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FANTASIAS CON MIS CUÑADAS

31 de enero de 2004

Sus culitos es alto y respingo lo que le otorga unas piernas laguiiisimas que le hacen lucir las minifaldas de forma escandoladosa

Hola me llamo Pepe. Tengo 32 años y aunque los años no pasan en balde todavía poseo algo de aquel cuerpo que se forjo en mis años mozos gracias al deporte. La historia que quiero contaros tiene que ver con mis cuñadas. Mi mujer Kika, tiene 3 hermanas y a cual mas hermosa. Sobre todo las dos pequeñas. Laura y Lucia rondan los 30 años y para mi están en lo mejor de la vida. Han pasado con nota la barrera de la 30 pues conservan todo el esplendor de su juventud pero con el glamour y la sensualidad que otorga la edad a toda mujer. Bien centrándonos en mis cuñadas os diré que el día que las conocí no me parecieron excevisamente atractivas pero es que por aquel entonces eran bastantes mojigatas y no sabían lucir sus esplendidos cuerpazos. Lucia, la pequeña, es castaña y tiene un cuerpo de modelo. Ronda como su hermana el 1,60 pero con unas curvas de vértigo, sobre todo sus pechos. Madre mía que pechos, parece dos pitones de un miura, siempre erectos y dejándose querer por los ojos de los de más. Tiene, como suele decirse, dos pechos de bandera, del tamaño justo, súper perfectos de forma, haciendo oídos sordos a la gravedad y de una suavidad y turgencia que quitan el hipo. ¡Y los pezones, esos pezones sonrosados que da gusto comérselos, pero eso viene mas tarde. Su culito es alto y respingo lo que le otorga unas piernas laguiiisimas que le hacen lucir las minifaldas de forma escandoladosa.

De Laura diré que posee unos esplendidos pechazos con la típica forma de “pera” pero sin llegar a colgar, sino que se muestran tensos y desafiantes deseando ser recogidos por dos manos hábiles. Sus pezones son caso aparte. De color marrón café destacan hasta el descaro, pese a la piel morena de mi cuñada y su pezón de 2×2 es un manjar para cualquier boquita, incluso la de sus hermanas ;-). Su culazo, pues tiene tendencia a engordar por esa parte. Para nada esta gorda, no me malinterpretéis, ya que se cuida sobremanera, pero eso si, tiene unas cachas con la carne en su sitio y que da gusto agarrar.

Como os decía no fue desde el principio que me fije en ellas, pero si que, mientras tonteaba con mi futura mujer, ellas se dejaban querer y no había pocos momentos de roces inexpertos y caricias casuales que, dicho sea de paso, me ponían a cien. De un tiempo a esta parte el morbo que me provocan es insufrible. Lucia, la pequeña, tiene todo el candor de la inexperiencia, pese a su edad avanzada. Pero tiene el fuego del volcán cuando se la motiva convenientemente. Y Laura, la recatada Laura, que apenas muestra en público un 10% de sus encantos tiene reservas como para que el efecto invernadero sea como un simple mechero comparado con el calor que desprende su cuerpo en los momentos de excitación.

Los primeros contactos, visuales eso si, comenzaron con los motivos que todos suponéis, que si la piscina, que si viaje a la playa y por supuesto, los probadores. Benditos probadores. En cierta ocasión andaba mi mujer pendiente de comprarse un bañador. Yo le aleccione que lo del “monocuerpo” estaba acabado y que era un desperdicio tirar ese cuerpo juvenil que Dios le ha otorgado bajo una prenda, que a mi forma de ver, afea a las mujeres. Así que rompió el tabú de su familia y se compro un bikini, y de verdad, ¡que cambio pega una mujer con bikini! Se resaltan sus pechos, su figura se estiliza, en definitiva, abajo con el bañador de toda la vida. Pues bien, mis cuñadas que vieron la jugada quisieron probar también. Y como no, pidieron consejo a mi mujer. Y a mi, desgraciado yo, me toco ir de compras con ellas. Pero no sabia que la cosa se iba a poner tal y como ocurrió al final. Después de mil vueltas por la tienda cada una entro al probador “armada” a conciencia con nosecuantos bikinis. Si bien al principio me quede un poco apartado, por aquello de guardar la compostura, las continuas llamadas de mi mujer para asesorarla me hicieron quedarme entre los dos probadores que ahora ocupaban. En uno mi mujer y en el otro mis dos cuñadas. Y estas, que se hallaban un tanto apretadas fueron poco a poco descuidando el tema de la cortinilla pidiendo consejo a mi mujer y ya de paso a mí. Ya os podéis figurar la situación, mis cuñadas prenda arriba, prenda abajo y “cuñado, ¿qué tal me sienta? ” Y yo tentado de tirarme encima de las dos para demostrarles como me habían puesto el pene. El caso es que en u

