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FALSAS APARIENCIAS

21 de enero de 2007

Ese viernes de diciembre, la alarma del reloj de uno de los estudiantes sonó marcando las 13:00 hrs., y esto significaba el final de la clase de Temas Matemáticos y la maestra Nora recogió los exámenes finales de los últimos estudiantes. Nora se dio cuenta de que cuando Álvaro se levantó a entregar su prueba un papel doblado cayó al piso, pero al entretenerse resolviendo dudas a quienes entregaban, olvidó hacerle el comentario a Álvaro.

Ella colocó todos los exámenes en un fólder que guardó en su portafolios, después borró el pizarrón como lo hacía en todas las clases, al terminar tomó su bolsa, y no habiendo nadie en el salón se dispuso a retirarse. Fue entonces cuando recogió el papel que se le había caído a Álvaro, muchacho callado que con aspecto descuidado vestía con ropa grisácea con frecuencia, cabello crecido que cubría su mirada escondida también tras de sus anteojos. Nora cerró su mano derecha haciendo un puño y lo llevó hacia su frente, culpándose por no haberle hecho saber que había dejado ese papel. Se inclinó para recogerlo comenzando a pensar en localizar a Álvaro para entregárselo y al levantarse lo fue desdoblando, y comenzó a relajarse mientras distinguía que se trataba de una impresión y conforme lo terminó de extender su rostro se tornó en una señal de sorpresa. Era una composición hecha en algún programa de manejo de imágenes e impresa en inyección de tinta. Lo que le sorprendió no fue eso sino que en ella estaba una foto de su rostro sobrepuesta sobre el cuerpo desnudo de alguna modelo.

En realidad para Nora fue fácil determinar que seguramente Álvaro había bajado del directorio que incluía la página de Internet de la universidad y en la clase de computación había hecho el collage, seguramente como una burla, e inmediatamente se llenó de ira, comenzó a pensar en dar por cancelado el examen de Álvaro, reprobarlo, reportarlo ante la dirección por su falta de respeto, ¿a cuántos compañeros habría mostrado su obra de arte? Merecía un castigo ejemplar. Sin embargo, distinguió como pie de foto un texto que en tono poético expresaba la admiración que sentía Álvaro por el cuerpo de Nora en tan solo tres líneas. Esto cambió la forma de pensar de Nora. Se dio cuenta de que tal vez no se trataba de un alumno con mal comportamiento. De hecho, Álvaro siempre había sido atento a sus clases, con un carácter un poco serio, retraído, y le extrañaba encontrar una cosa así con un buen estudiante.

Nora comenzó a relajarse mientras se percataba de que el papel denotaba no la carencia de respeto del alumno hacia s fotografía de su rostro sobre el de la modelo se sintió halagada por la serie de sentimientos que seguramente pasarían por la mente del joven. Comenzó a recordar sus épocas de estudiante, y sus pensamientos viajaron 25 años atrás, cuando estudiaba en la misma universidad donde ahora era docente. A su mente llegó la imagen de Rodolfo, el atractivo profesor de Cálculo que era la sensación de las estudiantes ante la presencia varonil del atlético sujeto de ojos verdes y piel bronceada. Nora comenzó a recordar los pensamientos que había provocado en ella aquel profesor, las fantasías que había experimentado y automáticamente su mano izquierda comenzó a hurgar debajo de su vestido buscando recordar las caricias que en aquellos años eran tan comunes durante las noches en que conseguía llegar al clímax imaginando estar en compañía de Rodolfo.

Recordó cómo en su imaginación se encontraba sola en el salón de clases con su profesor, y éste retiraba los pesados anteojos de fondo de botella que ella usaba en esa época, para después abrazarse y fundirse con ella en un beso. Su lengua comenzó a moverse y volvió a sentir las sensaciones aquéllas, mientras sus dedos habían ya encontrado el camino debajo de sus pantaletas para dir

igirse hacia su vulva ya húmeda y su dedo medio se había instalado haciendo círculos alrededor de su clítoris. Las caricias imaginarias de Rodolfo sobre sus piernas y espalda hicieron que su espalda se arqueara, y su mano derecha buscó el control del respaldo del automóvil para abatirlo ya que sus movimientos demandaban cada vez más espacio.

