FOLLADA A LA FUERZA.

Hola, me llamo Miki y tengo 39 años, hace un año os conté como por fin mi mujer acepto realizar un trío con un amigo, desde entonces ha rechazado todas las propuestas que le he hecho de repetir y siempre me dice que aquella vez surgió pero que ahora le da vergüenza.

Yo se que cuando salimos de marcha y ella toma unas copitas se calienta y le entran unas ganas tremendas de follar, así que he pasado todo el año pensando como forzar la situación para tener otra nueva experiencia y al final decidí que tenía que ser en verano que nos íbamos de vacaciones sin los niños y tendríamos mas posibilidades de desmadrarnos. Os voy a contar que fue lo que pasó.

Este verano fuimos de vacaciones al sur de Tenerife y nos alojamos en un hotel muy bonito con una piscina en la que mi mujer, que se llama Paula, se pasaba el día en tanga tomando el sol, como ya os dije en el otro relato que tiene 35 años y un cuerpo bonito y muy bien conservado para su edad, el culo es extraordinario y las tetas son redonditas de una talla 100 y con unos pezones sonrosados que por efecto del sol y del agua estaban todo el tiempo erectos, yo estaba mas tiempo en el bar de la piscina que con ella por lo que tuve la ocasión de oir que un camarero le decía a otro que vaya polvo tenía la de la hamaca (mi mujer), esto me hizo pensar y entonces comencé a charlar con el camarero de lo buena que estaba. El que se llamaba Jonay, me contó que trabajaba de taxista por la noche y que cuando las turistas salían de las discotecas de madrugada, muchas se habían fundido el dinero en copas y como estaban tan calientes acababan follando con los taxistas para que las llevasen gratis a los hoteles. Esto me dio una idea y quedé con el camarero-taxista esa noche en la puerta de una discoteca.

Llevé a mi mujer a cenar a un restaurante con velas muy romántico, de allí nos fuimos a un par de pub y por último a la disco, los dos estábamos bastante cargados y un poco calientes, Paula llevaba una blusa blanca sin sujetador y una falda de gasa también blanca con una buena raja en un lateral, la luz violeta hacía que se le clareasen las formas de las tetas y el tanga bajo la ropa, bailábamos muy pegados y nos manoseábamos todo lo que podíamos, por lo que un grupo de chicos ingleses que había al lado no paraban de mirar y comentar algo sobre ella. Pasado un rato noté como uno de ellos aprovechaba el baile para rozarle el culo a mi mujer de forma descarada, al principio iba a sacudirle pero luego lo pensé y la verdad es que me hizo gracia ver el calentón que tenía el grupo mirando como nos metíamos mano mi mujer y yo. Hice como que me iba al servicio y me situé fuera de la pista pero cerca del grupo, por lo que la dejé sola en la pista, en vista de la situación un chico del grupillo se puso a bailar delante de mi mujer mientras otro se pegaba por detrás y comenzó a restregar la polla contra su culo, al tiempo que le rozaba las tetas con los brazos, ella se desplazo un poco para evitarlos pero estos la tenían rodeada y no perdieron la oportunidad de meterle mano por todas partes, a mi me estaba excitando pero vi como ella se estaba poniendo nerviosa así que fui de inmediato a rescatarla. Salimos de la pista y nos acercamos a la barra a tomar una copa, allí ella me reconoció que lo había pasado mal pero que le había excitado muchísimo sentirse deseada por esos jóvenes, tomamos un par de copas y aproveche la gran cantidad de gente que había para meterle mano bajo la falda y comenzar a hacerle una paja al tiempo que le tocaba las tetas bajo la blusa, ella estaba bastante bebida y tenía un calentón aún más grande que el mío por lo que nos dirigimos a la salida casi tambaleándonos.

Al salir vi al camarero con el taxi por lo que nos acercamos y subimos en él. Le dije el nombre del hotel y se puso en movimiento pero los dos sabíamos donde tenía que ir, en la parte trasera yo besaba a mi mujer al tiempo que le habría la blusa y dejaba sus tetas al aire, con una mano le pellizcaba los pezones y con la otra intentaba llegar a su tanga por debajo de la falda, no me costó mucho porque ya os dije que tenía una raja bastante grande, ya tenía el tanga a mi alcance y ella me lo había facilitado abriendo sus piernas considerablemente. El taxista no perdía detalle a través

del espejo, ella estaba tumbada en el asiento con la blusa abierta y la falda subida hasta la cintura, mis dedos la estaban pajeando por debajo del tanga y con mi boca le estaba mordiendo los pezones, algo que a ella le estaba poniendo a cien. El taxi se detuvo al lado de una playa oscura y el conductor se dio la vuelta para meter su mano bajo el tanga y acariciar los pelos del coño de Paula, ella aún no se había dado cuenta entre otras cosas por que yo la tenía pillada debajo y no veía que ocurría. Con mis dientes le mordía los pezones y ella se movía excitadísima diciendo que le encantaba, me incorporé un poco y saqué mi polla colocándosela en la boca, se la metió con rapidez y acto seguido comenzó una mamada de campeonato, estaba claro que había perdido la razón y no sabía ni donde se encontraba, el taxista paso detrás y le quitó el tanga dejando su magnifico chumino a la vista y con una calentura del cien. Sin tardar mas se agachó y se puso a chupárselo y a magrearle las tetas con fuerza, los jadeos de mi mujer eran tales que yo creí que le estábamos haciendo daño, por lo que intenté apartarme de ella, me fue imposible pues me tomó bien de la polla y me dijo: “esta es mía y me la quiero comer enterita”, el taxista ya se había quitado los pantalones y se había sacado la polla que la tenía apuntando a la raja del coño y hacía grandes esfuerzos para clavársela, pero no lo conseguía por la dificultad de la postura. Mi mujer que lo notaba le decía “métemela ya que me tienes caliente y necesito una buena tranca dentro”. Como la tarea era difícil el taxista nos propuso salir del coche y tumbarnos en la arena de la playa sobre una manta que llevaba en el maletero.

