mientras tanto Esteban colocó sus manos sobre mi cabeza y quitándome la peluca que cargaba puesta, comenzó a dirigir mi cabeza, haciendo que cada vez su venosa verga entrase más y más profundamente dentro de mi boca. En esos instantes, ese terror que estaba sintiendo comenzó a disiparse, al darme cuenta de que hasta en cierta forma o manera disfrutaba de lo que me estaba pasando. Fue cuando sentí que las manos de Mario, me tomaron por la cintura y sin dejar de mamarle la verga a Esteban, fui levantando mis caderas, hasta que me quedé prácticamente de rodillas, sentí como la falda que estaba usando la fue subiendo hasta colocarla sobre mi espalda dejando mis nalgas apenas cubiertas con las pequeñas pantaletas de algodón que me había puesto. Sus dedos ágilmente me las fueron bajando, no totalmente, solo hasta el punto en que mi esfínter quedó a su vista y completa disposición.

Lentamente comenzó a pasar la cabeza de su verga entre mis nalgas, sentí como mi carne se separaba a medida que Mario continuaba presionando su verga contra mi hueco. Quizás por el hecho de que previamente un poco más temprano, ya me había introducido el vibrador. Mi esfínter se encontraba dilatado, por lo que aunque su verga era bastante grande, el dolor que sentí fue relativamente poco. En ese instante, me sentí realizado, la verdad es que ni me acordaba de que estaba casado y no me importaba lo que fueran a pensar otras personas incluyendo mi vieja. Es decir me sentía extremadamente feliz, de lo todo lo que me estaba pasando.

Con más placer seguí chupando la verga de Esteban, mientras que Mario seguía enterrándome la suya divinamente, al tiempo que yo movía mis nalgas de lado a lado. Disfrutando plenamente de todas y cada una de las fuertes embestidas, que daba con su verga contra mi culo. Tanto Mario como Esteban no dejaban de decir lo buena que yo tenía mis nalgas, lo sabroso que chupaba su verga, lo bien que movía el culo. Yo los escuchaba y con más gusto chupaba y me movía, hasta que Esteban se corrió por completo dentro de mi boca. En parte me sorprendió el sentir como su leche llenaba toda mi boca, en esos momentos él la sacó y el poquito que le quedaba me lo regó en la cara. Hasta sin proponérmelo, creo que tragué una buena cantidad. Pero Mario seguía clavándome su verga una y otra vez, hasta que al igual que Esteban también se vino, pero sin sacar su verga de mi culo hasta que después de un rato la retiró completamente. Yo me quedé en el suelo tirado, con mis nalgas al aire, hasta que comencé a recuperarme.

Apenas pude me levanté había comenzado a caminar para irme a cambiar de ropa, cuando Esteban me preguntó que pensaba hacer. Pensando en cambiarme de ropa y marcharme para mi casa le dije que al día siguiente llevaría el uniforme a la compañía, Esteban nuevamente agarrándome por el brazo, me dijo. No hay necesidad de eso, mi linda. Sí tu quieres te puedes quedar trabajando con nosotros, pero eso sí. Cuando te pida que me des el culo, te arreglas así de bonita como estas ahora y me lo das. Mario de inmediato dijo, lo mismo digo yo, y al decir eso me dio una cariñosa nalgada. Esa madrugada, ambos me volvieron a dar por el culo, una vez que se los volví a mamar.

Durante un buen tiempo, casi todas las noches, si no le mamaba la verga a uno él otro me daba por el culo, cuando no era que me pedían que les bailase mientras me quitaba la ropa, que me ponía expresamente para que ellos me vieran. Pero una noche Esteban no se presentó a trabajar, en su lugar llegó un negro llamado Domingo. Con una cara más seria y por su manera de ser bien apegado a las reglas, me dio miedo el que Domingo me fuera a ver vestido de mujer. Pero Mario, al parecer habló con él pr

imero y después me convenció a mí de que me vistiera de nena y lo sorprendiera. El sorprendido fui yo, al ver semejante verga que se gasta ese condenado negro. Domingo sin perder tiempo a penas me vio, se me fue encima, prácticamente arrancándome casi toda la ropa. Cuando vi la monstruosidad que me quería meter por el culo, traté de salir corriendo pero me tropecé con el vestido y fui a dar al piso. Hasta esos momentos, no había sabido lo que era el verdadero dolor, de que a uno le den por el culo. Pero después del mal trago que pasé tirado en el piso, a medida que me fue metiendo toda su verga, creo que casi me desmayo del dolor. Pero cuando comenzó a meterla y sacarla de mi cuerpo, el placer que sentí se multiplicó infinitamente.

Bueno hoy en día ya me divorcié de mi mujer, sigo trabajando en el turno de la noche en el almacén y tanto como Domingo como Esteba y Mario, llenan profundamente toda mi vida.

Autor: Narrador narrador (arroba) hotmail.com

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