En su mente, Rodolfo la tenía tomada por las nalgas, separándolas mientras introducía su vigoroso miembro una y otra vez en su lubricada vagina. Las acometidas hacían que Nora se moviera hacia delante y hacia atrás mientras su dedo medio se movía repetidamente, con los movimientos de toda una maestra en el arte de la autosatisfacción. Experiencia que le había dado la práctica constante y continua durante todos estos años de soltería que no implicaba abstinencia hacia los placeres de la carne.

Nora introdujo dos dedos emulando la acción de la verga de Rodolfo mientras apreciaba lo empañado que se encontraban los cristales del carro debido a su transpiración, mejor así, si alguien venía al estacionamiento no distinguiría qué estaba haciendo.

-¡Así papacito, así!…- decía Nora mientas sus dos dedos entraban y salían, salían y entraban una y otra vez, sin descanso hasta que un espasmo hizo que perdiera el control de su cuerpo y estalló revolcándose sobre el respaldo del asiento. Parecía que Rodolfo estaba ahí haciéndola suya.

-¡Más bebé…más!…- dijo ella para después dar unos gemidos.

El orgasmo invadió su cuerpo de bienestar y una sensación de satisfacción plena. Poco a poco su respiración fue siendo más profunda y pausada. Los músculos comenzaron a relajarse despacio, mientras recordaba una vez más, después de tantos años que Rodolfo no había estado ahí, ni en otro lugar junto a ella. Nunca sus labios habían estado a menor distancia que los 40 centímetros de rigor cuando la asesoraba en alguna ecuación, ni sus glúteos habían tenido la oportunidad de sentir la suavidad de las manos del apuesto catedrático.

Un sentimiento de melancolía llegó a Nora pensando en Álvaro, que debía sentirse igual que ella se sintió años atrás. Ahora ella había superado esa soledad, pero había te mientras con la mano izquierda bajaba la falda de su vestido que había quedado a la cintura debido a la actividad previa. Dos estudiantes caminaron frente al auto de Nora y se le quedaron viendo, mientras ella recuperaba la compostura y disimulando encendió el motor, para después desplazarse en reversa y avanzar hacia la caseta de salida del estacionamiento del plantel.

Entró Nora a su departamento y después de dejar su bolsa, portafolio y fólder sobre la mesa del comedor, caminó hacia el cuarto de baño mientras se desabrochaba la blusa de su vestido estampado. Antes de llegar, se descalzó y caminó hacia dentro sintiendo en sus pies desnudos el frío piso de azulejo. Abrió las llaves del agua, y al quitarse la blusa, apreció el reflejo de su cuerpo en el espejo mientras se quitaba la falda y esperaba a que saliera el agua caliente.

El vapor comenzó a invadir la pieza, dando un ambiente que la invitaba a la relajación. Nora se miró nuevamente al espejo. ¿Por qué nunca había sido más atrevida en su forma de vestir para que los varones apreciaran las bondades de su cuerpo? ¿Por qué siempre había usado en su juventud blusas que cubrían sus generosos senos de grandes aureolas y erectos pezones? Se dio la vuelta antes de entrar a la regadera y se miró las nalgas, sintiéndose orgullosa de lo apetitoso de sus caderas. Durante el baño sus pensamientos se dirigieron a Álvaro, el solitario muchacho que la deseaba en silencio, hasta el día de hoy, en que se había enterado accidentalmente de los impulsos que despertaba en él. La caída de agua sobre su cuerpo tuvo un efecto sedante. Nora se sintió en una extraña paz y al mismo tiempo se llenó de energía.

Cerró las llaves y su mano alcanzó la toalla. Con ella secó su cuerpo y después se la colocó sobre la cabeza, enredándola, para secar su cabello. Nora caminó hacia fuera del cuarto de baño, ignorando la ropa interior que había puesto por la mañana sobre la repisa junto al toallero. Se dirigió al centro de cómputo con recubrimiento de formica

negra que tenía instalado en su recámara.