na de la ocasiones la cortina quedo mas abierta de lo normal y para mi placer visual Laura quedo prácticamente en frente de mi punto de vista, el cual, a través del espejo me permitía ver un 60% del cuerpo de mi cuñada. Comenzó el “fieston” deslizando sus manos para desabotonar su actual sujetador. Como dos inmensas calabazas sus pechos saltaron al exterior y a mi se me doblaron las rodillas. Dios mío, esto no lo gusto. Continuo, siguiendo su divina figura, por acercar sus manos a ambos lados de su braguita y dulcemente se deshizo de esta prenda por lo que, por un lado, podía ver la mitad de su nalga y el comienzo de su divino conejito, oculto bajo una bien cuidad pelambrera, y por otro, en el espejo, podía observar sus dos turgentes pechos bamboleándose y pidiendo a gritos que alguien los cogiera al vuelo. Tal espectáculo me puso como para partir nueces con mi miembro y perdí de tal forma el sentido que no observe como ella se daba cuenta de mis furtivas miradas. Lejos de acomodar la cortinilla o de algo peor, siguió probándose el resto de prendas. Yo por si acaso me retire un tanto de mí puesto de observación y mi mujer termino de ponerme a cien ya que me metí en el probador con ella y no pude parar de acariciarla cada vez que esta descubría su cuerpo. No os he descrito a mi mujer pero también tiene un cuerpo muy bonito, delgado y sensual. Sus dulces peritas se paraban frente a mi boca de tanto en tanto y yo no dude en besar sus castaños pezones a lo que ella respondía con evasivas pero que a mi me parecían invitación a seguir. Por lo estrecho del tema tan solo pude dar gusto a mi “situación” pidiendo a mi mujer una buena y deliciosa mamada. ¡Como lo oís! Teniendo a mis cuñadas a la vuelta gocé como un bendito por los cuidados de mi mujer.

No fue esta la última vez que pille a mis cuñadas dando vidilla a mi lívido. En otra ocasión mi cuñada Lucia se quedo a pasar unos días en nuestra casa. Mi mujer andaba algo cansada esa semana y se fue pronto a la cama un día de tantos. Quedamos Lucia y yo a solas. Mientras ella observaba no se que programa yo andaba jugueteando con mi cámara de video. Hasta el punto, que termine por conectarla a la tele y enseñarle las virguerías de la cámara a Lucia. Entre tanto, no dudaba en posar mi objetivo en su cuerpazo y hacer las pruebas de efectos y de más sobre sus encantos. Tengo que decir que era verano y mi cuñada vestía un pijama cortito, cortito, que de vez en cuando enseñaba sus encantadoras formas e incluso su lencería fina. En una de estas, y ella en actitud de pose se puso a cuatro patas sobre el sofá. Que escándalo de culo. El zoom de mi cámara no daba para más y le pude observar las lindas formas de los labios marcados sobre el pijama. Y yo a reventar una vez más. Siguieron las poses y o pude aguantar y tuve que despedirme por no violarla allí mismo. No sin antes darle las buenas noches, que me dejaron pero aun de lo que estaba, pues con la puerta entreabierta y a contraluz puede ver como se despojaba del sujetador sin recato alguno y puede observar por primera vez esos esplendidos pechos de diosa.

