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Esclava de mi placer (1)

26 de noviembre de 2011
por Andrea

Hola mi nombre es Andrea, estoy casada y actualmente soy Directora de una escuela secundaria. Hoy tengo 2 hermosos hijos y una niñita preciosa (de 10, 7 y 4 años respectivamente) y aunque la niñera es quien cuida de ellos casi todo el día, tengo muy buena relación con mis hijos. Soy bastante guapa, tengo una carita de modelo de revista, un cuerpo envidiable (tetas firmes y un culazo), además de buena educación y una carrera. Pero en los últimos 3 años me han sucedido cosas que jamás hubiera imaginado posibles. Empezando por darle mi culo a cualquiera casi sin el mayor problema, hasta llegar a ponerle los cuernos a mi esposo en sus narices.

Me gustaría dejar esta cita hecha por mí:

“La libertad es un derecho para todos, la esclavitud no es más que el auto engaño porque nadie gobierna sobre nosotros, solo nosotros mismos; bien o mal”.

En aquel tiempo yo daba clases de Biología en una preparatoria pública y aparentemente todo iba bien en mi casa. Pero meses después de que quedé embarazada de mi niña, el sexo con Javier (mi esposo) empezó a decaer, me alarmé porque sabía que algo andaba mal pues esto nunca nos había pasado. Deben saber que cuando yo me casé con Javier; el éxito, el dinero y la hermosa mujer que le acompañaba como esposa (yo), hicieron que él se construyera una reputación de “hombre respetable”; personalidad que yo también llegué a creer que era real, hasta que llego el día en que él debió comportarse como tal y no lo hizo.

Cuando empezó todo yo tenía 30 años, aquí les cuento todo desde el inicio de nuestros problemas…

Una noche tuvimos un encuentro sexual bastante frustrante, yo tenía las tetas casi a reventar y creí que esto podría excitar a Javier. Empezamos a besarnos, yo le restregaba mis tetas por todo el cuerpo hasta la cara, pero sin conseguir una erección de su parte. Entonces decidió penetrarme torpemente con la verga casi flácida y comenzó a moverse. Tras un par de minutos se detuvo, me beso en la boca y se echó a dormir. Tras esa noche nuestros “encuentros sexuales” tenían la misma “intensidad” así que acudimos al especialista para curar su impotencia a petición y súplicas mías.

Descubrimos que el estrés de la constructora en donde él trabajaba y la diabetes, le dificultaban a mi esposo despertar su libido. Nos recomendaron procurar adaptarnos a un estilo de vida más tranquilo para él, le hicieron cambio de dieta y yo empecé a tratarlo como rey todo el tiempo.

Después de dar a luz a mi hija los meses siguieron. A la hora de “hacer el amor” las cosas seguían igual, él se montaba y trataba de meterme su flácida verga, la cual a penas entraba y él no permanecía dentro de mí ni 2 minutos y se venía; aquello era un circo más que un acto sexual y en adelante así era como “follábamos”. Al principio sentía pena por Javier y trataba de no presionarlo, pero con el tiempo él llegó al punto de hacer como si no pasara nada, seguía llegando tarde del trabajo, comía donde fuera, no hacía ejercicio y ya ni se molestaba en regalarme un beso o una caricia, simplemente se montaba en mí para hacer el ridículo y creía que con eso ya estaba cumpliendo; y lo que más me hacia rabiar era que no me preguntaba como me sentía, solo me hablaba de lo orgulloso que estaba por lo que la gente piensa de él, de su éxito, y de su “hermosa familia”.

Una noche quise presionarlo sugiriendo que debería de dejar de estar tanto tiempo en la oficina pero solo conseguí que me rompiera el corazón, sus palabras fueron “lo siento Andrea, pero no pienso dejar la constructora”.

Yo esperaba de él una mirada de culpa o algo de compasión hacia mí, en realidad solo quería atención; quería provocarlo, quería escucharlo decir que odiaba el no poder tocarme, que todo estaría bien pero lo que recibí me dejó fría y llena de rabia, sus palabras inundadas de conformidad, mediocridad y sin el mínimo interés por mí; mataron el amor que yo aun sentía por él. Esa noche recuerdo que lloré como nunca y en silencio. Realmente había dejado de amar a Javier, él no iba a cambiar y yo tendría que aceptar su indiferencia hacia mí y empezar a acostumbrarme.

Semanas después cuando regresé al colegio a dar clases, el estrés empezó a ponerme de malas todo el tiempo y lo peor era que me desquitaba con mis hijos, así que decidí mejor distraerme un poco y comencé a tomar clases de gimnasia en un salón cerca de mi casa a las cuales asistía a diario después de mis horas de clases; excepto los viernes, que me quedaba hasta tarde en el colegio. Las clases me hicieron mucho bien, conforme pasaban los meses mi cuerpo volvía a tomar forma y fueron mis propios alumnos quienes me lo hacían notar con sus piropos, sus miradas torpes y sus jueguitos traviesos; incluso varios compañeros profesores me invitaban a tomar el café, cosa que hacía tiempo no pasaba. Me di cuenta de que me desenvolvía en un mundo en donde como mujer el tener un cuerpazo valía más que cualquier cosa, hacía que los demás me mostraran su mejor cara, estaban siempre a mi disposición; y los que no, sabía que fingían por pura envidia y para llamar mi atención, lo cual era muy halagador. Siempre acepté esas invitaciones de mis compañeros, así les agradecía sus atenciones y fomentaba el ser deseada por mis compañeros; lo cual me hacía sentir muy bien, pero aquellas citas nunca pasaron a algo más que una simple comida y buena conversación.

Para cuando cumplí 34, yo ya estaba completamente enamorada de mi cuerpo, era perfecto, como siempre lo había soñado y recuerdo que ese año festejé mi cumple comprándome ropa muy ajustada, a partir de ese día vestiría diferente, más llamativa y juvenil; y aunque mi esposo parecía notarlo le daba igual, nunca dijo algo más que “te ves linda”. Yo me esmeraba por lucir mi culo, lucirlo para cualquier hombre que me pudiera ver ya que la vanidad era el único placer que podía disfrutar entonces. Usaba tacones altos, pantalones y jeans ajustados, así como vestidos muy ceñidos a la cintura lo que hacía resaltar aun más mi firme trasero; ahora que lo veo, el tomar esas clases de gimnasia ha sido la decisión más sabia y maravillosa de estos últimos años.

Continuaré en mi siguiente relato…

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Esclava de mi placer (1), 5.5 out of 10 based on 96 ratings
  
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4 comentarios »

  1. leon1971 dice:

    Hola Preciosa… y como puedo contactarte?
    besos

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  2. leito_ec dice:

    De verdad q solo de imaginarte serias toda una diosa como hubiera querido estar frente a ti ser un hombre de los tantos q ha disfrutado tu hermoso cuerpo

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  3. yobel dice:

    hola hermosa, interesant hitoria, estaré atento a todos sus relatos,
    besos

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  4. atilmechas dice:

    Hola, me gustaria poder contactarte y conocer el desenlace de tu historia. Ya me pusiste caliente

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