Encendió el CPU y mientras esperaba que terminara el proceso de inicio terminó de secar su cabello, y después lo cepilló paseándose por la pieza hasta terminar frente a su clóset, donde se calzó unas zapatillas destalonadas de tacón alto. Regresó frente al centro de cómputo y después de abrir el programa de la cámara digital la fue dirigiendo auxiliándose de una almohada sobre la cama, en cuya cabecera estaba un gorro de Santa Claus. Al terminar tomó el control remoto del moderno instrumento fotográfico y se recostó sobre su lecho, como ya varias veces antes lo había hecho. Tomó el gorro navideño y se lo puso en la cabeza, siendo éste la única prenda que vestía, sin contar las zapatillas. Ya había planeado esta sesión fotográfica, pero esta noche tenía un motivo especial.

El lunes por la mañana Nora se presentó puntual a la clase de Temas Matemáticos. Después de entrar al salón cerró la puerta con firmeza, como siempre, aunque era el último día de clases e indicó que entregaría los exámenes calificados al pasar lista, y agregó que los que tuvieran dudas se acercaran a aclararlas. Un minuto después comenzó a pasar lista.

-¿Abarca, Rubén? -¡Presente!…respondió el primer alumno, que se puso de pie de inmediato y caminó hacia la maestra.

De esta manera, Nora fue entregando los exámenes uno a uno, hasta llegar a Álvaro.

-¿Mendoza? Alba abrió discretamente, la atención de sus compañeros estaba en los resultados del examen. Al abrirlo encontró la impresión que había olvidado el viernes anterior, pero se percató de que debajo había también otro papel. Al mirarlo quedó estupefacto. Ahí estaba Nora, su maestra de Temas Matemáticos, sentada, igual que la modelo del fotomontaje, también con las piernas abiertas, su mano izquierda sobre su vulva rodeada de vello púbico recortado, separando sus labios vaginales, ofreciéndole sexo, invitándolo a dar un lengüetazo a ese clítoris brillante. Las tetas de la profesora Nora eran de mayor volumen que las de la modelo, y hasta se adivinaba el peso que tenía cada seno por el pliegue que se hacía en medio de ellos. Se alcanzaban a ver sus pies, calzando unas zapatillas destalonadas, completamente sensuales.

A Álvaro le sorprendió que la foto le enseñaba hasta el aspecto delicioso del ano de su tutora, que llevaba puesto el gorro de Santa Claus. Abajo, un texto: – Para que no te quedes con las ganas. Felicidades por aprobar el curso. Álvaro olvidó su vergüenza y alzó la mirada para ver a Nora, que le sonrió cachondamente.

Nora estuvo resolviendo dudas durante todo el tiempo de la sesión. A las 13:10, todos habían salido del salón, menos Álvaro, que estaba esperando a Nora.

-Maestra…

-¿Qué pasó Álvaro? ¿Me quieres dar las gracias?…-respondió Nora, con una mezcla de orgullo y sensualidad.

-En realidad quería explicarle…Ese fotomontaje…-dijo Álvaro, trabándose.

-No me tienes que explicar, comprendo que los jóvenes están excitados por la producción de hormonas…-interrumpió Nora.

-Es que, lo que pasa continuó Álvaro es que ese fotomontaje no lo hice yo, maestra. Mi novia encontró el archivo en una de las computadoras y lo imprimió para dármelo porque piensa que solamente me interesa su clase…pero no sabe cómo le agradezco la foto. Sinceramente se ve muy bien.

Nora se quedó como petrificada. Había pensado todo el tiempo que Álvaro había impreso el fotomontaje, que lo había hecho porque se sentía solo, que la deseaba, que sufría. Y ahora resultaba que tenía novia, que no lo había hecho él, que exhibirse así había sido un completo, rotundo e irremediable…ERROR. Nora no supo qué hacer, se sintió avergonzada de descararse así con un estudiante, de mostrarse como una puta, de estar ahí frente a él, y de ser tan caliente. Álvaro se dio la vuelta y recogió sus cosas, se despidió de su maestra tranquilamente, y se retiró del salón, llevándose los dos papeles como dos premios valiosos.

Ella permaneció ahí por varios minutos, inmóvil, con los brazos cruzados, mirando hacia fuera por la ventana, buscando por los pasillos

que alcanzaba a ver alguna manera de explicar las cosas. E imaginó a Rodolfo apareciendo por ahí, su profesor de Cálculo, sonriéndole desde lejos, inalcanzable.

Autor: Susyfour

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