La ocasión de degustar tan lindo manjar se presento una tarde que se me antojaba aburrida. Me había quedado solo en casa y mi mujer y mis cuñadas se habían ido todas de compras. Tenían pendiente comprar cada una el vestido para la boda de un amigo. Cual fue mi sorpresa cuando aparecieron todas en casa llenas de bolsas y dispuestas a verificar todo lo comprado. De momento me echaron de la habitación y yo me quede con las ganas de presenciar el espectáculo. Pero no estaba todo perdido. Mi mujer me llamo para comprobar como le quedaba su vestido. La verdad que estaba preciosa con ese corpiño que dejaba entrever sus deliciosos pechos. Pero no quedo ahí el tema., pues aprovechando comenzó a retocar el vestido a mis cuñadas e insistió en que yo me quedara. Mirad, a mi me iba dar algo. Tres hembras preciosas y todas a medio vestir, pues entre retoque y retoque se deslizaba la tirita de un vestido o la falda se deslizaba por no esta abotonada y dejaba entrever el comienzo de sus caderas y por supuesto sus adorables culos. Fue entonces cuando comenzó mi fantasía.

Se me ocurrió sacarles algunas fotos para inmortalizarlas así de guapas. La coquetería femenina las hizo atreverse a posar para mí y esa fue su perdición. Se engalanaron las tres y allí, sobre la cama las iba dirigiendo cual profesional del medio de forma que al principio las posturas eran elegantes y glamoures y al final s

e fueron tornando en calientes y excitantes a mas no poder. Yo les decía:

- Lucia, Laura poneros de rodillas y mirando a la cámara.

En esta postura, la gravedad de sus pechos hizo de las suyas y el corpiño de Laura se abrió sin remisión.

- Oyes Pepe que esa foto no salga de aquí.

- No te preocupes cuñada que de mi no saldrá.

Mi mujer entro al quite.

- Pero no te la quedes, que te conozco.

Yo vi la oportunidad y me lance al vació.

- Pues que pasa si me la quedo, tampoco es tan feo lo que he podido sacar.

Mi mujer se la notaba molesta pero algo me decía que le estaba gustando el juego.

- Vamos Pepe deja de jugar y centrare en lo que estabamos.

Y vaya si me centre.

- Bueno, pero sigo pensando que unos cuerpos como los vuestros merecerían un buen reportaje de fotos y seguro que quedaríais de lo mas sensual.

Ya estaba lanzado, o me soltaban un desaire y la cosa acababa aquí o …

- Bueno Kika, Lucia hablo, tampoco es para ponerse así. Además que Pepe nos ha visto miles de veces en bikini y viene a ser lo mismo que un sujetador.

Yo seguía tirando del hilo.

- Y desde luego que lucía bien los bikinis. Sois la envidia de muchas mujeres. Lastima que no quisierais posar para mí. Os haría unas fotos de lo más excitantes. Pero seguro que no queréis y os cortáis.

Ahora hablo Lucia, que como os he dicho, es bastante callada, pero me sorprendió en esta ocasión.

- Bueno, pues quien mejor que tu, que estamos en familia, para sacarnos unos fotos. Venga Laura ¿nos atrevemos?

Mi mujer iba a comenzar a decir algo, pero se callo, y es que a ella empezaba a gustarle la experiencia.

- Bien empecemos, por lo siguiente, dejad caer un de los tirantes del vestido.

El comienzo de uno de sus pechos apareció ante mí.

- No se, no se, queda un poco desigual. Mirad, quitaros el sujetador, dejad caer las dos tiras del vestido y sujetaros las copas del vestido con las manos.

Ahí las tenia, sosteniendo con sus manos la prenda pero tocando sus pechos. Aquel roce era premeditado por mi parte y las fui iniciando en su excitación.

- Para la siguiente debéis sentaros en la cama, abriros de piernas y dejar caer el vestido entre ellas.