Así lo hicimos y mientras ella se metía mi polla hasta las amígdalas, Jonay le atravesaba el coño con unas buenas embestidas que le arrancaban a Paula unos jadeos que me tenían desconcertado, mi excitación era tan grande que me corrí en su boca sin avisarla, algo que ella nunca acepta, sin embargo en esta ocasión me dijo: “lléname con tu leche tan rica”, al oír esto el taxista aceleró sus movimientos arrancando gritos de dolor de ella: ” me vas a partir por la mitad cabrón” , “me estás destrozando el chumino”, “follame fuerte que me corro, si, siiii” y se derrumbaron en la manta los dos con una orgasmo que me puso a cien de nuevo. Allí estábamos los tres desnudos recuperándonos cuando sin darnos cuenta teníamos a nuestro lado, observándonos, a los ingleses de la disco, nos habían seguido y habían visto todo el espectáculo, por lo que estaban con sus pantalones bajados con signos evidentes de haberse hecho una paja, en sus manos llevaban unas botellas de cerveza que me parecieron una muestra de fuerza en caso de pelea. Uno de ellos se inclinó y con su mano estrujó las tetas de Paula, otros dos nos miraban esperando nuestra reacción y el cuarto se arrodilló junto a ella y le metió mano entre las piernas por lo que mi mujer se movió rápidamente para esquivarlo pero lo único que consiguió fue que le sujetase las piernas y se las abriese dejando a la vista de todos el magnifico chocho peludo con los restos de leche de Jonay. Los otros dos chicos se echaron sobre ella y comenzaron a morderle las tetas y a meterle mano en el coño mientras el otro sujetaba, yo me había quedado paralizado y el taxista miraba excitadísimo la situación. Allí estaban cuatro chavales desconocidos con intención de follarse a mi mujer y yo no sabía que hacer. Mientras mi mujer se retorcía uno de ellos ya había llevado la polla a su boca y otro estaba comiéndole el coño como si no hubiese probado nunca ese manjar, Paula se retorcía pero no podía soltarse al estar sujeta fuertemente por los brazos y los tobillos, el chico que le comía el coño se afanaba tanto en ello que mi mujer empezaba a notar que se le humedecía y cedía poco a poco a su placer abriendo las piernas y facilitando la labor del muchacho. Yo estaba alucinado y sin darme cuenta había cogido la polla entre las manos y la movía de forma instintiva. Paula se estaba dejando llevar por su deseo y había tomado la polla del otro entre sus labios y se la estaba comiendo con gran agrado, los que la sujetaban, al ver esto, la soltaron y uno de ellos se lanzó a sobarle las tetas y el otro se metió entre las piernas, que ya había abierto completamente, y le dirigió su misil al centro del chumino. Mi

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mujer estaba desconocida, dos días antes no quería hacer un trío y ahora estaba allí disfrutando con un chico que la estaba penetrando el coño, otro que le comía el pubis y lo que podía, un tercero al que le mamaba la polla sin parar y el último que no sabía donde meter mano, por lo que puso la polla en la de mi mujer para que le hiciese una buena paja. A todo esto mi amigo Jonay y yo nos la estábamos cascando como locos. El primero gritó que se corría y lo hizo sobre el vientre de mi mujer, el tercero sacó la polla de la boca y le derramó una buena lechada en la cara y el que se había dedicado a comer pego un salto y se metió entre las piernas de Paula para clavársela en el coño y aprovechar para prolongar el calentón de mi mujer que decía: “más, más, necesito que alguien me folle bien, quiero otra polla”. Jonay dio un salto y sacó al chaval, levantó a Paula en vilo, “Necesito otra polla” dijo, e inmediatamente dos chicos se lanzaron a meterle en la boca lo que pedía. Ahora se encontraba con una polla en la boca, otra en la mano y una en el culo que pese a las tremendas embestidas que daba Jonay no parecía que ya le hiciesen daño.

Mi mujer empezó a gritar diciendo que se corría al tiempo que Jonay sacaba la polla y le echaba toda la leche en el exterior del culo, uno de los chavales se corría en su cara y el otro le echaba una lechada en el pelo, el cuarto chico se incorporó rápidamente y se puso detrás de ella para aprovechar el hueco que había dejado Jonay, con mucha prisa le colocó la polla en el culo y empujó pero no le sirvió de mucho pues se corrió en el primer empujón.

Allí nos quedamos todos tirados pues no teníamos ganas para más, o al menos ella no estaba dispuesta, por lo que no había nada que hacer.

Un rato después estaban todos dormidos, Paula y yo nos levantamos y nos fuimos dando un paseo hasta el hotel, allí me dijo que pese al miedo inicial, había disfrutado como nunca pero que no se volvería a repetir.

Al día siguiente, en el bar, Jonay me dijo que esto suele suceder con frecuencia, pues allí en Tenerife los turistas beben mucho se desinhiben y después de una noche de juerga acaban follando como locos en las playas, en los coches o en los hoteles. Para mi creo que no habrá próxima vez, aunque la esperanza no se pierde.

Autor: Anonimo

       

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Sobre el autor: Kara Marqueze

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