Las piernas de todas comenzaron a aparecer y mi sorpresa fue tremenda pues todas vestían medias de encaje que ahora resaltaban sobre el blanco de sus muslos.

- Estupendo, las anime, En esta ocasión, poneros en fila, pero sujetando el vestido de la siguiente con vuestras manos.

Por supuesto que las manos se posaron sobre los pechos, con lo que su roce iba aumentando.

Tire la casa por la ventana y decidí atacar a conciencia.

- Quitaos la parte alta del vestido.

Lucia se quejo.

- El mío es de una sola pieza.

- bueno, atine a decir, eso que llevas de delantera a las de más.

Ahora las tres me presentaban el torso desnudo, ocultaban sus pechos con sus manos y en el caso de Lucia, me mostraba su combinación trasparente, que me dejaba ver el triangulo de su tanga a juego con las medias de encaje. Guaaaauua.

- Bien, volved a la postura de fila y sujetad los pechos de la siguiente.

Con un poco de corte recogieron los pechos de la siguiente y la que encabezaba la fila, en este caso mi mujer poso sus manos sobre sus caderas.

- Ahora quiero que os arrodilléis de espaldas a mí y levantéis vuestra falta y combinación.

Aceptaron sin rechistar por lo que entendí que estaban tan excitadas como yo. Pero preferí seguir el juego un poco más.

- Quiero que os pongáis de cara a mí, con los pechos al aire y con una mano metida en vuestra braguita.

Laura hablo

- Pero, pero…

Ya no le salían las palabras. Viendo que sus hermanas hacían lo que les pedía, ella accedió también.

Los jugos internos, manchaban sus tangas y ahora sus pechos se balanceaban delante de mi objetivo. Y también se balanceaba en mi pantalón el tremendo valentón que por aquel entonces ya tenia.

Por ultimo, les pedí que se bajasen lentamente sus braguitas y ocultasen con sus manos los labios de sus hermanas. Su excitación era ya mayúscula y los toqueteos se prolongaban más allá de mis peticiones.

Para ellas también era una experiencia única pues nunca había ni siquiera imaginado que una experienci

a lésbica las condujese a las tres hermanas a tan tremendo calentón.

Mi mujer, ya casi fuera de si, se adelanto y me agarro al paquete.

- Me parece que aquí alguien se esta poniendo muy malito. Por que no hacemos alguna foto nosotras también.

Como lo oís, pasaron al contraataque y yo de mil amores fui sucumbiendo a sus deseos hasta que una de mis cuñadas, sin ningún rubor, me cogio el aparato y lo libero de su prisión. En mi vida había estado tan caliente. Mi mujer haciendo fotos sin parar y yo al agua que querían mis cuñadas Eran un completo muñeco en sus manos.

Mi mujer las animo.

- Venga dadle una buen repaso a ese miembro.

Ellas se cortaron algo pues no les iba (de momento) lo de mamarsela a un tío. Mi mujer dejo la cámara por un momento y cual profesora de ciencias les fue instruyendo. Yo estaba que me volvía loco. Las tres pasando sus lenguas alternativamente por mi capullo.

Ya no pude más y agarre por la cintura a mis dos cuñadas. Mis manos fueron subiendo por sus caderas mientras les atizaba un morreo digno de película. Alcance sendos pechos y comprobé cual manjar el sabor de sus pezones. Mis cuñadas comenzaron a suspirar y yo me lance a recorrer uno y otro seno, para continuar camino de su monte de Venus. Ambas dieron un respingo, pues tampoco estaban abiertas a estos juegos pero se dejaron hacer. Para incorporar a mi mujer le anime a que chupara el coñito de Lucia mientras yo me ocupaba de Laura. Para mi sorpresa, mi mujer no puso reparos y se abalanzó a darle lengua a la fruta de la pasión.

Locos de frenesí mi verga no aguantaba más y necesita ser clavada en algún hoyo. Comencé por probar con Laura y su conejito me absorbió la verga hasta los huevos. Madre mía que calor tenia esta chica en su interior. Me estaba abrasando. Tras varios empellones logre llevar al orgasmo a Laura que ya estaba sobreexcitada por los juegos anteriores.

Probé ahora con Lucia que andaba loca de gusto por las lamidas de mi mujer. Me tumbe boca arriba en la cama y cual pincho moruno me la cabalgue encima haciendo que mi mujer se pusiera a horcajadas sobre mi cabeza pegándole un repaso a sus jugos que ahora manaban que daba gusto. Aproveche que también Lucia se corrió casi de inmediato para lubricar el ano de mi mujer y tras ponerla a cuatro patas le hundí, primero poco a poco, y luego con energía y pasión todo mi miembro. Los gritos de placer me hicieron llegar al éxtasis y tras extraerla del culo me corrí salvajemente mojando la espalda de mi mujer.

Al darme la vuelta, observe que mis cuñadas habían retomado los juegos al vernos hacer el amor. Ahora era Laura la que disfrutaba de la tremenda lamida que Lucia le hacia de su coñito. Para mas excitación le fue metiendo uno, dos y hasta tres dedos dentro de su coño. Yo por aquel entonces, y ante tan tremendo espectáculo estaba más que repuesto y decidí desvirgar a mis dos cuñadas por sus sendos culos.

Mientras Lucia lamía el coñito e Laura, mi mujer hizo lo suyo con el de Lucia. Ya las tenía excitadas a la dos por lo que las ordene que se inclinaran sobre la cama ofreciéndome su lindo culo. Mi mujer volvió a coger la cámara pues quería guardar este momento.

Yo ensalive convenientemente la entrada de ambas a lo que ellas reaccionaron en primer momento reticentes:

- Pepe, hablo Laura, por favor, por ahí no que seguro que duele bastante.

Yo en estas ya tenía un dedo metido en el culo de Lucia que ya no atinaba a decir nada.

- Vamos Laura comenzare por tu hermana.

Tras apuntar mi capullo ensarte de una sola sacudida toda la punta. El grito de placer/dolor de Lucia hizo estremecer a Laura. Pero antes de que se arrepintiera, me chupe un dedo y se lo fui metiendo poco a poco.

El placer extraño le hizo reaccionar.

- Si, que bueno, por favor sigue…

Yo entretanto había seguido con mi propósito y Lucia ya tenia media verga dentro de si. El dolor fue dejando paso al disfrute y mi otra mano fue dándole masajes alternados a sus pechos y su clítoris.

Finalmente empuje hasta el fondo y comencé a un ritmo considerable a romper el culo de mi cuñada.

Antes de que me viniese el orgasmo logre acariciando el clítoris que Lucia llegase a disfrutar de la enculada y a casi derrumbarse pues le fallaron las piernas y cayo redonda sobre la cama.

Recogí el testigo de Laura y teniendo ya dos dedos en su culo le metí de un solo empujón todo

mi miembro. Casi se corre de solo notar el contacto. Con unas cuantas sacudidas alcanzo, según me dijo, un órgano de lo más extraño pero superbueno.

Como no quería dejar a mi mujer de miranda, coji la cámara y me puse boca arriba sobre la cama. Mi mujer se puso encima pero se la metió por el culo que ya tenía mas hecho a estas embestidas. Mientras yo empujaba desde abajo ella se frotaba el clítoris y yo aprovechaba para sacar unas fotos con sus pechos bamboleándose que daba gusto verlos. De la sacudida que me recorrió el cuerpo, casi tiro la cámara al suelo. Mi mujer se descabalgo y siguió su frotamiento hasta alcanzar el orgasmo casi a continuación del mío.

Ni que decir tiene que la experiencia nos dejo extenuados a los tres y que apenas comentamos nada después de esto. Eso si, siempre me quedaran las fotos para recordar estos momentos…

Autor: Pepe

pepecarvayo2004 ( arroba ) yahoo.es

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